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don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por lalisa el Jue Jul 27, 2017 12:40 pm

 
Las mejillas se me tiñeron de un denso color rojo, y apreté los labios ante el asombro.— Yo…tampoco me opongo. —No sabía de dónde había sacado SunHee esa idea tan descabellada, y sí. Había imaginado que pasaría toda mi vida junto a YoonGi, pero no había pensando en nada especial más que despertarme por las mañanas a su lado, pero pensar en tener hijos con él: me provocaba un cosquilleo en el cuerpo.— ¿Y tendré que esperar mucho? Porque no quiero ser muy mayor…para poder jugar con ellos. —Busqué ayuda al mirar a YoonGi, pero él me ignoró deliberadamente mientras bebía el chocolate.— Pues primero, oppa tiene que convertirse en un cantante muy famoso, yo tengo que estudiar y ser…doctora. —SunHee iba asintiendo con cada cosa que yo le contaba, muy pendiente. Sonreí, estirando mi mano hacia su cabeza para acariciarla.— Después tenemos que conseguir un hogar. —La pequeña empezó a contar con sus dedos, y sus muecas iban siendo cada vez más claras, y mostrando una fuerte contradicción.— ¡Pero eso es mucho tiempo! ¿No le puedes decir a la cigüeña que venga antes, oppa? —Entrecerré los ojos ligeramente, conteniendo una carcajada: ahora era el turno de YoonGi de verse en apuros, pero suspiré.— Las cosas buenas tardan su tiempo, Hee. Porque…no te preocupas mejor por ser la fan número uno de oppa, ¿eh? Cuando se haga famoso muchas chicas querrán tenerlo para ellas. —Golpeó la cama, con suma molestia.— ¡Oppa! No puedes dejar a unnie por nadie, porque si no, me enfadaré. Y mamá también. —Estiré aún más los labios, en una sonrisa un tanto afligida.— Voy a hacer una cartel muy grande para tus conciertos, donde ponga “A unnie y oppa, las cigüeñas les van a traer bebés.” —Tan rápido como lo dijo, desapareció sin siquiera haber terminado de comer. Empecé a reír, teniendo que posar una mano en mi abdomen, aún dolía si hacía demasiado esfuerzos, como reír.— Si lleva eso a tus conciertos no creo que tengas mucho éxito. —Mordisqueé mi labio inferior. Después de todo, ser humana no era tan malo. Y más si estabas en una mala condición como la mía, porque tenía a YoonGi cuidándome: era tan atento conmigo. Alejé la bandeja hacia un lado, y él entendió que era lo que quería. Recosté sobre él, cuando sus brazos rodearon mi cuerpo.— ¿Puedo seguir un tiempo más enferma? —Pestañeé de manera tierna y un tanto ridícula, riendo ambos. Aunque me sentía en el quinto cielo al estar a su lado, seguía sin poder sentirme del todo feliz, ¡y no entendía por qué!— Tenemos que hablar de una cosa. —Me alejé un poco para poder mirarlo directamente a la cara, frunciendo levemente el ceño.— ¿Qué te pasa con TaeHyung? —Sabía que las cosas entre ellos dos eran bastante complicadas, y aunque le había preguntado varias veces a Tae, se negaba a decirme nada.— Bueno, la verdad es que no importa. Lo único que tienes que hacer, es volver a hablar con él. —Estiré mis manos hacia sus mejillas cuando intentó apartar su rostro.— YoonGi, las cosas no pueden ser así. Es tu mejor amigo, es importante para ti: y no intentes negarlo. —Dejé un pequeño beso en la comisura de su boca.— Ya has visto lo efímera que es la vida, te puede pasar cualquier cosa a ti, o a TaeHyung, y no creo que a ninguno de los dos les guste no haberse dirigido la palabra por cualquier tontería. —No podía obligarlo a que hablase con él, pero quería que estuviese rodeado de la gente que lo quiere.— Y cuando no estuvimos juntos… —Mordí el interior de mi mejilla, para luego soltarlo.— Me apoyó mucho, me decía que todo se arreglaría, porque tú me quieres y lo único que ocurría es que eras…tonto. —Reí ante su mueca, para luego acomodarme mejor.

Alcé la mirada hacia el espejo, en cuanto terminó de peinarme.— Eres todo un experto. —Sonreí, seguramente había cogido tanta practica al tener que peinar a SunHee.— ¿Podemos ir a dar un paseo? —Hice un pequeño mohín con los labios en cuanto observé su mirada. YoonGi no me dejaba poner un pie fuera de la cama desde el problema aquel. ¡Y necesitaba un poco de aire fresco! Ya habían pasado dos largas semanas, si no estiraba las piernas empezarían a acartonarse. Aplaudí alegremente cuando asintió.— Me pondré un vestido… —Murmuré. Cuando salí del hospital: toda mi ropa y la mayoría de mis pertenencias estaban en casa de YoonGi. Y aún no ubicaba bien donde estaban las cosas, por lo que me puse a rebuscar entre mi ropa y la de YoonGi: el armario era un autentico desastre. A lo lejos escuché como el moreno mantenía una conversación con alguien, así que en cuanto escuché pasos cerca de la habitación, asomé mi cabeza por la puerta.— ¡TaeYang! —No lo había visto por mucho, así que a pesar de saber que pondría un gesto desagradable, estiré mis brazos hacia su cuerpo para abrazarlo. Le debía la vida, sin exagerarlo ni un poco.— ¿Quieres ir a dar una vuelta con nosotros? —No lo solté, y él tampoco me separó cuando comenzamos a caminar hacia la habitación en la que había estado con anterioridad.— Taree… —No había notado que no estaba como de costumbre: con su usual lengua viperina, y su ceja alzada. Me empujó levemente hasta dejarme sentada sobre la esquina de la cama.— ¿Qué? ¿Qué pasa? —Apreté mis dedos contra la palma de la mano.— No he podido venir antes porque…He estado muy ocupado, los de arriba, —En cuanto lo escuché hablar de los que algún día consideré mis superiores, y gente sabía, respetuosa y bondadosa: me tensé. Y YoonGi, a mi lado, también.— ¿Es por YoonGi? —Me anticipé, desesperada por saber.— no. Conseguí convencerlos de que el humano no tenía culpa de nada. Ellos saben que tú siempre has sido muy peculiar… —Suspiré tan aliviada que sonreí. Sonreí alegremente.— Pero no quieren que estéis juntos. Taree, no volverás a ser un ángel: pero tampoco te dejarán vivir como una humana, no al lado de él. —Fruncí el ceño sin entender nada, ¿no me dejarían…? Entonces, recordé lo que me había dicho TaeYang tiempo atrás: no tenía derecho a ser feliz. Y los del consejo se ocuparían de ello. .