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Flashing those eyes like highway signs. ♥

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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por winterofyouth el Lun Dic 19, 2016 8:10 pm



Si había algo peor que el hecho que mi amiga fuera extremadamente hermosa y sexy, era que sabía cómo jugar sus cartas. Si solo fuera una cara bonita, sería más fácil para mí el mantener las manos lejos de su cuerpo. Pero esa personalidad extrovertida y orgullosa la hacía lucir –aunque pareciera imposible- todavía más magnética. Josephine sabía explotar su faceta sensual, pero aun así era incapaz de prever el efecto que causaba en todo el mundo. Yo incluido. Y a pesar de que mi psique se negaba en rotundo, estaba al borde del abismo provocado por sus larguísimas piernas. Tal criatura maravillosa no podía ser real. O dicho de otro modo, no estaba a mi alcance. Ella merecía todo lo mejor del mundo. Yo no lo era. Pero no iba a dejar que otros se adelantaran y le hicieran perder el tiempo.

Tenerla pegada a mi cuerpo, con ese vestido que dejaba a la imaginación lo mejor de su anatomía, era una auténtica tortura. Si Josephine no fuera Josephine, la arrastraría a la primera habitación para arrancarle el trapo y pasarme la noche entre sus piernas, como hacía con todas aquellas desconocidas que dejaban mi cama caliente. Pero es que si Josephine no fuera Josephine y no conociera tanto de ella, el efecto que causaría sería menor. En definitiva, solo estaba volviéndome loco con unos pensamientos ilusorios, más parecidos a los de un adolescente que al de un hombre. Pero Jo no ayudaba, como digo, a desviarme del mal camino. La sola idea de imaginarla desnuda, tal y como había sugerido, me excitaba. ¿Realmente tendría una erección solo por ello? Estaba empezando a perder los papeles.- Eso tiene fácil solución –Acerqué mis labios a su hombro, donde dejé una retahíla de besos. El último, pero, fue una mordidita suave.- Quizás y más tarde me quieras mostrar. –Retiré mi rostro de su piel, esbozando una sonrisa ladeada, mostrando los dientes, cuando hizo ademán de apartarse. Touché, Jo, pensé.

La risa que dejé escapar fue fresca, sin ninguna intencionalidad detrás. Simplemente, tenía toda la razón. «Creo que oficialmente te has vuelto loco, Richard». La mantuve cerca de mí, sin excederme y sin cumplir mis más oscuros deseos –que se basaban en pegarla a la primera pared y recorrer su cuerpo sin contemplaciones.- Es Fin de Año, cielo. Me gusta dotar a las primeras horas del año que entra de un toque de locura. Vivo el momento por si de aquí un mes las cosas se ponen feas. –Me justifiqué, pero acto seguido lleve mi mano a la cremallera lateral de su vestido, amenazándola con bajarla.- Además, ya te he dicho que este vestido no ayuda a mi cordura. –Pasé la lengua por mis labios, anhelando poderla pasar por esa blanca piel, sobretodo esos montículos rosados que coronaban sus pechos, los cuales moría de curiosidad e impaciencia por conocer. Elevé la barbilla tras besar su frente y dejé que se escurriera de mi cuerpo, siempre bajo mi atenta mirada. El alcohol, a pesar de soportarlo bien, estaba presente en mi organismo, por lo que me desequilibraba mentalmente más de lo que podía haber previsto. Despeiné mi cabello y la miré con la cabeza ladeada.- Créeme, te presto suficiente atención. Aunque siempre puedo reforzarla, solo tienes que pedirlo con esa deliciosa boca. –Sus dedos acariciando mi pecho se sentían como el paraíso. Todos los músculos de mi cuerpo se tensaron, rígidos por completo, por el calor que se encendía ahí donde su delicada piel tocaba. Me rendiría si ella me lo pidiera. Dejaría que hiciera conmigo lo que le viniera en gana. Pero yo tomaría todo de ella. Puede que no aun, pero encontraría la manera de conseguirlo. Mientras, me permití el lujo de relajarme, de entrecerrar los ojos, para disfrutar de ese tacto que nunca antes había tenido el placer de experimentar.

Y en ese instante, tiré por la borda esa mínima cordura residual que me quedaba. Posé ambas manos en la pronunciada curva de su trasero, apretando mis dedos sobre la tela del vestido, pudiendo comprobar que era tan redondo y amelocotonado como parecía.- ¿Cómo quieres divertirte, Josephine? –Susurré, chocando sus pechos con el mío. Terminé de pegar su espalda contra la pared más cercana y llevé mi mano a la parte externa de su muslo, instándola a levantarla un poco. El color de mis ojos se oscureció, preso del momento, y mi voz se tornó ronca. Si los ojos pudieran devorar, Josephine ya estaría desnuda y yo embistiéndola.- ¿Puedo? –Pregunté, adoptando un semblante angelical, mientras la yema de mis dedos recorría la piel de su muslo interno. Podía sentir como mi pantalón se hinchaba, sin poder disimular el efecto devastador que producía en mí, física y psicológicamente. Solté una risa enlatada y voltee a mirar a dónde ella dirigía su vista. Ni siquiera pude fijarme, era una mujer, pero no me tomé ni medio segundo para mirarla. ¿Acaso creía que podía desviar mi completa atención de ella? Negué con la cabeza y subí la mano de su muslo para rozar sus abultados labios.- Lo sé. Nunca te trataría como a una de ellas, Joe. –Solo un acercamiento y podría capturar sus labios. Mas me contuve.- Pero cada vez se me está haciendo más complicado no secuestrarte. ¿Qué me has hecho esta noche? –Gruñí, besando con lentitud su barbilla.

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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por sameheartbeat el Mar Dic 20, 2016 9:25 am


Evité que una mueca de sátira se dibujara en mis labios con el objetivo claro de no ser el causante de una razón más para las protestas que ahora me estaba acostumbrando a oír. Por supuesto que ella iría al evento del comedor infantil, la encontraría en cualquier lugar que recordara a los demás mundanos lo condenadamente perfecta que era. Evité que mis facciones se suavizaran ante su sonrisa, actos semejantes implicaban un esfuerzo global. Era una gran mujer, lo reconocía sin miramientos. Cuando se tenía el mundo a los pies las personas tendían a disfrutar de cada momento como si fuera el último, seguramente nerviosos de caer en hipotecas, o de que descubrieran engaños y estafas millonarias que habían asegurado el lugar de muchos en la pirámide social; era una verdadera pena. Había visto caer a muchos de los grandes sólo para descubrir, nunca en un plazo considerable, que no eran quienes aparentaban ser. En un ambiente así la mayoría nos preocupábamos por satisfacer nuestras necesidades, no me quejo, tenemos todo el derecho a actuar como nos venga en gana. Las mujeres se reducían a que vestidos nuevos comprarían el fin de semana o a criticar a sus propias amigas echándole la culpa a un trago que alegaban, bastaba para desinhibirse. Luego estaba Elsa, que no podía dejar el primer día del año para descansar de una resaca como la mayoría porque el deseo de ayudar era así de grande en su interior. Dudaba que existiera una sola persona a la que le desagradara la rubia, a no ser que fueran movidos por la envidia o el resentimiento. —Está bien, ve y reparte sonrisas en el comedor. Viéndolo de ese modo mereces algún tipo de retribución. Por tu servicio a la comunidad. —Sugerí gustoso al notar que había permitido que me mantuviera desafiando la distancia entre nuestros cuerpos hasta ese punto.

