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the habit of calling you.

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the habit of calling you.

Mensaje por lalisa el Dom Jun 04, 2017 6:15 pm



Because I love you, because the words I love you isn’t enough: no matter what I say.
I need to find you, because if I cry right now, I might not see you. My heart won’t listen like I want...come back, come back, come back: my other half isn’t here so how can I live as one?


나는 당신을 사랑합니다 
 울고 싶지 않아

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Re: the habit of calling you.

Mensaje por Aislu el Sáb Jun 10, 2017 11:24 pm


KIM SOEUN

La pesadez de mis párpados obliga a mis sentidos a permanecer en alerta durante mi trayecto por las calles, procurar no pasar más de cinco segundos en un parpadeo lento con el afán de recuperar poco a poco mis energías. Mi camino matutino es así todos los días, intentado recuperar las horas de sueño perdidas e ignorando todo lo que pudiera la fantasía que viví durante la madrugada. El objetivo se divide en dejar de sentir mi cuerpo sin vida y tener mi mente enfocada en algo que no fuera el chico que volvía a hacerme despertar a mitad de la noche con lágrimas en los ojos y dolor en el pecho; esa media hora de trayecto era mi única oportunidad para regresar a la realidad, de esa manera poder seguir el día como si no me hostigaran recuerdos que claramente no me pertenecían. Pero ahí estaba, soñando todas las noches con la misma persona, viéndola y sintiendo que podría entregarle el mundo si me lo pedía, sintiendo plenitud al estar a su lado, escuchando mi voz diciendo su nombre de una manera tan natural que me retorcía en mi estado de inconsciencia. Min YoonGi nunca ha aparecido en mi vida, esa persona es un completo desconocido, empero, cuando mi cabeza tocaba la almohada un montón de vidas diferentes se presentaban ante mis ojos y me hacían sentir que yo pertenecía ahí. En esta ocasión, intentaba olvidar el cómo su rostro desaparecía en rumbo desconocido, pero al ver su rostro por última vez sabía que sería igual que en todas las ocasiones, esa fue la última vez que le vi. No necesité mucha imaginación para conectar los escenarios que se me presentaron y deducir lo que le ocurrió después, para que las siguientes horas llorara una pérdida ajena, de la cual debería ser indiferente, no sentirla como propia. Sabía que existía la posibilidad, lo supe al ponerme a investigar en toda fuente que encontrara, esas fueran memorias, pero la idea era tan estúpida e irreal que quería pensar mi cerebro nació así, con una falta de cordura con la cual tendré que soportar toda mi vida; ese tal Min YoonGi es producto de mi imaginación y poco a poco conseguiré olvidarlo, diré adiós a las noches sufriendo por el siempre triste desenlace de su vida.  Mientras haya olvidado su rostro para cuando entre al instituto, habré logrado la meta de hoy. Esa preocupación no regresará hasta altas horas de la noche, cuando paso horas mirando el techo temiendo que mis necesidades jueguen en mi contra para caer dormida sin poder evitarlo. Puedo fingir que mi mente no me traiciona durante el día, pero una vez desaparece la luz, no hay escapatoria. YoonGi desapareciendo como siempre lo hace, en esta ocasión listo para saltar desde uno de los edificios del instituto, el que está justamente frente al mío, hace acto de presencia. Imposible. Esto no es un sueño, no puede serlo. En ellos me encuentro dentro de épocas pasadas, en ocasiones países desconocidos pero nunca la situación se ha colocado en mi vida diaria, haciéndome creer que estoy en un día cualquiera, almorzando y vistiendo mi uniforme, mostrándolo con el uniforme de mi escuela cuando nunca antes lo había visto. Sin embargo, no me toma más de cinco segundos notar la diferencia, un detalle muy importante al comparar: tengo juicio y autonomía. En los sueños veo todo como si lo hubiera vivido, en pasado, memoria, lo que ocurrió se reproduce y yo no tengo voz ni voto ahí, sólo tengo que observar y, una vez terminado, lamentar. Ahora puedo mover mis pies en la dirección que quiera, puedo mirar a otro lado, puedo pensar en otra cosa... y la frase "esa fue la última vez que le vi" no está repitiéndose dentro de mi cabeza, no se siente como algo inevitable, no siento que pueda solo ver y dejarlo ser. No lo haré. Si mis pies pueden moverse, lo harán. Me llevarán dentro del edificio,  dejaré caer mi bolso, subiré escalones a saltos e ignoraré el dolor en mis rodillas después de caer y levantarme. Lo estoy sintiendo, yo lo estoy sintiendo. Son mis emociones, mías, no de alguien más, no pasadas que vienen a atormentarme. Es algo que me está ocurriendo y tengo la oportunidad de detener, puede ser lo que llevará a que desaparezca Min YoonGi de mis noches. —¡No! — Es mi voz, mi garganta se desgarra con una única palabra y mi corazón retumba. No se detendrá en mucho tiempo, puedo temer que nunca dejará ese ritmo cardíaco.  Su rostro apunta en mi dirección, y yo me retuerzo al reconocerle. Es él, claro que es él, con un detalle diferente a los anteriores, todos tienen algo diferente. Todos fueron miserables y mostraron estar en su límite antes de despertar, él también lo parece. Sólo que aquí no tengo idea de qué lo llevo a ese extremo, que lo tiene sufriendo a ese punto. Pierdo la razón, actúo por instinto. Aprovecho que se aleja del límite al sorprenderse por mi aparición, con una confusión anunciándose en su rostro y lenguaje corporal. Lo único que me importa es llegar a él lo antes posible y tirar de su brazo hasta que ambos caemos al suelo. Al estar en el suelo, veo mis rodillas ensangrentadas, la expresión de YoonGi que manda escalofríos por todo mi cuerpo, así como la herida que le he provocado por haber actuado de manera tan salvaje.

 —Tropecé en las escaleras, trató de ayudarme pero terminamos cayendo los dos. — le explico a la enfermera ante su constante mirada interrogante al aparecer ambos con heridas, que he de admitir, pueden sacar dudas a cualquiera que las viera. Él me siguió a pesar de que su expresión continúa provocándome escalofríos, esta claro que no le agradó mi interrupción, pero será idiota al pensar que alguien lo vería y lo pasaría por alto, menos yo que le he visto partir infinidad de veces. Además, un largo suspiro de alivió se me escapó cuando la enfermera lo miró ¡No era producto de mi imaginación! Era tan real como yo, como ella. —Clase 1 y clase 4 ¿Verdad? — pregunta la mujer, retengo esa información inmediatamente. Clase 1, conozco un montón de gente de la clase 1, entré a esa clase una y otra vez ¿Cómo nunca me percaté, entonces, de que ahí estaba la persona que veía todas las noches? Su rostro tiene años grabado en mi memoria, por lo que debí reconocerle tan rápido tal lo hice hoy. —Iré a avisar que están aquí, pero no podrán quedarse más allá del primer periodo. — temía quedarme a solas con él, que la pesadez de su mirada fuera aumentando y al ver a la enfermera saliendo por la puerta, espasmos nerviosos se enviaban por todas mis extremidades.  Era incapaz de mirarle directamente, por lo que tomé la alternativa de quedarme con la vista fija en la puerta por la que salió la enfermera...  Intimida con su sola presencia, muy diferente a mis sueños, donde verlo me provocaba una calma fuera de lo normal que desaparecía hasta que sabía iba a desaparecer, pero lo que sentía entonces era dolor, tristeza, no había ni una pizca de miedo cuando se trataba de él. Sin embargo, esta es la realidad en la cual no puedo siquiera mirarlo porque todo lo que pienso es que esté odiándome en este momento. Claro, soy la chica que acaba de evitar que terminara con su vida, sería una estupidez amarme ¿no? Porque acabo de arruinar su momento, que llenara el suelo de sangre y las clases se suspendieran, para que las siguientes semanas todos hablaran de él, lamentando su pérdida. Y yo me diera cuenta, demasiado tarde, que la persona que he visto partir cada noche siempre estuvo en el mismo lugar que yo. Una sensación amarga me noqueará en cualquier momento, eso o vomitar mi desayuno, porque todo lo que pienso es "ni si te ocurra morir" cuando no tengo ni idea de por lo que ha pasado, qué lo llevó a tomar esa decisión. Aun así, mi cabeza no deja de decirme que me de igual, quiero que esté vivo y ya, dándome asco lo egoísta que esto suena ¡Maldita sea! Lo que sea, me levanto de golpe, la reacción opuesta con la que viene acompañada esta acción son náuseas y más náuseas. —¿Min YoonGi?— Ni siquiera lo había pensado ¿Y si ese no era su nombre? ¿lo inventé todo, al final? Pero no, la mirada pesada ahora va directamente a mis ojos. Ya no sé qué hacer. Nunca llegué a pensar en el día en el cual lo conocería, es más, no pensé en la posibilidad de que existiera, mucho menos que ocurriera de esta manera. No lo planee. Las cosas serían más sencillas si con solo mirarlo pudiera saber todo de él. Así era, una vez mis ojos se posaban en YoonGi sabía lo esencial, si no es que todo. Chocar a mitad de la calle: va tarde a una entrevista, vive solo y busca alguien para vivir con él; tocar su hombro, dará su vida por mi, no tiene nada más, me necesita; verlo a metros de distancia, saber toda su vida en un segundo. El mundo se desmorona cuando nuestras miradas siguen fijas en la del otro y no hay nada, no hay una voz que me diga qué hacer, no tengo la mínima idea de qué lo está haciendo sufrir y mucho menos tengo idea de cómo descubrirlo. No puedo con esto, ya lo dije. Por lo que huyo del mundo cayendo en pedazos y del claro odio reflejándose en sus ojos. Al salir, espero vomitar, llorar al punto de deshidratarme o gritar hasta quedar sin voz. Nada de eso. Estoy en blanco. 

