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▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

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▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por onedirection1 el Jue Ago 11, 2016 8:42 am




I've been doing it wrong for too long, I said I've been at it wrong for too long
In the clouds where the angels sing, In your eyes, where I wanna be and her smile is all I see
She knows I need her loving, she knows I need her touching, she plays with my heart and emotion
I give her my love and devotion, she gave me her thought and a notion
I need her body, needs me too



Am I wrong for wanting us to make it?
Tell me your lies
because I just can't face it
It's you

Rusherschmidt | Onedirection1

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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por rusherschmidt el Mar Ago 16, 2016 8:31 pm


Olivia Jenner.-

7 años antes...
—¡Vamos, Liv, maneja más rápido, joder!— gritó Kendall a un lado de mí. Iba vestida con un bikini negro semi transparente que dejaba admirar los pearcings en sus pezones rosados. Su cabellera negra estaba peinada en muchas trenzas, mientras que la mía se amarraba perfectamente en un chongo que se despeinaba cada vez que el viento soplaba. Su mano derecha sujetaba una lata de cerveza barata y con la otra grababa en su carísimo teléfono todo lo que estaba sucediendo.
Miré el marcador de velocidad de mi auto, parecía a punto de explotar.
Tenía apenas dos semanas que acababa de cumplir los 16, lo que significaba que ya podía conducir. Además, mamá me había dado permiso de usar maquillaje por primera vez y de viajar a Grecia con mis amigos para celebrar. Obviamente aún no era legal, ni en mi país ni en ningún otro pero vamos, cuando eres rica no necesitas una identificación. Sólo bastaban un poco de billetes verdes y la gente sonreía ante mi paso, como si no fuera una chiquilla todavía.
No lo iba a negar: ser millonaria me hacía sentir invencible.

—¡Mierda!— exclamó mi hermana al mismo tiempo que frenaba de golpe. Las ruedas del hermoso Jeep negro con diamantes en la puerta chirrearon como si me maldicieran también. Reí. —¡¿Qué es tan gracioso, estúpida?!— gritó la morena arreglando el collar en su cuello, se veía como una hermosa princesa gitana. —Casi chocas con esa palmera, Olivia— masculló tratando de limpiar la cerveza que había caído sobre su regazo.
—Tranquila...— murmuré —no pasó nada, cobarde—. Estiré los brazos. Sobre el horizonte la luna besaba el mar. El cielo lleno de estrellas parecía de película gracias a las luces de la fogata que mis amigos habían armado. Todos bailaban al ritmo de la música, se escuchaban murmullos, olía a cigarro, vodka y cerveza. Abrí la puerta del auto y bajé acomodándome el traje de baño rojo que no dejaba mucho a la imaginación. Sí, podía tener 16 pero me sentía una mujer grande. En casa no existían los tabús, mi mamá adoraba vestirse de perlas y ropa cara pero tampoco le molestaba usar un bikini y mostrar su bien trabajada figura. Y yo podía haber cumplido los 16 aún pero desde que perdí mi virginidad el día de mi cumpleaños me había convertido en alguien completamente diferente. No me daba pena vestirme sensual, al contrario. Me fascinaba recibir miradas hambrientas por parte de los hombres y aún así no pertenecerle a ninguno.

—Manejaste como una tortuga, cielo— comentó Stacie mientras me tendía un chupito de tequila. Rodé los ojos. —Aún soy nueva en esto de los carros— me defendí tragándolo de un sorbo.

La noche imponía respeto y yo me sentía como la reina de Inglaterra, rodeada de lujos y completamente poderosa. Bailaba con Kendall cuando el sonido de un auto aparcando en la arena llamó mi atención. Del lado del copiloto un chico de cabellos castaños y cuerpo fornido sonrió al vacío, del otro mi mejor amigo Justin y de atrás tres chicos más. Stacie sonrió.
—Ni lo pienses— murmuré caminando hacia ellos. Verás, cuando tienes tanto dinero, ni siquiera tus amigos se atreven a contradecirte.
—Justin— dije caminando sensualmente —pensé que no vendrías— me dio un beso en la mejilla antes de girarse —encontré a un amigo en mi paso por el aeropuerto, él es Sam, acaba de llegar de Las Vegas, estaba celebrando su cumpleaños 21— elevé una ceja. Siempre me habían gustado los hombres mayores. —Sam, ella es Olivia, acaba de cumplir 16— fulminé a mi amigo, él no debía haber dicho eso. —Mucho gusto—.

No diré más, sólo que aquella noche acabamos en su auto gritando como locos mientras los demás bailaban. Había tocado mi cuerpo de manera perfecta y su nombre se había apoderado de mis labios. Luego, en la mañana cuando me colé a su habitación para despedirme, terminamos teniendo sexo en su cama mientras sus amigos dormían.

No volvimos a vernos hasta que...
Resulté embarazada.

Dos meses después estaba tendida en mi cama llorando como una nena mientras mi padre gritaba y tiraba al piso lo que se le cruzara en frente. Le llamé, él era el último hombre con el que había estado. Hicimos los estudios correspondientes y de ahí volvimos a cruzar miradas hasta el día del parto cuando le brindó su apellido a Noah.
No voy a mentir, había estado aterrada. No sólo por mi corta edad sino por las condiciones en las que había procreado a aquel bebé. ¿Qué le diría cuando me preguntara por su padre... Cuando preguntara cómo lo conocí, cuánto lo amé?. Era hija de padres divorciados y mi mayor miedo, lo negara o no, se había hecho realidad: Criar sola a un niño. Los padres de Samuel me habían dado la opción de mudarnos juntos, por lo menos hasta que los primeros meses que eran los más difíciles pasaran. Pero mi orgullo me obligó a rechazar la invitación. No creía en el amor y tampoco en los cuentos de hadas, no esperaba formar una familia con aquel chico de 21 años a quien apenas conocía.

Sam era un buen hombre y contrario a lo que había pensado, era, también, un buen padre; pasaba manutención cada mes, mandaba dinero extra para los viajes de nuestro hijo, la compra de útiles y asistía de vez en cuando a las juntas de padres de familia. Vivía al otro lado del mundo pero trataba de estar presente. Y yo agradecía no tener que verlo. Noah pasaba las vacaciones con él y su familia. Lo subía a un avión con su nana y la imagen de su padre ni siquiera se cruzaba por mi mente. Samuel había podido continuar con su vida normal, convirtiéndose en un padre cada verano y volviendo a ser un hombre libre al término de éste.

Yo, en cambio, la había llevado un poco más difícil. Ser madre nunca había cruzado mi mente y tener un bebé a los 16 menos. Hice mi mejor esfuerzo y luché por verme como la adulta que estaba obligada a ser. No voy a decir que fui perfecta. Cometí demasiados errores y muchas veces terminé lamentando mis decisiones pero aquello me había convertido en la mujer que era hoy. No es como si fuera una madre ejemplar pero hacía lo que podía. Y aunque mi hijo muchas veces parecía más el adulto en nuestro departamento, teníamos una buena relación.
Claro, seguía yendo de fiesta de vez en cuando y varios hombres habían pasado por mi cama pero ya no era libre y me lo recordaba cada momento de mi vida, incluso cuando estaba a punto de tomar decisiones estúpidas.