No me perdía el más mínimo cambio en su expresión, como si el hambre que tenía de ella se pudiera saciar de aquella manera tan banal. Pero al menos era un inicio. Estaba deseoso y recibiría lo que fuera que estuviera dispuesta a dar. La quería, la quería toda para mí. Era un crimen que no estuviera más a menudo a mi al rededor. Notaba cómo el sonrojo adornaba aquel delirante rostro, consiguiendo que me cuestionaba si era por el mismo calor que yo también sentía ante su cercanía o el temor de que la situación se saliera de sus manos. Sea lo que fuere, me embrujaba. Una sonrisa socarrona salió a flote al escuchar cómo pronunciaba mi nombre, cómo sí me gustara mucho más cuando salía de los rosados y llenos labios en los que ahora fijaba mi mirada. —A mi no me gusta perder. Podríamos decretar un empate técnico, por si no te has dado cuenta juegas mejor de lo que crees. —Descubrirla completamente indefensa entre mis brazos era probablemente una de las vistas más apetecidas que había tenido en la vida, buena manera de concluir el año. No estaba dispuesto a permitir que mi mente me jugara una mala pasada, no ahora que estaba tan cerca de Elsa que podría tratarse de tocar la gloria misma. Concentrarme era complicado y cuando pronunció la pregunta que seguramente había estado quemándole durante el tiempo que habíamos pasado juntos me pregunté si auténticamente no sabía que era lo que deseaba. Era ella. Nada más. —Eso no me importa. —Hablé con seriedad, sin permitir que su cuerpo se separara un centímetro más del mío. —Eres lo único que quiero probar, Elsa. —Ella lo había preguntado, yo era su humilde servidor. Claro que la quería probar, podía hacer una lista de todas las cosas que querría hacer con ella antes de contemplar siquiera la idea de saciarme. Ella no podía llegar a dimensionar cómo al cerrar los párpados con tal delicadeza ante mi caricia había logrado que una punzada casi dolorosa viajara a mi entrepierna de inmediato. Era demasiado buena para saberlo. Aunque no tendría problema en compartirlo.

Se mostraba dispuesta de tal manera que me sorprendía, consiguiendo que me preguntara que habría pasado de haber conseguido alejarla de la multitud con mayor rapidez. Nos conocíamos desde hace tiempo. De tan sólo saber que resultaría tan receptiva. Por otro lado, que me desagradaba, no podía tomar nada por sentado, después de todo estaba visiblemente nerviosa. Sucio. Había dicho aquello como si de una ofensa se tratara, como si no me sintiera orgulloso de buscar algún punto débil que explotar. —Cariño, no tienes idea. —Confirmé con diversión ante su apelativo. La mujer no tenía piedad alguna por mis pobres nervios en su cercanía, de la misma forma que ignoraba toda la restricción que me suponía imponer límites y no dejarme llevar por la más pura necesidad de despojarla de cada prenda que llevaba. Aún tenía camino por delante que no me privaba de esperanzas en absoluto, le daba más atención de la que buscaba reconocer.

Me fascinas. Sólo relájate, Elsa. —Supliqué buscando alejarla de cualquier incomodidad, no recordaba alguna oportunidad en que hubiera tenido que apaciguar a alguna mujer por no estar segura de lo que estaba haciendo. No conmigo. Generalmente se mostraban más que dispuestas. Sin tomarme un segundo de más, capturé sus labios de la manera en que había querido desde hace tanto. Los primeros besos tendían a ser tranquilos, como un experimento de expedición del que aún no se tenían planes; este no era el caso. Sentía cómo la rubia que me estaba enloqueciendo invadía mis sentidos mientras mi boca se apoderaba de su sabor. Era mejor que todo cuanto había esperado, dulce y tan suave que provocó que la presionara aún más contra mi cuerpo, buscando explotar la sensación. Devorarla era ahora una necesidad vitar, a juzgar por la manera en que los labios parecían estar hechos los unos para el otro. Me maldije por ello, porque nunca un beso me había gustado tanto. Porque la encontraba más caliente así que a las mujeres que había visto desnudas en la cama después de una sesión nada mediocre. No me permitiría que todo se desordenara con tal sencillez. Mis manos vagaban por su espalda buscando aquellos estremecimientos de la rubia que lograban enloquecer a cualquiera. Y ahora el control parecía estar tirado por la borda cuando aún en medio de cuerpos desnudos y gemidos suplicantes nunca había dejado el poder absoluto sobre mi cuerpo. Hacerlo era ridículo. Aquí estaba, siendo ridículo. Disfrutándolo.

Me separé con la necesidad creciendo en mi interior. Era diferente de todo cuanto había saboreado y podía declararme adicto si aquello venía acompañado de dosis mínimas para vivir. Estaba duro y dudaba seriamente que cualquier otra pudiera siquiera llamar mi atención después de eso. Era aún más improbable que la lejana posibilidad de que mi acompañante considerara ceder ante el tipo de placer que estaba dispuesto a darle. Busqué sus labios rápidamente para un beso corto, seguro de que lo único sabio sería aprovechar los pocos segundos que quedaran antes de que la rubia volviera a ser la Elsa de siempre, la que quizá no habría permitido que la besaran cómo si fuera la última noche de su vida en un lugar en el que cualquiera de los invitados podrían observarnos. —Elsa. —La llamé buscando que abriera sus ojos, queriendo encontrar aquel azul que podría ahogar a las personas como si de agua se tratara. Quería confirmar lo que sucedería antes de que los fuegos artificiales se dispararan en el sentido más literal de la expresión.
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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por sameheartbeat el Mar Dic 20, 2016 11:11 am


Si esta siempre había sido una posibilidad, no entendía que me había llevado a pasar las previas celebraciones de año nuevo de una forma diferente. Claro, estaba el hecho de que esta no había sido siempre una alternativa. Conocía al castaño mejor que a nadie, exceptuando únicamente a mi mejor amiga. Sabía que siempre estaba cerca, que disfrutaba de coquetear y dar sus atenciones. De las cuales constantemente era objeto, pero eso era todo. Habíamos bailado juntos, le había obligado a llevarme alzada cuando me agotaba de caminar y por muchos otros motivos su cuerpo contra el mío no debería de ser una sensación extraña. Sólo que esta vez conseguía que fuego líquido viajara por mis venas hasta situarse en la zona baja de mi vientre, provocando que fuera propensa a gemir ante cualquier caricia en el lugar adecuado. Confiaba en él. Aún cuando dudaba que él confiara en si mismo en este momento. —¿Esa deliciosa boca—Repetí sus palabras a modo de pregunta, buscando disimular lo acalorada que me encontraba, quería seguir jugando. Estaba más que dispuesta a ver a donde quería llevar todo esto o si planeaba detenerse antes de que yo lo detuviera. Seguíamos siendo Josephine y Richard, por más que pareciera que él estuviera más al tanto de todo lo que debía hacer que ningún hombre con el que de hecho hubiera compartido cama en el pasado. Y estábamos a mitad de una fiesta. Había que darle algo de crédito. —¿Cómo podrías saberlo si nunca la has probado, Rich? —Dejé que su apodo resbalara de mis labios mientras mis manos seguían curiosas recorriendolo, acompañando cada movimiento con mi mirada. Sin atreverme a mirarlo a los ojos. Temiendo no ser capaz de mantenerme firme si encontraba el brillo en sus ojos que ya había visto previamente en la noche.

Mi mirada encontró la suya por instinto al momento en que mis labios se entreabrieron, dejando salir un quejido ahogado producido por sus movimientos. Mi espalda chocó contra la pared, permití que mis párpados bajaran por un momento disfrutando del desplazamiento de sus manos que habían viajado de mi trasero a mis muslos, agradecía internamente tener su firme soporte, ya que no confiaba en la estabilidad de mis propias piernas. Sonreí con gusto ante su pregunta. Me gustaba mantenerlo al borde, que mis palabras jugaran con su imaginación.  —Creo que tienes ideas propias. —No me oponía en lo más mínimo a su toque, permitiendo que mi cuerpo reaccionara facilitandole un paso aún más libre por mi piel. Un toque de locura para recibir el año. Vale entonces, no veía una razón para decir que no cuando reaccionaba ante cada roce que me proporcionaba. —Sí. Claro que puedes. Lo que quieras. —Consentí con desespero sin que pasara una negativa por mi ya nublada mente. Tenía que ser fuerte, tenía que serlo. Me repetía, porque no me acostaba con mis amigos. ¿No era así? Mierda. Sabía que si Richard tiraba del cierre de mi vestido probablemente saldría de mi ropa interior antes de que el ojiazul terminara de bajarlo. Pero también estaba al tanto de que él no haría nada que yo no consintiera, y acababa de darle una autorización acompañada por un suspiro. Me había vuelto todo un enredo. Dejarme llevar nunca me había importado, había dejado que me follaran, me había emborrachado, había cedido a mis deseos; y al día siguiente me había despertado con una sonrisa en el rostro. Richard definitivamente me podría hacer sentir bien, y cuando murmuró una apreciativa sobre mis labios gracias a mi anterior comentario por sus compañeras, asentí con rapidez. Lo sabía. 