Las horas antes del descanso me sirven para analizar lo que acaba de ocurrir, son insuficientes, la campana me interrumpe antes de que la mitad de mis pensamientos estén en orden. Todavía tengo la otra mitad del día para continuar, pero incluso con mi lado más positivo sabría que un día no sería suficiente para analizar con mente fría lo que está pasando. Una cosa sé: ya sufrió lo suficiente. Lo he visto irse, le he visto llorar, soportar dolor de todos los tipos y en ninguna de esas veces tuve la oportunidad de ayudarle, solo observar y esperar. Ser testigo de como Min YoonGi parecía estar siempre destinado a la desgracia, yo, a ser su testigo. Así como cómplice de cualquiera que fuera la razón de su miserable vida. —Disculpa ¿está Min YoonGi?— pregunto a la primera persona que reconozco. No tengo tiempo para saludarme y preguntar que ha sido de su vida, por muy descortés que quede.—¡Ah, pero si eres tú! ¿Qué haces buscándolo? La verdad es que me sorprendí cuando dijeron que estaba en la enfermería, pero regresó rápido y lucía un poco extraño... no es que me diera miedo, pero extraño.— habla, habla y habla. Espero, pacientemente, aunque mi mente juegue en contra mía, esperando lo peor.—Siempre almuerza detrás del edificio. Seguro lo encuentras ahí.— seguro. Es pero se trate de un seguro al 100%. Mis pies se dirigen a donde dice y al verlo el mundo ya no se desmorona. Murió hace ya unas horas y yo camino sobre los restos, esperando por encontrar donde cavar para encontrar al Min YoonGi que por fin se me da por conocer. Es un lienzo en blanco... no, un libro bajo llave que parece solo puede abrirse por dentro y no me importa mientras no vea que sufra el mismo desenlace que todos los que vi.—Hey. Tendrás compañía hoy— y mañana, el día que le sigue, el siguiente y el siguiente. Será así por un buen tiempo. 
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Re: the habit of calling you.