***
—Mamá, es el primer día de clases y si no te apresuras llegaremos tarde— la pequeña voz de Noah se escuchó desde la blanca cocina. Teníamos una vista preciosa de Malibú, el sonido del agua inundaba nuestros oídos y el salitre se colaba por nuestras fosas nasales. Salí de la habitación componiendo de mi blusa blanca.
—¿Has visto las llaves del auto?— pregunté. Noah rodó los ojos y del bolsillo de su pantalón asomó un pequeño cuadrado rojo con un símbolo dorado: El llavero de nuestro Ferrari. Había sido mi regalo cuando cumplí 24 tres meses atrás, lo había mandado mi padre desde Finlandia. —¿Ya podemos irnos, mamá?— asentí. Podía darme el lujo de llegar tarde. Acababa de graduarme en negocios y ahora me hacía cargo de una de las muchas empresas de mi progenitor; era más un gesto político ya que no tenía que trabajar, la empresa se sostenía por sí sola.
Mientras conducía Noah me contaba sobre la llamada que su padre le había hecho la noche anterior.
—¿Así que vendrá?— pregunté. —Sí, llega mañana, quiere estar en la junta de padres de éste año ya que el anterior se la perdió— rodé los ojos —viene perdiéndose tus juntas desde que tenías cuatro— murmuré y luego me dije que él estaba ocupado, además yo no quería deberle nada, podía hacerme cargo de mi hijo sola y era mejor si no lo veía.
Aparqué en la puerta y una maestra se acercó a abrir. —Buenos días señora Jenner— sonreí —buenos días, profesora... Noah lleva en su mochila dinero para el desayuno, que compre lo que quiera— la mujer asintió —muy bien, nos vemos a las tres—.

Le mandé un mensaje a Stacie para desayunar juntas. Después quizás iríamos de compras y de ahí me daría una vuelta por la empresa.
El contestador del auto se iluminó cuando una llamada comenzó a sonar. —¿Quieres que desayunemos juntos, preciosa?— la voz de Michael sonó del otro lado de la línea. Sonreí. Michael -cantante y empresario- era un buen amigo y de vez en cuando gozaba de mi cuerpo. Aquel "¿quieres ir a desayunar?" sólo significaba una cosa: Nos vemos en tu departamento, he vuelto de la gira y quiero desnudarte.
—Claro—.[/color][/color]
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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por rusherschmidt el Mar Ago 16, 2016 9:08 pm


Nick Jonas.-

Tres años antes de perderla completamente...

—Tienes que prometer que nos volveremos a ver— murmuré de pie en la ventanilla de su auto. Su madre aún estaba luchando con las maletas y le gritaba de vez en cuando a la muchacha que su jefe le había enviado para apoyarla con la mudanza. —Estoy nervioso— confesé en un pequeño susurro para que solamente ella pudiera escucharme. La rubia era mi mejor amiga, había estado a mi lado en cada momento de mi vida y aunque lo negara -y no lo hacía- me sentía completamente perdido cuando no estaba a mi lado. —Sé que suena tonto porque estamos jurando que nos volveremos a encontrar y confío plenamente en ti pero...— guardé silencio cuando Susy se acercó a la camioneta a dejar una caja. Me sonrió de manera triunfal y yo rodé los ojos.
Podrías ayudarme en lugar de estar tratando de convencer a mi hija de quedarnos, Nicholas— se colocó las manos en la cintura y elevó una ceja. Verás, ella solía ser buena conmigo. La había considerado prácticamente una madre cuando mis progenitores pasaron por su separación. Cuando mi mamá se emborrachaba y metía hombres a casa, mi hermano y yo solíamos salir corriendo a casa de Susy para refugiarnos del horror que vivíamos. No importaba la hora. Ella se levantaba de su cama y nos preparaba galletas con leche mientras le contábamos lo que había sucedido. Siempre decía que todo estaría bien y que ella estaba ahí para nosotros.
—"Ésta es su casa ahora, niños"— solía murmurar con una enorme sonrisa adornándole el rostro y nosotros nos sentíamos seguros...

Hasta que mi padre abrió el gymnasio y Ada comenzó a pasar bastante tiempo ahí. Al principio era más como un pasatiempo pero cuando mi progenitor se dio cuenta que la rubia tenía talento y empezó a instruirla en la lucha, Susy puso el grito en el cielo. Se enojó tanto que nos prohibió la entrada a Jay y a mí a su casa. Cuando mamá entraba en trance con tantas drogas ya no teníamos a donde ir así que nos quedábamos escondidos en el sótano, rogando porque la pesadilla acabara pronto.
Ella había cambiado tanto con nosotros y odiaba verme al lado de su hija, pensaba que yo la incitaba a entrenar, cuando en realidad no era así. Ni siquiera sabía que ella era REALMENTE talentosa para ese deporte. No confiaba en ella y decía que no era más que una "cosa de hombres".

Suspiré.

—Claro, si me das un segundo te ayudo con el resto de las cajas, Susy— respondí —sólo estaba despidiéndome de mi mejor amiga, total, nunca más volveré a verla— me aparté la ventanilla y caminé hacia la mujer madura que aún me miraba con una ceja levantada. —Vamos, Susy, no seas aguafiestas, disfruta tu momento, después de todo lograste tu objetivo, ¿no?— le regalé una sonrisa sarcástica antes de entrar la casa.
Ayudé durante quince minutos con todo lo que faltaba y por más que me doliera, no había tenido tiempo para completar mi oración...

—Sé que suena tonto porque estamos jurando que nos volveremos a encontrar y confío plenamente en ti pero...— murmuró mi mente mientras la suburban blanca se alejaba en la carretera. —No confío en el destino y tampoco confío en mí...— susurré. Ella había desaparecido. Se había ido y yo no pude despedirme propiamente.

***
Dos años antes de perderla completamente...[/i]

—¡Vamos, apresúrense!— exclamó una voz masculina a lo lejos. —Está perdiendo mucha sangre, tenemos que salvarle la vida—.


---


—¿Recuerdas algo de aquel accidente?— preguntó la bella morena sentaba frente a mi. Sus suaves manos masajeaban mis piernas prácticamente sin vida. Siempre me hacía la misma pregunta y yo siempre le daba la misma respuesta:
—Estaba borracho, me sentía bien para manejar el auto de regreso a casa... No vi el autobús—. Ella siempre suspiraba, como si supiera que le ocultaba algo. Como si supiera que aquella noche se cumplía un año de no ver a mi mejor amiga, que era su cumpleaños y se suponía que debíamos de haber estado juntos, bailando, peleando, disfrutando nuestra juventud.[i] —¿Te enamoraste de ella?—
había preguntado mi padre en una ocasión y yo negué. No estaba enamorado pero quizá... Quizá si hubiésemos pasado más tiempo juntos las cosas habrían sido diferentes.

***
Una semana antes de perderla...

—¡Vamos cielo, quiero ver esa película!— Olivia rió en mi oído y yo reí también. —Veamos algo de terror— sus piernas largas y torneadas abrazaban las mías por debajo de la sábana. En frente la enorme pantalla de su habitación iluminaba nuestros rostros. —¡Hey, es mi cuenta y veremos lo que yo quiera!— se defendió arrebatando el control de mis manos. La sujeté de la cintura cuando quiso salir corriendo y entre besos mojados le regalé la libertad. —Está bien, solamente porque te amo y me fascina verte feliz— ella se mordió el labio —lo sé— me besó con suavidad y me sentí amarrado a sus brazos, en el buen sentido. Quería quedarme así el resto de mi vida. Con mi preciosa morocha entre mi cuerpo.
—Es un alivio que haya tenido el accidente— murmuré y ella frunció el ceño —si no nunca te hubiese conocido— me regaló un pequeño golpe en el hombro —tonto, no digas esas cosas—. Se acomodó mejor y yo besé su cuello mientras mi chica buscaba la película que quería ver.
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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por onedirection1 el Jue Ago 25, 2016 8:54 pm




Adaimé Reynolds
Miré la casa que estaba frente a mí y sin poder evitarlo, buenos recuerdos acudieron a mi memoria y todos tenían que ver con un chico de cabello castaño y ruloso.

