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don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por hobi el Sáb Abr 29, 2017 10:38 pm


No dejes que ése hombre malo le haga daño a unnie, oppa. — murmuró la única razón por la que me vi capaz de apartar la mirada ante tan desconcertante escena, y en sus grandes ojos negros distinguí un sentimiento que contribuyó a nublarme la capacidad de reflexión: y a hacer que dejara de sentir los nudillos ante la fuerza que estaba utilizando para contenerme. ¿Tengo cara de que me importe quién diablos es él? No. Si cruza los límites del acoso y trata a Taree como si fuera una pila de basura inservible, tenemos un problema independientemente de quién sea y cual haya sido el impacto que tuvo en la vida de la susodicha. No quiero hablar con TaeYang, quiero partirle la cara a TaeYang y asegurarme de que no haya una próxima vez... pero no puedo actuar por lo que dicte el más primitivo de los instintos, y si mi novia dice que no hay ningún problema (aunque la situación pinte como todo lo contrario a ello) entonces tengo que... permitirlo, a costa de toda impotencia y enojo que la situación pudiera generar en mí. Tranquila, SunHee. Si te lo pido, quiero que voltees y te cubras los oídos: ¿si? — pero eso no significa que voy a reprimir los impulsos si continúa zarandeándola como si se tratara de una muñeca de trapo, porque conozco a Taree y es demasiado buena para diferenciar las intenciones de la gente: así que, por más que vea los malos tratos de su ''conocido'' tan justificados como razonables, voy a hacer lo que tenga que hacer. Y el que ella se aparte cuando yo abro la boca para pedirle a mi hermana que se evite apreciar la pelea que estoy dispuesto a iniciar, no hace que sienta alivio. Portando una expresión tan desagradable como irritada, dirigí una mirada al brazo que el bastardo apretujeó a su gusto: y no evité mirarla con el más claro desconcierto cuando no encontré nada en su piel que evidenciara la brutalidad con la que la trató. Una brutalidad que observé con mis propios ojos, y que no había dejado un solo indicio de haber existido en primer lugar: lo que indudablemente hizo que cuestionase con la mirada a Taree, y recibiera el más grande desentendimiento de su parte cuando se acercó a mi lado y tomó la mano de SunHee con la suya. Arrugué el ceño, pero la abracé por los hombros y le dirigí una mirada a TaeYang por encima del mío: esto no se termina aquí, y será mejor que se prepare para un encuentro a solas. (.  .  .) Las palabras de Taree hacen que la sonrisa con la que estoy vigilando a la pequeña en los juegos se desvanezca lentamente, y hacen que mi mirada distinga rápidamente a su rostro preso de la angustia y una tristeza que, conociéndola, me parece imposible de creer. Solo entonces caigo en lo que expresa con un dolor tan grande como súbito, y mi pecho se oprime ante la sola posibilidad de que Bae Taree desaparezca. Ni siquiera tengo que detenerme a pensarlo en profundidad, tampoco siento la necesidad de imaginarlo: después de ella no hay nada, y comprobarlo en carne propia sería el más grande de los castigos. No quiero que nada ni nadie la aleje de mí, y hay demasiado en lo que debería pensar antes de hablar: pero no lo hago. ¿No es esa una costumbre, cuando se trata de ella?  No te vas a ir... — no es una pregunta, tampoco es una orden: es una afirmación de la que comienzo a estar seguro cuando pienso en todo lo que esta dentro de mis posibilidades para evitarlo. No voy a permitir que eso suceda, Taree. — mis palmas acarician sus mejillas con lentitud y el más grande cuidado, cuando una suave sonrisa alza la comisura de mis labios. Puedo demostrarle que todo estará bien, porque se que será así. Hallaremos el modo, ¿de acuerdo? Sea lo que sea, tiene una solución... y te prometo que nadie te alejará de mí. sin que yo haga nada al respecto. No conozco los motivos, y no quiero preguntarlos: el que Taree parpadee varias veces para no llorar es algo que me pone a prueba, porque no quiero que eso suceda... no me gusta, no es propio de la única persona que ha quitado todo significado a lo negativo. Del modo en que sea, eso no importa. El gesto en mi rostro se amplía sin que ella se percate inmediatamente, y mis dedos descienden al encuentro de los suyos: entrelazándose. Puedo trabajar más, podemos irnos a vivir juntos. — el tiempo no me condiciona, no pienso que quizá vayamos demasiado rápido... no entiendo como Bae Taree genera en mí toda sensación inexplicable: pero no pretendo que lo hagan los demás, y me importa poco lo que crean al respecto. ¿Es esa una locura, según ella? En su rostro se distingue la sorpresa, el desconcierto... y me gusta pensar que ese brillo en su mirada es ilusión. Hay mucho que estoy dispuesto a sacrificar cuando se trata de ti. — y la pequeña SunHee corre a subirse a mis piernas, regalándonos la más amplia sonrisa cuando posa sus manos sobre las nuestras y voltea a mirarme. ¿Qué le dijiste a unnie? — los ojos de Taree se fijan en los míos, y me pide lo que ella me prestó tantas veces del modo más desinteresado: un apoyo que le voy a brindar... lo pida o no. Le recordé que cualquiera en su sano juicio se volvería loco por ella. 

[ . . . ]

Dejé las llaves sobre el recibidor junto a la puerta y me adentré rápidamente luego de calcular los tiempos por quincuagésima vez: llegaría tarde sin importar que tan rápido pudiera correr. Mi jefe lo entendería, sabía que yo me hacía cargo de SunHee cuando mi padre debía trabajar el horario completo: pero de todos modos y por más compasión que existiera de por medio, el presentismo afectaba la paga... y no estaba en posición de desperdigar un solo centavo. No cuando lo pensé profundamente, llegando a una única conclusión: locura o no, lo quería todo con Bae Taree. Hijo... — me detuve en seco y fruncí el ceño, alzando la mirada por encima de mi hombro para encontrarme a mi padre en el comedor: rodeado de papeles y... alcohol. Él no debería estar aquí en éste momento, y esa docena de botellas no deberían estar vacías.  ¿Qué demonios crees que estás haciendo? — las cosas van mal y no hace falta que lo pregunte. ¿Cómo no iba yo a enojarme? Él tuvo un grave problema con la bebida en el pasado, y por ése motivo mi hermana y yo estuvimos a punto de terminar bajo la potestad de ayuda social. El que hubiéramos crecido y las cosas fueran diferentes ahora, no quiere decir que puede echar a la basura años de una recuperación exitosa... por nada. Tienes suerte de que no haya traído a SunHee conmigo, sabes que recuerda perfectamente lo que sucedió. ¿Qué haces aquí? — sus horarios no resultaban nada flexibles tratándose de los días de semana, y si bien debía estar en casa a un horario razonable: lo hacía antes de que yo llegara del trabajo, y no antes de que me fuera a éste. ¿En dónde esta SunHee? — una de mis cejas se disparó hacia arriba y arrugué el ceño, ¿estaba ebrio? No. ¿Entonces por qué actuaba de ése modo? Tú me pediste que la llevara a casa de su amiga después de clases, ¿no? Lo hiciste en la mañana, hace seis horas: estabas en la misma posición. Papá, ¿acaso te moviste de esta silla? ¿Por qué no fuiste a trabajar? — pregunté cuando hice la silla para atrás y me senté frente a él, inclinándome sobre la mesa para fijarme en el montón de documentos que yacían sobre esta. Pagos de los gastos básicos atrasados, tarjetas que exigían el cobro de sus respectivos montos y los títulos de propiedad de la casa, casa que pertenecía a mi madre... casa que, según los papeles de la inmobiliaria, estaba hipotecada desde hacía ya tiempo y en cualquier momento... desalojada, por corresponder al banco.  ¡¿Qué diablos es esto?! Papá, ¡deja de beber! Concéntrate en lo que te digo, ¿por qué no pagaste todas estas cosas? ¿Qué mierda hace la casa hipotecada? — pero sin importar los gritos y el puñetazo que di a la mesa seguidamente, éste no alzó la mirada: y mantuvo los dedos aferrados a la botella de cerveza que anteriormente intenté apartar de su vista, evidentemente sin ningún tipo de éxito. Hace meses que no trabajo, YoonGi. — comenzó, obligándome a fruncir el ceño. ¿Pero de qué hablaba? ¿Se había vuelto loco? Me despidieron hace mucho, y he intentado buscar otra ocupación durante todo éste tiempo: pero ya nadie quiere emplear a una persona mayor, y lo sabes. Hay más oportunidades para los jóvenes como tú, porque pueden rendir más que yo. El dinero con el que logré costear algunas cosas fue... el último préstamo que me dio el banco. — ¿qué? Volví a sentarme, necesitando respirar hondo para no perder todo rastro de cordura: que amenazaba inminente con irse a la mierda.  Así que esperaste a que nos echaran a la calle para decírmelo. Si, por supuesto que suena genial. — apreté los puños, y volví a levantarme para lanzar el montón de botellas al suelo: una detrás de otra, con el vidrio rompiéndose en miles de pedazos ante la fuerza del impacto contra el suelo.  ¡Maldición, papá! ¡¿Por qué no me lo dijiste antes?! ¡Dejaste que perdiera mi tiempo en esa maldita escuela cuando pude haberte ayudado a conseguir el dinero! ¡Pusiste la casa como garantía, la casa de mamá! — por más que me esforzase en entenderlo, no lo conseguía. No podía. ¡No podía decírtelo, porque sabía que harías eso y mi hijo no tiene por qué cargar con los errores de su padre! — ahora los dos estábamos gritando, y por lo que a mí concierne... todo el estúpido vecindario podía enterarse. ¡Al diablo con eso, papá, tú mismo lo dijiste! ¡Soy joven, pude hacerlo! — pero las cosas alcanzaron otro nivel cuando se acercó para tomarme por la camisa, llorando desconsoladamente con una expresión que hacía mucho no observaba en él. YoonGi, desde que murió tu madre he depositado demasiadas responsabilidades sobre tu espalda. Tú criaste a SunHee, saliste a trabajar a los dieciséis y te encargaste de todo... jamás has ido a una fiesta, hijo. Te arrebaté tu adolescencia y todo lo bueno que venía con ella. — apoyó su frente contra mi pecho y prosiguió: Y cuando me sentí lo suficientemente egoísta como para explotar a mi propio hijo por los errores de su padre, conociste a Taree: y jamás te he visto más feliz en la vida, YoonGi. Conociste a Taree y era como si... te hubieran regresado todos los años que yo te quité, todas las experiencias que no te dejé probar. Y ella te quiere, tal y como tu madre me quería a mí. — mordí el interior de mi mejilla y parpadeé, dirigiendo la mirada a cualquier otra dirección. No podía. Tenía que salir de ése lugar cuanto antes. ¿Creíste que sería capaz de arrebatarte eso también? Todo éste tiempo he fingido, me forcé a creer que nada de lo que yo hice tuvo repercusiones en ti: hasta que leí tus canciones. YoonGi, yo fui el responsable de tu depresión: ¿querías que volviera a sumirte en ella? — suficiente. Como no me quites las manos de encima voy a hacer algo de lo que me voy a arrepentir— pero no esperé a que lo hiciera, porque lo aparté de un fuerte empujón y volví a la entrada para salir con un portazo. 
Tenía que marcharme, tenía que desaparecer... necesitaba ordenar mis pensamientos y encontrar una salida: sin representar un peligro para los demás o para mí mismo en el intento. Aunque el intento de irme tan lejos como fuera posible falló tan pronto choqué de espaldas con un cuerpo menudo, y al voltear deseé que no fuera Taree: por lo que una ligera sensación de alivio se apoderó de mí, pero también la molestia en mayor cantidad aún cuando la mirada de NaYoung se fijó en la mía. No estoy de humor, no sé que se supone que haces aquí y tampoco me interesa. Sal de mi vista en éste momento. — bramé, luego de pasar por su lado y empujarla con mi hombro: sin importarme la fuerza que empleé al colocarme la capucha y llevarme las manos a los bolsillos. A juzgar por lo que acabo de oír, yo diría que si: lo que tengo que decirte te interesaría mucho— el comentario hizo que me detuviera en mis pasos, y aunque viniendo de ella podía esperar el más grande engaño: ¿por qué lo haría, ahora que conocía mi situación? Le dirigí una mirada por encima de mi hombro, pero instantáneamente negué con la cabeza y retomé la marcha. ¿Ella, ayudándome a mí? Por supuesto que si, claro. No te entiendo, YoonGi. Tanto te jactas del amor que le tienes a tu hermana... ¿eres consciente de que si acaban en la calle, recursos infantiles se encargará de ella? Todavía es una niña, y en vista de que tu padre no la puede mantener y tú tampoco... — ni siquiera recuerdo el momento en que mis piernas reaccionaron por sí solas, como tampoco el instante en que la distancia de nuestros cuerpos despareció y mi rostro se acercó a cinco centímetros del suyo. No hables de SunHee como si tuvieras el derecho a hacerlo, y que ni se te ocurra decir una sola mentira ahora que tienes mi maldita atención. Dime, NaYoung: ¿qué quieres? — sonrió, y su mano se incrustó en mi cuello cuando intenté apartarme para atrás al ella inclinarse hacia delante. Que volvamos a lo de antes, cariño. Nunca nos atraparon y siempre tuvimos excelentes ingresos... con un par de ventas, podrías salvar a tu familia de tener que vivir bajo un puente como... inmundas ratas de alcantarilla. ¿No lo crees así?

[ . . . ]

¿Esto es lo que hacías antes de conocer a Taree? Con razón necesitabas de ella. No eres más que un repugnante criminal. — podían haber pasado los días, pudieron haber pasado semanas... meses y años, pero reconocería esa voz y estaría mintiendo si dijera que no la había esperado. El imbécil de TaeYang sonrió al acercarse fingiendo que se llevaba al mundo por delante, cosa que me sorprendió demasiado poco: como tampoco me indigné de que me hubiera seguido hasta un lugar como éste, porque sabía perfectamente que se trataba de él todo este tiempo. No fue la primera vez que sentí su presencia cerca, y lo único que si me había sorprendido era que hubiera demorado tanto tiempo en mostrarse. ¿Qué tenía para decir ahora? El único argumento con el que podría molestarme había perdido toda validez cuando me alejé de ellaDame una buena razón para perder mi tiempo contigo— murmuré en respuesta, aunque lo suficientemente alto para que me escuchara: y así lo hizo, cuando se detuvo frente a mí con los brazos cruzados y una ceja alzada. Con todo lo que Taree hizo por ti, con lo mucho que estuvo dispuesta a sufrir por el amor que tú la hiciste experimentar... debería matarte, YoonGi. Tú eres la razón por la que van a desterrarla, a fin y al cabo. — a diferencia de NaYoung, yo no me auto suministraba lo que vendía: ¿entonces TaeYang se había terminado de volver loco? Porque nada de lo que decía tenía sentido en ése momento. Me alejé de Taree porque me había convertido en la persona más tóxica que pudiera existir para ella. Yo no la merecía, yo no podía arrastrarla conmigo... y tampoco podía mirarla a los ojos ahora que vendía drogas para arreglar la horrenda situación en la que las mentiras y los secretos habían desencadenado. ¿Cuánto haría hoy desde la última vez que había oído su voz? Me aseguraba de estar todo el tiempo fuera de casa, porque mi padre: además de preguntar de donde estaba saliendo tanto dinero y fastidiar mi paciencia por esa razón... también la invitaba a pasar para jugar con SunHee y esperarme: motivo por el que también acostumbraba a dormir en casa de HoSeok y JungKook. ¿TaeHyung? Él y yo no hablábamos, no después de que se hubiera desvivido en insultarme y dejarme en claro lo mucho que le desagradaba el nuevo Min YoonGi. Bastardo, como si a él le necesitase por encima de alguien más.  Vuelve al psiquiátrico del que escapaste, imbécil... y no te atrevas a mencionarla— me tomó del hombro con fuerza y me empujó hacia atrás cuando me dispuse a pasar por su lado, apretándose los puños. En un psiquiátrico habrías acabado tú si ella no hubiera llegado, humano. Ni siquiera merecías un ángel de la guarda, y cuando lo tuviste frente a ti te aprovechaste como lo hacen todos y cada uno de ustedes. ¿Amor? ¿Siquiera sabes qué es eso? — volvió a empujarme, y esta vez yo reaccioné a tiempo: haciendo exactamente lo mismo.  ¿Cuál es tu maldito problema, pedazo de idiota? Déjame en paz, yo ya lo hice con Taree y esa era la única razón por la que me buscabas, así que desaparece con tus locuras antes de que te obligue a desaparecer. — y la amenaza no pareció afectarle, cuando alzó una ceja y me dedicó una sonrisa irónica. ¡Pero así debería estar mirándolo yo! ¿Qué era todo eso del destierro, llamarme humano, el ángel de la guarda y ese montón de porquerías? ¿Desaparecer como Taree lo hará? Y por tu culpa, debo añadir. — seguidamente lanzó un puñetazo a mi estómago, obligándome a retorcerme para recuperar el aire que había perdido ante tan súbito golpe. Desde luego que no lo había esperado, éste desgraciado nunca pasó de las provocaciones. Eso va por obligarla a pecar con tus sucias artimañas. — no dejó que me recuperara, y pateó mis rodillas para hacerme tropezar: porque no me permití caer, recuperando el equilibro prontamente. Esto va por el infierno que va a conocer por tu culpa. — esta vez, se lanzó sobre mí: y cuando estuvo dispuesto a encestarme un puñetazo al rostro, los chicos aparecieron en medio de un bullicio y NaYoung corrió a nosotros, pero fue... ilógicamente lanzada por los aires, cuando TaeYang alzó la mano frente a mi rostro y la movió en su dirección. En vista de que no podía restregarme los ojos al tener su cuerpo encima y apresando al mío, tenía que creer una sola cosa: había terminado de volverme loco... porque éste desgraciado no podía estar lanzándolos a todos por los aires, como si los cinco chicos que se acercaron con navajas y pistolas fueran hojas de papel a las que las movía el viento. Y esto... esto jamás lo viste, ¿o si? Estás loco, YoonGi. — para considerar éste tipo de cosas con seriedad, definitivamente: lo estaba. 
¡Taree, abre la maldita puerta! — y, cuando finalmente lo hizo, la empujé para pasar dentro rápidamente y mirar el entorno una vez más. Si todo lo que ese bastardo dijo tenía una pizca de razón... ¿por qué me sorprendió que no tuviera fotos con su familia? Esta no existía. ¿Por qué me sorprendió que se asombrara ante cada mínima cosa? Ella nunca las vivió, ni aquí ni en ningún lugar. Me pasé la mano por el pelo y apreté ambas contra mi cabeza, dejando que uno de mis puños se estrellase contra la pared al considerarlo todo una vez más.  Los ángeles de la guarda son la ayuda precisa en el momento justo, ¿verdad? — me miró extrañada, y podría jurar que moría por olvidarme de todo lo que mi cabeza pensaba frenética para estrecharla entre mis brazos y besarla: porque la necesitaba junto a mí para volverme loco y la necesitaba junto a mí para no hacerlo. Y tú apareciste en mi peor momento. — sonreí, y no fue una amable sonrisa: tampoco una conmovida ante los hechos. Ése fue un gesto maníaco. Adoradores de Dios, que buscan guiarnos a él a través de su inteligencia y enorme pureza. ¿No? — me acerqué a ella, y mis dedos se clavaron en mis palmas cuando mis manos se apretaron una vez más en dos puños. ¿No, Taree? ¿Porque ése es tu nombre, verdad? — no... no me volví loco. La expresión de su rostro, maldición. ¿Hay algo real en todo lo que me dijiste?  
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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por lalisa el Lun Mayo 01, 2017 12:29 pm