Mensaje por Aislu el Dom Jun 11, 2017 7:19 pm


KWON SOONYOUNG


Observo el papel que acabo de dejar caer en la mesa, sintiendo como el sudor va formándose en mi nuca y manos sin poder hacer nada al respecto. Las palabras escritas ahí no me provocan más que asco, a pesar de que cualquier otra persona estaría suspirando y muriéndose de amor al recibir algo como esto; este no es mi caso, claro está. Es la segunda carta de hoy, la primera apareciendo a primera hora del día y ésta, que encontré en el buzón al regresar de mi caminata matutina. Lo que significa que la persona vino a mi casa a tempranas horas del día y regresó en cuanto me fui. O puede que nunca se fuera. El escalofrío que ese pensamiento provoca me obliga a sentarme con las rodillas temblorosas. Tengo las piernas hechas gelatina, al mismo tiempo que llevo mi diestra a mi rostro, pienso si en verdad no tengo una manera de terminar con todo esto. La frustración pone mis nervios de punta al llegar a la misma conclusión que en todas las ocasiones: no puedo hacer nada mientras no tenga una idea de quién podrá hacer esto, porque la cifra de alumnos de la universidad va muy por encima de la media, y podré conocer casi en su totalidad al alumnado, pero no como para poder mirar a alguien y poder acusarle de tener una obsesión insana conmigo. Además, no puedo verlo con ojos tan acusadores. Tal vez solo no sabe de qué manera manejar su enamoramiento, no sabe cómo expresar su cariño por mí.  El tema me confunde, porque con todas las cosas de dice, con todas las fotografías que dan a entender está cerca mío la mayor parte del día, no debería tomarle mucho esfuerzo acercarse unos pocos metros más y decir un simple "Hola" ¿no es así? Y si fuera la timidez el obstáculo, fácilmente podría decírmelo para ser yo quien se acerque primero. No me agrada que desperdicie su día siguiéndome sin hacer nada más ¡pierde muchas horas! En las cuales podría salir con amigos, tener un pasatiempo, hacer cualquier otra cosa productiva que no sea desgastar su idea detrás de mí. Aunque me agradaría poder sentarme con esa persona y hablar, para saber de una vez por todas el por qué de todo este acoso. Acoso me parecía una palabra muy fuerte, pero ya no sentía que exageraba cada que mi celular vibraba para mostrarme una imagen mía tomada desde todo tipo de ángulos, cuando yo juraba ir por mi cuenta. Retengo mi respiración por un tiempo, hasta el punto en el que desenfoco mi mirada en el papel, y cuando lo suelto tomo la nota para doblarla con cuidado, dejándola junto a las otras, que no he querido tirar desde aquella ocasión cuando al aplastar una y tirarla, esta regresó a las horas, con un dibujo de un corazón roto que me impidió cerrar los ojos en la noche. Tenía que pensar en algo, rápido. [. . .] —En el hipotético caso, digo, de que yo quisiera alejar la atención de...—soy consciente de las vagas explicaciones que estoy dando, pero no se me ocurre manera de ser más directo sin darles a conocer mi situación. No quiero meter en esto a los chicos, temiendo que se lo tomen de manera exagerada y terminen corriendo por los pasillos, pegando carteles para salvar al pobre príncipe JiSoo de las garras de la bruja del cuento. —¿Estás pidiendo ayuda con una chica? — Hansol es el primero en hablar, no pasa mucho para que se gire a mirar a SeungKwan haciendo una burla interna hacia mi persona. —En el hipotético caso— insisto— ¿qué se puede hacer para... alejarla? Sin tener que hablar directamente.— no he dejado de transpirar desde la llegada de la última nota, por lo que ya estoy acostumbrado cuando ellos dejan de sonreír para mirarme tan sorprendidos que sus expresiones me dejan sonreír. Parecen sacados de una comedia, bien podrían ser utilizados de modelos para cualquier manga.—¿Sin hablar? ¡Pero si eres la caballerosidad perdida del siglo XXI!— poco me sorprende lo mucho que exagera SeungKwan, así como agradezco que no estén todos en este momento. Aunque, otra cosa que poco me sorprendería sería que alcanzaran a escuchar su voz incluso estando fuera de la universidad. Siento el calor aumentando drásticamente en mi cabeza al no tener una respuesta a esa. Aun así, lo intento.—¿Y si esa persona no soporta hablar cara a cara? ¿Qué prefiero- se prefiere que tome por decisión propia alejarse?— Por favor, no hagan más preguntas. Por ahora traten de conformarse con la poca información que les ofrezco. Si gracias a sus consejos logro deshacerme de esto, se los diré con mucho gusto. Ambos vuelven a mirarse el uno al otro antes de darme la siguiente respuesta. Como es de esperar, SeungKwan es el que habla.— Tiene que verte ¡No, perdón! En el hipotético caso, tendría que verle con alguien más. Si ve que ya no "está disponible" la mayoría de las veces se dan por vencidas. Broooh, en el hipotético caso, se alejaría.— me cuesta una vida no reírme cuando él habla, por lo que lo hago sin cuidado aunque las miradas pasen a nuestra mesa por eso, a lo que sonrío y saludo al primer grupo de chicas que tienen sus ojos fijos en nosotros. Las reconozco por estar en algunas clases con JeongHan, por lo que no debe faltar mucho para que él llegue, y una vez JeonHang se sienta en la mesa es como si llamara a los demás a comer. Es una lástima, pero hoy tendré que irme antes de que nos reunamos todos. —Gracias. Tengo que... investigar algo ¡Díganle a los chicos que los veo en la fiesta!— necesito un lugar para pensar. Urgente. Una idea sencilla tengo, pero necesito estar a solas para desarrollarla bien. 
Bae Kaori es la solución. Conozco a casi todo estudiante de la universidad, así como ella es conocida por la mayoría. Problemática, un peligro constante estar cerca suyo, que no sigue ninguna regla y todos evitaban meterse en su camino. Hablé con ella dos veces, la primera cuando me perdí durante mi primera semana y la segunda cuando abofeteó a un compañero de mi clase. Toda su personalidad me dice que no es a quien debería de acudir, pero no tengo ninguna relación tan cercana con ninguna chica como para pedirle algo de esa magnitud y tampoco me intereso por ninguna como para utilizarlo de excusa para acercarme de una vez por todas. Sé que Bae Kaori se maneja por favores, haz algo por ella y ella te ayudará. Si hay alguien que califique para esto, es ella. Aparte, siento que a los chicos les agrada, cuando no hablan del miedo que les da, por lo que no les molestará que se una a nosotros de hoy en adelante. La encuentro en el lugar más oportuno, detrás de la biblioteca, sentada en el suelo como si no le importara ni una pizca lo que ocurre en el mundo. —¿Bae Kaori?—retrocedo al momento en que me mira. Sí, intimida con una sola mirada, pero doy dos pasos para disimular aquello. Inhala, exhala. Ella viene siendo mi única oportunidad para librarme de las cartas, las fotografías... —Necesito tu ayuda.— por dios. No estoy listo para esto, quiero arrepentirme al último momento, pero no es posible. Bae Kaori tiene la vista fija en mí, presionándome a continuar. —Resulta que yo tengo una problema... alguien no deja de, bueno, ¿acosarme?— escucho la inseguridad en mi voz, lo patético que sueno. Aun así, me aferro a que me esté escuchando y no burlándose de mí.— Por lo que pensé que si me veía con alguien más simplemente dejaría de interesarle. Pero no me veo teniendo una relación ahora mismo, así que pensaba... ya sabes. Fingir que seas mi novia.— cierro los ojos esperando la risa, o simplemente escuchar sus pasos alejándose de una petición tan estúpida, pero entonces me doy cuenta de que pasa algo todo lo contrario a lo que esperaba. El aire desaparece de mis pulmones cuando siento algo chocando contra mi boca sin aviso,  mis dedos se aferran a mi boca cuando siento algo ¡Algo! entrando a mi boca ¡A mi boca! Así como inicia, acaba. Ambas sensaciones desaparecen pero regresan mis piernas de gelatina, cayendo al suelo donde ella está sentada. Mi respiración está entrecortada, siento el pecho ardiéndome y mis manos se alzan para cubrir mi rostro. Lo que estoy pensando ¿es justo lo que acaba de suceder? ¡Me besó! Así como si nada, me besó. Y mientras yo tengo dificultades para respirar, el mundo da vueltas a mi alrededor y siento que acaba de ocurrir un cambio significativo en mi vida, Bae Kaori está de nuevo con su expresión de indiferencia, pero esta vez hay una sonrisa que me provoca escalofríos en sus labios. —Tomaré eso...— ¡Ni siquiera puedo hablar con claridad! —como un sí— procesar, procesar. Piensa en algo agradable que no sea una sensación extraña en mi boca... hasta mi garganta. Piensa en la clase de hoy, o en la fiesta. La fiesta.— Toma mi número. Dime donde quieres que nos veamos para ir a la fiesta de WonWoo— No soportaba más ahí. Necesito investigar, prepararme para esto y así dejar de sentirme tan inseguro y asustado. 
No comprendo el por qué su rostro tiene esa expresión al encontrarnos en la estación. Según yo, llevar flores al encontrarse con tu pareja siempre es un buen detalle, y pienso comportarme de buena manera con ella mientras me ofrezca esta ayuda, siempre y cuando no sufra ataques como el de horas atrás. —No sé cuales te gusten, pero si eres alérgica ¡No me digas que eres alérgica!— entro en pánico apenas pasa por mi mente la idea. Retrocedo tanto como puedo, pero cuando veo que en sus labios se forma de nuevo esa sonrisa que congelaría hasta a las mismísima medusa, pienso que es una burla, nada más, por lo que me relajo y acerco las flores para que las tome. Un minuto, minuto y medio. No lo hace.— Son para ti. Una especie de agradecimiento—esto lo tomarían como un ejemplo perfecto del único caballero en la universidad, como les gusta llamarme.  Como la mayoría de las veces que actúo así, no recibo la respuesta que espero. Si bien ella toma el ramo entre sus manos,  su burla acerca de cómo pienso lo llevará por el tren hasta la casa de WonWoo me hace reír. —La fiesta comienza hasta dentro de hora y media, puede que dos. Por lo que iremos a comer antes— Esto se hace, se supone que esto se hace. Además, de esta manera podremos hablar un tiempo más antes de meternos a terreno peligroso. Acordar cosas antes de ir a casa de WonWoo, asegurar que todos ellos no se pondrán en contra nuestra una vez nos vean llegar juntos, o al menos tener la seguridad de que nos apoyaremos el uno al otro si llegaba a ocurrir algo. Además, no podía ser tan descortés con ella, si estoy metiéndola en esto por lo menos debo de ofrecerle un trato digno. Como si de verdad fuera mi pareja. Un detalle más, si esa persona ha sacado fotografías mías a toda hora, cada día, no quitaba la posibilidad de que estuviera cerca ahora mismo. La universidad era el único lugar seguro, porque nunca recibía fotografías estando ahí. O no asiste o considera que ahí es más peligroso, que cualquiera podría descubrirle fácilmente. Mientras más parezcamos una pareja, mejor. —Es un buen restaurante, de mis favoritos. Así que podremos hablar... sí, hablar. No quiero que para ti sea una cara pasar tiempo conmigo, Bae Kaori.
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Re: the habit of calling you.

Mensaje por lalisa el Vie Jun 23, 2017 10:08 pm


Di un mordisco al regaliz, para apoyar la cabeza contra el frío mármol a la vez que degustaba el sabor dulce. Hubiese preferido estar en el interior de la biblioteca, pero la relación que había formado con el vejestorio (la bibliotecaria) me impedía poner un pie allí: sin tener sus ojos pegados a mi nuca, a la espera de cualquier excusa para poder sacarme. ¡Ni siquiera podía coger prestado un misero libro! Tenía los ojos cerrados, intentando disfrutar de la pequeña brisa que recorría el lugar, era la primavera más calurosa que había llegado a vivir, y estaba segura de que dentro de poco las cosas y las personas comenzarían a derretirse. Arrugué el entrecejo al escuchar como me llamaban, sobre todo por no haber sido capaz de distinguir de quién provenía la voz, porque no era de JooHyuk, ni de los otros del grupo.— Vaya... —Chasqueé la lengua, curiosa. Curiosidad que fue convirtiéndose en diversión al observar la mueca aterrorizada de Hong JiSoo.— ¿Mi ayuda? —No creía que el príncipe de la universidad necesitase nada de mí, además de que estaba segura de que estar a mi lado no era bueno para su intachable reputación. Pestañeé incrédula, ¿de qué demonios estaba hablando...? Me vi tentada a burlarme, ¿era un paranoico? Pero mis burlas quedaron a un lado cuando fui consciente de como sus ojos se movían con nerviosismo, puede que estuviese delirando por sus grandes aires de realiza, que no se tratara más que una forma de llamar la atención, pero me vi en la necesidad de callarle: y la manera más oportuna que encontré fue la siguiente. Deslicé con rapidez mi mano sobre su mejilla, antes de que consiguiese poner distancia entre nosotros, mis labios capturaron los suyos. No fue un beso largo, ni siquiera llegamos a profundizar lo suficiente como para denominarlo como un beso memorable.Pasé la lengua por mi labio inferior, demasiado satisfecha con su reacción: era como un pequeño ratón. Estaba intentando aguantar una sonora carcajada, no daba con regularidad dicho adjetivo, pero JiSoo era completamente adorable.— Nos vemos, cariño. —Canturreé. Hacía poco que YongGuk me había instado a buscar nuevos hobbies, ¡y lo acababa de encontrar sin siquiera tener que buscarlo! Porque JiSoo se había presentado en bandeja de oro en mis manos.

