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➠I'm foolish enough to want you to love me.

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➠I'm foolish enough to want you to love me.

Mensaje por Aislu el Lun Mar 27, 2017 5:00 pm






I'm foolish enough to want you to love me

You are the light of my darkness




Say, go through the darkest of days
Heaven's a heartbreak away
Never let you go, never let me down
Oh, it's been a hell of a ride
Driving the edge of a knife
Never let you go, never let me down

Don't you give up
I won't give up
Let me love you




KAMUI&CHIYO | ❤ ❤❤ | KOU&KHIA  


 

Khia jelp mi
thkss
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Re: ➠I'm foolish enough to want you to love me.

Mensaje por Aislu el Lun Mar 27, 2017 9:38 pm

MabuchiKou;
Tiendo a no maldecir en espacios públicos decentes, lugares donde me veo obligado a mantener la compostura por respeto a las personas mayores presentes o el servicio que esté pagando, sin embargo, cumplir con mi código de conducta se vuelve complicadísimo entre los turistas que no aprenden a controlarse. Debí verlo venir al mudarme aquí, una ciudad tan grande y preciosa, llena de historia, es ojo de huracán para las multitudes de gente “en busca de aventuras”. Dígase, turistas descerebrados que repiten la misma frase para salir de sus problemas. Están por todas partes, en los cafés, por las calles, en las paradas de autobuses; no es posible salir un día y no escuchar los sonidos predestinados de fotografías o los gritos de “¡Selfie!” repitiéndose durante toda tu salida. Trataba de comprenderlo, cualquiera se deja llevar por la emoción de lo desconocido al viajar, los turistas y yo tendríamos una relación de ensueño si aprendieran a respetar los límites. Había quedado con Aya para desayunar. Podríamos vivir juntos, pero nuestras caras se topaban únicamente en las fiestas o cuando alguna de sus chicas lo llevaba al bar donde estuviera festejando o incluso tocando con el grupo de Shuko, por lo que una que otra vez decidíamos compartir el desayuno cuando nuestros horarios coincidían. Sería un desayuno como cualquier otro, si Aya por fin aparecía de donde quiera que se metió la noche anterior, comenzaba a perder la paciencia que me reservaba únicamente para él y su impuntualidad, sobre todo con la intervención del grupo turístico que no cerraba la boca. Blah blah blah vamos a las fuentes, fulalala, tomemos muchas fotos. Flu blah blah y Aya sigue sin dar señales de aparecer. Perdiendo las esperanzas en mi viejo amigo, ordeno lo de siempre a la camarera de siempre, disfrutando cuando una sola sonrisa mía la manda a enrojecer de pies a cabeza. Es linda, muy tímida y nos da (me da) prioridad a la hora de entregar las órdenes, y claro, le pago con una buena propina, así como el intercambio de números que ocurrió meses atrás. Después de desayunar aquí, respondo sus mensajes olvidados desde la última parada mientras Aya se ríe de cómo puede seguir respondiéndome cuando la dejo tirada al poco tiempo; es una buena chica, eso no se lo quita nada, por lo que debo aprovechar la ventaja que me da el buen trato que le doy. Aya es un estúpido por abandonarme sin avisar por lo menos con un mensaje. Río sin poder disimularlo ante ese pensamiento, vaya, da una mala idea eso. Suena tan a lo chica plantada por un patán, y puede ser así, Aya es un patán y me ha dejado plantado en pleno día, justo en nuestro desayuno especial y con una bola de turistas a mi lado. Bola de turistas aún sin cerrar la boca, recalcado. Cuando ella (no alcanzo a leer la etiqueta con su nombre… para recordarlo) regresa a la mesa con mi pedido, doy una mirada cansada al grupo que debió haber partido desde ya hace tiempo; me encuentro con una familia de lo más feliz, hablando de los planes para el día. Tal vez exageré, la metida de pata de Aya irritó mi mañana.

¿Puedes creer que ese tipo está almorzando solo? Creí que esperaba a alguien, ¿lo viste, no? Miraba mucho su celular. — olvídenlo, turistas molestos son turistas molestos sin importar la fachada adorable a la vista para confundirte, nada les puede quitar el dolor en el culo que son en realidad. Compren un mapa, contraten el plan internacional para tener el gps siempre encendido, no lo sé, pero no vayan a otro país (otro continente, incluso) sin un recurso para ubicarse en un lugar que conocen sólo por fotografías y la agencia de viajes que les llenó la cabeza de ideas. ¿Aya, qué fue lo que te hice? Me pregunto mientras como del delicioso platillo que ordeno en cada visita. Es delicioso, no lo suficiente para perdonarlo o poner en silencio a la familia, ayuda a calmarme y saco mi celular para enviar una buena foto a Aya, jugar un poco con su consciencia si es que ha despertado a estas horas. No lo creo, pero también está la posibilidad de que en la tarde, con todos en la sala del departamento, desbloquee su celular para ver sus mensajes y recordar su pecado cometido: abandonar a su mejor amigo en el desayuno especial. La imagen se envía, aunque la aplicación me da a conocer la posibilidad de que su celular no esté disponible al momento, no es sorpresa. Más bien, es lo más lógico. “Gracias, ey.” Envío segundos después, soy la novia furiosa y cortante. Vuelvo a reír, dándole más razones a los turistas molestos para sentir pena ajena. Oh no, pobre chico, aparte de comer en solitario ahora también se ríe solo ¡Dentro de poco se pone a hablarle a la comida! Casi puedo escucharlos. Con eso tengo suficiente. La comida desaparece del plato con prisa, no me doy tiempo de probar más la comida ni de cotillear, gracias extranjeros (¡lo soy, igual!) por arruinar mi día a tan temprana hora. Espero y puedan notarlo en como llamo a la chica (Helen, dice), pido la cuenta con todo menos amabilidad y tiro de la silla para que el rechino resuene por todo el café. Odio a los turistas y espero dejarlo más que claro ¿Puedo reírme un poco más? En sus caras, de preferencia. Aunque soy consciente, esto deja una mala impresión, a la mesera y a los clientes recurrentes, es una lástima que eso no me importe en absoluto ahora mismo. —Hasta luego, Helen.— me queda un poco de decencia suficiente para tratar de remedir mi actitud con ella, justo cuando estoy dispuesto a salir de ahí, dejando sólo el dinero y la buena imagen que tenía ahí, mi media vuelta se ve interrumpida... Por un líquido que se vierte encima mío. Frío, espeso... Del peor color que puede caer en mi camiseta. Olvidemos de nueva cuenta todo. Aya y yo podemos encontrar un nuevo lugar para nuestros desayunos, no es el único lugar con comida deliciosa ni el más cercano al departamento. La causante del problema es diminuta, como para aplastarla con una mano o mandarla a volar con un suspiro. —Ni creas que voy a pagar eso, pulga. — no hay ni pizca de pena al verla balbucear. Su falta de reacción me dice lo tonta que es, no me sorprendería enterarme que es una turista más, asustada de interactuar con citadinos o cualquiera que no sea sus compañeros. Pulga, desaparece. —Si, mejor no hables. Y mejor ten más cuidado, vas a terminar en la calle por ir gastando en comida que tiras a la gente. — me estoy desquitando con ella, o así se vería para los demás. Desde mi perspectiva, toda la culpa recae en la inexperiencia turística, puedo lavarme las manos en base a todos estos años soportando y respetando los espacios públicos. Tanto ella como la familia se retuercen ante mi mirada ya llena de fastidio, tenía que salir lo antes posible de ahí. Había tenido suficiente. Si quiero gritarle a alguien, lo haré, si quiero que no me molesten mientras desayuno, buscaré un lugar tranquilo para pasar la mañana. Buscaré el primer lugar que no parezca una conferencia de la ONU, sino lo que es: un lugar para desayunar como se debe.


¿Estoy vivo? El cambio en los colores y mi respiración, natural y calmada, me dicen que sí, mi tiempo en el inframundo fue durante la última hora, regreso al mundo mortal donde los encuentros en la calle no son más que eso, encuentros. Nadie va opinando a mis espaldas (o no me entero) ni me lanzan bebidas encima. Regreso a la normalidad ¡Por fin! Aunque una mirada a mi alrededor me dice que no, regresé a medias. Habré salido del restaurante y me habré burlado de la pulga, pero la mancha en mi ropa no ha desaparecido. Y todo esto se habría evitado si Aya hubiera, por lo menos, llamado. Hablando de. Mi celular regresa a la vida, la pantalla se ilumina mostrando la notificación de un nuevo mensaje: lo mejor, es de Aya, el bastardo da señales de vida después del ridículo que he pasado… mis ánimos que acababan de subirse ligeramente vuelven a caer en picada en cuanto leo el texto. El día gritaba a los cuatro vientos que todavía podía empeorar mucho, muchísimo, más. Es oficial, Futaba se muda hoy mismo ¡Dijo que le tomaría un mes, para poder buscar a alguien más y acomodar los gastos! Nunca la escuché decir “me iré de un día a otro, así sufrirán más mi partida” o una frase que se le asemejara, ni un poco. Ya no me importan los turistas idiotas, o la pulga y el batido que me tiene con esa sensación pegajosa en el cuerpo, uno de nosotros debe encontrar un nuevo inquilino, y rápido. 
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Re: ➠I'm foolish enough to want you to love me.

Mensaje por Aislu el Jue Mar 30, 2017 8:53 pm

KoudaChiyo
Emiko llegó un día charlateando y hablando maravillas de este trabajo, lucía espléndida y me garantizaba la falta de problemáticas a pesar de la imagen que te llegaba a la mente al escuchar de qué consistía. En un principio, no le creía. Estaba segura de que era una mentira, una más de las tantas salidas de la boca de Emiko, no era nada fuera de este mundo. Pude haberla ignorado y seguido caminando a mi siguiente clase al otro lado del campus; por el contrario, ese día me senté junto a ella, perdí la clase y entré al negocio que menos esperarías (no, si lo esperas) en estos años: ser novia por unas horas. La empresa era responsable y el edificio a primera vista no encendía las alarmas, no se parecía a los sacados de las películas donde parece de todo, menos una oficina, mi confianza fue en aumento al ver el contrato, un documento legal era siempre de confianza.
El trabajo es tan sencillo como ridículo: sales con inadaptados, actúas linda con ellos y los haces sentir como miembros funcionales de la sociedad por primera vez en sus vidas. La dificultad varía según el tipo de cliente que te contrata, porque, oh no, tu cliente no es al azar, la compañía les muestra su “catálogo” y de ahí sale tu sentencia: si tu descripción es muy exagerada, siempre atraerás de lo más raro. Según yo, mi descripción era sencillísima, por lo que mis clientes nunca salían del promedio. Tímidos, rojos, de cabello que no conoce las tijeras y ojos nunca dejando mis pechos o piernas. Una que otra vez tocaba algún trabajador u hombre casado, buscando distraerse un poco en el karaoke o un restaurante pomposo. Comparada con mis compañeras, vivía con el dinero casi regalado. Gracias a las advertencias de Emiko, no cometí los mismos errores que las recién contratadas: 1. Cuida tu descripción (no uses palabras lindas, no hables de tu tipo ideal, nada que llame la atención) 2, Tu foto debe parecerse lo más posible a las escolares (ropa linda, no uniforme -para evitar fetiches horribles-, nada revelador ni que grite kawaii) 3. No uses tu nombre real (¿es necesario explicarlo más?) Así evitas acosadores o ilusiones muy… apasionadas de su parte. No era tan difícil, todo eso me había mantenido a salvo en mis cuatro meses trabajando. La universidad era pesada, pero en poco ya terminaba mi primer año, y con lo que llevo de ahorro es suficiente para ayudar un poco los gastos en la casa y puede que, incluso, reserve algo para ir al viaje que tienen planeado las chicas al término del año.