Reí suavemente ante su comentario. Quizá reír no era recomendable cuando nuestros cuerpos estaban tan juntos, ya que sólo provocaba que lo sintiera aún más presionado contra mí. No me importaba. —Si sigues así, podrías hacerlo. Me gustaría ser una de tus resoluciones de año nuevo. —Sonreí sobre sus labios, preguntándome que tan seguro sería cortar la distancia que nos separaba. Lo más posible es que no fuera seguro en absoluto. Por lo que había podido comprobar Richard estaba más que cerca de tirarlo todo por la borda y subir mi vestido en aquel preciso momento. Dejé que mis manos viajaran a su cuello, aprovechando el momento para permitir que mis dedos se enredaran en aquel cabello castaño que había recorrido tantas veces. Sus labios causaban estragos en mi barbilla de la misma manera que habían hecho en mi hombro hace ya un rato. —Yo no he hecho nada. Lo único que buscaba era salir a bailar y de ahí en adelante todo lo que ha ocurrido está en tus manos. —Mordí mi labio inferior, al sentirlo presionado contra la zona más baja de mi abdomen. Firme y caliente contra mí. —Bueno. Quizá si haya hecho algo más. —Acoté divertida, moviéndome con suavidad para que me sintiera aún mejor. —Si seguirás con todo esto, besarme podría ser un buen inicio. ¿Sabes? —Aseguré retadora, después de todo no rompería ninguna norma que respetada hasta antes de esta noche. Únicamente valoraba la tradición.

Nuestros labios sin embargo no llegaron a tocarse siquiera antes de que escuchara ruido más cercano. Todo el mundo parecía estar en la fogata a este punto, por lo que es alcanzaban a escuchar gritos y música pero con un deje de distancia. Dejando salir un bufido bajo empujé a Richard suavemente en el torso, como un indicativo de que me soltara. —Para. —Pedí sobre sus labios, aún cuando mis palabras fueron más una súplica que nunca. Observándolo con atención, sin embargo no estábamos alejados en lo más mínimo cuando mi mejor amiga entró en mi campo visual—¿Elsa? —Cuestioné al ver a la rubia que se acercaba, luciendo atribulada.  —¿Estás bien cielo? ¿Donde te habías metido? —Pregunté frunciendo el ceño, esperando que nada le hubiera sucedido. Pasé la mano por mi cabello esperando mantener una apariencia aceptable, de tal manera que no fuera evidente lo que acababa de suceder. O más bien lo que no. Vaya que estaba en un problema. 
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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por winterofyouth el Mar Dic 20, 2016 7:18 pm



La intensidad de su mirada me consumía, tenía un efecto vertiginoso en mi cuerpo. Nunca habría pensado que alguien me haría temblar con un solo roce. No lo permitía, no disfrutaba dejando a alguien más entrar en mí espacio personal. Y sin embargo, Aaron estaba atravesando todas las fronteras que creí inquebrantables. Cada parte de mí estallaba en llamas, sintiéndome al borde de un acantilado del que solo podía librarme reculando. Pero parecía que echarme atrás no era una posibilidad. Mi pulso se volvió loco al ver aquella sonrisa, caliente e hipnótica, que me regalaba.- No es buena idea… -Mi voz sonaba ausente, mis ojos se perdían en los suyos, como si hubiera descubierto la claridad en sus pupilas. A su vez, me aterraba la idea de dejarle cruzar la línea, no quería que su encantadora retahíla de palabras bonitas susurradas al oído me llevara a una muerte segura. Y era exactamente como se sentía. Mis manos subieron a sus hombros, acariciando con suma delicadeza su torso al hacerlo, para poder apoyarme y estabilizar mi mareoso cuerpo. Pero sus manos divagando por mi cintura no me permitían recuperar la cordura. Sentí que el aire no llegaba a mis pulmones. «Eres lo único que quiero probar, Elsa». Dios mío. Esa declaración de intenciones solo me petrificó, me enardeció el rostro hasta el punto de sentir que escocía y me obligó a cerrar los ojos. No sabía bien qué decir, aunque mi cuerpo parecía responder con evidente aprobación.- Quieres torturarme –Afirmé, más como un pensamiento susurrado que dirigido a él.

Ni rastro de esa cordura que tanto ansiaba, al contrario, la locura que se desplazaba por mis venas era adrenalínica, era una sensación que no había sentido con ninguno de los hombres con los que había estado. El interior de mis muslos quemaba y, por primera vez, sentí el deseo de dejar mi orgullo y sucumbir. Aaron estaba confundiéndome, alterando mis sentidos, como si pudiera hacer y deshacer conmigo, con mi cuerpo y con mi voluntad, lo que se le viniera en gana. Y mi silencio no era más que su invitación. Entonces sucedió. Sus provocadores labios se apoderaron de los míos, con una dulzura impropia de él. Me tomé unos segundos, pero tímidamente le di paso a su lengua. Juro que era adictiva. Tan adictiva que no pude evitar ser yo quien la buscara con ansiedad, para memorizar su fresco sabor y su alucinante pasión. Mi boca le gritaba no dejes de hacerlo, mis manos se anclaron en su nuca, apretando con fervor para evitar que se separara de mí. No me reconocía, pero me importaba una mierda. Creí tocar el cielo cuando el beso se tornó febril y nuestras lenguas batallaron por el control de la otra. Me sentía viva, enloquecida por un hombre al que nunca creí permitir romper el hielo conmigo, y sin embargo, directamente me había fundido en sus brazos. El glacial en el que había vivido toda mi vida se derritió a golpe de beso. No extrañé el aire hasta que sus labios se separaron de los míos. Mi boca entreabierta tomó una bocanada de aire, intentando aliviar el desenfreno de mi entrecortada respiración. Mi piel erizada no sentía frío, pero anhelaba el tacto de la suya, esa que había conseguido transportarme a las puertas del mismísimo paraíso.

Mi nombre saliendo de sus carnosos labios era éxtasis en estado puro. Pero en ese momento, su voz cayó sobre mí como un balde de agua helada. Me devolvió a la realidad, topándome de bruces con el miedo, la vergüenza y el arrepentimiento. Abrí los ojos, mi frente se arrugó, acreditando todo ese cúmulo de sensaciones diversas que no lograba disipar. Lo miré entre mis pestañas, tragando saliva pesadamente. Relamí mis labios en un intento por borrar esos segundos en que mi alma se fascinó. Craso error. Su sabor impregnaba cada rincón de mi boca. Incluso podía oler su perfume empapando mi cabello.- No, no, no… -Murmuré de pronto, empujándole sin controlar el pavor que yo misma era incapaz de explicar.- Aléjate de mí. No te acerques –Pedí, casi supliqué, obligándole a soltar mi cintura. Di un par de pasos hacia atrás y sentí como mi labio inferior temblaba.- Ni se te ocurra volver a hacer eso, Aaron. Nunca vuelvas si quiera a intentarlo. –Desvié mi mirada, alzando las manos para evitar que volviera a tocarme o a detenerme.- ¿Crees que soy un juguete más? ¿Qué puedes burlarte de mí? No soy una de esas que puedes tener cuando se te antoje. –Soslayé un suspiro y negué con la cabeza.- Había oído pestes sobre ti y ahora puedo ver que no son del todo mentiras. Espero que pases un gran año, amigo. –Sentencié, arrastrando las palabras. Necesitaba alejarme de él, necesitaba largarme de su casa y encerrarme en mi habitación. Había cometido el gran error de convertirme en su nuevo nombre para la larga lista de conquistas. Me asqueaba solo pensar que eso era para él, que le habían bastado un par de toques y de susurros. Me detestaba por ello, y a él un poco también.