Suspiré, apretando contra mi pecho la chaqueta que YoonGi había dejado olvidada en otra ocasión. El aroma que alguna vez hubo impregnado en la desgastada tela; estaba desapareciendo. Intentaba aferrarme a lo poco que quedaba, tratando de no olvidar ni por un segundo la cálida sensación que me hacia vibrar cada vez que estaba junto a mi novio, y en la que su risa y fragancia me envolvían como el más tierno aroma. Apreté los parpados con fuerza, no sabía por qué, pero YoonGi no quería verme, y no era una banal creencia, o algo que supusiera sacando apresuradas conclusiones; me evitaba como si portase la peste. Y después de una semana sin verlo, podía jurar que no estar junto a él era el sentimiento más devastador, más doloroso. En mi pecho se había extinguido cualquier rastro de un corazón; lo único que había era vacío. Un vacío que llevaba su nombre, y que me hacía romper a llorar de puro dolor. No entendía por qué se había alejado de mí, no sabía que había hecho mal, quería verlo. Quería verlo, ¡quería verlo! No importaba las veces que me quedase en su casa, despierta mientras SunHee dormía entre mis brazos; ella también extrañaba a su hermano. Aunque su padre me había contado la trágica situación en la que se habían visto en vueltos, no podía hallar ahí un motivo lo suficiente contundente para que no quisiera tener a su lado, lo único que yo quería hacer era apoyarlo, y al saber que me necesitaba, empero no quería estar conmigo, estaba hecha un lío. ¿Estaba avergonzado? No debería, a mí no me importaban los bienes materiales que él o su familia tuviesen, yo lo quería, no, los quería por lo que eran .Entreabrí los labios con lentitud, mi cuerpo se sentía pesado, enfermo. No había podido comer con fundamento, y si lo hacía siempre terminaba en el baño, vomitando. No sabía lo frágil que podía llegar a ser...no hasta que le entregué mi corazón, y puse en sus manos el control sobre toda mi persona, y ahora mismo Min YoonGi me estaba rompiendo como a un vidrio; en pedazos. Asustada, salí de mi entumecimiento al escuchar como aporreaban la puerta, y cuando la voz de YoonGi gritó mi nombre fue como si me crecieran un par de alas que me llevasen a toda velocidad hacía la entrada, jamás había corrido tanto. Era estúpido, y carente de sentido, pero poder volver a ver su rostro hacia que la sangre circulara de nuevo hacia mi marchito corazón, ¿acaso algo así era posible?— YoonGi... —Alcancé a decir con una sonrisa, que desapareció tan rápido llegó. ¿Por qué...? Su cara estaba hecha añicos, pero lo que me heló fue lo que descubrí en su mirada.— ¿Qué ocurre? —Seguro que no me escuchó, pues no fue más que un hilo de voz. Las rodillas me temblaron, el pulso se me aceleró. El miedo empezó a recorrer cada palmo de mi cuerpo; conocía mi secreto, sabía que era un ángel. Me habló con coraje, y sentí que el mundo se me vino sobre los hombros porque nunca, ni cuando no me conocía ni confiaba en mí, me trató así.— ¡Claro que sí! —La voz me tembló al alzarla, tenía la mente llena de frases que parecían no tener importancia en ese momento; ya no podía decirle que lo había echado de menos, que tenía demasiadas ganas de abrazarlo y besarle, que no quería volver a estar lejos de él, ni un solo día. Aparté la mirada de sus ojos, el vacío de mi pecho había aumentado casi absorbiéndome por completo.— Deja...deja que te lo explique. —¿Explicar, qué? Daba igual lo que intentase decir, nada parecía tener sentido, no mientras el parecía detestarme. Di un paso titubeante hacia su cuerpo, pero él dio dos hacia atrás; dejándome claro que no me quería cerca.— Vine porque tenía que ayudarte, ayudarte a superar la muerte de tu madre, para que luchases por tus sueños, para que fueses feliz, solamente tenía que hacer eso y marcharme. —Tenía la mirada clavada en el suelo, aunque se estaba volviendo cada vez más borrosa a causa de las lágrimas, pero la alcé en busca de sus impasibles orbes.— Pero me enamoré de ti, y ahora eres todo lo que tengo. Nunca te he mentido sobre eso; te quiero. —El dolor parecía que iba a romperme por la mitad, y mis pocas fuerzas flaqueaban. No me hacía falta preguntar, o pensar demasiado para saber quién se lo había contado, o quién le había dejado así el rostro a YoonGi, TaeYang había ido demasiado lejos. Pestañeé por lo que dijo, ¿también le había contado que iba a...?— Rompí las reglas, y de donde vengo no existe el amor, no lo entienden, y el pecado se paga muy caro. —Apreté mis dedos contra las palmas de mi mano, no tenía miedo de desaparecer, no lo había tenido desde un principio.— No me arrepiento, porque volvería una y otra vez a estar contigo, sin importar los infiernos que me estén esperando. —Porque no había averno peor que la distancia que se había creado entre los dos. Y si mi vida iba a extinguirse, prefería pasar el tiempo que me otorgasen a su lado, porque podría jurar que no habría mejor manera de recibir a la muerte. Intenté dar otro paso hacia él, otro, y otro, hasta que por fin quedamos a milímetros. Estiré mi mano hacia su mejilla malherida, y la acuné con la suavidad de una pluma.— Es irónico, pero me salvaste tú a mí. —Me salvó de vivir toda una eternidad sin saber lo que era querer a una persona, que tu corazón se acelerase al verlo acercarse, que lloraras y rieras al mismo tiempo de pura felicidad, eran tantas cosas que no podía enumerarlas.— Perdóname, nunca he querido hacerte daño. —Mis dedos alcanzaron un par de lágrimas, y las limpié con la mirada enternecida, no quería que llorase, y menos por mí. Como TaeYang me había dicho, yo no tenía permitido amar a nadie, pero él me había brindado la oportunidad; Min YoonGi había sido mi milagro. Me puse de puntillas, quería volver a besarle, quería volver a sentir que estábamos juntos a través de la tormenta, pero mis labios no fueron capaces de hallar los suyos pues se apartó. Jadeé, desesperada al contemplar cómo se marchaba pero mis piernas, brazos o cuerdas vocales parecían haberse convertido en el más pesado de los metales, porque no pude hacer otra cosa que observar cómo se marchaba, y en cuanto cruzó la puerta desapareció con una parte de mi alma.
 

[ . . . ]

 
Apreté el vaso entre mis manos, con tanta fuerza que una notable grieta apareció en el vidrio.— Tenía que hacerlo. —Miré con rabia a TaeYang, se encontraba dando vueltas por la sala, y de vez en cuando se para frente a mí, me observaba, y seguía caminando.— ¿Tenías que partirle la cara mientras le contabas la verdad? —Ataqué, dejando el vaso sobre la mesa con un golpe. Se había presentado poco después de que YoonGi se marchase, no sabía que quería, ¿arruinar todo más de lo que ya lo había hecho?— Te advertí que iría a hablar con él, e iba a hacerlo...pero ese intento de hombre no merece todo lo que has hecho y harás por él. —Los ojos me dolían, la luz me molestaba y lo único que quería era encerrarme en mi habitación, hasta que fuese la hora.— Tú no lo conoces, no como yo. —Alzó ambas cejas, y empezó a reír haciendo que de mi se adueñara la más grande confusión, qué bicho le había picado.— Estoy seguro de que no sabes lo que estaba haciendo cuando lo encontré; es un miserable, y lo mejor que puedes hacer es estar lejos de él. —Me encaminé hasta, y mi mano se agarró a su brazo para detener su andar, entreabrí los labios para preguntar a qué se refería, pero no me hizo falta, porque si se trataba de despotricar sobre mi nov...sobre YoonGi, no hacía falta que le tirasen de la lengua.— Estaba vendiendo droga, Taree. Droga que provoca que la gente muera, la persona que va a acabar con la tuya, está dispuesto a acabar con más gente por un par de billetes. —Negué con la cabeza de manera apresurada, era imposible que él hiciera eso. Puede que tuviera problemas, pero él no recurría a algo tan... miserable.— Si tanta confianza tienes en él, ¿por qué no vas a verlo? —Me estaba retando, y aunque de verdad quería hacerlo, si lo pensaba bien; era algo plausible.— Cállate, ya te he dicho que no sabes nada sobre él. —Estaba ofuscada, triste, y con el corazón acongojado por el hecho de que YoonGi había salido corriendo de mí. Me dejé caer de nuevo en el sillón, y me cubrí la cara con las manos para gruñir con frustración.— ¿Qué es lo que es lo que te gusta tanto de él? —Se sentó a mi lado, y aunque supuse que me estaba mirando, no le de volví la mirada— Tú jamás lo entenderías, TaeYang...Yoongi sufre, duda, se equivoca, no es perfecto; está lleno de errores, pero por la razón por la que lo quiero, es porque es humano. E incluso aunque yo sea solamente un ángel...consiguió hacer que me enamorase de él como una...chica normal. —Hablar de YoonGi y de lo que representaba para mí hacia que se me creciera un gran nudo en la garganta, los sentimientos dolían, eran un asco. Sentí la mano del hombre posarse sobre mi cabeza, dando ligeros toques, ¿estaba tratando de consolarme?— Quizás si reúno al consejo, y cuento que él te engatuso para acostarse contigo, puede que te perdonen. —Que no hubiese escuchado nada de lo que dije era inaudito, ¿para qué me había preguntado en primer lugar?— ¡No quiero que me perdonen! ¡No quiero que inventes calumnias, yo lo hice porque quise! —Lo empujé con la poca fuerza que me quedaba, quería que se marchase. Necesitaba estar sola, o más bien; necesitaba estar con la única persona que seguramente me odiaba hasta las entrañas.
 

[ . . . ] 

 
Jamás había pensado que seguiría a una persona. Pero ahí me encontraba, yendo detrás de NaYoung, después de escuchar cómo le comentaba a alguien que iba a ver a YoonGi. Él no había vuelto a las clases, no respondía mis mensajes o llamadas; no sabía que más hacer. Y en cuanto escuché a la chica mencionarlo, mis piernas se movieron por si solas. ¿Y si TaeYang había dicho la verdad? NaYoung se relacionaba con la peor calaña que podía haber en todo Seúl, y si...arrastraba a YoonGi junto con ella. No, tenía que impedirlo… le gustase o no, yo seguía siendo su ángel guardián. Había perdido la cuenta de los días que habían pasado, ¿no era una eternidad? Cualquier fracción de tiempo lejos de él, lo parecía. Y con cada nuevo amanecer, mis fuerzas se debilitaban hasta el punto de que respirar era una tarea exhausta. Mordí el interior de mi mejilla, no había estado nunca por esa parte de la ciudad, y lucía lúgubre, como el decorado de una película de bajo presupuesto. Habían coches abandonados, corrompidos por el oxido, perros tan delgados como amenazantes que parecían no tener rumbo, y suciedad por todas partes.— ¡Cariño! —Me escondí tras una columna, el grito de NaYoung me había asustado. ¿Le había llamado así…a él? Asomé mi rostro parcialmente, apreté los labios al ver que tenía sus manos tras el cuello de YoonGi, aunque no estaban solos; habían más jóvenes.— ¿Has vendido todo? Te estás marcando records. —Rió estúpidamente, y no aguanté más. Al salir de mi elaborado escondite, mi pie chocó contra una botella vacía, haciendo que los ojos de todos se posaran sobre mí, pero yo solamente podía mirar a YoonGi.— ¿Me has seguido? —La ignoré y comencé a caminar decidida, hasta que uno de los tipos se acercó a mí con una sonrisa y expresión que no pudo más que causarme repulsión.— Esa raro ver a una chica como tú por aquí, ¿quieres algo en especial? —Golpeé su mano antes de que pudiera tocarme.— De ti nada, así que no me toques. —Murmuré, no podía dejarme ver tan débil como me sentía, porque todos parecían una manada de hienas, con esas sonrisas espeluznantes.— ¿Qué estás haciendo? —Metí un mechón de cabello tras mi oreja, quería una respuesta. NaYoung entrelazó su mano con la de YoonGi, observándome de manera desafiante. Si me quedase un poco de fuerza, lanzaría su cuerpo tan lejos como pudiese.— A ti eso ya no te importa. —¿Por qué no daba la cara? Solamente estaba ahí plantado, dejando que ella lo tocase y hablase por él.— Sé lo del trabajo de tu padre, lo de tu casa. No tienes que hacer esto, podemos encontrar una solución juntos. —Estaba segura de que eso pasaría, siempre y cuando nos mantuviéramos juntos; todo iría bien. Traté de sonreír, pero NaYoung lo impidió con la gran carcajada que resonó por la solitaria calle.— ¿Juntos? ¿Aún no se lo has dicho? YoonGi ha vuelto conmigo, Taree. Te lo dije en la fiesta,  tú no eres capaz de hacerlo feliz. —¿Cuánto podía aumentar el dolor? ¿Acaso había un límite para este? Busqué desesperada alguna respuesta en sus ojos, pero no, me evitaba, una y otra vez.— ¿YoonGi? —No podía haberme dejado de querer, ¿verdad? No había forma de que lo hubiese hecho, porque él…él me lo había dicho. De mis labios escapó un sollozo cuando lo único que hizo fue darse la vuelta. Pero no iba a dejar que se marchase así, no de nuevo.— ¡Deja de huir! —Grité, y alcé la palma de la mano en su dirección, dándole un ligero empujón que lo hizo tropezar.— Me dijiste que pasara lo que pasara me querrías, que nunca habías querido así a nadie. —Murmuré de nuevo al borde de las lágrimas, estaba cansada de sentirme así. ¿Por qué era tan difícil estar con él? ¿Acaso no merecíamos ser felices?— Dilo, por favor. Di que me quieres.
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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por lalisa el Jue Mayo 04, 2017 8:38 pm

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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por hobi el Mar Mayo 09, 2017 12:29 am



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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por hobi el Sáb Mayo 13, 2017 3:57 am