Incluso, la última vez que nos vimos.

—Tienes que prometer que nos volveremos a ver— murmuró de pie en la ventanilla del auto, yo simplemente había asentido, ya que no podía ni articular palabra, me había costado mucho trabajo controlarme y mis ojos todavía seguían llenos de lágrimas porque no me quería ir, pero sabía que esto era importante para mi madre, le habían dado una gran oportunidad en su trabajo, eso era genial, lo malo era que involucraba mudarnos al otro lado del mundo: Londres. —Estoy nervioso, sé que suena tonto porque estamos jurando que nos volveremos a encontrar y confío plenamente en ti, pero... —

Y cualquier cosa que él hubiese querido decirme en ese momento, había sido interrumpido por la llegada de mi madre y bueno, no lo había hecho de muy buena forma. En ese entonces, no había entendido su actitud, de hecho, recordaba haberle hecho la “ley del hielo” durante bastante tiempo, luego me pareció estúpido porque yo necesitaba de ella y no es como si hubiese podido ignorarla toda la vida, pero el hecho de que no me hubiese dejado despedir bien de Nick, por su resentimiento hacia él, Jay y su padre por lo que me “había convertido”, esa actitud había sido demasiado infantil, más cuando Nick y Jay no salían desde que éramos unos infantes. Lo peor de todo, es que mi madre les había cerrado las puertas de casa cuando más lo necesitaban y todo porque yo había creado algún tipo de pasión por las peleas, sí, no era un deporte muy femenil, pero había crecido con eso. El padre de Nick se dedicó en su juventud a ello y prácticamente educó a Nick y Jay para que siguieran sus pasos, y como yo no me separaba de ellos, pues… me había gustado a mí también. En un principio, mi mamá lo vio como algo inocente, después de que Alvey abrió su propio gimnasio y como, obviamente, Nick y Jay estaban ahí, yo pasaba tiempo también. Cuando mi mamá se dio cuenta que la cosa era seria y que, yo en serio me estaba dedicando a ello, le echó la culpa a los Jonas de ello, tenía la loca idea de que me iba a convertir en una clase de “marimacho” solo por practicarlo y técnicamente me había prohibido ir al gimnasio y convivir con Nick y Jay. El ultimo sí se había alejado un poco, pero Nick, se colaba en las noches por mi ventana para hablar e incluso, yo le mentía a mi madre, a veces, para poder ir al gimnasio. Era realmente buena en ello, pero mi madre no lo veía, le molestaba que no tuviese amigas, que no saliera con algún chico -Nick y Jay no contaban, obviamente-, que no me vistiera con falditas, que no me maquillara, que no me gustara el ballet o algo más… delicado.

Pero en Londres todo había cambiado, quizá porque yo lo había hecho. Mi actitud comenzó a ser diferente y en algún punto, mi mamá había cedido un poco en cuando a las peleas, y yo también cedí un poco en mi actitud, hasta que mi madre pudo comprender que el hecho de que me dedicara a ello, no significaba que me gustarían las chicas o cualquier otra idea que se le hubiese pasado por la cabeza en ese momento. Por otro lado, después de que dejamos el continente, hablar con Nick se había vuelto cada vez más difícil, coincidir en horarios fue el detonante y las llamadas se redujeron mucho más rápido de lo que hubiese deseado, hasta que perdimos el contacto completamente. Había perdido una parte muy importante de mi vida.

—Ady, cariño ¿piensas quedarte ahí parada en vez de ayudarme? —mi madre asomó su cabeza del marco de la puerta y parecía más atareada que de costumbre —sí, ya voy —le informé con un suspiro y fui a la camioneta para sacar de la cajuela mi maleta. Si, después de haber dejado todo hace tres años atrás por el empleo de mi madre, hoy volvíamos a Los Ángeles por la misma razón. La habían vuelto a transferir para un nuevo proyecto y a pesar de volver a “casa”, no me sentía muy emocionada, porque estaba consciente de que muchas cosas ya no iban a ser igual.

—Al fin… por un momento creí que te quedarías ahí por siempre —rodeé los ojos y me dirigí hacia las escaleras. la casa estaba bastante limpia, mi mamá había enviado a una empresa que brindaba esos servicios, al igual que la mudanza, en el transcurso de la semana, para que cuando llegáramos ya estuviese casi todo listo para habitar. —Es solo que se siente raro regresar —me encogí de hombros restándole importancia —haces demasiado drama, ambas sabemos que en cuanto veas a Nick toda esa “rareza” se va a esfumar —mi madre sonrió y yo solo me limité a bufar —ya no somos unos niños mamá, y después de cómo quedaron las cosas, hablarle sería aún más raro… además, ¿ya volvió a ser tu persona favorita? —enarqué mis cejas y ella suspiró —cariño, creí que ya habíamos dejado eso atrás, ¿tendré que volver a disculparme? —no, probablemente no, pero no podía evitar traerlo a colación de vez en cuando. Una parte de mí, aún tenía ese resentimiento y en parte, le echaba un poco la culpa a mi mamá de que me alejara de Nick —voy a desempacar —ella asintió sin decir nada más y me dejó seguir mi camino.
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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por onedirection1 el Dom Ago 28, 2016 7:04 pm




Sam Claflin
Masajee mis sienes intentando aliviar el repentino dolor de cabeza que estaba punzando insistentemente, quizá por el hecho de que había estado trabajando sin descanso frente a un computador y mis ojos estaban bastante agotados ante la luz. Me quité los lentes y los dejé a un lado, dándome un pequeño respiro, quizá si cerraba un poco los ojos, podría volver a conseguir la concentración necesaria para seguir con mi trabajo o lo que debía ser mi trabajo durante las dos próximas semanas, aproximadamente. Usualmente era un poco menos responsable que esto, pero esta vez era por una muy buena razón, estaba haciendo un esfuerzo extra para adelantar mis labores futuras para que cuando regresara de Malibú, no tuviese tanto trabajo acumulado y no es como si pudiese dejarlo pasar, le había prometido a Noah que estaría ahí en la junta de padres y probablemente me quedaría hasta su cumpleaños, ya que faltaban pocos días para ello y me gustaría recuperar un poco del tiempo perdido con mi hijo, sí, él había pasado las vacaciones conmigo pero la mayor parte del año estaba con Olivia y a medida que Noah crecía, el tiempo me parecía insuficiente. Por desgracia, yo no podía mudarme a Estados Unidos y Olivia no veía Londres como una opción para vivir, así que tenía que adaptarme a sus peticiones para poder ver a mi hijo.