— ¿Pero cómo…cómo lo van a hacer? —Me sentía mareada, la habitación daba vueltas y sentía ganas de vomitar.— Me aseguré de que no fuese nada horrendo.—Ni la torcida sonrisa de sus labios podía hacer que el nudo de nervios de mi estomago se disolviera. Nos iban a separar.— Te olvidarán Taree. Todos los humanos a los que has conocido. Y tú también los olvidarás a ellos: será como si nunca hubieras existido. —Tragué saliva. No era estúpida como para saber que tras lo que había hecho, iba a salir impune. Pero era horrible. Era horrible no poder tener ni un solo recuerdo de YoonGi, de SunHee, de TaeHyung y JungKook, de nadie de las personas que me importaban.— No… ¿no puedo conservarlos? Prometo no acercarme a YoonGi de nuevo, pero, por favor, TaeYang. —Supliqué, al borde de las lágrimas. Era absurdo, ¡por qué demonios no podíamos ser felices, ni siquiera una maldita semana!— Taree, YoonGi: lo siento. No se puede ir contra la voluntad de Dios, aunque he conseguido que me os den un par de días. —¿Un par de días? Eso no era tiempo suficiente.— Yo necesito una eternidad para estar con él. —Sollocé.— Lo mejor que podéis hacer es aprovechar el tiempo que queda: os harán olvidar los recuerdos, pero no creo que los sentimientos puedan olvidarse. Y menos los de una testaruda ángel y un humano idiota. —No iba a encontrar consuelo. No sé qué siguieron diciendo los dos, me había sumido en un pozo de pensamientos erráticos. ¿Qué haríamos? Si estuviera en mi mano iría al mismo cielo para plantarle cara a esa panda de vejestorios, pero lo único que podía hacer ¿resignarme? No, no del todo. Froté los ojos cuando YoonGi me llamó, tras que  TaeYang se marchase. Tenía que sr fuerte por él y por mí.— ¿Harás cualquier cosa que te pida? —Sorbí por la nariz, quería sonar tan seria como pudiese, él no dejaba de acariciar mi rostro, así que cogí sus manos entre la mías. Tenía que prestarme toda su atención.— Min YoonGi: ¿quieres casarte conmigo? —De nuevo los ojos se me cristalizaron. ¿Cómo le diríamos a SunHee que Kaori y KiHyun nunca nacerían? ¿No iba a ser capaz de ver a YoonGi cumplir sus sueños? Pero si tenía un poco de tiempo, quería hacer lo que una pareja normal haría. Sonreí provocando que de nuevo las lágrimas salieran.— No te voy a olvidar, y tampoco voy a poder olvidar que me convertiré en la señora Min. —Nos juraríamos amor ante todos, y eso nadie podría impedirlo.
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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por hobi el Mar Ago 29, 2017 12:25 am


— Claro que no te voy a dejar solo con ella. — escupió Mark, y mi ceja se elevó con estupor cuando me percaté de que el castaño me observaba de arriba a abajo: asqueado, como si fuera la inmundicia más grande en que sus ojos se hubieran posado alguna vez. Y me habría ofendido si yo no estuviera devolviéndole la mirada casi con la misma intensidad, creyendo dejarle claro que continuaba siendo insignificante a los míos. — Aléjate de él, Krystal: ¿ya conseguiste lo que buscabas, no? Apuesto a que ya te reíste bastante, también— puse los ojos en blanco y suspiré, ¿cuándo pensaba cerrar la boca? Sabía de su desagrado hacia mi persona, jamás lo había encubierto por una falsa simpatía... así que no entendía la necesidad de meterse conmigo en ése preciso momento, cuando yo había dejado en claro que no pretendía dirigirme a él. Al parecer, la ciencia era errónea: ciertos seres humanos no habían terminado de evolucionar del neandertal, y aquel que intentaba ''herir mis sentimientos'' (quiero suponer) tenía que ser uno de ellos: así que mi entrecejo arrugado se suavizó y la expresión de mi rostro cambió... no debía tenerle fastidio, sino lástima. Que pena que alguien tan intelectualmente estúpido no pudiera entender una simple orden. — Apártate de mi vista, imbécil. — espeté sin embargo, porque no me caracterizaba por tenerle paciencia a quien no la merecía: y el mejor amigo de Jackson era la primera y principal persona en mi lista. — ¿Voy a poder tener una conversación contigo o tu novio no te da permiso? — pregunté cínica, esta vez dirigiéndome a la única persona con la que buscaba entablar un diálogo: aún cuando vi mis posibilidades decaer tan pronto distinguí a Tuan y a esa... chica, pegada a él como si se tratara de goma de mascar al zapato. Podía jurar que Somi no me caía para nada mal, ¿pero por qué se aferraba tanto a él? Ni siquiera lo conocía, no del modo en que yo... maldición. No había venido a disculparme, para después lloriquear y pedirle otra oportunidad: lo único que quería era aclarar las cosas para que mi sub-consciente dejara de hacerme sentir culpable, cosa que aún no comprendía. No fui yo quien se alejó de todo contacto y reapareció de la mano y a los besos con una persona totalmente distinta. Ahora... tenía mi relación con DongWook, había elegido el camino que quería tomar: y Jackson Wang ya no formaba parte de él. Pero eso no quería decir que iría a olvidar lo mucho que me hizo sentir cuando éramos algo, y lo denominaba así porque no estaba segura de calificarlo al igual que una relación normal. Fue... extraño de principio a fin, pero ése bastardo me hizo sentir viva: hizo que experimentara tantas sensaciones al mismo tiempo, hizo que... me frustrara terriblemente, por ser él la primera persona que no podía comprender sin importar que tanto me esforzara en hacerlo. Jackson... — el tono de mi voz descendió cuando intenté acercarme a él: pero una vez más, el castaño a su lado gruño y avanzó para interponerse: siendo reprendido por la chica que finalmente dejó ir a Wang para empujarlo. Me mostré un tanto desconcertada, me sorprendía que me defendiera de esa manera: ¿él no le había hablado de mí? No, Somi, no voy a disculparme: ¿tienes idea de quién es ella? — la confusión que tiñó el rostro