¿Qué estaba haciendo? Dejarme llevar, porque nada tenía sentido de todas formas. La pregunta era otra, pero estaba seguro de que ninguno de los dos conocía la respuesta. ¿Cómo pretendía que actuara, después de todo lo que sucedió? Lo sentí una competencia por averiguar quien podía golpearme más fuerte, y ella se llevó el primer premio sin lugar a duda alguna. A veces, me descubría queriendo creerle: obligándome a mí mismo a aceptar que decía la verdad en todo, aunque pintara como la más grande locura. Después, recordaba que a mí no me gustaba la traición: y eso fue lo que hizo, con o sin sentimientos de por medio. Finalmente, llegaba la etapa en que la excusaba... estaba en todo su derecho de ocultarlo, ¿cómo iba yo a reaccionar si lo hubiera dicho al principio? Pude haberme reído a carcajadas, pude haber pensado que tenía la más grande imaginación... o pude estar y permanecer confundido: sin tener una noción del tiempo o la realidad, sin saber en que creer y en que no. Aquel día, de camino a su departamento, reí: porque TaeYang tenía que estar mintiendo, y ella tenía que reír conmigo a causa de lo absurdo que sonaba todo. Pero era real. Taree era mi ángel de la guarda, había llegado a mi rescate y podía amarme tanto como yo la amaba a ella: pero un ser divino no conocía de sentimientos, y sí de artimañas. Su amigo era el más claro ejemplo, y si resultando un bastardo tenía lugar en el cielo: tenía que dejarme guiar por esa única teoría. Me estaba mintiendo, había jugado conmigo a su gusto y había cumplido con su tarea: ¿cuándo se podía ir ahora que se había encargado de la piedra en su zapato? Y me odiaba. Me odiaba porque sin importar cuantas veces intentara convencerme de ello, sus sentimientos eran algo que me resistía a desestimar por mucho que los cuestionara. Por las consecuencias a las que iba a enfrentarse si yo cedía ante mis impulsos y la estrechaba contra mi pecho suplicándole una nueva oportunidad para enmendar el desastre que había hecho, debía de actuar. La quería, y porque la quería iba a dejarla ir aún cuando hubiera prometido lo contrario. Había encontrado el modo de que ella sobreviviera. Había encontrado la manera de salvarla. ¿Era injusto? Lo era, porque no sentía que nos mereciéramos algo como eso: y podía no importarme lo que ellos creyeran prohibido, al diablo con esos bastardos. Pero si eso acababa perjudicándola, entonces era diferente. — Estaría mintiendo. — me limité a responder, dejando que mis comisuras se alzaran en un gesto tan falso como cínico. Y me forcé a pensar que frente a mí tenía a NaYoung, quien todavía creía tener derechos sobre mí, para así hablar con el desprecio y la sorna que se dejaron entrever igualmente. Bastó con que dirigiera una rápida mirada a los chicos luego de cruzarme de brazos, y estos se alejaron en medio de burlas y comentarios por los que sin dudas les partiría la cara más tarde sin ofrecer razones. Nadie se metería con ella, estuviera yo a su lado o no. Mi supuesta pareja se negó a desaparecer, y yo no me molesté en darle esa orden... tenerla cerca haría ese circo más sencillo, y esperaba que más rápido. No podía soportar la expresión en el rostro de Taree, y temía no ser lo suficientemente fuerte como para poder seguir con la crueldad a la que iba a someterla... jamás me imaginé haciendo semejante cosa, y evidentemente era el último recurso: porque de lo contrario y sin importar que pasara, no lo habría utilizado. — TaeYang tenía razón en todo, Taree. ¿Tan inocente resultaste ser? — aparté a NaYoung de mi lado para acercarme a ella, cruzando los brazos sobre mi pecho: sintiéndome en la imperiosa necesidad de volver a pensar en todo lo que había sucedido para así proseguir como era debido. Mi padre me mintió, acabaríamos en la calle, jamás volvería a ver a SunHee... ella me mintió, sufriría el peor de los destinos por mi culpa y no iba a regresar nunca. Sentí a la furia apoderarse de mí, y eso ayudó a que mantuviera mi interpretación digna de un premio. — Los humanos mentimos todo el tiempo, mi padre también lo hizo y SunHee es muy pequeña para saber que eso nos lleva a sobrevivir. ¡Alégrate, ha de ser la única te quiere de verdad! — sonreí, deseando morir en ése preciso momento. Lo que estaba haciendo era imperdonable, pero si ella me odiaba: no había modo de que acabase en el infierno. Cumplió su cometido, podía marcharse y olvidarme: no tendría que volver a lidiar conmigo, porque cuando Taree se fuera... yo también lo haría. Y porque lo haría necesitaba dejar a papá y a SunHee con una solución al problema, motivo por el cual necesitaba continuar con esa barbarie para obtener todo el dinero que ellos pudieran necesitar a lo largo de sus vidas. — Nunca me salvaste. De aquí a que te haya hecho creer algo como eso, es totalmente distinto. — me encogí de hombros, y frené el impulso de decirle que nada de eso era cierto en cuanto la admiré a una mayor proximidad. ¿Mi más grande vulnerabilidad? Las lágrimas de Taree, idénticas a las que se resbalaban sobre sus mejillas sin cesar. Sentí a mis ojos arder y quise esconder mi rostro en su cuello, porque había una larga lista de cosas que me avergonzaban: y alejarla de mí era la que primera y principal. — Si lo hubieras hecho realmente, yo no te estaría diciendo todas estas cosas. Deja de ser tan tonta y piénsalo... — comencé, dedicándole un gesto burlón a NaYoung: quien, sin entender qué demonios ocurría, fingía que sí y asentía con arrogancia. Perra inmunda. — ¿Por qué alguien con tantos problemas como yo, permitiría que una desconocida entrara en su vida para quedarse? Eras mi pasatiempo hasta que me tocara regresar a la miserable vida que vivo. — podía ser yo quien fuera al infierno, pero lo haría con gusto si eso aseguraba su bienestar dondequiera que estuviese después. — Y me divertí mucho contigo... y lo haría otra vez. ¿No te encanta ver esa expresión en su rostro, NaYoung? Realmente pensó que me importaba. — lo hará hasta el último de mis días, pero eso no lo podía saber. A veces, era necesario ocultarlo todo... y ella lo entendería. — Humana, ángel: lo que seas. Tú no me engañaste a mí: yo te engañé a ti. — yo te estoy engañando a ti en éste momento. Te quiero, Taree: y te quiero como jamás había querido a nadie. Pero a veces, el amor se basa en que tanto estás dispuesto a sacrificar por esa persona: y yo estoy dispuesto a dar mi vida por ti sin pensármelo dos veces. — Veo que pasar tanto tiempo con humanos acabó por convertirte en una de nosotros, porque tú también estás mintiendo. — retrocedí algunos pasos, y mi mano se encontró con la de NaYoung rápidamente: quien se acercó a mí para envolver uno de sus brazos en mi cintura y apoyarse sobre mi pecho. No era ella la persona que quería en ése lugar, pero ya no había nada que pudiera hacer por arreglarlo: con cada palabra rompía el corazón de Taree, pero la estaba protegiendo y eso era lo único que me daba fuerzas para continuar con semejante atrocidad. — No estás enamorada de mí. ¡Tú misma lo dijiste! Ustedes no saben lo que es el amor. — la boca de NaYoung presionó un beso contra mi mentón y me resistí a poner los ojos en blanco, dejando escapar un rápido suspiro antes de abrazarla por la cintura. Maldición. — Ahora déjame en paz y vuelve por dónde viniste. No te necesito, y no voy a necesitarte nunca: como podrás apreciar, la tengo a ella. — escoria. Era una completa escoria, dedicándole la más horrenda sonrisa antes de besar a NaYoung: necesitando hacerlo casta y rápidamente, porque me encontré con la amarga sorpresa de que aún cerrando los ojos podía ver a Taree llorando desconsoladamente... y eso me desestabilizaba, me sacaba de eje y me ponía furioso. También prometí no lastimarla de ningún modo, pero evidentemente había muchas promesas que debían romperse llegado el momento.
 
[. . .]
 
— ¿Vas a decirme de dónde sacas éste dinero o voy a tener que esperar a que me lo diga la policía? — inquirió mi padre, luego de que hubiera depositado una muy buena cantidad de billetes sobre la mesa de la cocina al disponerme a pasar por ahí. Puse los ojos en blanco y suspiré, dedicándome a mirarlo únicamente por encima de mi hombro. — No estoy robándole a nadie, lo gano por mi trabajo. — entrecerró los ojos y se acercó a mí, luego de tomarlo en sus manos y alzar una ceja. ¿Quería cuestionamientos de su parte? Lo cierto es que no los necesitaba. Trabajaba todo el maldito día, toda la maldita noche: si tenía un par de minutos libres, quería utilizarlos para pasar todo el tiempo que fuera posible junto a SunHee... no para responder acusaciones que de nada servían, cuando ese dinero estaba deshaciéndose de la mayor parte de deudas que él había creado. ¿Podía ser un poco más agradecido, en lugar de preguntar el motivo y la razón de todo? — Lamento preocuparme por mi hijo como para no querer que acabe en la prisión o degollado por ahí. ¿Siquiera sabes en lo que te estás metiendo? ¡Una vez más, me niego a que...! — pero no lo dejé continuar, y estampé el puño contra la pared a mi lado para girar completamente y encararle. ¿No podía cerrar la maldita boca? — ¡Limítate a pagar las putas cuentas y cállate, porque no necesito de tus habladurías en éste preciso instante! ¡¿De qué diablos te estás quejando?! Estoy salvando tu trasero del mismo modo en que lo he hecho desde que murió mamá, porque no voy a permitir que nos quiten éste lugar y sobre mi cadáver alejarán a SunHee: ¿lo entendiste? No te estoy preguntando si lo quieres o no, ¡toma el estúpido dinero y sé un padre para tu hija! — acabé por descargarme completamente, y eso me dejó perplejo cuando dejé de sentir al rencor recorrerme las venas. Me había cegado completamente, me dejé llevar por el enojo que se apoderó de mí por completo. Ni siquiera podría determinar qué era lo que le había dicho, porque no lo recordaba. Fue producto del momento, y por ello dejé que me tomara por el cuello de la camisa y me zarandeara tan enfadado como lo estuve yo anteriormente: lo merecía, después de todo. — ¡No voy a dejar que tú...! — sin embargo, antes de que pudiera continuar: un alarido se oyó cerca de la puerta. — ¡Oppa, regresaste! — y los brazos de SunHee se envolvieron alrededor de mi cintura, apretujándome con fuerza. Papá me soltó y yo dejé que las comisuras de mis labios se alzaran, cuando me agaché para tomarla en brazos y besar su mejilla. — ¡Cada vez más grande y pesada! — me burlé, logrando arrancarle un par de carcajadas antes de que insistiera con que la acompañase a su habitación: tenía algo que quería mostrarme luego de que me sentara sobre su nueva alfombra. Y ese algo resultó ser ropa nueva, como también varios dibujos que había hecho con sus nuevos amigos... dibujos que cometí el gran error de preguntar a que referían, pues abordé un tema que me había esforzado en retrasar cuanto fuera posible. — Somos tú, yo y unnie. — sonrió ampliamente, señalándonos a cada uno en las extrañas figuras sobre el papel. Me obligué a sonreír del mismo modo, pero una mueca fue todo lo que mi hermana precisó para reparar en ése pequeño detalle. — ¿Por qué Taree no viene a visitarnos? ¿Ella se fue con mamá? — y la pregunta hizo que me echara para atrás, jadeando. ¿A que se refería? Y de estar hablando de eso, ¿por qué lo hacía con tanta naturalidad? — No, no. Ella... yo... — ¿pero cómo podía explicárselo del modo más colorido? — Su mamá le pidió que regresara, y ella tuvo que regresar. — era patético. Y SunHee pareció darse cuenta de ello, aunque en sus ojos inteligentes descubrí otra cosa. — Estás mintiendo, oppa. — tomó algunos colores, y empezó a pintar las siluetas de sus dibujos sin encontrarse con mi expresión confusa. ¿Qué quería decir con eso? Pareció conocer el motivo por el que guardé silencio de un momento a otro, y decidió proseguir. — Mientes, porque unnie vino hoy y tampoco quiere decirme por qué no hacemos cosas juntos: como antes. — ahogué otro jadeo al recargar mi brazo sobre la rodilla y apoyar el mentón en mi mano. — ¿Ella viene seguido? — la pequeña asintió, y mi pecho volvió a estrujarse. La presión de allí no iba a desaparecer, ¿entonces? — ¿Te ha dicho algo de mí? — negó esta vez, y alzó la mirada para fijarla en la mía. — ¿Qué ocurre, oppa? — pero no necesitaba preguntárselo: sabía a que se refería. — Ella y yo... nos estamos dando un tiempo, tuvimos algunas diferencias y cuando dos personas se quieren... — pero la pequeña niña se incorporó sobresaltada, y me miró enojada antes de señalarme. — ¡Las personas que se quieren no se separan! — sonreí, ¿o lo que se apoderó de mi rostro fue una mueca? Me había acostumbrado a ellas. — Pero las que se quieren aún más si. — estiré los brazos en su dirección y SunHee se acercó rápidamente, abrazándome por el cuello al sentarse sobre mí. — Hay personas que no nos quieren juntos, ¿sabes? — ¿siquiera podía definirlos de esa manera? Suspiré, y la menor bufó. — No nos tiene que importar lo que digan las otras personas, tú lo dijiste... — seguidamente, posó una mano sobre mi pecho y sonrió. — Lo que importa es lo que sentimos aquí, ¿verdad? — y la abracé, apoyé mi mentón sobre su cabeza y apreté los ojos cerrados. No podía más. — Si, SunHee. Lo que importa es lo que sentimos ahí.
 
[. . .]
 
— ¿Vas a explicarme qué demonios le hiciste o debo sacártelo a los golpes, también? Eres un desgraciado, un humano paté... — antes de que continuara, alejé la mirada del suelo y crucé sus ojos con los míos. Parecía desconcertado, y esta sensación parecía ganarle a la molestia por mucho. ¿Finalmente lo había comprendido? — Dijiste que iban a desterrarla... dijiste que iría al infierno. ¿Existe una posibilidad por cambiar de lugar? La hay, y yo la tomé. — me recosté sobre la pared detrás nuestro, y cerré los ojos al dejar que mi cabeza se apoyara contra esta. — No voy a permitir que nadie le haga daño, pero se lo voy a hacer yo si eso implica salvarla. — TaeYang resopló a mi lado, y aunque no hubiera podido verlo: supe que había puesto los ojos en blanco. El imbécil se había vuelto predecible. — Así que le rompiste el corazón. — y yo asentí, al alzar las comisuras de mis labios ligeramente. — Así que le rompí el corazón. — confirmé, para después abrir los ojos y mirarle: porque de su boca escapó algo que no se resumió a una calumnia tras otra, y tampoco a agravios. — No va a dejar de quererte de un día para el otro. Su amor por ti es demasiado puro. — no necesitaba que me lo recordara, mi propio sub-consciente lo hacía cada día. — Lo sé, pero eventualmente lo hará y podrá regresar al... cielo. — y desaparecerá para siempre. Y ni siquiera sé si estoy preparado para que eso ocurra. — Y tú irás al infierno cuando tu vida llegue a su fin, porque en tu larga lista de pecados el más importante ha sido mentirle a un ángel; a Dios. — sonreí. Como si eso importara. — Lo sé. — TaeYang rió, y no evitó negar con la cabeza. — Ya entendí, desgraciado. Realmente la quieres. — volví a cerrar los ojos, y no deshice el gesto de mi rostro: seguí sonriendo al voltear. — Eso también lo sé. 

