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▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por rusherschmidt el Dom Oct 02, 2016 4:43 pm

Nick Jonas.-
—Imbécil— la voz de Trevor, acompañada de una patata frita lanzada en dirección hacia mí, me hizo salir de mis pensamientos. Brinqué levemente, ganándome una mirada confundida de parte de mi novia que aún yacía sobre mis piernas. 
—¿Qué?— pregunté sin entender, tratando de sacar la patata de mi camiseta. El moreno rodó los ojos. —Pudiste haberla saludado, por lo menos— masculló. Suspiré levemente. —Sus ojos estaban puestos en ti— continuó, aunque ésta vez su voz sonó un poco molesta. 
Trevor, un chico de tez oscura de 24 años, que se había unido a nuestro grupo a principios de la secundaria, había pasado sus noches y mañanas durante cinco años escribiéndole cartas de amor a Adaimé. Cartas que nunca llegaron a sus manos. 
—¿Todavía te gusta?— pregunté, rogando porque pronto pudiéramos cambiar de tema o porque al menos la conversación dejara de ser incómoda.
—No— masculló pero sus pupilas no me miraron. —Vamos, Trevor, la chica ha regresado a la ciudad, quizás éste sea tu momento de conquistarla— elevó las pestañas y sus pupilas oscuras se achicaron en una mirada inquisidora... Como si supiera algo. —Jay ya se adelantó— murmuró metiéndose una papa frita a la boca. Ahora quien suspiró fui yo. —Vamos, chicos— mi novia sonrió —no empiecen a meterse en líos, recuerden lo que sucedió el año pasado cuando todos se "enamoraron" de la puertoriqueña esa, ¿cómo se llamaba?— tronó sus dedos tratando de recordar —¡ah, sí! Amira— reí ligeramente mientras mi mente viajaba de regreso a las vacaciones del 2015 en Puerto Rico.

Lo que se suponía sería el viaje de nuestras vidas, casi separa a nuestro grupo cuando todos mis amigos, incluído mi hermano, aseguraron querer conquistar a Amira, una morena con cuerpo de infarto que trabajaba como mesera en uno de los bares del hotel. Después, cuando todos se dieron cuenta que ninguno pasaría por su cama y gracias a la ayuda de Olivia, logramos llegar a Estados Unidos sin ninguna rencilla entre nosotros.

Ian rió; se había mantenido en silencio desde que Adaimé cruzó la puerta. —Amira estaba loca por mí— comentó, ganándose la típica mirada asesina de Trevor. —Que no, ella estaba loca por MÍ— Olivia rodó los ojos —ella no estaba loca por ninguno de ustedes, su trabajo era sonreírles para que le compraran bebidas en el bar— mis dos amigos la miraron como un par de depredadores. —¡Olivia!— gritaron los dos al mismo tiempo.


La noche terminó antes de que Jay regresara. Me había mandado un mensaje asegurando que todo estaba bien, sólo había decidido quedarse con Adaimé un poco más de tiempo para ponerse al corriente de lo que había pasado en esos últimos años. Pagué su cuenta y poco más de las 12 estuvimos listos para irnos.
Mi novia no dijo nada en todo el viaje a casa, pero sabía que su mente estaba divagando en lo que acababa de suceder en el restaurante. Sujeté su pierna con delicadeza. Las luces de la carretera iluminaban su rostro en un resplandor amarillento, bronceando todavía más su precioso color de piel.

—Fue una de mis mejores amigas— comencé. En la radio sonaba una melodía de John Mayer. —Solíamos hacer todo juntos, incluso boxear... Hasta que su madre decidió que mi hermano y yo éramos un mal ejemplo para ella y la alejó de nosotros— sus pupilas me miraron —¿te gustaba?— asentí —nunca pude decírselo. Ambos tomamos caminos diferentes y entonces te conocí... Nunca sentí por nadie lo que siento por ti y las cosas con Adaimé nunca volverán a ser iguales, no quiero que estés pensando en cosas sin sentido, ¿está bien?— mi morena sonrió —está bien—. 


Ella se quedó tranquila el resto del viaje pero por algún motivo mi mente no podía alejar a aquella cabellera rubia que se había vuelto a topar en mi camino.
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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por onedirection1 el Vie Oct 14, 2016 4:01 pm


ADAIMÉ REYNOLDS:

Estuvimos caminando varias cuadras, hablando de todo y nada al mismo tiempo. Sinceramente, tenía muchas preguntas por hacerle, respecto a por qué su padre le había prohibido la entrada al gimnasio, qué había pasado con su madre, desde cuándo Nick tenía novia y si él seguía peleando. Pero no me atrevía a hacerlo, al menos no aún. No es como si fuese tan fácil sacar el tema e interesarme por la vida de su hermano, incluso después de haber sido ignorada olímpicamente por él, era vergonzoso y doloroso al mismo tiempo. Sí, me había ido por un par de años, pero no había sido mi culpa, se suponía que teníamos un tipo de lazo indestructible, que ni siquiera el paso del tiempo podía arruinar, pero al parecer, no era tan fuerte como yo había creído.

Nos detuvimos cuando llegamos al porche de mi casa y sonreí al ver como el castaño miraba con atención el lugar─ la remodelaron─ asentí─ hace pocas semanas pasé por aquí y me llamó la atención que estaban haciendo muchos cambios, pensé que habían vendido la casa y que alguien nuevo llegaría, nunca me hubiese imaginado que era porque iban a volver─ un suspiro salió de mis labios y me senté en el escalón de la entrada, mientras recibía una mirada profunda por parte de Jay─ yo tampoco… solo pasó como hace unos años, transfieren a mi mamá, me entero de que nos mudamos cuando me pide que haga mi maleta y en un parpadeo, ya estamos atravesando de un continente a otro─ rodee los ojos con cierto fastidio─ ¿hubieses preferido quedarte? ─susurró un tanto confundido─ no lo sé─ contesté simplemente. Este año no había sido el más fantástico para mí, de hecho, apestó totalmente después de que mi coach-novio me engañara con una chica que parecía una princesa, toda delicadeza y feminidad. Ya había superado la mudanza, mi vida estaba bien, hacía lo que me gustaba, tenía buenos amigos y un novio que parecía técnicamente perfecto, era feliz, aunque, una parte de mí, sabía que estaba incompleta, era ese algo que se había quedado en Los Ángeles cuando nos fuimos, pero había aprendido a vivir con ello y estaba bien para mí, hasta que entré a la casa de Steven. Habíamos pasado la noche juntos y por la mañana, me había ido a dejar a casa, por la tarde, me había percatado que había olvidado mi MacBook en su departamento, y a pesar de que se la estuve pidiendo durante dos días, él olvidaba llevármela, hasta que la necesité con urgencia y fui a buscarla, ya que él no contestaba el teléfono. Usé la llave que guardaba en la maceta y no necesité mucho tiempo para percatarme lo que sucedía en su habitación, el ruido fue bastante claro y la chica gritando “Steven”, solo terminó de reafirmar que era él. Me sentí traicionada, incluso tenía un nudo en la garganta, pero no fue como si me hubiesen desgarrado el corazón, no dolió como se suponía que debía doler. Esperé sentada en el sofá de la sala, aunque no fue mucho, ya que 5 o 10 minutos después, salieron de la habitación, él se estaba abrochando los pantalones y no se percató de mi presencia, en realidad, fue la pelinegra quien puso sus ojos en mí. Su expresión fue suficiente para que Steven fijara sus ojos en mí y fue tan patético como para decir “no es lo que parece”, yo me limité a enarcar una de mis cejas e ir por mi laptop, que, irónicamente, estaba dentro de su habitación. Lo demás… era historia.

