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And when I think about the way you touch my body

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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por onedirection1 el Vie Ago 11, 2017 9:05 pm


LIAM PAYNE;
Traicionado.

Con esa sola palabra podía describir la forma en la que me sentía en este preciso momento. Ella me había mentido acerca de su edad, le importó muy poco los problemas que me traería y no solo la había cortejado, joder… ¡Había tenido sexo con mi alumna! Aunque claro, en ese momento no sabía que iba a ser mi alumna, pero, aun así, seguía siendo malditamente menor de edad. Estaba claro que era un alivio para mí no estar impartiendo un tema, porque, probablemente lo último en lo que estaría pensando serían ecuaciones matemáticas para enseñarles, y si no me corrían por meterme con una menor, lo harían por ser un mal profesor.

Así que, lo que faltaba para terminar de la clase pasó medianamente rápido, y mientras los alumnos guardaban sus cosas, yo me limité a pretender que estaba prestándole atención a unos apuntes, hasta que de reojo observé una presencia acercándose hasta mi escritorio, no me hizo falta levantar la cabeza para saber de quién se trataba, le escuché hablar, pero me limité a ignorarla, hasta que entendí que no se iba a ir, así que tuve que dejárselo en claro―. Es señor Payne, y deberías irte a tu clase o te pondrán algún retardo― mi voz sonó bastante dura, pero no podía pretender ser “suave” con ella, no en estos momentos, cuando la furia dentro de mi sistema, y dudaba mucho que fuese a salir pronto de él. Quien sí salió, fue Ariadna del aula y solo cuando escuché la puerta cerrándose, me permití levantar mi rostro de los papeles, que, si era sincero, ni siquiera recordaba ni una pizca de lo que decían. No pude evitar que un suspiro de frustración saliera de mis labios, mientras mis manos frotaban mi rostro, ¿qué mierda iba a hacer ahora? Solo tenía una cosa clara, la única relación que habría entre Ariadna y yo, sería solo estrictamente la de profesor-alumna, y eso, solo lo necesario. Estaba seguro que el año escolar se me pasaría lentísimo, justo como la eterna semana que pasamos separados después de su repentino cambio de humor, había sido el mismísimo infierno, o tal vez ese estaba a punto de vivirlo. De todas las personas que pudieron haber sido mis alumnas, ¿por qué precisamente Ari? ¿Qué clase de karma era este? No lo entendía… yo…

¡No! Yo nada. Simplemente tenía que aceptarlo y ya estaba, ¿por qué lamentarme? No estaría pasando esta situación si ella no hubiese mentido sobre su edad, y no se hubiese colado en un club, donde, obviamente, no tenía ni debía haber estado.



Terminé la jornada laboral de ese día con muchas menos ganas que con las que me había levantado, repetí la misma rutina de presentación con los otros grupos con los que tenía clase, y una vez terminado, hice mi chequeo digital en el escáner que estaba dentro de la sala de maestros, en donde me encontré a unos cuantos profesores más y la señorita… y Elsa se encargó de presentarme con ellos, aunque la mayoría eran mucho más grandes que yo, así que se mostraron un tanto recelosos con mi presencia, y lo entendía, era prácticamente recién egresado de la Universidad y ya estaba impartiendo clases, pero ya tendría que demostrarles que era bueno en la enseñanza y en la materia, las matemáticas era algo que se me daba desde siempre.

En cuanto llegué a mi departamento, me di un merecido descanso y no porque estuviese agotado físicamente, más bien mentalmente, pero traté de recomponerme y acostumbrarme a la rutina durante la semana, que prácticamente hacía lo mismo. Me levantaba y arreglaba, compraba algo de comida en el camino y me reunía con Elsa en la sala de maestros, hasta que era la hora de nuestras clases y, ésta vez, yo la acompañaba primero a su salón y partía al mío solo. A la hora del almuerzo, comíamos juntos y repetíamos la rutina. Ella era una mujer bastante interesante y muy inteligente, daba idiomas y su especialidad era el francés, además que sus alumnos masculinos, parecían adorarla, y gran parte de los profesores, incluido el director. Una vez que terminaban las clases, me iba a mi departamento para preparar mi clase del día siguiente, hacía mis actividades culinarias y me iba a dormir. Podría decir que mi día a día era igual al anterior, la única diferencia, era que Ariadna, en vez de sentarse en la fila de enfrente, lo hacía en la última y, aunque seguía siendo grave lo que había sucedido entre nosotros, mi gran fallo, tuve la oportunidad de pensarlo con la cabeza fría y hubo muchas cosas que me quedaron claras, y necesitaba decírselas.

El viernes repetí lo mismo de cada día, incluso tuve clases con el grupo de Ariadna e iba a pedirle que se quedara unos minutos más, ya que fue la última en salir, pero había recibido una llamada justo cuando iba a decírselo, por lo que ella se retiró, pero en cuanto terminé la llamada, salí del aula, topándome a Elsa en el camino― ¿no vas a la sala de maestros? ― escuché cierto matiz de decepción y es que, iba hacia el sentido contrario― no, tengo un asunto que resolver y no puede esperar― la rubia asintió y después me sonrió― bien, solo no vayas a malpasarte, es difícil trabajar con el estómago vacío― solté una pequeña carcajada e intercambiamos un par de palabras más, antes de que cada uno fuese por su camino. Estuve viendo de aquí hacia allá en busca de Ari, y como no la hallaba, se me pasó por la mente que se encontraba en la cafetería, pero, cuando estaba a punto de regresar, la vi sentada en el jardín con una libreta entre sus piernas y su comida a un lado.

Tomé una bocanada de aire y di mis primeros pasos hacia ella, escuchando una suave melodía saliendo de sus labios, causándome una apenas perceptible sonrisa, que procuré borrar de inmediato―. Ari― susurré, y como fui consciente de que lo había hecho muy despacio, volví a repetirlo, solo que ésta vez más fuerte. Su mano, con la que sostenía un lápiz, se detuvo al igual que el tarareo, como si mi voz hubiese sido producto de su imaginación, así que, volví a llamarle, y ésta vez, su rostro se elevó con lentitud, hasta que sus ojos se clavaron en los míos, causando un escalofrío en todo mi cuerpo que traté de reprimir―. Tenemos que hablar― mi quijada se apretó, y miré más allá de ella, era una suerte que fuese la hora del almuerzo y que todos los alumnos estuviesen en la cafetería y los que no, andaban por allí, a una distancia prudente de nosotros, donde no les llegaría ni una palabra de lo que podríamos llegar a decir la castaña o yo―. Cuando te conocí en el club, era obvio que di por hecho que tenías la edad suficiente para poder entrar… y luego, en nuestras charlas esporádicas, cuando se mencionó que eras estudiante, creí que era de universidad― una sonrisa amarga se posó en mis labios, el problema era que había dado las cosas por hecho y el único culpable de ello era yo.

― Lo peor es que llegamos al extremo, ¡no debería haber estado acostándome contigo en ningún momento! ― y de solo recordarlo, la impotencia comenzó a recorrer mi cuerpo― La noticia me golpeó en la cara, me hizo sentir tan enfadado y peor aún, ¡Como un maldito violador! ― tiré mi cuerpo contra el árbol y me dejé caer, sintiendo como mi alma abandonaba mi cuerpo, oculté mi rostro entre mis manos, tratando de alguna forma quitar esa idea de mi cabeza, pero ahora estaba torturándome. No estaba ni cerca de las verdaderas palabras que había querido decirle, me había dejado llevar y me estaba yendo por otro rumbo muy diferente―. Me aproveché de ti. Yo soy el adulto, y tú eres la menor de edad, es como funciona― apoyé la cabeza contra el tronco y cerré mis ojos, ¿Cómo no había podido verlo antes? Mis ojos se abrieron de golpe, mirándola al instante― tienes que ir con el director y reportarlo, iré contigo― me puse de pie y estiré la mano para ayudarla a levantarse, pero ella no la tomó y tampoco se levantó del pasto. Podía sentir mi cuerpo temblar y es que estaba desesperado― ¡Es lo justo! Tienes que informar de esto Ariadna, o lo haré yo. Aunque se vería mejor si lo hicieras tú― le miré a los ojos, ella estaba a punto de echarse a llorar de un momento a otro, por lo que no pude evitar, cegado por el sentimentalismo, dejarme caer de rodillas a su lado y rodear su cuerpo con mis brazos.

― Por favor, no llores― mi voz se quebró al pronunciar esas palabras, me separé un poco y con los pulgares le limpié aquellas gotitas saladas que salían de sus ojos, provocando que estos se vieran más claros.

Pero nada de lo anterior me hizo sentir peor que mis siguientes palabras―: Solo tenemos que fingir que esto nunca ha sucedido, como si nos acabáramos de conocer en las aulas― dije en voz baja y al instante, sentí como su cuerpo se tensó― no puedo ser otra cosa más que un maestro para ti, tenemos que estar lejos el uno del otro― me separé de ella, y me puse de pie para darle credibilidad a mis palabras, sacudí mis rodillas, quitándome el resto de pasto que había ahí. Levanté mi rostro y la miré, con el corazón estrujado en un puño― tenemos suerte de que todo esto haya salido ahora en lugar de más adelante― tragué fuerte y mordí mi labio inferior― ¿Cuántos años tienes? ― sabía que debí de haberme ido en ese momento, pero no pude evitar preguntarlo, solo para martirizarme más. Solo quería saber eso y ya, sería todo.
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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por Arijp96 el Sáb Ago 12, 2017 6:03 am


Ari Beckett
Continué escribiendo en mi cuaderno, mientras iba cogiendo alguna migas del pan de mi sandwich hasta que escuché que alguien me llamaba, pero no una voz cualquiera, sino la d él. Todo a mi alrededor se detuvo y me sentí como una auténtica loca, defintivamente estaba perdiendo la cabeza si ahora me imaginaba su voz volviendome a llamar. Pero el sonido se repitió y alcé lentamente mi cabeza para que mis ojos se encontraran con los suyos. Estaba aquí y me había llamado Ari después de todos estos días. Sentí que el nudo en mi garganta se hizo mucho más fuerte cuando dijo que teníamos que hablar, odiaba esa frase porque nunca traía nada bueno, todo lo que había después de esa frase era mucho peor de lo que pudiera alguien imaginarse. Pero igualmente no me moví de mi sitio, continué en la misma posición que estaba ocupando en el pasto para dejar que él dijera todo lo que tenía pendiente Supongo que era mejor escucharlo hablar que simplemente no escucharlo, excepto por las explicaciones que daba en la clase. Sentí como la culpa volvía a caer sobre mí con más peso al escuchar lo engañado que se había sentido por haberme encontrado en aquel club y por haber pensado que era una estudiante de universidad, pero sin duda lo que dolió fue escuchar lo mucho que se había arrepentido de que entre él y yo hubiera pasado algo, que nos hubiéramos acostado. Sentí las ganas de vomitar cuando dijo que se sentía un violador, cuando insinuó que lo nuestro había sido el resultado de una violación, y solo fui capaz de apartar la comida de mi lado y meterla en mi mochila porque si no vomitaría en ese mismo momento. Sentí el estómago tan frágil por sus palabras que no quería arriesgarme a montar un espectáculo desagradable delante de nadie por no poder controlar las arcadas que estaba sintiendo en ese momento.

