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— ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por mariro el Vie Jul 14, 2017 11:05 pm



MINNIE ELIZABETH MCGRAW -

Había decidido que dejar entrar a Frida a mi vida sería algo bueno, algo positivo en todo ese mar de cosas malas que me había dejado mi padre. Al menos me había dejado muchos millones y una hermana. Hermanastra. Frida. Charlé la situación con mi verdadera hermana, quería explicarle que nadie más podría reemplazarla pero que pensaba en por lo menos hacer de Frida una amiga más. Estaba claro que no tenía muchas amigas, Charlie cumplía todos los roles femeninos en mi vida -Michael era… -Tomé un sorbo de café mientras intentaba pensar la palabra correcta para definirlo, pero no la encontraba- Era buen padre, o al menos yo lo recuerdo así -Me encogí de hombros, tenía entendido que no había sido la mejor persona, como mi madre, como Richard. Pero los amaba a los tres. Estaba segura de que hubiera amado a Emma tanto como a ellos si hubiera vivido para conocerla- No sabía mucho sobre contacto humano, sus relaciones se basaban en negocios, y en lo personal sólo estábamos nosotros. Richard, su socio y mejor amigo, mi madre, y nosotras dos. Era el padrino de Charlotte -Sonreí, porque nuestra familia era pequeña pero los lazos que se habían mantenido en los años que habíamos vivido enteramente eran muy fuertes y cálidos- Nunca me abrazó demasiado, pero tenía otra manera de demostrar las cosas ¿Sabes? Fue el que me llevó a mi primera lección de ballet. Me dijo “los McGraw no renuncian, así que en cuanto cruces esa puerta, tendrás que ser la mejor” yo tenía cinco años… -Reí, porque si había una voz que se aparecía en mi cabeza cada vez que estaba por tirar la toalla era la suya- Y era muy sobreprotector, y me consentía en todo -Terminé por contarle un par de anécdotas que habían terminado en anécdotas sobre mi adolescencia, cómo había conocido a McFly, cómo había sido vivir con Richard y Charlie, y cómo habían muerto mis padres. Ella me contó su versión de los hechos, lo poco que recordaba de la presencia de Michael en su vida como alguien lejano que no había terminado de entender hasta que había crecido. Los regalos, el testamento. Crecimos en nuestra relación de a poco, la veía cuando estaba con Harry o cuando Dougie la traía a alguna reunión. Habían comenzado a salir, y se los veía felices. No me sentía capaz de hablar con el rubio, no habíamos podido recuperar la amistad. Claro que a él no parecía importarle demasiado, tenía a Frida que cubría el puesto de novia y mejor amiga bastante bien. A mí, con sinceridad, no me interesaba tampoco. Me sentía molesta con él en el fondo, había demostrado que yo no significaba nada en su vida, que ni siquiera valía la pena pedirme disculpas o intentar arreglar las cosas más que con una sonrisa tonta y un chiste que me hubiera hecho reír en otra ocasión. Suponía que todo se había ido por la borda y hundido en el agua, y aunque lo rescatáramos, estaría arruinado. Tampoco había llegado a ningún lado con Harry, habíamos ignorado lo que había sucedido aquella noche y como siempre las cosas habían quedado sin hablar. De todos modos, no se sentía como el resto de las veces. Podíamos hablar, podíamos salir juntos a mirar una película, podía darle clases de baile para que recupere la coordinación de su cuerpo y trabaje los músculos al mismo tiempo, podía dormir junto a él en el sofá y en la cama, sin darnos besos, ni tocarnos, ni ser románticos. Me sentía cómoda como estábamos, como amigos que se pertenecían el uno al otro, y no tenía mucha idea sobre qué estábamos esperando para volver a estar juntos, pero había dejado de lado mis impulsos y no había vuelto a besarlo ni a rogarle para tener sexo. No había realmente establecido nada con nadie de todos modos, no tenía citas, ni hablaba con chicos, y mucho menos había vuelto a tener sexo con alguien más. No quería arruinarlo. Los únicos que habían logrado llegar a buen puerto eran Danny y Charlie, en todo el año y los meses que habían pasado habían reafirmado su relación de manera seria. Estaban criando una niña juntos, y una de las primeras palabras que había dicho Katie había sido “mamá”, y se había referido a la morocha. No tenía idea de qué estaban esperando para comprarse una casa y mudarse juntos, pero no tenía idea de qué iba a pasar conmigo cuando lo hicieran. Danny y Tom se habían arreglado, y me encantaba volverlos a tener juntos sin problemas, ni tener que elegir lados, ni tener que repartir mi atención. De todos modos, no lo admitiría en voz alta, pero yo siempre elegiría a Daniel. 

El cumpleaños número dos de la princesa llegó. Charlie había convencido a Danny de hacer una fiesta “familiar” pero cada vez llegaba más gente y había más y más niños de los que no estaba enterada. A medida que la gente fue llegando yo me iba escondiendo un poco más para no tener que saludar a todo el mundo, pero en el momento en que Vicky y Kathy llegaron, junto con Frida y Dougie, corrí a saludarlos. Saludé a las oriundas de Bolton con un abrazo y a Frida con una sonrisa. Luego me di vuelta hacia Dougie, besé su mejilla y dejé salir un “¿Cómo estás?” para luego ignorarlo para hablar con mi… lo que sea que Frida fuera. Los dejé para ir a hablar con Harry y terminar de disfrutar la fiesta. Kate era mi única sobrina, y lo sería por un largo rato a menos que Dougie embarazara a Frida o Tom embarazara a alguna chica. Al momento de cantar el feliz cumpleaños me puse cerca de ella para enfocarla con la cámara de mi celular. Sus rizos dorados caían sobre su pequeño rostro y no la dejaban ver a dónde apuntaban sus labios cuando soplaba la vela de cumpleaños, pero luego de varios intentos lo logró. Era una niña feliz, y a mí me encantaba verla sonreír. Tenía todo de su padre, los ojos, los rizos, esa misma sonrisa tonta y risueña. Reía todo el tiempo, Danny era el que más la hacía reír; valía para todos, de hecho, porque era el que más me hacía reír a mí y estaba segura de que ni Tom, ni Charlie dirían lo contrario sobre sus personas. Cuando todo terminó y nos encargamos de subir las cosas al auto me subí por inercia al de mi ex novio para conducir camino a casa. No se sentía incómodo o raro, y lo extraño era eso. Estaba claro que no volveríamos en algún futuro cercano, pero si seguíamos tratándonos como si fuéramos novios ¿Qué pasaría con nosotros cuando alguno de los dos tuviera una cita? ¿O se sintiera atraído por alguien más? Recordé que el día siguiente yo misma tenía una cita. No tenía idea de cómo era para él, no tenía idea de si estaba en busca de conocer alguna mujer o si estuviera abierto o dispuesto a dejar entrar a alguien más. No tenía idea de si había estado saliendo con alguien, si tenía encuentros casuales, porque simplemente no hablábamos de eso. 

De todos modos, mi cita era una tontería. Ashton era un ex compañero de colegio de la secundaria, era una de las pocas personas con las que solía hablarme, pero al momento de terminar la escuela el lazo se había roto. Aunque jamás había sido demasiado fuerte. Lo había encontrado hacía un par de días atrás en un café y él había propuesto salir -Tengo una cita hoy -Dije a Charlotte mientras desayunábamos- No es nada serio, es alguien de mi escuela pero -Levanté los hombros, luego bajé la mirada un poco más nerviosa- No le digas si pregunta ¿Está bien? -Pedí y antes de que ella pudiera siquiera abrir la boca, le contesté- Sé que no estamos juntos y que salir con alguien más no es nada malo -Afirmé no muy segura- Pero no le digas, por favor -Volví a repetir en voz más baja para llevarme el café a la boca con cierta culpabilidad. Al momento de salir con Ashton, descubrí que como yo, él se veía mucho más confiado y bastante más apuesto. Claro que él había hecho la misma observación sobre mi persona, y no podía contradecirlo, me sentía mejor. Podía hablar mucho más con la gente si me dirigía la palabra, podía contestar las preguntas que me hacían en la calle, hablar más alto, podía hacer sugerencias en ballet sin importarme que probablemente mis compañeras me estaban despedazando miembro por miembro en sus mentes, y sentía un poco menos dependiendo mi estado de ánimo, la necesidad de desaparecer o pasar inadvertida por la vida. Tuvimos un paseo y una cena en un lugar pequeño pero íntimo. Podía comer delante de él sin morirme de un ataque cardíaco en el intento, y aunque era una tontería, yo lo sentía como todo un logro. Volvíamos al departamento en su auto, me dejó justo en la puerta y yo sonreí -Gracias, fue una linda noche -Dije con una sonrisa, cuando estaba a punto de abrir la puerta él habló- Bueno… lo es todavía ¿No? -Contestó con una sonrisa nerviosa- No tiene por qué terminar ¿Quieres tomar un café? Tienes café ¿Verdad? -Preguntó señalando hacia arriba, yo asentí con la cabeza. Ambos caminamos en silencio hasta el ascensor y subimos hacia el último piso. Probablemente estaban Danny y Charlie allí, así que podíamos tomar café todos juntos- Este es -Dije presentándolo con mis manos, pero una voz me interrumpió. Me di vuelta espantada para ver como Harry se dirigía con rapidez hacia mí, y una bebé en brazos. La tomé en brazos y besé su mejilla con una sonrisa para poner mi mejilla y que ella la besara. Alcé las cejas cuando entendí a qué se había referido con la frase “mami está aquí”- Él no es mi… -Quise advertirle a Ashton pero Harry siguió hablando, diciéndole que éramos de mente muy abierta y ofreciéndole tener sexo. Mi cita dio unos pasos para atrás como esperando que el baterista le de una golpiza, pero en el momento en el que le ofreció el café, su rostro de espanto se incrementó- ¡No! Está bien… tomaré ese café con Minnie después -Balbuceó- Adiós -Dijo terminante y salió de allí. Yo lo vi irse con las cejas levantadas y luego solté una risa. Me di vuelta hacia Harry que tenía una sonrisa triunfante ¿Cuántas veces había soñado con esa misma imagen? Él siendo mi esposo y esperándome en casa con nuestro bebé- Ahora tendrás que casarte conmigo -Bromeé mirándolo a los ojos, pero no había sonado demasiado a chiste. Tal vez porque en el fondo no lo era. Miré a Katie con una sonrisa mientras ella intentaba deshacer la unión de mi collar para quedárselo y recordé a mi hermana- La próxima vez que tengas una cita te delataré -Amenacé riendo y luego miré a su novio- Tiene citas con hombres diferentes todas las semanas dice que está buscando a alguien mejor para criar a Kate -Apreté los labios y levanté los hombros y las cejas. Danny soltó una carcajada- ¡Lo sabía! Me iré de aquí y me llevaré a la niña -Dijo acusandola con su dedo índice. 

Unos cuantos días después, luego de hacer esa maravillosa compra con Danny, al llegar a casa, había encontrado a todo el mundo en mi casa teniendo una cena. Estaban mirando un video en donde Harry le ganaba en una serie de retos a alguien del gimnasio. El baterista se jactaba de su resistencia. Tomé un vaso con agua de arriba de la mesa -Eso no prueba nada -Dije con una sonrisa, parada frente a ellos- Yo tengo más resistencia que tú -Admití. Todos rieron burlándose de él mientras él decía que no era cierto- ¡Claro que sí! Hagamos la prueba que quieras ahora mismo -Lo reté, no había máquinas con pesas pero podíamos hacer algo sin necesidad de todo aquello- Te ganaré yo así Charlie no tiene que hacerlo para variar -Bromeé, riéndome. Ante la insistencia de todos los demás él aceptó, y bajo sus términos y condiciones hicimos una prueba de resistencia y rapidez en ese mismo instante. Para bailar, aparte de llevar una dieta estricta, teníamos que trabajar muchísimo con nuestro cuerpo. Hacíamos mucho ejercicio, una bailarina promedio tenía muchísima fuerza en piernas, bastante en brazos, y muchísima resistencia física. Claro que había ganado, y yo no podía tomármelo en serio, no me interesaba ganarle, pero aunque él dijera que no le importaba o que todo se trataba sobre que había comido hacía unos minutos atrás, sabía que le importaba demasiado. Caminé hacia él y besé su mejilla- Puedes tener entrenamientos personales conmigo si quieres -Dije en voz no lo suficientemente baja como para que escucharan otras personas. Sabía cómo había sonado y sabía cómo no lo había querido decir, pero de todos modos allí estaba. Dougie hizo un comentario que había resultado gracioso a los oídos de los demás pero no a los míos, y lo había terminado por mirar de mala manera. 

Llegaba a mi casa al mediodía, un par de días después de aquella noche. Encontré en mi sofá a Dougie, sentado, jugando con uno de los ceniceros de la mesa ratona. Se paró en el instante en el que me notó entrar -¿Estás esperando a alguien? -Pregunté, porque dado al horario y al silencio de la casa no había nadie más allí- A ti -Dijo caminando hacia mí- Bueno… yo tengo que irme, realmente. Así que lo siento -Contesté levantándome de hombros y yendo hacia la cocina- Sé que no, le pregunté a Danny y a Charlie -Se dirigió hacia mí, mientras yo ponía comida fría en el microondas para que se calentara- Minnie por favor, ha pasado un año -Puso su cuerpo en frente del mío evitándome el paso. Miré el piso y me crucé de brazos- Lo arruiné todo entre nosotros, eres mi mejor amiga, siempre lo has sido -Apoyó mis manos sobre mis hombros, yo me hice para atrás- Dougie… no me importó que te hayas metido en mi relación, no me importó que me hayas dejado a las dos semanas de empezar una relación, no me importó demasiado que fue por la chica que en ese momento había puesto mi vida por completo al revez. Me importó que te fuiste sin pedir perdón, como si nada hubiera pasado ¡Te fuiste cuando más te necesitaba! ¡A ti, mi mejor amigo! Fue horrible tener que pasar todo eso sin ti y sentir que yo no te importaba en absoluto que ya habías obtenido lo que querías -Bajé la mirada- ¡Claro que no! De ser así te hubiera dejado de hablar en Estocolmo -Intentó bromear- No es gracioso -Dije con mala cara, y enseguida la sonrisa tonta se borró de su rostro. El rubio volvió a acercarse a mí- Lo sé, lo siento tanto. Sé que no te pedí disculpas cuando debía, pero extraño demasiado nuestra amistad. Te extraño más que a Harry si quieres sinceridad -Dijo levantando las manos- Lo siento -Volvió a decir- Te escuché -Contesté. Para ser honesta, era lo único que estaba necesitando escuchar de él antes de poder hablarle de nuevo- Te perdono -Agregué en voz baja. No tenía idea de qué iba a ser de nuestra amistad de allí para adelante, pero estaba dispuesta a testearlo. Él me estrechó entre sus brazos y yo me colgué de su cuello. Miré hacia mi costado al abrazarlo y vi la figura del baterista parado junto a la puerta, observándonos con cara de pocos amigos ¿Desde cuándo estaba allí? Nos separamos en seguida como si estuviéramos haciendo algo malo. Bueno ya había arruinado de nuevo las cosas con Harry. 
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por mariro el Sáb Jul 15, 2017 12:14 am



DANIEL ALAN DAVID JONES -

Estaba sentado en el sofá mientras miraba una por una las fotos del cumpleaños. Vaya que me gustaba mirar las fotos de mi hija y mi novia. Eran ambas tan hermosas, tan fotogénicas. Y combinaban tan bien juntas que me hacía sonreír. La vi venir hacia mí, y sonreí -No contraté dos fotógrafos, no contraté ningún fotógrafo. Pensé que habías sido tú -Me levanté de hombros, probablemente era alguien de la prensa que se había colado. Cuando habló de asustarme pensé que se refería a algo que no quería escuchar acerca de Joseph, Edward, o alguno de los psicópatas no descubiertos que estaban atrás de ella. Dejé las fotos en la mesa, poniéndome serio, pero todo se trataba sobre su idea de mudarnos a una casa más grande- Suena excelente -Dije asientiendo con la cabeza- Kate necesita un patio donde jugar -La miré, esperando que dijera algo más ¿Era eso lo que tenía que asustarme? Mi hija le decía “mamá” ¿De qué rayos hablaba con asustarme? Yo no creía que eso fuera temporal, no lo creía desde hacía varios años- ¿Cuándo quieres que vayamos a ver la casa? Tengo que hacerme tiempo en el estudio -Volví a tomar las fotos para guardarlas en el sobre de papel madera que me habían dado y las había acomodado sobre la mesa para tomar su mano e irnos a la pieza. Nos desvestí para meternos en la ducha entre besos, me encantaban los pocos momentos en los que Kate estaba durmiendo y podíamos tener tiempo para nosotros mismos. Cuando nos acostamos en la cama, ya con las luces apagas me di vuelta hacia ella- ¿Y qué pasará con Minnie? -Pregunté levantando las cejas- No podemos dejarla sola ¿O si? -Dije porque no creía que Charlie pensara en dejarla sola jamás, así que tal vez ella tenía un plan, siempre tenía un plan. 