Ninguno de los chicos quería hablar, con excepción de JungKook y HoSeok. El primero para hablarme del montón de conquistas del que se había hecho en mi ausencia, y el segundo para preguntar cada cinco minutos si yo estaba bien y si necesitaba ayuda. TaeHyung seguía negándose a dirigirme la palabra, SeokJin parecía haberse encaprichado igualmente y NamJoon se había tomado vacaciones: por lo que al necesitar de alguien realmente, recurría a ese par sin dudarlo. Y eso era lo que había estado haciendo la última semana, mientras evitaba todo contacto con la pandilla y NaYoung. El dinero que había ganado con ello sumado al del empleo por las tardes, habían podido ayudar a solucionar la mayor parte de los problemas: pero papá me había pedido que lo dejara, porque realmente había conseguido un trabajo en donde le pagaban lo suficiente como para encargarse de lo restante... y eso era precisamente lo que me había encargado de hacer. No podía continuar, no quería: era un entorno tóxico y peligroso, que me traía el peor de los recuerdos combinados a las inocentes pero certeras palabras de SunHee. — Pero que bien. — murmuré por lo bajo, al dejarme caer sobre el asiento bajo la parada del autobús y resoplar. La lluvia había empezado a caer con más fuerza, de no ser por el techo del lugar acabaría empapado de pies a cabeza. La iluminación en las lámparas del techo hicieron que distinguiera a una figura a mi lado, pero no me molesté en observarla realmente: tenía cosas más importantes por las que preocuparme en ése preciso momento. Arrugué el ceño, y recargué los brazos sobre mis piernas para cubrirme el rostro con las manos. ¿Tormenta, igualmente? Fantástico, ¿qué podía ir peor? Era muy tarde en la noche, y me hallaba en medio de la nada oyendo cada mínimo sonido al encontrarme expuesto. ¡Tenía que haber una tormenta eléctrica, también! Ja, seguro eran ellos. Soporté el primer rayo, soporté el segundo: y lo hice porque recordé la noche en que Taree envolvió sus brazos alrededor de mí, cuando se percató del pavor que yo le tenía a ese estado climático. Y por un momento, creí que estaba alucinando... porque cuando oí el tercer rayo temblé: para sentir inmediatamente la paz y tranquilidad de aquel día, cuando los brazos del extraño me rodearon. El extraño que se quitó la capucha y me sonrió. La extraña... Taree. Me quedé mirándola algunos segundos, negándome a creer que era cierto: pero cuando finalmente me percaté de que estaba ahí, lo único que pude hacer fue volver a cubrirme el rostro. Esta vez, para dejar que todo lo que había contuve durante tanto tiempo saliera sin más. — ¿Por qué haces esto? Detente, Taree. Por favor. — ¿y mi voz se oyó quebradiza? Tenía razones... rompí en llanto.
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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por lalisa el Lun Mayo 15, 2017 10:14 pm


Sus palabras, sus gestos, el odio que impregnaba cada cosa que salía entre sus labios. No podía dejar de repetir cada cosa, cada pequeño detalle; pensarlo era tan doloroso como ahogarte, y ser consciente de ello. Nadaba, me estiraba, luchaba, pero no podía salir del estado desesperanzado en el que me había sumergido. El pecho ardía, y era incapaz de formular palabras, solamente salían sollozos. No me quería, YoonGi no me quería. Mordí mi labio con fuerza, no quería seguir artormentádome con el hecho de que en ese instante él estaba con NaYoung, y no conmigo. Tampoco podía culparlo, ¿cómo podría hacerlo? Yo también lo había hecho, es más, ¿no había sido yo la primera en engañarlo? Le mentí sobre todo, no hubo nada de claridad en mi persona; así que lo único que podía hacer era esperar a que el dolor disminuyese. Pero no estaba segura de que eso pasaría, yo quería estar con él ahora, mañana, y siempre. ¿TaeYang...?— Taree, abre la puerta. —En ese momento, me percaté de que había estado resonando el timbre de la casa,— Está bien... —Me costó un gran esfuerzo incorporarme, había perdido completamente la fuerza así que iba casi arrastrándome por los lúgubres pasillos de la casa; aunque me detuve para observar una de las fotografías que YoonGi colocó, Mis ojos recorrieron la feliz estampa, y estiré la mano hasta el rostro que me observaba. Quería, deseaba poder acariciar su piel en vez de el duro cristal.— Tenemos que hablar. —Me abstuve de preguntarle qué pasaba si yo no quería hablar, ni siquiera nos movimos más allá del pasillo, se veía bastante apurado por contarme lo que fuere que le rondaba por la cabeza. ¿Quizá ya le habían comunicado cuál sería mi castigo?— Alegra la cara, Taree. Tu estúpido humano, no lo es tanto como yo lo creía. —Pestañeé, ¿había hablado con él? ¿por qué?— Dime que no le has vuelto a pegar, porque TaeYang... —Gruñí, la ira, la desesperación, sentimientos nefastos y que un día ignoré se habían ido adueñando de mí.— Te mintió. —Aparté la mirada, y mis brazos me arroparon pues en cuanto salía de las sábanas, un frío horrendo se adueñaba de mis huesos.— ¿Te estás burlando de mí? Yo fue quién te lo dijo. —El moreno resopló, y sus manos se posaron sobre mis hombros.— Escúchame, y deja de hablar. El humano te engañó al decirte que no te quería, lo hizo porque cree que así te podrá salvar. Quiere cambiar heroicamente tu destino.—Entreabrí los labios, ¿qué?— Él único motivo por el que te lo cuento es que sé que si le llega a pasar algo, tu vida será más miserable que si acabas desterrada. —No era capaz de asimilar lo que me estaba diciendo, YoonGi no podía pensar en ocupar mi lugar porque era una...locura. Yo era quién había roto las reglas, quién había desafiado, y quién tenía que asumir las consecuencias.— Tengo que encontrarlo, pararlo...tengo... —Pero el corpulento hombre me detuvo, y muy contrario a lo que hubiese esperado de él, una de las manos que tenía en mis hombros fue hacia mi coronilla; acariciándola.— Si vas, tal cómo estás, no llegarás a la esquina; descansa, come, y avisame cuando te encuentres mejor; te ayudaré a encontrarlo. —Apreté los labios, porque aún que sus palabras fuesen acertadas, yo necesitaba verlo. Tenía que quitarle de la cabeza esa descabellada idea, no quería que sufriese. 

La lluvia se había vuelto un sonido secundario; mi respiración calmada, el tranquilo ritmo de mi corazón. Me había prometido a mi misma que no me lanzaría a sus brazos sin previo aviso, que trataría de hablar primero, empero mis brazos ansiaban estrecharse contra su cuerpo. Me senté en la esquina del banco, observándolo de reojo, pero YoonGi parecía estar sumado en sus pensamientos, o el miedo. Mordí el interior de la mejilla al ver como su cuerpo se acongojaba por el sonido estridente de los rayos. No aguantaba seguir observando como lo pasaba mal, era superior a mi; y como la primera vez en la que percaté en que su mayor miedo radicaba en las tormentas, mis extremidades lo acunaron con delicadeza.— Hola... —Me deshice de la capucha, y estiré las comisuras de los labios, pero la sonrisa se volvió inexistente ante su pregunta y el repentino llanto que me estrujo el corazón; no había nada peor que esto. Suspiré, y con delicadeza cogí su cara entre mis manos para que me mirase.— Porque te quiero, no. Porque te amo. —Dije con total convicción, lo había entendido. Había entendido que la palabra querer podía abarcar todo lo que él me hacia sentir, y que por ende, el amar, parecía estar más cerca. Limpié como pude las lágrimas que descendían por sus mejillas, pero seguían cayendo.— Ven... —Dejé que escondiese su rostro en el hueco de mi cuello, sintiendo sus lágrimas descender por mi piel.— No tienes que estar triste, ni tener miedo, estoy aquí contigo; estamos juntos. —Besé su cabellera, y sonreí sin mostrar los dientes cuando me apretó contra su cuerpo.— TaeYang me lo contó, todo. —Se separó lentamente de mí, y sonreí con dulzura.— Eres completo estúpido, Min YoonGi. Y un iluso. —Dejé a un lado la sonrisa, para fruncir el ceño.— ¿De verdad creíste, que por decirme que no me quieres, iba a alejarme de ti? Siempre, siempre voy a estar contigo; aunque ya no estemos cerca. Porque me vas a tener aquí. —Coloqué mi mano sobre su pecho, en el lugar exacto en el que su corazón bombeaba. Era algo que me había enseñado SunHee, porque ella tenía a su madre ahí, aunque no la hubiese conocido, decía que el recuerdo de su madre era cálido, y la hacia sentir mejor.— Mi vida está ligada a la tuya, desde el día que naciste. Eres parte de mí, y yo soy parte de ti. —Expliqué, estaba segura de que para él sería demasiado confuso, de que tendría demasiadas preguntas, que yo estaría dispuesta a contestar. Dejé que apoyase su frente en la mía.— Así que deja de intentar separarte de mí, porque no puedes, y no te dejaré. —Impedí que me contestara, porque mis labios se rozaron contra los suyos. Y la misma corriente que me sacudió en el primer beso, lo hizo de nuevo; los moví con extrema lentitud pues aunque recordaba perfectamente cada detalle de sus labios, quería asegurarme de que jamás llegaría a olvidar. No me apresuré en romper el contacto, y él tampoco; así que por largos minutos estuvimos de la manera en la que más nos gustaba, solos y queriéndonos. Mis manos no cesaron en las caricias sobre sus mejillas, queriendo asegurarme de que había dejado el llanto, aunque podía sentir su pecho subir y bajar tras haber llorado de manera desconsolada.— Por favor, no me dejes otra vez. —Porque no podría soportarlo. La expresión de su rostro era tan desoladora que me estrujó el pecho.— YoonGi, hazme caso. Soy un ángel, no me puede pasar nada malo, ¿vale? —Lo miré, frunciendo los labios hasta que asintió de manera imperceptible.— Así me gusta... —Aunque la situación no lo ameritase, sonreí. Sonreí porque podía hacerlo, y porque estando a su lado no me hacia falta más motivo para portar tal gesto de felicidad. Cuando el cielo volvió a rugir, me incliné hacia él para besar la punta de su nariz, su sonrojadas mejillas, su frente, y su mentón.— De verdad, voy a estar bien mientras te tenga a ti. —Aseguré, siendo consciente de que no le estaba contando toda la verdad; ya no tenía poderes, mi cuerpo se había vuelto un vegetal que apenas conseguía moverse, pero no quería que se preocupase más. Sabía que tenía demasiadas cosas sobre sus hombros, y no lo merecía. Alcé la mirada hacia el cielo, que parecía estar llorando desconsoladamente, y se me escapó una pequeña carcajada.— ¿Has visto lo celosos que están? Porque saben que jamás encontraran a alguien como tú. —Musité orgullosa, porque por muy milenarios que fuesen los sabios que conformaban en consejo, en sus vidas sabrían lo que era amar. 


Golpeé el agua que se había formado en un gran charco, riendo por lo bajo. No había pasado demasiado desde que había amanecido, y hasta que la tormenta no amainó, no nos fuimos de la parada de autobús. Pasamos la madrugada hablando, le conté el por qué nada me dañaba, sobre mis poderes y lo divertido que había sido molestar a NaYoung. También hablé de como era mi vida en el paraíso, de lo aburrida y monótona que siempre había sido, y de como Sunbae no dejaba de regañarme porque era demasiado curiosa.— Allí ni siquiera llueve. —Me quejé, estábamos a unos diez metros de su casa. Le había pedido ver a SunHee, porque ella seguía sin entender por qué nos habíamos separado, y sabía que se deprimía por eso...así que antes de ir a verla a ella y a su padre, convencí a YoonGi a ir a por algo para desayunar, había comprado los gofres favoritos de Hee, me moría por ver su cara.— ¡Qué me digas dónde cojones está tu hijo! —Los gritos provenían de la entrada de la casa de los Min, y en cuanto el moreno los escuchó; salió corriendo, y yo detrás de él. La boca casi me rozó el suelo al observar al grupo que vi la otra vez, pero uno de ellos tenía agarrado al padre de YoonGi casi por el cuello mientras lo zarandeaba. Alcé la palma de la mano con decisión, tenía que apartarlo pero se quedó en un intento pues ni siquiera lo moví un centímetro.— ¡Appa! —El grito desesperado de SunHee, que acababa de salir de la casa hizo que me lanzara hacia ella, para apretarla entre mis brazos.— Mira YoonGi, creo que te he tratado demasiado bien como para que te atrevas a robarme. —El hombre ya había soltado a JungSoo, y ahora se encaraba contra YoonGi. ¿Robar? ¿De qué estaba hablando?— ¿Qué le debe mi hijo? Le puedo dar lo que necesite, pero vayase. —JungSoo intentó acercarse, pero otro chico lo sujetó por lo brazos ante la mirada del que supuse era el jefe de todos. No entendía como los supuestos amigos de YoonGi se quedaban impasibles observando, ¡cómo lo hacia NaYoung, si decía estar enamorada de él!— Lo único que necesito es darle una lección a este bastardo. —Gruñó el tipo, para lanzar un puñetazo contra el rostro de YoonGi, que se había despistado porque SunHee había empezado a llorar entre mis brazos.— ¡Unnie, le están haciendo daño a oppa! Tienes que pararlo con tu magia, por favor. —Sus pequeñas manos apretaban mis mejillas para que la mirase directamente a sus llorosos y asustados ojos.— No...no puedo SunHee. —Susurré, ¡qué más querría yo! Los gritos del hombre, se mezclaron con los de YoonGi, con el llanto de Hee, con las imploraciones al cielo de JungSoo; y lo entendí. Entendí que me habían creado para esto, para ese momento. Tenía que salvarlos, sin poderes o con ellos, tenía que asegurarme de que mi humano estuviese bien.— Entra en casa, te prometo que ayudaré a oppa. —Besé su frente, y le di un pequeño empujón en la espalda para que no se quedase rezagada, y me puse de pies pues había estado arrodilla.— ¡Déjalo en paz! —Sabía muy bien que con un simple grito, no haría nada, pero iba agotar hasta el último recurso.— ¿Esta es tu zorra? Pensé que era NaYoung, así que jugando a dos bandas... —Otro puñetazo directo al estomago de YoonGi. Apreté los dientes y empecé a caminar hacia él, pero un cuerpo femenino me detuvo.— Todo esto es tu maldita culpa Taree, si tu no hubieses aparecido. —La palma de su mano se estampó contra mi mejilla, y jadeé. Dolía. El hombre sonrió con sorna, y me percaté de que metió la mano en el interior de su chaqueta.— Estoy cansado de este númerito, espero que aprendas que con la gente como yo no se juega, Min YoonGi. —Quise ir hacia él, porque el pecho me dolió, sabía perfectamente que algo terrible le iba a ocurrir a YoonGi, pero de nuevo NaYoung me impidió seguir, agarrándome por el brazo. Estaba desesperada, necesitaba llegar hasta él, así que mi codo golpeó con fuerza el rostro de la chica, y en cuanto me liberó, corrí. Corrí hacia YoonGi observando como el tipo desenfundaba un cuchillo, pero YoonGi lo único que hacia era agarrarse el abdomen.— ¡No! —Mis manos chocaron contra el cuerpo del hombre para empujarlo lejos del de YoonGi, pero él se rió en mi cara y trato de lanzarme lejos de allí; pero me aferré a sus brazos, intentando forcejear y ser capaz de arrebatarle el arma.— Si no es él, serás tú. —Sus palabras carecieron de sentido, o quizá lo cobraron demasiado cuando la hoja metálica atravesó con extrema facilidad la piel de mi abdomen, tantas veces como se le antojó.— Tú me quitas algo, y yo te arrebato a esta zorra. —Las rodillas me flaquearon sin fuerza, y antes de desplomarme fui consciente de como el grupo se marchaba de allí tan rápido que los llegué a confundir con motas de polvo. El suelo estaba duro y frío por la lluvia, pero en cuestión de segundos fue reemplazado por YoonGi, que me apretaba contra su cuerpo. Sonreí al conseguir distinguir su rostro.— Sigues siendo más cómodo que tu cama. —Dudé en si había comenzado a llover de nuevo, porque pequeñas gotas caían en mi rostro; sus lágrimas.— No llores, no duele. —Murmuré, al verme incapaz de controlar las lagrimas. Y no dolía, no en comparación al tiempo en el que no estuvimos juntos. Entonces el mayor miedo me atacó, y recorrí su rostro magullado.— ¿Estás bien? —Estiré mi mano, y él lo entendió rápidamente porque la único con la suya.— SunHee va a estar orgullosa de mí... —Había conseguido que su hermano estuviese a salvo. Cerré los ojos con fuerza, para volver a abrirlos y sonreír, me gustaba demasiado mirar su cara, incluso cuando lloraba, YoonGi era el ser más hermoso y especial que había encontrado en ambos mundos..— Tienes que prometerme YoonGi, que te quedarás con SunHee y con tu padre, porque si no, nada de esto tendría sentido. —No lo decía por mí; lo decía por nuestra relación. Mi mayor deseo siempre había sido que él estuviera bien junto con su hermana y padre, y si no lo conseguía, ¿para qué había luchado tanto? Gemí, intentaba no reflejar como el dolor me estaba destrozando las entrañas, pero cada vez se hacia más arduo.— Promételo. —Exigí, dejando que los ojos cedieran a las supremas ganas que tenía de dormir.— Tenías razón, soy más humana de lo que creí. —Conseguí murmurar, aunque también quise darle las gracias por eso. Y por todo. Por amarlo, y amarme hasta el final.
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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por lalisa el Lun Mayo 22, 2017 6:27 pm