Mantuve mi mirada en el suelo, sintiendo repulsiva la idea de tener que ir a contarle todo al director, como si el resultado final de nuestra relación fuera que debería denunciarlo y que lo echaran o lo encerraran en la cárcel. Jamás podría hacer eso, no a él, no con lo mucho que sentía por él, no con cada recuerdo que había compartido con él. Sentí como las lágrimas se comenzaron a acumular en mis ojos. No podía con esto, ya era bastante duro tener que soportar sobre mis hombros la culpa de que nos hubiéramos encontrado de esta manera, de que ya no quisiera saber absolutamente nada de mí, de que se arrepintiera de lo que había pasado entre nosotros. No podía con la presión y el asco que sentía con la idea de ir a contarle al director todo nuestra historia y que esto acabara con su carrera, con su sueño. Acababa de empezar en su profesión y no pensaba arrebatarselo por nada del mundo. No pude evitar sollozar contra su pecho cuando me abrazo, porque sentir sus brazos a mi alrededor fue suficiente para sentir como mi alma se rompía en mil pedazos al saber que seguramente sería la última vez que pudiera abrazarlo. Tapé mi rostro entre mis manos cuando se separó y dijo que teníamos que fingir que no nos conocíamos de ante, ¿cómo se supone que iba a esconder todo lo que sentía por él?¿Cómo iba a poder tratarlo únicamente como mi profesor de matemáticas? simplemente se sentía como algo imposible para mí en este momento. Había pasado de querer gritarle al mundo entero que estaba con el chico más maravilloso que había conocido en mi vida a tener que fingir que no lo conocía de nada y que se trataba de un completo desconocido para mí. Si alguien sabía como se conseguía eso, por favor que viniera y me lo explicara porque yo no podía.

Tengo 20...en unos meses cumpliré los 21... Contesté con la voz completamente rota porque, aunque me quisiera negar a contestar, él acabaría enterándose de todas formas. Siempre conseguía todo lo que se proponía. Comencé a recoger mis cosas antes de levantarme y mirarlo porque se suponía que era mi turno de hablar. Yo...me alegro de que estés trabajando aquí. No por mí ni nada por el estilo, sino porque sé mejor que nadie de los que están aquí cuanta ilusión te hacía este trabajo, cuantas ganas tenías de empezar este trabajo y empezar a enseñarle cosas a los demás. Sé lo feliz que eres en esto, por eso me alegro que lo hayas conseguido. Comencé a hablar mientras respiraba hondo para intentar calmar las lágrimas que se iban escapando de mis ojos. Pero no voy a permitir, ni a ti ni a nadie, que reduzcas lo que hubo entre nosotros a una violación. Sí, mentí sobre mi edad y me colé en ese club. Quizás soy un monstruo por eso, pero no voy a permitir que lo conviertas en algo tan sucio como eso. Cada una de las veces que estuve contigo, que hice el amor contigo, fue porque quise, porque ambos queríamos. En ningún momento me obligaste, ni me envenenaste, ni me drogaste. Fui consciente de cada una de las veces. Y sé que soy menor, pero la madurez para estar con una persona no la limita un maldito número que diga mi edad, la limito yo con mis actuaciones y mis consentimientos. Dije sintiendo como el hueco en mi interior se iba haciendo cada vez más grande y hondo por mis palabras y recordando que esta era la conversación que estaba marcando el fin de nuestra relación. Las lágrimas me inundaron antes de las palabras que salieron de mi boca. Sí, te mentí con mi edad y fui demasiado cobarde para no decirtelo. Pero tenía miedo. Porque te amaba y te amo tanto que no podía pensar en la idea de que me echarás a un lado por mi edad, aunque sin duda han sido peores las consecuencias. Dije con la voz rota e intentando controlar mi llanto.

No te preocupes, de verdad. No te costara fingir que no me conoces, yo misma me encargaré de volverme completamente invisible que ni te daras cuenta que estoy. Será como si nunca me hubiera conocido si es lo que tu deseas. Murmuré mordiendo mi labio inferior mientras colocaba mi mochila en mi espalda. Yo...solo te deseo lo mejor Liam. Te mereces toda la felicidad del mundo, tanto en tu trabajo como en tu vida personal. Incluso sé que encontrarás a alguien que de verdad merezca estar a tu lado, sin ningún tipo de mentira de por medio. Susurré mirándolo a los ojos por última vez mientras sentía mis manos temblando antes de poner un poco de distancia entre nosotros. Que tenga un buen día....señor Payne. Finalicé haciendo exactamente lo que él me había pedido antes de salir corriendo de allí. Necesitaba llegar a mi casa lo antes posible, me daba igual que me perdiera el resto de las clases, no podía continuar allí después de la conversación que habíamos mantenido. No sería capaz de atender a ninguna de las otras materias ni de parar de llorar, así que era mejor irme a casa. En cuanto llegué, sentí como mis pulmones estaban ardiendo de la carrera hasta allí y de tanto llorar, pero ni siquiera me importó, solo me deslicé por la puerta y comencé a llorar abrazándome a mi misma y dejando salir todo lo que tenía dentro de mí.

Probablemente las dos siguientes semanas fueron como si estuviera viviendo en el mismo infierno. Había borrado la noción del tiempo de mi mente y mis movimiento se habían vuelto prácticamente mecánicos. Ni siquiera podía recordar cuando había sido la última vez que comía una comida completa o cuántas horas conseguía dormir en un noche, pero sabía que no eran muchas. Simplemente me levantaba, me vestía, iba a clases, me sentaba en el fondo de todos los salones y tomaba apuntes mientras dejaba que el tiempo pasara. A la hora del almuerzo volvía a la cafetería con las chicas y daba unos pequeños bocados a una manzana mientras asentía o negaba a sus palabras, aunque no supiera de que estaban hablando o que me estaban preguntando. Ni siquiera me importaba demasiado. Por otro lado, había cumplido mi palabra de convertirme en alguien invisible para Liam. Cuando tenía que ir a sus clases, me sentaba en el fondo, en la esquina más alejada de todas y me concentraba en hacer las ecucaciones en mi libreta, esperando que llegara el final de la clase, donde me convertía en la primera en salir para que no tuviera que verme. Me escondía en diferentes rincones del lugar o me mezclaba entre la gente para que nunca tuviera que verme, aunque yo podía verlo en cualquier parte del edificio. Hablando con alumnos, compartiendo conversaciones con el resto de profesores y paseando por los pasillos con la señorita Holsk. Para ser sincera, lo único que me había hecho sonreír un poco fue cuando me entregaron algunos exámenes que había hecho, incluido uno con Liam, y pude observar que seguía manteniendo mis calificaciones altas, casi 10. Al menos no era un desastre en todo.

Estabamos en una nueva clase de Liam, resolviendo los ejercicios del día anterior en la pizarra y solo levanté mi vista del cuaderno cuando pronunció mi apellido y después mi nombre completa. Sabía que este momento llegaría, siempre ibamos saliendo adelante para resolver uno de los ejercicios. Me acerqué y tomé la tiza antes de empezar a escribir en la pizarra como había resuelto yo esa ecuación. Tuve que llevar una mano a mi estomago cuando este comenzó a gruñir pidiendo un poco de atención y comida. En cuanto terminé, me coloqué a un lado para que el castaño pudiera revisar mis cálculos y decir si estaba bien o estaba mal. Me apoyé en la pared cuando sentí un pequeño mareo y comencé a escuchar su resolución sobre lo que había hecho en la pizarra, pero su voz se escuchaba más lejana de lo normal. Alcé un poco la vista y vi todo a mi alrededor completamente borroso hasta que sentí mi cuerpo caer y mis ojos cerrarse por completo. No sé cuanto tiempo estuve durmiendo o si ni siquiera estaba durmiendo cuando mis ojos comenzaron a abrirse poco a poco, sintiendome un poco confundida al ver tantos rostros a mi alrededor hasta que recordé lo que había pasado y comencé a levantarme con cuidado del suelo. Estoy bien... Susurré cuando intentaron ayudarme y me quedé sentada bebiendo un poco del agua que me habían pasado. Estoy bien...solo...necesito salir un momento al baño. dije levantándome despacio del suelo para poder salir del salón, obviamente tuve que hacerlo acompañada de una chica, porque "era lo mejor". Fui al baño a mojarme un poco la cara y, de camino al salón, compré una pequeña chocolatina en la máquina de snacks y comencé a comermerla antes de volver a la clase de Liam, dirigiendome con la cabeza agachada hasta mi lugar.
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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por Arijp96 el Sáb Ago 12, 2017 7:07 am


Nick Jonas
Sentí una explosión de felicidad en mi interior cuando Ada correspondió mi beso y no fui apartado por ella ya que se notaba que ambos estábamos disfrutando de aquel beso que yo había empezado. Me encantaba el dulce sabor que tenía los tiernos y carnosos labios de la rubia. Nunca había besado unos labios tan irresistibles como los suyos y estaba casi seguro de que jamás me cansaría de besarlos si me daba la oportunidad de hacerlo. Con la mano que tenía en su mejilla, la acerqué un poco más a mí, disfrutando de la profundidad que estaba tomando nuestro besos hasta que ella fue la encargada de separase un poco de mí y mordí mi labio inferior antes de escuchar su comentario sobre mi pecho acelerado y que ella estaba exactamente igual que yo. No podía apartar mis ojos de ella mientras sus dedos se paseaban por mis labios y me tenía completamente hipnotizado con sus movimientos, con sus ojos, con cada detalle de su rostro y sonreí cuando pasó una de sus piernas por encima de mi cuerpo hasta colocarse sobre mi regazo. Fue inevitable que una carcajada se escapara de nuestros labios cuando hizo aquel comentario y estuve a punto de decirle que podía hacer conmigo lo que le diera la gana, pero estaba más ocupado en volver a besar sus labios. Llevé mis manos hasta su pelo para deshacer el peinado que llevaba esa noche porque necesitaba disfrutar de la suavidad de su pelo, necesitaba verlo completamente suelto como más me gustaba y disfruté al sentirlo caer por su espalda. No me gusta que seas Cenicienta, si no te hubieras ido a la media noche... Respondí a sus palabras para después llevar mis labios hasta su cuello, estaba deseando besar la piel de esa zona desde que la había conocido y sentí que me volvería completamente loco en cuanto mis fosas nasales se llenaron de su olor. Era le mejor aroma que había olido en mi vida y no quería parar.