Huí sin permitirle detenerme, dejándole allí tirado. Había volcado toda mi frustración en él, condenándole por algo que yo no tuve la diligencia de frenar. Pero Aaron era eso, un mujeriego que se creía el amo y señor del mundo, capaz de hacer cualquier cosa por anotar una estúpida más a su marcador de conquistas. Egoísta. Me zambullí entre la multitud, sintiendo aun el rastro de sus labios en los míos, sabiendo que se veían rojos por mi labial, y que se sentían hinchados. Localicé a Josephine y me precipité hacia ella.- ¡Jo! –Exclamé para llamar su atención. Me tapé el rostro con ambas manos y no pude contener la explosión de mi garganta.- Me besé con Aaron. Bueno, él me besó, pero yo no me alejé. Quise hacerlo pero, joder, Jo. No sé qué ha pasado, quiero que la tierra me trague –Expliqué a la velocidad de la luz, irritada y con voz lastimosa. Una risotada familiar me hizo observar al castaño cuya presencia había obviado hasta ese instante. Era Richard, mi vecino de toda la vida y amigo. Abrí desmesuradamente los ojos y lo miré absorta tras su comentario. ¿Por qué Ric era tan idiota? Gruñí y me acomodé la chaqueta.- Eres un memo, de veras no sé cómo te aguanto –Repliqué picada.- Yo me voy, no puedo seguir un solo segundo más en su casa.

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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por winterofyouth el Mar Dic 20, 2016 8:48 pm



Y a esas alturas, no podía creer que la castaña no se diera cuenta de que no solo era deliciosa su boca, sino toda ella. De pies a cabeza. ¿Es que no se daba cuenta del efecto que provocaba cuando caminaba? ¿Cuándo se recogía el cabello? ¿Cuándo esbozaba una sonrisa de las suyas, dulce y sensual a la vez? Habría que estar ciego para no pensar en ella de esa manera –e incluso un ciego intuiría que se trataba de una diosa de carne y hueso. Mordí un extremo de mi labio inferior y arquee ambas cejas. ¿Me estaba tentando? Autocontrol, me repetía una y otra vez. Pero Josephine estaba consiguiendo que rompiera mis esquemas y difuminara los límites que me frenaban a demostrarle cuan deliciosa era su boca. Esos dedos curiosos que vagaban por mi pecho me hicieron tensar la mandíbula, por lo que por instinto afiancé el agarre de sus caderas y la hice chocar descaradamente contra mi pelvis. La satisfacción brilló en mis ojos por su desconcierto y me limité a enterrar mis dedos en el cabello de su nuca, hasta tocar su cuero cabelludo.- Porque sí. Solo con verte moverlos al hablar ya puedo saberlo. –Acaricié su cabeza con los dedos y la miré directamente al objeto de nuestra conversación. Se veían hinchados, rojos y preparados para que mi boca los lamiera, los besara y los succionara hasta matar el hambre de ella que me mortificaba.

Adoraba la forma cómo reaccionaba ante mí, como no se cohibía a la hora de expresar en su precioso rostro lo que producían mis caricias en su organismo. Joder, se veía tan bien, tan dispuesta a dejar que me hiciera con su cuerpo. Si solo se hiciera una mínima idea de lo que la estaba deseando en esos jodidos instantes, tal vez saldría huyendo. Eché la cabeza hacia atrás unos segundos, como si así pudiera despejar mi calenturrienta mente y apaciguar los instintos que se peleaban por dominarme. Humedecí los labios y tomé una profunda bocanada, expulsándola, antes de volver a clavar mis ojos en los suyos, de una intensidad verde que siempre me había intrigado. Era como los de una gata, rasgados y profundos, con una viveza y una expresividad increíble.- No me consientas tanto, Josephine. Porque al final lo acabaré siguiendo al pie de la letra y no quiero que te arrepientas luego. –Dije, con un tono serio que no dejaba lugar a dudas. Estábamos en ese punto en el que las bromas y coqueteos inofensivos se habían transformado en una tortura, solo frenable con una larga noche de intimidad y oscuros deseos. Una de mis manos volvió a posarse en su espalda, pretendiendo ejercer poca presión y evitar avivar tanto una situación que se saldría de mis manos. Estaba dando todo de mí para no dejarme llevar por mis impulsos, pero se estaba convirtiendo en una tarea con pocas posibilidades de cumplirse. No si Josephine seguía mi juego. Solo acabaría cuando uno de los dos se echara atrás y no parecía una opción.

Debía estar loca si creía que me planteaba, ni por un instante, la estúpida idea de dejarla por otra mujer y abandonar el lugar. No podría concentrarme en nada ni nadie que no fuera ella. Esa noche estaba siendo débil, me estaba dejando ganar por esa encantadora amiga que podía pedirme cualquier cosa con solo pestañear. Y yo, como un completo idiota, le daría todo y más. Por eso quise gritarle que ninguna mujer me iba a hacer moverme de ahí excepto ella. Algo que, obviamente, se quedaría en mi garganta, sin si quiera insinuarlo. Tampoco era cuestión de darle la oportunidad de creer que podría conseguir todo de mí, aunque ambos sabíamos que así era. Así como tampoco sería una “simple resolución de año nuevo”. No, ella no sería una más. Ninguna otra había despertado ni un cuarto de interés en mí de lo que ella había removido en mí. Era todo un mérito que únicamente podía atribuírselo a ella. Alguien con quien pasaba horas y horas, tirados en el sofá, peleándonos por la manta. Una chica que lucía irresistible en pijama y con el cabello enmarañado, porque no se preocupaba de ser perfecta ante mis ojos. No necesitaba andar exhibiéndose o entablando conversaciones absurdas por tener un minuto de mi curiosidad. No, ella no requería de tales mediocridades. Sin embargo, también era capaz de seducirme con solo sonreír y contonearse sobre esos tacones que le hacían lucir piernas kilométricas. O, lo que más me ponía del todo: era retadora. Siempre tenía algo que rebatir. Y eso, su voz contestándome a todas y cada una de mis palabras, era droga pura.

¿Todavía sigues creyendo que no hiciste nada? -Gruñí, como un animal, haciendo que su pelvis rozara con la mía de nuevo. Era absolutamente terrible sentir esa presión, deseosa de su calor, de su lengua y de su estrechez. Mantuve duro ese acercamiento, ahora agarrando sus nalgas con fuerza al sentir que se rozaba con mi abultado paquete. Reí ronco, demasiado excitado como para controlar mis pensamientos, que fluían sin filtro.- Este es tu paquete de Navidad atrasado. Puedes tomarlo cuantas veces quieras, es mi regalo. De mí para ti. –Apostillé, ladeando mi rostro para acercarlo al suyo. Ahora sí. Nada me impediría embriagarme de ella, de su sabor, de su dulce y picante boca.- No pienso en otra cosa –Reconocí, entreabriendo los labios para capturar los suyos.

Ni siquiera sé cómo sucedió, pero de pronto su negativa apagó todo mi calentón. Como cuando soplas una vela. Contuve un bufido y solo le dediqué una mirada irritada, casi consternado. Así estuve unos segundos inmóvil, esperando una explicación. Maldije entre dientes, dando un paso hacia atrás al reconocer la voz de Elsa. Masajee el puente de mi nariz, debía volver a la normalidad, sobretodo delante de mi mejor amiga. Parecía ido, y por eso ni saludé a la rubia que parecía estar padeciendo una crisis de ansiedad. Logré escuchar el motivo y una carcajada se apoderó de mí. Joder, al parecer Jo y yo no éramos los únicos que habían perdido el norte. Cuando los ojos expectantes de Elsa se fijaron en mi, no pude evitar replicarle.- ¿Y qué tiene de malo, Elsa? Follar con un amigo te sería de gran ayuda, últimamente estás muy alterada.- Si las miradas matasen, Elsa me habría enterrado ya. Pero, ¿qué espera? La conocía demasiado bien como para tomarme esas libertades, en todos los sentidos.
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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por sameheartbeat el Miér Dic 21, 2016 11:25 am


El palpitar desbocado de mi corazón parecía estar dispuesto a traicionarme consiguiendo que mi mejor amiga llegara a oírlo, puesto que así de grande era la precipitación. Darse cuenta requeriría estar en plena facultad de los sentidos, y el que Elsa no cumpliera con aquel requisito me daba un poco de calma. Escuché la explicación con atención, evitando que una sonrisa saliera de mis labios para no ser irrespetuosa. Era de esperarse que ante una situación así su reacción fuera semejante a la que ahora representaba frente a mí; era un manojo de nervios. No sabía cómo Aaron había conseguido hacerse con una hazaña de tal magnitud, pero podría averiguarlo en otro momento. —No hay motivo para que te quieras esconder, después de todo fue él quien te besó. Además sabes que es un idiota, E. —Hice un puchero a mi amiga, intentando quitarle parte de la culpa que la embargaba. ¿O era vergüenza? No debería de sentir ninguna de las dos. Pero seguramente era algo que no podría sacarle de la mente con facilidad. Ella era básicamente la manifestación de la bondad en el mundo. Aaron, bueno. Aaron era todo lo contrario. Dejé que una mirada fulminante se dirigiera a Richard en el momento en el que habló. —Vale, tu también eres un idiota. —No estaba en contra del sexo, era más que claro. No me importaba de quién se tratara mientras hubiera disposición de ambas partes. Estaba en contra de que el castaño fuese lo suficientemente burdo como para dirigirse así a su amiga. Al menos cuando ella estaba afectada. —Vamos a casa entonces. Es tarde pero podríamos encontrar un taxi, he bebido y asumo que tu también. —Tiré ligeramente de mi vestido, al reparar en que estaba más arriba de lo planeado. Si la rubia hubiera caminado minutos después en mi búsqueda... no quería saber siquiera que habría encontrado.