De nuevo JiSoo estaba intentando destrozar mi compostura y hacerme romper a carcajadas con sus extrañas costumbres.— No, no lo soy. —Siempre creía que sería un presuntuoso, dado que todo el mundo deseaba estar a su lado, y le lamían los pies para ganarse su favor. Pero era totalmente diferente a la idea preconcebida que tenía. Recibí las flores, aún sin salir de mi asombro  porque aún hubieran personas que regalasen flores, ¿en qué época había nacido este chico?— Gracias, supongo. —Recibí las flores, y las olía disimuladamente mientras él seguía hablando. Hablaba demasiado, pero a diferencia de otras personas no me molestaba, no del todo. Suspiré, y coloqué un mechón de cabello detrás de mi oreja.— No tienes porque estar tan asustado, te protegeré de esa lunática. —No era demasiado buena tratando con los demás, y menos aún con los sentimientos ajenos.— Ah, tendrías que tenerme miedo a mí. —Reí pasando mi brazo por sus hombros, y dándole un pequeño apretón. [ . . . ] A pesar de no estar acostumbrada a un restaurante tan lujoso, me sentía bastante cómoda, a diferencia de mi acompañante.— La verdad es que me asombra que hayas recurrido a mí...Momo encaja más contigo, y estoy segura de que ella estaría encantada de ser tu novia. —Mastiqué, sin apartar la mirada de él. Mirai Momo era la clara oposición a mí: era dulce, presumida, una princesa en apuros constantemente, y estaba locamente enamorada de él. Y jamás se molestó en ocultarlo.— Y...bueno. La única condición que te pongo, es que no te enamores de mí. —Sonreí, y tras meditarlo un poco, presioné mis labios con los suyos con extrema suavidad, encontrando de nuevo la asustada expresión en su rostro. Era una suerte que se hubiese sentado a mi vera, en vez de en frente, ya que lo tenía más cerca: y podía molestarlo más. ¿Incluso llegaba a hacerlo tartamudear? Negué con la cabeza, estirando las comisuras de los labios en una sonrisa.— Si cada vez que te bese, pones esa cara: la gente no creerá que somos pareja. —Me encogí de hombros, dando un pequeño trago a mi bebida.— Pero...déjame adivinar. ¿Fui tu primera vez? —Junté las cejas, y tuve que clavar los dientes sobre la carne de mi labio para no reír, ¡se había puesto totalmente rojo.— Quizá yo debería ser todas tus primeras veces. —Desde ese momento supe que las burlas serían algo constante, porque disfrutaba de verdad ver como se avergonzaba con cada palabra sugerente que salía de mis labios.— Aunque he de admitir, que tú también lo has sido para mí. Las flores, invitarme a un lugar tan caro. —La mayoría de los chicos a los que solía frecuentar no pesaban más que meterse entre tus piernas, y ya.— Y sobre tus condiciones, —Que aún no me había impuesto alguna. — te prometo, que intentaré tener mis manos lejos de ti. 
 
Mi mano iba entrelazada con la suya, después de que nos encontrásemos con sus amigos en la entrada de la casa de ¿WonWoo? Y no sabía por dónde empezar, pero podía apostar un brazo a que en cuanto yo me fuese, acosarían a preguntas sobre qué demonios estaba pasando por su cabeza. Mis ojos recorrían el lugar con aburrimiento, ¿eso era una fiesta? Estos chicos no sabían organizar nada.— Oye, WonWoo, ¿hay alcohol? ¿O sois menores para eso? —Murmuré lo último, aunque tampoco es que me importase si era escuchada.— Yo te lo serviré. —Negué con la cabeza, ante lo que dijo.— Yo puedo sola, no se me partirá una uña... —Giré mi rostro levemente para ver el grupo de arpías, formado por: Momo, Tzuyu, Sana y las demás que conformaban la manada. Estaba claro que no se habían acercado a los chicos porque yo me encontraba junto a ellos, y el pitido de mis oídos confirma que no habían parado de criticarme desde que entré en la casa. El anfitrión me indicó por dónde ir, y me alejé de allí. No había pensando demasiado bien en lo que me estaba metiendo, era una mala costumbre que había adquirido desde pequeña: como cuando me subí al gran árbol que había en el jardín simplemente porque era divertido, pero no pensé en la consecuencia de estar a metros sobre el suelo, y de la estrepitosa caída que me dejó sin conocimientos por algunos minutos. ¿Qué haría si el acosador de JiSoo era real? Sabía defenderme bastante bien, pero no descartaba que una persona de tal calaña para acosar a alguien, supiese donde estaban los límites. Al beber, volví a barrer la casa con la mirada, intentando encontrar algún rostro que gritase "peligro, voy a por inocente corderito" pero nada, únicamente eran un puñado de niños ricos cotilleando. Apreté los parpados, casi cerrándolos al percatarme de quién estaba intentando coquetear con mi novio falso. Esas chicas eran como buitres a la espera de carroña. Bebí todo de un trago, sintiendo como la garganta me ardía, pero no me importó por la gran sonrisa que implanté en mi rostro.— ¡Chicos! ¿No tenéis mejor música? Es que esto no lo puedo bailar con mi novio...—Había llegado en poco segundos, apartando sin ningún cuidado a la rubia de JiSoo, para agarrarme de su brazo. Amplié la sonrisa cuando SeungKwan, me apoyó.— Por fin alguien que entiende que esto es del siglo pasado: ahora mismo pongo algo para que puedas menear al principito. —Ambos reímos por como reaccionó el susodicho. Tiré de su brazo hacia lo que consideré la pista, y coloqué mis manos sobre sus hombros: él estaba rígido y estático.—JiSoo...no te voy a morder.. —Susurré contra su oreja, rozándola con los labios.— Pon las manos en mi cintura. —Las mías se acoplaron en su nuca, acariciando el corto cabello que tenía allí. Mis caderas comenzaron a moverse con lentitud, rozando las suyas con cada movimiento.— Tus amigos nos están mirando, mhm...todos. —Apoyé mi frente sobre la suya, y me sorprendí de que mantuviese sus ojos sobre los míos.— Abre los labios. —Susurré sobre estos, para luego acoplarlos perfectamente, y empezar a moverlos con bastante rudeza para el tierno JiSoo. Clavé con asombrosa suavidad mis uñas sobre su piel, encargándome de recorrer cada recoveco de su boca, incitándolo a que hiciera lo mismo.
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Re: the habit of calling you.

Mensaje por lalisa el Mar Ago 15, 2017 11:34 pm


Cerré los ojos, pero daba igual. No importaba tuviese los parpados pegados, porque las imágenes se vislumbraban aún más nítidas en la gran penumbra. Estaba en todas partes, todo tenía un poco de él y me hacía imposible querer seguir viviendo. No lo merecía: y la dulce voz de KiHyun me lo recordaba a cada momento. Mi hermano pequeño había muerto por mi culpa, lo había asumido desde el segundo en que lo supe. Había intentado aguantar todo este tiempo por mis padres, mi madre no había conseguido salir de la depresión, mi padre había perdido su trabajo y ahora teníamos que vivir de lo que nos daban mis abuelos. Cogí una gran bocanada de aire, no quería retrasarlo más. Había dudado demasiadas veces, así que estiré suavemente las comisuras de mis labios. Y lo que esperé fue un silencio sepulcral, pero en cambio una voz chillona y femenina retumbó en la desolada azotea. ¿Quién demonios era? Presa de una confusión aplastante, mi cuerpo cayó cuando ella tiró de mí. [ . . . ] Si las miradas pudiesen acabar con la vida de alguien: esa molesta chica ya no estaría en este mundo. Lo había arruinado, ¡esa metiche...! Froté la palma de mi mano sobre mi frente, apartando el cabello que lo cubría. No había podido concluir lo que quería, y había terminado obteniendo un terrible dolor gracias a ella. Estaba seguro de que en cualquier momento comenzaría con un cansado interrogatorio sobre qué hacia en el borde de la azotea, a punto de arrojarme. Estaba indeciso sobre si irme o no, ¿la enfermera me lo recriminaría? Ya sabía en que clase estaba, así que no creo que tuviese escapatoria. Alcé el rostro cuando mi nombre se deslizó en sus labios, y frunzo aún más el ceño. ¿Cómo podía saberlo? Su rostro no me sonaba de nada. Es más, estoy seguro que en mi vida había intercambiado palabra con ella, ¿alguna vez me había cruzado con ella? Lo dudaba. Eché la cabeza hacia atrás cuando salió despavorida de allí, nuevamente con los ojos cerrados. Y por increíble que sonara, no había rastro alguno de KiHyun: solamente estaba esa extraña mujer.— Psicópata. —Farfullé entre dientes, segundos antes de que la enfermera entrase.— Min YoonGi y Kim SoEun, sus profesores ya está avisados... ¿dónde está la señorita? —La mujer colocó las manos en sus caderas. Me encogí de hombros, y no dude en pasar a su lado a pesar de que seguía hablandome. Kim SoEun...Esperaba no volver a verla.