Habíamos ido a ver la casa un par de días después, tenía que decir que el gusto de Charlotte no me impresionaba. Era una casa grande, con muchos cuartos, un muy buen lugar para mudar mi estudio, un gran patio en donde había una piscina y podíamos poner un montón de juegos para niños, bueno, Harry los pondría mientras yo miraba. Para Kate y para los niños que vendrían después de ella. Comenzamos  a hacer planes al instante. La cocina era enorme, lo cual era importante para mí, y tenía una sala de estar enorme con un hogar en donde podríamos prender la leña y acurrucarnos junto al fuego. Me imaginaba que ni los muebles que había en mi casa, ni los que había en su casa, irían a parar ahí. Me imaginaba que a ella y a la rubia les encantaría hacer planes para dejar el lugar como nuevo, todo merecía una nueva decoración. El armario había sido lo mejor. La habitación principal tenía dos closet enormes en donde podíamos guardar tanto su ropa como la mía, uno para cada uno. Y compraríamos una cama de tamaño king para las noches en las que Kate tenía pesadillas, y todos los niños que vendrían después. Salí de ahí pidiéndole que hiciéramos una oferta en la casa, pero probablemente ella ya la había hecho por su cuenta, siempre estaba a un paso delante de mí.  

Unos días después seguía pensando en la palabra “temporal” No era temporal desde que la había visto sonreírme por primera vez. La primer risa que había logrado sacarle con chistes malos que sólo hacían reír a mis tontos amigos. La primera vez que nos habíamos besado, y la primera vez que había podido recorrer las curvas de su piel llenándola de besos. Jamás había sido temporal, la había visto y el Danny de Bolton fascinado por la fama se había ido en menos de tres segundos. La había visto y mi cabeza había hecho clic, y lo había sabido muy en el fondo desde aquel momento. Quería casarme con ella. Algún día, me casaría con ella. Caminé muy temprano hacia la habitación de Minnie, ese día era hoy. La rubia tenía ese día libre, y para ser sinceros en unas pocas horas despertaría para estar hiperactiva todo el día porque así eran ellas dos. No servían para los días libres. La moví despacio -Despierta -Dije y la vi abrir los ojos asustada- Tienes que acompañarme, necesito hacer unas compras y necesito que me acompañes -Katie a mi lado subió a la cama- Traje la artillería pesada -Advertí, y vi como mi hija le pedía a su tía que se levantara, diciéndole en palabras torpes que iríamos a pasear- Está bien, pero dame un beso -Pidió la rubia y la niña le dio un beso en la mejilla y se levantó. Charlotte estaba trabajando, las mañanas eran duras por lo cual no tenía chances de cruzarnos en nuestra misión. Hice el desayuno de mi pseudo cuñada mientras ella preguntaba qué era tan urgente que no podía esperar a que llegara Charlie- ¿No sientes que ya no tenemos tiempo para nosotros dos desde que Charlie está conmigo? -Bromeé haciendo que ella se riera en una carcajada. Dejó la conversación allí, ya que era obvio que no iba a obtener una respuesta. 

Caminando por el centro de la ciudad parábamos en las tiendas para bebé, en las tiendas de ropa femenina y masculina, y aunque ya llevábamos varios paquetes comprados, comencé a pararme en las joyerías. Si algo había aprendido sobre el gusto de Charlotte era que no le gustaba lo ostentoso. Iba más por lo clásico, pero con detalles lindos. A la tercer joyería que me paré a mirar, Minnie soltó un grito que Katie imitó- ¡Le vas a pedir casamiento! -Chilló llevándose una mano a la boca. Yo le pedí que bajara la voz mientras me reía nervioso- ¡No lo puedo creer! ¡Danny, es maravilloso! -Su emoción me hacía sentir confiado en la respuesta de Charlie. Creía que éramos el uno para el otro y que habíamos probado que a pesar de los obstáculos que presentara la vida siempre habría lugar para nosotros dos como un “nosotros”- Sé exactamente a dónde ir -Dijo como si tuviera una idea reveladora. Me contó que había una joyería pequeña que pertenecía a una familia, que era atendida y fundada por un señor de unos setenta años. Ella y la morocha eran clientes habituales, y sus padres habían comprado los anillos de compromiso para sus madres en esa misma joyería. Cuando entré vi por qué. Todo allí parecía sacado de un montón de películas viejas. El lugar estaba muy bien cuidado y tenía aspecto de tener muchos años. Había cosas tan ostentosas como las que se usaban ahora como cosas clásicas, cosas como el anillo de compromiso de mi abuela, cosas como las que a Charlie le gustarían. Terminé por comprar un anillo de diamantes que creía que iba a adorar, y pagué al señor. Cuando salimos Minnie dejó de fingir la cordura que había fingido adentro- ¿Cuándo se lo vas a proponer? ¿Esta noche? ¿Cómo lo harás? Tienes que decirme cómo lo harás -Pidió con emoción- Cálmate, no le pediré esta noche. Tengo que pensarlo bien porque tengo tendencia a arruinar las cosas -Expliqué y ella estuvo de acuerdo conmigo. Pidió que cuando lo fuera a hacer le avise, y fuimos a esconder el anillo en mi estudio. 

Había pensado en muchas formas de proponerlo pero todas las descartaba por alguna razón. Quería que fuera un momento íntimo para los dos, tal vez en una cena especial en un restaurante en la playa, tal vez podía organizar un fin de semana en un hotel spa y en medio de la relajación y la cena, podía pedírselo. Cada idea que tenía me parecía genial al principio y luego le encontraba un pero. De todos modos mientras los días pasaban más lo posponía. Ella había comenzado a actuar de rara, a extraña y muy extraña. Paulatinamente se había vuelto olvidadiza, teníamos citas y lo olvidaba, le pedía que pasara a buscar algo por alguna tienda y no lo hacía, desaparecía en el medio del día sin decir a dónde estaba, incluso la había pasado a buscar en el almuerzo un par de veces pero nos había plantado a mi y a Kate. Si no estaba teniendo almuerzo con nosotros, y no estaba en la oficina ¿Dónde rayos estaba? Comencé a preocuparme, ella se encontraba nerviosa todo el tiempo y eso hacía que yo me encontrara nervioso todo el tiempo. Claro que cuando quería si quiera mencionar el tema ella se convertía en una maestra de la actuación, sus habilidades eran increíbles. Las sospechas eran muchas, y ninguna tenía mucho sentido. La primera obviamente había sido pensar que estaba manteniendo una relación con alguien más, la había descartado a los dos segundos de pensarla, y me imaginaba preguntándole “¿Me estás engañando?” sólo para que ella explotara de rabia. La segunda tuvo que ver con la muerte y el engaño de Ryan McNeal, me imaginaba que siempre tenía recaídas en cuanto a su muerte y su duelo, y no me molestaba, pero necesitaba que me haga partícipe de esas cosas. Y al momento de pensar en la palabra recaída, había pensado en el alcohol, tal vez ella había tenido ese tipo de recaída. Comencé a tener más cuidado en observar su comportamiento, en tenerla cerca para poder oler si su aliento tenía olor a destilería o ese típico aliento ebrio que se intentaba cubrir con mentas, revisaba todos los gabinetes de la casa incluso los de Minnie, mientras los demás no estaban, y todo su auto cuando ella no estaba viendo. No encontraba nada, no tenía pruebas -¿No les dijo nada? -Pregunté a Minnie y a Harry. Ambos negaron con la cabeza. Me restregué la cara- Algo anda mal -Dije nervioso y el estómago se me revolvió- ¿Crees que tenga algo que ver con…? -Preguntó Minnie, su voz salió segura pero luego se atoró en algún lado- Con la muerte de mis padres y Richard -Terminó la frase. Habíamos estado hacía tanto tiempo calmados con ese tema que no podía ni siquiera concebir que se tratara de eso- No lo sé -Admití, porque no tenía nada, ni una hipótesis, ni nada. 

Ese día más tarde mientras nos acostábamos en la cama la arropé junto a mí y me reincorporé para besarla -¿Qué es lo que tienes? -Pregunté, y volví a darle un beso- ¿Estás durmiendo si quiera? -Volví a preguntar y ya parecía un interrogatorio. Comencé a acariciar su cabello su rostro y su cuerpo esperando que se relajara- Déjalo ir, y si no puedes, cuéntamelo, Charlie. Estoy aquí para eso -Pedí mientras besaba su mejilla. Apagué la luz y seguí haciéndole mimos, esperando a que se duerma.
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por RoyalAnne el Miér Jul 19, 2017 12:41 am



CHARLOTTE MAY ANDERSON
Mi novio había tomado la idea de mudarnos juntos increíblemente bien. Empecé a deducir que no era él quien podría asustarse sino yo misma. Cuando nos reunimos para ir a ver la casa y lo vi tan emocionado me dicuenta que el problema era yo. Igualmente habíamos hecho una oferta por la casa pero en el fondo me aterraba bastante que la aceptaran. Tenía una mala experiencia formalizando mis relaciones pero había pasado tanto tiempo desde que estábamos tranquilos que debía empezar a dejar el miedo atrás. Había logrado formar una linda familia ahora ¿Quién se metería con eso? Se me vino a la mente los fotógrafos en la fiesta de Katarina, si Daniel no había contratado a nadie, y jamás salió al público ninguna foto nuestra o de la reunión ¿Para quién trabajaba ese hombre? Probablemente estuviera exagerando las cosas, pero después de todo lo que nos había pasado creía estar en el derecho. Después de aquella noche había perdido la seguridad con la que me manejaba todos los días, tenía la sensación de que alguien me vigilaba todo el tiempo, al salir de casa. Mi imaginación se había encargado de mostrarme la cara de uno de los fotógrafos múltiples veces después de la fiesta, no quería pensar que era real, mi mente había jugado tantas veces ya conmigo, aún solía despertar y verme las manos cubiertas de sangre después de haber sostenido a Ryan en mis brazos. Aún los sueños eran tan vívidos que podía creer estar viviendo en la calle, muriendo de hambre, trabajando en bares dejando que hombres se aprovecharan de mi para sobrevivir. Había tratado de no exteriorizar mi intranquilidad hasta que un día, yendo a visitar un restaurante de la nueva cadena junto con Ian lo había visto tan claro que era imposible que mi mente lo imaginase. El mismo hombre, no a mucha distancia de nosotros se había parado únicamente para fotografiarnos. ¡Era él! Me quedé paralizada hasta que Ian me habló repetidas veces - ¿Ahora tienes parazzi? - Había preguntado él. También lo había visto, no era una ilusión. Supuse que mi cara habló por mi misma del miedo que me había provocado, porque de inmediato Ian había mandado a un hombre a quitarle la cámara. El fotógrafo no había hablado mucho, simplemente se había echado a correr, pero una vez que quitamos la memoria de la cámara y la probamos en una computadora supe que todo estaba por ocurrir de nuevo. Había fotos de mucho antes del cumpleaños de Kate, fotos mías con Daniel, yendo a almorzar, en todos los lugares, entrando al edificio del departamento, del trabajo, subiendo a mi auto, riendo con mis amigos, Harry y yo haciendo ejercicio. Había fotos demasiado enfocadas a mi rostro, a mi cuerpo. Con aumento a mis pechos, a mi trasero. Era algo obsesivo, asqueroso y aterrador. Sobre todo aterrador. Esa misma noche Ian me había llevado él mismo al departamento y notaba nerviosismo también en sus consuelos - No te preocupes, estoy seguro que sólo era un admirador un poco obsesivo - Había dicho y yo asentí. Por supuesto. ¿Qué más podría ser? Entré prácticamente corriendo al departamento para quitarme la ropa del trabajo y ponerme la pijama, de alguna manera me sentía sucia, y cuando Daniel llegó y preguntó porqué rayos no estaba lista para nuestra cita, le dije que simplemente lo había olvidado. No quería volver a salir de mi habitación jamás. Conforme pasaron los días traté de mantener la calma pero no lo lograba en absoluto, estuve cancelando todas las citas fuera del trabajo y siempre prefería estar en casa. Sabía que la mejor solución era denunciar al hombre por acoso pero algo me decía que él no era quien tenía esa afinación conmigo. Algo me decía que había más detrás de todo eso. Todas mis sospechas fueron confirmadas cuando por la puerta de mi despacho había entrado Rafael Della Vecchia, con mi asistente pidiéndole que se retirara ya que debía hacer una cita si quería hablar conmigo en persona. Habían pasado algunos años ya desde la última vez que le había visto, tenía algunos cabellos grises más que antes, y unas cuantas arrugas alrededor de su espléndida sonrisa, pero seguía viéndose tan imponente como siempre. Alto y fornido con  tomé aire y sonreí - Está bien John, yo atenderé al señor Rafael, puedes retirarte - Dije lo cual había hecho sonreír al hombre aún más, mirando como poca cosa a mi asistente. Jugué con la pluma que tenía en las manos y le señalé al hombre la silla en frente de mi escritorio para que se sentara. Ofrecí algo para tomar y él había elegido una copa de vino del que recordaba, era su favorito y siempre debía tener para ofrecerle. Algo que incluso mi padre hacía en sus años de negociación con él. Una vez con su copa, Rafael se inclinó para hablar - Pensé que estabas muerta, dolcezza - Dijo con un tono molesto, los nervios se incrementaron, hacía tanto que no escuchaba su voz que me había llenado de escalofríos - Cuando me enteré que estabas aquí, lo único que quería era verte. Y ahora te escondes, así que tuve que venir a buscarte yo mismo amoruccio, luces divina. Creo que te he perdonado - Se levantó de hombros y dio un sorbo al vino. Negué con la cabeza y pregunté qué era lo que quería, lo cual pareció divertirle - ¡A ti! Verte. Tenerte. Que seas mía. Además me has quitado todos los fondos y necesitamos llegar a un acuerdo  - Rafael me miró listo para escuchar mi respuesta, dude un momento. Yo debía tener más poder que este hombre ahora, no era la misma niña hambrienta que se había encontrado años atrás. Antes de que pudiera abrir la boca, él tomó su celular y otro más y los puso sobre la mesa. Era un video en vivo, uno de ellos mostraban a Danny caminando por la calle mientras que el otro mostraba a Minnie en uno de sus ensayos - Dolcezza, piensa mucho si quieres molestarme. Sabes que puedo ponerme muy... repugnante - Amenazó y sentí como todo el calor se me iba a la cara, quería terminar lo que había empezado años atrás, quería matarlo ahí mismo - Esto es entre tú y yo, Rafael. Déjalos fuera de esto y prometo comportarme - Dije y él sonrió de nuevo. Me ofreció su mano como si estuviésemos a punto de cerrar un trato, la tomé y luego él salió de la oficina. Por más que me costara admitir, terminé llorando por horas después de su partida. Sabía muy bien el tipo de herramientas que Rafaél usaba para conseguir lo que quería y si todos estaban ya vigilados, lo único que podía hacer era lo que él deseara. Estaba a su merced. Lo único que deseaba era llegar a casa con mi bebé y Daniel para estar en paz un rato, pero él notaba el desvío de atención. Lo resentía, y yo solamente podía actuar como si todo estuviese perfectamente normal.