Elevé mi mirada al escuchar el bullicio que había dado por sentado que pasaría en algún momento de la noche. La explosión se hizo más sonora cuando los fuegos artificiales iluminaron el cielo, prendiéndolo de colores maravillosos. Sonreí con admiración, amaba los espectáculos. Esta vez, no podría quedarme mucho tiempo. —Feliz año, linda. Sí los mitos son ciertos, me arriesgaría a decir que se viene un año con mucho drama por delante. —Abracé a la rubia con rapidez porque el evento no era algo que debía desaprovechar. Agradecía que al menos el año nuevo no nos recibiría desde un taxi camino a nuestro piso. —Ya, podemos irnos. —Acompañé mi comentario con un asentimiento de severidad que no era más que una broma sencilla. Giré lo apenas necesario para enfrentarme a Richard, quien seguramente no se mostraba muy grato ante la manera en que la noche había concluido. No podía culparlo por ello. —Te dejamos, no dejaré que Elsa vaya sola a casa. Disfruta de la fiesta, Rich. Feliz año. —Deseé divertida a manera de disculpa antes de empinarme un poco para abrazarlo, depositando un beso suave en su mejilla.  —¿Ves? Un beso a media noche. —La solemnidad en mi voz se quebró por la sorna que afloró en las palabras, pronunciadas sólo para que él las oyera. Me alejé para tomar la mano de mi amiga y tirar de ella ligeramente, para marcar el camino que nos llevaría a la salida.

...


Bebí con tranquilidad el café mientras mis ojos se cerraban, intentando ordenar mi mente para convertirla en algo que distara del desastre que había sido desde la noche anterior. Había pasado casi toda la mañana dormida, poco dispuesta a hacer nada productivo en el día. Ahora buscaba mejorar las cosas un poco. Elsa había sugerido la fiesta que habría en el club Empire para celebrar la actividad en el comedor comunitario a la que asistía cada vez que se le presentaba la oportunidad y opinaba que ir no sería tan mala idea. Aún quedaba tiempo, y no descansaría hasta aclarar mi mente. Por ello tomé una chaqueta, para después salir del hogar.

Agradecía al cielo que el apartamento de Richard no quedara tan lejos de casa. Esperé a que la puerta se abriera para dejar ver al castaño, que seguramente no esperaría mi visita. —¿Puedo pasar? Siento no haber llamado antes. —Me excusé, quitándome la chaqueta que ya no era necesaria gracias al sistema de calefacción. Me adentré en el apartamento en el que tantas veces había estado para después mirar al propietario. —Quería hablarte de lo que sucedió anoche, Rich. No debimos actuar así. —Aclaré acercándome más a él, manteniendo mi atención en sus ojos mientras me proponía comprobar que la escasa distancia no me afectaba. No debía afectarme. —Sé que te alenté cuando no debí hacerlo. No me arrepiento, ni niego que me gustó, Rich. —Confesé con completa tranquilidad. Sus manos sobre mi cuerpo se habían sentido como si tuvieran toda la autoridad para estar ahí. —Pero de verdad no quiero romper nuestra amistad. Te valoro demasiado cómo para ser tan estúpida de permitirme tirar todo por la borda o para permitirte actuar cómo si fuera cualquiera de las chicas a las que follas y nunca vuelves a ver. Así que te pido que sea cómo si nada, tardes de cine y cenas de madrugada. Inclusive las fiestas de las mil organizaciones a las que Elsa pertenece. —Sugerí dedicándole una sonrisa ante los usuales planes. Reconocía que el hombre pasaba una cantidad de tiempo casi ridícula en mi compañía. —Sin momentos de locura. ¿Qué dices? —Cuestioné ladeando un poco mi rostro, al menos era lo suficientemente honesta para plantarle cara. Después de todo no sería yo si no lo hiciera.
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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por sameheartbeat el Miér Dic 21, 2016 1:31 pm


Por supuesto que deseaba torturarla. Poder ser observador en primera fila de la manera en que el deseo se apoderaba de ella al igual que en todos los demás, darme el gusto de recorrer aquel cuerpo celestial con las manos. No obstante lo que quería y lo que tenía eran dos cosas muy diferentes. El fracaso colosal que se sumaba a una cuenta de éxitos generales consiguió desesperarme, al escuchar como la rubia empezaba a soltar una sarta de quejidos que no había podido prever. Claro, como si yo hubiera sido el único involucrado. Me importaba poco. —¿Por qué no? No imaginas lo agradable que resulta poder sacarte de casillas. —Repliqué áspero sin poder ocultar mi fascinación. Era hilarante verla actuar así, después de haber sido la mente criminal que había buscado garantizar todo el contacto posible de su cuerpo contra el mío. Todo mientras yo me encargaba de saborearla por completo, sí; el punto es que no podía ser la jodida virgen María. Escuché su última arremetida que sólo consiguió sacarme una risa amarga. No dudaba que eran muchas las cosas que se verían de boca en boca sobre todos, yo mismo me jactaba de estar al tanto de la mayoría de los escándalos. Por no mencionar que obviamente conocía los que protagonizaba. No podía ser usado en mi contra si me encontraba orgulloso de lo que había hecho en el pasado. Y reconocía que era condenadamente bueno ser yo.

Mantuve la mirada fija en sus caderas al alejarse con rapidez, sin poder evitar que mis sentidos permanecieran agudos después del delicioso encuentro. Era apenas vago, un beso. Había pasado y superado esa fase en el pasado; no por eso era ignorante de mis impulsos. Una mujer hermosa después de todo merecía toda la atención cuando se trataba de dar y recibir placer, y para Elsa hermosa era una palabra corta. No planeaba darle más atención de la que estaría dispuesto a admitir en público, maldije por lo bajo antes de llevar mis manos al bolsillo lateral de mi pantalón, sacando de este la cajetilla de cigarrillos y el encendedor. Necesitaba liberar un poco de ansiedad de una manera u otra. Aunque esta no habría sido mi preferida, de haber tenido opción. Me dirigí a la fogata al escuchar cómo Evan llamaba mi nombre, al haberme ubicado con su mirada. 

...


Fruncí el ceño al escuchar la discusión que se daba entre Michael y Paul, quienes no parecían lograr ponerse de acuerdo en nada. No estaba interesado en sus diferencias, pero más valía que las solucionaran a juzgar que se habían ensartado en el debate gracias a una sola pregunta. Si no aprendían a administrar juntos uno de los dos se irían, quizá ambos. El Empire había sido una de las más recientes adquisiciones de la firma Taylor-Johnson y en particular mi favorita. Un club nocturno que daba un ambiente perfecto, la música era buena y también las atenciones. Tenía todo lo necesario para funcionar. Sobraba decir que funcionaba a la maravilla. Hice una seña al nuevo barman, cuyo nuevo nombre aún no me había molestado en aprender, para que entendiera que mi vaso no se iba a llenar solo. Dejé que Daniel siguiera hablando de la maravillosa noche que había pasado en la fiesta seguro de que si lo interrumpía tendría que ser yo el que argumentara y no estaba de humor para ello. —El punto es, que siento si dejamos muy desordenado el lugar Aaron, ella no quiso que la llevara a casa por que hoy participaría en el evento del comedor, ¿Sabes cuál? Como sea, al parecer vendrán aquí y Georgia fue bastante clara con que esperaba volver a verme. ¿Quien soy yo para negarme a una desesperada dama? —Mi amigo alzó las manos en un falso gesto de inocencia que no habría sido comprado por nadie, sin embargo sus remarques sexuales sobre la castaña no habían sido lo que provocó que enarcara mis cejas.