Claro, todo habría sido más fácil si mis compañeras no tuvieran tantos problemas. Van dos meses y no dejan de repetirse las mismas problemáticas: los clientes las buscan tiempo después, las esperan a la hora de salida, insisten e insisten e insisten, y como usan sus nombres reales y no cuidan lo que dicen, fue cuestión de tiempo para que las encontraran en casa o escuela. Todas ellas renunciaron y la gerente está que explota. Cambian los contratos, las políticas del servicio, pero el temor de que se repita sigue reflejándose en su rostro. A la siguiente semana, cuando se están entregando las agendas, lo dice: —Van a tener protección a partir de hoy. — Se termina el trabajo como lo conocemos. No es mucho el tiempo que dura nuestra reunión con ella, por lo que resume sin cuidado la situación. La tal persona que nos cuidará desde hoy nos contactará en el transcurso de la cita de hoy. Vaya, ni siquiera nos dan un antecedente o el nombre de la persona ¿y se supone que nos están protegiendo? Si no fuera porque hasta el momento yo no he tenido problemas, me iría en este instante. Me siento amenazada ¿Y qué hacen? Dejan mi seguridad a cargo de un completo desconocido. Sin importancia, para mí, por lo que salí del edificio y me dirigí al lugar de la cita sin inconvenientes (los mensajes de Emiko me mantenían al tanto de las demás. A ella no le importaba, pero le preocupaban demasiado las novatas) hoy sería un tipo de mi edad, que eran los más fáciles de manejar, y según por lo que dejó en “sugerencias” quería que tomara el papel de la novia que pregunta por cómo estuvo su día y se asegura de que su pareja se relaje después de sus días cansados estudiando o trabajando. Asombroso. —¡Shou-kun! — el acto inicia en cuanto veo al cliente fuera del edificio. Hoy luce normal, un estudiante de la ciudad cualquiera. Eso pienso hasta que me mira y queda plantado como árbol, era de esperar. —Lamento tardar ¿Entramos? — aquí tengo que hacer todo por mi cuenta, abrir la puerta, hablar con la recepcionista, con la mesera, iniciar la conversación. No ayuda nada que mi acompañante se encoja cada que coinciden nuestras miradas ¡Por favor! Por dentro, estoy irritada y furiosa, pero por fuera consigo mantener la imagen de la novia comprensiva, ¿qué tal el trabajo, Shou-kun? No nos hemos visto últimamente. Te extraño. ¡Qué linda corbata! Y recibo como respuestas, monosílabos o una mirada que se desvía a los segundos a su platillo. Miro el reloj cada que tengo la oportunidad, esperando el fin. Justo cuando el cliente pide disculpas y desaparece rumbo al baño, el celular especial para este trabajo vibra y por un momento me deslumbro al pensar que recibiré un mensaje suyo diciendo que ha tenido que irse de un momento a otro. Desgracia, no lo es. Es la gerente, la jefa. Su mensaje se resume en un “tu encargado acaba de entrar al lugar”. Ah, mi niñera. Sin embargo, no tengo tiempo para buscarla cuando mi mirada cae en una de las personas que menos espero encontrar en estos momentos. La melena conocida y el rostro salido de pesadillas. ¿De toda la gente, tiene que ser Kamui? Habré estado a sus pies años atrás (y doy gracias que nunca se fijara en mí, habría sido el doble de vergüenza) pero ahora mismo que él me encuentre en medio de mi trabajo significaría que mi hermano se enteraría en poco tiempo. Uña y mugre, son ellos. —Perdón por tardarme, Mei-chan. — ¡Es la primera frase completa que dice! Kamui nunca entró por esa puerta, la cita ya está por terminar y él por fin está mostrando gestos de querer participar más. El papel de la novia linda regresa, esta vez con más facilidad y en algunas ocasiones sin risas tan forzadas gracias a los comentarios que van en aumento por su parte. No era tan malo, en realidad, en ocasiones podía reírme así y hablar con él sin pensar todo el tiempo “finge ser su pareja” después de todo, nunca se daban cuenta cuando cambiaba mi actitud. Mientras siguiera cuidando mi cabello, mi voz y sonrisa, era lo mismo para ellos. La cita termina antes de que me de cuenta y, como piden la mayoría, caminamos juntos a la estación más cercana. Cuando busca mi mano, le dejo sostenerla y finjo que aquello me da pena cuando por dentro en realidad me interesa más la cantidad de gente que camina al rededor nuestro. La despedida de siempre, llena de timidez, y mi trabajo de hoy, termina. Eso creo hasta que el celular vuelve a vibrar y el mensaje que se lee dice algo tan simple como "soy yo, estoy detrás de ti". De toda la gente, quién tenía que descubrirme y trabajar conmigo tenía que ser Kamui. Ya.— ¿ya? mi voz no da para más. Tengo frente a mí al tipo del que estuve enamorada toda mi infancia y adolescencia, pero al mismo tiempo estoy parada frente al más grandísimo idiota que conozco, y mejor amigo de mi hermano. No hay que olvidar, el que ahora se dedica a cuidarme, también.Creo que ambos nos debemos una explicación.— ¿podía tratar de convercerlo y así no soltara nada? Lo conocía; sería imposible lograrlo. 
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Re: ➠I'm foolish enough to want you to love me.

Mensaje por bultaoreune el Mar Abr 04, 2017 7:26 pm

En el momento que mi móvil sonó y me indico que me llamaban de la empresa, una sonrisa se mostró en mi rostro. Hacía algunas semanas que mi antiguo contrato se había finalizado, y realmente, ahora que vivía en un apartamento solo y ya no dependía del dinero de mis padres- aunque si que podían ayudarme de vez en cuando- debía de seguir trabajando como fuera. Entrar en una empresa de guardaespaldas no era mi primera opción, pero en cuantó supé lo que se cobraba, que normalmente no suele haber grandes problemas y que estaban buscando a chicos con mis características, no dude en enviar mi curriculum. A la semana, ya estaba siendo contrato. Es cierto que desde hace años soy bastante bueno en alguna que otra arte marcial y que mi cuerpo impone bastante, por lo que me veían ideal para el puesto aun cuando yo ni siquiera había pensado en ello. Pero el caso es que el trabajo había llegado a mi via y me venía como anillo al dedo. Menos en mi segundo contrato, cuando la hija de mi jefe había tenido un enamoramiento conmigo y no me dejaba ni a sol ni a sombra. Era bastante incómodo a la par de molesto. No es que ella estuviera mal, pero....seguía siendo la hija de mi jefe y era algo pequeña para mi. Aún recuerdo todo lo que Takasugi se rió de mi cuando le conté que practicamente esa niña me acosaba. Él decía que podía aprovechar la situación, disfrutar de eso, y que todo estaría bien mientras mi jefe no se enteraba. Ya claro. Si ese hombre que era un juez bastante importante se enteraba de que me acostaba con su hija, creo que estaría realmente perdido. No era mi intención que me jurara toda la vida y no consiguiera más trabajo, o que muriera demasiado joven.

Puede que siempre haya sido todo un mujeriego, un chico que llama a las mujeres y que no se niega en disfrutar de ellas. Soy hombre, y eso conlleva algo. Pero no era tan tonto como para perder mi trabajo por un revolcón, eso es mucho más importante. Al menos, así no me quedaré viviendo en la calle o teniendo que rogar a mis padres. Era hora de centrarme un poco en la vida, o al menos intentarlo todo lo que pudiera. Sacudí mi cabeza en ese momento, y decidí mandarle un mensaje a Takasugi, diciendole que esta noche pasaría por su casa. Habíamos quedado en la tarde para jugar un rato y hacer un pequeño torneo con el resto de nuestros amigos, pero ya me habían advertido-y antes de tener la reunión- que seguramente comenzaría esta misma tarde a ejercer de guardaespaldas de quien me tocará. Así que, no me quedaba de otra que rodar todos los planes que ya había hecho.[...] Llegué a la empresa, y pasé mi identificador por el bloqueo principal. Saludé a la primera secretaria que te encontrabas nada más entrar con una sonrisa.-¿Sabes en que planta me esperan para la reunión?.-Le preguntó con una sonrisa coqueta. Se que le gusto y por eso muchas veces tengo privilegios en algunas cosas. Ella me dice que es en la planta cuatro y yo le guiño un ojo para darle las gracias e ir hasta allí.¿A quien tendría que proteger esta vez?¿Un político corrupto que estaba amenazado de muerte?¿Un famoso que provocaba al mundo? ¿Una niña malcriada que simplemente quería tener atención todo el día fuera de quien fuera? Solo esperaba que no fuera ni la mitad de terrible de lo que podría llegar a ser, porque si por algo me caracterizo es por tener, quizás, muy poca paciencia. De verdad, me desesperaba demasiado rápido y eso quizás pueda que sea demasiado malo para mi trabajo. Pero, vamos...esta vez debía de tocarme algo bueno. Tengo un presentimiento y espero que sea bueno. 

Abrí mis ojos con sorpresa cuando después de firmar el contrato me pasaron el informe de la chica a la que yo tenía que proteger. La verdad, me parecía un poco subrreal que una empresa que daba novias falsas, contratará a una empresa seria como la mía para algo así. Pero realmente, aprecía que todo lo de ellos estaba en regla, que eso era legal y que me tocaría cuidar de una de esas chicas. No creía que fuera un trabajo dificil, seguramente todos los chicos que necesiten de esa atención sean uno fracasos que estarían huyendo lejos de mi con miedo a la primera que me fuera contra ellos. Así que, quizás era más relajado de lo que pensé. Pero esa sorpresa de mi rostro se debía al nombre que estaba en el informe.¿Cuantas Kouda Chiyo podía haber en esta región?¿Cuantás podían llamarse igual que la hermana menor de mi mejor amigo? Esa niña...Bueno, Chiyo había crecido, bastante y para mejor. Pero seguía siendo la hermana pequeña de mi mejor amigo, practicamente la había visto toda mi vida como una hermana, y la trataba como tal. Pero...la última vez que la había visto me pareció ver algo diferente en ella, ella me volvió algo. Y no quería seguir chocandome con ella a menudo-como antes- porque sabía que no traería nada bueno. Pero...¿por qué estaba pensando en ella? Era imposible que esa chica aunque se llamará igual fuera ella. No, no podía serlo. Solo estaba exagerando mis expectativas y mi lógica.