─ Estuve perdido un tiempo─ después de un buen rato en silencio, Jay habló. Mi mirada se dirigió hacia él, quien ya estaba sentado a mi lado─ intenté por mucho tiempo ser el ejemplo a seguir de Nick, pero no pude… después de que te fuiste, mis padres se divorciaron y mi madre se fue de casa, un día de pura casualidad la encontré─ tragó tan fuerte, que me fue imposible ignorar el movimiento que tuvo en su garganta─ estaba en una esquina, drogada y ebria, recibiendo dinero de un hombre─ mi corazón latió con mucho más fuerza en ese instante, sin poder creer cómo la mujer castaña y hermosa, que cuando tenía 3 años me regalaba cupcakes de tres leches con nutella, hubiese terminado así─ intenté llevarla a casa, que mi padre la ayudara, pero se negó totalmente, lo odié en ese momento, fue la mujer de su vida, independientemente de la mierda que vivimos Nick y yo cuando comenzaron sus peleas, ella ya era una alcohólica, pero Alvely nunca hizo nada para ayudarla a salir de ello─ la crudeza en su tono provocó que mis ojos comenzaran a picar por las lágrimas que amenazaban con salir. Una de mis manos se posó en su espalda y comencé a tallar suavemente, intentando darle el apoyo que necesitó tiempo atrás─ había llegado a la final, iba a pelear, había grandes apuestas a mi favor, ¿sabes? ─ él siempre había sido grandioso, lo había visto muchas veces derrotar a quien se le pusiera enfrente─ pero antes de salir, recibí una llamada, ella había tenido una sobredosis y yo no podía pelear así, no sin saber que ella iba a estar bien, hablé con mi padre y él se negó rotundamente, comenzamos a discutir y yo le confesé que había empezado a fumar hierva, no era nada consecutivo, pero siempre estábamos discutiendo, excepto cuando poníamos un pie en el gimnasio, todo giraba en torno a ello, me ayudaba a relajarme y alejar todos los problemas, incluso olvidar que mi madre se estaba prostituyendo porque no tenía dinero… ¿sabes qué me dijo? ─negué, aunque no estaba segura de que quería escuchar la respuesta a ello─ que iba a terminar como mi madre, alejando a todos y sin tener el control de mi propia vida, luego se fue del camerino, advirtiéndome que salía en 5… me fui, yo necesitaba asegurarme de que ella estaba bien, pero le había costado dinero a muchas personas y provocó que el gimnasio tuviera una gran baja. El lunes siguiente que me presenté para entrenar, él me echó, de la casa, del gimnasio, fue una suerte que pudiese recoger mis cosas... pero no se equivocó, bebí, me refugié en el sexo ─ se encogió de hombros, como si aquello fuese insignificante, pero no lo era.

─ ¿y Nick? ─pregunté─ él era el único con el que hablaba, hasta que tuvo un accidente… fue bastante extraño, muchas cosas no concuerdan con lo que él dice, pero nunca quiso decir más de lo que le había dicho a los oficiales, fue antes de una final, tuvo problemas con su pierna a causa del accidente, Olivia fue su terapeuta y supongo que conectaron, de alguna forma, me alegra por mi hermano, se veía como si hubiese perdido la vida y ella lo ayudó muchísimo─ así que, la chica que estaba en sus piernas se llamaba Olivia─ Nick dejó de pelear, incluso sigue sin hacerlo totalmente, cada tanto debe de recibir una terapia, a veces camina cojo y necesita muletas, otras, le dan dolores bastante fuertes, aunque también tiene días buenos, donde parece que nada le hubiese sucedido─ esperé unos cuantos minutos, a la espera de que continuara, pero como no lo hizo, fue mi momento de hacerlo─ siento como si en vez de haber pasado 4 años, hubiera sido toda una vida─ él asintió, de acuerdo conmigo─ parece que no bromeabas cuando decías que muchas cosas habían cambiado─ intenté aligerar el ambiente, y el castaño me regaló una pequeña sonrisa, abriendo sus brazos para estrecharme en ellos─ bueno… sigues siendo el amor de vida de Trevor, así que algunas cosas siguen iguales─ en ese momento, entendí que los temas serios habían acabado y en serio lo agradecía, sentía que iba a ponerme a llorar de un momento a otro. Rodé los ojos y negué─ él nunca estuvo enamorado de mí, es una tontería─ Jay rió y se encogió de hombros─ si tú lo dices…

Quizá no había sido tan malo regresar a casa, solo tenía que acostumbrarme a los cambios… y que Nick, parecía no querer ser parte de mi vida nuevamente.
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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por onedirection1 el Dom Oct 16, 2016 7:52 pm


SAMUEL CLAFLIN:
“Respira profundo” me repetí una y otra vez mientras intentaba mantener la calma, al menos, hasta que Katherine siguiera con nosotros, por suerte, no tardó mucho más en despedirse y Noah pidió permiso para ir con ella y saludar a su amigo. Sonreí al alago de la pelirroja y le agradecí al instante, porque en efecto, Noah había heredado el color de mis ojos y según mi madre, era idéntico a mí cuando yo era pequeño. No me gustaba contradecirla, mis genes predominaban en mi hijo, pero también tenía rasgos muy notorios de Olivia, como su nariz y los rasgos de los ojos, entre otras cosas que podría mencionar.