Casi sin proponérmelo había estado atento a la cascada de cabello rubio que caracterizaba a la mujer que me había abandonado la noche anterior. Estaba más que dispuesto a joderla. Éramos parte de un grupo cerrado a fin de cuentas, daba igual el número de personas que llegábamos a conocer, aquellos con los que accedíamos a encontrarnos en múltiples oportunidades eran apenas pocos. No podríamos estar tan lejos como ella dio a entender que prefería, para mi placer. Martha era guapa, alta, con piernas que atraían miradas donde fuera, por no mencionar que el escote tan profundo que portaba en este momento era también un factor determinante. Sin embargo me aburría, no parecía ser realmente prometedora. O al menos dejó de parecerlo cuando vi a Elsa reclinada contra la barra, esperando seguramente su oportunidad para ordenar.

¿Buscas algo? —Cuestioné después de acercarme por detrás a aquel cuerpo que tanto me llamaba, afianzando mi contacto sobre su cadera de la misma manera que había hecho al encontrarla la noche anterior. Podía percibir su aroma sin intentarlo, lo que seguramente no le agradaría. Divertido la liberé del contacto para permitirle girar sobre su cuerpo si deseaba, buscando dar con aquellos ojos azules que había vistos llenos de confusión la noche anterior. —Si de verdad no quieres que me acerque a ti, no entiendo porque vienes a mi club, preciosa. ¿O es que no estás segura de lo que quieres? —Buscaba picarla, seguramente aludir a la parte de ella que había explotado como si de los mismísimos fuegos artificiales se tratara. Porque admitía, para mis adentros, que así se veía mejor que nunca. —Vamos, sabes que sólo bromeo contigo. Yo debería ser el que está molesto, tu eres la que me besa, grita y se va. —Acusé dejando que una sonrisa ladeada se asomara en mi gesto. Planeaba repetir lo que había sucedido, no estaba interesado en las cuentas de cuanto tiempo se me iría en conseguirlo. 
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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por winterofyouth el Miér Dic 21, 2016 6:37 pm



Me sentía cual niña pequeña esperando que Jo me diera su opinión, calmara esa locura que se estaba apoderando de mí y que me hiciera darme cuenta de que no era nada tan horrible como yo lo sentía. Aunque, por supuesto, Richard estaba consiguiendo que la vergüenza se transformara en indignación. ¿Es que no se había dado cuenta de que su comentario no era adecuado? En realidad, era totalmente desafortunado que él me dirigiera algo así. Intenté ignorar el escalofrío que me recorrió por culpa del castaño y llevé mi pulgar a mi boca, mordiendo sin poderlo evitar la uña.- Pero yo no lo detuve, o al menos no con la intensidad que debía. –Reconocí, me encogí levemente de hombros, haciendo un mohín con los labios. Agradecí que Josephine adoptara ese semblante tranquilizador y quisiera venir conmigo. Sabía que nunca me dejaría sola, pero no quería arruinar su noche por mi culpa. O por mi debilidad con Aaron. Me sobresalté cuando los fuegos artificiales explotaron, iluminando el cielo y nuestras pieles. Alcé la mirada y me cautivé, observando cómo cientos de chispas de colores se desintegraban, felices de haber dinamitado. Detuve el maldito pensamiento que apareció en mi mente, mas la idea ya flotaba en mi razón. Yo también había estallado en mil pedazos, calientes e incontrolables, hacía escasos minutos. Me sonrojé hasta la raíz del pelo, yo sola con mis imágenes. Debía estar volviéndome loca. O al menos esa era el único motivo razonado que atiné a descifrar.

Mi amiga me salvó de mí misma, sacándome de mis extraños pensamientos. Le devolví la mirada y esbocé una sonrisa cálida, relajándome de pronto, sintiendo que lo frenético de mi comportamiento remitía.- Feliz año, reina. –La abracé, dejando un beso sobre su cabeza.- Espero que solo haya sido un mal presagio –Bromee un poco, soltándola. Me dejé abrazar por Richard, aunque aun recelosa.- Está bien, pero quizás deberás ser mi esclavo para que te perdone. Debo ordenar mi armario… -Dije, guiñándole un ojo. Besé su mejilla y lo despeiné.- Feliz año para ti también, tarado. –Palmee su espalda, reculando. Asentí a las palabras de Jo y esperé que ellos se despidieran, fijándome en como la multitud se preparaba para una larga noche. Cuando Jo me tomó de la mano reaccioné, caminando con ella a la salida.- Lamento haberte medio fastidiado la noche… ¿Dormirás conmigo? –Pregunté, con voz aniñada. Y es que era una especie de rito: si alguna sufría un colapso, la otra cuidaba de ella.

▲▲▲

«Oh vamos, deberías venir con el disfraz de Frozen. Estoy convencido de que los niños creerían que eres la mismísima Elsa. Incluso yo lo creería» Reí ante el comentario de Monika, haciéndome negar con la cabeza.- ¿Y que se lleven una desilusión cuándo se den cuenta de que no sale hielo de mis manos? –Carol, Lauren y Bella rieron por la imagen que Mo les estaba describiendo de ese personaje, como si así todos pudieran encontrar parecido físico conmigo. Froté mis manos tratando de hacerlas entrar en calor. Habíamos quedado en tomar unas copas para celebrar el éxito de la recolección para los niños; el comedor había recibido grandes beneficios. Todos insistieron en ir al Empire. Sí, el último local de moda. Y sí, el de la familia Tylor-Johnson. Les había intentado persuadir para ir al Nirvana, a dónde siempre íbamos. No necesitaba ver a Aaron, precisamente. Pero nadie me hizo caso, de modo que recurrí al plan B. Avisar a Josephine y Richard que estaríamos allí. Teniéndolos cerca sería más fácil lidiar con la situación. O eso era lo que deseaba. Georgia, la más interesada en ir al club por vete-a-saber-porque, agitó su mano desde lejos, ya estaba en la puerta del Empire esperándonos. «¡Por fin! Creí que nunca llegarían», se quejó.

Dejé la chaqueta y el bolso sobre el sofá de cuero, mientras acomodaba mi jersey a rayas correctamente. Los chicos parecían entusiasmados, al parecer era la primera vez que venían y el ambiente del Empire era, simplemente, exquisito. La mayoría llevaban un buen rato allí, así que las chicas no tardaron en hacerse un hueco. Esbocé una sonrisa a Matt, el guapísimo rubio de ojos azules que desde hacía meses trabajaba codo con codo conmigo en el comité del comedor. El chico me ofreció una copa del champán que hacía rato habían pedido, mas me negué.- Oh no, yo no bebo alcohol… -Él río levemente e insistió, acercándome la copa. «Vamos, Elsa. Es solo una vez, para celebrar el éxito de la recolecta». Acomodé un mechón detrás de mi oreja y mantuve la sonrisa, un poco forzada.- De veras, no me gusta el champán. Pero iré a buscar un refresco para poder brindar con ustedes. –Aseveré. Matt asintió, no del todo convencido, pero me escabullí antes de seguir con aquella conversación. Un no, era un no. O al menos así era generalmente en mi vida. Me acerqué a la barra, apoyando mis manos con delicadeza en esta. Busqué con la mirada a la camarera, que se encontraba sirviendo tragos a unos metros.