—¿Sam? —fruncí el ceño al ver a mi asistente muy cerca de mí. Miré la hora y maldije en silencio. Cuando planee cerrar mis párpados para descansar la vista, no se suponía que me quedara dormido por tres malditas horas. —Creo que estás a punto de perder tu vuelo —parpadeé unos instantes y luego caí en cuenta la razón por la que me había desvelado durante dos días seguidos. —Mierda, sí —me levanté de golpe y en mi euforia repentina, mi cuerpo chocó contra el delgado cuerpo de la rubia y como acto de reflejo, mis manos se posaron sobre su cintura, provocando que su cuerpo quedara muy cerca del mío, provocando un gran sonrojo en su bonito rostro. Su mirada recorrió mi pecho desnudo, justo donde había desabrochado la camisa hace varias horas atrás, y siguió subiendo, deteniéndose por unos instantes en mis labios y luego hasta mis ojos, la observé tragar grueso antes de separarnos de forma un tanto incómoda. —Es tarde, debes darte prisa —asentí y le regalé una sonrisa —eres mi salvadora, no sé qué haría sin ti —Kate rodó los ojos con diversión y asintió, aunque no mentía, ella era mi asistente, pero siempre estaba a la orden de lo que yo necesitara, sin importar la hora y el momento, incluso era como un estilo de amiga para mí. Noah en un principio se mostraba un tanto callado con ella, pero de alguna forma, había logrado ganarse el corazón de mi hijo y cada vez que yo estaba en un apuro en el cual necesitaba irme de improviso hacia algún lado donde él no podía ir, ella me hacía el favor de cuidarlo, aunque la nana iba incluída, y justamente en una de esas, fue como se ganó el corazón de mi pequeño… bueno, no tan pequeño, estaba a punto de cumplir 7 años dentro de poco tiempo.

Después del pequeño incidente en mi oficina, Kate caminó a mi lado mientras yo le daba instrucciones sobre lo que debía hacer mientras yo estaba afuera y ella tomaba notas en el iPad de vez en cuando, hasta que llegamos abajo, donde un taxi ya me estaba esperando. —Ten un buen viaje, Sam y saluda a Noah de mi parte —sonreí ante la sola mención de mi hijo, además de verlo, estaba emocionado porque iba a ir a una de esas juntas de padres y la última vez que lo había hecho, él estaba recién en el jardín de niños, desafortunadamente, no había tenido la oportunidad de hacer un viaje tan largo hasta ahora, aun así, procuraba hacerle saber que me importaba y siempre estaba pendiente de él y sus estudios. Que mi hijo me presumiera sobre la forma en que sus profesores lo elogiaban era un gran orgullo para mí. —Claro, estoy seguro que se emocionará cuando le de tus saludos —le aseguré y nos dimos un pequeño abrazo de despedida.

Me subí al taxi y éste me llevó primero a mi departamento para que fuese por mis pertenencias y luego nos dirigímos al aeropuerto.

Antes de despegar, le mandé un mensaje a Noah, ya que no era la primera vez que prometía ir a su junta de padres, pero por una u otra cuestión, terminaba cancelándole, así que a pesar de que mi hijo se sintió emocionado cuando se lo mencioné, había cierto toque de ansiedad y resignación en su voz, como si esperaba que yo le fuese a cancelar como en años anteriores.

Cuando Olivia me había dado la noticia de que iba a ser papá, tuve un momento de pánico, estaba entrando a mi último año de carrera cuando me topé con la despampanante castaña de tan solo 16 años. Ella era muy menor y a pesar de que yo era el, legalmente, adulto ahí, eso no evitó que tuviese una aventura con ella. Mis padres casi me desheredaban cuando les dije que había embarazado a una chica y mi madre pegó un grito en el cielo al enterarse de la edad de Olivia, pero posteriormente me ofrecieron su apoyo, para ese momento, yo ya había aceptado las consecuencias de mis actos, obviamente fue más fácil para mí que para Olivia, ella era casi una niña y a veces me cuestionaba sobre haberme involucrado sexualmente con ella. Sí, la primera vez en el auto de Justin estaba ebrio, pero cuando nos “despedimos” en mi habitación de Hotel no y aun así me había dejado seducir por la castaña. Si era sincero, ella parecía mucho más grande que solo 16, sus curvas eran… de una mujer y el hecho de que fuese una belleza había acabado con todo autocontrol de mi parte. Pero aparentemente, las cosas estaban funcionando bien para nosotros. Por ahora…

“Nos vemos en unas cuantas horas… Un beso y un abrazo. -SamC.

Apagué el celular para el despegue, pero en cuanto lo anunciaran, sacaría mi laptop para trabajar. Haberme quedado dormido tres horas en mi oficina me había atrasado sobre la estimación de trabajo que me había propuesto realizar, luego podría dormir, sería un largo viaje y sin mencionar lo agotador que era la diferencia horaria.
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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por rusherschmidt el Mar Ago 30, 2016 6:08 pm


Olivia Jenner.-
Las grandes manos de Michael masajeaban mis senos mientras sus labios rojos dejaban marcas en mi cuello. Lo hacía tan bien que los espasmos en mi cuerpo parecían nunca acabar. Su miembro se movía dentro de mi cuerpo con velocidad provocando que de mi boca no dejaran de salir gritos con su nombre.
Acabamos cansados y sin respiración. El líquido blanquecino que acababa de desbordarse de su entrepierna adornaba mis perforados pezones y cubría gran parte de mis senos, a él le encantaba hacer eso. No habían pasado ni cinco minutos cuando elevó mi pierna derecha para masajear mi, todavía, muy hinchado clítoris. Su miembro había vuelto a despertar ante el roce con mi trasero y supuse que me penetraría en cualquier momento.
—¿De nuevo?— pregunté llena de placer.
—Te extrañé seis meses, voy a follarte hasta que no pueda más— mordió mi labio y yo gemí de dolor; él sonrió.
Nos habíamos conocido un año atrás gracias a un amigo en común. Desde la primera mirada pude sentir la tensión entre ambos; era un buen chico pero, al igual que yo, no tenía en planes una relación seria, así que desde el primer momento colocamos nuestras reglas: Nada de amor, sólo sexo. Nos veíamos una semana cada seis meses, que era el tiempo que duraba de gira y las vacaciones que lograba conseguir. Había dormido varias veces en mi departamento y Noah le conocía porque habían cruzado palabras una que otra vez. No eran amigos pero mi hijo tampoco me reprochaba el que hubiera un hombre entre nosotros. Conocía bien la situación entre su padre y yo, y lo respetaba. Michael era grandioso pero podía vivir sin él y él podía vivir sin mí. Si algún día llegaba a conseguir una novia formal, sería la primera en felicitarlo y después acabaríamos como buenos amigos.
________________

—¿Entonces?— cuestionó mientras se colocaba la chaqueta verde militar. Los rayos de sol de mi oficina brillaban sobre su rostro sudado. Su cabello, ahora teñido de rubio, estaba completamente revuelto y sus labios rosas ahora se encontraban hinchados gracias a mí. Lo miré desde la silla todavía desnuda. Mis piernas seguían un tanto separadas sólo para él y mi botoncito seguía palpitando, incitándolo a volver. —¿En tu departamento esta noche?— sonreí levantándome de mi lugar para tratar de buscar mis prendas regadas por todo el mármol blanco que adornaba el piso. —No puedo— murmuré colocándome las bragas de encaje que no dejaban mucho a la imaginación. —Oh, vamos, nena. Envía a Noah con la niñera como siempre lo haces— caminó hasta toparse con mi trasero, restregando sus jeans de cuero en aquella zona de mi cuerpo. Gemí. —No es eso— me aparté un poco —sabes que me encanta estar contigo pero Samuel llega hoy a las nueve, mañana es la junta de padres y milagrosamente quiere estar ahí— rodó los ojos, ocupando el asiento detrás de mi escritorio y permitiendo que volviera a vestirme. —¿Y tú qué tienes que ver en todo eso? ¿No se supone que cada uno vive su vida?— abotoné mi blusa blanca sin dificultad. —Michael, debo ir a buscarlo al aeropuerto, no conoce la nueva casa y siempre se queda en el viñedo de mis padres. Además, Noah está muy emocionado por tenerlo aquí y me ha pedido que vayamos a cenar los tres juntos, ¿qué se supone que debo hacer? ¿negarme?— sacó un cigarrillo de marihuana de su bolsillo trasero y justo cuando se disponía a encenderlo, mis manos se lo arrebataron. —No se fuma en mi oficina— murmuré. Se levantó de su asiento, quedando mucho más alto que yo gracias a que no me había colocado los tacones aún. —¿Ya te volviste una mojigata, cielo?— relamió sus labios y yo negué, pero justo cuando le iba a responder, interrumpió: —No me interesa— se colocó la gorra sobre la cabeza y sonrió te voy a castigar después, nena— apretó mis mejillas sólo estaré una semana aquí antes de regresar a la gira, así que si quieres divertirte, ya sabes en dónde encontrarme— depositó un beso en mis labios y yo le miré mientras se encaminaba a la puerta —fúmate ese cigarrilo, te hace falta— hizo un gesto con las manos y yo reí.