de la muchacha hizo que él me mirara y esbozara la más irónica sonrisa, antes de continuar. Krystal Jung, la reina del colegio. Tiene dinero y aparentemente eso lo hace mejor que los demás, eso le da la libertad de tratar a las personas como quiere y así, hacerlos sentir inferior porque lo disfruta. — si quería mi atención la obtuvo, y si quería que le clavara las uñas en el rostro iba por buen camino. ¿Quién le había el derecho de referirse a mí de esa manera? Su popularidad se basa en la sorprendente cantidad de gente que la detesta. — continuó, y mis puños se apretaron a los lados de mi cuerpo cuando se aproximó a mí: cruzándose de brazos, burlón. Jackson te dejó porque eres insoportable, ¿y adivina qué? Tú tampoco vales la pena— antes de que le respondiera con los más fuertes agravios en que hubiera podido pensar, la apacible voz de DongWook se hizo presente: y mi atención se desvió hacia él al mismo tiempo en que lo hizo la de los demás. Agradecí en silencio su interrupción, y evité alzar la mirada cuando me aparté del rubio que se adelantó tan pronto vio al profesor acercarse. Tomé de la mano al mayor y me apresuré a jalarlo conmigo, evitando lo que pudo haberse convertido en una pelea igual que la del bar: un escándalo que ninguno precisaba en verdad. Había tenido suficiente, después de todo: quizá no necesitaba arreglar las cosas para poder seguir en paz, sino dejarlas como estaban e ignorar... ignorar tanto como pudiera. Me sentía bien antes de que Jackson Wang entrara a poner mi vida patas para arriba, y seguiría así ahora que había salido. No tenías que intervenir... lo tenía todo bajo control. — traté de hacer una broma, pero no anticipé lo extraña que se oiría mi voz al hablar: y antes de que dijera nada, me apresuré a continuar. No te lo dije porque no quería que te molestaras conmigo, fui a... hablar con él, para cerrar el tema de una vez por todas. — tan pronto nos encontramos dentro del vehículo, apoyé las manos en mi regazo y ubiqué la mirada sobre el cristal del parabrisas. No quería que una mínima pizca de acusación en la suya me distrajera del fin con el que se lo había explicado. Pero ya no tiene caso, así que te prometo que no volveremos a vernos más. Estoy... estoy mejor sin él, me siento bien contigo— y quizás, si lo repetía otras mil veces, lograría convencerme al respecto.

Una semana después, las cosas habían vuelto a ser... tal y como lo eran antes de que todo diera inicio. No me alejaba de Luna y Victoria, quienes se habían vuelto incondicionales al estar segura de que el rompimiento y la soltería estaban afectándome silenciosa e internamente: cosa que no sucedía, cosa que no entendían. DongWook y yo estábamos... juntos, se podría decir: a veces me quedaba con él sabiendo que Jessica no haría preguntas, no después de que la enfrenté furiosa por lo mucho que había abierto la boca cuando no tenía por qué hacerlo. Salíamos, pero tras mi rechazo a la idea de que renunciara para así estar juntos sin ningún tipo de ataduras las cosas se habían vuelto un tanto... ¿incómodas? Y todo era diferente. Los conciertos de piano no eran tan divertidos como los conciertos de rock. Las películas que íbamos a ver (eligiendo el último de los horarios disponibles, escabulléndonos rápidamente en la oscuridad al salir) no llamaban mi atención, pero a él le parecían tan interesantes como inspiradoras: y a veces no dejaba de hablar de eso hasta que el descanso en nuestros cuerpos se volvía una necesidad. Las conversaciones eran otro asunto, ahora no me esforzaba por parecer madura y opinar acerca de lo que podría llamar su atención: él hablaba de ello y yo asentía, negaba o me encogía de hombros. No entendía, ¿si todo había vuelto a la normalidad por qué me sentía tan aturdida cuando hacíamos algo que también hice con Jackson? ¿Por qué me excusaba abrumada cada vez que me hacía consciente de sus sentimientos hacía mí? No era lo mismo, no sentía la misma conexión que alguna vez tuvimos: pero de pensarlo a hacérselo saber estaba lejos... demasiado lejos. Cuando intenté deshacerme de ése tipo de pensamientos, al comienzo, creí que solo estaba siendo negativa al respecto: pero me había dado cuenta de que no era así: la relación no fluía del modo en que buscaba que lo hiciera, y fingir que lo hacía no era algo que me gustara hacer... porque no sentía que DongWook lo mereciera, poniéndolo todo de sí para animarme y hacerme pasar un buen rato.  Estuvo bien. — afirmé, tras morder mi labio inferior y asentir lentamente: trasladando mi mirada hacia la suya para comenzar a reír, y cubrirme el rostro al percatarme de que me había visto ridícula.  ¿Seguro de que quieres la verdad? Puede doler a veces. — me mostré burlona al envolver los brazos alrededor de su cuello para inclinar mi rostro sobre el suyo y sonreír. Será mejor que no pienses en el trasfondo de tus propias palabras Lo cierto es que todo esto forma parte de tu plan sádico, tienes un afán muy particular por verme quedar en ridículo: haces que vea la película entera e intente comprender todo aquello que tú sabes, para después hacer toda clase de preguntas retóricas que me hacen quedar como una tonta al responder. — saqué la lengua divertida, y evité alejarme para recibir el casto beso que presionó en mis labios. No estoy a tu nivel intelectual, acéptalo. Todavía me quedan unos meses para graduarme y después... bueno, tal vez cuando salga de la universidad tenga respuestas más elaboradas: pero no creo que eso suceda antes. — me deslicé hacia un lado para dejar mi posición en el sofá al incorporarme, y estiré a mi cuerpo en un intento por quitarle el cansancio. ¿Quieres que prepare la cena? — DongWook se levantó casi espantado, y yo sonreí para morderme el labio con más fuerza. Jackson habría dejado que quemara su cocina con tal de reírse de mis errores. ¡Y nuevamente! ¿Por qué me esforzaba en traerlo a flote, y compararlo con mi pareja actual como si se tratara de una maldita