Me dirigí hacia el restaurante que me mandaron. Y en cuanto voy a entrar, me paró. Reconozco esa cabellera en cualquier lugar. Recibo un mensaje en mi móvil, es la foto de mi nueva "protegida". Es ella. ES ELLA. ¿Que coño hace Chiyo trabajando de esto?¿Qué hace ella dedicándose a tener novios de mentiras? Por dios, ella había cambiado bastante, se había convertido en una mujer y podía tener el chico que quisiera. Esperen...¿yo realmente estoy pensando en ella de esa forma? Ug, realmente me siento frustrado conmigo mismo en estos momentos. Ni siquiera entiendo que estoy diciendo, a donde quiero llegar. Aún así, aunque ella solo fuera la hermana de mi amigo, no podía permitirle verla trabajando en un sitio así. No me gusta la idea, no me hace gracia. E iba a dejárselo bastante claro aunque eso significará que ella dejaría su trabajo y por consecuencia, el mío también se acabaría.[...] Me había mantenido un poco alejados de ellos a todo momento, poniendo mis manos en los bolsillos delanteros. Realmente no quería interrumpir, primero porque no me sentía cómodo con eso. Ese hombre no me caía nada bien y eso que ni siquiera lo conocía. Arrugo el ceño,¿cómo ella puede estar dándose la mano con un desconocido así como si nada? Justo cuando ese hombre desaparece de mi vista, le hago saber a Chiyo que estoy detrás de ella con un mensaje, mientras me mantengo cruzado de brazos. ¿Una explicación? ¿Yo le debía una explicación a ella? Creo que se estaba equivocando.

Arrugué el ceño  y luego alce una ceja para terminar echándome a reír. Negué levemente sin poder evitarlo y mi mirada se centro en ella, fijándola a la de sus ojos. Poniéndome ahora más serio.-¿Yo te debo una explicación? Sabes que trabajo de guardaespaldas, creo que necesitas más explicación que esa.-Comento encogiéndome levemente de hombros y ahora me cruzo de brazos.-Ahora esta claro que tú si que me debes una explicación a mi.-Suelto de repente, quizás suene algo brusco y bruto, pero solía ser así. Más cuando algo no me gustaba. No me gustaba su trabajo, no me gustaba que pudiera ser "novia" de diez tios diferentes a la semana -o más- y que ella quizás...disfrutara con eso. No, no era de mi agrado.-¿Desde cuando haces esto?¿Desde cuando...te dedicas a tal basura?.-Preguntó sin rodeos. Eso parece cabrearle un poco, me hace saber que su trabajo no es una basura y yo simplemente ruedo mis ojos.-¿ Acaso se puede considerar como trabajo estar pasandote y haciendo no se que cosas más con desconocidos que no son lo suficiente hombres como para conseguir una chica por si solos?.- Digo con una mueca de desagrado y niego otra vez con mi cabeza escuchando sus palabras. Ella me estaba debatiendo todo, yendo en contra de lo que yo decía.- No creo que a tu hermano le haga gracia saber que estas metida en esto.- Eso la deja completamente callada, lo que agradezco porque a veces me dan gana de conseguir algo para que ella se callara. Chiyo solía ser muy terca y testaruda, le gustaba ganar siempre en lo que creía que ella tenía razón. Era imposible pararla. Menos...con eso. Sabía que influencia tenía Takasugi en ella, en su familia.-No me agrada a mi, asi que me puedo imaginar a él.-Suelto sin ni siquiera medir mis palabras, sin darme cuenta que había soltado que me importaba lo que ella estuviera haciendo. Que otros tuvieran su atención...Joder, esto tenía que ser porque la veía como una hermana pequeña,¿no? Estaba actuando como Takasugi lo haría con ella,¿verdad?. Si, quería convencerme de que eso era lo que estaba haciendo exactamente.- Vamos, esta comenzando a llover y no quiero empaparme...Hablaremos esto del coche mientras te llevo a casa. He quedado para estar un rato con tu hermano allí.-Le explico y antes de que pueda decir nada o retroceder, cojo de su brazo y la llevo conmigo. No pensaba dejarla ahí. Primero porque aún después de que esto no me gustara, debía seguir protegiendola, y porque no pensaba dejar que ese hombre viniera para volver con ella e intentar algo que le dejaría mi puño marcado en su cara. No. Ella se iría conmigo. Teníamos mucho de lo que hablar, y de llegar a un acuerdo.No pensaba echarme para atrás en lo que pensaba, no...a no ser que pasará algo que llegará a hacerme cambiar de opinión y ponerme de su parte. Eso era una locura.
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Re: ➠I'm foolish enough to want you to love me.

Mensaje por bultaoreune el Miér Abr 05, 2017 4:12 pm

Una de las mayores mentiras de este mundo es pensar que todo lo que pasa en las películas se hace realidad o que en si ya es real. A veces sale que la vida de una princesa -o reina- es completamente feliz, como si ya solo por el hecho de tener esa etiqueta a todas les pasara asi. O por otro lado, era todo lo contrario, era todo horrible y escapaba y conseguía vivir feliz sin todo lo que le tocaba. Mi realidad, no estaba en ninguno de los dos extremos. Al menos, no lo estuvo hasta ahora. Es cierto que ser princesa tenía sus cosas buenas, muy buenas, sus privilegios y sus virtudes. Pero, también traía consecuencias, problemas, mucho sacrificio. No había sido fácil tener que aprender todos los idiomas que tuve que aprender, no había sido fácil crecer apartada del mundo, no había sido cómodo tener que saber estar desde muy pequeña. Seguir un cumplimiento de comportamiento, no poder escaparte de casa como cualquier adolescente, ser vigilada las veinticuatro horas del día. Aún así, nunca me queje porque siempre pensé que una cosa compensaba la otra. Siempre quise creer que todo lo bueno de mi vida compensaba lo malo. Pero había puntos que eran imposibles de ver como buenos. Y justo cuando mis dieciocho años llegaron, el mayor miedo de mi vida en la realeza, apareció ante mis ojos; el casamiento por obligación, casarme con quien estaba predestinada a hacerlo. Creo que no hubiera sido un problema si ese hombre al menos me gustará un poco, o si no me estuvieran quitando parte de mi vida para unirme a un hombre y verme atada desde tan temprano. Al fin y al cabo, mi hermano era el heredero al trono, no yo. Pero aún así- y sabiendo que mis padres no lo hacían a posta, si no que era lo que mandaba lo que una vez se pacto- yo debía de casarme con Ryu. Y no, no pensaba permitir que decidieran siempre sobre mi vida. Era hora de cambiar las cosas.

Sabía que no había estado bien huir. Sabía que no había estado bien robar dinero-que era mio en parte- y haber sido ayudada por uno de mis amigos dentro del palacio para escapar de allí. Conseguir una identidad falsa no había sido fácil, pero ese mismo amigo que me había ayudado a salir del palacio y que guardaría mi secreto de donde estaría, me había ayudado a conseguirla. Mi apellido había cambiado, mi nombre se había mantenido intacto. Sabía que saldría en muchas noticias, por todo el mundo, y mi apellido me delataría mucho antes de que mi nombre lo hiciera. Además, quería seguir llamándome como me gustaba. Mi cabello cambió, pasando de moreno a castaño. Y de pronto me vi en aquella ciudad enorme y completamente desconocida para mi. Había demasiada gente, demasiados lugares que no conocía, y lo que más agradecía era todos los idiomas que conocía y que ahora podía comunicarme con las demás personas con facilidad. Me estuve quedando en un hotel un par de días, hasta ahora estoy en él, pero sabía que no podía seguir así. Debía de irme a un sitio algo más..."estable". Porque el día en que mis padres decidieran mandar a sus tropas a buscarme en New York, los hoteles serían revisados y sería encontrada, y eso no era lo que quería. No es que me estuviera yendo del todo bien, no hacía más que perderme, no sabía a donde ir exactamente, y todo era un caos para mi. Pero, necesitaba seguir adelante, eso era lo más seguro que tenía. No quería volver, no quería aferrarme a un futuro predestinado para mi.

No estaba entre mis planes que el batido que me estuviera tomando terminará en la camisa de aquel alto chico moreno. Pero...así fue. Mi cabeza se levanto con miedo, e hice una pequeña mueca cuando me llamo de aquella manera. Bueno, puede que si fuera pequeña, pero él era bastante alto, y..atractivo y...sacudí mi cabeza y me disculpe entre murmuros para alejarme del chico. No quería armar escándalo en estos momentos, no pretendía que fuera descubierta por tirarle un batido a un chico en una camisa. Suspiré ante sus duras palabras y simplemente me mantuve quieta y callada hasta que lo vi marchar. ¿Qué clase de chico borde era él? Era el primer "problema" que tenía al llegar aquí, y esperaba que no me siguieran pasando cosas de estas. Debía de dejar de ser una torpe.

Una sonrisa se instaló en mi rostro en cuanto me llego la publicación de que se buscaba compañera de piso. En realidad, me la había mandado Kaguro-mi amigo de palacio- que estaba bastante atento a lo que hacía o no con mi vida. Apenas tenía una maleta de ropa, por lo que no me costaría mudar mi equipaje para donde estuviera el apartamento. Lo único que me echaba un poco para atrás era que conviviría sola con tres chicos más, pero Kaguro dijo que eso podía ser una ventaja, pues los chicos veían menos prensa "rosa" que las chicas, y me aseguraría más que ellos no me reconocieran. Así que, llame al número en pantalla y tuve un encuentro con el chico que había puesto el anuncio que nosotros habíamos encontrado. Shuko. [...] Shuko parecía ser un chico bastante centrado, parecía saber lo que quería y a donde quería que su vida se dirigiera. Él me explico que su compañera de piso se había ido sin más, sin avisar, y que sus otros compañeros eran un tal Aya y otro chico que se llamaba Kou. No se en que momento llegue a convencerlo de que era la indicada para ser la nueva inquilina, pues tampoco es que estuviera muy acostumbrada a hablar de esas cosas. Simplemente, llego un momento en que él me estaba extendiendo su mano para estrecharla con la mía, y luego se ofreció a acompañarme a mi hotel para coger mis cosas e instalarme cuanto antes en el apartamento. Bueno, quizás eso sonaba algo precipitado, pero no le veía nada malo,¿no?.

-Ya he vueltoo.- Grito con alegría Shuko mientras abría la puerta y me invitaba a pasar. Arrastré mi maleta tras de mi, a la vez que pasaba con timidez. El apartamento se veía enorme, aunque...no era un tamaño que pudiera sorprenderme desde donde yo venía. De repente, agudice mi oído y oí un par de gritos, dos voces diferentes; dos chicos. Unas pisadas se escucharon y de repente tuve a un chico rubio delante de nosotros. Él me escaneo con la mirada, mirando de arriba abajo y yo me sonroje levemente, bajando mi cabeza y escondiéndome un poco detrás del chico que ya conocía.-¿Y ella quien es?.-  Preguntó este acercándose y provocando que Shuko se alejara de mi. Mis mejillas se volvieron más rojas y Shujo le dio un pequeño golpe.-No la acoses. Es nuestra nueva inquilina, Aisaka Khiara. Khiara, esté es  el molesto de Aya- comentó el primero con una sonrisa y el rubio río escandalosamente.-¿La has traído ya sin consultarlo a nosotros? Ya veras cuando Kou se enteré -soltó Aya y otra voz preguntando de que tenía que enterarse, se oyó al doblar la esquina del pasillo. Seguía con la cabeza gacha cuando escuche ese apodo otra vez. "Pulga". Levanté mi cabeza al igual que mis ojos con delicadeza, con lentitud y lo ví. De nuevo. Al chico que había manchado en aquella cafetería. Kou. Oh dios, ahora si que estaba nerviosa.