Mordí mi labio inferior con algo de fuerza. No podía probar bocado, tenía el estómago revuelto y la cabeza me latía. Ni si quiera había intentado estar un solo segundo en clase, me largué antes de que a alguna de los pocos con lo que hablaba se le ocurría preguntar cómo había acabado en la enfermería. El móvil residía en mis manos, no podía despegar los ojos de la pantalla: tenía una de las últimas fotos de KiHyun, cuando estaba en el hospital y aún conservaba la dulce sonrisa que jamás intenté atesorar. Abrí los labios con total desconcierto mezclado con una hirviente molestia.— ¿Qué crees que haces? ¡O mejor! ¿Quién eres? —La observé estupefacto cuando se sentó a mi lado, y guardé rápidamente el móvil en el bolsillo de mi sudadera. No esperé a su respuesta, alzando amabas cejas.— Ya sé, eres una acosadora, ¿verdad? —Me alejé un poco de ella. Ese lugar había sido de mi privacidad desde...¿siempre? Hubo una época en la que me sentía recelosa de las demás personas que compartían su tiempo con sus amigos, pero ahora disfrutaba de la soledad. Una acosadora psicópata. Genial. —Me había propuesto ignorarla, estaba seguro de que al final se cansaría y se marcharía a corretear con sus amigas. Apoyé la cabeza contra el mármol, con los ojos nuevamente apretados y tratando de olvidar la molesta presencia que estaba a mi lado y podía jurar no dejaba de registrarme con los ojos: empero, de nuevo volvió a interrumpirme. Bueno, no ella. Su estómago. Un enorme rugido hizo que pusiera los ojos en blanco.— En vez de estar persiguiéndome, deberías comer. —No la conocía, y no me interesaba hacerlo, pero podía notar que era demasiado despistada y no tenía un poco de preocupación por si misma. Con un rápido vistazo me percaté de que no había traído nada, y su estómago seguía haciendo sonidos graves.— Toma, anda. —Arrojé cerca de ella el sandwich que mi madre me había obligado traer, pero me arrepentí al segundo. ¿Sería como esos perros abandonados? A los cuales les das un poco de amor y se te pegan a la pierna por el resto de la vida.— Te aclaro una cosa. Me da igual que le cuentes a alguien lo que viste esta mañana, pero no quiero tenerte cerca de mí. —Del mismo bolsillo en el que había guardado el móvil saque un paquete de cigarros algo arrugados, y un mechero.— Es por tu propio bien, mocosa. —Di una larga calada.

— ¡YoonGi, te estoy hablando! —El portazo que di cortó de golpe la voz de mi madre. Desde que había vuelto de la universidad no había hecho más que escucharla llorar desde la habitación de KiHyun. ¿Acaso no se daba cuenta de que la oía decir todos los días que no podía vivir sin su hijo? Yo sentía lo mismo, pero que lo estuviera recordando a cada segundo de mi miserable existencia no lo hacía más ameno. Gruñí al darme cuenta de que había dejado los cigarrillos en casa, pero si volvía no me dejaría en paz. Para mi suerte tenía un par de billetes, así que empecé a caminar sin rumbo alguno, hasta que encontrase alguna tienda. El aliento se condensaba a cada paso que daba, las tardes se habían vuelto más frías: parecía un invierno eterno desde que lo perdí. Todo dolía, y pensar que podría haber acabado con ese sufrimiento esa misma mañana no lo hacía más fácil, joder. Me coloqué la capucha cuando entré en la tienda, notando como un par de ancianas se daban la vuelta y me escudriñaban con malos ojos.Te estoy diciendo que no puedes llevártelo. Esto es una tienda, no una ong.Di marcha atrás cuando escuché una voz conocida, y con sigilo observé la escena que se reproducía ante mis ojos. La chica y la dependienta manteniendo una acalorada conversación, y todo por...¿una lata de carne para gatos? Fruncí el ceño.— Lárgate si no tienes dinero. —Solamente tienes que comprar los cigarros y largarte, YoonGi. Solamente eso. Y ya.— ¿Cuánto es? —Quité de nuevo la capucha, al posicionarme a su lado.— Oh, no hace falta que lo pague, joven. —Apreté los dientes.— Desde que he entrado no has hecho más que discutir como una desquiciada sobre que ella no tiene dinero. Así que coge los malditos billetes y púdrete con ellos. —Arrojé de mala manera los papeles que parecían tener suficiente valor para ella como para olvidarse de como tratar a la gente, y cogí la dichosa lata de carne para salir de allí seguido de SoEun.— Espero que tu gato valga la pena para rebajarte a mendigar y soportar que te hablen de esa manera. —Espeté. ¡Había dado todo mi dinero! — ¿Ah? —¿Cómo que no era su gato? ¡Todo ese escándalo por unos pequeños gatos callejeros! La vi abrazarse a si misma mientras me relataba como los había encontrado cerca de un descampado, y a pesar de estar congelándose, no concebía perder la sonrisa de sus labios. Como él. Le entregué la lata, y me saqué la sudadera provocando que el pelo se arremolinara.— No sé cómo piensas cuidar de unos gatos si no puedes cuidar de ti misma. —La obligué de mala manera a ponérsela, tirando sin delicadeza cuando su cabeza quedó atascada. Le señalé con la mano que comenzara a caminar, ¿acaso quería que le dijera que iba a acompañarla? Si lo entendía bien, y si no, también. En cuanto estuvimos lo suficientemente cerca del lugar, los maullidos se hicieron presentes cuando ella empezó a llamarlos por unos nombres demasiados extraños. Los pequeños felinos corrieron entre nuestras piernas, ¿eran ocho? Me sentí agobiado por un instante ante tanta cosa diminuta a mi alrededor. Me agaché cuando el único de color negro se atrevió a acercarse a mí: parecía ser el más arisco entre todos.— No deberías darle esperanzas de vida... —Murmuré cuando deslicé con suavidad mis dedos sobre el suave pelaje negro de su cabeza.
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Re: the habit of calling you.

Mensaje por Aislu el Dom Sep 10, 2017 7:35 pm


KIM SOEUN
Miraba perpleja la figura de pie a un costado, y únicamente desvíe mi mirada cuando los maullidos aumentaron de intensidad, quejas por ignorarles y no servir la comida por estar mirando a un desconocido para ellos. Mientras me dedicaba a llamarlos y entregarles la comida, respiraba profundamente del aroma que llegaba desde la sudadera que muy de mala gana me entregó. Pero me la entregó, así que no debía de verme como una gran molestia ¿No? Después de lo ocurrido hoy, había pensado dedicar mi tarde a analizar con profundidad lo ocurrido; sentarme y buscar aquel cuaderno donde anotaba todo y cada Min YoonGi que aparecía en mis sueños, para ahora incluir uno que poco se parecía a ellos: pero existía. Sin embargo, todavía no he salido de mi ensueño cuando me tengo que reencontrar con él. Min YoonGi y todo su ser lleno de misterio. Es como si, después de una vida creyendo que no era algo más que una creación de mi cabeza, de un día a otro aparece a cada segundo de mi día. No me molesta, pero a él sí, y es muy difícil actuar fingiendo que no me doy cuenta de eso. —Y él es Angus, porque cuando los encontré trató de comerse mi hamburguesa.— había decidido presentar a cada uno de los gatos en un intento de ganarme tiempo. Sólo sentirlo cerca, sin hablar, era suficiente para que mis nervios se pusieran de punta y mis manos temblaran mientras repartía la comida, y lo único que pensaba era cómo estoy dando la impresión de ser un completo desastre. Lo seré ¡Pero así no podré ganarme su confianza! El mimoso de Angus, al escuchar su nombre, se coloca en mis pies esperando que lo cargue y así hago a pesar de mis segundos tratando de resistirme. Es el más grande (y pesado) de todos, pero nunca me niego a cargarlo en brazos mientras estoy con ellos. —Y él es Mister Buddy Pickles; fue el cómplice de Angus ese día— no tenía idea de si me estaba prestando atención o no, lo que sí sabía era que hablar sin descanso me estaba ayudando lo suficiente para recuperar la confianza. No al punto de dejar de temblar, pero si como para que mis pensamientos se calmaran y tomaran sin tanta presión lo que estaba pasando. —Ese pequeño es Shakespurr y...— estaba lista para continuar mi largo monólogo y después inventarme la excusa perfecta para alejarme y por fin ir a casa para hundirme en una investigación completa de mi vida y lo que haré con él, cuando, entonces, cometo el grandísimo error de mirarlo por una fracción de segundo. Eso fue suficiente para congelarme y no poder apartar la mirada de él. Luego, las palabras que pronuncia entran como estacas a mi pecho, un golpe limpio. —Yo no veo un problema en eso. Ellos no tienen nada y fueron abandonados, merecen aunque sea un poco de felicidad después de que se les tratara así.— Angus se retuerce en mis brazos, pero yo no lo dejo ir al estar más enfocada en YoonGi. Harto, me araña para librarse y es ahí cuando lo dejo ir. Siempre debe de conseguir lo que quiere: al ver que mis brazos estaban cubiertos, la zona que fue atacada se trató de mi mentón. —Le agradas a Sunshine.— continúo como si nada y cuando él, provocando que sienta mi ser retorcerse, cuestiona mi sanidad (por la enésima vez) respondo:— Lo hacen todo el tiempo. Antes era peor, no querían que los ayudara así que todos hacían fila para arañarme, esperando que los dejara en paz.—Aquel día, me dio la impresión que únicamente se acercaron esos dos para robarme, y desde entonces lamentaron que nunca se libraron de mi después de eso. Me golpea una pequeña ironía, al darme cuenta de las coincidencias entre ese día y hoy.— Pero por mucho que trataron, sigo aquí.— Habría dado todo por se capaz de agregar así que no te vas a librar de mí fácilmente. Porque si bien todo en Min YoonGi te pide que le alejes sin pensarlo, para mí, lo que pedía era que me quedara ahí y no me fuera por nada del mundo. 