competencia? ¿Debería asistir al terapeuta una vez más? ¿De verdad? No, no lo estoy. — y lo que temía que ocurriera eventualmente, pasó. Él me conocía, y sabía detectar cada pequeño cambio de humor: como también la extrañeza de cada gesto que hubiera tenido para con él los últimos días. ¿Me habría estado portando demasiado amable para su gusto? Solo... intentaba devolverle todo lo que hacía por mí. ¿No te gustaba que fuera dulce contigo? ¡L-lo estoy intentando! — exclamé, siendo consciente del rubor que había cubierto mis mejillas al recordar que la ternura con la que me dirigía a su persona era tan o más actuada que la de protagonista de comedia romántica. Ya veo, ¿insinúas que apesto en ser linda? Empezaré a tratarte mal entonces. — me mofé divertida, al rodearle por detrás con un abrazo y apoyar mi mentón en su hombro, percatándome del semblante que había adquirido su rostro por alguna razón. Algo sucede, ¿qué es? — pregunté, y esta vez fue mi expresión la que sufrió un cambio: cuando él tomó mis manos con suavidad y deshizo el agarre para apartarse. ¿DongWook? — ¿dije algo que le molestó? Imposible, no parecía enojado o molesto conmigo: más bien, lucía como si se esforzara por decir algo que no quería soltar en realidad. Y no podía hacerme una idea de qué, lo que me puso instantáneamente nerviosa.


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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por hobi el Mar Sep 12, 2017 1:48 pm


Sabía, por el semblante con el que TaeYang giró a verme, que éste no traía buenas noticias: pero supongo que acostumbrado a recibir aquellas que nadie nunca querría escuchar, fue mejor creer en todo lo contrario aunque fueran algunos segundos. Podía anticipar de cierto modo qué era lo que venía a decir, y después de todo lo que había sucedido no estaba seguro de querer escucharlo: ¿entonces por qué me quedé estático en mi lugar, aguardando en silencio? Era preso de una extraña sensación, había preparado mi cuerpo para recibir el más fuerte golpe y solo estaba ahí... esperando a que llegara, resignándome a que lo merecía aún sabiendo que no era así. ¿Pero qué podía hacer, entonces? Enojarme, gritar y llorar ni siquiera eran opciones: porque no servía de nada, y porque añadiría un peso innecesario a los hombros de Taree. No podía reaccionar tal y como lo buscaba porque sabía que la iba a lastimar el doble, sabía que las palabras de su amigo iban a enterrarse aún más profundo si sumado a eso yo me daba el lujo de mostrar lo que sentía al respecto. ¿Si me dolía? Por supuesto que lo hacía, y estaba seguro de que no podía existir un malestar más angustioso y opresivo: acababa de recuperarla, y ni siquiera pensé que eso fuera a ocurrir. Sé que estuve seguro de que iba a perderla y no del modo en que lo pretendía, porque en algún momento mi sub-consciente llegó a volverme lo suficientemente fuerte como para saber que era el momento de dejarla ir... pero no así. Fui yo quien afirmó que no nos separaríamos hasta dentro de muchas décadas, hasta que la bendita gracia divina se hiciera cargo de nosotros pero por otras razones: separarme de Taree a estás instancias, tenía que ser el infierno en la tierra. Separarme de ella y obligarme a olvidar todo lo que habíamos vivido juntos era cruel, rozaba lo sádico y no podía entender aunque lo buscara, como una decisión tan abrupta había sido tomada por aquel a quien el mundo consideraba justo y benevolente. De serlo verdaderamente, jamás habría consentido algo semejante: ¡y entendía la situación, demonios! Entendía que ella jamás fue humana, que todo lo que yo le mostré e hice ver fue el sinónimo a una nueva vida: entendía que ella había aprendido a sentir sin proponérselo siquiera, que no había sido su maldita culpa... que si alguien debía de pagar era yo, pero no arrastrarla conmigo a esa especie de laberinto sin salida. ¿En qué beneficiaba a esa corte sagrada el arrancarle la vida que la habían dejado tener? Comprenderlo estaba más allá de las posibilidades, y de momento no lo deseaba.  Lo que sea. — contesté inmediatamente, y le ofrecí la sonrisa que me costó forzar: un gesto que rompió todos mis esquemas y finalmente me hizo sentir el peso con el que íbamos a cargar juntos. Sabía que con perder el control no iba a lograr nada, pero dejé que eso sucediera en mi interior al escuchar las palabras que brotaron de sus labios: y me vi incapaz de refrenar el impulso que me guió a acunar sus mejillas y reclamar sus labios. No se trató del beso más apasionado, tampoco quería que lo fuera: me aseguré de que su boca y la mía se movieran lentas, sin ninguna prisa... porque a partir de ése momento cada segundo contaba, y no había instante que pensara desaprovechar. Si no podíamos hacer nada por evitarlo, entonces íbamos a hacer el mejor uso del tiempo que aún restaba. Nada me haría más feliz, Bae Taree. — susurré, gustoso de que mi voz no dejaba entrever nada que no fuera el profundo amor que sentía por ella: no tembló, no se quebró y me sentí ligeramente complacido de pensar que de algún modo, la alentó tanto como lo hizo conmigo. La yema de mis dedos se deslizó sobre la tersa piel de sus mejillas y me dispuse a besarle la frente, pero se trató de un ligero contacto porque mis ojos querían volver a enfocarse en los suyos. Ahora tenía la necesidad, ¿qué más que esos cafés llenos de sentimiento, para devolverme la paz de la que estaba precisando aferrarme? Dejé salir un largo suspiro al rodearla con los brazos, estrechándola contra mi pecho y apoyando el mentón sobre su cabeza luego de recibir el abrazo con que igualmente me envolvió.  ¿Los desafiamos, entonces? — pregunté burlón, y reí ronco con solo imaginarlo. ¿Existía algo de lo que no fuéramos capaces por el otro? Ahí tenía mi respuesta. Me parece una excelente idea, hagámoslo. — ¿creía que fuera posible? No, pero tampoco pensé que los ángeles existieran y entre mis brazos tenía al más hermoso de todos ellos.