Jugué con mis manos esperando a que los tres chicos volvieran cuando el moreno que ya conocía por mi torpeza se los llevo a la sala para hablar. Decidí dejar la maleta contra la pared, y sentarme encima de esta, apoyándome. Puede que a ese chico no le hubiera gustado que le echará el batido por encima y no me quería allí, lo entendía. Nadie quería a una chica que parecía tener diez años menos de los que tenía y que era una completa torpe. Aunque, ya le había pagado a ese chico tres meses de alquiler por adelantado. Me puse en pie de inmediato en cuanto un carraspeo me devolvió a la realidad y vi al castaño de Shuko frente a mi.-Vamos, te enseñaré todo el piso y tu habitación.-Dice con una sonrisa y yo asiento para levantarme e ir detrás de él, intentando no tropezarme con nada y dejar mi torpeza a mayor vista.

Había permanecido en la habitación, sin querer salir. Tenía algo de miedo a enfrentarme a esos tres. No conocía a nadie aquí, quizás ellos podrían ser lo...más cerca a amigos que podía tener, pero no estaba segura de si eso pudiera resultar. No quería molestarles, no quería agobiarles en ningún momento. Sabía que a partir de ahora tendría que aprender a limpiar, a cocinar y..a un sin fin de cosa que sabía que me traerían dolor de cabeza y que no serían fáciles. Cuando oí que todo estaba en silencio, salí de la habitación. Me di una ducha en el baño que supuestamente era para mi- y que sabía que otro de los chicos también lo usaba, pero no estaba seguro de cual- y me puse un pijama corto pues hacía algo de calor. Recorrí el apartamento con sigilo, hasta llegar a la sala. Observé los grandes ventanales que había, y me senté en el borde que había en uno de ellos-eran como asientos-. Abracé mis piernas y coloqué mi cabeza en las rodillas para mirar hacia el exterior. Era una ciudad con muchas luces, demasiadas. Se veía realmente bonita la ciudad, se veía tranquila. Yo quería sentirme igual. Pero...¿Cómo iba a hacerlo? Sabía que no me iba a ir muy bien y que...mis padres estarían sufriendo, al igual que mi hermano mayor y mi familia. No quería sufrir ni hacer sufrir a nadie, pero esta vida no es tan fácil. Me sobresalto en cuanto oigo una voz decir algo, lo que provoca que caiga al suelo por  no apoyarme del todo bien en donde estaba sentada. Toco mis muslos y mi trasero, pues realmente me ha dolido el golpe. Y entonces levanto mi cabeza para observar frente a mi al chico moreno del piso.- Hola...-Digo y sin más me levanto del suelo.-¿Te he despertado? Lo siento..yo..estaba intentando no hacer ruido y..-Me calló porque siento que realmente a él no le importa, o que le estoy aburriendo y suspiro.-Siento..lo de esta mañana...Lo del batido, no era mi intención. Te compraré una camisa nueva si es necesario para disculparme.-Digo intentando hablar, intentando sacar el miedo que me recorría.¿Por qué me sentía tan nerviosa hablando con él? Vamos, es una boberia, debo saber llevar esto, debo poder hablar con él como con cualquier otro.-Creo que aún no nos hemos presentado bien... Soy Aisaka Khiara.-Me presentó, sintiendo como mis mejilla se sonrojan al mantener mi mirada con la de él. Esta sensación...es nueva y extraña para mi. 
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Mensaje por Aislu el Mar Abr 11, 2017 6:15 pm


MabuchiKou
Lo que menos esperaba para finalizar el día era que la nueva inquilina resultara ser, ni más ni menos, la diminuta chica que me atacó en la mañana. No quería que sonara como si le guardara rencor sólo por arruinar una camiseta cualquiera, era el hecho de que a simple vista se notaba lo inexperta, temerosa y torpe que era, peor que cualquier joven que llega sin saber nada a la ciudad. Había pasado por lo mismo, los chicos también, pero estoy completamente seguro de que ninguno daba tanta pena con solo pararse ahí, como ella. Se podía resumir en pocas palabras: era irritante. Podría ir a quejarme con Shuko, usar la excusa de que hizo todo eso sin hablar con nosotros antes, para así sacarla de nuestro departamento y buscar a alguien que no ponga todos mis nervios de punta con su sola presencia; la culpa no me deja, mi consciencia me recuerda que en mi momento, cuando viajé de un país a otro, de continente a otro, la vida fue un infierno y encontrar algo tan simple como un techo propio me tomó meses, tantas puertas que se te cerraban y no podías hacer nada al respecto… Además, Shuko dijo que ya había pagado unos cuantos meses por anticipado y tener su dinero guardado para alguna emergencia nos aseguraría por un tiempo, mientras hacemos cálculos de cómo alcanzar la renta entre todos ahora que Futaba no estaba, era la que más ganaba de nosotros, por lo que había sido tan amable de dar más de lo que le tocaba.

—Está bien. Puede quedarse. — era el único que no estaba de acuerdo, por lo que en cuanto yo acepté se volvió definitivo: Aisaka Khiara viviría a partir de ahora con nosotros. Shuko me miró como siempre lo hacía al “entrar en razón”, con ese brillo de siempre estar en lo correcto y de cansancio por tener que luchar contra mi terquedad, Aya, mientras tanto, festejaba porque ya no tendría que trabajar de doble turno en plenas vacaciones. Bien, podía soportarlo si de esa manera las cosas continuaban como son en el departamento, que no se derrumbara todo por la salida de alguien y la entrada de una completa desconocida. Que, por cierto, Kou. Khiara dijo que no conoce muy bien la ciudad y tú estás más libre mañana ¿no es así? Puedes enseñarle los alrededores.Estaba listo para regresar con Khiara y que le dieran las buenas nuevas “¡El amargado te aceptó, pulga!” podría decirle, muy bien cargado de sarcasmo y pocos ánimos, sin embargo, Shuko me detiene y suelta información importantísima sin cuidado.No queremos que nuestra nueva inquilina se pierda cuando recién se instaló ¿verdad?no por nada Aya es mi favorito, consentido y mejor amigo, no trabaja tanto su cabeza como para aprovecharse de mí y así sacarse responsabilidades de los hombros, para pasarlas a alguien más. Él se conforma con un almuerzo y salidas en grupo; Shuko es el cerebro de nosotros y siempre utiliza eso en nuestra contra. —No, no lo queremos. — hay que admitirlo, no tenemos el intelecto para defendernos. No lo tiene Aya, no lo tengo yo. Por lo que no queda más que aceptar a regañadientes el volverse el guía turístico de la pulga. Por lo menos hasta que encuentre una excusa perfecta para defenderme sin ningún punto ciego. Mientras tanto, llevemos a la pequeña por las calles de New York para que se vaya dando una idea del asombroso lugar al que acaba de mudarse.

Por desgracia, no encuentro ninguna excusa por mucho que busco. Son vacaciones, por lo que todos aprovechamos para trabajar más. Shuko tiene su empleo en la librería dos calles abajo, luego tiene su grupo de estudio hasta tarde los lunes, miércoles, jueves y viernes. Aya en el restaurante, pero dedica sus tardes al proyecto que debe entregar reanudándose las clases. Yo, por desgracia, trabajo en las mañanas en la oficina, solo que ese trabajo es de todo, menos pesado, y las tardes las tengo libres si es que no sale un ensayo o nos piden tocar en un bar sin aviso anticipado. Toda mi agenda grita “Puedo hacer de niñera” por muy tarde que me quede despierto buscando un día que ellos tengan disponible. Me doy cuenta de que es imposible al ver la hora y mi fracaso es inminente. El fracaso aumenta y se burla de mí al encontrarme con la causa de todo esto, aunque me da un premio de consolación al verla caer de manera tan ridícula. Es divertida, hay que admitirlo, su torpeza supera los límites establecidos para alguien de su tamaño. Oh, ojalá pueda decir eso en voz alta pronto. Habla un poco más, no tengo idea de qué, pero como al final dice su nombre ¿tal vez quiso arreglar el asunto del batido? Es lo obvio, quiero pensar. “¡Vamos a empezar desde cero!” toda una optimista. —Mucho gusto, pulga. Soy Mabuchi Kou. — le queda bien el pulga, de maravilla. No soy muy de dar apodos, pero por las circunstancias en las que nos conocimos tiene sentido ¿no? Es imposible no darle ese mote con lo pequeña que es ¿hasta donde llegará su cabeza? ¿mi hombro, a lo mucho? No, eso es demasiado alto. —Y no quieras comprar una nueva, acabo de checarla y está en perfecto estado, son sorprendentes los trucos de lavandería ¿no? — Okay. No tengo ni idea de qué decirle, y ella ni se inmuta con mi broma ¿Qué no entiende de esas cosas extrañas como poner medio refrigerador en tu ropa y voilá, como nueva? Comienzo a preguntarme de dónde viene ¿debajo de una roca? —Ah. Mañana vienes conmigo, dijo Shuko que no conoces por aquí y yo estoy libre… medio libre. Así que prepárate, lleva un cuaderno para tus notas o algo, para que no olvides lo que te diga. — y me río de mi propio chiste, porque ella no entiende ninguno. Doy una última mirada a su figura, diminuta, y doy media vuelta para hacer lo que necesito con urgencia: dormir. —Nos vemos, pulga. —

El día va mal desde que comienza. Primero, despierto antes que la alarma y eso nunca indica algo bueno. Segundo, tomo una ducha para descubrir que a quien le pasaron el baño es a la pulga ¡No tenía por qué! Futaba compartía el baño con Shuko, Aya conmigo, ¿de quién fue la idea de cambiar toda la organización? Pero me hago una idea cuando media hora después, encuentro en el comedor del departamento a Aya sin poder mirarme, soportando carcajadas, mientras Shuko finge inocencia y Aisaka sigue con el rostro encendido sin señales de bajar de intensidad. Vaya, Kou, gritas como una chica.se burla en cuanto tomo asiento en frente suyo. Muy bien ¿entonces Futaba era aquello que mantenía la paz en este departamento? Eso parece, por lo que tomo de mala gana su sándwich a medio comer y el yogurt bebible de Shuko, indicándole con la cabeza a la pulga que salga conmigo. —Ni una palabra de lo sucedido. — declaro mientras bajamos por el elevador. En mi defensa, cualquiera grita si entran sin aviso mientras toma una ducha. Cualquiera. Hasta los estúpidos que siguen riendo allá arriba. —No. — y lo recalco, acusándola con el dedo de mi mano menos ocupada, la del sándwich, en cuanto veo su intención de abrir la boca. No requería escucharla en este momento, y ojalá eso la mantenga callada todo el día. —Primero pasaremos a mi trabajo, sólo tengo que recoger unas cosas. Luego te muestro las calles. — era perfecto. La oficina donde trabajaba quedaba muy cerca del departamento, casi a la misma distancia a la que se encontraba el café de ayer. No tenía por qué ser complicado, pero ella tenía que hacerlo. No llevábamos ni diez metros recorridos y ella ya se ha disculpado con la mitad de New York. Choca, se detiene, choca, se disculpa y le da miedo seguir caminando. Por. Qué. Ni los ancianos se toman tanto tiempo en caminar por las calles. —Bien, primera lección para ti, pulga: cómo caminar por las calles. — ¿puedo dejar mi trabajo ya? Me meteré a clases de lo que sea, algún curso de verano ridículo de la universidad, concursos, lo que fuera para perder mi tiempo de ocio. Aisaka me mira con sus ojos gigantes y que no dejo de comparar con los de un niño de menos de 5 años, todavía inocente y sin saber nada del mundo. En serio, debió salir debajo de una roca. —Empuja o te empujan, o esquivas. Si te encuentras con alguien (y si esa persona es decente) tienen que moverse en la dirección contraria. Si se te hace muy difícil, cuando choques con alguien muévete siempre a la derecha, y ya. — esto era de lo más básico ¡mi madre me lo enseñó desde pequeño! Cuando salíamos a comprar algo. Había crecido en Tokio, sí, pero hasta en las pequeñas ciudades hay partes donde se junta mucha gente ¿no?