______________

El resto del día me lo pasé en la oficina terminando un papeleo con mi asistente Robbie, un chico de 20 años que era tan eficiente como bonito. Usaba un traje azul marino entallado al cuerpo y su cabello rubio bien peinado. Al ser mi asistente personal, ganaba una buena cantidad de dinero pero eso no le había limitado cuando se enamoró del chofer de Kendall, un dominicano de esos que se aparecen en tus sueños más intensos.
A las tres de la tarde tomé el auto para ir por Noah. Tardé una media hora metida en el tráfico y para cuando llegué al colegio, mi hijo ya era el último que quedaba.
—¿De nuevo tarde, mamá?— preguntó mientras tomaba la mochila en sus manos. —Lo lamento, sabes que estoy ocupada— le ayudé con unos libros que traía en la mano. Me despedí de la directora y le ayudé a subir las cosas al carro. —¿Qué tal te fue en tu primer día de clases?— sus ojos claros me miraron y después se regresaron a su iPad, el cual acababa de sacar de mi bolso. —Bien— suspiré —¿hiciste amigos?— él no respondió hasta que yo volví a insistir con la pregunta —mamá, pasé a segundo de primaria, sigo estando con los mismos de siempre— asentí, diciéndome a mí misma que era obvio. —¿Entonces Charles sigue sentándose en tu mesa?— le miré —ajá—. —Vamos, Noah, lamento haber llegado tarde, hoy hubo mucho trabajo en la oficina, tú sabes cómo es esto— rodó los ojos mientras le subía el volumen a su videojuego. —Noah— le reprendí pero él hizo como si yo no existiera. —Noah— repetí, ganándome por fin su atención. —Pudiste haber enviado al chófer, o a Robbie, incluso Michael pudo haber ido por mí, mamá...— tragué saliva —es el primer día de clases, Michael siempre llega de gira cuando es el primer día de cada mes. Todos mis amigos se retiraron temprano, sus mamás y sus papás fueron por ellos y hablaron con la profesora, le preguntaron cómo les fue en la escuela y les felicitaron ¡y yo no!— gritó —¡yo no porque mi mamá siempre tiene algo más importante que hacer y mi papá ni siquiera vive en el mismo país que su hijo! ¡ustedes dos ni siquiera se conocen!— estacioné en la entrada de nuestro departamento, observándolo en silencio. — Hey, Noah— retiré mi cinturón de seguridad para poder acercarme a él. —Es cierto, todo lo que dices es cierto y lamento que te sientas de esa forma. Tu padre es un buen hombre, no vive con nosotros porque merece ser feliz, si él estuviera aquí tendría que dejar muchas cosas y eso no es justo, sin embargo se esfuerza por estar tan pendiente como puede de ti y yo no soy una madre ejemplar, hijo, pero esfuerzo y hago lo que puedo. Estoy aprendiendo todavía y desde la muerte de tu abuela he estado improvisando en esto de ser mamá. Te pido disculpas por no ir temprano por ti y por no preguntarle a la señorita Rivens qué tal estuvo tu primer día... ¿Me perdonas?— suspiró pero entre su molestia logró articular un "está bien". Le regalé un abrazo y un beso en la frente.
Bajamos del auto con la ayuda de su nana, una mujer de cincuenta años de nacionalidad irlandesa. Era linda y profesional, de esas que capacitan en escuelas especiales, justo lo que mi hijo necesitaba cuando yo debía dedicarme a mi trabajo en horas de casa.
—¿Tienes tarea?— asintió —bien, la haremos juntos entonces— sonrió enormemente, estaba acostumbrado a realizar los deberes con Gina y ahora los haría conmigo... Me dije a mí misma que todo estaba bien, que era normal que se sintiera de esa forma, que saldríamos adelante juntos y aprenderíamos los dos a ser nuestra propia familia, que sólo necesitábamos acoplarnos mejor, que estaba bien cometer errores, aún era joven y la maternidad seguía siendo nueva para mí.
Dejamos la mochila en la mesa de la cocina mientras tomaba el teléfono para encargar pizza. —Mi tarea es de matemáticas— murmuró sacando las libretas y sus colores —perfecto, soy muy buena con los números—.

El resto de nuestra tarde se fue de esa manera, trabajando juntos en su tarea. Era increíble las mil y un cosas que tenía que hacer a pesar de que estaba todavía en segundo año. Para cuando el reloj marcó las 9:00, mi hijo y yo ya estábamos en el aeropuerto esperando a que el vuelo de Samuel llegara. Yo me había colocado un vestido verde militar con escote que no dejaba mucho a la imaginación, iríamos a cenar los tres pero planeaba darme una vuelta por el departamento de Michael ya pasada la noche; Noah seguramente querría irse a dormir con su papá al viñedo y tendría la madrugada para mí sola así que debía verme bien. Solté un ligero bostezo, estaba aburrida, llevaba hojeando la misma revista bastante rato. Estuve a punto de levantarme para corroborar la hora de llegada del avión pero la voz de mi hijo me detuvo.
—¡Papá!.
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Mensaje por rusherschmidt el Dom Sep 04, 2016 8:02 pm

Nick Jonas.-
—¿Quieres que vayamos por algo de cenar, cielo?— le pregunté a mi novia una vez que la película hubo terminado. La preciosa morena se removió sobre mi cuerpo soltando un ligero bostezo. —Claro, es sábado y no hemos hecho nada productivo— murmuró riendo, yo sonreí. —Oh, claro que hemos hecho algo productivo— alegué dándome la vuelta en la cama y depositando mi cuerpo encima del suyo. Mi novia sonrió mientras mis labios encontraban el delicioso camino entre su cuello. Sus manos delgadas acariciaron mi cabello y nuca, obligándome a no desaparecer de aquella zona.
No supe en qué momento las cosas se salieron de control, pero pronto me encontré a mí mismo retirando la camiseta ajustada de su cuerpo para que sus grandes senos salieran a la vista. Mi morocha gimió y yo continué. Mi fascinaba llevarla al clímax con mis labios. 
Sus dedos descubrieron mi miembro y en un abrir y cerrar de ojos, ambos estábamos en la máxima zona de placer. Me corrí en su interior y descansamos abrazados varios minutos hasta que mi teléfono comenzó a sonar. Bufé.