[. . .]

El lugar era tranquilo, alejado de los molestos ruidos de la ciudad y apegado a una naturaleza en calma: que ayudaba a dispersase y no pensar en nada que no fuera la serenidad que se extendía en el bosque. ¿De dónde había sacado mi padre una cabaña como esa, y a último momento? Debería confiar en el aparente mejor trabajo del que había sabido hacerse, ¿pero ganar tanto por administrar papeles, como para poder hacerse de un lugar como tal, no era extraño? Elegí olvidarlo, de momento tenía otras prioridades: y la más importante de ellas se apoyó en mi espalda al rodearme la cintura, esbozando la más brillante sonrisa. Me gusta, es un poco... desconcertante, pero mi padre tuvo un buen gesto: no lo voy a negar. — admiré los alrededores con cierta incertidumbre, no porque realmente me sintiera incómodo en un lugar que sabía nos pertenecía: ¿sería sorpresa? Todo parecía tan espacioso aunque se encontrara perfectamente amueblado, lucía como si fuera... el hogar de otra persona, en el sitio más calmo y recóndito de aquel espacio verde. Afortunadamente, no nos costó encontrarlo del mismo modo en que lo hizo con TaeHyung, JungKook y SeokJin: a quienes había enviado antes para asegurarme de que todo estuviera en orden... y demoraron tres días en llegar porque el mapa lo poseía el menor de todos ellos. ¿Qué? — pregunté confundido al girar para mirarla, y una de mis cejas se disparó hacia arriba con desconcierto: puesto que, a decir verdad, no había imaginado cómo se supone que fuéramos a pasar los días en un lugar tan alejado de lo que conocía. ¿A caminar? ¿Te gustaría salir a caminar? — creí que escuchaba mal, y por esa razón debí de preguntarlo una vez más: dejando que mi gesto se torciera burlón al tomar las mejillas de la castaña y observarla divertido. No sabía que Bae Taree también podía ser una con la naturaleza, no me lo habías dicho que esa era una de tus infinitas cualidades. — besé la punta de su nariz al acercarme, y elevé la mirada sobre su hombro para dejar que esta recayese sobre el gran ventanal de lo que parecía ser la sala. Aún era temprano, y mientras tuviera consciencia de la hora que marcaba el reloj en mi muñeca no nos vendría nada mal. Además, ¿qué el ambiente no se prestaba ello? Habíamos sido cuidadosos en no mencionar el tema, principalmente porque aún intentábamos hallar el modo de abordarlo tratándose de SunHee y los demás. Mi padre lo sabía todo, y aunque al principio creyó que nos habíamos vuelto locos: acabó por creerlo. ¿Qué perdía con hacerlo, si los días seguían pasando y llegaría el momento en que lo olvidase total  y completamente? Tragué en seco, pero le mostré una sonrisa al acariciar su mejilla y asentir. Supongo que una... ¿expedición? No le hará mal a nadie. Vamos. —  deja de pensar en ello, YoonGi. (. . .) Me dejé caer a su lado, y el cómodo colchón se amoldó al peso de mi cuerpo casi, diría yo, exquisitamente. Después de los largos tramos que habíamos recorrido para conocer el sitio, fácilmente empezaríamos a sentir los primeros signos del agotamiento en cualquier momento. Aún así, recostarme a dormir no configuraba como el plan más llamativo. El tiempo que habíamos compartido juntos me había dado una sola certeza: y tenía que aplicarla, en ése instante y mientras aún pudiese. Dejé que una risa ronca rasgara mi garganta al salir, ahogada por el contacto de mis labios sobre su cuello. Ni siquiera su tono de advertencia me hizo retroceder, y cuando lo hice fue porque deseaba que eso le quedara claro. Al diablo con ellos. — espeté, sonriente: ¿creía que a estás alturas me importaba qué otras medidas llegasen a tomar en nuestra contra? Pasara lo que pasara, el resultado sería el mismo.  No voy a seguir sus reglas porque no están en lo correcto, podrán separarnos y eliminarnos de las vidas del otro... — afirmé, luego de que mi mano dejara de acariciar su cuello para detenerse sobre el primer botón de la camisa que llevaba puesta.  pero dudo que vayan a borrar lo mucho que siento por ti. Te aseguro que eso no desaparecerá, no dejaré que lo haga. — mi boca se encontró con la suya en un beso suave, que con el paso de los segundos adquirió una pasión por la que me dejé abrazar: después de todo, nadie podría alejarme en ése preciso momento. No, a ti no. Si alguien irá al infierno seré yo. — reí, y mi voz reflejó la sorna cuando alcé una ceja y mi mano descendió en una caricia desde su pecho a su vientre: apoyándose allí con la mayor tranquilidad. Porque en éste momento soy el único que esta imaginando todo tipo de actos indecentes contigo como la principal protagonista. — cuando tiré de ella para incorporarla junto a mí, de rodillas sobre la cama, permití a mis manos acariciar su piel a medida que la ropa desaparecía. Porque soy yo quien va a plasmar éste momento en canciones, y de ése modo jamás olvidaré el éxtasis al que me expone tu cuerpo en momentos como éste— ¿lo dije todo? No, aún había un par de cosas que necesitaba aclarar. ¿Con qué certeza me había encontrado? Porque jamás habrá un amor tan grande como el nuestro, Taree. — y cuando mi ropa finalmente desapareció de la escena, acuné sus mejillas para acercarla a mi rostro.  Y porque te aseguro que si acabo en ése lugar, voy a reírme de todos y cada uno de ellos por creer que así van a contradecir al destino. Te voy a olvidar y tú también, pero te aseguro que volveremos a encontrarnos y volveré a enamorarme de ti: porque eso ya esta escrito. — sino, jamás habría sucedido.