Mi hijo desapareció de mi vista con Katherine, la cual, me había parecido bastante agradable y a pesar de verse mayor, se conservaba bastante bien. Dirigí mis ojos a Olivia y al parecer, ya estaba a la espera de lo que yo tenía para decir─. Por favor Olivia, no hagas esto como si fueras la víctima─ rodeé los ojos y me crucé de brazos. Noah había mencionado en el camino que su madre había llegado tarde por ella y cuando le pregunté por ello, el pequeño se había hecho el tonto y prácticamente había salido corriendo del auto. Ahora tenía sentido, pero no era solo eso─. ¿Cuándo pensabas decirme que Noah tenía insomnio por el chocolate? Estuvo conmigo en vacaciones y él comió chocolate en moderadas porciones, inclusive durmió conmigo y en ningún momento él tuvo problemas de insomnio o algo parecido, así que eso me hace dudar qué tanto le permites comer mientras está en tu cargo para que el pediatra llegase a esa conclusión─ tomé mi copa y bebí un poco de vino para tranquilizarme un poco, no podía montar una escena en el restaurante, no estábamos en Londres y aquí, a pesar de tener un buen apellido, no tenía las mismas influencias─ además, ¿llegaste tarde por Noah? Tienes personas a tu cargo y bien pudiste mandar a cualquiera de ellas para que fuese por él, pudo haberle pasado algo, ni siquiera quiero imaginarlo…─ solté un suspiro y negué─ esto no estuviera pasando si hubieses aceptado vivir conmigo─ masajee mis sienes un tanto exasperado por la situación, cerré mis ojos unos momentos, pero cuando los abrí, lo primero en que me percaté, fue el pronunciado escote que tenía su vestido. Había visto como el mesero no perdió detalle alguno de él, ¡sus senos estaban a punto de salirse de ahí! Podía apostarme lo que fuera, a que ni siquiera llevaba un maldito sujetador─. Ni siquiera puedes respetar la presencia de nuestro hijo, entiendo que te guste vestirte así…─ la señalé de arriba hacia abajo con mi mano, en un ademán bastante despectivo y ni hablar de la mueca de mi rostro. Sí, justamente aquel tipo de vestimenta me había vuelto loco hace unos años y probablemente fuera la causante de que acabáramos follando en el auto… y luego en mi habitación de Hotel, pero ella ya era una adulta y tenía un hijo, no podía seguir haciéndolo─ llamas demasiado la atención de los hombres, ¿cómo crees que se siente Noah cada vez que un tipo mira tus pechos o tu trasero? Puedo apostar lo que sea a que no está sonriendo de felicidad─ y hablando del tema, el camarero llegó para tomar nuestros platos vacíos, obviamente, sin perder detalle de la generosa vista que le brindaba el escote de Olivia.

Chasqué mis dedos y después de un par de segundos, el mesero se fijó en mí, sonrojándose al instante, obviamente sabía que lo había pillado en el acto─ tráeme la cuenta y ponme esto para llevar, por favor─ señalé el postre intacto de Noah, el muchacho asintió rápidamente y se retiró, añadiendo un “de inmediato”, después de que se fue, volví a mirar a Olivia, elevando mis cejas y dando a entender un perfecto “¿ves a lo que me refiero?”, pero obviamente, a ella le encantaba llamar la atención, tenía atributos y sabía cómo utilizarlos. Una mujer que era consciente de su belleza femenina era sumamente peligrosa.

Si ella estaba a punto de decir algo, se vio interrumpida por la llegada de nuestro hijo, quien sonreía ampliamente, aunque luego miró entre Olivia y yo, frunció el ceño y suspiró─. Ey, amigo, ¿ya quisiste venirte? ─Noah tomó su lugar y negó─ nop, pero ya se iban porque Jany se hizo popó y la señora Kathie no traía más repuestos─ soltó una risita arrugando la nariz de forma bastante adorable y yo no pude evitar sonreír─ pedí para llevar tu postre, puedes comerlo cuando llegues a casa si gustas─ asintió y nos quedamos en silencio. Era obvio que la charla que había tenido con Olivia volvió el ambiente muy incómodo, a ella no le gustaba cuando le decía sobre su vestimenta y mucho menos, cuando resaltaba las cosas que no me parecían respecto a las situaciones con Noah. Ella tenía la edad suficiente para ser una adulta, pero no parecía querer serlo.

Por suerte, el mesero llegó con el pequeño paquetito que tenía el postre de Noah y lo dejó sobre la mesa, yo estiré la mano y me dio la carta con la cuenta, observé el ticket y saqué el efectivo de mi cartera, incluida la propina, el mesero tomó de vuelta la carta y se retiró.

─ Bien, es hora de irnos─ me levanté primero y ayudé a Olivia con su silla, retirándosela y volviéndola a colocar en su lugar cuando ella se levantó y se movió. Podía estar molesto por sus actitudes, de mal humor o cualquier otro desagradable estado de ánimo, pero, ante todo, seguía siendo un caballero y no olvidaría mis modales por ninguna circunstancia, así no me habían educado.


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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por rusherschmidt el Mar Oct 25, 2016 6:54 pm

Olivia Jenner.-
El viñedo de mis padres, que en realidad no era un viñedo sino una casa de playa a las afueras de Malibú, olía a rosas y margaritas. Había olvidado lo que era manejar con el capote del auto escondido, el cabello suelto bailando con el viento y la música folk sonando en el reproductor. Por un leve período de tiempo me sentí una chiquilla de 16 años otra vez. 
Estacioné cerca de una de las bardas blancas que adornaban la colina. El reloj de mi auto marcaba las 8 am, sabía que Samuel se despertaba a esa hora para ir a correr por lo que no estaría en casa. No dudaba que Noah se hubiese marchado con él. Até mi cabello, ahora rubio, en una coleta baja. 
El aire, que de por sí ya era fresco gracias a la cercanía del mar, se sentía casi helado aquella mañana. A lo lejos escuchaba las olas golpear el acantilado.

El Viñedo, nombrado así por la pasión de mi padre hacia el vino, era una propiedad bastante antigua en la que mis hermanos y yo solíamos ir a jugar cada fin de semana cuando éramos niños. Contaba con una mansión blanca al fondo de las colinas, con ventanas y barrotes coloreados de rosa pastel; una piscina en el patio trasero, algunos caballos, y, mi parte favorita, un acantilado escondido entre los árboles de mango desde donde se podía ver un perfecto amanecer. Samuel solía quedarse ahí cuando venía y yo solía escaparme cada que podía cuando mi hijo y yo estábamos solos. Sin embargo, había pasado casi un año desde mi última visita. 