Todos los felinos se han alimentado hasta sentirse satisfechos y ahora se esparcen por la acera, igual que hacen siempre que han terminado de comer. Sin embargo, hay una diferencia más el día de hoy: Sunshine se ha quedado en el regazo de YoonGi sin intenciones de moverse en algún momento, a lo que debí acercarle la comida para que comiera desde ahí. Fue una sorpresa, tomando en cuenta que de todos, Sunshine era el más huraño y difícil de tratar, para de repente cambiar su actitud al encontrarse con un desconocido. Los otros poco se acercaron a él, y Sunshine hizo todo lo contrario. De tener que asignarle un adjetivo, se trataría de un escenario adorable. No podía evitar compararlo con los recuerdos que tenía, tantos en los que él se reía sin cuidado y se veía tan... deslumbrante con una expresión que no creía poder ver en el YoonGi que acababa de conocer. Sentía que se trataría de todo un desafío poder descubrir y conocerlo de la manera en que conocía a los tantos que se me presentaron en todos estos años. Era un lienzo en blanco que no me permitía escribir en el. Por ahora. —Si quieres, podemos...— ¿Exactamente, qué tenía pensado decir? No pude saberlo, por las gotas de lluvia que comenzaron a caer, obligándonos a buscar refugio en el mismo rincón donde ellos vivían y se escondían en momentos como este. La lluvia, en un comienzo no era fuerte, sólo como para esconderse unos minutos. Empero, los minutos pasaron y la intensidad fue en aumento, al punto en el que la pequeña sombra que servía para cubrirnos no era suficiente, a lo que después de un parpadeo estábamos completamente empapados, ni hablar de los felinos. —No puedo dejarlos así.— El corazón se me hacía trizas de solo pensar en huir a mi casa y abandonarlos ahí mientras yo me secaba y disfrutaba de la calefacción, de igual manera, no sabía si YoonGi vivía lejos. —Ven conmigo, por favor.— el felino de pelaje oscuro seguía en sus brazos y a ese se le unió Gigil y Patootie. En mi caso, llevaba a Angus, a quien perdoné en el segundo que saltó a mis brazos, Pickles, Shakespurry y Otto. No me tomé el tiempo de preguntarle si su casa quedaba más cerca, pero por como me siguió, me hacía pensar que no. Tampoco era que yo viviera a la otra esquina; fueron más de 10 minutos corriendo bajo la lluvia y, honestamente, cada tres pasos miraba a YoonGi esperando que no se diera cuenta del ridículo que estaba haciendo, lanzara a los gatos y diera media vuelta. Pero, por el sonido que hizo en cuanto paramos frente a mi casa, supe que se arrepentía de no hacerlo. —¡Jovencita! ¿Se encuentra bien?— Maldecì por lo bajo, porque justo hoy era el peor día para hacer esto. Mi nana abrió los ojos al punto de desorbitarlos y apuntó a los felinos, luego a YoonGi, y a los felinos, de nuevo.—Voy a arreglarlo, nana. Solo... no lo dejes ir.— y dejo que los gatos salten de mí a YoonGi que ¡Sorpresa! tiene una expresión para nada linda. Por fortuna me alejaré pronto. A mitad de las escaleras, paro para girarme y apuntarlo—¡No soy una psicópata!— eso, porque alcancé a escucharlo hasta donde estaba. 

Listo, toallas, mantas y un cambio de ropa. Creo que es de unos amigos, pero es culpa suya por dejar todas sus cosas aquí como si fuera su casa— una sonrisa triunfal se posa en mis labios. No solo conseguí que nana no entrara en un ataque de pánico y no llamara a mis padres, sino que también regresé para descubrir que él seguía aquí—¿Q-qué?— cuestiono, después de unos largos minutos en los cuales no ha hablado ni se ha movido, así como no ha dejado de mirarme. Me doy cuenta de la razón cuando una corriente de aire manda un escalofrío por todo mi cuerpo. Sigo con la ropa empapada.— No me iba a arriesgar a perder el tiempo cuando piensas que soy una psicópata y te irías sin avisar.— intento defenderme, a pesar de que mis mejillas están por completo encendidas. [. . .] Un grito escapa sin poder evitarlo cuando me golpea la realización de todo lo que he hecho en menos de 12 horas, que mucho se aleja a mis acciones desde que tengo memoria. Estoy siendo todo lo contrario a lo que soy: toda mi vida temí a Min YoonGi y ahora, lo hago, pero no puedo evitar intentar que no se aleje de mí. En cuanto hay un riesgo de que él se vaya, dejo a un lado cualquier cosa, o empiezo a hablar cuando no lo hago, y peor: me aferro e insisto cuando sé que a él le molesto, y sigo a pesar de que yo siempre huyo en cuanto me dan una sola mirada. Me aterraba pensar que podría hacer cualquier cosa por él. En cuanto dejo la ropa en la secadora, bajo para aliviarme al encontrarme de nuevo con él. —Para llamarme psicópata cada segundo, puedo decir que me estoy ganando tu confianza— bromeo. El escenario frente a mí otra vez es adorable, con los gatos acurrucados alrededor suyo.  Poco encajaba el ambiente con su rostro.—Seguro te preguntas ¿Por qué les das de comer pero no te los llevas a casa? Bueno ¿Viste la cara de mi nana? Cuando los encontré, los traje. Pero mis padres los tiraron al día siguiente.— Me encogí de hombros, no quería darle importancia, y tomé asiento a una distancia considerable.— No son malos padres, ni malas personas. Ya no creen en la palabra salvar.— y en ocasiones, al compararlos con los padres que llegaba a conocer por las noches, podía comprenderlo.—Pero yo sí. Siempre hay esperanza.
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Re: the habit of calling you.