[. . .]

No podía considerarme un amante de los paisajes románticos, pero no debía dejar de dar crédito al lugar que ella había elegido: porque si alguna vez había soñado con un día como éste, el entorno a nuestro alrededor tenía que ser ideal. El mar estaba tranquilo, lo que propiciaba un sonido suave como la única música de fondo: la ceremonia era sencilla y todo debía contrastar como tal, algo que me alegraba TaeYang hubiera seguido al pie de la letra al evitar traer... toda la compañía que prometió. No queríamos el más grande de los eventos, no lo necesitábamos: por ése motivo la lista de invitados se había reducido a su entrañable mejor amigo, a los míos y a mi familia. JungKook, HoSeok, NamJoon, TaeHyung y SeokJin se habían establecido en la segunda fila: mi padre, SunHee y aquel de mirada burlona ocupaban la primera de ellas. Sobre la arena, de camino al altar, mi hermana se había asegurado de crear un camino con pétalos de rosas: porque a sus ojos todo necesitaba verse perfecto... ahora no se trataba simplemente de Taree, porque adoptándolo como un hábito había vuelto constante el referirse a ella como su hermana mayor. Y ninguno de los dos había podido decirle las cosas como eran: ella no tenía el corazón para arruinar las esperanzas y el montón de ilusión que brillaba en los ojos de la pequeña, y yo no tenía las agallas... de todas formas, lo olvidaría. SunHee y el resto perderían el recuerdo de ese cálido atardecer, yo no podría evocar en mi mente las imágenes que contemplaba frente a mí: sin importar cuanto me esforzara. No tenía caso fijarme en los mínimos detalles y apreciarlo todo una y otra vez, ¿de qué servía fijarme en la luz tenue que irradiaban las velas dentro de las lámparas, a los costados y junto a las sillas? No podría pensar en ellas al revisar mis memorias, se habrían ido. ¿Por qué fijarme en el tono morado y rosáceo que habían adquirido los cielos, conscientes de lo que sucedería? Suspiré al dejar a mi mirada vagar sobre la tienda sobre mí, decorada por sábanas blancas a su alrededor y un arco de flores del que Taehyung se sentía enormemente orgulloso: después de todo, gran parte del aspecto del lugar había sido una idea de él... quien estuvo más que contento de organizar el gran día cuando Taree se lo pidió así. — Estoy tan orgulloso de ti, hijo: y apuesto a que tu madre también lo esta, no me sorprendería que este celebrando la gran elección que has realizado. — le dediqué una sincera sonrisa a mi padre cuando se acercó a palmear mi hombro, pero tras algunos minutos de haberse mantenido en la misma posición supe que algo ocurría realmente. Necesité suspirar, al percatarme de que el agarre en mi hombro se había convertido en un desesperado intento por aferrarse a mí: pues las lágrimas habían acudido a su rostro y pronto, mi padre intentaba ocultarlo al agachar la cabeza y darme suaves golpes al descubrirme riendo. — Ya, viejo, ¿también vas a ponerte sensible? Solo trajimos pañuelos para JungKook. — bromeé burlón, tomándome la molestia de arreglarle el cabello cuando este se lo alborotó al limpiarse el rostro y llevarse las manos tras la nuca. — Me gusta pensar que ella la envió con nosotros, ¿sabes? Desde que apareció, tú eres... Yoongi... tú eres un hombre, Taree te convirtió en uno. Tú... encontraste un propósito, me ayudaste a salir adelante cuando no tenías que hacerlo: eres el mejor hermano mayor que una niña como SunHee podría tener, ¡y ahora te vas a casar! — quien agachó la mirada esta vez fui yo, mordiendo mi labio con fuerza. No... no había soportado las lágrimas hasta la fecha para que él me obligara a soltarlas en ése preciso momento: así que opté por mostrarle una sonrisa cuando logré aunar el valor para evitarlo, y lo observé divertido al continuar. — Voy a pertenecer al club... aunque sea por un momento. — porque los días habían transcurrido y el plazo se había acabado. Existía una posibilidad de que aquel fuera el último día que pudiéramos compartir juntos: y ni siquiera aún así, consciente de ello, me sentía lo suficientemente listo para dejar que ocurriera. ¿Cómo podía estarlo, de todos modos? — Sé que no vale la pena, tú me pediste que dejara de hacerlo pero... seguiré rezando por ustedes, ¿si? N-no sabemos si... nosotros no... la voluntad cambia, hijo: y lo hace permanentemente. ¿No crees que depende del tipo de fe? — evité poner los ojos en blanco, porque si había alguien que se estaba esforzando por hacerlo menos sobrecogedor: ése tenía que ser él. No merecía que me descargara con su persona, pero tampoco podía alimentar aquella fantasía: no podía asegurar algo que sabía no iba a ocurrir. — No creo, papá... y hace mucho tiempo que dejé de hacerlo. — finalmente, vislumbré a mi hermana precipitándose en nuestra dirección con los brazos al aire: anunciando que la ceremonia daría comienzo en ése preciso instante. Una rápida mirada al asiento vacío de TaeYang hizo que me enderezara en mi lugar, y por supuesto que también obligó a la totalidad de mis amigos al levantarse para tomar fotografías... ¿sería