Ajusté la chamarra verde militar sobre mis hombros mientras mis pies me incitaban a recorrer el lugar rápidamente. Rocié las fresas recién crecidas e incluso tomé algunas para el desayuno. Saludé a Johnny, el muchacho a cargo de los equinos y me escabullí unos cuantos segundos a mi zona secreta: el acantilado. Parándome al borde de éste, tomé un profundo respiro. Tenía que mostrarle aquel sitio a Noah en cuanto volviera... Claro, sin que Samuel lo supiera o pensaría que era demasiado arriesgado para un niño de su edad. Rodé los ojos. La noche anterior habíamos tenido una discusión bastante discreta mientras esperábamos la cuenta en el restaurante. Por primera vez en mucho tiempo me había quedado callada. No repliqué ninguno de sus comentarios, a pesar de que estuviera muriéndome de ganas por sujetarlo del cuello y darle un par de bofetadas por ser tan impertinente. ¡Lo odiaba! Se creía tan perfecto con sus modales pero no era más que otro imbécil. Por si fuera poco, estaba tan enojada con él que hasta las ganas de estar con Michael se me habían quitado. Contrario a cualquier plan, había pasado la noche sola en mi departamento, viendo netflix y comiendo palomitas de maíz.
Yo no era una mala madre. ¡Claro que no!
Lancé una pequeña roca al mar. Ésta desapareció al instante.
Volví a respirar.
—La vida es buena— me repetí —él sólo estará unos días, tranquila, tú puedes—. Mecí mi cabellera recién pintada. Mi estilista había llegado a casa a las 5 am, hora en la que me levantaba todos los días para darle de desayunar a mi hijo y poder arreglarme para asistir al trabajo. Para mi buena suerte, Noah no tenía clases ese día por la junta de padres que se llevaría acabo en la tarde así que tenía toda la mañana para relajarme. 

De regreso a la casa principal caminé con cuidado de no pisar alguna planta que recién comenzaba a brotar. Me metí a la cocina, sacando de la alacena de madera blanca ingredientes necesarios para unos panqueques. Mientras éstos se cocinaban y el jugo de naranja se preparaba en la licuadora, bailé al ritmo de alguna vieja canción que sonaba en la radio. 
Recordé que cuando niños, mi madre solía comentar que la cocina era su lugar favorito en todo el mundo y cuando Kendall y yo nos burlábamos, ella respondía con voz dulce y paciente que lo entenderíamos el día que nos convirtiéramos en madres y tuviéramos una familia que alimentar. 

Tenía razón.

Todos los días mi despertador sonaba a las 5, no sólo para buscar mi atuendo perfecto como seguramente Samuel pensaba, sino para tener tiempo suficiente para servirle el desayuno a mi pequeño. Incluso había tomado clases de cocina para sorprenderlo cada mañana. Tomábamos café entre risas, veíamos alguna caricatura y aún así nos quedaba tiempo de sobra para vestirnos con calma y preparar su lunch. Por supuesto, habían días en los que simplemente mi cuerpo pedía un poco más de sueño y esos días eran justamente los que menos disfrutaba. Salíamos a las carreras y siempre se nos olvidaba algo, algo de lo que terminábamos riendo en la noche.
Sonreí. Y pensar que había estado aterrada de convertirme en madre.

Serví los panqueques en platos de porcelana blanca, colocando algunas fresas recién recogidas como adorno. Café y el jugo de naranja a un lado y un par de manzanas en el centro de la mesa.
Justo cuando acababa de colgar mi abrigo en el perchero, unas voces comenzaron a acercarse guiadas por el olor a miel y frutas.

—¡Mami!— Noah abrió los brazos corriendo hacia mi cuerpo. Le besé el cabello rubio ante la mirada escéptica de su padre. Samuel sabía que nunca los iba a visitar al viñedo cuando venía a Malibú. —Les he preparado el desayuno— comenté. Mi abdomen estaba expuesto y el top era ajustado y su mirada de regaño aún seguía ahí pero estaba segura que lo había sorprendido. Probablemente en ese momento se estuviese preguntando si realmente yo sabía cocinar. ¡Bien!
Olivia 1 - Samuel 0.
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Mensaje por rusherschmidt el Lun Oct 31, 2016 12:00 am

Nick Jonas.-
Esa mañana me desperté bastante temprano. Era lunes y tenía bastantes al ser mi último año aún me quedaban algunos pendientes de la universidad, como llevar mis documentos a la junta escolar en donde ya se comenzaba a preparar la graduación. 

Puesto que en realidad ya no teníamos clases y yo había terminado con mis exámenes muchísimo antes que el resto de mis compañeros, decidí darme una vuelta por la oficina de Olivia. Mi novia estaba en su tercer año de medicina cuando nos conocimos. Hacía sus prácticas en la oficina de su padre, el reconocido terapeuta George Culpo, fundador de la asociación de médicos norteamericanos y famoso por sus numerosos premios en aquella rama. Después del accidente, que casi me quita la vida, necesitaba varias sesiones para recuperar la movilidad de mis piernas y mi padre, desesperado porque yo regresara al deporte, se propuso hacer lo que fuera necesario para conseguirme el mejor médico del país. ¿El problema? George Culpo cobraba más de lo que nosotros podíamos pagar y aún cuando nos esforzáramos por conseguir el dinero, su secretaria había dejado muy en claro que la agenda del doctor ya estaba llena. No había manera de que nos ayudara... Seguramente tendríamos que haber ido con cualquier otro terapeuta si Olivia no hubiese intervenido.
Resulta que mientras mi padre caía en pánico y le pedía a la secretaria revisara los precios y las fechas por quinta vez, Olivia nos había estado escuchando. Acababa de llegar de la escuela. Portaba su blusa del uniforme, del mismo modelo como las batas de los médicos, hecha de un color amarillo pastel y con el logo de la Universidad de California, la más prestigiosa del país. Cargaba dos mochilas y una bolsa con desayuno comprado en algún starbucks cercano. Se presentó con una brillante sonrisa y preguntó si había algo con lo que pudiera ayudarnos. Mi padre, aún más enojado, volvió a explicarle el problema, sin omitir, por supuesto, el hecho de que no teníamos suficiente dinero para pagar. Ella se disculpó por no poder darnos una fecha pero en lugar de rechazarnos, como había hecho la secretaria, nos dio una opción: Ella sería mi terapeuta.
—Aún soy estudiante pero es mi último año... Si usted gusta yo puedo ayudar—. Nunca se presentó como la hija del médico, ni como la futura dueña de aquel millonario hospital, pero su sonrisa creaba un ambiente tranquilo a nuestro alrededor y cuando dijo que tampoco nos cobraría, tuvo a mi padre comiendo de la palma de su mano. 

***

—¡Cielo!— su voz se escuchó a través del pasillo de mármol blanco. Llevaba su bata blanca con un gafete colgando de uno de los bolsillos de su pantalón. Su rostro fresco, sin maquillaje.