Los días pasaban y mientras que en un principio las peticiones de Rafael no habían sido otras más que fotos casuales, pero tenerlo de nuevo en mi vida me tenía despierta toda la noche, pendiente de absolutamente todo lo que hacían los demás, las personas a nuestro alrededor pero mucho menos pendiente de mi familia. Las veces que tenía que encontrarle eran las peores de todas. Esperaba que con los fondos suficientes el maldito se marchara de nuevo, pero nada parecía ser suficiente para él. En cada cena juntos, pedía que me sentara en sus piernas y yo misma lo alimentara. Como en los viejos tiempos, decía él. Rafael tenía un pésimo humor y cuando las cosas no salían exactamente como él deseaba, explotaba. Hasta ese momento lo había visto gritarle y golpearle a toda clase de hombres, desde su propia seguridad, hasta meseros, cocineros, hostess, etcétera. La lista continuaba sin fin. Y aunque él había prometido no hacerlo, cuando llegaba a negarme tan siquiera un poco, dos segundos en contestar, una gesticulación que a él no le agradara y Rafaél se volvía loco. Volvía a acusarme de querer matarlo, de haber escapado, me llamaba golfa, ramera y cualquier otra palabra en italiano que yo no lograba entender. Aquella noche me había abofeteado tan fuerte que terminé en el suelo, sosteniendo mi mejilla. Rafaél se había abalanzado sobre mí pidiendo perdón - Es solo que te has vuelto tan… difícil, Charlotte - Me había dicho mientras yo trataba con todas mis fuerzas de no explotar en llanto, pero no lo había logrado. Rafaél me tomó en sus brazos acunándome - Dolcezza, no llores. Perdóname he sido un estúpido. Escucha, tengo preparado algo para ti. Prometo que te encantará. Así no tendrás que comprar esa estúpida casa ¿Me entendiste? Si llegas a comprar esa casa, Charlotte… - Lo besé, estábamos lo suficientemente cerca y él lo suficientemente loco para que aquello le fuese suficiente para olvidarlo todo. Un auto me dejó en la puerta del edificio de mi departamento y entré con pesar. Era tarde, pero Danny no había preguntado mucho, después de arropar a Katie nos habíamos recostado juntos en la cama, podía sentir la tensión, él sabía que algo estaba pasando y yo estaba muriendo por dentro debido a la culpa. Él empezó a preguntar, estaba sedándome con sus besos para hacerme hablar, llenándome de caricias para sensibilizarme. Por supuesto que había funcionado, me conocía a la perfección. Me abracé fuerte a él y tomé aire - Tengo algo de que hablarte -  Dije aún muy cerca de él, me separé para ver su rostro entre la poca luz que entraba a la habitación - Prefiero no hablar de lo que pasó en los cinco años que estuve… lejos. Es solo que esto me ha estado dando vueltas en la cabeza y yo… - Me sentía dudosa, pero suponía que él debía saber lo que había pasado, sabía ciertas cosas, los lugares donde me había encontrado pero jamás habíamos entrado a detalle, con nadie en realidad. Un poco con Tom hace mucho tiempo pero no tan a fondo - Danny, yo no tenía nada ¿Entiendes? Viví en la calle algunas semanas hasta que empecé a trabajar en un bar para hombres. Sólo era mesera porque según el dueño era muy flaca para ponerme a bailar y agradezco eso. Estuve ahí hasta que atendí a un hombre que ya había visto aquí en Londres. En la oficina de mi padre, Rafael. Él… me dio una casa, me dio que comer a cambio de ciertas cosas. Pero empezó a obsesionarse, solía gustarle verme caminar, me vestía con poca ropa y me mostraba a sus amigos y cuando alguno llegaba a tener más interés, solía golpearme, por ramera - Paré un segundo, era mucho para asimilar y era mucho para contar. Me tapé la cara con las manos porque no quería ver su cara de decepción, sabía que pude haber hecho muchas cosas de diferente manera, pero no podía cambiarlo ahora, la desesperación me había hecho actuar de aquella forma - De cualquier manera, estaba cansada, era su juguete en todos los sentidos y cada día era más violento conmigo. Había días en que yo no podía reconocer mi cara en el espejo, estuvimos juntos al menos un año pero... logré salir. Tomé todo el dinero que pude y cuando intentaba poner sus manos sobre mí yo, bueno. Yo le clavé un cuchillo en el hombro y salí corriendo. Uno de los chicos me ayudó a fingir que mi auto se había accidentado, así que él no me buscó. Y ahora es sólo que… sé que él sabe que estoy aquí y lo engañé. Sé que lo sabe, Danny. Tengo tanto miedo a veces - Clavé mi cara en su pecho y me aferré a él. No había algo que me hiciera mejor que estar entre sus brazos.


La noche pasada me había hecho pensar bastante, era muy probable que Rafaél no tuviera más fondos para absolutamente nada. No haría nada porque la que ahora tenía el control era yo. Me había estado matando trabajando reconstruyendo el imperio de Richard y Michael y ahora conseguía manejarlo, no podía dejar que aquél hombre siguiera asustandome de aquella forma, habían pasado varios años desde lo ocurrido y las cosas habían cambiado. Dije a mi novio que trabajaría en casa los siguientes días y a él le pareció lo correcto, estuve ignorando cada mensaje de Rafaél, cada llamada, absolutamente todo. Y me quedé en casa con Katie, obligue todo lo que pude para que Danny se quedara también conmigo porque muy en el fondo estaba muerta de miedo. Logré estar en casa al menos unos cuantos días antes de que Ian se volviese loco y me ordenara que regresara o lo dejara visitarme en el departamento. No quise complicar mucho más a mi novio por lo que me decidí a regresar a la oficina. Aquél día al tomar el auto para regresar a casa, el chofer me había llevado a otro lugar, me había dejado en mi antigua casa, la mansión Anderson. No había visitado mi hogar desde el día que… había muerto. La mansión estaba completamente sola, únicamente había dos personas que se encargaban de abrirme las puertas y dirigirme hasta el despacho de Richard, todo estaba pasando tan rápido que no había podido darme cuenta de los detalles de la mansión, parecía exáctamente igual aquella que había abandonado hacía tantos años. Apenas había entrado al despacho Rafael me había tomado del cabello, jalándome para que lo mirara sin moverme - ¿Dónde estabas, Charlotte? ¿De verdad creíste que podías ignorarme sin sufrir ni una consecuencia? - Sus gritos llenaban toda mi cabeza, por más que trataba de soltarme no podía hacerlo, terminó por tirar tan fuerte que quedé en el suelo viéndolo. Era tarde cuando Rafael me fue a dejar él mismo al departamento, me empujó para que cayera fuera del auto - Reza, Charlotte, porque esto se me pase y si vuelves a desobedecer la más simple de las órdenes, tu lindo y pequeño ángel sufrirá las consecuencias - Rafael cerró la puerta y arrancó para alejarse de mi. Traté de limpiar mi ropa lo más que pude, acomodar mi cabello y mi rostro no era algo que arreglar, no tenía idea de cómo iba a explicar aquello pero esperaba no tener que hacerlo. Era pasada la media noche y todo el mundo debía estar dormido. Subí nerviosa, las manos me temblaban al poner las llaves y probablemente entraría en crisis en cualquier momento.
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por RoyalAnne el Jue Jul 20, 2017 9:01 am




HARRY MARK CHRISTOPHER JUDD
Una vez que el hombre se había dado la media vuelta y se había retirado, no pude evitar sonreír, como un niño que cumple sus travesuras. Me giré hacia Minnie para escuchar su comentario - Si de algo estoy seguro es de que te casarás conmigo, pero las citas terminan ahora - Amenacé sentándome a su lado. Escuché a Minnie acusar a Charlie de contarme sobre la situación y aunque ella estaba riendo como si nada pasara, igualmente propinó un golpe a mi tobillo del cual no pude evitar quejarme en voz alta - ¿Qué?  - Le pregunté molesto y ella me miró peor - Claro, Charlie no me dijo nada, en realidad vine porque no me contestabas y empecé a preocuparme - Me alcé de hombros, no era más que la verdad. Tal vez habían pasado años desde la última vez que la desaparición de Minnie realmente significaba algo así, pero había algo en mi que me obligaba a querer saber todo el tiempo si se encontraba bien. No dejaría de cuidarla nunca, y tal vez había parecido broma mi comentario, pero lo único seguro en mi futuro era eso, que estaríamos juntos para siempre. 
Luego de unos días a media tarde había recibido una llamada “urgente” de Charlie. Necesitaba la ayuda del gran Judd, primero tuve que pasar a comprar comida a un restaurante, uno que Daniel o Minnie no fueran a menudo, ir al departamento y asegurarme de que aquellos dos no estuvieran en casa y preparar una cena, con Tom, Doug y Frida invitados/obligados a ir en el último segundo, e iniciar la comida. Para cuando Charlie llegó todos estábamos por terminar el platillo, ella sólo había corrido a ponerse ropa más cómoda para luego fingir que estuvo ahí todo el tiempo. Esperé una explicación para todo esto pero ella solo levanto los hombros - A Danny no le gusta que me quede tan temprano, sólo quiero evitar una discusión - Dijo y acepté aquello, luego podría contarme la verdad. Estaba seguro de que Danny no se enojaba por casi nada y sus discusiones eran principalmente porque él no ponía las cosas en su lugar. De todos modos Minnie & Danny llegaron a los cinco minutos de eso, yo estaba mostrándoles lo sucedido en esa misma mañana, un idiota había estado presumiendo de su fuerza y resistencia, era un enclenque únicamente que usaba lentes de sol en el gym. Era tan estúpido que no había podido evitar mi impulso de retarlo. Luego de ciertos ejercicios él había terminado como el idiota más grande y tuvo que irse, todo quedó grabado y era lo que mis amigos veían con cierto grado de incredulidad, era normal que se sintieran incrédulos al mirar tales hazañas, pero era cierto. La única que no podía resistirse era Minnie, riéndose y diciendo que ella podía hacerlo mejor - No, no puedes - Le dije, hablándole como a una niña. Quería terminarla ahí, pero Minnie insistió en que la dejara en vergüenza ante todos. Todos tenían esta afinidad de querer retarme, al parecer era a quien todos querían vencer y estaba orgulloso de ser esa persona. Tuvimos que mover los muebles del departamento para poder hacer nuestras pruebas y por supuesto que ella había ganado. ¡Era bailarina de profesión! Por supuesto que tenía más resistencia que yo - No estaba ni en mi 30% además, acabo de comer - Aclaré como si fuese algo demasiado obvio, pero todos seguimos riendo. Minnie se acercó para ofrecerme entrenamientos personales y todos habían reído especialmente por la broma que había hecho Dougie al instante. Atrape a  Minnie en mis brazos y la apreté contra mi cuerpo mientras besaba su frente - ¿Vas a cobrarme? - Le pregunté para que se le pasara la mala cara y hacerla sonreír.


Había días en los que Minnie hacía de todo para volverme loco, no contestaba los mensajes porque simplemente lo olvidaba, no la había visto desde aquella noche y estaba extrañándola a más no poder. Tal vez fuera nuestro tiempo, tal vez no, pero me moría por verla de nuevo. Tenía una ligera obsesión por tenerla cerca mío, por mirarla, por sentir su piel rozando la mía y aunque eramos amigos y podía satisfacer la mayoría de esas necesidades, la privación constante de sus besos me tenía en un estado insensato. No avisé ni dejé una nota cuando me dirigí al departamento por vez 500 esa semana, únicamente que al llegar la puerta estaba abierta y podía escuchar claramente la conversación. Eran Doug y Minnie. Desde el momento en que escuché sus dos voces me hirvió la sangre, pensarlos juntos me hacía volver el tiempo y aunque estaba escuchando a Minnie decir que todo lo que había hecho el idiota del rubio no le había importado, para mí significó bastante. Al parecer ella estaba bastante dolida de que Dougie jamás le haya pedido perdón ¿Qué estaba esperando? ¿Una tarjeta? Era Dougie, ese tipo de acciones no iban con él. Lo comprobé cuando él respondía con bromas estúpidas a lo que ella estaba diciéndole ¿Estocolmo? ¿De qué rayos estaba hablando? Minnie se desesperó lo cual hizo al rubio actuar, me paré en la puerta pero sólo el rubio podía verme, sonrió y empezó a decirle lo mucho que la extrañaba, mucho más que a mí, maldita basura, estaba haciendo todo esto sólo para molestarme por supuesto ¿Qué diría Frida de esta conversación? Doug tratando de meterse en los pantalones de Minnie de nuevo, qué sorpresa. Por primera vez en su vida el rubio pidió perdón, Minnie resistió dos segundos antes de lanzarse a sus brazos como siempre. Esto no era más que Doug remplazandome de nuevo, estando en primer lugar una vez más, durmiendo juntos abrazados, pasando días enteros juntos porque eran “mejores amigos” Vaya mierda. No estaba dispuesto a soportar aquello de nuevo, Minnie se dio la vuelta y me miró con cara de asombro. ¿Era tan sorprendente encontrarlos de nuevo así? No lo era. Lo sorprendente había sido lo mucho que habían durado separados - Ya me iba - Les dije y me di la media vuelta para salir de ahí, pero esta vez Doug me había tomado del brazo pidiéndome que no sobre actuara y fue instantáneo. Lo tomé del cuello, y le di un golpe en la mejilla tan fuerte como había podido. El rubio cayó al suelo, sosteniéndose la cara con su mano - Te lo estuve guardando - Me agache y se lo dije cerca - Puedes tenerla, me dejó de interesar- Miré a Minnie una fracción de segundo, era cuestión de segundos para que se abalanzara contra Dougie, preocupada, y empezara a mimarlo. Estaba cansado de ellos dos, salí lo más rápido que pude del departamento para irme a encerrar un rato con Charlie en su oficina. 