Adaimé era la mujer más femenina que había conocido en mi vida y probablemente la más seductora. Pero era diferente, había conocido a chicas que querían ser seductoras por obligación, que intentaban serlo todos los días, pero Ada tenía una seducción natural que se notaba a kilometros que no era fingida, que no era una obligación para ella, si no que era un aspecto natural de su personalidad y que a mi tenía completamente hechizado. Pasé mi lengua por la zona que había llenado de besos y sonreí de satisfacción por la reacción que tuvo su cuerpo a mi gesto, por lo que volví a repetirlo mientras mis manos se deslizaban a su trasero y la acercaba más a mi cuerpo. Si esto era un maldito sueño, más vale que no viniera nadie a despertarme porque quería disfrutarlo hasta el final y me encargaría de demostrarle a Ada que había hecho bien viniendo conmigo esta noche. Volví a buscar sus labios con desesperación y la ataqué con mi lengua mientras una de mis manos se situaba en su nuca, tomando un poco de su pelo para pegarla más a mis labios. Tenía que haber sido muy bueno en otra vida como para que ahora el karma me estuviera dando la oportunidad de estar con una mujer como la rubia, sabía que nada volvería a ser igual después de esta noche y la verdad es que no me importaba. Ni siquiera quería pensar en el mañana porque solo me importaba disfrutar de ese momento, de tenerla entre mis brazos y de que estuviera tan decidida como yo a que la pasión saliera de nuestros cuerpos y se fundieran en uno solo, dejar que el deseo nos dominara.

Tomé un poco de impulso antes de levantarme del sillón con ella en brazos, mientras rodeaba su cintura con mi brazos para que no se cayera, y empecé a caminar hasta mi habitación con paso seguro aunque sin ser capaz de despegar mis labios de los suyos, no quería romper la conexión entre nuestros labios y perder el sabor tan exótico que encontraba en ellos cada vez que nos besabamos. La dejé con cuidado sobre la cama sin separarme de su cuerpo y la observé directamente a los ojos, dejando que sus dedos recorrieran mi rostro mientras mis manos recorrían la piel descubierta de sus piernas, mordiendo mi labio inferior cuando llegaba hasta el borde del vestido, el cual estaba deseando apartar de su cuerpo para poder disfrutar de toda su anatomía. Rocé mi nariz con la suya suavemente antes de volver a besar sus labios cortamente para mirarla cuando comenzó a hablar. Preciosa, llevo preguntándome eso sobre ti desde que apareciste en mi vida Adaimé Reynolds. ¿Qué has hecho conmigo? Sería capaz de acabar con el mundo entero si tu quieres. Susurré desviando mis ojos hasta sus manos que estaban quitando los primeros botones de mi camisa, nunca una imagen me había gustado tanto como esa. Entonces me encargaré de que tengas la mejor noche de tu vida, de que ambos la tengamos y no puedas olvidarte de mí como yo no lo haré de ti. Dije casi como una promesa porque si de algo estaba seguro era de que no pensaba dejar escapar a esta chica después de lo que pasara esta noche. Muchas veces me había dicho a mi mismo que Ada no era una chica más, que ella era especial, y eso no iba a cambiar por el simple hecho de que esta noche llegaramos al final. La seguiría buscando, la seguiría invitando a comer e intentaría seguir metiendome en su vida hasta que ella no quisiera saber nada más de mí.

La ayudé a quitarme la camisa y disfruté de cada una de las caricias que iba dejando por mi espalda y por mi pecho mientras mi rostro estaba enterrado en su cuello y dejaba varios besos y lamidas como las que le había dedicado en el salón. Mi pantalón ya me comenzaba a molestar por mi erección, pero no quería darme prisa, quería disfrutar de cada segundo de esta mujer que se había cruzado en mi camino. Me levanté y tomé su mano para que se levantara antes de darle la vuelta. Continué besando su cuello mientras una de mis manos deslizaba lentamente la cremallera de su vestido, dejando unos cuantos segundos para que me parara si no quería que esto pasara. Pero no me lo impidió, estaba tan entregada a esto como yo. Deslicé lentamente el vestido por su cuerpo hasta que cayó al suelo y le di la vuelta, alejándome unos pasos para poder observarla de arriba a abajo con su ropa interior. Eres una dios Ada, una maldita diosa por la que pecaría cada día de mi vida. No he visto una mujer como tú en mi vida, porque mujeres como tu solo aparecen una vez en la vida. Susurré fascinado por su cuerpo antes de acercarme y tomarla de la cintura para besar sus labios con urgencia y ansia. Verla de esa manera ante mis ojos había hecho que perdiera toda la parte razonable de mi mente. Volví a tumbarla lentamente sobre la cama mientras yo me colocaba sobre ella, intentando no aplastarla, mientras mi lengua recorría el interior de su boca y se acariciaba con su lengua.

Deslicé mis labios y mis besos por su mandíbula y por su cuello, comenzando a descender por su cuerpo, deteniendome un poco en sus pechos mientras mis pulgares se encargaban de acariciar su pezones ya erectos por encima de la tela del bra. Me encantaba la forma en la que su cuerpo reaccionaba a cada detalle que tenía con ella. Mi boca continuó descendiendo por su vientre plano, donde me entretuve dejando varios besos y alguna mordida que no le hiciera demasiado daño mientras mis manos acariciaban sus piernas hasta llegar a sus bragas y comenzar a bajarlas lentamente. Acabé completamente arrodillado delante de ella, mirándola a los ojos llenos de deseo, seguramente igual que los míos y me acerqué de nuevo a su cuerpo. Hablaba enserio cuando dije que me iba a encargar de que fuera la mejor noche de su vida y no pudiera olvidarse de mí ni de las cosas que le había hecho sentir. Comencé a besar su sexo, dejando pequeños besos antes de pasar mi lengua y sonreí cuando la habitación se llenó de sus gemidos. Llevaba deseando esta imagen desde que me encontré con sus ojos la primera vez. Entrelacé mis dedos con los suyos antes de comenzar a penetrarla con mi lengua, haciendo pequeños movimientos circulares mientras me excitaba cada vez más con cada sonido que salía de sus labios. Se había convertido en mi melodía favorita y haría todo lo posible para que no se detuviera. Eres deliciosa Adaimé, deliciosa... Murmuré antes de continuar proporcionandole placer con solo mi lengua.
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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por onedirection1 el Dom Ago 13, 2017 1:15 pm


ADAIMÉ REYNODLS;
Sonreí satisfecha por sus palabras, porque yo también lo esperaba así. Con su ayuda nos deshicimos de su camisa y mis manos no perdieron tiempo en acariciarle, mientras él se dedicaba a besar y lamer mi cuello, causando que mi piel se erizase ante sus insistentes caricias. Aunque no duramos mucho tiempo así, ya que me hizo ponerme de pie para que él pudiera acceder al zipper de mi vestido, el cual bajó con una lentitud que me parecía exasperante, hasta que éste, poco a poco fue resbalando y por consecuente, terminó en el piso, cerca de donde se encontraba su camisa. Los ojos de Nick repasaron mi cuerpo de arriba hacia abajo, sin perder detalle alguno, y en vez de sentirme cohibida ante su gran escudriño, me hizo sentir alagada, de que él me encontrase hermosa. Nuestros labios volvieron a encontrarse con las mismas ansias del principio, mientras el castaño me recostaba en su plenitud sobre la cama, nuestros cuerpos se amoldaron al instante e incluso podía sentir el calor que éste expulsaba, porque yo me sentía exactamente de la misma manera. Sus labios comenzaron con un reguero de besos, bajando por mi mandíbula y descendieron a mi cuello, aunque no se entretuvo mucho por ahí, de hecho, a penas y les prestó una mínima atención a mis pechos aun cubiertos por el sostén, Nick tenía muy en claro dónde era su objetivo y yo no tenía objeción alguna.

Mis bragas desaparecieron de la acción, dejando mi intimidad completamente expuesta para él. Desde mi posición, Nick se veía como un jodido Dios del sexo, arrodillado delante de mí, mirándome con ojos llenos de deseo y dejándome completamente a su merced.

Mis ojos se cerraron y un gemido salió de mis labios justo en el momento en que su boca se posó entre mis piernas.

Oh jodido Dios.

Si él esperaba que fuese consciente de lo que me había dicho, estaba muy equivocado, no podía si quiera concentrarme mientras su boca estaba en mi feminidad. Caliente y húmeda, él deslizó su lengua a través de mí, azotando todo lo que había a su paso y haciéndome temblar en el proceso. La tensión rápidamente creció en mi cuerpo y es que había pasado tanto tiempo, complacerme a mí misma no era nada como tener a un hombre que hiciese lo propio entre mis piernas, lamiendo arduamente y trayendo todas las calientes fantasías a la vida. Nick era, sin duda, una de mis más calientes verdaderas fantasías.