Besó mis labios de manera casta, probablemente por los pacientes que esperaban expectantes en la sala de estar. —Te has puesto el sweater que te regalé— murmuró con aquella sonrisa que tanto me gustaba mientras pasaba sus manos sobre el sweater amarillo que había comprado para mí la navidad pasada. —Te dije que lo usaría algún día— bromeé —voy camino a la universidad— comenté —¿quieres hacer algo más tarde?— ella lo pensó un par de minutos y justo cuando iba a responder, mi teléfono sonó. 
Un mensaje de Jay:
"Hey, hermanito. Los chicos y yo le haremos un almuerzo de bienvenida a Ada más tarde. Estás invitado".

—Parece que iremos a almorzar— murmuré mostrándole el mensaje.
No iba a mentir, por mucho que lo negara, saber que más tarde vería a Adaimé me ponía nervioso y saber que Olivia iría también me ponía todavía peor. Mi novia era linda y sencilla pero cuando algo la hacía enojar... Hasta yo la desconocía.
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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por onedirection1 el Mar Nov 01, 2016 9:33 pm


ADAIMÉ REYNOLDS:
Parpadeé un par de veces antes de darme por vencida en intentar seguir durmiendo, así que me levanté y me fijé en la hora, eran solo las 8 de la mañana. Solté un suspiro y caminé hacia el baño para lavarme el rostro y los dientes, amarré mi cabello en una coleta y me sequé el rostro húmedo. Me observé en el espejo, tenía unas cuantas ojeras y eso, quizá se debiera a que me había quedado hasta tarde despierta hablando con Jay, pero incluso, cuando el castaño se fue y yo me dispuse a dormir, mi mente seguía funcionando a mil por hora, las palabras de mi amigo se habían quedado ahí hasta altas horas de la madrugada, me había sido imposible sacarlas de ahí.

─ ¿Mamá? ─ le llamé, asomándome en su habitación, pero estaba perfectamente hecha y vacía, me dirigí a las escaleras y volví a llamarla, recibiendo el mismo silencio. Entré a la cocina y me encontré una nota, la tomé con una mueca en el rostro y leí el contenido. “Sé que se supone que estoy en mi descanso, pero Charles me llamó y me pidió que fuese de inmediato a su oficina, intentaré desocuparme lo más rápido posible, te amo. –Mamá” ¿por qué no me sorprendía? Como ella lo había dicho, se suponía que estaba de descanso y es que con lo de la mudanza, su jefe le había dado una semana para que se instalara y que pusiera todo en orden, pero, como siempre… terminaba solicitándola mucho antes de lo previsto. Arrugué la nota y me dirigí a la alacena, que como era de esperar, no había mucho, por no decir nada. Por lo que tuve que cambiarme e ir al súper para comprar lo mínimo para sobrevivir el día de hoy.

El resto de la mañana fue básicamente lo mismo: yo acostada en la cama viendo Netflix. Y pensaba hacer de eso todo mi día, solo levantándome para lo necesario, pero alguien tocó la puerta y pude haber pensado que era mi mamá, pero ella tenía llaves, así que no tendría la necesidad de tocar, por lo que tuve que abandonar mi comodidad y levantarme de la cama.

─ Linda ropa─ rodee los ojos al escuchar a Jay─ gracias, puedo prestártela cuando gustes─ le guiñé el ojo y me hice a un lado para dejarlo pasar. Sí, me había vuelto a poner el pijama─ ¿a qué se debe tu agradable visita? ─el castaño sonrió─ vengo por ti, así que, a menos que quieras ir así, te recomendaría cambiarte─ fruncí el ceño─ ¿a dónde vamos? ─ Jay se sentó en uno de los muebles y ladeó ligeramente─ sorpresa─ enarqué una de mis cejas y le bajé las piernas de la mesa─ no me gustan las sorpresas─ argumenté, pero de una u otra forma, él me convenció de subir a mi habitación para arreglarme.

Me duché y me vestí casi igual que ayer, solo que opté por una blusa y unos jeans, en vez del short y el crop top, obviamente cambié de camiseta también, simplemente que tenía un pequeño trauma por las camisetas de cuadros y digamos, que tenía varios pares en mi closet.

─ ¿No te había quitado los pies de la mesita? ─mencioné cuando terminé de bajar las escaleras─ no seas dramática, ya los bajé, ya─ levantó sus manos cuando bajó sus pies y luego se levantó del sofá, escaneando totalmente mi atuendo─ ¿qué? ¿tengo tu aprobación? ─rió negando, y en cuanto me acerqué a él, rodeó mis hombros con su brazo, atrayéndome a su cuerpo─ ¿no traías eso ayer? ─rodeé los ojos y lo empujé─ no molestes, puedo cambiar de opinión y quedarme aquí─ volvió a reír y salimos abrazados de mi casa. Ya le mandaría un mensaje a mi mamá dentro de un rato más.

─ ¿Es necesario esto? ─ pregunté llevando mis manos hacia enfrente─ si, lo es, ¿dónde estaría la diversión? ─rodee los ojos mentalmente, ya que tenía sus manos cubriendo mis ojos y obviamente no podía hacer ningún movimiento. Estuve más de dos veces a punto de caer, él no era muy bueno dirigiendo o quizá, lo hacía a propósito─. Llegamos, ¿lista? ─su voz susurrando en mi oído, me hizo estremecer completamente, pero, aun así, asentí y poco a poco la presión de sus manos fue disminuyendo hasta que simplemente me los dejó libre. Parpadeé un par de veces ya que me dejó la vista un tanto borrosa y cuando todo se aclaró, no pude evitar soltar una risita. Las manos de Jay se posaron en mi cintura y pude sentir su pecho pegado a mi espalda─ sorpresa─ me giré un poco para mirarlo y rodeé los ojos con diversión. Los chicos estaban ahí, tenían una pequeña parrilla a un lado, unas mesas juntas con varios platos y todos me estaban sonriendo─ obviamente íbamos a celebrar tu regreso─ me alejé de Jay y caminé hasta Ian, que había estirado sus brazos para recibirme─ no creí que me hubiesen extrañado tanto… tomando en cuenta que me reemplazaron─ bromeé o al menos esa fue mi intención, ya que todos se miraron entre sí y soltaron pequeñas risas un tanto incómodas. Carraspeé y me puse a saludar a los demás.