Por supuesto que Minnie no había llamado, era siempre el consejo del rubio, además, no tenía porqué aclararme nada, no estábamos saliendo, no eramos nada más amigos, entonces ¿Por qué estaba tan molesto? Quería, deseaba que ella viniese a buscarme para explicar que lo de ellos era nada, que sólo importaba yo como siempre, pero la última vez que ella lo había hecho no había salido del todo bien. No iba a venir ni aunque le pagaran. ¿Pero ni siquiera un mensaje? Estaba harto, pero en un impulso había terminado yendo a la universidad para encontrarla ahí. Había entrado hasta el escenario que siempre había sido el lugar donde ensayaban, me había sentado hasta la última fila de sillas y observé por bastante tiempo a las chicas. Para ese momento el impulso terminó y quería largarme, pero era imposible sin que me vieran. Una mujer se había parado al inicio de la fila y me había observado, luego se acercó con una sonrisa bastante divertida en la cara, yo me enderecé en mi lugar mientras fingía no ser un loco ahí - ¿Buscas a alguien? - Preguntó ella y yo negué. La mujer tomó asiento al lado mío y se quedó observando a las demás practicar, no era su turno, me había comentado y yo asentí. Tenía el cabello muy largo y oscuro, contrastaban bastante con sus ojos azules y sus finos rasgos. Además, parecía divertida con la vida - ¿Y tú eres? - Pregunté luego de un rato, ella dijo “Hannah” con una sonrisa. Admitía que era increíblemente hermosa - ¿Quieres saber más de eso luego? - Preguntó y yo asentí extrañado, tenía tanta confianza como para invitarme a salir. Me agradaba - Salgo a las 3, llévame a comer mañana - Ordenó y yo prometí esperarla. Hannah hablaba de una manera que me hacía creer que todo lo que decía era algo que yo quería hacer también. Me gustaba. Salí de la universidad con el número de Hannah y sin saludar siquiera a Minnie, no tenía idea si ella me había visto, suponía no, pues parecía muy concentrada en el ensayo y quise dejarlo así. Era mejor para los dos. Y no supe mucho más de ella, tampoco de Charlie porque parecía estar sumamente ocupada. Cada vez que iba a visitarla se me prohibía el paso ya que ella estaba en una “junta importantísima” cada vez que la esperaba a su hora de salida jamás la encontraba y era extraño. No se lo quería mencionar a Danny tampoco porque sabía que iba estresarse y exagerar. Estaba en su derecho. Pero me parecía mejor idea hablar con Charlotte en primer lugar.


Durante esos días había visto a los chicos algunas veces, Doug me recibió con un “Lo sé, lo merecía” y una palmada en la espalda cuando habíamos ido a su casa. Seguía molesto pero prefería estar bien con él por la banda y no hice más escándalo. Tom y Danny se habían caído de la risa al ver la cara de Doug, hacía mucho tiempo que ellos habían pasado por algo similar y suponía que con el tiempo ahora lo veían divertido. Salí con Hannah algunas veces, me convenció de las ganas que tenía de llevarla a cenar y pasear por un parque del centro de Londres por la tarde. Me parecía preciosa la manera en la que sonreía todo el tiempo, bastante inocente, como se emocionaba por cosas pequeñas que hacía por ella y cómo podía comportarse como una niña para luego ser toda una mujer que no me dejaba pagar sus cuentas. Era una niña rica y mimada que había logrado su sueño, ser protagonista de los últimos bailes que daba la universidad y también era buena enseñando a las más pequeñas. Era todo un caso, y al contrario de muchas chicas con las que había salido antes, podía decir que a Hannah había querido seguir conociéndola en todo lo posible. Luego de dejarla en su casa un día por la tarde había recibido una llamada de un número desconocido - ¿Tiene usted relación con la srita. Minnie Elizabeth McGraw? - Preguntaron. Respondí que sí de inmediato “un amigo” les dije - ¿Sería probable que pudiera pasar al hospital Great Ormond por ella? La paciente sufrió de una caída y es necesario que un contacto de seguridad venga a firmar el alta - Respondí afirmativo a todas las preguntas y luego de colgar suspiré hondamente. No importaba que chica bonita se me parara enfrente. Siempre sería Minnie.
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por mariro el Jue Jul 20, 2017 8:38 pm


MINNIE ELIZABETH MCGRAW -
Todo el último año había sido reflejado delante mío, en los ojos enfadadamente azules de Harry. Era esa la razón por la que no quería volver conmigo. Estábamos dentro de un círculo vicioso que se había estado repitiendo con más o menos cantidad de tiempo por unos largos años. Tal vez trece, ya había perdido la cuenta. Todo parecía marchar, con lentitud, pero a flote. Y de repente, algo ocurría que nos distanciaba. Era probablemente una razón tan tonta como estar abrazada a Dougie, algo que podía preveer, algo completamente evitable, pero que de todos modos pasaba. Y la resignación a perdernos se desprendió de mis poros y de los suyos, otra vez. Tenía que perderlo, otra vez. Y esta vez, como tantas, ni siquiera había sido mío. Él anunció su salida y yo mordí mi labio inferior ¿No quería quedarse a gritarme? ¿No quería hablarlo? Claro que no. Nosotros no funcionábamos así hasta que se hacía demasiado tarde. Dougie corrió a detenerlo, tomándolo del brazo, diciéndole que efectivamente estaba exagerando la situación. Pero el baterista juntó años de rencor para tomarlo de cuello y golpearlo tan fuerte como para tumbarlo al piso. Me hice para atrás soltando un grito ahogado y llevándome las manos a la boca, congelada. No creía que había visto a Harry golpear a alguien jamás, al menos, no por enojo. Dougie se llevó instantáneamente la mano a la mejilla y lo miró con el ceño fruncido desde abajo, hasta donde Harry se agachó para decirle que lo había estado guardando. Lo había dicho en voz baja, pero el silencio era sepulcral y tenso; “puedes tenerla, ya no me interesa”. Y su mirada se había posado en mí por una fracción de segundo que en mi mente había durado una eternidad. Bajé los ojos porque me rehusaba a mirarlo. Sabía que decía todas esas cosas porque estaba enojado, que probablemente no las creía, que no era nada más y nada menos que Harry Judd. Pero cada vez que decía algo así, esa frase se quedaba en mi cabeza por días torturándome. Parecía que no me conocía en absoluto, o tal vez, no le interesaba. Y ni siquiera había sido tan terrible, podía recordar frases parecidas tratándome de tonta, tal vez inestable. No, sí me conocía. Sabía qué decir para lastimarme. Esperé unos segundos a que salga para caminar hasta Dougie. Lo ayudé a levantarse -Te lo tenías merecido -Admití en voz baja mientras caminaba hacia el botiquín del baño, el golpe le había cortado la piel del pólumo. Su rostro era huesudo como el resto de su cuerpo, y su piel era fina y problemática. No era muy difícil hacerlo sangrar- Deberías ir por él -Sugirió mientras hacía una cara de dolor, reacción al algodón mojado en alcohol. Me levanté de hombros, sintiendo como toda mi cara se contraía, y un cosquilleo que anunciaba lágrimas se hacía presente en mi nariz- Probablemente ya esté cogiendo con alguien más -Susurré, poniendo una bandita elástica lo suficientemente grande como para cubrir el corte- Lo siento -Me disculpé dejando el hielo en su regazo y dándome vuelta a secarme las pocas lágrimas que me habían caído.


Harry jamás preguntaba. Él simplemente observaba, sacaba sus propias conclusiones y dejaba de hablarme. A ese punto, y luego de todo lo que había ocurrido, creía que su estima hacia mí había bajado considerablemente, y que todo lo que anteriormente pensaba de mí ahora eran nada más recuerdos de una época más brillante, idealizaciones. Probablemente me odiaba, y quería preguntárselo, pero eso suponía hablarle. Acción que me recomendaban los dos rubios y el pecoso, pero que de todos modos yo seguía negándome a realizar. Estaba segura de que Harry deseaba a la antigua Minnie. La niña callada y asustadiza que lo miraba con ojos deslumbrados, que lo hacía sentir como un héroe salido de una película. La niña inocente que había vivido con él todas sus primeras experiencias, y lo miraba engrandecido, y locamente enamorada. Pero luego recordaba que esa Minnie también había causado problemas, que era manipulable e ingenua, que lo hacía rabiar cada vez que se quedaba callada, cada vez que me dejaba llevar por alguien más. Y entonces me encontré pensando que nada de lo que haría jamás sería suficiente. Y deseé entrar en su cabeza, tratar de ver cómo era la mujer perfecta a sus ojos ¿Era alguien a quien proteger? ¿O era alguien que podía cuidarse sola? Pensé que probablemente, si alguna vez podía ver en su mente, el resultado sería Charlotte. Él la amaba, sentía deseos de cuidarla todo el tiempo, pero la necesitaba cada vez que deseaba resolver un problema, y miraba fascinado a sus logros, y le tenía mucho respeto. Deseaba ser Charlie, y tener su fortaleza para salir de los problemas y que las personas vinieran a buscarme porque algo les había salido mal. A mi hermana nadie la miraba como una niña que debía ser asisitida, ni pensaban en todos las cosas retorcidas en su cabeza, porque era fuerte y autosuficiente. Pero otra vez, mientras más me parecía a mi familia, él más me odiaba. Mientras más pasaban los días más lo extrañaba, y quería salir corriendo a su encuentro, llamarlo, decirle que él siempre sería el único. Pero cada vez que estaba a punto de hacerlo, tenía la imagen de la mujer semi desnuda bajando las escaleras, y volvía a odiarlo.


Creía haberlo visto en la Academia. Sentado en el teatro, en la última fila. Pero cuando había corrido la mirada de nuevo hacia él, ya no estaba. Era difícil desacostumbrarse a él, y más difícil resultaba porque Charlie parecía sumida en otro universo. Sabía que algo le ocurría, lo habíamos estado hablando con Danny. Pero ninguno de los dos tenía idea de qué podía ser. Le había dicho que debía contratar a nuestro investigador privado, era muy bueno en su trabajo, yo había considerado varias veces llamarlo al morir la morocha pero todas y cada una de esas veces había sido interrumpida por Daniel o mis tíos. Volver a tener al rubio me dejaba más tranquila. Charlie estaba preocupada por algo que todavía no sabíamos qué era, Danny estaba preocupado por Charlie, Harry no me hablaba. Sólo quedaban los rubios. Dougie sin embargo tenía a Frida, y yo no quería interferir demasiado. Si nos juntábamos a ver películas ella estaba allí, y si deseaba quedarme a dormir me daban el cuarto de huéspedes. Casi nunca quería dormir en mi casa. El ambiente se volvía más tenso y dramático a cada segundo.


Nos habían dicho luego de las prácticas que haríamos el Lago de los Cisnes para comenzar la temporada. Era un clásico, a la gente le encantaba, y nos salía fantástico. Las audiciones serían en la semana, durante toda la semana, Fred estudiaría a quién le correspondería el papel. Claramente me correspondía a mí, si de algo estaba segura era de aquel protagónico. Lo podía hacer hasta dormida, era mi favorito. Estábamos en los cambiadores durante un descanso cuando escuché la conversación que tenía Hannah con alguna de las otras chicas. Estaba hablando de su nuevo novio, o nuevo pretendiente. Decía que era detallista, un caballero, y que sabía bastante de ballet por lo que no era difícil hablar con él -Cuando venga a verme por el recital, como la Reina Cisne, terminaré de enamorarlo -Dijo, pero no pude determinar si su tono de voz era risueño o escondía malicia- ¿Cómo estás tan segura que serás la Reina Cisne? ¿Crees que ella te dará la chance? -Preguntó Anna, y sospeché que hablaba de mí- Tengo todo el plan hecho. Sólo mira -Contestó Hannah y salieron de allí. Volvimos al escenario donde estaban siendo las pruebas, Fred me pidió que hiciera una parte, y cuando estaba en el medio del aire vi su sonrisa de diabla. Al querer pisar, algo se interpuso entre mi pie y caí del escenario hacia abajo.


Mi cabeza se había golpeado mínimamente contra el suelo así que había perdido la consciencia por menos de un minuto. Tenía gente a mi alrededor confundiéndome con sus palabras, no podía pensar con el dolor agudo que comenzaba en mi tobillo izquierdo pero se elevaba a todo mi cuerpo. La emergencia del lugar me llevó hasta el hospital más cercano mientras yo chillaba de dolor. En menos de un segundo el tobillo se me había hinchado, completamente colorado. Lo había hecho apropósito, había podido verlo en su forma de mirar. Me dieron unas píldoras contra el dolor que me habían dejado mareada -¿Dónde está mi teléfono? -Pregunté revisando a mi alrededor pero el enfermero que iba conmigo en la ambulancia intentó tranquilizarme, diciendo que ya habían llamado a mi contacto de emergencia. Charlie jamás iba a contestar - Tengo que llamar a Danny -Expliqué, porque mi segundo contacto de emergencia era Harry. Había sacado a Danny al momento de volverme novia del baterista y ahora me arrepentía de olvidar siempre volverlo a cambiar. Estaba en la camilla del hospital, esperando al médico que tenía mi radiografía. El mareo había comenzado a pasar y el dolor había resurgido. Harry entró en la habitación junto con el doctor que tenía las fotos de mi tobillo y mi cabeza -Tienes mucha suerte -Dijo el doctor- Sólo te esguinzaste, es de grado tres, pero si en dos semanas mejoras podrías no necesitar cirugía -Explicó ¿Podría no necesitar? Sentí como el color de mi rostro desaparecía- Sólo estarás un mes en reposo, tal vez menos si sanas bien -Me llevé una mano hacia la frente. Quería hablar pero mi boca no me respondía, la sentía seca y con un leve hormigueo sobre la lengua que se extendía a cada una de mis extremidades ¿Un mes? Tenía que terminar las audiciones. Sentí como si un pie estuviera oprimiendo mi pecho y comenzó a faltarme el aire - Lo hizo apropósito -Susurré llevándome la otra mano al pecho- Me tiró del escenario apropósito ¡Quería quedarse con mi papel! ¡Esa arpía! -Chillé, y el médico dijo palabras de aliento. Tenía muy buenas posibilidades de volver a pararme en dos o tres semanas. No era suficiente, necesitaba pararme mañana. Olvidé que mi pie estaba esguinzado e intenté pararme pero al moverlo solté un alarido, dolía tanto que sentía que iba a desmayarme. Entonces recordé que Harry estaba allí, y que ni Charlie ni Danny estaban para tranquilizarme- ¿Dónde está Danny? -Pregunté mirándolo, obvio que no estaba allí, tenía una familia ahora y debía preocuparse por ellas. Comencé a llorar con violencia, pensando en un recital del Lago de los Cisnes con Hannah como su protagonista, era claro que lo conseguiría, su única manera de hacerlo era mediante el sexo o sacándome a mí del mapa. Una de las enfermeras entró con un painkiller lo suficientemente potente como para noquearme en la noche.