La lengua de Nick y sus labios bailaron sobre mi sexo, agregando sus dedos a la mezcla, los cuales se encargaron de acariciar y provocar aún más. Dios, se sentía tan bien. Dejé caer la cabeza hacia atrás y como nuestros dedos dejaron de estar entrelazados, mis manos fueron a parar a su cabello, enredándose entre esos cortos mechones castaños, mientras me tomaba lento, pero de una forma delirante― sí, así…― susurré, apretando el agarre en su cabello, mientras las sensaciones alcanzaban su punto máximo, sosteniéndome cerca del borde y a punto de dejarme caer― voy a correrme― mi voz salió más temblorosa de lo que pretendía, pero no podía evitarlo, y parecía ser, que mi advertencia solo ayudó a que él comenzara a hacer todo aún más intenso. Me estremecí gritando y brincando en su contra, el orgasmo fue fuerte, mientras ola tras ola se estrellaba contra mi cuerpo, dejándome caer rendida en el colchón. Estaba exhausta, totalmente sorprendida, y profundamente agradecida, no recordaba la última vez en que me había sentido tan viva.

El cuerpo del castaño se acercó al mío, con una hermosa y seductora sonrisa que prometía mucho acerca del resto de la noche. Mordí mi labio inferior y pasé mis dedos por su mentón, acercándolo a mí para darle un beso embriagador―. Sabes como yo― susurré sin vergüenza alguna, después de lo que había hecho por mí, tener vergüenza sería completamente estúpido.

Seguí con la mirada a Nick cuando se puso de pie y me permití admirarlo con mayor detenimiento, sin querer perderme un solo movimiento de su parte. Había estado tan ensimismada con su beso cuando, prácticamente, le había arrancado la camisa, que no le había prestado atención a su cuerpo. Tenía el pecho ancho, con sus pectorales absolutamente espectaculares. Sus abdominales eran planos y cincelados con ese proverbial paquete de seis que solo había visto en modelos y en la televisión, pero no creía que existieran. Me incliné hacia adelante y extendí mi mano, poniéndola sobre su estómago, sorprendida por la sensación de dura roca en su abdomen― y yo que creía que no existían realmente, y solo eran producto de las estrategias de marketing para promocionar productos que son meramente inútiles― bromee, relamiéndome los labios y ganándome una carcajada de su parte, mientras se desabrochaba los pantalones y los dejaba caer al suelo. Mis ojos bajaron rápidamente hacia el contorno de su erección presionada insistentemente contra sus bóxers―. Permíteme― me miró confundido durante unos instantes, pero en cuanto agarré el elástico de su bóxer, toda duda desapareció de su rostro. Bajo su atenta mirada quité aquella prenda, rodándola encima de sus caderas y liberando su pene. Él se encargó de salir de ellos cuando llegaron al piso, dándome rienda suelta para pasar mis manos por aquel fantástico cuerpo, después lo recorrí y agarré su apretado trasero. Vaya obra de arte estaba hecho. Lo que daría por acostarlo y pasar mis manos sobre él durante un par de horas, y, por último, degustarlo.

Rodee su miembro con las manos, necesitaba tocarlo, probarlo, antes de que me tomara. Me había hecho sentir tan bien hace unos instantes, que quería hacer lo mismo por él.

Acaricié su longitud, moviendo una mano debajo de su saco, apretando suavemente sus testículos, él me recompensó con un gruñido áspero. Y cuando me incliné hacia adelante y tomé la suave cresta de su pene entre mis labios, su rugido se hizo más pronunciado. Pronto sentí los dedos de Nick enredándose en mi cabello, empujando mi cabeza hacia su eje, que gustosamente tomé, pasando mi lengua alrededor de su caliente longitud. Su sabor era salado y fuerte.
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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por onedirection1 el Dom Ago 20, 2017 12:22 am


LIAM PAYNE;
El hecho de escuchar su edad fue como sentir otra puñalada, pero me limité a verla levantarse y comenzar a recoger sus cosas. su voz sonaba rota y parecía tener dificultades para hablar, tuve que aguantarme las ganas de fundirla entre mis brazos y acariciarle la espalda, mientras le decía que todo iba a estar bien. Pero no podía. Ya bastante me estaba arriesgando a que algún curioso anduviese por allí y me viera hablando con ella, aunque claro, eso no sería lo extraño, sino, verla a ella llorando, aunque si bien nos separaba una distancia prudente, me podrían mandar a llamar para descubrir por qué la “señorita Beckett” se encontraba llorando. ¿Qué le iba a decir? Como si decir que estaba llorando porque yo quería que me acusara de violación fuese comprensible y ella no quería, fuese comprensible. Lo peor de todo, era que ella creía que estaba minimizando lo que sucedió entre nosotros, pero era mucho más que eso. Si se llegara a saber… ¡Dios! Ni siquiera quería pensar en ello, porque la bronca que se me vendría encima me provocaba escalofríos.

― Gracias Ariadna, tú también te mereces ser feliz― susurré, antes de que me deseara un buen día y desapareciera de mi vista, con un aura muerta, como si fuese solo un cuerpo sin alma, sin vida. Yo había apagado su luz, pero era lo mejor.

Me quedé un par de minutos ahí, observando el lugar en donde Ari había estado sentada tan tranquilamente, hasta que yo había irrumpido su serenidad, para traer el caos. Con un suspiro, me fui de ahí, justo cuando todos los alumnos habían comenzado a salir de la cafetería, riendo y bromeando entre sí, otros simplemente caminaban apurados, intentando esquivar a los que iban delante de ellos―. ¡Liam! ¿Ya vas a tu salón de clases? ― me tomó un par de segundos captar que Elsa me estaba llamando a mí― umm si, disculpa, pero iba algo distraído― sus ojos azules me miraron intensamente, antes de soltar una melódica risita― no te preocupes― su mano se posó en mi brazo, dándome un ligero apretón. Elsa era una mujer hermosa y no me molestaba tener con su compañía, de hecho, durante las siguientes dos semanas, estuvimos conviviendo mucho, pero, aun así, no era suficiente. Si era sincero, la extrañaba, su risa, cundo sus mejillas se tornaban rojas cada vez que yo decía algo vergonzoso para ella, sus besos y cuando sus ojos me observaban como si fuese lo único que existiera para ella, porque, aunque me veía ahora, no lo hacía realmente, después de todo, tenía que hacerlo si o si, porque no podía reprobar, así que, probablemente me miraba más por obligación que por gusto, de hecho, el último examen rápido que había aplicado, tenía muy buena nota, a diferencia de lo que me había dicho de no ser muy buena en las matemáticas.

Como era costumbre, estábamos revisando la tarea del día anterior, así que, escribí un par de las ecuaciones en el pizarrón y tomé la lista, para empezar a elegir un apellido al azar, pasé a unos cuantos, hasta que―: Beckett Ariadna― levanté la vista y dirigí mi mirada hacia su lugar. Tuve que apretar mis labios en una fina línea para evitar que una mueca se pusiera en ellos, Ari se veía mal, su bonito tono de piel apiñonado había sido reemplazado por uno paliducho y sus labios que anteriormente habían sido rosas y brillosos por sí solos, se veían opacos, además de aquellas sombras grisáceas bajo sus ojos. Tuve que usar mi gran fuerza de voluntad para apartar la mirada de ella, aunque cuando terminó de resolver el ejercicio, me acerqué para analizarlo―. Muy bien… recuerden que ésta ecuación es el desarrollo del cuadrado de una suma. El valor x = -1 me anula los dos factores (x + 1), por eso decimos que ésta ecuación tiene una solución doble. ocurre lo mismo con el cuadrado de una diferencia― no era porque estuviese mal, simplemente quería resaltar la situación, porque, aunque no lo dijeran, había muchos que tenían dudas, pero no se atrevían a levantar la mano y preguntar por temor a que se burlasen de ellos―. Bien señorita Beckett puede vol…― mis palabras se cortaron al instante, en cuanto vi su cuerpo comenzar a desvanecerse― ¡Ariadna! ― grité, moviéndome lo más rápido que mi cuerpo me permitió, por suerte, atrapar parte de su cuerpo evitando que su cabeza chocara fuertemente contra el piso. Parte del salón emitió un grito de preocupación y otros tantos se acercaron. La dejé sobre el piso e intenté llamarle, pero no reaccionaba, hasta que poco a poco sus ojos se fueron abriendo, viéndose un tanto confundida y desorbitada, pero ella afirmaba estar bien, pero no me parecía. John le pasó una botella de agua, que bebió a pequeños sorbos―. Ariadna…― le reprendí, pero no le importó y con dificultad, se levantó del suelo para dirigirse al baño.

― No te sientes― detuve su paso hasta su banca, me miró confundida y yo suspiré― chicos, voy a finalizar la clase, acompañaré a la señorita Beckett a la enfermería― Ari estuvo a punto de protestar, pero le dirigí una mirada que no aceptaba réplicas ni negaciones, por lo que terminó quedándose en silencio― harán la página 23 para mañana, quiero los ejercicios resueltos para la siguiente clase y por favor, investiguen una aplicación real de las derivadas― los presentes asintieron y yo tomé a Ariadna del brazo, para dirigirnos hacia la salida del salón. Hoy era una clase de dos horas, y apenas habían pasado 45 minutos, pero no me importaba que salieran antes o que me reprendieran, el desmayo de Ari me había dejado preocupado y mientras la castaña había ido al baño, me dejó con el pendiente, no se fuese a desmayar nuevamente, por suerte, había regresado “sana y salva”.