—¿Enserio debo responder?— pregunté divertido y con la voz todavía ronca. Olivia me regaló un golpesito en el pecho.
—Claro que sí, tonto— besó mis labios antes de levantarse de la cama —mientras atiendes, iré a darme una ducha— asentí tomando el teléfono entre mis manos.

—¿Alo?— atendí al mismo tiempo que me sentaba en la cama para estirar mis huesos. —Nick, te he estado llamando desde hace rato— la voz de mi hermano sonó al otro lado de la línea —lo siento, Jay, pero estaba ocupado con mi novia— él rió y yo le imité segundos después —¿qué sucede?— pregunté —nada, que vamos a ir a Zoe's a celebrar que Dylan ganó la competencia de hoy y como no te presentaste hoy en la mañana pensamos que quizás querrías ir ahorita— pensé unos segundos en la respuesta —claro, suena bien. ¿Ya están en mi camino?— mi hermano dijo que sí —perfecto, entonces me doy una ducha y los vemos ahí— colgué.

A Olivia y a mí nos tomó una hora llegar hasta el restaurante y para cuando hicimos nuestra entrada, todos nuestros amigos ya estaban ahí. Mi novia, tan elegante como siempre y a pesar de que íbamos a un sitio de hamburguesas, llevaba un vestido de seda rosa con tirantes y escote bajo, zapatos altos y un maquillaje perfecto. Imponía respeto y aún así era la mujer más amable y carismática del mundo.

—¡Vaya, pensamos que no los volveríamos a ver hasta el próximo fin de semana!— exclamó mi hermano, haciéndome rodar los ojos. Mi novia rió al mismo tiempo que lo saludaba con un beso en la mejilla. 
Ocupamos el lugar que le daba la espalda a la puerta, la morena estaba sentada en mis piernas mientras mis amigos platicaban lo increíble que había estado la competencia y lo mucho que me había perdido. Las hamburguesas llegaron minutos después y las cervezas adornaban la mesa de madera.
De vez en cuando le regalaba papas a Olivia en la boca, ganándome un beso de su parte. Era increíble lo mucho que la amaba y lo mucho que mis amigos -a pesar de ser todos varones- la estimaban... Sólo había existido una mujer mucho tiempo atrás que se había ganado tanta confianza como para pertenecer a nuestro grupo...

—¡Ada!— la voz de Jay me sacó de mis pensamientos. Olivia jugaba con mis manos y depositaba besos en mi cuello pero yo sólo analizaba si había escuchado bien. 
Jay hizo movimientos con las manos y segundos después una melena rubia se acercaba a la mesa.
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Mensaje por onedirection1 el Miér Sep 14, 2016 10:07 pm


ADAIMÉ REYNOLDS:
No estaba segura de cuánto tiempo había pasado exactamente desde que subí a mi habitación para acomodar mis cosas y guardar mi ropa, pero estaba realmente agotada y eso que la mudanza había hecho la parte verdaderamente pesada. Un bufido salió de mis labios y me tiré a la cama, cerré mis ojos durante unos instantes y desee tener un hada madrina para que con un movimiento de varita, todo estuviese en su lugar en cuestión de segundos. Pero las hadas madrinas eran solo ficción y yo tenía que seguir con esto si no quería a la estérica de mi madre riñéndome una y otra vez sobre el tiradero, porque me conocía y sabía que si no lo terminaba en ese mismo día, no lo iba a terminar hasta dentro de, probablemente, tres semanas más y eso, si estaba de buenas. Con aquello en mente, tomé fuerzas y me levanté de mi cómoda cama, para luego dirigirme a la caja donde tenía los portarretratos. Me senté en el piso con la caja a un lado y comencé a sacarlos. Tenía fotos con mis dos y únicas amigas de Londres, luego estaban las fotos con mamá, con papá, con ambos, con Steven –las cuales me encargué de separar, para dirigirlas al bote de basura-, con Nick y Jay, aunque en realidad, solo tenía dos con Nick, una era cuando estábamos pequeños y yo lo tenía abrazado dándole un beso en la mejilla, él tenía una mueca en el rostro, aunque después de que la foto había sido capturada –y que yo me molestara con él y lo golpeara por arruinarla-, nos habíamos echado a reír y habíamos vuelto a jugar en el parque. Luego estaba otra en el gimnasio, con Jay, Nick y Alvey, todos sudorosos y con ropa deportiva, riendo y mostrando el bícep, aunque en ese entonces, yo realmente no tenía mucha fuerza, en realidad, estaba demasiado debilucha, a comparación de los chicos Jonas. Esa foto había sido tomada unos meses antes de que mi madre se pusiera toda paranoica respecto a mí, practicando “cosa de hombres”.

Solté un suspiro y tomé las fotos que importaban, para luego irlas acomodando en mi tocador.

Una vez que terminé, me di una ducha y me coloqué un short de mezclilla, una camisa de manga larga de cuadros negros y rojos sobre un top blanco, calcé mis vans blancos con letras negras y bajé a la sala, donde mi madre estaba sentada con un café. En cuanto se percató de mi presencia, no perdió la oportunidad de mirar mi vestimenta — ¿se puede saber a dónde vas? —Me mordí la mejilla para evitar rodar los ojos —ya terminé de acomodar mi cuarto, así que pensé que quizá pudiera salir y dar una vuelta por ahí —me encogí de hombros restándole importancia — ¿A esta hora y así vestida? —si antes su problema era que nunca vestía femenino, ahora que lo hacía, parecía ser un problema también. —Solo voy a ir a dar una vuelta, prometo no tardar —solo quería volver a sentirme en casa. Mi mamá lo dudó por unos instantes, pero terminó asintiendo y volvió a su lectura y su café. Tomé mis pertenencias y las coloqué en los bolsillos traseros de mi short y salí de la casa.

Estuve caminando por los alrededores, hasta que llegué a uno de mis restaurantes favoritos, si bien no tenían la mejor comida, ahí había sido un punto de reunión para los que suponía que habían sido mis amigos y para mí. Con un poco de duda, dirigí mis pasos hacia allí, abrí la puerta y esperé el tintineo de la campana que debía estar en la puerta, pero no estaba, ni tampoco los mismos colores, ni los mismos empleados. Ni… — ¡Ada! —escuché mi nombre y mi ceño se frunció unos instantes y me giré hacia dónde provenía el llamado. La sorpresa se instaló en mi rostro y caminé hacia donde el castaño agitaba sus brazos con emoción. Recorrí con la mirada a todos, pero mis ojos se quedaron en una sola… en dos personas. El chico con una morena sobre sus piernas y por si fuera poco, ella besaba su cuello sin ninguna vergüenza. Carraspee y dirigí mi mirada al otro castaño, dedicándole una sonrisa —Hola —reí un poco cuando recibí el mismo saludo por parte de los presentes, excepto de la pareja. — ¿Quieres sentarte con nosotros? —hice una pequeña mueca —no, um… le prometí a mi mamá que volvería pronto a casa y ya he tardado mucho más tiempo del que debería —Jay y los chicos rieron, conocían a mi mamá y sí, no había cambiado mucho a excepción de que ya permitía que yo practicara el deporte que realmente me gustaba —es una lástima —susurró Trevor, el moreno, y yo negué —pero no hay problema, podemos vernos otra vez, en algún momento… después de todo, estoy de vuelta —Los chicos parecieron bastante sorprendidos por la noticia y casi todos me hicieron saber lo “genial” que era el que yo hubiese vuelto, dirigí una mirada hacia Nick esperando a que dijera algo y nada… él parecía que estaba viendo a un fantasma, al menos la chica ya había dejado de comerle el cuello.