Había pasado la mañana y mitad de la tarde en el comedor infantil. Realmente no había pegado ojo la noche anterior. Nunca había rememorado con tanto ahínco un episodio y, sin embargo, el beso con Aaron estaba tatuado en mi retina. Si cerraba los ojos, era su rostro pegado al mío, sus manos vagando por mi cuerpo y sus labios haciéndome olvidar de mi propio nombre, lo que veía. Incluso llegué a maldecir cuando me encontré acariciando mis labios, como si añorara algo en ellos. Era desastroso. Como si las constelaciones se alinearan en mi contra, sucedió de nuevo. Aquellas manos grandes, robustas y ardientes, me atrajeron, solo que aquella vez no grité. No encontré la voz. Mis labios se abrieron en forma de O y la piel de mi nuca se erizó, sin clemencia. Tragué saliva pesadamente. Aaron. Sus dedos se ausentaron de mis caderas (demasiado rápido), pero mis pulsaciones ya se habían disparado sin posibilidad de ralentizarlas. Al menos no por ahora. Giré para desafiarle, con los ojos abiertos de par en par y las mejillas adoptando mi (ya) habitual tono rosado. Bueno, tal vez la palabra desafiante no me describía. Pero lo intenté.- Sí, a la camarera. –Repliqué, sintiéndome de pronto estúpida, por esa respuesta tan pusilánime.  

Coloqué mis manos en jarra, observándole con atención. Se había dejado esa barba de tres días irresistible y mis dientes se apretaron para no ir a mordisquear esa barbilla tan masculina. Fruncí el ceño y ladee el rostro.- No he decidido yo aparecer por aquí. Digamos que no he podido negarme. Además –empecé, apoyando mi espalda para distanciar nuestros cuerpos sutilmente, pues estaba perturbándome.- nunca dije que no quisiera que te acercaras a mí. –Reconocí, humedeciendo mis labios- Esa frase tiene contexto y me refería a… Ya sabes…Que me volvieras a besar. –Musité, bajando la mirada visiblemente avergonzada. Aaron causaba ese efecto en mí. El de dejarme atontada, me abrumaba. Cruce ambos brazos contra mi pecho y arquee las cejas.- Deja de ser tan fantasma, Aaron. Yo nunca te besaría. No eres mi tipo. –Mentí descaradamente, alzando orgullosa la barbilla. ¿Lo de siempre, Elsa? ¿Soda de naranja? La voz de la camarera me hizo sonrojar. Genial, era el mejor momento para airear mis gustos infantiles. Giré el cuello para verla y dudé, con los labios entreabiertos.- No. Ponme un shot de tequila, por favor. –Vale, ni yo misma pude prever esa absurda reacción, pero mi actitud convincente no dejaba lugar a dudas. Esquivé la mirada de Aaron y le di la espalda, viendo como preparaban el pequeño vaso. ¿No debía ser tan difícil de tomar, no? Lo tomé y miré al moreno.- A tu salud –Me burlé, vaciando de golpe el contenido. Jesús, santo cielo, maldición. Quise vomitar en ese preciso instante, era lo más asqueroso que había probado nunca. Intenté parecer encantada, pero sentí que una gota se deslizaba por mi boca; rápidamente la limpié. ¿Estaría pareciéndole ridícula? Me arrepentí cuando mi estómago rugió por recibir semejante veneno.
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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por winterofyouth el Miér Dic 21, 2016 8:08 pm



Asistir a la crisis nerviosa de Elsa no era algo que se me diera bien. Al contrario, utilizaba el humor (o lo que consideraba como tal) para liberar tensiones. Obviamente no fue bien recibido, y sabía bien porqué. Pero tampoco esperaba esa mirada de indignación de la rubia ni otra fulminante de Josephine. Quise disculparme, argumentando que mi cabeza estaba más desconectada que nunca porque cierta preciosidad me había hecho concentrar toda la sangre debajo de los calzoncillos. Tomé una bocanada de aire y arrugué la nariz. Odiaba que se tuvieran que marchar y más que no pudiera acompañarlas.- Lamento no poder llevarlas, pero el control de alcoholemia me retiraría el carnet de por vida –Dije, haciendo una mueca. Evité mirar a la causante de que mi cuerpo pendiera de un solo hilo de mi razón, porque estando delante de Elsa no podía sentirme cien por cien cómodo. Me aclaré la garganta y desvié la mirada de aquel par de kilométricas piernas que moría por tener enredadas en mis caderas. «Vale, céntrate. Se acabó el juego, es la Josephine de siempre, no te gusta, no te excita, no te enloquece, traté de convencerme». Pero es que era absurdo todo ese ejercicio psicológico. Ahí estaba ella, luciendo radiante con esa sonrisa angelical, tan admirada por algo tan banal como los fuegos artificiales. Y aunque tuviera que pasarme la vida en segunda línea, no me cansaría de memorizar sus expresiones, el brillo en sus ojos, su estrecho y proporcionado cuerpo.

Elsie no te enfades conmigo, sabes que no puedo pasar ni un minuto sin soportarte –Esbocé una radiante sonrisa, como si fuera un chiquillo convenciéndola de mi inocencia. Y es que sabía que funcionaría. Me apresuré a darle un abrazo de oso y reí suavemente ante su “condición”, peinándome tras su caricia.- Tengan mucho cuidado, niñas. Estén preparadas por si necesitan llamarme, ya lo saben. –Les recordé, con severidad. Mordí mi labio inferior cuando la castaña clara se giró para despedirse de mí. ¿Cómo debíamos reaccionar? Estaba seguro de que no podría abrazarla sin más, porque ella me había dejado tentarme. Ahora nada podría ser como antes en mi cuerpo, por mucho que quisiera convencerme de ello. Rodee su pequeña cintura con mi brazo y la aupé un poco para que pudiera besar mi mejilla, como pretendía hacer. Entrecerré los ojos y solté una pequeña risa, cosa que me hizo negar con la cabeza.-Lástima dónde –Me quejé, haciendo un mohín con mi labio inferior. Pero no, esa noche no habría beso. Nos habíamos inducido a límites que jamás creí que cruzaríamos, obviamos el coqueteo para dar un paso más. Fue pura provocación y ahora me mataba dar de bruces con la realidad. Fría. Las observé alejarse, con el sentimiento de la decepción aflorar mi interior. ¿Quién sabe si aquella oportunidad se me volvía a presentar así? Debería buscarla, pero no quería palpar tanto a mi suerte.

▲▲▲

Extendí el brazo para acariciar el lado contrario de la cama. Estaba solo. Completamente solo. La noche no acabó como de costumbre, llevándome a cualquier mujer guapa de senos grandes a mi casa. De hecho, anoche ni se me pasó por la cabeza. No me fijé en ninguna de las chicas, ni tampoco cedí a que ellas lo hicieran conmigo. Recuerdo haber rechazado a Lais, esa brasileña a la que habría querido que me retuviera toda la noche entre sus piernas. Pero era obvio. Yo había dejado que mis sentidos se encapricharan de ella, de Josephine. No podía obviar ese deseo y substituirla sin más, no esa misma noche que su recuerdo impregnaba cada parte de mi ser. Así que, horas después, me regresé solo. Dispuesto a urdir un plan para acabar lo que habíamos empezado. Intenté desperezarme, estirando bien los brazos. Retiré la sábana de mi cuerpo y sentí el frescor impactar en él. Me dirigí al baño, sin dejar de bostezar. Dios, ¿se puede saber cuántas horas había dormido? En mi cuerpo no parecían tantas. Abrí la manilla de la tina, dejando que cayera fría. Si una ducha no me despertaba del todo, nada lo haría.

Cambié de canal, aburrido. No tenía absolutamente nada que hacer en un día festivo. Quizás podría enviarle un mensaje a Elsa para saber qué planes tenían, sin parecer demasiado obvio. Pero enseguida recordé que ella estaría en el comedor, de manera que si quería saber sobre Jo tendría que preguntarle directamente. Cogí el teléfono y busqué su número, estaba a punto de pulsar el botón verde, cuando el timbre retumbó en la casa. Contuve la respiración sin elevar la mirada del móvil. Vaya, parecía una señal del cielo para que no hiciera el ridículo. Suspiré y obvié mi primer pensamiento, bloqueándolo y lanzándolo al otro lado del sofá. Me levanté, vestido con una camiseta blanca y unos bóxers, y caminé a la entrada. Encendí el interfono con cámara y sentí que mi estómago volcaba. Josephine. No lo dudé.