Por desgracia, al llegar a la enfermería, ésta estaba vacía. Una mueca se posó en mis labios, mientras caminaba de un lado a otro, mirando mi reloj constantemente― no puedo creer que no haya nadie― pasé una mano por mi rostro, estaba frustrado y muy molesto― ¿qué clase de servicio es este? ― Ariadna estaba sentada en un rincón, manteniéndose en completo silencio y con la mirada perdida. Me estaba comenzando a desesperar― si hay una emergencia, ¿quién mierda atiende? Tendré que quejarme con la dirección de esto, es inconcebible que no haya alguien al pendiente de algo tan importante como la enfermería― bufé molesto y me dejé caer en una de las sillas con abatimiento. Cerré mis ojos y masajeé mis sienes, intentando tranquilizarme. Quizá no estaría así si se tratara de un alumno cualquiera, el problema era que se trataba de Ariadna. Mis ojos se abrieron de golpe― ¿Estás bien? ― la preocupación tiñó por completo mi voz, ella me aseguró que sí, pero yo no se la compraba en lo absoluto. Me puse de pie y me acerqué hacia su lugar― pareces cansada, muy cansada, de hecho― sus labios se movieron hasta formar una mueca, dedicada obviamente a mí― escucha, tienes que dejar de ser tan testaruda, ¿no te das cuenta? Estoy preocupado, no es normal que te desmayes de la nada, ¿qué es lo que sucede contigo? No lo había mencionado, pero Elsa― alcancé a percibir algo en sus ojos en cuanto mencioné a la profesora rubia, por lo que al instante carraspee incómodo― la señorita Holsk, quiero decir, me ha comentado que te ve muy distraída en clase― iba a estirar mi mano para acariciar su mejilla, pero me detuve al instante, sería un movimiento muy equivocado― por favor, cuéntame qué está pasando contigo― y si lo iba a hacer o no, no importaba, porque la puerta se abrió en ese instante, provocando que yo saltara hacia atrás, como si nos hubiesen cachado in fraganti, siendo que ni siquiera estaba tan cerca de Ariadna.

― ¡Oh! Profesor Payne, no sabía que estaba aquí, ¿sucedió algo? ― me dirigió una mirada antes de dirigirse hacia un pequeño escritorio― la señorita Beckett se desmayó en clase― la doctora se acercó de inmediato a Ari con el aparato ese de escuchar al corazón, me recargué a la pared con los brazos cruzados, escuchando con atención cada una de las indicaciones que le daba la doctora a Ariadna, hasta que terminó y se giró hacia mí― aparentemente, solo fue una descompensación, aunque claro… necesita un par de estudios para eliminar algo más grave como anemia o algo parecido― mi ceño se frunció, la doctora se puso a buscar una pastilla y junto con un vaso de agua se lo tendió a Ari― ¿ya has desayunado hoy? ―la castaña negó, rehuyendo mi mirada― ¿y qué tal ayer? ¿Has comido lo suficiente? ― sus mejillas se sonrojaron, y la respuesta a esa pregunta estaba más que clara para mí, aunque no hubiese pronunciado palabra alguna. La furia recorrió mi cuerpo, ¿qué rayos pasaba por su cabeza? Salí de la enfermería echando humo por todos lados, y a paso decidido, caminé hasta la cafetería, pedí un sándwich, un jugo de naranja y una manzana, la comida de la cafetería no era la mejor, pero al menos era algo y de eso a nada, pues…

Una vez que pagué, me llevé las cosas de vuelta a la enfermería, donde Ariadna estaba recostada en una camilla― come― y ella sabía que era una orden, más le valía no desobedecer, porque la haría comer de cualquier forma, aun si tuviese que darle en la boca.
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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por Arijp96 el Dom Ago 20, 2017 8:07 am


Ari Beckett
Iba a hacer mi camino hasta mi asiento cuando la voz de Liam me ordenó que no me sentara y no pude evitar mirarlo confundida, estaba bien y podía continuar con su clase perfectamente. Además que ya había tomado una chocolatina que me ayudaría a aguantar hasta el almuerzo con las chicas. Estuve a punto de negarme a ir a la enfermería cuando me di cuenta de la mirada que me dedicó y supe que era mejor quedarme en silencio o si no todo sería peor para mí. Pero estaba exagerando, solo había sido un desmayo. Todos los días se desmaya alguien en el mundo y hoy me había tocado a mí. No era la mejor situación del mundo pero sentí como mi cuerpo entero tembló cuando sentí su mano tomar mi brazo para sacarme de allí. Era el único contacto que había tenido con él después de que me abrazara aquel día en el jardín. Podía sentir el calor de la palma de su mano y de repente era como si volviera a estar en casa, como si nada malo me pudiera pasar si estaba cerca de él. Aunque la sensación no duro mucho porque me soltó en cuanto llegamos a la enfermería y fui a ocupar asiento en una de las sillas y suspiré mientras me quedaba mirando a un punto fijo. No soportaba esto. Realmente se había tomado enserio lo de tratarnos como desconocidos. No soportaba el hecho de estar en la misma habitación juntos y que todo fuera tan frío y distante, como si no hubieramos pasado horas juntos, conociendonos y deseando que el tiempo se parara en ese mismo estante. O quizás solo había sido mi imaginación. Pude verlo moverse de un lado a otro mientras yo era incapaz de mover ni un solo músculo de mi cuerpo hasta que escuché que su voz, por primera vez, se dirigía a mí para saber como estaba. Estoy bien, solo ha sido un desmayo porque no he dormido bien. Pero estoy a la perfección. Contesté intentando ignorar la preocupación en su voz porque sabía que eso no me ayudaría en nada a poder superar esto.

Mi cuerpo se tensó en cuanto lo vi acercarse a mí porque me sentía incapaz de tenerlo tan cerca de mí, sabiendo lo mal que estaba todo entre nosotros, y poder controlar mis lágrimas en este momento. Mis labios hicieron una pequeña mueca cuando dijo que parecía muy cansada y comenzó a regañarme diciendo que era una testaruda y que estaba preocupado. Pero todo eso quedó a un lado cuando llamó a la profesora Holsk por su nombre, pude sentir como una puñalada de dolor se clavaba en lo más profundo de mi ser y estaba segura de que él también lo había notado porque rápidamente rectifico. Pero ya no había vuelta atrás. Cerré los ojos respirando hondo porque el nudo en mi pecho se había hecho más fuerte, hasta hacerme sentir como si me estuviera asfixiando. Por primera vez en mi vida agradecí que nos hubieran interrumpido porque...¿qué le iba a decir?¿Qué estaba así porque me estaba muriendo al no poder estar con él?¿Que sentía como mi corazón se rompía en mil pedazos al ver en lo que se había convertido todo? No podía decirle nada de eso, se suponía que nuestra despedida había sido en el jardín y yo misma le había prometido que me volvería invisible para él, tanto que se olvidaría de mí.

Dejé que la enfermera me examinara de todas las maneras y posturas necesarias e hice todo lo que me pidió hasta que comenzó a explicar lo que me pasaba mientras cogía un vaso de agua y una pastilla para mí. Agaché la cabeza cuando me preguntó por mi desayuno de hoy y negué lentamente con la cabeza para después preguntarme por el desayuno de ayer. Esta vez no fui capaz ni de responder simplemente me encogí de hombros sintiendo como mis mejillas mostraban mi vergüenza. Cerré los ojos al ver a Liam salir de la enfermería antes de levantar mi rostro para mirar a la mujer que estaba delante de mí. Pequeña, debes comer. A tu edad es muy importante mantener un equilibrio en todas las comidas o no dejar ninguna por nada del mundo. Estoy segura de que si comieras un poco más, tu aspecto mejoraría, porque estoy segura que bajo esas sombras oscuras en los ojos, esos labios apagados y ese cuerpo débil hay una chica muy bonita. Además que una buena comida ayudara a esos ojitos tan apagados que tienes. Comentó al enfermera con dulzura y antes de que me diera cuenta de lo que estaba haciendo, la abracé apoyando mi cabeza en su hombro y respirando hondo para no echarme a llorar allí mismo porque no quería tener que dar explicaciones de nada. Pero ella mejor que nadie había visto lo vacía que me sentía con solo dedicarme una mirada.

Me dejó tumbarme en la camilla hasta que la pastilla me hiciera efecto mientras ella arreglaba unos papeles por lo que me relajé allí, cerrando los ojos, hasta que la puerta se abrió y pude ver a Liam volver con algo de comida. No podía creer que de verdad me fuera a obligar a comer. No era capaz de comer nada en este momento y estaba a punto de rechazarlo cuando me di cuenta del tono que había utilizado conmigo. De que aquello no era una invitación, si no una orden. Sin decir ni una palabra, me senté en la camilla y comencé a comer lo que me había traído. Tenía que admitir que estaba todo delicioso y que mi estomago lo estaba agradeciendo pero costaba toda una vida poder tragar cada pedazo que entraba en mi boca, el nudo en mi garganta no ayudaba a nada de esto. Mantuve mi vista fija en el suelo mientras notaba la del castaño sobre mí hasta que terminé de comer y volvió la enfermera, diciendome que ya me podía ir y que debía comer. Asentí lentamente antes de bajarme de la camilla y salir de la enfermería sin esperar demasiado por Liam. Aunque la verdad es que no tardó en alcanzarme y pude escuchar cada uno de sus regaños y lo furioso que estaba conmigo mientras ibamos hasta su salón. La clase ya había terminado pero yo tenía que recoger mis cosas que todavía estaban allí. Me mantuve en silencio, dejando que mi cabeza se llenara de cada una de sus palabras de reproche por no haber comido, ya que ¿que sentido tenía decirle que me costaba hasta respirar porque me dolía como había acabado todo? Ninguno, así que era mejor no decirle. Colgué mi mochila sobre mi hombro y alcé mi vista cuando se quedó en silencio, seguramente esperando una respuesta por mi parte. Gracias por la ayuda señor Payne. Fue lo único que dije antes de salir del salón. Quizás lo mejor era eso, que me odiara, que me viera como una niña infantil e irresponsable. Quizás era lo mejor para él. Que me odiara y decidiera rehacer su vida con alguien mucho mejor que yo.