Harry me ayudó a subir al auto, con el vicodin en mi sistema me sentía más tranquila, el dolor era más leve, y ya no desordenaba todos mis pensamientos. El camino lo hicimos en silencio hasta mi casa, mi mente estaba en el ballet, en el recital, en Hannah. De vez en cuando volvían a llenarse mis ojos de lágrimas que reprimía con fuerza, haciendo que el nudo en la garganta creciera. Al llegar, tuvo que ayudarme a bajar de nuevo y con mis sentidos un poco más despiertos, pude sentir su perfume y sentir su lomo bajo mi brazo. Lo imaginaba siempre con una niña en sus hombros, paseando por el parque, jugando ambos hiperactivamente. Me dejó en el sofá, las luces estaban apagadas y el cielo ya estaba oscuro, pero en la casa no había rastros de Charlie, Danny o Kate. Me llevé las manos a la cara y eché la cabeza para atrás -Maldita arpía manipuladora -Mascullé destapándome los ojos- Estaré bien sin ti, no te necesito -Mentí levantando la cara para mirarlo- Y no llamaré a Dougie si es lo que estás pensando, pero lo aviso por si te confundes: llamaré a su novia que es fisioterapeuta, así que probablemente vendrá con él -Acusé, como si él hubiera emitido palabra, pero sabía cada uno de los pensamientos que estaban por su mente- No haremos un trío o algo por el estilo, así que no creo que tengas que preocuparte por él -Gruñí intentando alcanzar mi celular, hubo un minuto de silencio en el que creía que Harry iba a intentar hablar pero exploté- ¿Y qué haces aquí si ya te dejé de interesar? -Pregunté, levantando los decibeles en mi voz- Hubieras llamado a Danny o a Tom ¡Pero no a Dougie! ¡Porque no valgo la pena cuando estoy al lado de Dougie! ¡Porque tú no cometes errores! -Me encontraba tan histérica y desatadamente furiosa que ni siquiera estaba prestando atención a lo que me estuviera contestando, ni siquiera estaba prestando atención a lo que yo estaba diciendo. Intenté pararme con un sólo pie- ¡Vete! ¡Estoy segura de que ya encontraste mi reemplazo!  -Señalé la puerta, no me había percatado de las lágrimas que habían estado bajando de mis ojos pero mi rostro ahora estaba empapado. No me cansaba de perder la dignidad, ni de hacerlo enojar a él. Estaba allí de todos modos ¿No? Había ido a buscarme ¿No? De todos modos ya lo había arruinado de nuevo. Me volví a sentar y me llevé las manos a la cara para terminar de llorar. Maldita arpía manipuladora, volvería en dos semanas y le quitaría el papel.
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por mariro el Dom Jul 23, 2017 1:22 am






DANIEL ALAN DAVID JONES -


Escuché de a una sus palabras torpes tratando de unirlas con un hilo conductor que me hiciera entender lo que estaba tratando de decirme. En mi cabeza sonaba una alarma y todo se teñía de rojo. Había tantas cosas que Charlotte había vivido de las que yo no tenía idea, que no podía entender ni siquiera si me lo contara. Sentía que debía protegerla ¿Pero cómo podía guardarla de sus recuerdos? La perseguían en la noche, lo presenciaba cada vez que estaba dormida. Eran incontables las veces que había tenido que abrazarla con fuerza y susurrarle palabras al oído que con suerte llegarían a su inconsciente y lo tranquilizarían, pero muchas más veces, había tenido que despertarla y cantarle una nana esperando que no temiera lo suficiente para volver a cerrar los ojos. Mis manos inmediatamente se transformaron en puños, mientras mi mente trataba de procesar palabras sueltas, juguete, accidente, violento. La miré, no estaba seguro con qué cara, si estaba rojo o si estaba blanco pero tomé su rostro entre mis manos. Sentía ganas de llorar de impotencia -¿Por qué me estás contando esto ahora? -Pregunté frunciendo el ceño con preocupación. Cada uno de mis músculos estaba tensionado, esperando una respuesta; sin embargo, no la hubo- Sé que estuviste sola y sin nada por muchos años, Char -Dije en voz baja, sin quitar las manos que agarraban su rostro, no quería que corriese la mirada- Pero ahora me tienes a mí, tienes a tu familia, y tu fortuna. No estás sola, lo tienes todo. No tienes que seguir escondiéndote -Expliqué para abrazarla. El resto de la noche no había podido pegar un ojo, pensando en cómo la vida a algunas personas las golpeaba demasiado. Solía pensar que el dinero siempre venía con un precio, que la gente más rica era también la más infeliz, sólo tenía que mirar la vida atropellada de mi novia y mi amiga para entenderlo. Pero cuando la morocha no había tenido nada, incluso así, había sido más infeliz que en vida. Pensé en todos esos años en los que ella había estado muerta, en cómo yo había sentido que debía proteger lo único que nos había dejado, su rayo de sol personal, y en cómo había puesto toda mi vida en ello. Pero mientras eso ocurría aquí en Londres, en alguna otra parte de Europa Charlie corría de sus peores pesadillas y yo no había podido protegerla de ninguna. Y ciertamente no podía hacerlo ahora.


El día siguiente había pasado el día en el estudio mientras una niñera cuidaba a Katie ¿De qué servía tener un montón de tíos si ninguno podía cuidarla? Hacer mi trabajo me había ayudado a despejarme de los problemas, despejarme de la idea de Charlie evitándome. No me había contestado ni un solo mensaje en todo el día y cuando estaba por volverme loco, pensaba que su día había sido tan atareado como el mío y volvía a la acción. Pero cuando todos se habían ido, cuando ya no quedaba trabajo para hacer en el día ni ninguna distracción, había ido hasta el escondite del anillo y había sacado la cajita de terciopelo azul para contemplar su tesoro adentro. Y había estado así por horas. Quería dárselo, había pensado en la manera de hacerlo, luego de descartar cada una de las opciones anteriores. La llevaría a un paseo en un yate sólo para los dos, en una noche estrellada en la que el mar y el cielo estuvieran calmos, y en una cena íntima, a la luz de la luna, le pediría su mano. Moría por ver la expresión en su cara al momento de darle el anillo que había escogido especialmente para ella. Llegué a casa con Kate dormida en mis brazos, había pasado por un lugar de comida rápida porque no sentía deseos de cocinar dado a la hora. Sin ganas de despertarla para bañarse y cambiarse le saqué la ropa que le sobraba y la puse en la cuna, para prender el intercomunicador que me hacía no sentir pánico estando en el piso de arriba. La casa parecía vacía, y a cada momento se hacía más y más de noche. Puse un canal de deportes y me quedé mirando con una botella de cerveza en la mano que esperaba terminar antes de que llegara Charlie para hacerla desaparecer. Pero no llegaba. Llamé a su celular dos o tres veces esperando que me atendiera y luego llamé a todos nuestros y sus conocidos esperando que alguien pudiera decirme en dónde estaba. La última vez que había sucedido algo así había sido años atrás con Minnie y un lunático la había secuestrado. El temblor de las llaves en la puerta me encontró desprevenido en medio de una llamada a la policía. Sentía que el pecho se me iba a salir, que mi corazón al galope terminaría por destruirlo todo, me sentía en medio de un ataque de pánico, pero Charlie apareció en el umbral de la puerta con semblante pálido y agotado. No sentí que mis músculos que aliviaran. Corrí hacia ella -¡¿Dónde estabas?! -Pregunté alterado, intentando no gritar para no despertar a la niña. Ella bajó la frente y corrió la mirada. Tomé su rostro entre mis manos para mirarlo mejor a la luz, tenía un moretón en la mejilla y el pelo despeinado. Saqué con manos temblorosas su pañuelo y corrí su escote para mirar su cuello y sus hombros, sentía mis movimientos torpes y a ella como a una muñeca que podía manipular a mi gusto. Tragué en seco tratando de que las lágrimas que amenazaban mis ojos no salieran rodando- ¿Quién te hizo esto? -Pregunté en un gruñido intentando que no se me fuera la voz. No me refería sólo a las magulladuras que veía a contraluz, ni las que estaba seguro que cubría la ropa, sino también a todo lo que ella era en ese momento. Deprimida, exhausta, para nada mi novia. Charlie se excusó diciendo que una reunión se había alargado y que al salir, alguien había intentado asaltarla- ¿Para quitarte qué? ¿La humanidad? -Volví a preguntar, un poco más molesto. Cerré los ojos y suspiré, tomándola entre mis brazos y dirigiendo nuestros cuerpos arriba. Traté de no ser muy evidente al momento de desvestirnos, quería mirar su cuerpo, quería ver si tenía otros golpes ¿Hacía cuánto que alguien estaba molestándola? ¿Era este tipo del que me había la otra noche? Me mordí la lengua, evitando las maldiciones, y nos metí en la ducha caliente. Acaricié su cuerpo con el jabón y llené su cuello, su quijada, y sus mejillas de besos húmedos- Te amo -Le recordé, porque era exactamente eso lo que me daba fuerzas cuando sentía que iba a flaquear. Y tal vez a ella le sirviera también. No era mucho lo que podía darle, ni con lo que podía ayudar, en primer lugar porque no tenía idea de con qué estaba luchando y en segundo lugar porque yo era Danny Jones. Una vez que nos metimos a la cama la miré, todavía tenía el cabello húmedo y las mejillas sonrosadas por el calor del baño- No irás a trabajar mañana -Dije intentando no hacer ninguna expresión con mi rostro o mi voz- Te quedarás en casa conmigo y Kate -No quería sonar autoritario, pero no tenía idea de qué rayos estaba sucediendo en su vida y que ella llegara a casa tardísimo en la noche, con el cuerpo golpeado y mintiendo, no me hacía sentir seguro de nada. Sin embargo Charlie dijo que no podía decirle cuándo y cuándo no trabajar- No, tienes razón -Levanté los hombros- Pero hoy sí puedo, no irás a trabajar mañana -Besé sus labios, porque había sonado muy terminante y no estaba seguro de que eso fuera a funcionar tampoco.


Temprano en la mañana apagué su alarma despertador, cerré cortinas y ventanas para que no se notara qué hora en el día era, y tomé su celular para llevarlo conmigo hacia abajo. Salí despacio de la habitación vestido de entrecasa y con los rulos despeinados en la cabeza. Al cerrar la puerta escuché la voz de la rubia llamándome desde su habitación. Entré y la vi con el pie vendado, hacia arriba, y la cara hinchada -¿Me ayudas? -Preguntó en voz baja. Fruncí el ceño ¿A ella también le habían intentado robar? ¿Qué le pasaba a estas mujeres? Caminé hacia ella y la tomé en brazos para bajar las escaleras- ¿Qué te pasó? -Pregunté mientras la cargaba. Ella respondió que una chica la había tirado del escenario para ganarse su papel, y que gracias a eso se había esguinzado el tobillo. Nos hice el desayuno a ambos mientras Minnie miraba la tele, y había cancelado todos los planes que tenía para ese día. Había mandado un mensaje a Harry para que viniera urgente, tenía que aprovechar lo desmayada que se encontraba Charlie para hablar de esto. No quería incluir a demasiadas personas, de ser de otro modo lo hubiera llamado también a Tom. Haciendo el desayuno sentía que las manos me temblaban ¿A cuánto de una crisis estaba? Suponía que no mucho. Cuando el grandote entró por la puerta serví el desayuno para todos en la mesa ratona que estaba frente al televisor, donde la rubia miraba la versión vieja de Annie. No se dio vuelta a mirar a Harry ni por un segundo- ¿Empezando el día con las noticias? -Bromeé, pero mi tono de voz no aceptaba chistes. Estaba muy alterado. Suspiré al sentarme y me llevé las manos al rostro- Charlie… -No sabía por dónde tenía que empezar- Necesito saber qué le pasa. Está ocultándome cosas, se muestra asustada y nerviosa. El otro día habló sobre un hombre Rafael Della Vecchia -Miré a Minnie por si el nombre le sonaba pero no parecía ser así- Que se aprovechó de ella en Europa y creo que le tiene miedo -Dije sin despegar los ojos de mis manos que se entrelazaban y volvían a desunir- creo que es la persona con la que está lidiando ahora. Ayer llegó… -Mi voz se ahogó y tuve que carraspear mi garganta- golpeada -Terminé, y al ver la reacción de la rubia me pregunté por qué había pensado que era una buena idea hablar de esto frente a ella. Escuché sus palabras mientras me pasaba la mano por el cabello, fue Minnie la que dio la mejor idea- Tienes que contratar a nuestro investigador privado -Sugirió- Trabajaba para mis padres y para Richard. Le dicen Olson, no sé si ese es su verdadero nombre. Pero, no creo que ella te diga la verdad en ningún momento. Así que, creo que esa es tu mejor opción -Señaló en dirección del despacho de Charlie- El número está en el segundo cajón de la izquierda, en una agenda roja. Deja todo como estabas o se dará cuenta de que entraste -Explicó, y el pánico no me hubiera abordado, entonces me hubiera reído. Minnie volvió a hablar- Que Harry lo haga, él tiene un TOC -Dijo sin mirarlo y eso sí me hizo sonreír un poco.

El resto del día traté de mantener la calma, me había ido hacia el pasillo por un momento para hablar con el hombre del que Minnie me había hablado. Le había pasado un par de datos, el nombre de Charlie, el nombre del tipo, los horarios habituales de la morocha y otras cosas más. Quería saber qué ocurría. Olson me había asegurado completa discreción, y que en cuanto tuviera información me enviaría lo que pudiera. Quién era este Rafael, para empezar. Unos minutos después había llegado una llamada de Ian al celular de Charlotte, la ignoré, hasta que la tercer llamada llegó y apenas contesté él preguntó en dónde estaba y por qué no estaba en su oficina- ¿Qué rayos te importa? -Gruñí al teléfono- ¿Eres su maldito jefe? Deja de acosar a mi novia con llamadas, no te debe ninguna explicación -Dije y al cortar el teléfono, me di cuenta que la morocha me estaba mirando.
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por RoyalAnne el Miér Ago 02, 2017 10:01 pm

CHARLOTTE MAY ANDERSON
-En la oficina - Respondí en el segundo que Danny me había enfrentado apenas logré poner un pie en la entrada de la casa. Por supuesto, yo hubiese reaccionado igual. Si el llegase a esta misma hora, sin decir nada, ni un mensaje, probablemente hubiera perdido la cabeza, y hubiera formulado un millón de teorías acerca de su paradero. Así que lo entendía, perfectamente, pero no tenía más fuerzas para tratar de aparentar que todo se encontraba bien. Empezó a revisar cada parte de mí, buscando indicios de algo que él no podía descifrar qué era - Una reunión, se alargó y al salir… bueno, intentaron asaltarme - Mentí, y estaba al tanto de que él lo sabía pero fingíamos lo contrario porque ninguno de los dos deseaba discutir - El auto - susurré tratando de explicarme aún pero Danny ya había dejado de escuchar. Mientras me quitaba la ropa, mientras estábamos en la ducha sentía sus ojos bien clavados en mi cuerpo, buscando alguna otra marca que cuando encontraba, prefería callar. En vez de hacer un escándalo me había proporcionado de toda especie de mimos y caricias, cuando me había recordado que me amaba, me aferré tanto como pude a él y se lo repetí al oído. Todo lo que estaba haciendo era por protegerlos, no lo tenía resuelto, para nada, pero encontraría una manera. Ya en la cama el pecoso me había notificado su decisión, me estaba prohibiendo salir del departamento para el día siguiente. No tenía muchas ganas de contradecirlo, Rafaél me las había quitado todas pero ciertamente le tenía mucho más miedo a él que a Danny, traté de replicar igual de fuerte como lo haría en un día normal, diciendo que él no tenía poder absoluto sobre mí pero a él tampoco le había importado mucho y terminó por besarme y apagar la luz, signo de que nuestra conversación estaba terminada. Abracé su pecho desnudo apenas se volvió a recostar. Ninguno de los dos había podido conciliar el sueño, lo sabía por su respiración, pero tampoco habíamos querido seguir la conversación. Tan solo esperaba que al terminar con Rafael, existiera un poco de relación con Daniel que salvar.