Solté un suspiro, mi mamá creía que en cuanto lo viera, volvería todo a la normalidad como por arte de magia, pero estaba equivocada. —Bueno, supongo que nos vemos luego, chicos, me dio gusto verlos —hice una sacudida de mano y me di la vuelta, caminando hacia la salida y con una sensación muy rara en mi pecho — ¡Ada! —me giré en la calle antes de cruzar, y vi a Jay saliendo del restaurante. Sus brazos me rodearon con fuerza y me sentí bien, bastante bien. Mis brazos lo estrujaron con fuerza y reí —Te extrañé mucho, pequeña —me alejé y sonreí —yo también, Jay… es bueno saber que alguien me echó de menos —sin poder evitarlo, una mueca apareció en mis labios y Jay lo notó, el castaño acarició mi mejilla e imitó mi gesto —él también te extrañó, pero muchas cosas han cambiado y otras tantas sucedieron mientras tú no estabas —el tono de voz que tomó Jay, me preocupó un poco —pero lo importante es que regresaste y ¡mírate! Vaya, ya no eres nada una pequeña —me giró en mi propio eje y yo reí — ¡basta! —le golpee el hombro y le saqué la lengua —tú estás flácido, ¿Alvely ha aflojado tus entrenamientos? —La mención de su padre hizo que su ceño se ensombreciera —Ya no peleo más, en realidad, ni siquiera puedo entrar en el gimnasio —la incomodidad se hizo presente entre nosotros —supongo que sí, las cosas han cambiado —susurré —anda, te acompaño hasta tu casa, ya es muy tarde y tú provocas a cualquiera para secuestrarte —rodee los ojos y reí, comenzando a caminar con él a mi lado.
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Mensaje por onedirection1 el Vie Sep 16, 2016 5:09 pm


SAMUEL CLAFLIN:
El vuelo fue bastante pesado, hubo demasiada turbulencia y no pude concentrarme de lleno en mis deberes, así que tardé más de lo esperado en terminar lo que había dejado pendiente de mi trabajo, y cuando terminé, ni siquiera pude tomarme una siesta. El vuelo se retrasó y aterrizó más tarde de la hora prevista, eso me tenía bastante desesperado, porque odiaba que las cosas no salieran de acuerdo a lo planeado, y el hecho de que llegara 40 minutos después, me puso de muy mal humor, pero traté de mitigarlo, iba a ver a Noah y lo menos que quería era que mi visita se viera perjudicada por mi estado de ánimo y más cuando sabía que Olivia iba a estar a mi alrededor, ella a veces se tomaba las cosas muy a la ligera y restaba importancia a cosas que no debería hacerlo.

Una vez que las puertas del avión comenzaron a abrirse, fui uno de los primeros en tomar sus cosas y salir de él, caminé hacia el puente que conectaba de las vías al aeropuerto para recoger mi maleta. Una vez que tomé mis pertenencias, me dirigí a la sala de espera, mirando de aquí hacia allá, hasta que unos mechones rubios se asomaron entre la multitud. Sonreí y me encaminé hacia esa dirección.

— ¡Hey, campeón!— dejé las cosas a un lado y me incliné para abrazarlo, levantándolo en el proceso—. Me alegra mucho que estés aquí— besó mi mejilla y lo bajé a los segundos después. Dirigí mi mirada a la mujer que estaba sentada con cara de aburrimiento a tan solo un paso de distancia desde mi posición, que en cuanto se percató de mi mirada, se levantó para saludarme con un casto beso en la mejilla— Olivia— murmuré con asentimiento de cabeza y no pude evitar fruncir el ceño al notar su vestimenta tan… provocativa. Usualmente no me importaba mucho la forma  en la que se vestía, pero ésta vez… había sido un tanto, muy, revelador y me era un tanto incómodo que mi hijo tuviese que presenciarlo. Olivia siempre había sido una seductora por naturaleza, tenía esos atributos que le daban ventaja y ella lo sabía, además, sabía cómo utilizarlos. Por cortesía, esperaría a estar solos o en un lugar más privado para mencionárselo—. ¿Nos vamos?— ambos asintieron y Noah insistió en ayudarme con la maleta de colgar en la espalda, terminé dándosela, aunque prácticamente la mochila era de su tamaño, él quería ayudarme y aquello me gustaba. Con mi mano en el hombro de Noah y la otra tirando de la maleta más grande, seguimos a Olivia hacia la salida del aeropuerto.

Como yo no tenía un lugar aquí y siempre me quedaba en el viñedo, cada vez que venía de visita, rentaba un automóvil, así que Olivia se fue en su auto y Noah se vino conmigo en la camioneta que recién había rentado en el establecimiento unto al aeropuerto.

En todo el camino hacia el restaurante, Noah me estuvo hablando de su primer día de clases—… y llegó una niña nueva al salón y estuvimos juntos hasta tarde esperando a que sus papás y mi mamá llegaran por nosotros, aunque a Charles le cayó un poco mal, dice que es muy molesta— el rubiecillo arrugó de forma chistosa su nariz— pero a mí me pareció simpática, para ser una niña— no pude evitar reír ante su forma de referirse a las “niñas”— sabes amigo… cuando seas más grande, una “niña” te va a traer bastante loco por sus coletas— mi hijo negó y simuló devolver— ¡Claro que no, papá!— simplemente reí, porque todos los chicos cuando éramos pequeños pasábamos por esa etapa de querer repeler a las niñas—. Umm… Noah, ¿mencionaste algo de quedarte esperando hasta tarde con la niña nueva a la salida?— mi hijo me miró y yo detuve el auto atrás del de Olivia, mientras el vallet la ayudaba a salir y tomaba las llaves de su auto— no, entendiste mal— mencionó antes de abrir la puerta y bajarse para alcanzar a su madre, fruncí el ceño. No, no había entendido mal, escuché perfectamente lo que el chico había dicho.

Con un suspiro, avancé unos cuantos metros, ocupando el lugar vacío que había dejado el auto de Olivia y otro vallet vino por las llaves de la camioneta.

Caminé hacia el encuentro de la castaña y Noah, el mesero que estaba en la entrada del restaurante le dedicó una mirada bastante significativa al escote de Olivia, a lo que yo rodé los ojos, pero a ella pareció no importarle en lo absoluto. Carraspee para llamar su atención— mesa para tres, por favor— sus mejillas se sonrojaron al notar que lo había pillado infraganti y checó rápidamente en la agenda, anotó algo y tomó tres menús del pequeño pedestal, antes de pedirnos que lo siguiéramos para ir a nuestra mesa.
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Mensaje por rusherschmidt el Mar Sep 20, 2016 3:53 pm


Olivia Jenner.-
Solté un bostezo de aburrimiento. Llevaba una media hora metida en aquel restaurante de comida tailandesa escuchando a mi hijo hablar una y otra vez sobre cosas que yo ya sabía. Además nuestra cena ni siquiera había llegado, el lugar estaba tan abarrotado de gente que los meseros parecían confundir las órdenes.
—¿Samuel, acaso no puedes pedirles que se apresuren?pregunté con la voz cansada. Estaba harta. Quería irme al departamento de Michael y olvidar mis deberes de una vez. Además, la paciencia no era una de mis virtudes. Con mi padre y su importante puesto en la política estadounidense, esperar nunca había sido necesario para mí. 
El castaño me miró. En sus pupilas estaba de nuevo la mirada de reproche que me lanzaba desde la primera vez que vino a visitarnos a Malibú.
—Vamos, Olivia. ¿No ves que la gente del servicio está ocupada? Demasiado están haciendomurmuró. 
—¿Demasiado están haciendo?pregunté rodando los ojos —es su trabajo, por si no te has dado cuenta?.