Años atrás, yo había sido la única chica dentro de nuestro “squad”, y si bien, ellos tenían… amigas o algo parecido, ninguna que pudiese ser una más de nosotros.
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Re: ▸Bυт ɪт woυʟᴅɴ'т ʙᴇ ᴍʏ woʀʟᴅ wɪтʜoᴜт ʏoᴜ ɪɴ ʜɪᴍ •ʀoʟᴾᵛᵀ•

Mensaje por onedirection1 el Sáb Nov 05, 2016 10:57 pm


SAMUEL CLAFLIN:
Para ser sincero, me había sorprendido de sobremanera la presencia de Olivia en el viñedo, ya que, normalmente, cada vez que yo venía de visita, las únicas veces que nos veíamos era cuando me iban a recoger al aeropuerto y cuando me iban a dejar, así que, su presencia, tan temprano, me pareció bastante extraña de su parte, y aún más, el hecho de que se hubiese tomado la molestia de hacernos el desayuno. Ni siquiera estaba seguro de que ella supiese cocinar, ya que toda su vida estuvo rodeada de sirvientes y personas que hacían todo por ella y para ella. Ventajas de ser millonario y malcriado, justamente eso era lo que yo no quería para Noah y por ello, en su nacimiento, le había ofrecido la opción a Olivia de vivir conmigo, formar una familia, pero obviamente se negó, estaba claro que ella no quería abandonar su vida y terminó dejándonos en esta situación que resentía mucho en el crecimiento de Noah. Si bien, teníamos nuestros tiempos repartidos y las fechas que cada uno pasaría con nuestro hijo, sabía que era difícil para él, cuando platicaba sobre su mejor amigo y su familia, sus ojos perdían ese brillo tan característico de él, aunque para su edad, era demasiado maduro… a veces, me hacía pensar que lo era mucho más que su propia madre, quien se aferraba a utilizar ese tipo de vestimentas tan… reveladoras.

─ Oh… entonces, nos alegra que hayas venido temprano, morimos de hambre, nos desgastamos mucho en el camino, ¿cierto, Noah? ─ Noah sonrió asintiendo y caminó para tomar asiento, pero yo le llamé, mientras me quitaba la sudadera y la ponía a un lado─ hay que lavarse las manos primero, recuerda que venimos todos sucios─ sin protestar, caminamos hacia la cocina para poder lavarnos las manos, le pasé la toalla a Noah y una vez que se las secó, me la devolvió para que yo la pusiera en su lugar. Él se fue directo al comedor y yo me deshice de mi camisa, secando con ella mi rostro ya que yo, obviamente, había corrido mucho más que Noah. Desde que mi hijo había descubierto que me salía bastante temprano a correr por los alrededores, él insistió en que quería ir conmigo, Noah no podía seguir mi ritmo, pero tampoco quería dejarlo fuera, así que, yo salía a la misma hora de siempre y cuando llegaba, simulaba que recién iba, solo para despertarlo y saliéramos juntos, no me importaba tener que correr un poco más con tal de pasar tiempo con él. Volví al comedor, donde Olivia estaba sirviendo en los vasos el jugo de naranja. Dejé la camisa sobre uno de los mueves y me puse la sudadera para tener algo que cubriera mi torso.

Tomé mi lugar correspondiente y observé con atención los panqueques, no era que desconfiara, pero tenía mis dudas respecto a las habilidades culinarias por parte de una mujer que puede llegar a hacer un gran drama si se le partía una uña.

Bajo la atenta mirada de Olivia, corté el primer pedazo de mi panqueque y lo llevé a mi boca, a diferencia de lo que esperaba, un pan con sabor a quemado o insípido, estaba bastante bueno, claro… hacer panqueques no era realmente una cosa complicada, pero para quién los había hecho, había sido una ganancia que hubiese entrado siquiera a la cocina.

Comimos con una conversación cordial, también me percaté de que Noah estaba muy entusiasmado y quizá era porque estábamos los tres comiendo juntos, cosa que no sucedía muy a menudo─. Papá dijo que se quedaría unos cuantos días más─ mencionó mi hijo con una sonrisa, lo que provocó que Olivia detuviera por unos instantes lo que estaba haciendo, parpadeó y retomó su actividad─. Sí, me tomé unas pequeñas vacaciones y pronto se viene tu cumpleaños, así que no le encuentro mucho caso irme y volver a los pocos días… además, me gustaría llevar a Noah a la escuela e irlo a recoger… a tiempo─ no pude evitar dedicarle una pequeña mirada a Olivia y Noah pareció percatarse de ello, ya que suspiró cansadamente y volvimos a estar en silencio.

─ Mamá hace los mejores desayunos del mundo, además de unas galletas de chocolates deliciosas, cada vez que tenemos test sorpresas y tengo buenas notas, ella las hace para premiarme─ miré a Olivia y enarqué mis cejas, aún más sorprendido que cuando vi el desayuno─ ¿ahora cocinas? ─casi pude imaginármela rodando los ojos y haciendo esa cara de superioridad, pero en vez de eso, me sonrió… aunque el toque de satisfacción estaba ahí.
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Mensaje por rusherschmidt el Miér Nov 09, 2016 12:00 pm

Olivia Jenner.-
Sonreí. No hice nada más, en mi mente aún seguía la horrible idea de tenerlo unas semanas más respirando el mismo aire que yo. Suspiré, acomodando mi cabellera a un lado sobre mi hombro derecho. 
Terminamos el desayuno en completo silencio. Mi hijo lucía un tanto decepcionado pero al mismo tiempo había un ligero rayo de esperanza en su mirada.
—Mamá— murmuró mientras ayudaba a su padre a levantar los platos, cosa que agradecía. Una cosa era cocinar y otra muy diferente era lavar, eso sí que no lo haría; para eso tenía mujeres en casa encargadas de aquellas labores. 
—Dime— me levanté con cuidado de mi asiento para servirme un poco más de jugo de naranja. Samuel, aún luciendo aquella sudadera roja abrió el grifo y comenzó a enjuagar los trastes. No pude evitar recorrer su formado cuerpo sin que se diera cuenta. Cuando se había quitado la camiseta recordé porqué habíamos acabado en su habitación siete años atrás. 
—¿Te quedarás aquí el resto del día?— me regaló una sonrisa y yo se la devolví. —No, cielo. Debo pasar a la empresa más tarde, creo los veré en la junta— mi rubiesito asintió —okay— me acerqué a él, colocando mis rodillas sobre el suelo para quedar a su altura —oye— susurré sólo para nosotros y aprovechando que su padre estaba distraído con los trastes —¿qué opinas si en la noche platicamos sobre lo que quieres hacer en tu cumpleaños? Michael me dijo que el conoce una casa del terror padrísima a las afueras de California...— sonreí expectante —pero iremos nosotros tres, ¿cierto?— pasó sus dedos en mi cabellera mientras me observaba —claro, Michael está en descan...— me interrumpió —me refiero a ti, papá y yo— asentí, por supuesto, por supuesto. —No creo que el viejito ese esté muy de acuerdo con que quieras pasar tu cumpleaños ahí, bebé— rodó los ojos —yo lo voy a convencer y de hecho, quiero algo más para mi cumpleaños pero se los diré en la cena— asentí divertida mientras recibía un beso en los labios —te amo mamá... te ves muy bonita con tu nuevo color— susurró escondiendo su rostro en mi cabello —y yo te amo a ti, gordito hermoso— soltó una carcajada y yo reí también, él odiaba que lo llamara con apodos —iré a jugar xbox un rato— le lancé un beso mientras se alejaba. 