Con papeles en mano (mi siguiente trabajo, para enviar esta misma noche, por dios) me reencuentro con Aisaka en la recepción de la oficina, y suelto una fuerte risa al verla mirar la máquina expendedora con tanta añoranza. —¿Tan rápido tienes hambre? — debí dar en el clavo, por como su rostro se vuelve a encender y no dice nada más… nada. Vuelve a picarme en la nuca la culpa, por la posibilidad de que tomara en serio mis palabras de antes. Aunque yo hubiera querido que lo hiciera. Qué problema. Dejo los documentos en una de las sillas que están ahí y saco un billete de cinco dólares, igual tenía hambre y no estaría mal tener una merienda mientras le enseño más la ciudad. —¿Qué es lo que quieres? — pregunto y de nuevo termino comparándola con un infante, por la manera en que mira todas las opciones y luego señala lo que más le gusta, con una sonrisa gigante. De verdad ¿de dónde salió ella? Ni el más inexperto recién llegado se le compara. [. . .] Con las nuevas meriendas en mano salimos del edificio y caminamos unas cuantas calles abajo, por donde quedaba la tienda en la que trabajaba antes y a unas calles más de la librería donde trabaja Shuko, mientras lo hacemos voy explicando como puedo “para allá venden deliciosos pasteles” “no vayas en esa dirección, tiene mala pinta y es de mala pinta” y otras cosas más, pero casi dejo caer todo al ver como ella comienza a anotar todo en una libreta. —No esperaba que lo tomaras en serio. — consigo decir cuando se van calmando mis risas, mas bien, cuando puedo tomar aire después de matar a mis pulmones al reírme sin descanso. Qué tipa tan más tonta, o ella misma reconocía su torpeza. —Por cierto, pulga ¿Vas a trabajar? ¿vas a entrar este siguiente semestre? — tenía curiosidad, quién sabe cuánto tiempo iba a vivir con ella por lo que tenía derecho de saber lo que hacía. Por supuesto. 
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Mensaje por Aislu el Mar Abr 11, 2017 9:46 pm

KoudaChiyo
No soy pesimista, pero ante todas las palabras de Kamui veo caer todos mis planes poco a poco, puedo verlo contándole a Takasugi y a él armando el drama del siglo al enterarse de mi trabajo, no me toma trabajo imaginarlo gritando por toda la casa y pidiendo que renuncie en ese mismo instante, sin darme la oportunidad de explicarle cómo son las cosas, creyendo ciegamente en su queridísimo amigo. Admitía lo tétrico que era el trabajo, pero era imposible conseguir un trabajo que ellos acepten cuando estoy en plenos estudios ¿de camarera? ¿qué es eso, Chiyo? ¿en un lugar de comida rápida? ¿Con qué tipo de gente te relacionas? A cualquier empleo de medio tiempo le veían su lado malo, solo eso. Takasugi trabajó de lo que fuera, y nunca nadie puso objeción alguna, pero en cuanto yo doy a entender que quiero trabajar, nada es lo suficientemente bueno para mí, todo da a entender que tendré un mal futuro, que mi imagen y tanta tontería sin fin. Tenía que pensar en algo rápido, para que él decidiera no hablar de lo ocurrido y pudiera trabajar solo un poco más ¡No le iba a dedicar mi vida a esto! No estaba dejando mis estudios, o descuidándolos, por enfocarme en este trabajo, de verdad que no veía el problema en todo esto, problema si fuera alguna de mis compañeras torpes que son acosadas. Jeh. Creo tener una idea de lo que puedo decir, Kamui se parecía un poco a mi hermano, siempre han sido igual de molestos, y con el tiempo he aprendido que si juegas con sus nervios constantemente, al final terminan perdiendo la calma y eso los lleva a no pensar muy bien lo que están haciendo. —Me sorprendió que fueras de los que contrató la empresa. — comienzo casual. Lo bueno era que vivíamos casi a las afueras, por lo que tenía tiempo de sobra para hablar con él y que nuestra conversación no se viera interrumpida por la llegada a casa, en ese momento tendría que olvidar el tema para que no saliera en plena presencia de Takasugi. —Aunque creo que lo escuché de Takasugi, renunciaste a tu último trabajo ¿no? Creo que era cuidando a la hija del juez Odagiri. — ¿era una mala jugada? Ni idea, pero el poco tiempo estudiando derecho, las conversaciones de mis padres y el ambiente en el que comenzaba a desarrollarme me decían que esto podría traerlo problemas a Kamui, y me encantaba la idea. —Lo cual es gracioso porque el señor Odagiri comenzó a dar clases en mi universidad desde el anterior semestre, hace poco mi clase salió a tomar con él y al consumir de más decía mucho de su vida personal. — oh, es tan bueno para disimular como todos los chicos que conozco, fuera del trabajo claro. Pero algo me decía que tal vez estaba en lo correcto, que lo que había escuchado no era tanta mentira como creí. — Su hija no deja de echarle en cara que la separó del amor de su vida, pero él no tiene idea de a quién se refiere, pero dijo, y cito: “si me enterara de quien es, destruiría al bastardo por corromper a mi pequeña”. —

Faltan por lo menos otros quince minutos antes de llegar a mi hogar. Puede que incluso veinte o más por como se ve el tráfico, y me cae como anillo al dedo para continuar. Las historias coinciden, Kamui tenía poco tiempo en ese trabajo y de un día a otro lo dejó, cuando siempre que lo hacía lo pensaba mucho tiempo o era simplemente porque el contrato terminaba. Además, en sus trabajos guardaba cierto anonimato ¿no? Por lo que no sería raro que el juez no lo encontrara hasta ahora, o que no tuviera ni idea de quién fuera, lo único de lo que no tenía dudas era el asunto con su hija. Desde corta edad Kamui fue todo un mujeriego, viviendo de encantar a las mujeres (y ahí caía la pena de mi vida, entraba entre ellas) por lo que era de esperar que entre sus trabajos sacara una que otra conquista. Daba igual, mi único interés era que no se lo hiciera saber a Takasugi. —Vamos, Kamui. — estamos en una parada en pleno centro de la ciudad, por lo que no tendrá que mirar al frente por unos cuantos minutos. En cuanto su mirada se fija en mí arrugo el ceño y alzo una ceja justo como hizo él cuando me habló al encontrarme. —No he tenido problemas hasta ahora. Todo esto de la protección es por las que han renunciado ante los acosos, lo cual pasa cuando das tu nombre verdadero y no te cuidas en absoluto. — no es que quisiera culparlas a ellas por lo ocurrido, pero yo estaba pagando por eso. Si lo hubieran hecho como se debía, tal cual lo hemos hecho nosotras, no se habrían visto en la necesidad de contratar seguridad, de contratar a Kamui en específico. — Lo voy a dejar pronto ¿no leíste? Mi contrato termina en tres meses. — odio enfrentarme a alguien tan terco y estúpido, pero no podía cansarme y dejar de hablar, si nada de esto funcionaba tendría que pensar con seriedad una manera en la cual mi hermano no se tomara tan mal la noticia.

—Sería como hicimos muchas veces, decirle a Takasugi que mi mamá no compró de sus dulces favoritos para que tú los escondieras y nos los comiéramos a escondidas. — eso era divertido, y seguramente fue durante ese entonces que comencé a verlo como al príncipe en el corcel. Era pequeña, quiero defenderme con eso, y el único niño con el que hablaba más allá de con mi familia era él, una que otra vez me incitaba a realizar travesuras en contra de mi hermano y pensaba que era genial, lo seguí haciendo por mucho tiempo… y no debería de estar pensando en eso, menos cuando reconozco las calles en las que entramos, en menos de un minuto estamos ya en casa y no tengo ni la más mínima idea de si él guardará silencio o no. Es una lástima, pero en ese momento el asunto debe quedar en el olvido, no quiero arriesgarme a seguir discutiendo hasta la puerta y que Takasugi llegue a escucharnos. —Aunque fue muy lindo que te preocuparas por mí. — ¿creyó que no me había dado cuenta? Solo en eso no se parecía a él, Takasugi gritaba a los cuatro vientos lo preocupado que está por mí. [. . .] Hace unos años me habría preocupado al verte llegar con él.tengo ganas de responderle un “yo igual, estaría gritando y poniéndome en vergüenza” sin embargo únicamente me río y sirvo cuanta chuchería puedo en mi plato, había que aprovechar los días en los que él invitaba a sus amigos y traía consigo comida chatarra de todo tipo. Trataría de relajarme un poco, no iban a estar ellos dos solos, escuchaba desde aquí las voces de todos sus amigos por lo que no creía que le contara de eso en frente de todos… quería pensar.Ya sabes, con lo enamorada que estabas. Ahora no te importa nada, arruinaste mucho tu gusto con él. —  Y ahí reímos ambos. Por algo Takasugi es mi talón de Aquiles, en toda mi vida nadie me ha importado tanto como él, nos llevamos de maravilla, ni siquiera las hormonas de la pubertad nos separaron, o así dice él.

Es casi como en el instituto, los ruidos que provienen de la habitación de Takasugi resuenan en la mía por más que suba el volumen de mi música, utilizar auriculares tampoco funciona. Recuerdo esos días, en los cuales la mayoría de las horas me las pasaba pensando en si salir e ir a saludar o no, nunca lo hacía por la vergüenza que siempre cargaba conmigo, y ahora no lo hago porque no me importa en absoluto lo que haga él con sus amigos. Los conozco a todos y lo único que me provocan es la duda del por qué escoge amigos más estúpidos que él, pero está claro que no es divertido tener amigos más inteligentes. Esta noche en verdad se parece a las de esos años, coincidiendo incluso en que mis padres están fuera en algún evento de beneficencia por el cual llegarán hasta mañana a medio día, lo que mi hermano aprovecha para meter a todo su grupo de amigos en la casa, sin importar si ellos le agradan a nuestros padres. Notando todo esto veo los pocos cambios en tantos años, que seguimos siendo los mismos y son diminutos los detalles en los que hemos cambiado… no debería de ocultarle esto, antes no había cosa que no le contara. Si Kamui no se lo contaba y aceptaba no decirlo hasta que dejara el trabajo, yo misma se lo contaría.