En acto de rebeldía, elevé la mano, llamando la atención de uno de los meseros.
—Disculpa comencé, inclinando un poco mi cuerpo hacia adelante. Mis senos, ya grandes, parecieron aumentar todavía más. El muchacho tragó saliva. —¿Cuánto más tendremos que esperar? Estoy muriendo de hambre asintió un poco perdido —me encargaré de que su espera termine, señora sonreí —no estoy casada, no me llames señora sus ojos parecieron girar levemente hacia Samuel quien aclaraba su garganta con esmero, pero los retiró en cuanto yo empecé a jugar con mi cabello —mi cena le recordé. —Sí, sí, señoritael pobre muchacho casi salió corriendo pero en menos de 10 minutos ya estábamos degustando de los platillos que llevábamos treinta minutos esperando. Le sonreí al disgustado Samuel con suficiencia. 

Las únicas voces que se escuchaban en nuestra mesa eran las de mi hijo y su padre, quien ahora parecía ignorarme todavía más. Yo me mantenía callada, acababa de terminar mi cena y ahora disfrutaba de las fotos que Michael estaba enviando a mi celular como respuesta a mis mensajes eróticos.
 De vez en cuando sonreía, deseando poder escaparme de ahí para disfrutar de su bien trabajado cuerpo. También me era imposible no sentir la mirada de Samuel sobre mí, sabía que había algo que le disgustaba, podía verlo en el color de sus ojos claros que se tornaban oscuros en cuanto yo lo pillaba observándome. Ni siquiera me molestaba. Estaba segura que saldría con sus mismas tonterías de siempre:
—Esa ropa está muy pegada. Está muy corta. Enseñas demasiado—.
Rodé los ojos para mí misma. Él no era mi padre y me valía un cacahuate que fuese mayor, no tenía derecho alguno sobre mi cuerpo.
Volví a bostezar.
Hacía unos minutos que acabábamos de terminar la cena y ahora la plática seguía aburriéndome.
—Mami, ¿puedo pedir postre?— la voz de mi hijo me hizo reaccionar. —Claro, pero que no sea chocolate— él asintió sin notar la mirada preocupada de su padre sobre mí. Sus ojos decían: —¿sucede algo con Noah? ¿Por qué no me has dicho?— suspiré. —Ha estado sufriendo insomnio desde hace dos semanas, el pediatra piensa que puede ser el chocolate— murmuré sin prestarle mucha atención. 
Por eso odiaba tener a Samuel en Malibú. De hecho, odiaba tenerlo cerca. Se creía un sabio, como si todo lo que yo hiciera estuviera mal, cuando en realidad no tenía ni idea de lo que era ser un padre. Porque sí, podría mandar manuntención -la cual yo no necesitaba en absoluto- y podía llamar una vez cada mes preguntando por su hijo pero eso no lo convertía en un padre. Él no tenía ni idea de lo que era desvelarse cuando Noah se enfermaba o cuando tenía pesadillas. No conocía sus alergias, sus temores. 
—Tú lo quisiste así— me recordé. Y no me arrepentía. 
Mi madre había muerto cuando Noah tenía apenas dos años, ella era mi mejor amiga y la única que me apoyaba y aconsejaba en eso de ser mamá. Ella y mi padre se habían divorciado cuando Kendall y yo teníamos 15 y 13 años respectivamente; él se casó con una mujer de nombre Lily que servía como diputada en California. Era preciosa y elegante y con el tiempo logró hacerse amiga de mi mamá, quien nunca más volvió a pensar en el amor. Lily ha sido lo más cercano a una madre en los últimos seis años pero con su trabajo y sus propios hijos, sus consejos venían a mí cada vacación de primavera que era cuando lograba verla, a ella y a mi progenitor. 
Samuel, en cambio, tenía a sus padres con él y a Noah de vez en cuando. No era lo mismo. No podía juzgarme. 
El postre de mi hijo llegó unos minutos después y antes de que lo terminara, unas voces se escucharon en nuestra mesa.
—¡Olivia, qué gusto!— al elevar la mirada me topé con los ojos verdes de Katherine, la peliroja madre de Charles, el mejor amigo de Noah. Era una mujer de unos cuarenta y cinco años que acababa de dar a luz a una pequeña peliroja, la última de tres hijos. Ella me había enseñado a preparar galletas caseras para cuando Charles se quedara a dormir en casa. Me compartía sus secretos de cocina de vez cuando, a pesar de que yo rara vez cocinaba e incluso me había llevado al súper a elegir el mejor blanqueador de ropa cuando una vez Noah llegó a casa con manchas de plumón en su uniforme de los lunes.
Me levanté de mi lugar para saludarla con dos besos en cada mejilla. —Hace rato que te vi entrar pero no había podido venir a saludarte—. —No te preocupes, Katherine. Mira, te presento a Samuel Claffin, el padre de Noah, nos está visitando esta semana— ella le extendió la mano amablemente, murmurando un "encantada de conocerte" antes de volver hacia mí. —No te vi hoy en la escuela, linda, ¿sucedió algo?— garraspeé un poco —sí, es que se me hizo un poco tarde, pero ustedes ¿cómo han estado?— pregunté tratando de cambiar de tema —qué raro de ti, Olivia— rió —muy bien, la nena me trae loca pero James y yo estamos tratando de quedarnos en casa tanto como sea posible— asentí —ya me imagino, pero que bueno que todo está bien. Me enteré que la tuviste por cesárea, ¿qué tal te va con la recuperación?— ella suspiró —no se compara al parto natural, cielo. Las primeras semanas me dolía horrible pero es la segunda y ya estoy acostumbrada— reí un tanto asustada —gracias a Dios Noah fue natural— murmuré divertida —así es, además lograste conservar tu cuerpo, condenada. Ya quisiera yo haber quedado así después de tener a mi primer hijo— me guiñó un ojo y yo me sonrojé levemente. —Ni te creas, Katherine, muchas cosas cambiaron en mi pobre cuerpo después de Noah. Imagínate un hijo a los 16— murmuré y ella negó. —Estás fabulosa, cielo. ¿O no? preguntó girándose hacia Samuel que nos observaba en silencio; yo reí un poco incómoda.
Continuamos con la plática unos segundos más hasta que ella invitó a Noah a su mesa para que saludara a Charles. —Con permiso, mi marido ha de estar volviéndose loco con Penélope— asentí regalándole un beso en la mejilla. —Me mandas a mi hijo cuando te canses de él— dije —¡hay, Olivia! Si Noah ya es un hijo para mí también— sonreí —pero sí, yo te lo mando antes de irnos. Con permiso— se dirigió a Samuel —mucho gusto, ya veo de dónde sacó esos ojos ese rubiesito— se despidió con un gesto de mano antes de caminar hacia su mesa en donde mi pequeño platicaba muy a gusto con su mejor amigo. 
Me dejé caer en mi asiento cuando la mujer se marchó. Los ojos de Samuel se dirigieron a mí y yo suspiré.
—Regáñame de una vez, papá— murmuré elevando una ceja y haciéndome hacia adelante para que viera que tenía toda mi atención —¿ahora qué hice mal?—.
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