Cuando me levanté, noté que Samuel estaba terminando de acomodar los platos. Me senté sobre la repisa, quedando frente a frente.
—¿Vacaciones, enserio?— pregunté cruzándome de brazos. Sus ojos verdes me miraron, los mismos ojos de mi hijo. —¡Tú nunca te tomas vacaciones!— exclamé y antes que pudiera hablar, le interrumpí —tenemos un contrato, Samuel. ¡Un contrato que firmamos por el bien de todos, joder! El tiempo con tu hijo es sólo en vacaciones ES-CO-LA-RES, tiempo que has estado postergando porque "tienes mucho trabajo"... Se suponía que sólo estarías en la junta y de ahí te marcharías. ¿Acaso no pensaste que nosotros ya teníamos planes? ¡Planes en los que no estabas contemplado!— bufé —pero como siempre, te encanta ser el héroe de la historia— me bajé de la repisa, quedaba muchísimo más bajita de esa manera pero lo aproveché para acercarme a su cuerpo de manera inquisidora —sólo lo estás ilusionando— susurré con la mirada fija en sus pupilas que me analizaban —no le demos falsas esperanzas cuando ambos sabemos que en cuanto te vuelvas a subir a ese avión no volverás a verlo hasta que sea él quien tome el teléfono y te llame para que lo vengas a visitar...— suspiré —por cierto, quiere pasar su cumpleaños en una casa del terror porque le encantan esas cosas y te lo dirá ésta noche, más te vale que no le quites la idea o me voy a enojar muchísimo y ambos sabemos que cuando quiero algo lo consigo... y mi hijo también— tomé mi chaqueta que colgaba de una de las sillas.
—Te veré en la junta, con un vestido increíblemente ajustado porque el profesor de educación física de Noah está buenísimo y yo definitivamente soy una madre terrible— sonreí de manera sarcástica, ambos sabíamos que si me vestía de esa manera era porque estaba orgullosa de mi cuerpo y no, no dejaría de usar las prendas que me gustaban sólo por un hombre críado a la antigua que no lo creía correcto. ¡Michael estaría orgulloso de presumirme! Digo, aunque Samuel y yo no seamos nada, sigo siendo la madre de su hijo y eso debería de hacerlo sentirse poderoso. Una mujer como yo... con un hombre tan aburrido como él.

Mordí mi labio ante su mirada seria. Me coloqué sobre mis puntas para depositar un beso en su mejilla. —Hasta luego, amargado— me di la vuelta, dejando mi coleta rubia revolotear en su rostro y con paso tranquilo empecé a alejarme. 

En cuanto estuve en mi auto, marqué el número de Michael.
—Nos vemos en una hora, cielo— murmuré, mandándole un ligero beso a través de la bocina del teléfono.
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Mensaje por rusherschmidt el Vie Nov 11, 2016 11:33 am


Nick Jonas.-
—Bien— murmuró mi castaña, recién acababa de decirle que el almuerzo sería en honor al regreso de la que alguna vez fue mi mejor amiga y, en mi mente, alma gemela —¿qué te parece si me recoges a las tres? Tengo algunos cambios de ropa en mi oficina, me visto decente y vamos— rodeó mi cuello con sus brazos, sonriendo como una adolescente recién enamorada. —Esa amiga tuya... ¿Adhara?— preguntó batiendo las pestañas naturales como sólo ella podía hacerlo —Adaimé— le corregí —eso— murmuró sin darle mucha importancia mientras sus labios buscaban los míos de manera tranquila —¿crees que le gusten las gemas?— fruncí ligeramente el ceño —¿por qué lo preguntas?— sonrió —porque cuando uno llega de invitado a algún lugar tiene que llevar algo, cielo... Dios, Nicholas, eso está en los libros de etiqueta, pero como sé que el almuerzo será, seguramente, una parrillada, no podemos llevar un vino, ¿cierto? Y por supuesto que no llevaremos cerveza así que quizá pueda hacerle un regalo para ella... ¿qué opinas?— apreté su cintura, metiendo mis manos debajo de aquella bata de médico. —Supongo que a todas las mujeres le gustan las gemas, ¿no?— reí divertido y ella me imitó —claro que sí, amor. Le pediré a alguna de las asistentes que lo vaya a comprar— besó mis labios una vez más antes de mirar el carísimo reloj en su mano izquierda —bueno, tengo un paciente así que nos veremos más tarde— asentí; dejándola ir.
Su menuda figura se movió sin prisa por los pasillos del hotel, dejándome con ganas de ir tras ella, meterla en su oficina y desnudarla como muchas veces lo habíamos hecho.

El resto de la mañana se fue de manera tranquila... 
Pude llevar los documentos que necesitaban en la universidad y para cuando terminé con todos los trámites, ya era hora de recoger a Olivia en el trabajo. 

Nos tomó cerca de veinte minutos llegar a la casa de Jay en donde se llevaría acabo el almuerzo. Sabía perfectamente que éramos los últimos en llegar, podía ver los autos y motocicletas de mis amigos estacionados en la parte de afuera. Suspiré, colocando el Ferrari rojo -auto que yo jamás habría podido costear, pero que el papá de Olivia me regaló para mi cumpleaños- a un lado del toyota de Ian. Le abrí la puerta a mi arreglada novia y, tomados de la mano, caminamos por el pasillo rodeado de césped artificial. Conforme íbamos avanzando, la música parecía aumentar de volumen. 
—¡Miren quién llegó!— gritó mi hermano sujetando una botella de cerveza en la mano. El olor de la carne inundaba mis fosas nasales. Habían salchichas, filetes y cebollas asándose. El castaño se acercó a nosotros, saludando a Olivia con un beso y a mí con un choque de hombros. 
Le sonreí.
—Iremos a saludar— el moreno asintió, llevaba en las manos unas pinzas con las que mover la carne. 