—Estoy segura de que no acordamos punto de reunión. — suelto cargado de sarcasmo en cuanto quedo cara a cara con Kamui al salir de mi habitación. Yo sólo quería ir por más bocadillos ¿de verdad tenía que encontrarme con él? Ya lo vi demasiado en el día, debería de cambiar puestos con mi yo del instituto. Disfrutaría de una vida en la que ninguno sale de la habitación donde se encuentra. Como aún no recibo respuesta, vuelvo a imitarlo al alzar la ceja, decido que es divertido. Muy divertido, porque seguro me veo igual de ridícula que él cuando lo hizo. —Iba por más comida. — es lo último que digo antes de dejarlo atrás rumbo a la cocina. Sin duda alguna es de las personas más difíciles de tratar que conozco, o nunca tratamos como se debía como para conocernos bien. Como fuera, si no estaba ahí para decirme si le contó todo a Takasugi o no, no me importaba en lo más mínimo la razón por la que estuviera ahí… o la razón por la que ahora esté en la cocina conmigo. Una vez mi plato se encuentra de nueva cuenta lleno hasta el tope de comida, así como la nueva lata de refresco en mi mano, me giro para mirarlo por última vez, esperando que ahora sí soltara al menos una palabra. —¿Vas a decirle? — Está bien, ya no tenía el tiempo o la paciencia para esperar su respuesta. Hoy mismo me entregaron mi agenda, tengo otras cuatro citas esta semana, así como pueden salir más entre los días, y si me va a obligar a dejarlo por lo menos que tenga la decencia de avisarme con tiempo. No quiero llamar una hora antes a la agencia para decir “Saben, el guardaespaldas que contrataron hizo que renunciara, busquen a otra chica para todas las citas que tenía programadas.”
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Mensaje por bultaoreune el Sáb Abr 15, 2017 8:17 am

¿Choyi me estaba chantajeando o... era todo cosa mía? No no, estaba claro. Ella me estaba chantajeando. Guarde mi sorpresa por todo el camino, porque eso fuera así, para que no se notara que estaba sorprendido de eso. ¿Desde cuando se había vuelto tan espabilada en ese sentido? Me había dejado un poco parado con todo eso que me había dicho. ¿Realmente se atrevería a dejarme sin este trabajo- y posiblemente arriesgándome a que no me volvieran a contratar en ningún sitio.- solo por mantener un trabajo del que no le quedaba mucho tiempo? Ella podía trabajar en muchos otros sitios, mucho mas... decentes que ese. Y no era solo por el hecho de que fuera decente o no, si no por el hecho de que empezaran a acosarla, de que la buscaran... ¡A saber quienes eran los degenerados que necesitan buscar novia por horas! La verdad, no me entraba en la cabeza. Nunca imagine que ella pudiera estar trabajando en algo así. No, no es que fuera algo tan grave, al menos si todo era como lo había visto en esa primera "cita" que había presenciado.  Pero aun así, no me gustaba. Crecía un sentimiento de acidez en mi interior por no dejarlo de pensar y... ella misma había descubierto que mi interés porque ella saliera de eso también se debía a una preocupación interior por querer cuidar de su persona. Pero... era una protección de hermanos,¿no? Si, de eso si que estaba convencido sobre todo lo demás. Y de lo que también estaba seguro, es que debía de hacer algo en contra de que ella me usara con ese chantaje para conseguir lo que quería, y si conseguir yo lo que quería. Takasugi debía enterarse de esto, me iba a apoyar. Aunque, por otro lado... no sabia si seria demasiado duro con Chiyo. Sabia que era capaz de contárselo a sus padres si su hermana se oponía a dejar el trabajo, y que los padres de la rubia se enteraran.. le traería mas problemas que simplemente dejar el trabajo. Vale, debía de plantearme todo muy bien en la cabeza y plantear todos los posibles casos que se podían dar tanto si contaba lo que ella estaba haciendo- de que estaba trabajando- como las posibilidades de lo que pasarían si no lo contaba. Vale, bien... creo que comenzaba a darme un terrible dolor de cabezas en estos momentos.


Mi cuerpo se encontraba al lado de todos los amigos con los que estaba compartiendo un momento ahora. Mientras que mi mente...se encontraba pensando a todo momento en la chica que estaba en la habitación de al lado. Mi vista se dirigía de Takasugi hacia la pared y vuelta a comenzar. No podía dejar de darle vueltas al asunto, lo cual es bastante fastidioso.  Se suponía que el día de hoy, sería perfecto, porque había comenzado en un nuevo trabajo y porque por ello habíamos quedado todos para celebrarlo entre nuestros juegos y nuestras bromas. Sin embargo, yo me encontraba bastante alejado a ese cometido que había tenido desde un principio. Unos dedos chasqueando en frente de mi cara me hicieron volver a la realidad y fruncí el ceño para apartar la mano de Ryu de delante de mi cara, nada más que para molestarme.-¿Se puede saber que te pasa? ESTAS DEJANDO QUE TAKASUGI GANE TODO.- Se queja este y yo simplemente bufo para echarme hacía atrá. - Simplemente...estoy pensando  en el nuevo trabajo- comento no dando una mayor información, no quiero que se me escape nada.-Ah si...me contaste que ibas a cuidar de una chica por su empresa..¿De que trabaja?.-Pregunta Takasugi aunque sigue concentrado en el juego, sin mirarme y yo suspiro de nuevo.- Es algo asi como..novia por horas..Algo, raro.-Comento arrugando la nariz y todos echan a reír haciendo bromas sobre eso. La conversación sobre el tema se acaba en cuanto el rubio, quien es el principal de la casa, habla.-No se quien podría dedicar a eso..¿ que tan aburrida y desesperada debe ser su vida?.- y esas risas, por ese comentario, son las últimas. Sin embargo, yo no emito ningún sonido. Estaba claro...que no le haría ni una pizca de gracia enterarse de que su hermana pequeña estaba en ese puesto. 

Salí de la habitación con la excusa de que iría a por algo más de comida. Aunque lo que realmente quería hacer era ir a hablar con Chiyo. Después de solo estar pensando en su situación, y en la mía, durante varios minutos. Quizás hasta habían pasado horas, no lo sabía con exactitud, había llegado a una conclusión. Aunque era una conclusión que tendría por el momento, y que en cualquier instante o por cualquier minucioso motivo podía cambiar. Nada más salir y cerrar la puerta, ella también lo hace y la sigo sin ni siquiatra decir nada. Siempre me ha gustado observarla y ver como en ella se ve una pizca de nerviosismo debido a mi intensa mirada sobre ella. Aunque...últimamente eso había desaparecido un poco, lo había notado. Y por muy extraño e ilógico que sonara, me molestaba en cierta parte que eso ya no fuera así. Cogí aire en cuanto ella hizo la pregunta que no paraba de hacerme yo mismo en mi cabeza. Y sabía cual era la respuesta y porque, aunque..en esta ocasión sería mejor que me guardará la mayoría de las razones de porque había llegado a esa conclusión. Rasqué mi nuca durante unos segundos y luego negué levemente.-No...Creo que es mejor dejarlo todo como esta..-Aclaro después de unos segundos de estar callado tras el primer no que había dado. La sonrisa en ella se nota, y yo simplemente, vuelvo a alzar mi ceja. Porque he notado que para ella es una clase de broma y de risas, y me gusta ver su sonrisa. Si, así era la realidad.-Pero...deberas seguir una serie de condiciones.-Añado, esta vez mi sonrisa aparece, tornando a traviesa y simplemente chasqueo mi lengua entre mis dientes para luego dar media vuelta. Sin nada más que decir, pretendo irme. Para ahora que ya todo esta aclarado, subir al cuarto de su hermano y comenzar a divertirme y olvidarme de todo. Sin embargo, ella pregunta que son las condiciones. Eh, ahí estaba la curiosidad que estaba esperando. Simplemente, giró mi cabeza para mirarla.-¿Que prisa tienes en saberlo? Te vendré a buscar en dos días que será tu próxima cita...y ahí te contaré todo lo que tengo pensado.- Le aclaro en estos momentos.-Y no hagas de las tuyas, olvida intentar chantajearme porque...yo saldré ganando.-Digo con cierto aire de superioridad y confianza, y termino guiñándole el ojo para ahora si, coger un par de chuches y subir de nuevo a la habitación. Con una sonrisa triunfante en mi rostro. Me encontraba más relajado.

Sonreí en cuanto ella se subió el coche y no se le veía muy contenta. Ya lo había dicho en alguna ocasión, Chiyo podía ser adorable cuando quería, chantajista- siendo una nueva faceta- cuando lo necesitaba y gruñona cuando le apetecía.- Cambia esa cara, si no...amargaras al hombre descerebrado que quiera tener esa cita contigo.-Digo en tono bromista, sabiendo que podía molestarla, pero en parte me gustaba verla enojada, y arranco para salir de allí. Sé donde a quedado, sé todo el recorrido que puede hacer y que no con ese hombre. Cada vez que tenía una cita,a mi me mandaban los mismos datos que ella obtenía. Para saber que era lo que tenían planeado hacer, quien era el hombre y tener mi vista sobre ellos a cada momento.- Vamos a empezar con las condiciones,¿te parece?.- le pregunto. Y antes de que ella dijera algo, se quejara o simplemente comentara un simple si, yo seguí hablando.-Quiero que seas consciente de que si tu hermano se entera de esto y sabe que yo lo sé...Me matara, asi que espero que no te comportes como una niña respecto a esto. Es algo serio.-Aclaro.- Primera condición; iras conmigo a todas las citas. Yo te recogeré, te dejaré en el lugar citado y te iras conmigo. Me aseguraré de dejarte en casa de nuevo.- Bien, esa era una buena opción,¿verdad?.- Segunda: si en algún momento sales de mi campo visual, me hablaras por el móvil y te quedaras en donde estas hasta que yo pueda verte de nuevo desde cualquier perspectiva.- ¿Eso sonaba algo obsesivo? Bueno, a la mierda. Necesitaba asegurarme que no le pasara nada en ningún momento ni por alguna razón.- Tercera: me harás una señal si quieres que intervenga en algún momento. Tanto si el tipo se pasa, como si te dice algo que no debe por muy leve que sea. Me harás una señal y te sacaré de todo eso...-Aclaro y sin más, termino aparcando a un lado de la carretera. Sorprendentemente, habíamos llegado bastante rápido.-Baja...tu romeo te estará esperando.-Comento con cierta burla. Ella abre la puerta, pero yo agarro su mano antes de que salga y la miro, bastante serio, a la cara. A sus ojos. ¿Por qué siento que me pierdo en ellos en algún momento?.Vamos Kamui, céntrate.- Iré a aparcar el coche, intenta no alejarte mucho de este sitio hasta que yo te mande un mensaje diciendo que ya he llegado...¿De acuerdo?.-Le digo y la suelto en cuanto ella insistí.-Chiyo....compórtate.-Le digo, y aunque el tono irónico esta en mi voz, se lo estoy pidiendo de verdad. Nunca se sabe con que idiota podía chocarse. Aparte de conmigo, el principal.
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Mensaje por bultaoreune el Dom Abr 16, 2017 7:34 am

Si ya había muerto de vergüenza en el momento que caí delante del moreno, imagínense entrar en el baño mientras él se estaba duchando. Su grito, realmente me asusto. Y agradecí no ver nada que no tenía que ver, porque entonces me hubiera caído ahí mismo. Salí casi corriendo. Pero..¿aquí no cerraban la puerta con seguro cuando estabas en el baño? SIEMPRE había que hacer eso. Las risas de los otros dos chicos, y su comentario sobre que habían cambiado ajustes de los baños por mi llegada, me dejo paralizada. Mabuchi parecía odiarme...y creo que a partir de ahora sería mucho peor ese sentimiento hacia mi.