Mensaje por Aislu el Dom Sep 10, 2017 10:54 pm


KWON SOONYOUNG
Era consciente del aumento en mi transpiración que ocurría con tan sólo sentir la presencia de Bae Kaori, por lo que la cercanía que se hacía cada vez más constante. me sentía a poco de hiperventilar, y lo habría hecho, si tan solo ella no hubiera detenido mi respiración con su propia boca. Ella lo sabía, que mi experiencia en este tipo de contacto era nula y era imposible que pudiera seguirle el ritmo, o que siquiera encontrara el sentido del salvajismo en todos sus movimientos. O eso pensé, ya que una vez nos ubicamos en medio de la llamada pista, una sensación que poco conocía recorrió todo mi cuerpo. Era la misma que sentía cuando Seokmin me arrastraba para perder una clase o SeungKwan y Vernon me obligan a tomar comida del comedor compartido pasada medianoche. Sabía que era una comparación carente de sentido, pero era lo único que tenía para comparar: la adrenalina la sentía únicamente en momentos que para otros resultarían aburridos, y ahora por fin la experimentaba en algo que para la mayoría es algo tan natural como respirar. Claro que aún me incomodaba, por el repentino contacto tan intenso, pero no por eso preferiría que se alejara; al contrario, mis manos se aferraban a su cintura, ansioso, aun así temeroso de actuar. No me creía capaz de poder hacer lo mismo que ella, llena de experiencia y confianza. Mis pensamientos poco se acercaban a lo que quería. Escucho las exclamaciones de mis amigos, un grito tras otro grito llenos de emoción y burla, a lo que pienso que para ellos no soy más que el pobre e inocente SoonYoung, que es tan torpe y conformista. Que no toma riesgos. Hoy los tomaré.  Todo lo que sé (muy poco) es por ella y las escenas en dramas o películas, y en ellas siempre son tan llenos de pasión que me mareaban con solo observarlos; ahora, podía comprenderlos aunque sea un poco. Mi diestra se queda aferrada a su cintura y mis dedos temblaron de la sola sensación, era de una medida perfecta y me obligaba a querer tomarla por largo tiempo; entonces, mi otra mano subió a su cuello pasando mis dedos entre su cabello que se sentía tan suave como si se estuviera derritiendo entre ellos. Y su piel era tan suave que me hacía pensar en cómo vale la pena lo tanto que hablan las chicas acerca de los cuidados de su rostro, aunque dudaba que Kaori se preocupara por ese tipo de cosas. Trato de imitarla, y a las escenas que tengo vagamente grabadas, inclinándome con el fin de profundizar el beso, como si fuera posible. Me sorprendo cuando la sensación cambia y manda espasmos por toda mi espina dorsal, mis dedos, mis piernas, todo mi cuerpo es presa de escalofríos y, trémulo, me aferro cada vez más a ella. Es... perfecto. Demasiado perfecto, tan perfecto que termina horrible cuando mis pulmones van en mi contra y no puedo hacer más que alejarme con rapidez, y de ahí comienzo a toser por la falta de aire, tratando de procesarlo. Siento el ardor que dejaron sus uñas clavadas en mi piel, así como la saliva en mis labios que me debería resultar asquerosa, pero no es así, no puedo pensar en algo que no sea besarla una vez más. Una, dos, tres, múltiples veces. No hago más que cubrir mi rostro con mi mano ante el pensamiento, lo peor es que mi vergüenza aumenta cuando todos nos rodean para palmear mi espalda y felicitar una y otra vez a Kaori por dar un cambio tan grande a su querido e inocente amigo. Debería molestarme, o no causarme gracia en absoluto, sin embargo me estoy riendo con ellos y en algún punto nos acomodan de modo que quedo apretujado contra ella y no hago más que rodearla con mi brazo, como si fuera lo que hacía siempre que estábamos juntos. Por esos breves momentos, no temo que alguien me esté observando, ni me como la cabeza pensado en lo que sea que encontraré cuando regrese a casa. Como si esta fuera mi vida de siempre. Sé perfectamente que no es así, pero eso no le quita lo agradable. 

No entiendo— SeungKwan me mira cual si fuera estúpido, del tipo de mirada que le da a Vernon cada que cuenta uno de sus magníficos chistes a media comida, y yo le regreso la mirada, diciendo que él es el estúpido por no saber explicar como se debe. Kaori se está riendo a mi lado, haciéndome dudar de si en serio fue buena idea presentarla a alguien como SeungKwan, por fortuna aún no hace buenas migas con Seokmin o JeongHan, son ya lo más cercanos a mejores amigos, cómplices en contra de mi sanidad. —Kaori dice que sus amigos tienen una fiesta ahora mismo, y la hora de queda de WonWoo ya pasó así que...— entonces estira su brazo en mi dirección, esperando que completara su frase igual que hacen los estudiantes de primaria cuando el profesor deja la frase inconclusa en el aire. No podía reclamar ya que con ese método conseguí entenderle mejor.—¿quieren ir con ellos?— pregunto no porque no esté seguro de que esa sea la respuesta, sino porque quiero que esa no lo sea a pesar de que ya lo sé. Nueva razón por la que la vida de Kwon SooYoung es miserable: junto a Bae Kaori con Boo SeungKwan y su vida dejó de ser la misma desde entonces. —Está bien. Pero vamos a actuar como hicimos en esta fiesta, no quiero que vayas a actuar como en una película americana, y...— antes de continuar, me giro en dirección a Kaori, que parece notar mi seriedad por como deja de reírse para poner la expresión más neutral que le es posible.—Todo a mis límites[. . .] Decido, entonces, nunca, en ninguna ocasión, más en mi vida, ni en mi lecho de muerte, confiar en la palabra de esos dos. Apenas pusimos un pie en el lugar supe que había sido una mala idea, pero confié en que ellos cumplirían con su palabra y lo máximo que pasaría sería que se repitiera lo mismo que en la casa de WonWoo. La peor suposición en la vida. Ahora cargo a una Kaori oliendo a alcohol hasta por los poros y Vernon se encuentra igual que yo con el energético, y ahora muy popular entre los amigos de la chica, de SeungKwan, y la mirada que me manda JiHoon antes de separarnos me lo confirma: las fiestas de ese tipo no son lo nuestro. Ellos no estarán al nivel que yo (son más valientes, sociales... sin cuidado) y aun así se veía que ese tipo de ambientes no eran los suyos.—Kaori, voy a llevarte a tu departamento ¿Está bien? Uno de tus amigos me dio la dirección.— 

Por un momento, preferí ser un patán que abandona a su novia en plena fiesta para irse a relajar a casa, no por que no me importe la seguridad de Bae Kaori; claro que me debe de importar, se lo debo ante la ayuda que me está brindando y no me criaron para ver como una chica se emborracha y dejarla vulnerable cuando bien puedo hacer algo por ella. Lo que me hace arrepentirme es lo que ocurre, lo que ella hace una vez estamos dentro de su hogar. Un lugar privado al que no debería tener acceso tan pronto, pensaba pedirle venir si las cosas no se solucionaban pronto. Si los acosos continuaban por más de dos semanas, se lo pediría con todo el respeto, para que las cosas fueran más creíbles no porque yo sintiera la necesidad de ir a un lugar tan íntimo. —Te voy a recostar ¿entendido? — mi rostro arde por como no ha dejado de hacer comentarios... un tanto vulgares, desde el momento en que entramos a su habitación. Los ignoré como pude, enfocándome en colocarla con cuidado en la cama con un éxito notable por como comenzó a acomodarse. Esperaba que todo terminara ahí.—¿Quieres una aspirina? ¿Agua? ¿Jugo?— tampoco tengo mucha experiencia tratando con gente en ese estado, ya que siempre procuraba irme con la persona en mejor estado mientras los demás se cuidaban entre ellos, ya que sabían que tenerme ahí no ayudaría mucho, no sé como tratar una resaca, no sé qué es sentirse beber hasta quedar inconsciente.—¿Q-qué?— ¿lo que dijo fue justo lo que escuché? ¿quería otra cosa? ¿¡A mí!? Mis ojos se abren al sentir sus manos deslizándose por mi cuello y mi rostro arde en segundos al sentirla acercarse sin avisar, susurrando frases del mismo tipo que antes, el tipo de frases que no había escuchado nunca antes y que a pesar de la sorpresa que me provocan, al mismo tiempo hacen que la chispa de antes me recorra de nueva cuenta y... no pueda hacer más que sentirme culpable. —No, Kaori.— tomo sus manos entre las mías para alejarlas de mí. Me siento culpable porque ella no está en buen estado y no deja de decir incoherencias, incoherencias que me provocan como no deberían hacerlo. No soy ese tipo de persona.—Yo no... ¡¿Kaori?!— De un momento a otro pasa de estar en plan ¿seductor? a ¿estar llorando? Es demasiado para mí, dejándome desorientado por el cambio tan repentino, pero al poco tiempo estoy entrando en pánico.—¡No, Kaori! ¿Por qué dices eso de ti?— Estoy entre la preocupación y el enojo, lo segundo debido a los comentarios que hace respecto a su persona, que son poco de mi agrado. Con manos trémulas, tomo su rostro para que me mire, limpiando de paso las lágrimas de cocodrilo que estaba soltando. —Eres bellísima ¿entiendes?— no sabía de donde salía eso. Kaori irradiaba confianza con solo estar de pie en un rincón, por lo que escuchar todo eso saliendo de su garganta, era algo que no podía aceptar.—La más hermosa de toda la universidad ¿Sabes? De verdad, no creía que aceptaras ayudarme en esto.— tenía mala fama, claramente, pero eso no quitaba que siempre que la veía pasar por ahí  no podía evitar mirarla. —Voy... voy a acostarme contigo solo un momento ¿está bien? Sólo mientras te calmas.— seguía llorando, y nunca me perdonaría dejarla en ese estado.
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Re: the habit of calling you.