Dios bendiga a Krystal por haber planeado celebrar mi cumpleaños aquí. Podía asegurar que ni en mis mejores fantasías había alcanzado tal delirio al estar con una mujer; Krystal Jung me embelesaba con cada toque, con cada mirada conseguía enloquecerme al nivel de que podía rozar el cielo con la punta de los dedos. Despegué la mirada de la televisión cuando empezó a hablar, y tuve que atrapar mi labio inferior antes de comenzar a sonreír, porque no quería que pensara que me estaba burlando de ella; porque no era así, pero que me hablase de sus sentimientos provocaba la más grande sensación de felicidad.— Me gustan las cosas complicadas, creí que ya te habrías dado cuenta. —Dije con tono jocoso, alcanzando una de sus manos; para entrelazarla con la mía. Cada vez que el tema de su familia, en especifico sus padre, salía a flote, el estómago se me revolvía. ¿Cómo unos padres no se preocupan por sus hijas? Me ponía enfermo pensar en las veces que Krystal se sintió sola, y tuvo que presionarse para ser fuerte ante el mundo. Y me encargaría de decirle que la quería tantas veces que la haría olvidar el hecho de que no lo se lo hubiesen dicho a menudo. Dado que no quería que el ambiente se cargase, al menos por mi parte, mi mejor carta fue lanzar mis manos a sus costados para escuchar su risa.— Me gusta que lo digas, suena bien. —Conseguí decir, porque nuestros labios se unieron. Sus labios se habían vuelto mi rincón favorito, y sus brazos se habían ganado el apodo de mi refugio ante el mundo. Metí las manos en el interior de mi camiseta, que le quedaba a las mil maravillas, de verdad que pensaba seriamente en regalarle toda mi ropa solamente para poder quitársela después. Solté sus labios, para besar lentamente su mandíbula; sonriendo al oírla quejarse cuando detuve las caricias.— Es que la película está muy entretenida. —No, no podía estar más de un par de minutos sin molestarla, y era lo mismo para ella. Recibí su golpe, soltando una ligera carcajada para luego acomodarme mejor en el sillón, dejando que su cabeza descansara sobre mi regazo, y acariciando su larga cabellera. Siempre me había preguntando por qué los directores de las películas de terror, dotaban a los personas con tan poco sentido común; siempre yendo por los lugares más peligrosos, tomando las decisiones más estúpidas que los llevaban a una muerte segura. Pero tuve que dejar mi reflexión al darme cuenta de que Krystal llevaba rato con el móvil, viéndose bastante entretenida.— ¿Qué haces? —Me agaché hasta llegar a su frente, y depositar un pequeño beso allí. Pasé la punta de la lengua por mi labio inferior cuando mencionó a JongIn, siempre había tenido bastante curiosidad de cómo el pobre chico llegaba a soportar a Krystal, dado que el tema jamás había salido a flote; me animé a preguntar.—¿Sois muy amigos, no? —Deslicé mi mano hacia su mejilla.— Déjame adivinar, le pagaste para que lo fuera. —Bromeé, pero las ganas de reír se esfumaron en cuanto ella mencionó como si nada, que se habían vuelto tan unidos pues todas las primeras veces de ambos, fueron juntos. ¿Qué demonios?— Ah... —Mascullé, sin saber bien que contestarle a eso. Aparté la mano que había dejado en su mejilla para llevarla a mi nuca, y acariciarla de manera incómoda.— Bueno, iré a preparar el baño, no tardes en venir. —Volví a agacharme, pero esta vez deposite el beso en sus labios, aunque fue algo casto. No me gustaba molestarme por cosas tan insignificantes, porque sabía que era como si Krystal se enfadase por todas las mujeres con las que había mantenido relaciones sexuales, pero por el contrario de ella, ya no mantenía el contacto con ninguna de ellas, y menos aún eran mis mejores amigas. Y tampoco podía pensar mal de JongIn; él era bastante agradable conmigo, y sabía que cuidaba de Krys. Pero un sin fin de horrendas y repugnantes imágenes de ella junto a él me hundían en el más gran pozo de celos. Suspiré observando la gran y ovalada bañera llena de agua, tras poner el jabón y unas sales de agua que encontré al rebuscar entre los armarios, y me deshice de la camiseta.— ¿Krys? —Elevé un poco la voz, pero ella no respondió. Suspiré, y me urgí prometerme a mi mismo que dejaría a un lado la paranoia que se adueñaba de mi mente cuando se trataba de ella, y me aseguraría de disfrutar lo que nos quedaba aquí.— Te estoy llamando, cariño. —Susurré cerca de su oreja, después de haber ido en silencio hasta la sala y haberla encontrado taciturna mirando la pantalla. Asentí cuando se marchó hacia el baño, giré mis pies para seguirla pero me detuve: ¿qué la había dejado retraída? Mis ojos vagaron por la mesa, hasta encontrar su móvil.— Wang, ve al baño. —Tenía que decirlo cual mantra porque era débil ante la gran curiosidad, a la cuál al final sucumbí.— A la mierda. —Cogí su móvil, y se me escapó una sonrisa al ver de nuevo la fotografía de mi brazo de fondo. Lo desbloqueé con facilidad, y ya me sentía bastante culpable al estar mirando sin su permiso algo tan privado como sus conversaciones, pero...Fruncí el ceño; te quiero. Fruncí el ceño, ¿por qué le había dicho que la quería? ¡Y más importante! ¿No me había dicho hacia una rato que no le decían que la querían?— ¡Ya voy! —Bramé al escucharla llamarme, volví a dejar el móvil en la mesa aunque tuve que comprobar que no lo había roto por la fuerza con la que lo estampé en la superficie. Terminé de deshacer de la ropa restante, sin mirarla aunque ella me estuviese hablando; lo único que hacía era resoplar por lo bajo después de haberme metido en el interior del agua. Me hundí hasta tapar la nariz con el agua, y la observé por fin, ¿cómo podía estar tan tranquila? Su mejor amigo le había dicho que la quería, ¡su mejor amigo! ¿Eso era algo normal para ella? Yo estaba seguro de que si le decía a Mark que lo quería, me daría un puñetazo sin pensarlo dos veces.— No me pasa nada. —Respondí ante su pregunta, y crucé mis brazos sobre mi pecho. Su cuerpo se acercó al mío, si no estuviera ardiendo en celos, seguramente mis manos ya estarían sobre su piel. Rodé los ojos antes sus continuas preguntas de qué me había picado para estar tan raro.— ¡Pues sí! Estoy molesto, y con bastante razón ya que me mentiste. —Lo último lo susurré, apretando más lo brazos contra mí.— ¿Cómo que no? Me dijiste que no estás acostumbrada a que te digan que te quieren, pero oh, JongIn no te lo dice, ¿eh? —Apreté los parpados hasta dejar solamente una fina línea de visión, que me bastó para ser consciente de que me había delatado sobre le hecho de que había cogido su móvil, pero ya era bastante tarde para ponerme a pensar en que podría haber abordado de mejor manera el tema, ¡ella tenía que hacerse cargo de la pesadez de mi pecho!— Eso da igual, no intentes esquivar lo que te estoy diciendo...porque...porque yo... —Sus manos atraparon mi rostro para que la mirase, y así no tuve ninguna oportunidad de esquivar su mirada.— Porque quiero ser yo el único que esté contigo, el único que te diga que te quiere, y que te bese. —Mordí mi labio, y por fin separé mis brazos para colocar mis manos sobre su espalda desnuda; dejando algunas caricias. Claro que me sentía un completo estúpido por comportarme así, pero eran demasiadas emociones que no estaba acostumbrado a asimilar y que me costaba controlar. Apoyé mi frente contra la suya.— Y más sabiendo que tú y él... —Gruñí, pero al estar tan cansado de seguir hablando lo primero que hice fue delinear mis labios con los suyos: en un beso hambriento, desesperado por querer poseer a Jung más de lo que le ya lo había hecho. Tenía mi mano en su nuca, apretando su boca contra la mía, rehuyendo los gemidos. Toda la ira se había transformado en una pasión candente, y pensaba arremeter contra la culpable de ello.— ¿Soy un condenado celoso, verdad? —La son risa no fue de diversión, fue de orgullo. De orgullo, sí, porque podía ser un verdadero gilipollas por no pensar bien las cosas y dejarme llevar por mis impulsos, pero el motivo principal del por qué me ocurría: era porque tenía a la mujer más bella, sensual, cascarrabias y...en fin, no había manera de poder describirla, así que me aterraba perderla.

 Toqué la mejilla empapada de lágrimas de mi madre, el color rojizo parecía no irse.— ¿¡Pero por qué le abres la puerta!? —Lo único que conseguía al alzarle la voz era que su estado de nerviosismo aumentase, pero necesitaba saber por qué. Por qué dejaba que esto le pasara, ¿no había aprendido con todas las veces anteriores? Mi padre era un ser destructivo, y mi madre era la persona más frágil que hubiese conocido, y ese cabrón lo sabía: y se encargaba de destrozarla cada vez que podía.— Porque... ¡porque es tu padre! Yo solamente quiero que tengas una familia normal, que seas feliz. —Mi tío y tía habían venido en cuanto los llamé, y mi tía estaba abrazando a mi madre para que dejase de temblar.— ¡Jamás seremos una familia normal! Él es un asqueroso hijo de puta, y tú dejas que te maltrate cada vez que se le antoja. Y si quieres que sea feliz, deberías haberlo pensando hace años y haber alejado a ese energúmeno de mí, o mejor: ¡no me hubieses tenido! — Estaba tan cegado por el rencor de haber estado años sufriendo en silencio las dejaciones que mi padre nos hacia, que no podía más. Y sabía que comportándome de tal manera lo único que hacia era agravar el dolor de mi madre, pero llegar a casa, y verla encogida en una esquina mientras mi padre se terminaba una botella de tequila después de haberle dado una paliza no era sano, estaba acabando con mi cordura.— Lo siento tanto, Jackson, ojalá hubiera sabido ser mejor madre. —Mordí la lengua porque ella había roto en llanto de nuevo. Me lancé a coger la llave de la moto, pero mi madre me agarró por la chaqueta; impidiendo que pudiera largarme de ese lugar.— ¿A dónde vas? ¿No irás a por tu padre, no? —La empujé de mi lado con toda la suavidad que pude, y por más ganas que tuve de asentir, solamente me quedé observándola por unos segundos. La adoraba, y si pudiese conseguir que siempre fuera feliz: daría mi vida por ello.— No, pero solamente por hoy. —Gruñí, y di un portazo. Se libraba porque estaba seguro de que acabaría con su desagradable existencia, y no tendría remordimientos para ello.
La sangre corría con fuerza por mis venas, que parecían ir a estallar en cualquier momento al apretar el manillar de la moto con extrema rudeza. Necesitaba escapar, sentía que me estaba ahogando: el hijo de puta lo había vuelto a hacer. La mandíbula me dolía de la presión al tener los dientes apretados. Estaba tan tenso que cuando aparqué frente la casa de Krystal, la moto salió disparada: pero ni siquiera me molesté en levantarla de la grava. Casi había destrozado toda la casa, ¿qué más importaba otra cosa?— ¡Krystal! —Aporreé la puerta, en cualquier otra ocasión en la que mi padre hubiese irrumpido en mi vida de la peor de las formas, hubiera acudido a mis amigos: o la más absoluta soledad para dejar que mis demonios me devorasen. Pero ahora que tenía una pequeño rayo de luz, necesitaba recurrir a ella. Estaba desesperado por poder esconder mi rostro en su cuello mientras su comentarios ingeniosos me sacaban un par de sonrisas. Sabía que era demasiado tarde para estar irrumpiendo en su hogar, pero en cuanto la encontré frente a mí, somnolienta, tragué saliva.— Lo siento, pero, ¿tienes un minuto? Necesito hablar con alguien. —No, no con alguien, solamente me hacia falta ella. Tiré de mi pelo al sentarme en su cama, y en cuanto se colocó a mi lado busqué sus manos para apretarlas con suavidad.— Mi padre ha vuelto a ir por casa, y si no hubiese llegado por casualidad hubiera mandado de nuevo al hospital a mi madre. —Los ojos se me inundaron de lágrimas al no ser capaz de seguir aguantando la compostura.— Y le dije cosas horribles a mi madre, cosas que ninguna madre tendría que escuchar de su propio hijo... —Apreté los ojos al sentir como empezaban a descender.— Pero es la verdad, ella hubiese tenido una mejor vida si yo no hubiese nacido. —Froté los ojos, y sollocé en silencio tanto como pude.— porque así no tendría ningún motivo para estar atada a él. —Giré mi rostro hacia el suyo, notando lo desconcertada que estaba. ¿Y cómo no? Me había presentado a las tantas de la noche, llorando y hablando de la gran depresión que me había estado minando la moral.— Ahora mismo es lo único que me mantiene con los pies en la tierra para no perder la cabeza. —Mordisqueé mi labio inferior, y de nuevo me refugié contra su cuerpo. La ira latente e mi pecho fue descendiendo gracias a  las continuas caricias que me arrullaban por parte de Krystal, la tenía rodeada con ambos brazos a un nivel de que no podía siquiera alejarse o moverse un centímetro de mí.— No vayas contando por ahí que soy un llorón, ¿eh? —Dejé que sus manos limpiasen mi mejillas, tenía que reponerme rápido porque odiaba que ese personaje consiguiera volverme vulnerable al punto de que todas las paredes se derrumbaban a mi alrededor. Me desplomé sobre su cama, con ella sobre mi cuerpo para así poder observarla.— ¿Te importa si me quedó esta noche? —Quité algunos mechones de su rostro, mientras estuviera con ella y hablásemos, podía alejar los malos pensamientos. Y tampoco quería volver a casa, no tenía derecho a regresar después de lo que le dije a mi madre, ¿con qué cara iba a enfrentarla? No merecía siquiera que me perdonase. Se me escapó una sonrisa ladeada: de pasar a que quisiera clavarme un puñal en plena yugular a que se preocupase por mi, había una gran trecho. Dejé un beso en su frente, pero tuve que entrecerrar los ojos porque comentó que podía quitarme la ropa para ponerme cómodo.— Ahora que lo mencionas…podrías hacer un par de cosas por mí, ya sabes: para subirme el ánimo. —El golpe y el comentario sarcástico no se hicieron esperar, al igual que mi carcajada. Y antes de que siguiera buscando en su extenso diccionario de insultos, mi boca se adueño de la suya. Había acertado al decirle en la cabaña que solamente la necesitaba a ella. 

Toqué su cabeza en un gesto cariñoso. La relación se había vuelto un poco extraña, o más bien incomoda.— ¿Te quedarás en casa de Krystal otra vez? —Asentí, mientras la ayudaba a guardar los utensilios que había usado para preparar la cena para ella y para mis tíos, quienes pasaban ya más tiempo aquí que en su propia casa: para así asegurar el bienestar de mi madre.— Sí, tengo que pasar a comprar unas cuantas cosas, así que me voy ya. —Sonreí sin mostrar los dientes. Aunque ya le había pedido perdón, y ella a mí también, seguía sintiéndome culpable. Culpable por como la traté, y por no haber podido protegerla.— Dale recuerdos de mi parte. —Alzó la voz antes de que yo saliera por la puerta. Tenía pensado pasar a por unas pizzas: saqué el móvil para avisar a Krystal de que en unos veinte minutos estaría en su casa, pero para mi sorpresa ella también me estaba llamando.— No falta mucho, las pizzas ya deben estar. —Murmuré quitando la el soporte de la moto, pero lo volví a poner con un golpe de pie cuando ella dijo que…— ¿No voy a poder verte? —Me quejé, me había acostumbrado demasiado a estar con ella cada vez que abría los ojos o los cerraba: era mi sustento de felicidad diaria.— No, no…está bien. —Pasé una mano por el pelo, revolviéndolo un tanto.— ¿Pero, te ocurre algo? ¿Te sientes mal? —No dudaba que si se volvía a enfermar, no me lo diría para así no tener que mostrar su rostro “enfermo” ante mí. Asentí aunque ella no pudiese verme, pero no me quedaba nada conforme con su escueta respuesta.— Nos vemos mañana, te quiero. —Miré el móvil e hice una mueca al ver que ya había cortado la llamada. ¿Habría escuchado lo que le dije?
Tomé una gran bocanada de aire, y volví al interior de mi casa.— ¿Se te ha olvidado algo, cariño? —Negué con la cabeza, y me senté al lado de mi tío.— Krys tenía algo que hacer, así que la iré a ver mañana. —Me encogí de hombros, intentado poner atención al partido de fútbol: pero no pude porque mi tío no me dejó.— ¿Y por qué no te vas con tus amigos? En vez de quedarte con unos viejos como nosotros. —Se me escapó una sonrisa, pero tenía toda la razón. 


[ . . . ]


Dejé las dos pizzas sobre la mesa, siendo rápidamente abordado por Mark y Bambam: los cuales no paraban de repetirme que me había vuelto un calzonazo.— ¿La arpía te ha quitado la correa por una noche? —Rodé los ojos, aunque sabía que lo estaba diciendo con cierto aire de broma.— Deja de decir estupideces, y vamos a comer.  —Me tiré sobre JaeBum: siendo por primera vez consciente de que aparte de los típicos idiotas que conformaban mi grupo de amigos, había alguien más.— Ah, Somi. —Asentí sentándome de manera correcta, ella estaba en el sillón frente en el que yo estaba, y Mark pasó un brazo por encima de los hombros de la chica.— Es mi prima, ¿recuerdas que te hablé de ella? —Asentí ensanchado la sonrisa. No sabía mucho de ella, pues la familia de Somi era residía en Canadá: pero la madre de la chica había enfermado, por lo que habían preferido volver a la ciudad natal de esa  mujer.— Soy Jackson, encantado. —Ella sonrió, aunque como también me había contado Mark, se notaba que seguía bastante retraída por lo que le ocurría a su madre.— Y lo siento mucho porque tengas a este espécimen por primo. —Todos comenzamos a reír, incluido ella.