Me mantuve callada, y bastante roja, desde que el entro en la cocina. Y tal y como pidió, luego también intenté seguir callada en la medida que todo mi ser me lo permitía. Odiaba ser tan torpe, realmente...cuando tuve que aprender varias de las cosas que me obligaron, me costó bastante. ¿Soy inteligente? Si.¿Soy culta? Si, sé bastante sobre la humanidad y el mundo. Se tocar muchos instrumentos, sabía muchos idiomas, montar a caballo y caminar con platos sobre mi cabeza- pero me costó muchas caídas y muchos golpes y regaños conseguir todo eso-. Y la razón de porque me paraba a disculparme, era simplemente porque así me habían criado. Me habían enseñado a ser así de educada y prácticamente me salía así aunque algunas de las personas con las que me chocará me miraran hasta raro. Me sentí como una niña bebe cuando él me explico como debía de andar por la calle.¿Tan...torpe y desesperada se me veía?

Mientras lo esperaba, sabiendo solo que estabamos en su trabajo y que él tenía que hacer algo, me puse a caminar en un pequeño radio, entre los sillones y las maquinas de chucherías. Hasta que mi estómago gruñio y me acerque a una de ellas. Esta mañana me había puesto tan nerviosa con todo el tema de Kou que casi ni había probado bocado para desayunar. Y digamos que...estaba acostumbrada a comer bastante,mucha, comida. Me sobresalté al escuchar su voz y me aparté sonrojada. Lo único que faltaba es que mi estómago rugiera, y ya estaría completamente muerta de la vergüenza. Me sorprendo ligeramente cuando se ve dispuesto a invitarme, y aunque tengo dinero para pagarme lo mío, ese gesto me parece tan lindo de su parte que lo acepto. Miro bien todas las chucherías que hay, y cuando mis ojos se derriten por algo en especifico lo señalo con una enorme sonrisa. Contenta, agarro el paquete en cuanto cae para no tardar en abrirlo y comenzar a comer. Al parecer, él no es tan malo y gruño como parece. Me agrada.

Arrugo mi nariz, no me gusta que se ría de mí. Aunque, tampoco es que me molesté. Solía siempre tomar apuntes de todo y...pensé que siendo una ciudad tan grande realmente él lo había dicho en serio. Guardé la libreta y el boli en mi bolso,y bufé. Si, tenía un móvil de última generación y gps, pero eso no implicaba que supiera porque calles debía de moverme y cuales no, eso era importante apuntarlo dado a mi inexperiencia por pasear por...calles. Ahí estaba ese apodo de nuevo. A veces quería recordarle que me llamaba Khiara. Pero..en cierto modo, creía que un mote era motivo de una cercanía entre nosotros. Eso también me gustaba. Estaba sola aquí y...realmente me sentía sola. Eso al menos, me daba algo de esperanzas para seguir en este lugar.-¿Semestre? Si yo ya tengo una ca...-Me callé de inmediato. Como se explica que una chica, que apenas acaba de cumplir la mayoría de edad, ya tenga una carrera,¿mh?  Si, la enseñanza de los monarcas es distinta, más dura, más rápida. Y yo había avanzado tanto que había conseguido terminar una carrera tres años antes de lo previsto. Y...que mis padres pensaban obligarme a sacar otra. Si bueno, lo que había hecho no estaba mal pero..quizás sería interesante hacer algo que realmente me gustara.-Yo quiero decir que...bueno, aún no se exactamente que es lo que me gustaría estudiar.- Aclaro y levanto mi cabeza para sonreirle, esperando que olvide mi metedura de pata de hace un momento.- Me gustaría trabajar en algo, mientras tanto...-Añado. Pero, si del dicho al hecho...Estaba claro que no sabría hacer nada. ¿En que podría trabajar sin llamar la atención y sin saber de nada? Ja, creo que era muy ilusa queriendo pretender que podía conseguir un trabajo.-¿Y tú?¿Qué es lo que haces?.-Pregunto esta vez siendo yo la que interroga. Me merecía saber algo de su vida,¿no?

Sonrío cuando entramos en una librería, donde Kou aclara que esta trabajando Shuko. Y que va algo. Dejo que él lo busqué y me quedo mirando todos los libros. Me encanta leer, lo adoro. Creo que si me dejaran podría sentarme en el suelo y pasar mi tiempo leyendo todos los libros de esta librería.-Hey,¿Kou se esta portando bien contigo?.-Oigo esa voz conocida a mi espalda, y me giró para encontrarme con la mirada de Shuko sobre mí. Él sonríe, como casi todo el rato. ¿Se estaba portando bien conmigo? Bueno, solo..se reía de mi y dejaba notar que le molestaba tener que ser "mi niñero". Pero, seguía ahí. Mire al moreno que venía detrás de él y asentí.-Si..supongo que si.-Dije terminando con una mueca que hizo reír al chico más responsable de nuestro apartamento.- Bueno...él es algo duro al principio, dale tiempo. Luego es todo un sensible..-El chico se queja en cuanto Mabuchi le da un golpe advirtiéndole que deje de hablar de esa manera, y luego ríe.-Por cierto, antes de que os vayáis, quería decirte que mi compañera se ha ido hoy...Así que, hay un puesto libre. Si quieres, le puedo hablar a mi jefe de ti.-Oh..¿Eso estaba pasando de verdad?¿Shuko me estaba ofreciendo trabajar?¿En una librería?.-No empezarías hasta dentro de unas semanas pero...-Lo interrumpí.-Si,si. Claro, gracias.-Digo, sintiéndome completamente agradecida y haciendo una leve reverencia por eso. Ellos me miraron raro por eso, mierda...debía de controlar mis modales super correctos.

Me encuentro sentada en el mismo sitio que anoche. En la ventana. Abrazó mis piernas, mientras tengo en mis manos una foto con mis padres y mi hermano. Debía de mantenerla escondida en la habitación, porque si alguno de ellos la encontraba, sospecharían que podía ser al ver el lugar de la foto y nuestros atuendos. Aún así, había necesito sacarla. En cuanto escuché un ruido, la guarde en el bolsillo de mi chaqueta y volví a abrazar mis piernas.-¿Qué haces ahí, Khia?¿No vienes a cenar?.-Escuché la voz de Aya. Aya..siempre sonaba feliz, despreocupado. No lo conocía mucho, pero hasta ahora había sido así. Lo miré y levemente negué con la cabeza.-No...luego tomaré algo. Gracias.-Le digo y sin más, vuelvo a mirar hacia afuera. Hacía el cielo. No tenía apetito y...tampoco quería aprovecharme y comer de alguna de sus comidas porque yo no sabía prepararme nada. En cuanto me quedará sola, comenzaría a ver vídeos sobre como cocinar, como poner una lavadora y todo ese tipo de cosas que debe de saber hacer una chica normal de mi edad. A los minutos, siento como alguien se apoya en el otro lado de la ventana y giro mis ojos un poco para ver al moreno que me llamaba pulga ahí parado. Su curiosidad sale a la luz cuando me pregunta sobre que miro. Simplemente dejo de mirarlo y suspiró, volviendo a mirar al cielo. Las estrellas.-Las estrellas...Las constelaciones siempre son las mismas. Estando aquí o en la otra punta del mundo, siempre son iguales. Y...me recuerda a mi hogar. Me hacen sentir en casa.-Digo, y notó como mi voz se pierde. No quiero llorar, no voy a hacerlo, pero...recordar que estaba sola y que tenía miedo-miedo de todo a lo que me tendría que enfrentar- me bajaban el ánimo. No digo nada cuando él se va y ahora dejo que mi cabeza descanse en mis rodillas. Esas ventajas de ser pequeña, que podía amoldarme perfectamente mientras me abrazaba a mi misma y no estar incomoda.

No sabía como había llegado a mi cama. Lo último que recuerdo fue lo que le había dicho a Kou y..seguir mirando la noche durante un rato más. Oh-dios-mio.¿ME HABÍA DEJADO DORMIR Y ALGUNO DE ELLOS ME HABÍA TRAIDO A LA CAMA? Oh, QUE VERGÜENZA. Rápidamente, mis mejillas se pusieron rojas, pero no solo eso, si no que comencé a buscar como una loca la foto. Ahí estaba, justo donde yo la había dejado, en el bolsillo, sin que nadie la hubiera movido. Bien.

Al parecer, ninguno de los chicos estaba en casa. Por lo que me desayuné algo de lo que yo ya había comprado y me dispuse a darme una ducha. Me atreví a cantar una canción que conocía de siempre, justamente en japones. Si,claro que conocía el japones, mi madre era japonesa..y por eso yo tenía rasgos. Pero a mitad de mi ducha, el agua comenzó a salir fría y no pude evitar soltar un grito. No,no..¿Qué estaba pasando?¿Que iba mal? Intenté terminar de ducharme con el agua fría, pero mi piel y todos mis músculos comenzaron a congelarse. Salí de la ducha, con el pelo medio enjabonado y mojada. Me enredé una toalla por el cuerpo y salí, con la intención de buscar mi móvil y llamar a Shuko para saber como arreglar eso, o porque pasaba. Sin embargo, en cuanto abrí la puerta y di unos pasos, resbalé con el agua que desprendía mi cuerpo aun mojada y mi cabeza. Pero..no llegué al suelo. Unas manos agarraron mi cuerpo y yo sentí todo el calor subir a mi cara, completa, estaría roja ahora mismo. Mis ojos siguieron las manos, para mirar sus brazos y terminar en su cara. Chocandome con los profundos ojos del moreno azabache. Mi respiración se cortó por un segundo. Oh joder, ÉL ESTABA AQUÍ. TODO ESTE TIEMPO.¿Me habría escuchado cantar?¿Y gritar?¿Y si lo había despertado con mi grito?

Oh...y lo más importante. Estaba semidesnuda-dado a que solo tenía una toalla alrededor de mi cuerpo-delante de él y...aún seguía agarrándome. Nunca había estado tan cerca de otro chico, no de esa manera. Nunca antes había sentido como mi corazón se alteraba tanto.-Yo...esta-ba en la ducha y..de repente salió fría y...-Oh dios, no podía ni hablar. No había caído, sin embargo si que parecía que me había dado un golpe en la cabeza. Él me había quitado el habla. Los nervios, la vergüenza y su perfecto aroma no me dejaban pensar.
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Mensaje por Aislu el Dom Mayo 07, 2017 4:03 pm