que ellas lograrían retratar aunque fuera una pizca del aturdimiento que me asedió, cuando la visualicé aproximarse? Alcé la comisura de mis labios y dejé al aire retenido abandonarme en otro suspiro, dejando a mis ojos vagar a través de aquella esbelta figura enfundada en el delicado vestido que alguna vez había pertenecido a mi madre. Se veía espectacular, y si la expresión con la que hacía mi evidente mi dicha no dejaba apreciarlo de ése modo: definitivamente tenía que hacerlo el llanto desconsolado con que mi padre volvió a largar el llanto. Tras reír, sin poder evitarlo, volví a dirigir mi mirada a aquella vista paradisíaca: y esta ascendió a su rostro para detallarlo minuciosamente, intentando guardar la imagen dentro del más recóndito espacio de mi memoria... aún consciente de que era imposible. ¡Y no podía dejar de observarla! Cuando sabes el final de una película y aún así vuelves a verla, es cuando te fijas en los detalles que guarda. Y yo solo quería mirarla una última vez más. Mi novia no necesita del tenue maquillaje posicionado en sus facciones, porque a pesar de todo luce alegre: y es un sentimiento que contagia al resto, especialmente a mí... tal y como siempre lo hace. — Malditos locos. — susurró TaeYang, al entregarme su mano y posicionarse detrás de nosotros luego de rodearnos: ¿sonrió? Probablemente, pero a mí no me importó... no volteé a comprobarlo. Toda mi atención la dediqué a ella, en ése momento y en ése lugar no había nadie más que la mereciera. — El mejor amor es ése que te hace mejor persona sin pretender cambiarte. Y créanme cuando les aseguro que éste es el más claro ejemplo. — di un suave apretón a sus manos, y necesité de todo el valor que conseguí recaudar para mantenerme fuerte: incluso en ése momento, donde me podía dar cuenta fácilmente de lo mucho que sufría ella sin buscar dejarlo en claro. Podía notarlo, y a través del gesto encantado que no dejé alejarse de mi rostro al observarla intenté hacérselo saber. Todavía podía apoyarse en mí, porque estaba dispuesto a soportar el peso que fuera necesario con tal de alivianar el suyo. — Evitemos esos insulsos clichés, no voy a pedir por una voluntad de la que somos conscientes: no hay nada que no estén dispuestos a hacer por el otro, ¿verdad? — había ignorado al mayor hasta ése preciso instante, cuando volteé a verlo desconcertado tan pronto se aclaró la garganta.  Así que dejo mi talento para el discurso en manos del novio, porque sé que tiene mucho para decir. — ¡idiota! ¡¿Para eso le había pedido que se encargara él?! La sonrisa plagada en sorna que me dirigió al pasar por mi lado para sentarse, hizo que tragara en seco: y las miradas expectantes que se posaron sobre mí me obligaron a tomar aire. SunHee se levantó extendiendo un papel que le había pedido guardar, pero negué con la cabeza al dedicarle un suave esboce: ¿para qué leerlo, si al final todas y cada una de las palabras escritas allí eran certezas? — No soy bueno para éste tipo de cosas, realmente. — JungKook y TaeHyung asintieron, lo que hizo que alzara una ceja en su dirección y riera al sentir las delicadas caricias que Taree impartía sobre mis nudillos. Todavía en ése instante...  No puedes elegir al amor, él te elige a ti: y cuando lo hace no hay nada que puedas hacer por evitarlo, sin importar cuanto te resistas a ello. No quieres saber qué es, no quieres saber qué significa: crees que no te importa, pero Taree aparece y te sonríe... y juro que en ése preciso instante lo comprendes, no sé como explicarlo: solamente pasa. — suspiré, dispuesto a proseguir rápidamente. — Te absorbe, hace que haya una excepción a todo aquello que dijiste que no harías. Llena y deja vacíos, crea y destruye. Supongo que el verdadero amor no se reduce a lo físico o a lo romántico: es la aceptación de todo lo que es, lo que fue, lo que será... y lo que nunca podrá ser. Se trata de conocer los riesgos y aún así tomarlos. — distinguí la brillante sonrisa en el rostro de mi padre, los ojos llenos de lágrimas de mi hermana menor y lo sorprendidos que denoté al montón de amigos que permanecían estáticos detrás. TaeYang sonrió, ampliamente. Volteé a mirar a mi ahora esposa, y cuando cambié la posición de mi cuerpo fui capaz de sentir su tersa mejilla bajo mi tacto: fui capaz de hacerla sonreír, y nada más importó. — El solo hecho de que nos hayamos conocido me hace muy feliz, y estaré feliz el tiempo que tenga el placer de tu compañía... así sean diez minutos, dos meses o treinta años. — apoyé mi frente sobre la suya, sabiendo que para ninguno de los dos existía el resto: no después de que aquella peligrosa conexión entre nuestras miradas se generaba, y hacía a estás hablar por sí solas... sin la necesidad de palabras audibles. — Y cuando llegue el momento, quiero que sepas que te quise como nadie ha podido hacerlo jamás. — y esperaba haberlo demostrado en cada oportunidad que se presentó, cosa que creía haber conseguido al nunca haberlas perdido de vista. — Porque siempre vas a ser el amor de mi vida, Taree.