No solté la mano de mi novia en ningún momento, aunque ella ni siquiera necesitaba estar cerca de mí para socializar. Mis amigos la adoraban y la consideraban una de nosotros.
Todo iba saliendo bien, hasta que vi una melena rubia enrollada sentada en una de las bancas tomando una cerveza. Olivia no dijo nada, pero ambos nos dirigimos hacia ella... Era su fiesta de bienvenida después de todo. 

—Hola— saludé y sus ojos claros se fijaron en mí por una milésima de segundo y después en la castaña a mi lado. —Te hemos traído un pequeño presente, aunque no sé si sea lo tuyo...— murmuró mi novia con su sonrisa amigable. La entendía, comprarle un collar de gemas a una chica que usaba camisetas de cuadros podría parecer un malgaste de dinero. Me sentí mal por Olivia, ella había parecido muy emocionada al principio.
—Si no te gusta lo podemos devolver— comenté mientras la morena le entregaba la cajita de terciopelo negro en donde unas esmeraldas se escondían perfectamente.
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Mensaje por onedirection1 el Vie Nov 18, 2016 8:04 pm


ADAIMÉ REYNOLDS:
Fruncí el ceño y bebí un trago de mi cerveza, escuché la voz de Nick a lo lejos y no tardó nada en llegar hasta donde yo estaba… con su novia. Levanté mi vista de mi cerveza, fijándome en el castaño y posteriormente en su novia. Ella me estaba sonriendo tan ampliamente, como si nos conociéramos de toda la vida, cuando ni siquiera habíamos sido presentadas ayer. Carraspee y sonreí ligeramente─ no era necesario, pero gracias─ extendí la mano cuando la castaña sacó de su, nada humilde, bolso una cajita negra, que con solo verla supe que sería algo igual de costoso que todo su atuendo. Deshice el pequeño moño y al abrir la caja casi se me cae de las manos. Era un collar de esmeraldas, y sí, estaba hermoso, pero tal como ella había dicho: “no era lo mío”.

Cerré la cajita y se la devolví─ es muy bonito, pero no puedo aceptarlo, lo siento…─ me sentí mal al ver cómo parecía un tanto decepcionada de que no aceptara su detalle, probablemente si no supiera que valía demasiado, lo hubiese aceptado, bueno… y también si fuera un poco menos llamativo─ no pretendo ser grosera, en serio, agradezco el detalle, pero preferiría que te lo quedaras o se lo dieras a alguien más, porque no es algo que yo realmente vaya a usar─ me apresuré a aclarar, haciendo una pequeña mueca en el proceso, antes de dedicarle una mirada a Nick. Devolverle el collar fue algo bochornoso, creo que él me conocía lo suficiente como para saber que esas cosas no eran mi estilo… o bueno, al parecer, me conocía. Yo podría decir que lo conocía a él como a la palma de mi mano, pero solo con ver cómo estaba vestido… parecía que tenía a la personificación de carne y hueso de un Ken, con ese cabello perfectamente peinado, la camisa de cuadros abotonada de principio a fin y ese suéter tan… ni siquiera sabía cómo describirlo. Ni siquiera parecía que perteneciera al grupo, solo había que fijarse en las ropas de todos y en las de él y su novia. ¡Ella llevaba tacones! ¡En un jardín! ¿cómo rayos podía caminar y no quedarse atorada en el tierra o el pasto? Si, había camino de concreto, pero en estos momentos estaba parada donde no había.

Nos quedamos en un silencio bastante incómodo, y por lo que pude notar, éramos el centro de atención de todos. Genial forma de regresas a “casa”. Por suerte, Ian llegó a los pocos minutos y rodeó los hombros a los novios con sus brazos y una amplia sonrisa en su rostro─ hora de comer chicos─ me guiñó el ojo y yo rodee los míos con diversión, antes de levantarme y prácticamente salir huyendo de ese par.

En vez de ir hacia las mesas, fui a donde se encontraba Jay, quien me miró durante unos minutos y dirigió una mirada a su hermano y su novia─ ¿qué te regaló? ─hice una pequeña mueca y miré mi muñeca izquierda, donde tenía dos pulseras artesanales, que probablemente no había gastado ni 5 dólares por ambas─. Un collar de esmeraldas─ me encogí de hombros, restándole importancia─ Olivia siempre nos obsequia cosas… de alto precio, no es como si quisiera comprarnos con ello, su familia tiene muchísimo dinero y probablemente el comprar el collar no implicó un gran gasto para ella─ solté un suspiro y miré nuevamente hacia donde estaban los chicos, hablando tranquilamente con la novia de Nick. Quizá mi comentario anterior no había estado tan equívoco, y ellos, al final, si me habían reemplazado.

Jay hizo sonar las pinzas frente a mi rostro, para captar mi atención─ no es nada de lo que estás pensando, no te hagas ideas en esa cabecita tuya… ella es genial y seguramente se llevaran bien─ solté una pequeña risita y negué─ ¿Si? ¿de qué vamos a hablar? ¿maquillaje? ¿luchas? ¿ella me va a decir lo genial que es Nick como novio? ─ como si realmente quisiera escuchar eso─ dudo que tengamos cosas en común─ tomé un pequeño trozo de carne que estaba en un tazón con las demás cosas azadas, le soplé un poco y lo llevé a mi boca─ bastante bueno… y yo que creí que no servías para nada─ Jay me fulminó con la mirada y me empujó un poco con su cadera─ sirvo para muchas cosas, solo no quiero impresionarte tan rápido─ rodee los ojos y le dediqué una pequeña sonrisa─ anda, ayúdame a llevar esto para que ya podamos comer─ asentí y tomé el mismo platón donde me había robado un pequeño trozo de carne. Estaba un poco caliente, pero nada que mis manos no pudieran soportar… quizá las de Olivia fueran más delicadas. Sacudí aquellos pensamientos de mi mente e intenté relajarme, no era culpa de la chica que fuese rica, o que mis amigos se sintieran cómodos con ella, mucho menos que Nick fuese su novio, las cosas solo sucedieron y tenía que adaptarme a ellas, o ser solitaria por el tiempo que estuviéramos aquí.

Hace unos años, hubiese llorado y pataleado por regresar, ahora, no estaba tan segura.

Los chicos estaban riendo a grandes carcajadas, mirando a la castaña─ ¿qué es tan divertido? ─pregunté un tanto curiosa, mientras los chicos se miraron entre ellos de forma cómplice y negaron al mismo tiempo─ nada importante─ Tyler le restó importancia y todos rieron ligeramente otra vez de su broma privada.

¿Podía irme de mi propia fiesta de bienvenida donde no me sentía tan bienvenida?

Dejé las cosas sobre la mesa y por suerte, Jay vino casi al instante con el plato que faltaba.
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