— No me estoy riendo. —Intenté contener la inminente risa, pero era todo un espectáculo ver a Krystal prepararme algo de comer, e intentar que las cosas no se le quemasen, cayesen, o se equivocara de ingredientes provocando que todo fuese un autentico desastre.— Estoy admirando lo que eres capaz de hacer por mí. —Estaba a unos metros de ella, por si tenía que arrebatarle una sartén ardiendo.  La puerta principal resonó, y junto a ella algunas risas algo escandalosas.— ¡Oh, Jackson! —Jessica se acercó a mí, para como siempre, dar un beso demasiado cerca de mis labios: pero no entró sola, un grupo de chicas la seguía.— Este es el novio de mi hermanita, ah…yo también me pregunto por no es el mío. —Sonreí a sus amigas, alzando una mano a modo de saludo simple. Se acercó a los fogones, inspeccionando que se traía su hermana menor entre manos, hasta que su sonrisa anticipó un fatal desenlace.— Me extrañó no verte ayer por aquí, no sabes lo que te perdiste, Jackie. —Arrugué el entrecejo, y aunque Krystal mandó a callar a Jess, lo único consiguió es que mi curiosidad aumentase, al igual que las ganas de su hermana mayor por contarme tal suceso.— Papá y mamá pasaron una agradable velada con nosotras, ¡yo pensé que vendrías! A nuestros padres les hubiera hecho mucha ilusión conocerte… —Clavé la mirada en Krystal. ¿Eso…eso era por lo qué no quería que viniese a su casa? Tragué saliva.— ¿Por qué no me dijiste que cenarían aquí? —No me gustaba reclamar cosas, cada quién podía hacer lo que quisiera con su vida. Pero ocultarme como si fuese algo de lo que debía avergonzarse: era demasiado.— Eso, Krys. ¿Y por qué no le dijiste a papá y a mamá que tienes novio? —Limpié de manera errática las manos sobre mis bolsillos traseros, meramente en un acto nervioso. O porque habían comenzado a sudar.— Es porque te avergüenzas de mí. —No era una pregunta, porque no necesitaba que ella lo corroborara.— Será mejor que nos vayamos a mi habitación, ¡avísame cuando esté la comida, Krystal! —Tenía los ojos perdidos, porque me había quedado pensativo. Pensativo en el hecho de que mi novia prefería negarme ante sus progenitores, por el simple hecho de que jamás estaría al nivel de ellos: o de ella misma.— Podrías haberme dicho la verdad, lo hubiera entendido. Tampoco es de mi agrado el humillarte. —Yo ni siquiera había dudado en presentarla a cualquier persona que conociese como mi novia, ¡porque el orgullo hervía en mí al referirme a ella como la persona con la que estaba, con la que quería estar!— Que te aproveche la comida. —Musite al pasar a su lado.— Y si no quieres avergonzarte de mí, ¿no sería mejor que buscases alguien adecuado para ti? —Chasqueé la lengua.

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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por hobi el Lun Mayo 29, 2017 12:22 am


Porque no tiene nada de gracioso. — repuse, algunos segundos antes de lanzar mi cuerpo hacia delante con el sartén extendido frente a mi pecho: logrando capturar el panqueque dentro antes de que cayera al suelo en pedazos. ¿Existiría algún curso que enseñase a ser útil en la cocina? ¿Y qué hay de otro que me ayudase a recordar los ingredientes de las recetas? Porque aparentemente el azúcar y la sal eran similares, el vinagre olía terrible y el apio tenía que servir para algo, pero no entendía para que. Y eso dejaba que me viera ridícula, pero también le bajaba varios puntos a mi presunto intelecto elevado y a mi facilidad para adaptarme a lo nuevo. Si seguía así, no habría modo de ganar un mínimo de respeto: ni de Jackson, ni del montón de empleadas que habían formado un tumulto tras la puerta con el fin de espiarnos... y asegurarse de que yo no causara un accidente doméstico con la cocina a gas, rezándole a su millón y medio de santos. Me pareció un poco exagerado, pero ése no fue el motivo por el que puse los ojos en blanco: sino que lo hice tras oír el comentario que Wang creyó divertido aportar, uno al que seguramente habría replicado de no ser por la súbita interrupción de Jessica y su séquito... a quienes fulminé con la mirada para así dejar en claro a quien pertenecía el chico (no tan inocente) al que se comían con los ojos. Creí que mi hermana y su reciente disposición a comunicarse conmigo me haría saber su próximo paradero y hora de llegada, por lo que no vi necesario voltearme a encararla igualmente: y comprobé que fue un grandísimo error, cuando aún concentrada en mi trabajo pude escuchar lo que dijo... y el problema en que me metió por consiguiente. Jessica. — amenacé, pero desde luego que a la castaña le importó demasiado poco: y como tantas otras veces, sentí el impulso de golpearla. ¿Tenía que hablar por mí? Desde que semejante cosa dio lugar, intentaba hallar el modo de contárselo a Jackson y evitar cualquier tipo de malentendido: pero ella no me había dado opción a nada, y por la mirada que distinguía en los ojos de él sabía que era demasiado tarde para arreglarlo restándole importancia. Y ojalá sus defectos no resultaran el darlo todo por sentado y saltar a sus propias conclusiones, pero lo eran: y por ello apagué los fogones, girándome para mirarle un tanto reticente. Te lo puedo explicar, no es lo que parece. — ¿pero de todo lo que pude decir, elegí la frase más auto incriminadora y cliché? No podía creerlo... merecía que él se molestara conmigo, si así pretendía excusarme. Sin embargo, entendía que los nervios me habían tomado por sorpresa cuando menos los esperaba: y todavía tenía una oportunidad o dos, pero tenía que saber aprovecharlas. Y para eso tenía que contarle la única verdad habida y por haber... porque si, cancelé nuestra cita cuando supe que mis padres aparecerían en casa; pero no evité que pusiera un pie en la casa porque me avergonzara el hecho de estar con él, lo hice porque conocía al arrogante señor Jung y a su descarada esposa... sabía de su profundo rechazo a las clases sociales que consideraban inferiores desde cualquier aspecto y también era consciente de que ninguno de los dos tenía pelos en la lengua a la hora de hacer sentir mal a las personas. No quería someter a Jackson de esa manera, y si podía evitar un encuentro como ese después de todo lo que ocurría en su vida últimamente: lo haría. No quería volver a ver vulnerable, a la única persona en la que buscaba apoyarme cuando yo lo hacía. No es así, y lo sabes. Deja de sacar juicios apresurados, permite que te explique el por qué y... — no logré continuar, las palabras quedaron atoradas en mi garganta cuando le oí referirse a mí de esa manera. No iba a negar que por un lado creí que estaba haciéndome una broma, pero en la expresión de su rostro no distinguía ningún indicio que corroborara esa teoría: así que avancé para tomarlo del brazo y retenerlo, ¿iba enserio? Jackson, mírame. — pero su mandíbula se encontraba tensa y sus ojos fijos en un punto muerto tras de mí... y lo conocía, lo suficiente como para saber que la molestia pasó a ser enojo: ¡dirigido a mi persona, ni más ni menos! ¿Pero cómo podía dudar de mí, después de lo mucho que me había esforzado en demostrárselo? Si, puede que no bajo los métodos convencionales: quizá lo hubiera hecho muy a mi manera, pero creí que lo había comprendido. Lo quería, y no sería capaz de hacerle algo como eso... pero me ofendía profundamente el que él pensara lo contrario y estuviera tan convencido de ello. Sabía que uno de los dos tenía que anteponer la razón, pero mi expresión también cambió cuando se soltó de mi agarre y me miró con reproche. ¿Cuántos años tienes, quince? ¿Desde cuándo estás tan susceptible y por qué crees que todas las tonterías que pasan por tu cabeza son la única verdad? — sin embargo, me dejé llevar: hablé, y después pensé. ¿A qué me refiero? ¡A que me molesta que me creas capaz de algo así, porque no lo soy! ¡Ni siquiera buscas escucharme, estás demasiado ocupado creyendo que las certezas las tienes tú! — y me acerqué cuando avanzó en mi dirección, porque nadie me acusaba de algo que no era. No lo había engañado, no me avergonzaba de él y no quería seguir discutiendo por algo tan estúpido: ¡pero Jackson lo hacía imposible! ¡No seas ridículo! ¿Que me desconoces, dices? Muy bien. Krystal Jung, un placer: he estado aquí para ti desde que nos conocimos, te escuché y contuve cuando nadie más lo hizo. ¿Eso es lo que haces por alguien que te avergüenza? ¡¿Siquiera te estás escuchando?! — perdí la calma y la noción, no sentí que tuviera todo bajo control: cuando lo empujé hacia atrás presa de mis impulsos y el frenesí del momento. Tomé aire, y lo dejé salir al apoyar una mano en mi pecho para suspirar. Será mejor que te vayas, lo pienses con la cabeza en frío y me llames cuando aceptes que estás equivocado. — pero, al contrario de apaciguarle, el comentario hizo que se enfadara aún más: y como era de esperarse, su respuesta también me obligó a reaccionar. ¿La culpa era suya? ¡Claro que si, porque en lugar de discutirlo como personas civilizadas preferiste solucionarlo de éste modo y es absurdo! ¡Eres un maldito dolor de cabeza, así que vete! — y esta vez, no medí nada de lo que escupí hecha una furia: hasta que fui consciente de que lo dije, luego de notar el modo en que retrocedió tras mirarme atónito. El silencio nos rodeó y fue incómodo, pero sirvió para que lograra darme cuenta de lo que había dicho... y del sentido por el que pudo haber tomado esas últimas palabras. Lo siento, no quise que sonara de ése modo. Sabes que... Jackson, ¡vuelve aquí! ¡vuelve! — pero lo había lastimado, y hallaría la forma de tenerme tan lejos como fuera posible.

[. . .]

El mensaje que esperaba tampoco llegó durante los próximos días, y él desapareció por completo. Se había ausentado de la universidad como nunca lo había hecho, Mark y Yugyeom se negaban a darme explicaciones y él se negó a abrirme la puerta cada vez que fui a buscarle: y no para que respondiera mis preguntas, sino para asegurarme de que estuviera bien... porque sabía que no era así, y aunque él hubiera montado el más grande escándalo por algo que no merecía la pena: el límite lo había cruzado yo. Así que tras insistir los primeros días, comprendí que quizás necesitaba pensarlo a fondo: y tal vez haría bien que cada uno lo pensase por su lado. Últimamente, pasábamos demasiado tiempo juntos y tenía la firme creencia de que eso acostumbraba arruinar cualquier tipo de relación... incluso la nuestra, por muy extraña y contradictoria que resultase. Dejé de enviarle mensajes, dejé de llamarlo y dejé de golpearle la puerta... ignoré a sus amigos y volví con los míos, peleé con Jessica una vez más y dejé que Luna me arrastrase por primera vez a una de sus tardes de chicas junto con Victoria y Sulli: pues, tal y como lo esperaba, ayudó a que me desconectara del mundo real por un rato... que dejase todos los problemas a un lado y concentrara mis cinco sentidos en ayudarla a elegir conjuntos de ropa. También accedí a dejarme teñir el pelo creyendo que era hora de un cambio, y no tuve ni voz ni voto a la hora de elegir el color: pero suspiré aliviada cuando la imagen del espejo me devolvió la de una chica rubia, que se parecía a mí y al mismo tiempo no. Aún así, no me disgustaba para nada: así que le di mi aprobación rápidamente y comencé a acostumbrarme a él luego de que la mayor parte de mis compañeros empezasen a notarme, a saludarme y a querer tenerme cerca. ¿Todo por un cambio de color en el pelo, o porque sabían que la razón del que Jackson se hubiera desvanecido era yo? No me atreví a preguntárselo a nadie, porque no quería hablar con nadie en relación a eso... y Amber, su amiga, pareció no comprenderlo. ¡El idiota de Wang hace que me preocupe y vuelve así, como si nada! — extrañada, la miré: y el libro que me había dispuesto a guardar en el casillero se deslizó de mis manos y cayó al suelo, cuando finalmente encontré sentido a lo que dijo. El susodicho había regresado, y acababa de atravesar el pasillo repleto de estudiantes para dirigirse fuera con su grupo de amistades y eternas seguidoras. Evidentemente no me había visto, y tampoco sabía si quería que lo hiciera. No podía fingir que nada había sucedido, y tenía un muy mal presentimiento con respecto a lo que sucedería si me atrevía a enfrentarlo: ¿qué se supone que éramos, de todas formas? Una pareja antes de la fuerte discusión estúpida, dos piezas desencajadas y separadas a cada lado después.
La tarde transcurrió lenta y tortuosa, mientras aguardaba a que sonara la campana de la salida para poder aclarar las cosas con la persona que me había evitado el día entero. Cuando lo hizo, me dirigí al sitio en donde acostumbraba esperarme con su motocicleta: y mi sorpresa fue verdaderamente grande, al mostrarse contrario a todos mis pronósticos y estar allí como si nada. Jackson. — semanas de no verlo, tocarlo, besarlo... ¿y eso era lo primero y único que podía decir? Mordí mi labio inferior y sonreí ligeramente, comenzando a sentirme incómoda por la forma en que se detuvo a observarme. Lo hacía con un profundo desinterés, como si fuera una insoportable que no sabía cuando callarse... y quizás me lo merecía, así que puse lo mejor de mí para ignorar la sensación de angustia que se apoderó de mi pecho.   ¿C-cómo... cómo estás? ¿y por qué respondes de esa manera? Decía muy pocas palabras, como si buscara el fin de la conversación cuanto antes para poder marcharse. Pero no lo entendía... si no quería verme y hablar conmigo, ¿qué estaba haciendo ahí? Ése era nuestro lugar.  Me tenías muy preocupada. — admití, al dejar que una de mis manos se alzara en busca de las suyas. No obstante, se apartó: y eso me dolió... pero no quise emitir comentario al respecto, envolviendo un mechón de pelo en mis dedos para ondularlo ligeramente. Tengo tu color, ¿te gusta cómo me queda? — de acuerdo, ése reencuentro apestaba: la conversación apestaba, y yo también lo hacía. Quizá debería haber insistido, quizá debí de haber averiguado algo más en lugar de esperar y después lanzarme a las fauces del depredador. Jackson pareció no comprender, y cuando finalmente lo hizo asintió: asegurando que ''me quedaba bien''. Y si un comentario así provenía de él refiriéndose a mí, sabía que estaba en problemas. ¿En dónde estaban las burlas e insinuaciones que me preparé para recibir?  Lamento haberte tratado como lo hice, y haber dicho todas esas cosas que en realidad no siento. Eres... muy importante para mí, y no pienso que estar contigo sea una pérdida de tiempo: como tampoco me avergüenza tenerte a mi lado. Quiero a mi novio por ser quien es, sin importar más nada. — y froté mi mejilla con el índice, tras haber agachado la mirada para ocultar el furioso rubor que tiñó mi rostro al rojo vivo: pero la alcé cuando lo escuché suspirar, y me sentí un tanto descolocada cuando le oí responder un simple ''bien''. Y no me habría sentido tan insegura, si seguido a tan escueto comentario me hubiera abrazado para demostrarme que realmente era así... pero no hizo nada, y eso atrajo la pesadumbre a mi pecho una vez más. No obstante, mantuve la fachada de tranquilidad: y como pude, sonreí: o esbocé la mueca más falsa que hubiera dejado ver alguna vez. Me alegra que lo hayas entendido. — ¿y fue necesario hacer lo que hice después? Si y no. Si, porque anhelaba la sensación única e inigualable de sus labios moviéndose contra los míos. No, porque de acuerdo a su actitud se quedó quieto en su lugar y no correspondió el gesto bajo ningún concepto... y esta vez, no evité mirarle desconsolada. ¿Por qué me trataba así? ¿Te encargas de que alguien sepa lo mucho que la quieres, y después la ignoras? ¿Así funcionaba el mundo en que me dejé caer por y para él? Parpadeé rápidamente, y me froté los ojos luego de fingir que algo había entrado en ellos. ¿La realidad, quizá? Aquella donde Jackson Wang y Krystal Jung no eran capaces de verse las caras, y evitaban acercarse al otro para obviar el mal rato. Bueno, ¿piensas llevarme a ca...? — y habría continuado, de no haber sido por la chica que lo nombró al acercarse junto a Mark. ¿Quién era ella, y qué hacían aquí? Observé con los ojos del impacto la manera en que el rostro del rubio se iluminó al verla, y sentí el impulso de pellizcarme para verificar que no estaba alucinando: cuando la abrazó y besó en la mejilla del mismo modo en que alguna vez lo hizo conmigo. ¿Todos estos días... los había pasado con esa desconocida? ¡Ah! Lamento haber sido tan grosera. Soy Somi, encantada de conocerte. — y todo habría estado bien si ella fuera una perra egocéntrica que solo buscaba enrostrarme la simpatía que mi novio sentía por ella, pero la tal Somi parecía un encanto de persona: era bonita, amable y extrovertida. Representaba todo aquello que yo no.  K-Krystal. — Mark apresuró a Jackson antes de pasar por mi lado y dirigirme una mirada de reojo, afirmando que de no ponerse en camino llegarían tarde a la fiesta. ¿Fiesta...? ¿Jackson iría a una fiesta? Somi se despidió de mí con un beso en la mejilla al dirigirse tras el mayor, y mis ojos se posaron sobre los de Jackson: ardiendo. No podía llorar, jamás lo había hecho frente a él y no dejaría que algo así me afectara. No debía permitirlo. ¿Vas a la fiesta de Tzuyu? — pregunté, recordando el acontecimiento que reuniría a gran parte de la universidad en su gran casa: con motivo de celebrar el inicio de vacaciones. Tragué en seco al oírle preguntar si yo no pensaba hacerlo, pero sonreí ligeramente: ¿no era esa la frase más larga que me había dicho hasta entonces? No, porque no lo he hablado con mi novio. — ¿o mi ex, sin yo haberme enterado de la ruptura? Respiré hondo, y aferré el bolso a mi hombro cuando empezó a moverse: tenía que irse... no quería llegar tarde. B-bueno... que te diviertas. fingiendo que soy una desconocida y que no quieres tener nada que ver conmigo, pensé al marcharme.