El resto del día lo pasé en las diferentes clases excepto cuando tuve que ir al almuerzo en la cafetería, donde las chicas me recibieron preocupadas por lo que me había pasado y me obligaron a comer hasta el último gramo de comida que había en el plato. Después de eso consiguieron convencerme para ir al partido del equipo que había esa tarde en las canchas y acepté encogiendome de cosas. Quizás me vendría bien pasar un poco de tiempo con ellas. Cuando terminaron las clases, dejé mis cosas en mi casillero excepto por las llaves de mi casa y el teléfono con los auriculares, los cuales me coloqué y empecé a caminar a las canchas. El ambiente era increíble, todo el mundo parecía estar animado y gritando al equipo que ya se encontraba calentando para el partido. No vi a ninguna de las chicas todavía, por lo que me abrí paso para subir hasta la grada que estaba arriba del todo, para que nadie me pudiera molestar mientras escuchaba música. Regálame la risa que se esconde detrás de esa mirada. Regálame en un beso la poesía que he guardado en mi alma. Busquemos un camino imaginario. Que el tiempo se detenga en un abrazo.Que el viento sea el que hable sintiendo tu respiración Susurré las palabras que cantaban mis auriculares mientras me dedicaba a mirar las fotos que tenía de Liam y de mí en el teléfono. Si le hubiera dicho la verdad nada de esto estaría pasando porque no me hubiera dado tiempo a enamorarme, me hubiera rechazado al completo desde el primer momento.
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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por Arijp96 el Dom Ago 20, 2017 9:17 am


Nick Jonas
No había mejor sonido en el planeta que poder disfrutar de los gemidos de Adaimé y saber que yo era el responsable de ellos, por lo que decidí aumentar su placer añadiendo mis dedos a las caricias que le estaba dando mi lengua. Estaba completamente hipnotizado por el sabor de su sexo y cuanto más la besaba, más quería seguir haciendolo y saboreandola. Estaba seguro de que podría vivir el resto de mi vida solo disfrutando de sus sabor y de mantener mis labios sobre su feminidad, atrapando su clitoris lentamente con mis dientes y tirando un poco de él antes de pasar mi lengua mientras mis dedos bombeaban en su interior. No quería desperdiciar ni un rincón de ella mientras tuviera la oportunidad. Su advertencia sobre que iba a correrse solo provocó que tanto mi lengua, mis labios y mis dedos comenzaran a moverse con mayor rapidez, demandando cada gota que su cuerpo estuviera dispuesto a darme hasta que se entregó al orgasmo y paseé mi lengua por toda su feminidad, lamiendo hasta el último rastro que el orgasmo había dejado en su cuerpo mientras mis oídos se habían llenado de su grito de placer. La miré completamente exhausta en mi cama mientras me acercaba a ella con una sonrisa en mi rostro. Después de haberla hecho alcanzar el climax solo con mi boca y mis dedos, mi principal objetivo era hacerle repetir esa sensación durante todo lo que durara nuestra noche juntos. Acaricié la piel de su abdomen lentamente mientras besaba sus labios, dejando que nuestras lenguas se volvieran a encontrar y reí por su comentario sobre tener su sabor. Ada, espero que no tengas pensado dormir esta noche, porque no está en mis planes... Susurré contra sus labios antes de separarme y levantarme de la cama para poder quitar lo que quedaba mi ropa y que pudieramos seguir con la noche que más estaba disfrutando en toda mi vida.

Me quedé mirándola cuando colocó sus manos sobre mis abdominales y dejé que una carcajada se escapara de mis labios cuando hizo aquel comentario de que pensaba que eran falsos mientras yo me dedicaba a desabrochar mis pantalones para dejarlos caer. Me voy a sentir ofendido y todo. Tanto tiempo trabajando mi cuerpo y tu ni caso me hacías pensando que era todo una estrategia de marketing. Dije antes de que la confusión cruzara mi rostro cuando me pidió permiso para algo pero todo se aclaró en cuanto sus manos se posaron en mi boxer y tiró un poco del elástico, provocando una sonrisa en mi rostro mientras dejaba que quitara la última prenda de mi cuerpo. Salí del interior de la prenda en cuanto tocaron el suelo y no aparte mi vista de Adaimé mientras sus manos se dedicaban a recorrer mi cuerpo lentamente, volviéndose todo una tortura y cerré los ojos. Estaba seguro de que su piel me estaba quemando y estaba dejando una marca en cada espacio que tocaba pero la verdad es que me daba igual, todo lo contrario, estaba encantado con la sensación. Un gruñido se escapó de mis labios cuando sus manos rodearon mi miembro erecto y comenzó a dejar pequeñas caricias en él. Estaba seguro de que iba a perder la cabeza y le vendería mi alma al diablo solo por poder disfrutar de sus manos a mi alrededor durante el resto de mi vida. Algo parecido a un rugido se escapó de los más profundo de mi garganta cuando sus labios estuvieron cerca y llevé mis manos hasta su pelo para poder acercarla más a mí, necesitaba que su adorable boca y esos deliciosos labios estuvieran rodeando mi pene. Ahora mismo solo necesitaba eso.

Los primeros gemidos se escaparon de mis labios cuando sentí su lengua pasearse por toda mi longitud y dejé caer la cabeza hacia atrás, apretando la mandíbula mientras tiraba un poco de su pelo rubio sin causarle demasiado daño. Su boca era el completo paraíso. Estaba seguro que si el cielo de verdad existía, a mi me recibirían así: con una buena mamada de Adaimé Reynolds. Nunca me la hubiera imaginado tan entregada, tan apasionada y tan dominante hasta el punto de conseguir que no pudiera controlar mis movimientos, que solo pudiera gemir y que mis manos se aferraran a ella. Dios sí, así preciosa... Murmuré sintiendo como mi voz salía más ronca que ninguna otra vez en mi vida. No pude aguantar mucho ese ritmo antes de comenzar a mover mis caderas suavemente mientras me introducía un poco más en el interior de su boca y jadeé por lo caliente que esta estaba. No te imaginas como estaba deseando hacer esto desde el primer minuto que te conocí Ada. Sabía que tocaría el éxtasis, pero esto es más de lo que me imaginaba. Comenté porque era verdad y porque sabía que no había nada mejor para una mujer, en una situación como esta, que saber que un hombre se estaba derritiendo por ella. Y eso era justo lo que me estaba pasando en este momento. Me estaba derritiendo por Ada y por los movimientos que su boca y su lengua me estaban regalando. En este momento podía admitir que estaba siendo la mejor mamada de mi vida y que ninguna mujer estaba por delante de la rubia. Era una diosa única.

Ya...casi... Jadeé sintiendo como la presión aumentaba en la parte más baja de mi vientre y quería que ella fuera consciente por si no quería tomarme del todo en su boca. Pero estaba completamente equivocado. Avisarla solo hizo que sus movimientos se hicieran más rápidos y apasionados hasta que una corriente de electricidad recorrió mi espalda de arriba a abajo y sentí como me vaciaba en el interior de su boca mientras un grito con su nombre salía de mis labios, dejandole saber al mundo entero que ella era la responsable del mejor orgasmo de mi maldita vida. Incluso podía sentir como mis piernas estaban temblando por las réplicas del orgasmo que había recorrido todo mi cuerpo. La ayudé a levantarse y la acerqué a mí para poder besar sus labios con pasión, recorriendo el interior de su boca con mi lengua. Mordí su labio inferior cuando me separé por la falta de aire y la miré coqueta. Sabes incluso mejor que antes y no creía que eso fuera posible. Susurré escondiendo mi rostro en su cuello mientras mis manos se desplazaban hasta su espalda para quitar su sostén y dejarlo caer al suelo con el resto de la ropa. Espero que no estés demasiado cansada, todavía queda lo mejor de la noche. Murmuré contra la piel de su cuello, besando y mordiendo la zona mientras mis manos se movían hasta sus pechos y comenzaba acariciarlos. Me separé solo unos centímetros para poder sentarme en la cama y tiré de su mano, acercándola a a mí para que se sentara sobre mi regazo con cada pierna a un lado de mis caderas. La miré a los ojos antes de meterme uno de sus pechos en la boca y comenzar a acariciar el otro. Me dediqué a besar, lamer e incluso morder levemente su pezón para después cambiar de pecho y hacer lo mismo, sintiendo como mi miembro se volvía a endurecerse solo con el sonido de sus gemidos.

Tomé mi miembro con una de mis manos y comencé a frotarlo por su feminidad, sintiendo lo excitada que estaba. Joder Ada, estás tan lista para mí. susurré con un gruñido antes de besarla con urgencia en los labios. Sabía que podía regalarle otro orgasmo solo con los besos sobre sus pechos, pero tenía que ser sincero y confesar que la necesitaba, necesitaba esta al completo en su interior. Rodeé su cintura con uno de mis brazos y la alcé un poco antes de colocarme mejor y dejar que mi miembro estuviera en su entrada. Volvía a dejarla caer lentamente mientras me iba abriendo paso en su interior y sus paredes calientes y mojadas iban rodeando cada centimetro de mi que se iba adentrando. Dejé escapar un gemido de satisfacción cuando estuve del todo dentro y agradecía esta postura que me permitía introducirme mucho más. ¿Todo bien? Pregunté acariciando su mejilla con el pulgar mientras dejaba que se acostumbrara a mi longitud y grosor. Esperé unos minutos antes de colocar mis manos en sus caderas y volver a alzarla para embestirla de una vez, provocando un gemido de los dos. Quería alargar esto todo lo que fuera posible, aunque no estaba del todo seguro que pudiera controlarme porque cada embestida era mejor que la anterior.
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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por onedirection1 el Lun Ago 28, 2017 9:08 pm


ADAIMÉ REYNODLS;
Mi corazón iba a dar un vuelco mientras era llenada por el miembro de Nick. Me había quedado completamente sin aliento por su entrada. Era todo lo que había esperado y deseado. Encajaba perfectamente y sabía exactamente qué hacer para darme el tipo de placer que anhelaba.

― Si― susurré a su pregunta, apenas con el aliento contenido, mientras rodaba sus caderas más hacia él, meciéndome sobre su miembro. Sus manos le agregaron calor y placer sensual al momento, mientras se deslizaba sobre mi cuerpo, acariciando mis costados, mis pechos, haciendo un túnel en mi cabello para atraparlo y mantener el equilibrio mientras me besaba, con su boca y lengua, llevándome en un frenesí de pasión y necesidad que me hacía quedar sin sentido. Por mi parte, tampoco me quedé atrás, pasando mis manos por su espalda, memorizando con mi tacto sus músculos a medida que avanzaba, el acero trabajando dentro de los límites de su carne, el calor y el sudor de su piel como una potencia contra mí.