MabuchiKou


Busco esconder de nuevo los pensamientos que salen después de tanto debido a sus palabras, comprendía a la perfección lo que decía, o eso quería pensar. No tengo ni la mínima idea de dónde viene ella, por qué está aquí y a quienes extraña, pero sé cómo me sentía yo al llegar aquí; los días donde contaba el día para regresar, o queriendo abandonar lo que tanto me costó por el miedo a lo desconocido, pasar noches mirando la pantalla de mi celular sin ser capaz de llamar a mi madre por miedo a preocuparla, por lo que quería comprenderla; si había algo que la hacía sentir mejor, lo aceptaría, por muy extraña que se vea mirando al cielo cuando debería haber cenado o, no lo sé, hacer algo más productivo. Me alejo en ese instante, burlarme de ella no era suficiente para olvidar la sensación nostálgica que me recorrió al recordar, lo menos que quiero en ese momento es sentarme con ella a lamentarme o, peor, que lo tome como una sesión para desahogarse que termine con una pulga llorosa… incluso yo. Pienso que eso es lo mejor, regreso a mi habitación, pongo algo de música listo para dar una leída superficial a los papeles que me entregaron, pero conforme veo cifras y más cifras aumenta la culpa de dejarla ahí sola. Tan solitaria como yo en ese entonces, incluso si nuestras capacidades mentales difirieran. Sabía hacer el doble (o triple, seguro) que ella para cuando tenía 10, ¡Aya podría mantener el departamento por si solo mejor!  Estoy a punto de apagar todo en la habitación y dormir como si nada, como si no estuviera viviendo con una tipa diminuta que si le apartas la vista un instante, estará cayendo de la ventana. Mi vida no está para pasar los siguientes años con la carga de un accidente al no cuidarla las 24 horas del día, dejo a un lado el papeleo y no me preocupo en apagar la lámpara de la habitación; no pienso tardarme más de cinco minutos, sólo me aseguraría de que no se metió en ningún problema… Dentro de su propia habitación. Lo que encuentro es diferente a lo que esperaba: Aisaka cayó dormida en el mismo lugar desde el que se deprimía (y me deprimía) viendo las constelaciones, pensando en casa y tal, tal, tal. Toda una mocosa, pienso, los que caen dormidos en plena actividad sin darle importancia al nivel de comodidad. Ahí, viéndola, me rio un par de minutos antes de dar media vuelta. Sin embargo, no doy un solo paso, la cara adormilada de Aisaka luce más joven, más diminuta de lo que ya es, con su rostro redondo y mejillas sonrosadas. Si se le llenara el rostro de mocos y baba, sería una más de mis hermanas menores. La ola de nostalgia vuelve a golpearme, por mucho que trate de convencerme de irme de ahí. Mi consciencia no da para más: Aisaka es torpe y no quiero ni imaginar el estado al que podría llegar por quedarse dormida ahí, pasaré de niñero a enfermero. (Sin aumento de salario) ¿El consuelo? Nadie sabrá que fui yo quien la cargó a su cama y la arropó. Ni siquiera yo.

Tanto Aya como Shuuko estarían ocupados todo el día, ambos diciendo que regresarían para la cena antes de salir del departamento, sus planes que como el día anterior me dejan a mí a cargo de nuestra inquilina. La diferencia de hoy: no tendremos que salir y temer que se pierda. No tengo razón para salir de aquí cuando la noche anterior no conseguí leer todos los documentos que me entregaron, por lo que mis ojos no verán el exterior en un buen rato. Pensé pedirle a uno de ellos que se llevara a Aisaka, pero me di cuenta que al decir eso ella quedaba más como una mascota que como la pulga que es, así que le permití quedarse conmigo lo que seguía del día. No tendríamos problemas mientras no me interrumpiera en el trabajo. Pensé que conseguiría la paz, hasta que se voz llegó hasta donde conmigo con una tonada que me resultaba familiar. Me cuesta identificar las palabras, intento relacionar el ritmo con alguna de las canciones que se escuchen en el radio últimamente… pero la radio nunca pasa canciones en japonés. Aquí está otra vez la oleada de melancolía, y otra vez la razón tiene que ser esa persona. Pienso por un momento ir a decirle que deje de cantar, sin embargo, no puedo formular alguna excusa que sea convincente, aparte del “ya casi he olvidado el japonés y prefiero que sea así”. Eso no le quita crédito al dolor de cabeza que va en aumento, si tan solo… pudiera parar de reír ¡No tengo idea de qué pasó, pero ese grito estuvo de maravilla! Aún soltando risas, me pongo de pie para ir a ver si, considerando su historia, no se debió a que cayera y ahora sí tendría que hacerla de niñero y enfermero, a pesar de mis esfuerzos.

Pasa tan rápido que no me doy el tiempo para analizar todo antes de actuar. No es momento para preocuparme por incomodarla o cómo podría terminar esto. Pienso únicamente en cómo veo que apenas Aisaka pone un pie fuera del baño ya está resbalándose, a poco de caer al suelo de bruces. Claro: me doy cuenta de las consecuencias ya cuando estamos en la posición. Aisaka es diminuta y eso lo supe desde el momento en el que el batido cayó encima de mí, pero no había caído en cuenta de que tan pequeña es hasta que mis brazos pueden rodearla y se siente que aún queda mucho espacio, o que mis brazos pueden pasar por ella dos veces. Como si con un poco más de fuerza la podría partir en dos. Y con eso, la preocupación me obliga a buscar alguna herida. —Hey, pulga. — tampoco tengo tiempo para burlarme en cuanto mi mirada regresa a su rostro y lo encuentro más blanco que las hojas que revisaba antes de venir. Además de sus balbuceos, daba la impresión de que llegué demasiado tarde, o cayó al menos cien veces antes de que yo viniera y la salvara de la caída no. 101. Genial, se desconectaron todas sus neuronas. Bufando, la tomo entre mis brazos con más fuerza (buena noticia -okay, no sé si buena-: no se rompe en dos) y la alzo, justo como hice en la madrugada. —No te acostumbres ¿si? — me burlo y después de unos pasos más la bajo. Sigue con el rostro pálido, pero esta vez sus mejillas toman tanto rojo como las de Aya al correr a penas una manzana. Aparto la mirada de ella y apunto a mi costado, aunque estoy seguro de que no tiene idea de qué es lo que tiene enfrente en este momento. —Por esta vez lo haré yo, pero te lo explicaré para que la próxima vez lo haga tú. Con el viejo edificio que es este, no se puede pedir más. Resulta que tiende a apagarse y lo que tienes que hacer es…— espero que esté prestando atención a cada palabra que le estoy diciendo. Ahora mismo podría estar terminando ya el trabajo, o por mucho más avanzado de donde lo abandoné para venir a ayudarle. Espero y esto no me cueste horas de sueño, en absoluto. —Y eso es todo. Cuando termines vamos a comer, pulga. — …sigue sin reaccionar. Le quita la gracia, a pesar de que puedo reírme en cuanto ella salta al darle una palmada en la cabeza. Tal vez ya está recuperando sus capacidades mentales después del golpe, que no se dio ¡Ja!

¡No tiene nada de gracioso, Aya! — estoy a poco de arrancar cada uno de mis cabellos, uno por uno, al dejar olvidado mi trabajo para llamar a Aya en el momento que cierro la puerta detrás de mí. Soy un desastre en cuanto estoy seguro de que la pulga ya no me está mirando y no ayuda en absoluto la risa de mi mejor amigo resonando del otro lado de la línea. —Oh vamos, Kou, tuviste algo con Futaba ¿y ahora te da una crisis por ver a una chica en toalla? Además, no dejas de decir lo molesta que es…— él continúa sin escuchar mi “no es eso…” y yo dejo de escucharlo, también. No tengo idea de qué consejo estúpido me está dando, pero al menos le he contado a alguien lo que acaba de pasar. Simplemente, todos estos años no ayudaron mucho a olvidar la vida en la que crecí bajo el pensamiento conservador y poco interesado en las relaciones que es la educación japonesa. Por dios. Mi padre hablaba de no haber visto una mujer desnuda hasta casarse y mi tío dependía de la pornografía, por lo que en ese país había dos extremos y ningún termino intermedio. Lo bueno que salí de ahí, lo malo que seguía incomodado cuando pasaban cosas como esta. —¡Ánimo, Kou! O mantente con vida hasta que regresemos, no mueras de vergüenza, eres un experto ocultándolo. — claro que lo soy, imbécil.

El trabajo lo vuelvo a dejar a un lado antes de que se deje de escuchar la ducha. Esta vez no llegan hasta mí la letra de una canción o una melodía, por lo menos, pero eso me ayuda a poder preparar la comida sin inconvenientes. Preparo la suficiente para que sobre y esa puedan llevársela los otros dos, mañana al trabajo (Shuko porque prefiere la comida casera, Aya porque no confía en la comida callejera. En sí, por lo mismo) y para que yo pueda servirme un par de veces, a pesar de la inquietud que me carcome desde el momento en el que me di cuenta de lo que estaba preparando. Ninguno de nosotros preparaba algo totalmente típico de donde somos, solo en ocasiones especiales (por ejemplo, siempre en el cumpleaños de mi mamá siempre preparaba yakisoba, y si estaba ocupado Shuko compraba camino a casa) por lo que la mayoría de los días nos servíamos a base de comida congelada o una que otra receta extraña que sacaba Aya del canal que veía en las noches o de las páginas que siempre leía entre el trabajo. Por lo que me inquieta ver el ya listo udon. —Wow, pulga, creí que nunca saldrías de la ducha. — me burlo al verla entrar a la cocina. Por ahora la tomaré como distracción. —Creo que te diste cuenta, pero te escuché cantar. Nada mal, si al final dejas el trabajo que te consiguieron, podemos llevarte a las calles. — trato de seguir lo de siempre, por fortuna ella me ayuda con sus reacciones, así como su rostro que por fin recuperó el color que le faltaba durante el incidente de hace poco. Le sirvo a ella y después a mí y cuando ambos tomamos asiento me doy cuenta de la mirada interrogante que ella tiene fija en el platillo. —También creo que reconocí la canción, no me había dado cuenta de que eres japonesa, yo igual, aunque conmigo se nota mucho ¿verdad? — doy una probada después de reírme. No está mal, pero en cuanto los chicos lo prueben van a comenzar a interrogarme. —Y por lo que dijiste ayer, pensé que tal vez extrañas demasiado estar allá. Ya sabes. — ¡No, no, no, no! Estoy quedando como una persona considerada… como si… ¡como si me importara! —No había ingredientes para otra cosa, así que fue linda coincidencia. — Claro que no, estúpida pulga. No me preocupa, no me interesa, no nada.


¿A quién quiero engañar? Tal vez me da algo de lástima. Lo que al final lleva a que recoja su plato y lave lo que utilizamos, debería de estar terminando mi trabajo… ¡Y ella no debería de estar mirándome así! Le estoy ayudando ¿¡Por qué luce como si fuera a llorar!? —Oye… tú. — mala idea de nuevo tener una inquilina mujer. Nunca más dejaré que uno de ellos dos escoja al inquilino, la próxima vez seré yo quien escoja, un tipo rarito que no hable ni nada, que no opine y… que no saque situaciones tan raras. Sin saber bien qué hacer, vuelvo a optar por dar un golpe a su cabeza: varios golpecitos que se hacen pasar por palmadas para levantar el ánimo ¿Eso es lo que se hace, no? Futaba era extraña y se ponía a gritarle a todo el mundo, luego lloraba sola en la habitación, así que no tengo idea de qué hacer cuando alguien se pone así de sentimental enfrente mío. —Ya, ya… lo que sea que tengas, está bien. — uso la voz más tranquila posible, a pesar de que mi estado es de todo menos calmado. Aún no tengo respuesta suya y comienzo a entrar en pánico. Si alguien entra por esa puerta en este momento, estoy frito: ellos han visto lo injusto que he sido con ella, así que asumirán que me pasé de los límites. Tal vez es la paranoia, pero escucho pasos y antes de pensarlo vuelvo a tener a Aisaka entre mis brazos. Sí, diminuta. Y la llevo hasta su habitación imitando los movimientos y sonidos que hacía mi madre para calmar a los bebés. Funciona. Así que mientras suelto una carcajada, dejo a Aisaka en su cama. —No tengo idea de lo que pasó, pulga pero, eh ¿ya estás mejor? — Oh, por favor, di que sí para dejarte sola y seguir con mi trabajo. 
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