[. . .]

Y alcancé el punto en que dejé de disfrutarlo, o más bien soportarlo. No podía seguir con esa incertidumbre en la que me envolvía cada vez que lo veía pasar cerca de mí con los chicos y Somi. No podía continuar preguntándome si existía el modo de volver a lo que éramos antes, porque ahora ni siquiera quería eso. Cedí ante el enfado, la frustración e inquietud: tenía que ponerle un fin a todo. Y por eso lo sujeté del brazo al acercarme molesta, lo arrastré conmigo por los pasillos de la gran institución y lo empujé dentro del lugar en que comenzó todo: consciente de que en horario de clase y al oír mis gritos, nadie osaría acercarse. ¿Por qué hago esto? ¡Porque he tenido suficiente! — exclamé, lanzando mi bolso al suelo cuando llevé mi pelo hacia atrás y dejé salir un gruñido. ¿Quería que lo lastimara de verdad? Muy bien. Volvería a mi antigua versión si así conseguía sacarle una reacción o palabra que diferenciase de un estúpido monosílabo. ¡Jamás me avergoncé de ti! ¡Evité que estuvieras ahí porque sabía que mis padres iban a hacerte sentir mal con sus comentarios degradantes, y no quería hacerte pasar por eso! Me desprecian a mí y soy su maldita hija, ¿qué te hace pensar que contigo hubiera sido diferente? No podía permitirlo, no después de todo lo que te estaba pasando últimamente. Quería que te apoyaras en mí, que confiaras como yo lo hice contigo. — y limpié mis mejillas con fervor, ¿pero en qué momento había empezado a llorar? No lo recordaba, y tampoco me importaba. Tenía preocupaciones mucho más vitales.  Y ahora sé que cometí el peor error al dejarte entrar en mi vida como si nada, porque quien sospecha en éste momento soy yo. ¿Lo hiciste por inmaduro, o fue a propósito? ¿Acaso planeaste esto desde el principio para reírte de mí después? — pregunté al empujarlo, cosa que se había vuelto costumbre y a modo de broma cuando se trataba de él. Ahora, lo hacía con fuerza aún sabiendo que no iba a moverlo un solo centímetro. Jamás permití que alguien supiera de mí todo lo que tú sabes en éste momento, ¿ni siquiera eso te hace pensar? Te llamé, te fui a buscar e intenté hablarte: y te aseguro que no lo hice para que me trataras de éste modo. ¡Lo hice para que supieras que te quiero como jamás había querido a nadie! — presa del enfado y la angustia, podía continuar. Jackson no parecía tener intenciones de responder: solo de quedarse mirando. Desearía que nunca me hubieras visto con DongWook, que no me hubieras obligado a hacerte ese favor y que no hubieras hecho que me enamorara de ti. ¡Ojalá nunca te hubiera conocido, Jackson Wang! — y no me molesté en apartar a mi pelo cuando cayó sobre mi rostro. ¿Para qué? No me preocupaba como me viera en ése instante, ya nada lo hacía. ¿Y te atreves a preguntar algo como eso? Eres un imbécil. — giré para limpiarme el rostro y agacharme a tomar mi bolso, dirigiéndome a la puerta del baño para poder desaparecer de una vez.  Significa que estoy rompiendo contigo, ya no tienes que seguir mirándome como si fuera escoria. No voy a acercarme a ti, y tampoco quiero que tú lo hagas. Haz de cuenta que lo nuestro nunca existió, ¿ya? Parece que se te da muy bien, de todos modos. — y antes de marcharme... tenía que.  Y asegúrate de no hacer daño a esa pobre chica. Parece una buena persona que tuvo la desgracia de cruzarse contigo. — estaba hecho. Se había terminado.

Y jamás creí que fuera a convertirse en la persona de la que yo lo taché, consciente de que se alejaba de ser así. ¿Pero cuántas veces me había equivocado ya? Porque si Jackson Wang fue lo mejor que me pasó en la vida, ¿qué hacía besando a Somi una semana después?


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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por hobi el Miér Mayo 31, 2017 8:32 am


Me encontraba aturdido, y no tenía idea de que diablos sucedía a mi alrededor sin importar cuántas veces le diera vueltas al asunto. ¿Cómo iba a hacerme cargo de semejantes acusaciones si jamás había hecho tal cosa? Me había alejado del ''negocio'' y todo lo que tuviera que ver con él, me aseguré de realizarlos a su manera y no me quedaba ninguna duda de que había generado más ganancias que perdidas: ¿así que por qué creía que tenía el derecho de venir a irrumpir a mi casa, amenazar a mi familia y salirse con la suya? JaeJong era un imbécil, y lo conocía desde que me había iniciado tiempo atrás: sabía la clase de persona con la que estaba tratando y era bastante consciente de los antecedentes que se cargaba. Ni siquiera parecía convencido de que yo fuera el culpable, lo hacía para mostrar que tenía el control y porque me había separado del grupo... ¿o creía que olvidaba el modo en que trataban a las bajas y los desertores? No tenían por qué montar un escándalo mediático, porque me había encargado de dejarles en claro que podían irse al infierno en lo que a mí respectaba. No pensaba volverme en su contra, pero tampoco delatarlos: porque había conocido una gran cantidad de novatos que recurrían a ello por la misma razón en que lo hice yo, y aunque estuviera jodidamente mal entendía por qué era la única salida para muchos. ¿Hacía todo esto para advertirme, o porque pretendía que regresase? De otro modo, no me quedaba clara la presencia de NaYoung: y el modo en que sus ojos se movían de un lado a otro con un nerviosismo que no me molesté en comprender, porque de momento tenía cosas más importantes en las que concentrar mis energías y ella nunca valió la pena el esfuerzo, de todos modos. Me sujeté el estómago con fuerza y busqué aferrarme a algo cuando volví a perder la noción, el desgraciado atacaba sin dar tiempo a nada y con los gritos de Taree, SunHee dentro de casa y los chicos que se acercaron entendía poco. Concentrarme en una situación así era imposible, no podía pensar en apartarme si la chica a la que busqué aferrarme no estaba a salvo. ¿Por qué se había quedado conmigo, en una situación tan peligrosa como impredecible? ¿Por qué no se refugió con mi hermana dentro, permitiendo que yo me encargara del asunto con mis propias manos? No me estaba dejando atacar por el bastardo de JaeJong porque si, sino que lo hacía porque no podía dejar de pensar en que alguien podría lastimarla sin que yo pudiera hacer nada al respecto: en un estado de confusión y desasosiego mayúsculo, donde captaba y asimilaba muy poco debido a los continuos golpes de quien ahora discutía con otra persona... una voz femenina y suave, que difería mucho de la que poseía NaYoung. Dejé que mi espalda diera contra la pared a modo de poder aferrarme a algo para así recuperar el dominio de mi cuerpo: y habría preferido no hacerlo, porque solo así visualicé el modo en que la navaja del grandísimo idiota se enterró en el cuerpo de la única persona a la que jamás debí haber arrastrado conmigo. Y volví a obtener el control, me lancé hacia delante como si fuera por instinto y envolví su frágil cuerpo en mis brazos: porque de todas las personas que podían abandonarme, ella tenía que ser la última... en cincuenta o sesenta años, cuando ninguno de los dos tuviera fuerzas para continuar. Nos iríamos juntos, y no por separadoCon ellos y contigo, porque no dejaré que te vayas a ningún lado. ¿De acuerdo? Vas a estar bien, Taree. Vas a estar bien, t-te lo prometo. — mi mano dejó de temblar cuando le acaricié el rostro y la apegué a mí con fuerza. Sabía que había fallado estrepitosamente en el intento de cumplir con todo lo que alguna vez le juré, pero no me podía volver a permitir semejante cosa: no lo haría, no esta vez.  ¡Papá, llama a emergencias! — y bastó con que lo gritase una sola vez, para que éste abandonara la casa con teléfono en mano y la un falso ''lo tengo todo bajo control'': que empleaba pura y exclusivamente para no ponerme más nervioso a mí. Se agachó a nuestro lado, cuando yo palmeé la mejilla de la castaña con delicadeza: tenía que abrir los ojos, tenía que quedarse despierta. No te duermas, mi amor: la ayuda viene en camino y tienes que estar despierta p-para decirles lo idiota que fui al dejarte, p-porque eso harás... ¿de acuerdo? — mi voz se entrecortaba, el resto de mi cuerpo se sentía tan inútil e impotente como me obligué a verme después de que ella hubiera tenido que interponerse con el estúpido fin de protegerme. ¡¿Por qué había hecho eso?! ¡Yo no necesitaba ni merecía que me pusiera a mí por delante de su propia vida! ¡¿No entendía acaso, que eso debía ser al revés?! Pero también les vas a decir que éste idiota jamás va a dejarte ir, tienes que despertar y hablarles de la música que quiero componer para ti. ¿Puedes acordarte de eso? Quiero que les hables del hogar y la familia que vamos a formar después de que tenga éxito, de los muchos años que viviremos después juntos y felices... p-porque vas a vivir setenta u ochenta años más, eres lo suficientemente fuerte para lograrlo. — ¿pero por qué estaba tan pálida, y por qué sus latidos se sentían cada vez más débiles? No te vayas, no puedes conocer a mi madre todavía: quiero ser yo quien te la presente. Y apuesto a que después de avergonzarme contándote todo lo que hice y no recuerdo, admitirá estar orgullosa de la elección que hice contigo... y reirá a carcajadas porque tú me encontraste a mí mucho antes de que yo lo hiciera.  la mecí en mis brazos, y apoyé su rostro contra mi pecho para evitar que la lluvia continuase haciendo sencilla la tarea de arrebatármela de las manos: como si hubiera sido ligeramente soportable el haberle perdido una vez y en una circunstancia que no podía compararse a esta. ¿Por qué era tan difícil para nosotros dos? Taree, mírame. Vas a estar bien, te vas a recuperar y voy a estar a tu lado tal y como lo he hecho todo éste tiempo: desde el principio hasta el final, ¿si? — y la única razón por la que podía hablar era porque sabía lo que podía suceder si no lo hacía. No era hora de sufrir un shock que me alejara de la realidad, sino de asegurarme que los para médicos la hallaran con vida.  Te necesito, ángel. — Quédate aquí... juro por Dios que no vas a arrepentirte esta vez. ¿Pero alguna vez lo había hecho? No, nunca. Taree jamás se rindió conmigo, ella no iba a rendirse con nada. Papá... — sollocé, y él se incorporó rápidamente para hacer señas a la ambulancia que se acercaba a toda velocidad: agachándose a nuestro lado para ayudarme a sujetarla cuando los asistentes abrieron las puertas del vehículo de par en par. Ve con ella, hijo. Yo me encargaré de SunHee, la prepararé e iremos tan rápido como sea posible. — y antes de que subiera a la camioneta, me empujó en un abrazo fugaz. Todo va a estar bien, Yoongi. — y ojalá creerlo fuera tan fácil como escucharlo, porque en mi mente no podía dejar de imaginar al peor de los escenarios por muchas probabilidades que barajara en ése momento. Al diablo con aquellos que se oponían, nada ni nadie iba a lograr apartarme de la mujer que había sido creada para mí en todos los sentidos de la palabra.

¿Qué estás haciendo aquí? — pregunté, cuando TaeHyung se cruzó de brazos frente a mí y resopló. Tu padre no puede venir porque SunHee esta incontenible, así que me mandó a acompañarte: ¿y dejarás que lo hagas, o también vas a apartarme? — entonces fruncí el ceño, porque pudiendo procurar juntos el que Taree se pusiera bien cuanto antes: elegía discutir como si nos encontrásemos en medio del instituto, bastante convencido de que tenía toda la razón en hacerlo.  No puedo creer que... — pero me interrumpió, antes de que lograra continuar.  No, Yoongi. No puedo creer que tú la hayas lastimado del modo en que lo hiciste, ¡y pusiste su vida en riesgo, además! — me negué a responder, y eso pareció provocarle aún más: por alguna razón.  ¿Siquiera sospechas cuántas veces encontré a Taree llorando en los pasillos de la escuela, por que tú la evitabas como si fuera la peste? — si, podía. Y por ello me decidí a responder. Lo hago, y por eso estoy aquí. No conoces la mitad de la historia siquiera, ¿qué te da derecho a decir lo que te parece bien y lo que no? No creo que éste sea el momento y tampoco el lugar para hablar acerca de esto, así que si eso es lo que pretendías sugiero que te vayas: o responderé a cada uno de tus agravios y acabarán por echarnos a los dos— bufó esta vez, y se encogió de hombros. Haz lo que quieras con tu vida, pero no hieras a quienes quieren permanecer en ella... porque la próxima vez que Taree se refugie en mis brazos, te aseguro que no la voy a soltar. 

Oí las puertas abrirse, y mi mirada se alzó tan rápido como lo hizo el resto de mi cuerpo. El médico de guardia que había prometido hacerse cargo se detuvo frente a mí y suspiró, llevándose las manos a los bolsillos. No sabría decirle que sucede con la paciente. — ¿cómo? Estamos seguros de que no fue un corte profundo, y la probabilidad de que haya comprometido a un órgano es muy baja por esa razón. Sin embargo, no despierta y eso nos obliga a internarla en cuidados intensivos. Su cuerpo es muy frágil, yo jamás había visto algo así. — tragué, y asentí sabiendo a que se refería. Parecía sospechar de algo, pero ninguna de sus suposiciones se acercaría nunca a lo que realmente ocurría con Taree: y tampoco podía decírselo, porque no me lo creería y no existía una razón para que lo supiera. Pero alguien debía de ayudarla, y si no era él... ¿quién?  Disculpe, he recibido una llamada y al parecer mi hermana acaba de ser ingresada por un accidente. ¿Podría decirme en dónde esta? — mis ojos se abrieron un tanto más grandes cuando reconocí al propietario de esa voz, e instantáneamente ladeé la mirada para encontrarme con TaeYang: quien me dirigió una muy rápida antes de proseguir. Su nombre es Bae Taree, y necesito verla. — pero no creía que el horario de visitas estuviera permitido tan pronto el damnificado fuera considerado apto para la terapia, aún así: me percaté del modo en que los ojos de TaeYang jamás se alejaron de los del médico, y este asintió luciendo en trance. Habitación 201, señor. — y se marchó como si nada, dejándome lo bastante confundido como para reaccionar inmediatamente. El ''ángel'' suspiró, tomándome del brazo para arrastrarme por el pasillo de emergencias en dirección al lugar que había sido previamente indicado.  Te pido que la cuides y haces que casi la maten. Muy bien hecho. — bufó, para empujarme dentro de la habitación y meterse seguidamente. Lo miré desconcertado, y fruncí el ceño. ¿Cómo fue que se enteró de lo sucedido? Lo sé todo, idiota. — masculló entonces, como si pudiera leerme la mente aún cuando estuviera bastante seguro de que esa no era una de sus capacidades. Aún así, dejé de prestarle atención cuando mi mirada se encontró con ella. Y se veía bien, parecía tranquila: lo que me había hecho pensar el médico se alejaba de la realidad... afortunadamente. De permanecer en el estado en que la traje, probablemente habría perdido la razón en una cuestión de segundos: con más motivos, a sabiendas que de su cuerpo no respondía al tratamiento del modo en que lo hacían todos los demás usualmente. Por supuesto que era frágil... temeraria e imprudente, eligiendo poner su vida en juego aunque la mía valiera muchísimo menos.  Lo habría soportado si conservara sus poderes. — ¿aquellos de los que SunHee me había hablado hasta el cansancio, y yo me negué a creer? ¿Y por qué no los usó? — pregunté, cuando TaeYang llevó una mano a su vientre y presionó la palma. Porque los perdió. — y no necesité preguntarle el motivo, porque sospeché que se relacionaba a mí y a lo que le había hecho para estar seguro de que no sufriría en mi compañía... y lo único que había logrado al alejarme de ella era todo lo contrario. Al filo de la muerte por esta cosa, ¿eh? — preguntó, cuando los ojos de la chica se abrieron de par en par tras él apartarse. Puso los ojos en blanco en cuanto me acerqué para aferrar su mano con la mía, y negó suspirando. No me mires así. Me refiero al amor, no a tu novio. — continuó, cuando un relámpago resonó fuera del edificio y la lluvia cayó con más fuerza. Aquel que atente contra la vida de un ángel, atenta contra Dios. JaeJong no molestará nunca más. — y entendí a que se refería sin la necesidad de preguntarlo, pero lo miré para pedirle en silencio que se marchara: habían cosas de las que ella y yo debíamos de hablar a solas. Bien, bien: parece que tengo que irme. Asegúrense de mantener un perfil bajo, tú no salgas a buscar problemas y tú mantén ese corazón latiendo: accedí a ayudarlos con esta locura, pero no voy a arriesgar el pellejo cada vez que mi tonta dongsaeng intenta hacerse la heroína— se despidió al girar y alzar la mano, dejándonos solos en una cuestión de instantes. Los mismos que sirvieron para que pensara en lo que había sucedido con un poco más de detenimiento, permitiéndome un ceño arrugado en cuanto Taree preguntó como estaba. Recibiste una puñalada y me hiciste pensar que desaparecerías para siempre, ¿a ti cómo te parece que estoy? — pregunté, al tomar asiento junto a la cama y dejar que una de mis manos se deslizara sobre su mejilla: la restante la mantenía sobre la suya, con nuestros dedos entrelazados.  Quise dejarte aquí y marcharme, salir a buscar a ése tipo: nadie que te haga daño merece seguir vivo. Pero lo pensé, y estuve seguro de que si lo hacía iban a separarme de ti de una vez por todas. — mordí mi labio inferior y suspiré, obligándome a no recordar el vacío y la angustia que sentí al considerarlo.  Lo perdiste todo... por mí. — ¡y no se supone que debiera sonreír por algo como eso!  No vuelvas a hacerlo. — musité, al quitar el cabello de su rostro e inclinarme. Porque si me dejas, voy a ir a buscarte. — ...a donde sea, sin importar que. Nada valía la pena si no era con ella.