No podía recordar haber hecho el amor con un hombre así de… íntimamente antes de sentir esa conexión. No pude evitar que una idea oscura pasara por mi cabeza, era obvio que estaba fuera de práctica. Esto era solo sexo y había pasado un tiempo, por lo que, para mí, esto era monumental. Para él, probablemente era solo una buena follada. Pero la forma en que me abrazaba, acariciaba y besaba, la forma en que me levantaba y luego empujaba, lenta y duramente, tomándose su tiempo, al parecer sin prisa por correr hacia la meta, hacía que mi corazón diera unas cuantas piruetas, aun cuando mi cuerpo chisporroteaba con el tipo de placer que una mujer sabía que no venía muy a menudo. Me dejaría seducir por la magia de ese momento. Me dejaría sentir cada sismo y temblor que experimentara mi cuerpo, volviendo a despertar al placer de hacer el amor.

La tensión me llenaba completamente, enrollé mejor mis piernas alrededor de la cintura del castaño, mientras él lamía mis pezones, avanzando en mi interior. La sensación se disparaba directamente a mi centro, llevándome cada vez más cerca del orgasmo―. Más fuerte― pedí y él obedeció, agarrando y doblando la rodilla de mi pierna, con su mirada centrada en mí, como si fuese lo único que existiera para él, mientras empujaba más profundo. Dejándome completamente sin aliento― eso hará que me corra, Nick― susurré con voz ronca, y parecía encantado de escuchar mi confesión, ya que su mano se escabulló entre nosotros, sosteniendo mis caderas para poder frotar mi clítoris mientras me tomaba, sosteniendo nuestras miradas.

Un grito salió de mis labios y me apreté más fuerte contra él― ¡Oh Nick… Dios! ― sentí mi cuerpo vibrar, como si no tuviese control sobre él, simplemente respondía a cada caricia que el castaño me brindaba, como si hubiese sido creado para ello. Sus ojos me observaron con un brillo profundo y oscuro, sus embestidas aumentaron y yo hice lo propio, moviéndome hacia adelante y hacia atrás para encontrarlo, apretando mis paredes internas cuando estaba en mi interior. Lo que me ponía aún más en el límite, eran sus gruñidos, como si estuviese conteniéndose de llegar al orgasmo antes que yo, pero a este paso… no necesitaría mucho más.

Solo hicieron falta unas cuantas embestidas de su parte para que las sensaciones poco familiares para mí comenzaran a hacer acto de presencia, me tensé y mi corazón se desbocó. Nick lo supo también porque mis paredes se volvieron más estrechas a su alrededor. Mi mirada se centró en él mientras me dejaba ir, mientras el clímax me golpeaba con la intensidad del placer físico con el contacto emocional de él observándome de la forma en que su rostro se contraía mientras se venía conmigo, haciendo que mi espiral se saliera de control con un derroche de emociones y sensaciones. Y entonces me besó, y al instante me agarré con fuerza a él, mientras seguía corriéndome, extendiéndome sobre el borde de nuevo mientras él seguía avanzando en mi interior, negándose a dejarse ir. Pero fue inevitable y terminó llenándome también.

El cuerpo del castaño se tiró hacia atrás, llevándome entre sus brazos. Salió de mi interior, pero no nos separamos, nuestras piernas estaban entrelazadas entre sí. Nick me hacía sentir tan pequeña envuelta en su abrazo. Pequeña y apreciada, mientras besaba el dorso de mi cuello, abrazándome con fuerza y tocándome el pecho de una forma perezosa que me hacía sentir calor y sonreír al mismo tiempo― supongo que no dormiré mucho esta noche, ¿verdad? ― pregunté con diversión, levantando mi rostro y estirándome un poco para poder dejar un beso en su barbilla, subir un poco más y posar mis labios sobre los suyos.
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Re: And when I think about the way you touch my body

Mensaje por onedirection1 el Miér Ago 30, 2017 10:34 pm


LIAM PAYNE;
Me sentía bastante satisfecho de ver que Ariadna estaba comiendo y probablemente sonreiría, sino fuera porque la única razón por la que ella estaba ingiriendo alimento era porque se sentía intimidada por mi mirada y mi autoridad, obviamente que, si sonreía, toda mi autoridad se iría por la borda y no iba a poner en riesgo su salud a mi costa, porque a pesar de todo, ella me importaba y probablemente nunca dejaría de hacerlo. De hecho, decirle que debíamos olvidar lo que sucedió entre nosotros, había sido una de las cosas más difíciles que había tenido que hacer en mi vida. Pero era lo correcto y a veces lo correcto no siempre se siente como lo mejor. No dejé de mirarla hasta que se terminó todo lo que había en la bandeja, y estuve a punto de reprenderla, pero me mantuve callado porque entró nuevamente la enfermera para avisar que ya podía irse, y como no, que comiera bien. Salimos de la enfermería, la castaña lo hizo primero, sin siquiera dirigirme la mirada, pero aquello no evitó que me quedara callado―. Escuchaste a la enfermera Ariadna, no puedes simplemente ignorar la hora de la comida, privas a tu cuerpo de los nutrientes necesarios, así estés agotada o lo que sea, ha sido inconsciente e irresponsable de tu parte― negué con la cabeza, no solo me sentía molesto por su dejadez, sino decepcionado. Ella acababa con si misma al no alimentarse. No fue hasta que guardé silencio captar su atención, Ariadna se giró y sus profundos, pero apagados, ojos miel me miraron. Ella se veía derrotada, incluso después de haber comido lo que le había comprado.

― De nada― susurré, a pesar de que sabía que ella ya no estaba para escucharme. Con un suspiro cansino me dirigí hacia mi salón de clases, me había perdido gran parte de ella por estar con Ariadna, así que, tuve que disculparme con los alumnos y dejarse salir con anticipación, perdonándoles la tarea que había encargado la clase anterior y haciéndoles hincapié de que la revisaría para la siguiente.

El resto del día no hubo inconveniente alguno, aunque, la psicóloga del grupo de Ariadna se acercó a mí, preguntándome qué había pasado con ella, ya que la enfermera le había reportado el incidente. No estaba muy seguro de cómo tomaría la castaña que la psicóloga quisiera hablar con ella, y, además, ¿qué le diría? Ni siquiera quería pensarlo. Miré la hora e hice una mueca, apenas me daría tiempo de ir a mi departamento y cambiarme por algo más deportivo, ya que hoy era el primer juego del equipo y tenían como un tipo de tradición o algo por el estilo, después del primer juego, no era necesario que todo el mundo asistiera a los posteriores. Por lo que salí de la escuela y me dirigí a mi auto, emprendiendo camino hacia mi departamento.

No me esperaba que el lugar se llenara, tenía una cancha bastante amplia y por lo que sabía, el equipo nuestro era el campeón de la temporada pasada―. ¡Liam! ― la vos de Elsa me hizo girar hacia mi izquierda, ella estaba bastante atractiva con la camisa del equipo, aunque ésta le quedaba bien ajustada, al igual que sus jeans, acentuando sus curvas a la perfección―. Tienes que venir al área de profesores, ya tenemos un lugar designado― se acercó y tomó mi brazo con mucha confianza, tirándome hacia la dirección contraria a la que iba antes. yo llevaba un look similar al de ella, solo que como no tenía la camisa del equipo, llevaba una de los colores de la escuela, unos jeans y obviamente, en vez de zapatillas con tacón de infarto, llevaba unos cómodos tenis. No me pasó desapercibida la atención que le prestaban a Elsa, aunque ella no parecía ni inmutarse y simplemente siguió caminando a mi lado con una sonrisa posada en su rostro, mientras me contaba un poco de la rivalidad que había entre ambos equipos y que, a pesar de ser solo un partido de liga y el primero, cada vez que se enfrentaban, la cosa se ponía bastante intensa. De hecho, aunque los equipos solo estaban calentando, el ambiente en las gradas era bastante animado, cada porra apoyando a su equipo entre gritos.

Tomé asiento junto a la rubia, la mayoría de los lugares para los profesores ya estaba al máximo, así como el personal administrativo, incluso la señora Johnson con sus eternos años, me sorprendía que pudiese soportar el ruido y los gritos, o tal vez desactivara sus aparatos para evitar el intenso ruido al rededor―. Si te soy sincera, yo no sabía en lo absoluto nada sobre el deporte, sin embargo, una vez que me dijeron que había que venir cada primer partido por temporada, tuve que prestar muchísima atención a cada movimiento, porque no entendía ningún movimiento o cuando era falta― soltó una melódica risa y sus ojos me miraron de una forma chispeante, que no me pasó desapercibida― y como puedes ver, esta es mi tercera temporada― porque había una cada seis meses― procuro venir cada vez que somos locales, aunque a veces tengo mucho trabajo y no puedo― hizo una pequeña mueca, que desapareció cuando los jugadores comenzaron a entrar a los vestidores, dio unos aplausos y su una sonrisa se posó en su rostro― ya está a punto de empezar― asentí, devolviéndole la sonrisa, me era imposible no contagiarme de su entusiasmo, se notaba verdaderamente emocionada y si era como ella decía, seguro el espectáculo que iba a suceder a continuación iba a ser en grande.

― ¡Si! ― gritamos cuando nuestro equipo hizo el primer touchdown, chocamos palmas entre profesores y es que nos tenían con el alma de fuera. Era el final del 3er cuarto y recién habían anotado un touch―. ¡Punto extra! ¡Punto extra! ― se escuchó a coro por parte de la afición. En vez de la patada, se jugaron la conversión y en vez de tener un punto, se obtuvieron dos. Obviamente aquello puso aún más loca a la afición, incluida las gradas en donde nos encontrábamos los profesores.