Me desperté por el ruido del intercomunicador que estaba al lado de la cama, Kate no estaba llorando, únicamente estaba jugando. Solía gritar cuando se emocionaba con los bloques y era exáctamente eso. La luz que daba a la habitación me hacía saber que era mucho más tarde de la hora en la que debía despertar, busqué sin éxito mi celular y terminé yendo por Kate, para que jugara en nuestra habitación y me hiciera compañía. Ella supuestamente estaba viendo uno de sus programas en la televisión mientras yo terminaba de maquillarme, la tenía al lado mío preguntándome como podía que era cada cosa. Quería tomar todas las cosas que yo dejaba y terminó por mancharse toda de rojo y negro. Yo hacía todo lo posible por tratar de ocultar los tonos verdosos que el moretón en mi mejilla poseía. Debí haber puesto al menos tres capas de maquillaje hasta que funcionó, una camisa de manga larga que ocultara las marcas de sus dedos en mis brazos y estaba lista. Bajé con Kate en brazos para encontrarme con Minnie en la sala, la vi con el pie vendado sobre la mesa y fruncí el ceño, le hice señas de que hablaríamos más tarde, le entregué a Kate y me dirigí con el pecoso en la cocina, donde alcanzaba a escuchar su voz. Estaba de espaldas a mí, tenía el celular en la mano y le estaba contestando a Ian, suspiré, esperando que terminara y cuando se dio la vuelta su mirada estaba seria y aún más cuando estiré mi mano para que me entregara el celular. De inmediato me advirtió que no iría a ningún lado y dijo algo sobre Ian a lo que yo giré los ojos. Tomé mi bolso y besé a las mujeres de mi vida para salir apresurada, era casi medio día y pronto tendría que ir a tomar el almuerzo con Rafael, tal vez debía ir enseguida. Danny se puso delante de mí, entre la puerta para que yo no pudiese avanzar, esta vez me pidió que me quedara - Danny, tengo que ir a trabajar, no estoy jugando - Dije con desesperación pero él negó y me pidió una explicación, no estaba molesta con él pero estaba perdiendo la paciencia, no encontraba otra mentira para decirle, no quería gritarle, no quería pelear pero sentía que me estaba orillando a eso, mi cabeza me decía exactas las palabras y gestos para que me dejase en paz, pero me dolería más que a él y mientras yo lo pensaba él seguía pidiendo explicación, negándose a dejarme ir. Tenía tanto estrés en mi cabeza, tanto miedo que gritar no fue difícil - ¿Quieres una explicación? Aquí está una. Estoy harta - Solté de golpe y él cayó, no era lo que se esperaba, todo menos eso - Me siento sofocada, por eso paso tanto tiempo fuera de aquí, estoy harta de este lugar, de ti ¿Ahora quieres escoltarme al trabajo? ¡Parecemos casados! - Suspiré y miré al suelo - Solo quiero ir a trabajar y olvidarme de todo ¿Puedo? - Pregunté y esta vez no hubo ningún esfuerzo por su parte para hacerme quedar. Me limpié las lágrimas en el elevador ¿Cómo estaba haciendo para no colapsar? No tenía la más mínima idea.

Danny se había hecho cargo de Ian, así que por el momento no tenía que preocuparme por ello. Llamé a mi asistente para que cancelara todas las citas del día a lo que él respondió que el señor Rafael ya le había dado indicaciones de mi día. Jamie me dio indicaciones de lo que tendría que hacer, lo escuchaba con la voz temblorosa, con miedo por lo que probablemente se encontraba amenazado también. Me sentí estúpida al pensar que tenía el control de la situación. No lo tenía, lo había perdido en el momento en que Rafael se había presentado en mi oficina. Me encontré con el italiano en una plaza lejana al centro de Londres, a mi oficina, y a mi departamento. Al menos agradecía su discreción. Debía siempre caminar a una distancia de Rafael y su seguridad, y sonreír cada vez que a él se le diera la gana mirarme. Nos paramos en la mayoría de las tiendas de su preferencia, me había hecho probar bastante ropa ya que afirmaba que mi estilo era bastante “aburrido” y el estilo que él me había comprado iba más para una niña de 15 años, faldas demasiado cortas y ropa demasiado apretada. Y un anillo increíblemente ostentoso, que me había obligado a llevar en el momento en que lo había comprado. Cuando llegamos a la mansión, después de haber preparado su platillo favorito y después de acentuar el golpe de la mejilla porque no era la mejor cocinera, Rafael me había hecho ir a llenar mi armario con la nueva ropa. La vieja seguía ahí, casi en el mismo lugar, las mismas cosas. Me preocupaba, me preocupaba bastante, pero todavía no podía siquiera pensar en una manera en salir de esta.  Estábamos frente a la chimenea, me tenía sentada en la alfombra con una taza de te, yo dejaba que el vapor me pegara en la cara, posiblemente dejaría de doler mientras ignoraba su plática con otro hombre  - Dolcezza, mañana trae tus cosas temprano, quiero que te quedes unos días aquí conmigo - Ordenó cortésmente, yo giré mi cuerpo hacia él de inmediato con un rostro ofendido - No puedes hacerme eso - Repliqué a lo que él respondió con un gesto de confusión - Puedo hacerte lo que yo quiera, princesa. Ni siquiera me he puesto exigente contigo - Rafael levantó los hombros y no pude evitar dejar salir unas lágrimas, él resopló de hartazgo - Me tienes cansado con tu lágrima alquilada, vete ya y mañana regresa menos estúpida y con tus cosas ¿Escuchaste, Charlotte? - Asentí y me reincorporé en medio segundo para salir de ahí. Ya no se me permitía manejar mi propio auto, un hombre me llevaba y un auto nos escoltaba a cierta distancia, antes de llegar frente a mi edificio, cambiabamos de lugares y parecía que era un simple compañero del trabajo al que llevaba.

Miré la hora y maldecí, otra vez se había hecho tarde, pero estaba segura de que Daniel no me recibiría como la noche anterior. Las manos me temblaban sin querer y apenas podía clavar la llave en la cerradura. Las luces estaban apagadas y las dejé de esa manera, me dirigí a la cocina a servir un vaso de agua, tratando de retrasar mi encuentro con mi novio. Él se encontraba en el comedor, era la única luz encendida del departamento y sabía que me había escuchado llegar. Danny estaba sentado en una de las sillas del comedor concentrado en su computadora, apenas me había mirado y no parecía con intenciones de dirigirme la palabra. Deseaba poder contarle, juntos buscar una solución y terminar el asunto ahí, pero si Rafael se enteraba, y se le ocurría arrebatarmelo… No. No podía siquiera imaginar mi vida sin él de nuevo, sin Kate. Las lágrimas amenazaban con salir y traté de tranquilizarme, lo tenía enfrente mío. Era todo mío. Me senté en la silla de enfrente de él, y di algunos sorbos al agua, estaba callado, molesto, lo sabía - ¿Quieres hablar? - Le pregunté esperando no me ignorara, seguía concentrado en la pantalla de su computadora. Me miró una vez más y regresó a lo suyo, diciéndome que hablara. Me lo ponía difícil y lo merecía - Lo lamento, mi amor - Dije esperando que aquello le provocara algo, estiré mis manos tratando de tomar la suya y cuando él pidió perdón al igual que yo, al menos ya me estaba dirigiendo la mirada. Danny sabía que estaba ocultando algo y no se rendía, e insistía en que algo ocurría. Tenía una imaginación bastante buena y yo le había dado todo para hacerse más ideas. Era una estúpida - ¿Qué podría estar ocurriendo? - Suspiré cansada, aquí íbamos de nuevo. Debía tener una teoría y todo, pero estaba controlándose conmigo. Afirmaba que alguien me estaba molestando, parecía preocupado ¿Pero qué más podía hacer yo? Sino me creía… no podía decirle la verdad tampoco - Estás imaginando cosas, es solo el trabajo. Está matándome. No me siento como yo misma últimamente - Acepté porque en parte era cierto. Rafael era parte de mi trabajo, era un importante inversionista de mi propia empresa, al que se le estaban desviando una increíble cantidad de ganancias. ¿Existiría alguna manera legal de sacarlo de mi empresa? No, antes de si quiera pensarlo, él estaría matando a todos. Me pasé las manos por la cara y vi a Daniel asentir y quitar su mirada de mi cuerpo. Suspiré cansada, no íbamos a llegar a ningún lugar, ningún acuerdo. Me levanté con dificultad para dejarlo a mi novio dónde lo había encontrado, sentía mi cuerpo pesado y lento.  Danny me alcanzó en algún momento y me había atrapado entre sus brazos, no me lo esperaba en absoluto, pero en su pecho había encontrado tranquilidad y descanso. Tomé su enorme cara para acercarlo a mis labios, me sentía necesitada de él y de sus caricias. No mucho después me había llevado a la habitación y dejamos salir todas las frustraciones el uno con el otro.
Me levanté mucho más temprano de lo usual, dudaba siquiera haber dormido profundamente, más bien parecía estar dormitando toda la noche. Mi novio se encontraba plácidamente dormido, me había intentado regresar a la cama entre sueños una vez me levanté pero no encontrando éxito volvió a dormir. Los hombres parecían siempre estar cansados y sobre todo si la noche pasada la habíamos pasado haciendo el amor. Danny estaba muerto. Confiando en eso, tomé una ducha y me alisté tranquila, si es que se podía estar en mi situación, incluso había terminado por empacar algunas cosas que necesitaría. Tenía el corazón palpitando a todo lo que daba ¿Cómo iba a explicarme? Un viaje a Nueva York donde él no podía acompañarme. Le diría que necesitaba espacio y… esperaba regresar pronto. Tenía una idea. Podía deshacerme de Rafael momentáneamente y hablar sinceramente con Danny, sólo necesitaba unos días. Podía funcionar. Me dirigí al cuarto de mi bebé, no había podido estar con ella mucho tiempo y me pesaba, Kate estaba ya despierta jugando con su amigo felpudo favorito, en cuanto yo había entrado dijo “Mami” alzando los brazos y yo la tomé feliz - Mi amor ¿Cómo estás bebé? -  Le pregunté a lo que Katie balbuceó algunas cosas, la escuché atenta hasta que terminó - Kate, mami irá de paseo - Dije y ella se emocionó - Pero mami tendrá que ir sola ¿Está bien? ¿Qué quieres que te compre? - Le pregunté y ella soltó una palabra de algún mono animado, no sabía con exactitud a cual se refería pero le compraría toda la colección - Kate, mami hace todo porque tú y papi estén bien ¿si? - Parecía que le había transmitido a Kate porque los ojos se le habían llenado de lágrimas instantáneamente. Traté de distraerla con el regalo que le había prometido y un biberón de leche. Se quedó dormida de nuevo y la acosté, besé su frente y salí de su habitación. Para cuando subí a mi habitación Danny no estaba más en la cama, tenía aproximadamente dos minutos en lo que él regresaba, pero cuando tenía todo listo, el anillo. Debió haberse caído la noche pasada pero si Rafael se daba cuenta que lo había perdido… Oh Dios.
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por RoyalAnne el Jue Ago 03, 2017 10:38 pm