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Re: don't wanna be lonely, just wanna be yours ღ

Mensaje por lalisa el Dom Sep 17, 2017 10:42 pm


No tenía que ser un genio. Lo supe, lo sabía y lo sabría siempre: mi relación con Krystal se había vuelto unilateral, y no la culpa. Porque de la misma manera en la que yo me había enamorado de ella, Krystal se enamoró de Jackson, quizá no llegaba a comprender los motivos, pero él le hacia feliz. Y yo, no era más que un triste parche, que no llegaba si quiera a suplantar las cosas que ella vivió junto a él. No me estaba dando por vencido con ella, porque no podías hacer algo así cuando habías perdido la batalla hacia tiempo.— No, ¿por qué tendrías que molestarte? —Había intentado disfrutar tanto como ella me dejase, de su compañía. Pero el tiempo se estaba acabando, y seguir siendo participe de algo tan absurdo como dañino para mí, me tenía extenué. Pasé una mano por mi cabello, y tragué saliva. ¿Quién diablos me había mandado a fijarme en ella? Debía haber ignorado su impasible rostro, sus intentos de llamar mi atención que no generaban otra cosa que un sentimiento de protección, era una chica increíble.— Me gustas que seas tú. —Susurré. Se veía presionada a comportarse de una manera que no era natural para ella, ni para mí. Siempre intentando agradarme, cuando su mente no podía estar más lejos de mí. Mis brazos se quedaron a ambos costados aún cuando ella me abrazó. Ya DongWook, deja de ser tan patético. Con tanto cariño como el que le tenía, me alejé de ella, esbozando una sonrisa nostalgia. No es que no supiera que me quería, sabía que me tenía aprecio: pero eso no era suficiente. Jamás lo sería, y no deseaba que ninguno de los dos viviera en un mentira.— El problema no es que no me gusta cómo te compartas, es que soy yo quién no te gusta. —Mi voz sonó pasiva, lenta y clara. No estaba enfadado, no quería reprocharle nada.— No me mires así, ambos sabemos que es razón. Y lo entiendo mejor que nadie, el amor no se elije, y menos aún, se puede decir "se acabó querer a esta persona" y eso se cumplirá. —Suspiré, pero sin perder la triste mueca.— Nunca me ha gustado que las personas estén a mi lado por lastima... —Acuné su rostro cuando ella se acercó a mí, con una de mis manos. Le pedí con la mirada que me dejase continuar.— peor es peor, que estés conmigo que sientas pena por ti misma y tú relación con Jackson. Yo no voy a hacer que te olvides de él, y no, no soy él. —Mis labios besaron su frente, y me quedé ahí por unos segundos.— Te agradezco todo lo que has hecho por mí. —Haberme hecho sentir cosas que jamás creí que una persona tan joven e ingenua pudiese, un amor que había creado un dolorosa pero retorcida cicatriz que tardaría tiempo en desaparecer.— No tienes que culparte de nada. Tarde o temprano esto iba a pasar, pero no puedo concebir que sigas atada a mí. Aunque tampoco es que me agrade la idea de saber que estarás con él. —Una ronca carcajada brotó de lo profundo de m garganta. Él nunca había tenido dudas sobre que Krystal terminaría enamorada de él, y creo que eso era lo que más hacia arder mis entrañas.— Recoge tus cosas, llamaré un taxi para que te lleve a casa. —Las rupturas dejaban ese sabor amargo típico, pero estaba vez podía distinguir la bilis en mis papilas gustativas.— Vamos, ¿qué es esa cara? No es la Krystal Jung de la que estuve enamorado. —Iba a costar, iba a doler, tendría que enfrentar cosas a las que creí que jamás me vería expuesto, así que sería mejor ir acostumbrándome ya a que este amor pertenecía al pasado. 


Resoplé al salir del despacho del director. Había sido tedioso, y agotador tener que hacerle entender al respetado señor que había conseguido otra oferta de trabajo mejor, aunque eso no era del todo cierto.  Sí que tenía bastante recursos para encontrar otro trabajo rápidamente, pero: ver a Krystal todo los días, se había vuelto aún peor. Peor que cuando estuvo saliendo con Wang, porque ahora en su mirada no había desafío o altanería, había pena. Pena porque no era capaz de corresponder mis sentimientos. Me dirigí con pasos ligeros hacia el despacho que compartíamos todos los profesores de mi rama, era bastante tarde así que no esperaba que no hubiese nadie en el lugar. No iba a comunicar a mis alumnos mi marcha, quería abstenerme a responder a cualquier pregunta, y más aún a que Krystal intentara convencerme de que me quedase. Necesitaba estar lejos, pensar, disfrutar de conocer personas nuevas, y del grato olvido que me hacia falta. Suspiré al ir metiendo los libros que fui dejando en ese desgastado lugar durante los años. Algunos eran regalos de alumnos, otros grandes reliquias que me entregaron mis profesores de universidad. En poco tiempo terminé de meter las cosas que más me importaban, y di un ultimo vistazo: Krystal y yo nos habíamos besado incontables veces en esas cuatro paredes. Podía escuchar mis pisadas resonar por el largo del pasillo, hasta que una voz (de un profesor hizo que girara el rostro)— Oh, DongWook, ¿aún aquí? —Asentí, y detrás de él distinguí al hombre que directa o indirectamente había hecho que mi vida se viera atormentada.— Yo he tenido que quedarme con este muchacho, ¡cuántas horas pierde uno por los castigos acumulados! —Lo ignoré, Jackson lo ignoró. Alcé una ceja, de la misma manera que él.— ¿Te vas de mudanza? —Había aceptado marcharme, había aceptado que él se había quedado con su corazón cuando yo ni siquiera pude alcanzarlo, pero no iba a irme con el rabo entre las piernas, y menos ante un ser como el que sonreía delante de mí.— Casi aciertas, ¿no quieres seguir intentándolo? —El profesor que acompañaba a Jackson nos miraban sin entender nada, el chico rubio pasó a mi lado: y como era tan maduro, me golpeó con el hombro. Ya daba igual, había firmado que me marchaba. Giré para mirar su espalda alejarse.— Voy a dejar de ser docente para estar con ella. —Sonreí victorioso. Se detuvo, y me miró por encima de su hombro.— Le he pedido que se case conmigo, Jackson. Y aceptó, será mía. Aún más de lo que ya lo es, y tú no podrás hacer nada. ¿Te lo dije, verdad? Nunca fuiste bueno para ella, y al final escogió la mejor elección. —Me estaba desquitando. Había intentado que la ira se esfumara, pero si lo tenía enfrente, parecía ser una misión imposible.— ¡Espero que le des la enhorabuena cuando la veas! Seguramente le hará mucha ilusión. —Bramé, y eso fue suficiente para hacer que su cuerpo saliera del establecimiento a zancadas. Debería haberme sentido bien, realizado al saber que por una porción de tiempo el estaría sintiendo una pizca de mi dolor, pero en cambio: solo sentía vació. 
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