¡Jo! Claro que sí, justo ahora pensaba llamarte. –Reconocí, apartándome de la puerta para dejarla pasar al interior. La seguí con la mirada, centrándome en lo jodidamente bien que le sentaban esos jeans oscuros. Soslayé un suspiro y me concentré en cerrar la puerta.- Es tu casa, ya lo sabes. –Aseguré, señalando con el brazo para que se acomodara donde considerara mejor. Josephine había venido cientos, miles de veces, pero esta visita se sentía diferente. No podía evitar sentirme ansioso por descubrir qué la había llevado a venir a verme. La vi acercarse, pausadamente, mientras rompía ese hielo que nunca antes había existido. Rasqué mi nuca y asentí una sola vez. Anoche. Bien. Si ella supiera que no había dejado de pensar en anoche, quizás saldría por miedo a que me hubiera convertido en un jodido psicópata. «No debimos actuar así», fueron sus palabras. Sus azotes, mejor dicho. Llevé mi mano a mi nuca, acariciándola mientras hacía una mueca, como si me costara recordarlo.- No, anoche fue… Fue algo surrealista. –Reconocí, mirándola desde la distancia. Sentí que se me secaba la boca, estaba experimentando el sabor de la contradicción. Para Josephine no debió pasar, ergo yo deducía que se arrepentía. Pero ella dijo entonces que no lo hacía. Dios. Mi cabeza giraba sobre sí misma. Parpadee varias veces, pensando bien las palabras que quería decir.- Supongo que nos dejamos llevar por el momento. Tú estabas extremadamente bella y… Bueno, yo soy como soy –Solté una risa y bajé la mirada, humedeciendo mis labios.- Pero por muy agradable que fuera, no es algo que debiéramos hacer. –Di un paso hacia ella, para tomarla del rostro.- No, no, cielo. Claro que no. No vamos a romper nada, Jo. –Esbocé una sonrisa tranquilizadora (algo que necesitaba realmente, pues los nervios me comían) y cerré los ojos unos instantes.- Josephine, eres muy importante para mí. Nunca haría nada que te hiciera sentir de menos. –Hice una pausa, inseguro de cómo debía aclarárselo.- Sé que tal vez no es apropiado lo que voy a decirte –Me aclaré la garganta con disimulo, buscando su mirada.- Pero… Si alguna vez ocurriera algo… Entre nosotros… No desaparecería, Jo. Somos amigos, ¿no? –Arquee ambas cejas, acariciando sus rosadas y aterciopeladas mejillas con mis pulgares. Apreté los labios y entrecerré los ojos, deleitándome con la asombrosa exquisitez de sus facciones.- No puedes pedirme que deje la locura… -Contuve una risa divertida y, sin que pudiera preverlo, la tomé de los muslos elevándola sobre mi hombro.- ¿En serio quieres que pare? ¿Que no te haga esto que tanto te gusta? –Pregunté, dándole vueltas y llevándola al sofá, para lanzarla con cuidado sobre el sofá.- Nah, no quieres eso. –Espeté burlón, iniciando nuestra habitual guerra de cosquillas por su abdomen.
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Re: Flashing those eyes like highway signs. ♥

Mensaje por sameheartbeat el Jue Dic 22, 2016 5:03 pm


Una ráfaga de tranquilidad se deslizó por mi pecho al escuchar cómo el castaño pretendía llamarme antes de que hiciera mi aparición. Al menos si no había pensado en demasía que haría después de que abriera la puerta de su apartamento, me constaba que no era juzgada en absoluto. Era una gran ventaja contar con personas lo suficientemente confiables como para permitirles conocerte a profundidad, sobretodo en un medio en el cual en la mayoría de ocasiones estábamos por nuestra cuenta. Tenía mi independencia y estaba más que contenta con la manera como dirigía mi vida, también con quienes estaban en ella. Richard incluido. Ocupando un puesto en mi mundo lo suficientemente relevante como para tenerme en pie, buscando hablar de algo que ni siquiera había podido digerir. No enteramente. Mantuve mi mirada fija en la tela negra de la blusa que llevaba puesta para evitar de la manera más inmadura mirarlo mientras buscaba explicarse en lo sucedido, sin mucho más éxito que yo. Vaya par que éramos. Sin poder evitarlo reí, haciendo caso omiso a su cumplido sobre mi aspecto en la noche anterior. Claro que era él. Siempre había sido él. Dudaba que en el resto de ocasiones que compartíamos se resistiera para no presionarme contra la primera pared que encontrara cómo si contara con el permiso para hacerlo; de la manera en que había hecho en la fiesta. Habíamos cedido a impulsos y eso era todo. Ahora se trataba de no darles más importancia de la que merecían. Escucharlo darme la razón logró dejarme un sabor agridulce, sabía que no nos habíamos comportado de una manera mínimamente aceptable, pero el orgullo que radicaba en mí no se jactaba de oírlo. Quería responderle, aclarar que eso era todo lo que quería saber. Que todo estaba bien entre nosotros. Pero no pude pronunciar palabra ante la fijeza de sus ojos en los míos, de los que no podía escapar sin romper el agarre de sus manos en mis mejillas, por lo que únicamente asentí. La honestidad estaba plasmada en su rostro. No era necesario más que eso.

Sabía que era importante para él, era algo claro. No se tomaría tantas molestias de no ser así y después de todos estos años seguramente era ya un axioma. Sin embargo escucharlo decirlo no pudo pasar sin que una sonrisa apareciera en mis labios. Lo sé, confío en ti. —Confesé otra expresión que no necesitaba ser puesta a ningún riguroso análisis. Entrecerré los ojos expectante, me daba igual si planeaba decir algo completamente inadecuado, ya habíamos cruzado ese límite sin problema. Reí ante sus palabras, no podía decir que se tranquilizara ante la perspectiva de que nada pasaría; estaba comprobado que era difícil determinar el final de una noche si el ambiente se prestaba para ello. Por más sentido común que pretendiéramos tener. Sí, Richard. Somos amigos. —Confirmé rodando los ojos en una mueca de obviedad. Más te vale. De lo contrario me tendrías iniciando búsquedas con investigadores privados. Me tienes demasiado malcriada como para dejar que te alejes sin más. —Era verdad. De no haber sido interrumpidos, dejándonos llevar por lo que fuera que nos conducía, el resultado probablemente sería el mismo. Una charla para aclarar que no estaba dispuesta a dejar que nada me limitara o mis amistades. 

Un grito escapó de mis labios al verme elevada del suelo con tal facilidad por el castaño. Era una manía que tenía y no pude evitar reír al caer en el sofá, agradecida de que las tensiones parecieran aligerarse con tanta facilidad entre los dos. Me removí sin poder mantener el control de mi cuerpo al sentir como sus manos hacían aquellas cosquillas que tanto me afectaban. Era absolutamente sensible y él conocía mis puntos débiles. —¡Richard! —Exclamé riendo, buscando poder controlar mi respiración y los impulsos que tenía de moverme. Fracasé en ambos planes de una manera descomunal. —¡Para... Por favor! —Supliqué pataleando ligeramente como si no fuera más que una niña. Sin poder incorporarme cuando mi amigo se detuvo por la falta de aliento que padecía. —Nunca debí haber confesado que era cosquillosa. No sé como caí en semejante trampa. —Musité con falsa indignación, acomodando los mechones de cabello que habían caído sobre mi rostro gracias al poco manejo que había demostrado tener sobre mi cuerpo. —Aunque tengo que admitir que tienes un don para ello. Probablemente lo habrías descubierto de manera empírica. —Aseveré tirándole juguetona uno de los cojines del sofá, un gesto ya repetido muchas veces en el pasado.

¿Elsa te habló te la fiesta en el Empire? Creo que es más bien una celebración pequeña por la inauguración del comedor a la que asistió, pero deberíamos ir. —Sugerí con ánimo para convencerlo con mayor facilidad. —Sólo en caso de que ella nos necesite. Si se pone aburrido siempre podemos escaparnos a comer algo, o mejor aún, ver alguna maratón en Netflix, quizá y solo quizá te dejaría escoger que ver. —Mordí mi labio inferior, consciente de que la última afirmación era completamente falsa. Era demasiado dada a elegir lo que veríamos, pero a él nunca le había molestado en el pasado. O eso creía. —La única desventaja es que deberías ponerte un poco más de ropa. No estoy segura de que te dejen entrar así al club. —Comenté con seriedad, como si me tomara un momento para ponderar los pros contra los contras. 
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