HARRY MARK CHRISTOPHER JUDD
Tenía aproximadamente cinco minutos parado en recepción esperando que la enfermera se dignara a dejar de hablar sobre Jeff, el nuevo anestesiólogo que era un bombón. Carraspee la garganta para hacerme notar de nuevo y obtuve la mirada desaprobatoria de las señoras - ¿Minnie McGraw? - Preguntó la que estaba en la computadora del frente, yo asentí mientras ella tecleaba rápidamente - ¿Hermano? - Preguntó y negué - ¿Padre? - Volví a negar, ella alzó una ceja y sentí como gotas de sudor empezaban a formarse en mi frente. Había tenido un pequeño flashback, a cuando Charlie había muerto y yo no había podido hacer mucho porque no era nadie, pero nada podía detenerme ahora si sabía que la rubia me necesitaba - Soy su esposo, nos acabamos de casar - Le aseguré y mostré el anillo en mi dedo anular de la mano izquierda que recientemente acababa de cambiar. Sonreí y las enfermeras soltaron un suspiro - ¿Está estable? - Pregunté y una de ellas preguntó con voz melosa como nos habíamos conocido - Es la hermana de mi mejor amiga, es mi amor de secundaria - Relaté y volví a hacerlas suspirar, reí por dentro, sabía que Minnie no estaba grave así que podía relajarme un poco antes de entrar. Antes de que pudiéramos continuar la conversación, un doctor me había tomado del brazo para encaminarme a la habitación de la rubia - La paciente se encuentra estable, no fue nada grave pero ella está algo conmocionada por la situación, por lo que le pido me ayude en lo más posible a que se relaje - Explicó y no pude evitar reírme. ¿Yo calmarla? Tenía que estar bromeando. No sabía ni qué estaba haciendo yo como su contacto de emergencia para empezar. Me paré cerca del doctor cuando entramos, Minnie escuchaba atenta sus indicaciones pero veía la desesperación en sus ojos. Sonreí, porque no sabía que más hacer, el doctor habló de cirugía y vi el miedo expresarse en su cara. Entendía, había pasado por eso y más. Minnie explotó y seguí sonriendo, nada de esto me sorprendía, se encontraba en crisis. El doctor ignoró sus comentarios y le dio palabras de aliento para luego dejarnos solos, ella intentó pararse como si hubiese olvidado de repente que estaba en el hospital precisamente porque se había lastimado el pie, obviamente gritó de dolor y me acerqué a ella para atenderla de inmediato. No había mucho que pudiera hacer más que llamar a la enfermera que llegó enseguida, con una pastilla que la calmó en no mucho, y después de una última revisión, me la había llevado a su casa. No hablamos en absoluto, sin quererlo estaba pensando en Hannah, siempre estaba sonriendo y era precisamente la imagen que tenía de ella en la mente. Miré a Minnie de reojo, se veía seria e incómoda, yo también lo estaba. ¿Por qué no habían llamado a Dougie directamente? Si él era su mejor amigo y yo no era nada… Traté de deshacerme de los pensamientos y cuando llegó el momento, la ayudé a subir hasta el departamento, no había problema, era fácil cargarla. Pero cuando yo había estado incapacitado, había sido un verdadero dolor de cabeza. La coloqué en el sofá y revisé mis mensajes, Frida ya se encontraba en camino, me imaginaba que en estos momentos era su mejor opción, ya ni Charlie. Frida era fisioterapeuta y le ayudaría mucho más. Gracias a Dios mi amiga no podía leerme los pensamientos o me hubiera matado ahí mismo. Minnie empezó a escupir frases ¿Acaso me había dicho arpía manipuladora? Metió a Doug en la conversación y sentí mi pecho inflarse, quería golpearlo de nuevo y esto era nada más que un berrinche - No te preocupes, me iré cuando llegue Frida.  Ni pienses por un segundo que quiero estar aquí - Confesé y me largué al balcón a hablarle a la hermana de la rubia, estaría en cinco minutos ahí, y sin Dougie. Bueno Frida era mil veces más consciente que su hermana. Para cuando regresé la rubia se limpiaba lágrimas falsas de la cara - Hubieses querido que viniera él, ¿No? Y así terminar cogiendo, de nuevo. Lástima que no pasará porque Doug solo te quiere cuando sabe que eres mía. Lo siento - Me disculpé sarcásticamente y salí del departamento tranquilo, Frida estaba por entrar, le agradecí que estuviera ahí y me fui.
Ni siquiera había podido descansar un poco de la situación cuando Danny me mandó un mensaje urgente para que fuera al departamento. De nuevo. No tenía ganas ni de verle la cara a la rubia así que traté de ignorarlo todo lo posible. Me encontraba muy escéptico cuando Daniel habló de un hombre al que Charlie le tenía miedo, por lo cual Jones concluía como que la estaba molestando y era precisamente por eso que se encontraba tan extraña. Para mi también se notaba distante, pero me parecía que el pecoso estaba exagerando y era más un problema de su relación que de Charlie. Pero igualmente lo escuché. Fruncí el ceño cuando aseguró que había llegado golpeada ¿Y no había hecho nada? ¿Qué rayos estaba pasando? Cuando escuché a Minnie hablar me sentí como si aún estuviéramos peleando con Joe y Ryan estuviese vivo. Y ojalá lo estuviese así podía romperle la cara - O podríamos hablar todos con ella - Sugerí pero Danny optó por la opción de Minnie. Así que tuve que pasar a la oficina por el número del detective al que Danny llamó de inmediato y yo opté por irme. Probablemente un mes atrás hubiese pasado todo el día encerrado con ellos, cuidando a Katie con Minnie pero ahora no podíamos ni dirigirnos la palabra. No hacía falta. Ya me había reemplazado. No hubo mucho que pensar sobre Charlie porque al día siguiente la desgraciada se había largado a New York y Daniel había enloquecido y todos estabamos reunidos de nuevo en su departamento. Esta vez, Tom incluido, al que le tuvieron que dar un pequeño resumen de lo que había pasado, claro que el rubio no tenía ni idea, Charlie y Tom se habían reconciliado con el tiempo pero ella había bajado drásticamente la confianza que tenía con el rubio. Él no tenía ni idea. No sabíamos que decir o hacer, no podíamos llamar a la policía porque Charlie se había ido por voluntad propia y tenía menos de 5 horas que se había largado - Deberíamos hablarle en cuanto el avión llegue ¿A qué hora salía su vuelo? - Pregunté y la ansiedad en la cara de mi amigo el pecoso incrementó, nadie sabía nada. Traté de pensar más, pero mis ideas no estaban ayudando. Alguien sugirió que le preguntaramos a Ian pero no tuvimos éxito. Ian no tenía ni idea, estaba tan desesperado como nosotros buscando a Charlotte que lo terminamos por molestar más - Tiene un asistente ¿Verdad? Él debería saberlo. Hablemos con él - Sugirió Tom y todos accedieron, después de horas en que el muchacho nos dejara en espera con una música horrible finalmente contestó. Fue ahí cuando supimos que todo estaba verdaderamente retorcido y empecé a creerle a Daniel. Al hombre le temblaba la voz, y se podía escuchar claramente que se encontraba en el quíntuple de ansioso de lo que nosotros. Nos aseguró que la señorita Anderson no había tomado un vuelo, y que tampoco había estado en la oficina en días. Cuando Daniel quiso preguntar algo más, él se disculpó demasiado por no poder darnos más información y nos aseguró que debíamos dejar de meternos con el señor Della Vechia. Por último pidió que no volviéramos a llamar y colgó. Pasamos el día así, alguien estaba encargado de mandarle mensajes a Charlie, Danny trataba de comunicarse con el detective o Charlotte, Minnie trataba de mantener la cordura y yo estaba con Kate, que era la que más estabilidad emocional tenía y la que mejor me caía de todos en la habitación. Bastante noche, el celular de Charlie había pasado de enviarnos a buzón directo a sonar. La puse en altavoz porque era a mí a quien había contestado, saludó normal y Danny inmediatamente se había abalanzado sobre mí para preguntarle un millón de cosas. Charlie activó el video para que pudiéramos verla - Estoy bien, hola a todos, estoy en mi habitación… volveré el martes… ¿Dónde está Kate? ¿Y Minnie?  - Preguntó al final y se las mostré, ella empezó a hablarle con cariño a las dos y la niña le gritó en respuesta. Luego Charlotte había colgado excusándose con que debía descansar y antes de que alguno pudiese protestar, se fue. Minnie se había preguntado enseguida donde era que Charlie estaba y se volvió a repetir. Ella aseguraba haber estado en el mismo lugar que Anderson, y todos nos confundimos, Minnie nunca había estado ahí, y entre la confusión la rubia decía que era su casa. Su casa, su antigua casa. La mansión. Después de esa confesión todos decidimos ir a dormir porque parecíamos haber perdido la cabeza todos y cada uno de nosotros. Tom le creyó a Minnie, Danny estaba en crisis aún, yo quería irme. Charlie estaba bien, lo había comprobado ¿Qué más?


No supe mucho más del tema en los siguientes días, porque aunque la llamada de Charlie había sido suficiente para que no tuviéramos un ataque, Minnie y Danny seguían estando nerviosos, más que eso. En ese tiempo había estado evitando ir al departamento con ellos dos, quería evitar lo más posible a la rubia además de que no me quedaba tanto tiempo libre después de ver a Hannah. Se había incluido en mis rutinas y me había enseñado una o dos cosas sobre su entrenamiento. Yo sabía más de lo que ella esperaba y la vi sorprendida. De alguna manera era tan fácil para ella meterse en mis planes, en mi vida, en mi día. Y me encantaba. Pero como nada duraba para siempre al poco tiempo había recibido un mensaje de Daniel para que me quedara en el departamento con Minnie y Kate esa noche. Cancele mis planes con Hannah sin chistar, la nueva rubia no dijo mucho solo “¿Me lo recompensarás?” Y por supuesto que lo haría. Cuando llegué al departamento de Minnie ella se encontraba con la carita preocupada, tratando de mantener a Katie ocupada para que no se diera cuenta que ninguno de sus padres estaba en casa. Lo primero que hice al llegar fue tomar a la niña en brazos para luego sentarme al lado de Minnie y me explicara qué rayos había sucedido y dónde estaba Danny. Hice lo que debimos hacer desde un principio, llamé a la policía e igualmente había sido inútil. No podían hacer una orden para entrar a la mansión ya que no había una razón verídica. Al menos lo había intentado. No sabía mucho sobre estas cosas y mi experiencia con las chicas no me daba para más. Me quedé con las chicas lo que restaba de la tarde y noche, Minnie se esforzaba por no tener que pedirme nada, pero había ocasiones en las que era simplemente imposible ¿Dónde estaba Frida? Probablemente no quería asustarla, pero eran problemas que tenían por pertenecer a la familia. Frida debía sufrirlos también.  Katie preguntó por sus papás varias veces y tuvimos que inventarnos una historia de ellos dos, la niña lo aceptó y terminó quedándose dormida después de jugar con Minnie. Fui a llevarla a su cuna y regresé con la rubia, probablemente se encontraba muerta, estaba esperando a que me lo pidiera pero ella parecía rehusarse mucho a dirigirme la palabra, así que me instalé, quité sus películas de la televisión y puse un partido de fútbol, en algún momento caería. No muchos minutos después viendo la crítica, podía observar de reojo como a Minnie se le cerraban los ojos, quería reírme y llevarla a la habitación para terminar durmiendo juntos, pero no lo haría. En vez de hablar, Minnie se había levantado ella sola, saltando en un pie para intentar subir las escaleras. Era tan cómico que desee grabarlo, pero al momento de saltar el primer escalón, la rubia casi caía directo al suelo. Ahogué una carcajada, ella se dio la media vuelta y con todo el pesar del mundo me miró a los ojos y me pidió de favor, llevarla a su habitación - ¿Qué fue lo que dijiste? No logré escucharte - Contesté en voz fuerte, por lo que ella tuvo que repetirlo y me reí sin esconderlo. Me levanté a cargarla, la puse contra mi espalda como si fuese un saco de papas y la llevé hasta su habitación. Al momento de ponerla en su cama, de alguna manera había terminado sosteniéndola de la cintura, pegándola a mi cuerpo, como si mis manos ya estuvieran acostumbradas a esos movimientos, a no dejarla ir. La tenía frente mío, sus labios rosados entre abiertos a centímetros de los míos, su aliento, su esencia me llegó de golpe pero en cuanto miré sus ojos, la solté. No podíamos seguir en este maldito círculo, estaba cansado de ello - Estoy saliendo con alguien más - [size=13]Dije por alguna razón, antes de salir de la habitación. No me di tiempo de ver su reacción, no quería
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por mariro el Mar Ago 08, 2017 8:28 pm

 




MINNIE ELIZABETH MCGRAW -
Traté de enumerar las pequeñas cosas que amaba de él mientras miraba el techo de la habitación. Número uno: cada vez que nos acurrucábamos en una noche fría, me dejaba poner mis pies entre sus piernas para calentarme más rápido. Número dos: cada vez que me dormía sobre su pecho y él parecía no moverse en toda la noche para no disturbar mis sueños buenos. Lo que me llevaba a la número tres: cada vez que tenía una pesadilla y me despertaba con besos que resultaban ásperos por su barba. Número cuatro: cada vez que bailaba conmigo fingiendo que era John Travolta en fiebre de sábado por la noche. Lo que terminaba inevitablemente en la número cinco: siempre miraba las películas que a mí me gustaban, aunque fuera una y otra vez, y sólo para tranquilizarme. Paré en seco, no podía seguir haciéndome esto a mí misma. La lista era tan infinita que comenzaría a balbucear entre sueños y la confundiría con la lista de cosas que me encantaban de Jensen Ackles. Solía pensar que era la versión mejorada de Harry, en primer lugar porque era de mi mismo signo zodiacal. Cada vez que lograba calmarme con algún pensamiento parecido su voz se escuchaba en mi cabeza como un grito y volvía a enojarme, y a entristecer.


Traté de calmar a Daniel una vez que la morocha se había fugado. Quería convencerlo de que Charlie no pensaba nada de lo que había dicho y que debía ser fuerte por Kate. El pecoso se sentó a mi lado y al llevarse las manos a la cara, comenzó a llorar. Apoyé mi cabeza sobre su hombro, a ambos nos acechaba la incertidumbre y nos oprimía el pecho. Daniel llamó a Tom y a Harry para sacarles información y suponía para que lo ayudaran a lidiar con este momento, pero nadie fue de mucha ayuda. Permanecí sentada junto a la niña intentando distraerla de la tensión que había en el aire pero estaba más que molesta y caprichosa. No había nada que pudiera calmarla. Habían sido unas patéticas y largas horas hasta que Harry había logrado una conexión con Charlotte. Claro que ella había pedido en primer lugar vernos a nosotras, y como tenía a Katie en los brazos, lo único que hizo el baterista fue darnos el celular para que pudiéramos hablar con ella. Miré a los chicos recelosa cuando cortamos el teléfono. Estaba segura de que ya había estado allí antes, no habíamos visto demasiado de la habitación, pero sentía un lejano recuerdo. Pregunté en dónde se suponía que estaba y en cuanto dijeron la respuesta por enésima vez en el día, les dije de mi presentimiento. Volví a mirar hacia mi alrededor y mi vista se posó en una foto que teníamos Charlie y yo fuera de la mansión. Entonces lo entendí. Estaba allí, estaba en su habitación en la Casa Anderson. Un escalofrío me corrió por la espalda cuando lo dije en voz alta, y aunque ellos prefirieron ignorarme pude sentir el pánico en el aire.


Lo confirmé en el momento en el que Olson nos dio las fotos del lugar unos días después. Era nuestra casa, tan igual de imponente como siempre. Sentí como la piel de todo mi cuerpo se erizaba, estaba allí con él, en nuestro hogar, y todos los recuerdos de nuestra infancia y adolescencia se harían añicos, inundándose con los de Rafael, pudriendo todo a su paso. Danny volvió a enloquecer, podía saber lo que estaba pensando, en los golpes, una y otra vez. Yo estaba pensando en lo mismo. Traté de mantener la calma, le había pagado al investigador privado mientras repetía la palabra policía en probablemente frases sin sentido. Ryan no estaba para rescatarnos esta vez, estábamos completamente solos. Y cuando miré a mi alrededor de nuevo tuve que corregirme, estaba sola. Danny había desaparecido y en mi cabeza sólo quedaba el recuerdo de él diciéndome “estarás bien” y besándome la frente. La voz de Katie me despertó, llorando desde su habitación. Fui hasta ella, arrastrando mi pie con lentitud y dolor, y la tomé entre mis brazos para dirigirnos a la sala. Me sentía fuera de mí, completamente fuera de mí. Y no podía llenar los espacios en blanco que se formaban de a ratos. Kate dejó de llorar a duras penas cuando puse un programa de niños en la televisión, que dejó de prestar atención cuando tomamos un libro de cuentos fáciles y con muchos colores. Me lo estaba leyendo en su propio idioma, tal vez árabe antiguo, y yo intentaba sonreír. Harry entró en el departamento y caminó hacia nosotras, me quitó a la niña de los brazos y se sentó conmigo. Lo quedé mirando en silencio, era tan bueno con los niños que parecía completamente natural. Cada vez que lo veía con la niña en brazos, sentía un dolor completamente psicosomático en el vientre. Como si estuviera llorando. Me preguntó dónde estaba el pecoso y negué despacio con la cabeza, intentando recordar las palabras exactas- Dijo que tenía que ir a buscar a Charlie y que estaríamos bien -Dije, y lo miré esperando que él me lo explicara. Harry llamó a la policía mientras yo miraba a Katie jugar con las llaves de su auto. A pesar de estar al lado mío no podía entender lo que decía, pero estaba enojado. Y el resto de la tarde-noche se sentó con nosotras fingiendo que todo estaba mejor de lo que parecía. Se ocupaba de la niña con tal naturalidad que mi mente somnolienta comenzaba a imaginar que ese era un día cualquiera en nuestras vidas, que la niña que arropaba era nuestra. Estaba mirando la pantalla cuando una adaptación de uno de los libros de Nicholas Sparks se cambió a fútbol. Sentía como mis ojos pesaban cada vez más y se cerraban de a momentos. Cuando me di cuenta que comenzaba a dormirme a su lado miré las escaleras, mi pie izquierdo dolía demasiado para apoyarlo y al momento de saltar el primer escalón, casi había terminado en el suelo. Giré sobre mí misma para ver cómo me miraba divertido, bajé la mirada- ¿Puedes… por favor… llevarme a mi habitación? -Pregunté a regañadientes. Él pidió en voz exagerada que repita lo que había dicho. Rodé los ojos, estaba realmente disfrutando esto, y yo lo detestaba- ¿Me podrías cargar a mi habitación, por favor? -Pedí, y él soltó una carcajada. Se paró y me cargó como un saco de papas y subió las escaleras conmigo a cuestas. Al momento de dejarme en mi cama con toda la gentileza que no había en su forma de actuar ni en sus palabras, lo miré a los ojos. Pude ver el cambio en su rostro, en su predisposición a tocarme, en la frialdad de sus ojos y el arrepentimiento de sus músculos. No quería besarme, lo había querido por un segundo, pero había cambiado de opinión. Antes de salir, pronunció sus razones. Estaba saliendo con alguien más. Y luego desapareció por la puerta.