[. . .]

¡No, no, déjame a mí! ¡Yo sé lo que le gusta a unnie! — bramó SunHee, luego de arrebatarme el recipiente de las manos y depositar a mi pesar la mayor parte del contenido sobre los panqueques. Si, sabía lo que le gustaba a Taree: pero esa desmedida cantidad de dulce era lo que la tenía así a ella. ¡Y una flor, en las películas siempre hay una! Traje estas de la escuela, ¿te gustan? — inquirió, obligándome a echarme para atrás cuando las empujó contra mi rostro para así observarlas más de cerca. Si, SunHee. Le van a gustar si le cortas el tallo lleno de tierra y le quitas las espinas que tienen ahí. — vertí el chocolate caliente sobre las tazas sobre la bandeja, y mi hermana se lanzó por delante de mí para hacerse de las tijeras. Y confié en ella, así que terminé de limpiar la mesada y me aseguré de que todo estuviera en orden antes de voltear una vez más: encontrándome con la niña al borde del llanto.  ¡C-creo que corté demasiado, y unnie no va a estar feliz! — y con demasiado hablaba enserio. Prácticamente, había quitado el tallo entero y no había modo de meter las rosas en un florero: así que fruncí el ceño y apreté los labios, porque si no pensaba en algo rápido... no haría falta de mucho para que SunHee comenzara a llorar. ¿Y si se las dibujas? — pregunté, acercándome a la mesa para tomar su mochila y estirarla en su dirección. Todavía no despertó y aún tengo que cortar las frambuesas, tienes algo de tiempo. — y con el surgimiento de la idea pareció animarse una vez más, abriendo su pequeño bolso para sacar las hojas blancas y unos cuantos bolígrafos de colores. ¡Tienes razón, eso haré! — no quería presumir, pero debía de reconocer que cada vez me volvía mejor y más paciente cuando se trataba de los niños: especialmente de SunHee y sus estados de ánimo propensos al cambio drástico. Pasaron algunos cuantos minutos más en los que garabateó concentrada, mientras yo me encargaba de los últimos detalles. El sonido de los pájaros y la brisa primaveral se coló por las ventanas entreabiertas, y no pasó mucho antes de que finalmente estuviera todo preparado. ¡Terminé! — afirmó, luego de batir el papel por los aires y doblarlo: depositándolo dentro del bolsillo de su vestido cuando se acercó a mí y resopló, tan pronto alejé la bandeja de sus manos. — ¡Pero yo se la quiero llevar! — molesta, se cruzó de brazos y de acuerdo a lo mucho que la conocía: colocó en su rostro la expresión con la que advertía un inminente berrinche. ¿Y si se la llevamos los dos? — así que la sostuve yo, pero caminé lentamente porque SunHee se posicionó bajo la bandeja y pegada a mí: con los brazos hacia arriba para ''sujetarla'' de igual modo. Abrimos la puerta de su habitación y le dediqué una ligera sonrisa de lado, en cuanto SunHee se apartó para saltar sobre la cama y envolver sus pequeños brazos alrededor del cuello de la mayor.  ¡Mira todo lo que oppa preparó para desayunar! ¿No es genial? — cuando finalmente dejé la bandeja sobre la cama y me recosté sobre el colchón para acercarme a ella, mi hermana se escabulló de sus brazos para sentarse en medio y desdoblar el dibujo que recordó de repente: entregándoselo. Como no lo había visto y el arte abstracto de mi hermana menor siempre me daba curiosidad: alcé la mirada por encima de su cabeza para poder ver que había pintado esta vez. Y tuve la misma duda que Taree, en cuanto pude identificarme a mí a duras penas, a ella y a la pequeña: pero no a los dos... niños, que como SunHee sostenían rosas de tamaño exagerado. ¿Y esos quienes son? — pregunté entonces, ganándome una expresión de obviedad por parte de la niña. Tú, unnie, yo y sus bebés. Esa es Kaori, y ése es KiHyung... así van a llamarse cuando los traiga la cigüeña. — y tenía dos opciones: atragantarme con mi propia saliva (en vista de que aún no había ingerido la bebida caliente) o mostrar que estaba plenamente de acuerdo: y la segunda se hizo más convincente, cuando vislumbré el rubor en las mejillas de Taree. No tengo nada que ver con esto, pero no me opongo. — y me encogí de hombros, como si nada.


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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por lalisa el Lun Jun 12, 2017 9:07 pm


El humo se disipó gracias a la suave brisa que corría hacia el interior de la ventana. Las clases acababan de terminar hacia unos minutos, así que me dispuse a disfrutar de un cigarro a sabiendas de la tortuosa tarde de correcciones a los exámenes que había estado dejando a un lado: pero si no quería que mis alumnos se revolucionaran, debía entregarles las notas a más tardar. Empero,  algo mucho más interesante capturó mis ojos. Jackson Wang, y no se encontraba haciendo el patán de nuevo junto a su grupo de amigos. Estaba besando a una…chica diferente. Y por diferente me refería a que no era Krystal. Alcé las comisuras de mis labios en una sonrisa sombría, ¿habían terminado ya su penosa actuación de pareja? Porque había tratado de controlarme en lo posible para no hacer comentarios plagados de sarcasmo al verlos pasar de la mano.— ¿En dónde…? —Pasé la punta de la lengua por mi labio inferior, sumido en una laboriosa búsqueda de una fémina rubia, hasta que la encontré. Y su semblante me aseguró que ella también había visto como Jackson se magreaba con la otra muchacha. Arrojé la colilla a medio terminar, sabiendo que ese momento era decisivo. Iba con pasos rápidos, decididos a encontrarme con ella. Sabía que decirle: te lo advertí, no era de buen gusto para nadie. Pero Krystal debía darse cuenta de que clase de persona era Jackson, quizá hubiese emponzoñado algunas falacias cuando lo acusé de ser un futuro agresor, pero meramente lo hice porque me preocupaba por ella, ¡demonios!— ¡Que tenga un buen día, señor Lee! —Sonreí a la profesora de Ciudadanía, para agachar la cabeza en un gesto educado y de despedida. No podía detenerme a charlar con ella sobre los jugosos cotilleos sobre el demás profesorado, que seguramente le estaban abrasando la lengua.  Aflojé la corbata, el calor abrasador y la energía que estaba utilizando para poder alcanzar a Jung, me estaba ahogando.— Señorita Jung. —Alcé la voz lo suficiente para poder llamar su atención, seguramente estaba esperando que JongIn trajese el coche para llevarla a su casa. Me planté frente a ella.— Tengo que resolver unas dudas sobre el último trabajo que me entregó… —Ella no era tonta, entendería que precisaba de hablar con ella. No podía espetarle que sabía lo desafortunada que se sentía después de que su príncipe resultase ser un déspota imbécil.— Solamente tomará unos minutos de ti. —Moví la cabeza indicándole que nos acercásemos a la parte trasera del edificio, donde no habría ya ni un alma. Ella caminaba detrás de mí, en completo silencio, ¿dónde estaba la característica personalidad de Krystal? Esa donde trataba de hablarme de los temas más elocuentes posibles, pero al final terminaba por sonrojarse al darse cuenta de que sabía poco de lo que habla, y eso la hacía ver encantadora al tratar de impresionarme. Antes de apoyar la espalda contra la pared, me deshice de la chaqueta y la corbata, dejándolas sobre mi maletín, en el suelo.— ¿Cómo estás? —Suspiré. Me había parecido singular que hubiese dado un cambio tan radical a su aspecto, pero lo supe comprender al instante, lo había hecho para llamar la atención del cretino.— No tienes que mostrarte reacia a estar conmigo, prometo no volver a ofender a tu novio, si es lo que deseas. —Alcé una ceja, no quería presionarla a que me lo contase, y tampoco quería ir directo al grano, diciéndole que había visto lo sucedido. Necesitaba tomar las cosas con calma, para volver a ganar terreno con ella.— Solamente me estoy preocupando por ti. He notado que has estado decaída, así que quería asegurarme de que estás bien. —Subí las mangas de mi camisa, dejando mis brazos al descubierto. Elevé la mirada para chocar con la suya..— Por qué…¿por qué no nos vemos esta noche? —Sugerí con media sonrisa, y me acerqué a ella, cogiendo un par de sus mechones rubios.— Te queda muy bien, permíteme el atrevimiento. —Con la yema del dedo pulgar dibuje un patrón sobre su mejilla, iba desde su oreja, hasta su barbilla, acariciando.— Si hiciste el cambio de apariencia para intentar llamar la atención de…alguien, debería saber que no hace falta. Porque la mía, la has tenido siempre. —La confesión fue revelada en un ligero susurro. Extrañaba como un maldito condenado sus labios, y estar a tan poca distancia de ella, hacia que mis fuerzas para no abalanzarme: flaqueasen.— Pasaré por ti a las ocho y media, ¿sí? Hasta luego, Krystal. —Me agaché hasta su altura, y deposité un beso en su mejilla.

Me permití abrir la pequeña puerta del bar primero, dejándola entrar a ella.— ¿Y piensas contarme que te hizo? ¿O seguirás fingiendo que toda está bien? —Había tratado de sonsacarle algo de por qué su relación no había tenido éxito, aunque bien, yo ya sabía la respuesta. Jackson no podía hacerla feliz, para él todas las mujeres eran iguales: objetos con los que conseguía satisfacerse, y llegado un tiempo, se deshacía de ellas. Pero quería escucharlo de sus labios, que reconociera que se había equivocado y yo había tenido razón en todo momento. Había puesto empeño en encontrar un local escondido, no quería volver a cometer un error tan garrafal como el que nos llevó a esto. Porque si hubiese sido más cuidadoso, si no me hubiera dejado llevar por mis sentimientos, Wang no habría tenido ninguna de las fotos que me condenaron a perder a Krys. Nos desplazamos por el lugar en busca de un buen lugar para sentarnos, pero, como una burda broma, en una de las mesas por las que pasamos, la mayoría de los ojos se quedaron estoicos mirándonos. ¿Qué hacían ahí? ¿Qué hacía él, justamente aquí? Y también pude reconocer a la chica de esa mañana. Mi mano derecha se colocó sobre la cadera de Krystal, pegando sutilmente a mí.— No sé qué habrá hecho, pero si muestras ese tipo de expresión, él saldrá ganando. —¿Estaba alimentando su rencor hacia él? Sí, si eso hacía que se acercase más a mí. Amplié mi gesto socarrón cuando los ojos del rubio quisieron enfrentar los míos. ¿Quién tenía a la chica al final del día? Yo, y pensaba tratarla mejor de lo que él había sido capaz. Aparté la silla para ella, y me senté. [ . . . ] El vino estaba exquisito, y podía notar que había comenzado a hacer estragos en Krystal, su rostro se había encendido con el pasar de las horas. En las que, haciendo una salida dramática, Jackson abandonó el lugar seguido de su rebaño.— Sabes…debiste haberme hecho caso. —Pasé la punta de mi lengua por mi labio.— Jackson es un niñato voluble, es un infantil y veleidoso. Tú, cariño, necesitas algo más. — Y ese algo, no podía ser otro que yo mismo.— No puedes estar tan decaída… y si me dejas, yo me encargaré de todo. —Era una clara insinuación, no quería aprovecharme de ella en el estado que se encontraba, pero tampoco quería seguir alejado de ella, no por más tiempo. Y era muy consciente de que si ella se lanzaba en mis brazos, era porque estaba dolida con su ex novio, pero aunque fuesen un par de migajas de su amor, lo quería todo.



Mis ojos estudiaban cada una de sus facciones, mientras había estado dormida, y ahora que estaba despierta, mirándome, también. Cada vez podía entender más a los escritores del Romanticismo, donde se desvivían por sus etéreas damas, llegando a morir por el amor de tales seres hermosos y caprichosos. — Te quiero. —No deseaba agobiarla, pero bastantes veces me había reprimido al querer decírselo. Quizá porque lo nuestro no era algo “natural”, yo debía ser estrictamente su docente: no estar enamorado de ella.— Sabes…No tienes que estar con Jackson, ni con otro. —Mordí el labio inferior, para soltarlo pocos segundos después.— Quiero estar contigo. Pero sin tener que esconderlo, estoy cansado. Quiero poder besarte frente a todos. —Se me escapó una sonrisa, y me estiré hasta llegar a su lado, y la abracé.— Te prometo que te voy a proteger de cualquier cosa, de cualquier persona que intente dañarte. —Sabía que si nuestra relación salía a la luz, los comentarios llenos de veneno no se harían esperar, y no. No iba a permitir que nadie pudiera dañarla, yo asumiría todas las consecuencias, ¿me despedían? Tenía bastante buenas referencias como para no encontrar otro trabajo con rapidez, ¿sus padres no lo aprobaban? Me ganaría su confianza, a puño.— Perdona haberte abordado así, sin siquiera haber ofrecido un desayuno. —Reí por lo bajo, y besé su frente.— ¿Te apetece algo en especial? —Había una tienda cerca, así que podía hacerle la comida que quisiera. Podría hacer cualquier cosa con tal de mantenerla feliz. Me vestí, y cogí un albornoz para tenderlo sobre la cama, a sus pies.— Para que estés cómoda. —¿Estaba siendo demasiado adulador? Pero…la había extrañado demasiado. Y una sola noche a su lado, no lo compensaba. La observé desde el marco de la puerta, y suspiré encantado por lo que observaba.— Debería verte aquí, todos los días.

Había prometido a Krystal llevarla a comer después de las clases, y me había retraso un tanto porque el director había requerido mi presencia, ¡ese hombre no sabía resolver nada por si solo! Como no habíamos acordado aún nada sobre lo de contar nuestra relación, así que le sugerí pasar a buscarla cerca de aquí. Durante todas las clases tuve que mantener la compostura para no empezar a sonreír de la nada, aunque aún así, hubo algunas personas que me preguntaron si me habían pasado algo bueno. ¡Y claro que sí! La tenía a mi lado. Aparqué, y la busqué con la vista, siempre la encontraba con bastante rapidez: supongo que era mi deseo de tenerla junto a mí. Fruncí el ceño. ¡qué demonios estaba pasando ahí! Los reconocí al instante, Krystal, Jackson, Mark, y sus otros monos hormonados. Salí tan rápido como me dejo la dichosa cerradura del coche. Atravesar una calle jamás me había parecido tan eterno. ¿Mark se estaba metiendo con ella?  Y qué demonios, ¿por qué Jackson no la defendía? Tanto hablar de que la quería, y dejaba que la mancillaran. Carraspeé, cortando la enzarzada conversación que llevaban.— Que casualidad, alumnos. ¿Se trata de una reunión? —Pasé una mano por mi pelo, echándolo hacia atrás. Sonreí ampliamente a la rubia, como le había dicho: nadie le iba a hacer daño, a menos que fuese ella quien lo decidiera.— Pues tengo que robar a Krystal, tenemos que empezar las clases…privadas. —No me importó cambiar un tanto la entonación al decirlo, dejando que la imaginación de mis estudiantes volase en cualquier dirección: y sí, esperaba que lo malpensaran. Sobre todo Wang. Cogí la maleta de Krystal, colgándola sobre mi hombro y me dispuse a girar sobre mis talones, pero di un paso hacia Jackson, que estaba cogiendo la mano de la otra joven.— Ah, Jackson. Siento lo que ocurrió la ultima vez, pero ahora las cosas están bien, ¿no? —Sonreí en su dirección, y también a sus amigos.— Vamos, ¿Krys? —Acaricié su mejilla en un movimiento rápido, alejándonos de allí.
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