Cuando el juego terminó, 14-7, nosotros a favor, todos bajamos al área del campo para felicitar a los jugadores. Elsa se sostenía de mi brazo para no caer ante la multitud de personas que se arrejuntaban entre sí para llegar a los jugadores. Además, me preguntaba cómo rayos las agujas de los tacones no quedaban estancadas en el campo por el pasto. Podía apostar que ella se sentía como en un piso cualquiera, dominando a la perfección ese pequeñísimo detalle. La mayoría de los jugadores se sentían alagados al recibir la felicitación de “la profesora Hosk”, y no tratan de ocultarlo, de hecho, apenas y prestaban atención a las demás personas― ¿consigues que te presten atención cuando les estás explicando algo? ― le pregunté con diversión y ella rió― sí, tengo mis métodos y por el momento han funcionado, a pesar de llevarme muy bien con ellos, soy muy estricta en cuanto a mi materia, aunque claro, hay momentos en los que nos la llevamos ligero, pero cuando requiero verdadera atención, se los hago saber de inmediato― se encogió de hombros y luego fue a saludar a otro de los jugadores. Metí las manos a mis bolsillos del pantalón, vagando la mirada por el alrededor, hasta que mi vista se posó en cierto grupo de chicas, que empujaban sutilmente a cierta castaña, para acercarla a uno de los jugadores. Mi ceño se frunció, el chico no lo identificaba muy bien, probablemente no tomaba mi clase, pero le sonreía de forma muy confianzuda a Ariadna y sentí como mi sangre caliente recorría mi cuerpo.

Sin darme cuenta, mis puños estaban apretados a cada costado. ¿Tan rápido me había olvidado? Por lo que veía, no le costaba mucho encontrarme un reemplazo.
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Mensaje por Arijp96 el Jue Ago 31, 2017 5:37 am


Ari Beckett
Saludé a las chicas cuando llegaron y dejé que fueran ocupando los asientos a mi lado mientras las gradas comenzaban a llenarse cada vez más porque todos estaban entusiasmados con el primer partido de la temporada y era contra el gran rival, así que simplemente no podía fallar en este partido. Mantuve mis auriculares puestos y escuchaba música mientras miraba hacia el terreno de juego y me dedicaba a aplaudir en el mismo momento que los demás, pero no mostraba ni la mitad de la emoción que todos los demás. Quizás porque realmente no sentía ninguna. Estaba aquí porque sabía que poco a poco tenía que ir recuperandome de alguna manera, pero si fuera por mí estaría ya en mi habitación, llorando nuevamente mientras los recuerdos atacaban mi mente. Realmente se sentía como si nunca fuera a superar lo de Liam, probablemente porque nunca encontraría a una persona que me hiciera sentir tanto como él o que me tratara como él lo hacía. Era el mejor chico que habia conocido en mi vida y había tenido la mala suerte de que se tratara de mi profesor de matemáticas y de que le tuve que mentir para que no me hiciera a un lado por ser demasiado niña para él. Pero al final eso era lo que había pasado, lo había perdido y para colmo me odiaba por haberle mentido. Mantuve la mecánica de aplaudir y animar un poco hasta que el partido terminó con victoria para nosotros y guardé mi teléfono y mis auriculares porque las chicas quisieron que fueramos al terreno para saludar a los chicos y me encogí de hombros. Mientras bajaba pude divisar a los lejos a cierto castaño que no podía quitar de la cabeza desde que lo había conocido, pero esta vez la imagen no era nada grata ya que me pude fijar en la señorita Holsk agarrada a su brazo mientras ambos caminaban juntos. Suspiré y agaché la cabeza mientras seguía a las chicas. Ari...Morrison no te quita el ojo de encima. Te está comiendo con la mirada. Dijo Katie dandome un pequeño codazo a lo que yo respondí encogiéndome de hombros porque realmente no quería saber nada de ningún chico, solo de uno que me odiaba en este momento.

Las chicas se encargaron de empujarme hacia él y metí mis manos en los bolsillos después de felicitarlo y me dediqué a mirar a cualquier otro lado mientras el rubio me hablaba de algunas cosas de fútbol americano. Tuve que hacer un esfuerzo para no bostezar de lo aburrido que me estaba resultando todo hasta que me propuso salir juntos y rápidamente alcé la vista y negué con la cabeza. No estoy disponible. Pero seguro que cualquiera de estas chicas estaría encantada de salir contigo. Dije haciendo una pequeña mueca antes de despedirme tanto de él como de las chicas puesto que ya había tenido suficiente por hoy y quería irme a casa para buscar otra forma de distracción que no tuviera nada que ver con mis amigas intentando relacionarme con otro chico. ¿Tan difícil era de entender que estaba enamorada de Liam, que solo quería estar con él? Después de coger mis cosas, comencé a caminar hacia mi casa para poder aprovechar y dar un paseo que me ayudara a distraerme y a que me diera un poco de aire fresco. Tenía que buscar la forma de que todo esto se pasara, de que nadie se tuviera que volver a preocupar de mí y que el dolor no me consumiera como lo estaba haciendo hasta ahora. Era consciente de que no podría olvidarme de él, de que no podría dejar de quererlo, pero lo que sí podía hacer es que todo fuera mucho más fácil para él y que su vida fuera mucho más feliz. Durante nuestro verano me había contado lo mucho que se había esforzado por conseguir todo lo que tenía y yo no quería ser la persona que estropeara todo eso o que arruinara el trabajo duro durante toda su vida. Paré un momento en un restaurante de fastfood y me acerqué al mostrador para una hamburguesa, unas patatas fritas y un refresco para llevar.

Señorita Beckett, ¿cómo se encuentra? Ya me han contado lo que le ha pasado hoy. Escuché mi apellido y levanté la vista del papel que tenía entre las manos mientras esperaba por mi pedido. Me encontré con la señorita Holsk acompañada de Liam y respiré hondo para no mirarlo demasiado mientras me ponía un poco recta, ofreciéndole una pequeña sonrisa que seguro se parecía más a una mueca. Bie bien, ya mejor. Soy bastante despistada y me olvidé de comer por estar estudiando. Es mi último curso aquí y quiero conseguir las mejores notas posibles para que me acepten en la universidad que quiero. Por intentar ser responsable con mis estudios he sido una irresponsable con mi salud. Expliqué mientras mantenía mis manos detrás de mí y las movía nerviosa hasta que me entregaron una bolsa con mi pedido y agradecí al muchacho para después volver a mirarlos. Bueno, ya me voy. Tengo bastante tarea que hacer. Espero que se lo pasen bien. Comenté sincera y odiandome a mi misma porque pude notar la derrota en mi voz porque, en el momento en que los vi acercarse a mí, fue cuando me di cuenta de la realidad, fue cuando lo vi. Ella era lo que Liam necesitaba en su vida. Una mujer guapa, que se dedicaba a lo mismo que él, que era madura, independiente, con su propio sueldo y que seguramente no tendría porque mentirle en absolutamente nada. Era la persona que el castaño necesitaba en su vida y por tanto ya era hora de que yo me hiciera a un lado para no molestarle más, para que pudiera formar su vida con ella.
...

Pasaron dos meses y ya definitivamente habíamos dejado el verano y el clima cálido atrás. El otoño se hacía cada vez más presentes y por tanto había llegado ya el momento de sacar los abrigos y las blusas de manga larga. Finalmente había conseguido una rutina en mi vida que se basaba en despertarme, desayunar, ir a clases, comer con las chicas, volver a casa y estudiar hasta que tuviera que cenar para irme a dormir. Me quería enfocar en mis estudios y lo estaba consiguiendo, mis notas en cada una de las materias de 9.5 de 10 y siempre intentaba esforzarme mucho más para conseguir la perfección. Tenía que ser la mejor y que al final del año estuviera orgullosa de mi misma por conseguir estos resultados, por conseguir entrar en la universidad que yo quisiera. Para eso también había dejado de ir a fiestas con las chicas, quería concentrarme en los estudios y no quería volver a utilizar aquel carnet falso que tanto problemas me habían traído. Desde aquel día no había vuelto a dejar ni una sola comida, comía a cada una de mis horas y yo misma había comprobado como mi piel y mi cuerpo había recuperado su brillo poco a poco. Había días que me sentía mal y que aprovechaba para ir a hablar con la enfermera, sus consejos siempre me ayudaban.

Por otro lado, ya había dejado de llorar. No porque ya no me doliera, el dolor seguía ahí y cada vez era más grande. Simplemente había aprendido a vivir con esa hueco en mi pecho y un día desperté completamente seca, incapaz de llorar más. Tenía que admitirme que lo extrañaba con todo mi ser, extrañaba la forma en la que sus ojos se achinaban cuando sonreía, el maravilloso sonido de su carcajada cuando decía algo gracioso, la forma en que me rodeaba con su brazos cuando me acurrucaba cerca de su pecho, la manera en la que su mano se posaba sobre mi mejilla y la acariciaba lentamente antes de acercarse a mí, sus besos y la forma en la que sus labios parecían amar los míos. Echaba de menos absolutamente todo de él, del Liam Payne que yo conocía, porque ahora solo podía ver al señor Payne. Pero al menos le había cumplido mi promesa de no volver a molestarlo nunca más, de no crearle más problemas en su vida y de limitarme a ser su alumna y él mi profesor. Mi única relación con él se limitaba a entregar mi tarea o el examen, de salir a la pizarra para resolver algún ejercicio o de preguntar alguna duda sobre algo que no entendía del todo. Y él, profesionalmente, me respondía como una más mientras tomaba apuntes de su explicación. Solo me permitía mirarlo un poco más de lo normal en los partidos de fútbol. Me sentaba en una de las gradas y lo miraba en la zona de los profesores, acompañado de la señorita Holsk. Me alegraba que las cosas entre ellos dos fueran bien, no por ella, si no por él porque debía ser feliz.

Me despedí de Kelly, mi compañera en un trabajo de historia, después de aclarar unos detalles del proyecto para después colocar bien mi abrigo y el pequeño gorro que había decidido ponerme ese día. Colgué mi bolso en uno de los hombros y salí del edificio para ir hasta la parada del autobus para poder ir a casa. El día de clases por hoy ya había terminado y, como era viernes, tenía pensado hacer una maraton de películas en casa: 5 o 6 películas, palomitas, refrescos y dulces hasta que no pudiera más y el sueño viniera hasta mí. Me senté en la parada y apoyé mi cabeza en el cristal mientras observaba como comenzaba a llover y las calles se comenzaban a llenar de charcos.
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