Menuda forma de decirlo. Momento perfecto. Estaba saliendo con alguien más ¿Qué significaba aquello? ¿Hacía cuánto? ¿Estaba enamorado? ¿Presentía que iba a enamorarse? Sentí un nudo en el estómago crecer hasta mi garganta y volverse insoportable. Charlotte estaba en manos de un psicópata, a propia voluntad según la policía y no se harían cargo hasta que fuera demasiado tarde. Estaba apresada en un lugar que se suponía que debía ser seguro, y que ya no lo era ¿Tendría miedo por las noches? ¿Él le haría algo? No tenía idea de cuál era su fin y no tenía idea de cómo iba a seguir todo eso y no podía seguir ignorándolo. No tenía idea de lo que estaba pasando a mi alrededor. Sólo sabía que las personas que yo más amaba estaban en peligro, y que yo no podía hacer nada para ayudarlos porque era una inútil. Y que en la única persona en la que yo confiaba en ese momento, estaba pensando en su nueva novia en vez de pensar en el tema. Comencé a llorar, pero no tenía idea de por qué razón, así que suponía que eran todas juntas. Que irónico era necesitar a Charlie en ese momento, que irónico era necesitar a Danny.


Decidí levantarme en la mañana cuando comprendí que sería imposible dormir. No había podido tomar un inductor del sueño si estaba tomando analgésicos para el dolor así que había estado la mitad de la noche en un enorme ataque de ansiedad, y el común estado de shock en el que había estado desde que Charlie había desaparecido. Otra vez. Había desaparecido otra vez ¿Y si esta vez, realmente moría? No había pensado esa posibilidad en demasiado tiempo, antes solía pensarla todos los días. Todos morían en mi cabeza al menos una vez al día. Me senté en el inicio de la escalera con intención de bajar sentada, iba escalón por escalón, intentando no hacer el menor gesto de dolor o incomodidad. Él estaba sentado en el sofá, podía verlo aunque no había levantado la mirada. Número seis: siempre hacía las cosas sin que yo tuviera que pedirle. Pero supongo que eso ahora se lo ganaba la chica con la que estaba saliendo. Me senté en el último escalón- Voy a dormir en el sofá hasta que Charlie y Danny vuelvan -Anuncié ayudándome del barandal de la escalera para pararme y caminar hacia él. Estaba mirando las noticias, el reloj digital del noticiero decía que eran las ocho en punto. Me quedé mirando un punto fijo en la mesa -¿Estás saliendo con ella porque estás enojado conmigo? -Pregunté sin expresiones en la cara o en la voz. Harry aseguró que no todo era sobre mí. Yo asentí con la cabeza una vez- Yo creo que sí, que estás enojado conmigo por Dougie.-Dije mirando sus manos caídas sobre sus piernas- Nada pasó con Dougie. Fue una tontería. Fue una confusión. Él no significa lo que tú crees para mí, él no es… nadie -Expliqué porque realmente ¿Qué más hacía falta para probar que no era lo mismo? No lo había llamado en ningún momento, ni cuando me había lastimado el pie, ni cuando charlie había desaparecido, ni cuando danny había desaparecido. Era sólamente Harry quien estaba en la casa- Sé que estás con otras cuando estás enojado conmigo -Levanté los hombros, después de tantos años había aprendido su manera de funcionar- Sé que no lo haces para vengarte de mí o lastimarme. Y también sé que no es verdad que te dejé de interesar -Apreté los labios para mirarlo. Estaba teniendo esta conversación con tanta tranquilidad que comenzaba a creer que no la estaba fingiendo- Y cuando estés harto de ella, o de ti, estarás de vuelta conmigo. Porque así es como debe ser. Nosotros dos juntos -Apoyé las manos sobre mi falda y volví a encender el volumen de la televisión.


Me senté a desayunar junto a Katie. Me encantaba tenerla para mí, pero no en estas condiciones. Sentía mi cuerpo entumecido y mi mirada completamente fija perdidamente en algún objeto como si hubiera tomado alguna especie de droga. Los escenarios más dramáticos tenían foco en mi cabeza mientras una voz lejana me repetía “todo estará bien”. Un rato después los rubios de McFly llegaron preguntando qué estaba pasando y escuché a Harry ponerlos al tanto mientras yo miraba a la niña jugar con una galleta de mis galletas de arroz. Suspiré mientras volvían a llamar a la policía, seguir insistiendo era en vano, no teníamos a nadie a quién pedirle ayuda. Por un momento deseé que Ryan estuviera allí. Sabía que Harry y Danny lo odiaban por lo que había hecho, sabía que la misma Charlie lo odiaba por lo que había hecho, pero era el único que podía ayudarnos en esa situación. Entonces algo se iluminó en mi cabeza -Morgan -Solté, y ellos se dieron vuelta a mirarme- Rachel Morgan, la detective a cargo del caso de Charlotte. La jefa de Ryan. Podemos pedirle ayuda -Sugerí, pero no estaba segura de que fuera a funcionar. Después de todo, era una policía y tenía que seguir las reglas.


Creía que no había pestañado en toda la conversación que Harry había tenido con ella. Habían sido aproxidamente treinta minutos en los que lo había mirado fijamente mientras él le contaba la situación. Me temblaban las piernas, y mis uñas bailaban sobre mis rodillas. Lo que ella parecía decirle desde un principio era lo que todos nos decían. Tenía que haber una amenaza real, pruebas eficientes. Charlie se había ido por voluntad propia. Sin embargo, luego la cara de mi ex novio comenzó a iluminarse y pude ver como poco a poco recobraba la esperanza. Cortó la llamada dándole las gracias y me paré enseguida  para mirarlo expectante -¿Qué te dijo? -Pregunté mirándolo con rostro preocupado. Tenía que ir hasta la comisaría a esperar que llegaran Danny y Charlie y traerlos de nuevo hacia casa. Caminé con la rapidez que me dio el tobillo, hacia el closet que tenía mi abrigo -Iré contigo -Dije poniéndomelo. Él alegó que yo no podía ni caminar- Ya casi ni me duele -Me excusé. No era totalmente mentira, me dolía mucho menos que los días anteriores porque había hecho reposo, pero seguía doliendo. Ellos siguieron negando- ¡Es mi hermana! -Chillé, pero Tom avanzó hacia mí guiándome de nuevo hacia el sofá, diciendo que tenía que quedarme con Katie. Tragué en seco sintiendo un nudo en la garganta. Quería ver a Danny y a Charlie lo antes posible, pero era claro que no me llevarían.
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Re: — ᴅᴏᴡɴ ɢᴏᴇs ᴀɴᴏᴛʜᴇʀ ᴏɴᴇ;

Mensaje por mariro el Vie Ago 11, 2017 4:13 pm


DANIEL ALAN DAVID JONES -

Contemplé el anillo que planeaba darle mientras en mi mente resonaban las palabras que ella había pronunciado ese mismo día más temprano. Parecemos casados, había vociferado, y ahora no podía quitarme aquello de la cabeza. Le molestaba la idea al parecer. Podíamos irnos a vivir juntos en una casa con parque para que la niña juegue, pero movernos hacia el matrimonio era algo impensado. Suspiré, dándole el último trago a mi cerveza y haciendo desaparecer el rastro. Frida había venido a encargarse de ayudar a Minnie y ambas habían mirado a Kate todo el día, lo cual aliviaba de cierta manera la carga interior que tenía. Pero ahora de noche, y me encontraba solo. Cuando la puerta se abrió yo estaba mirando algunas cosas en mi computadora. Se acercó a mí con culpa y se sentó, preguntándome si quería hablar. La miré de soslayo para decirle que hablara, y una vez que lo hizo me pedía perdón, tratando de tomar mi mano. Le dije que también lo sentía, porque lo hacía. Estaba preocupado, molesto, y lo sentía. Sentía ser una mosca que no la dejaba concentrarse en paz ¿pero qué esperaba? ¿que dejara que alguien se aprovechara de ella? Ella insistía en que nada ocurría y que yo estaba imaginando cosas, diciendo que el trabajo la estaba matando, y ese tipo de cosas. Suspiré de nuevo y luego asentí, era en vano tratar de hablar con ella ¿Cuál era el punto de seguir mintiendo? Charlie, completamente harta también se levantó para irse. No podía dejar que ella pensara que no me interesaba. Me interesaba demasiado, por eso estaba tan frustrado. Parecía que se sentía sola, como si estuviera huyendo por Europa otra vez. No estaba sola ¿Cómo podía hacérselo entender? La atrapé entre mis brazos para que ambos nos tranquilizáramos. Charlie tomó mis mejillas con sus manos y acercó nuestros labios para sellarlos con un beso, un beso que había estado necesitando. Nos llevé a la habitación para desnudarla en cuestión de segundos, acariciar su piel, oler su cabello, hacerle el amor.


Había estado mirando el techo en la oscuridad por como veinte minutos. Charlotte se había levantado, y yo me encontraba sólo en la enorme y fría cama. Escuché su voz en el intercomunicador, estaba saludando a Kate con cariño, pero también estaba despidiéndose de ella. Sentí como todo mi cuerpo se entumecía, una vez más todo parecía completamente surreal a mi alrededor. Me llevé las manos a la cara y la restregué con fuerza para poder levantarme. Tenía que hacerle el desayuno a la niña, y luego podía enfrentar a mi novia. No tenía idea de cómo comenzar a hablar, no tenía idea de lo que estaba haciendo, había perdido por completo el juego antes de empezar a jugar. Entré en el cuarto de mi hija para ver cómo se alegraba al verme, la tomé en mis brazos y sin cambiarle todavía la ropa de dormir la senté en su sillita con la leche y la avena. Podía desayunar sola, era una niña muy independiente. Esperé sentado, con el cuerpo directamente mirando hacia la escalera y mis ojos clavados en ella esperando a verla bajar. Tenía los brazos cruzados, y probablemente una mirada de lunático. La vi bajar con su maleta y tuve que hacer un esfuerzo para no ponerme a romper cosas. Esperé con la mandíbula apretada a que se dignara a hablar. Ella habló de un viaje a Nueva York por trabajo. Asentí con la cabeza -Manda a otra persona -Dije molesto. Jamás me interpondría entre su trabajo y ella, a menos que estuviera haciéndole mal, pero esto no era trabajo y ya lo había probado bastantes veces. Charlie se negó a mi oferta- Tienes que tomarte unos días, tú misma lo dijiste, el trabajo te está haciendo mal -Traté con conciliar, pero era en vano. Me llevé las manos al cabello- No vayas, no puedes irte -Comencé a desesperarme, no tenía idea de con qué discurso arrancar. Pensé un par de frases completamente manipuladoras que de todos modos no servirían. Estaba aterrado. Charlie aseguró que yo no era su padre ¡Y claramente que no lo era! Él era peor manejándola que yo, pero con toda seguridad podría resolver este problema. Ella se dirigió a la puerta mientras yo gritaba que vuelva enojado. Golpeé la mesa con mi puño, logrando que mi bebé comenzara a llorar instantáneamente. Me llevé las manos a la cara y la levanté en brazos. Se me había salido todo de las manos.


Todo a mi alrededor sucedía muy rápido. Estábamos reunidos con Harry y Tom tratando de deliberar una manera de actuar. Llamamos a todos los que pensábamos que podían aportar algo al caso, pero con seguridad, nadie sabía nada. Quería mantener la calma pero no podía, todo el cuerpo me temblaba, estaba hecho un desastre. Ni siquiera podía mirar a Kate sin desmoronarme por completo. Seguí llamándola, al igual que los demás. Tal vez nos contestaría en algún momento cuando llegara a destino, donde sea que destino fuera. Al llegar el anochecer ella se dignó a levantar una llamada que Harry le había hecho, él la puso en altavoz y todo mi mundo paró por un segundo. Corrí hacia el celular -¿Dónde estás? -Pregunté intentando no sonar muy precipitado- ¿Con quién estás? ¿Por qué no estuviste atendiendo mis llamados? -Volví a preguntar pero ella ignoró todas mis preguntas para poner la cámara y decirle a Harry que le pasara el teléfono a Minnie y a Katie. Nada para mí.  Después de la llamada Minnie aseguró que ya había estado en ese lugar, lo cual era una locura porque se suponía que Charlie estaba en Nueva York y ella nunca había pisado Estados Unidos. Luego dijo que se trataba sobre su habitación, en su casa, la Casa Anderson y ahí terminé por explotar. La última vez que no le había creído algo a la rubia lo había lamentado muchísimo, pero esto salía de mí. Quería entenderlo ¿Pero cómo podía ser cierto? Bueno, lo era. Olson lo confirmó con un par de fotos. Charlie estaba allí. Me sentí en una fuerte y longeva despersonalización. Le di un beso a Minnie en la frente y otro a mi bebé, asegurándoles a ambas que estarían bien pero que yo tenía que ir a buscar a la morocha. Tomé el teléfono y llamé a Harry, sabía que no quería cruzarse mucho con la rubia ahora, pero era al único al que Minnie escucharía.


Tomé un auto hasta el lugar, estaba hacia las afueras de la ciudad donde estaba la zona con más dinero y ya no había edificios si no casas enormes con jardines. Recordaba el camino como si lo hubiera hecho todos los días de mi vida por dos años enteros. El auto paró frente al portón y le di al chofer lo que le correspondía. Me quedé frente a la casa. Era incluso más enorme de lo que yo podía recordar. Había que cruzar todo un jardín para llegar hasta ella, el pasto era verde como si lo hubieran pintado y tenía las mismas flores, las mismas piedras, el mismo camino. Tomé aire, la última vez que había estado allí el amor de mi vida se había muerto. Antes de que pudiera tocar el timbre el enorme portón se abrió con lentitud. Adentro parecían conocerme, y parecían estar esperándome. Caminé lo más rápido que las piernas nerviosas me dieron y al momento de llegar frente a la puerta, alguien la había abierto. Era una mujer vestida de criada, con el rostro serio. Sin decir ni una palabra me guió hacia dentro. No podía decir que estaba prestándole demasiada atención. Tenía los ojos puestos en la casa. Todo estaba tal cual lo recordaba, todo en su lugar, como si hubiera sido sacado de un sueño- El señor lo está esperando en su despacho -Explicó y señaló la puerta de roble con su mano abierta. Era el despacho de Richard. Tuve un flashback que me llevó a los primeros días de noviazgo con Charlotte. Su padre claramente no aprobaba que saliera con un pseudo-estrella de rock que le encantaba ridiculizarse a sí mismo, lo cual hacía que a Charlie le gustara incluso más salir conmigo. En mi recuerdo yo entraba en el despacho para hablar con Richard Anderson de mis intenciones con su hija. Abrí la puerta sin tocar, el hombre, Rafael, estaba sentado en la silla de mi suegro. Levantó la cabeza para mirarme -¿Quién eres y por qué te apareces sin presentación en mi casa? -Preguntó con desdén. Como si yo no fuera importante- Sabes quién soy y que quiero -Aseguré sintiendo mis manos comenzar a sudar- Y esta no es tu casa. Y ese no es tu escritorio. Estás manchando su recuerdo -Dije con no sé qué bolas. Él se paró con violencia, poniendo las manos sobre el escritorio- Creo que los papeles dicen que esta casa es mi propiedad así como todo lo que en ella habita -Gruñó, pero tenía una sonrisa en el rostro- Estaba a punto de decir que podías irte si querías, que olvidaría tu intromisión. Pero creo que puedo divertirme contigo -Masculló caminando hacia mí como un felino cazando a su presa. Se acercó a la puerta abierta- ¡Charlotte! -Gritó a todo pulmón, haciendo retumbar las paredes. En menos de dos segundos el cuerpo de mi novia apareció frente a él, frente a mí. Tan hermosa pero herida en cuerpo y en mente. Y sentí que se me caía el mundo.
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