Mensaje por lalisa el Sáb Sep 16, 2017 11:47 am


Apreté los ojos en cuanto pronunció que se iba a quedar conmigo. A pesar de estar bajo los efectos del alcohol, y que mis pensamientos no podían calificarse como los más legibles, se me escapó una sonrisa ladeada al verlo recostarse a mi lado.— ¿De verdad? —Dejé que siguiera apartando las lágrimas que brotaban cada vez con menos regularidad. Cuando bebía tanto, como en esta ocasión, no era capaz de controlar las emociones que fluían casi sin poder yo misma comprenderlas del todo: pasaba del cabreo, a la triste, indignación y una infinidad más en un tiempo que podía distinguirse como efímero. Me coloqué de costado. para así poder mirarlo.— Gracias por quedarte conmigo... —Me deslicé unos poco más hacia su cuerpo, para así hacer la distancia de nuestros cuerpo (rostros) completamente nula, pero fruncí el ceño cuando de nuevo se negó a lo que yo quería.— ¡Eres un mentiroso, SoonYoung! Dices que soy bonita, pero no quieres besarme, ni tocarme, no... ¿no te gusto? —Tragué saliva, y lo apuré más aún con la mirada, quería que me respondiera. ¿Qué excusa era esa de decir que no podía porque yo estaba borracha?— Pero yo quiero, esté borracha o no, quiero me me beses: a h o r a. —Deletreé cada letra, anticipando que si no lo hacia terminaría como hace unos minutos, llorando desconsoladamente. Me había acostumbrado a besarlo, no, me gustaba besarlo. La reacción que tenía cuando lo haciaprovocaba un sentimiento totalmente desconocido para mí, del que me había enganchado como si se tratase de una de las mejores drogas que había llegado a mis manos. Suspiré, y me levanté torpemente.— Quitarme la ropa, es muy incomoda para dormir. —Murmuré ante su pregunta. ¿Lo estaba haciendo en venganza? Sí. Seguramente no estaba ni mirando (yo estaba de espaldas a él, por lo que no podía verlo) pero tardé todo lo que pude en deshacerme de cada prenda de ropa, quedando únicamente en ropa interior.— No me gustan los pijamas, es mejor que lo sepas desde ya. —Canturreé al subirme de nuevo a la cama, y dejarme caer a su lado.— Espero que sí que puedas abrazarme. —Cuestioné, ya casi con los parpados completamente cerrados, y me quedé dormida con el sentimiento satisfactorio de tener su brazo alrededor de mi cuerpo: pegándome al suyo.
Me apoyé en el marco de la puerta con una sonrisa divertida. SoonYoung no se había ido a casa, se había quedado toda la noche durmiendo a mi lado, y aún lo estaba.— Hoshi...Hoshi... —Me agaché a la altura de su oído, susurrando en un tono que de estar despierto, lo haría sonrojarse de pies a cabeza. Sus ojos negros se abrieron un poco asustados, pero lo recibí con la más grande de las sonrisas.— He hecho el desayuno, vamos antes de que se enfríe. —Me había puesto una camiseta ancha, y nada más. Tiré de su mano para guiarlo hasta el pequeño comedor. El apartamento no era gran cosa, contaba con lo necesario para que una persona pudiera vivir en él: vivir sola y tener que valerme por mi misma. Me senté en la silla que estaba frente a la suya, cogiendo el vaso de zumo para dar un pequeño trago, mientras el comenzaba a comer.— Espero que no tengas problemas con tus padres por haber dormido aquí. —Metí un mechón de cabello tras la oreja, me estiré para coger un poco de la comida que residía en su plato.— Siento que SeungKwan se haya emborrachado tanto, ¿qué te parece si salimos pasado mañana? Prometo recompensar el mal rato. —Pestañeé divertida, y dejé de comer cuando me vi demasiado llena. Así únicamente me dediqué a observarlo, con una expresión pensativa. Al verlo hacer el amago de levantarse, me apresuré a llegar hacia él, empujando su cuerpo para que siguiera sentado, y con total confianza, me senté sobre su regazo: para sentarme a ahorcajadas.— Sí, sí, lo comida estaba deliciosa, gracias. Pero...¿sabes qué acabo de recordar? —El dorso de mi mano acarició su pálida mejilla, que poco a poco iba tornándose rosada.— Me rechazaste. Dos. Veces. —Mi mano acabó tras su nuca, y hice un pequeño mohín con los labios.— Y me hiciste llorar, ¿no deberías recompensármelo? —Susurré sobre sus labios, y esperé a que por primera vez fuese él quién me besara, y tras unos segundos que para mí se tornaron minutos: lo hizo. Mi boca se movió con suavidad, y también, muy diferente a lo usual, no hice más. Solo fue una tenue presión, y me alejé con un sonrisa en los labios. Dejé que mi cabeza reposara sobre hombro, dejando mi rostro cerca de su cuello. Me había levantado demasiado…¿nostálgica? No lo llegaba a comprender del todo, lo único que desea era estar con SoonYoung, y que me siguiera abrazando.— Gracias por pasar la noche conmigo, y por decir que soy bonita. —Al estar escondida, no me importó que mis mejillas se tornaran al igual de rojas que las suyas, Y me gustó.

Reí ocultando mitad del rostro para que no fuera tan evidente. Tras haber ido a la tienda de conveniencia, y que la mujer mayor que era quién atendía le dijese a Hoshi que era un joven muy apuesto, no había podido parar de reír.— Es que, ¡eres todo un rompecorazones! Debiste haberle pedido a ella que te ayudase. —Si no tenía cuidado iba a atragantarme con el regaliz que había comprado. Los chicos, habíamos conseguido reunirnos los catorce, estaban esperándonos en unas cuantas calles más. Y puedo jurar que estaba haciendo todo lo posible para llevarme bien con los que no tenía tantas cosas afines, pero SeungKwan no me lo ponía fácil, pues al final siempre me hacia participe en sus bromas a los demás.— Estoy segura de que la acosadora te habría dejado en paz al momento, teniendo un fetiche con ancianas… —Alcé una ceja, y tiré de su mano, la cual estaba entrelazada con la mía. Entrecerré los ojos cuando el barullo y voces distaban mucho a lo que esperaba encontrarme, y vaya, el número de personas se había incrementado.— Lo único que quiero, es que este imbécil me pida perdón. Es tan sencillo como eso. —La voz provocó un leve escalofrío, pero fue la escena, en la que HanBin propinaba empujones a SeokMin, la que hizo que soltara la mano de SoonYoung, para avanzar rápidamente.— ¿Qué crees que haces? —Gruñí, pero la sonrisa del chico no hizo más que ensancharse.— Pero qué tenemos aquí: Bae Kaori. —Aparté con suavidad a SeokMin, dejándolo detrás de mí, al igual que a los demás.— Vete, HanBin. —Mi pulso había superado el estándar que se consideraba normal, no podía compartir el mismo aire que él sin sufrir una taquicardia. El se acercó tanto a mí, que mi cuerpo se quedó estático.—  ¿Cómo has estado, cariño? ¿Me has echado de menos? —Su mano acarició primero con suavidad mi mejilla, para luego aferrarse a mi cuello con extrema brutalidad. No obstante, si esperaba que me pusiera a llorar como en antaño: estaba muy equivocado.— Creo que has olvidado que te dije que no quería volver a verte en mi vida. Así que déjanos en paz. —Aparté su mano con tanta pasividad como pude, pero mis nervios estaban cada vez más crispados.— No puedo creer que no eches de menos lo bien que nos los pasábamos, ¿tus nuevos amiguitos no lo saben, verdad? —Mi rostro se desconfiguro. Las imágenes que un día conseguí dejar enterradas en lo más profundo de mi ser, querían brotar con fuerza desde que volví a oír su voz. Y…si él lo decía…— No, HanBin. Márchate. —Hubiera deseado sonar autoritaria, infundir un poco de temor, pero mi voz sonó tan afligida, asustada y necesitada de protección, que él solo rió.— Tienes que acordarte de cómo llorabas en una esquina, suplicándome que parase después del quinto puñetazo. —Una parte de mi se desgarró, e hice lo que debí haber hecho desde que me puso la mano encima por primera vez. Mis nudillos chocaron contra su nariz. Lo detestaba, y me detestaba: si pudiera borrar de mi mente, y mi piel todo lo que pasamos, lo haría. Los amigos de HanBin lo sujetaron en cuando se fue a abalanzar sobre mí, y mi cuerpo se vio movido de lugar cuando SeokMin, y los otros se adelantaron para cubrirme.— ¡Esto no se quedará así, Kaori! —Estaba presa del pánico, tanto que mis ojos se llenaron de lágrimas que comenzaron a descender tan pronto Hoshi se giró a preguntarme si estaba bien. No. No me dolía la mano, únicamente, HanBin había sido capaz de reabrir heridas que creía cerradas, y la vergüenza porque todos supieran lo que había ocurrido en mi pasado. Tapé mi rostro para comenzar a sollozar con fuerza.— ¿Por qué demonios lo has hecho? —No distinguí la voz de quién había formulado la pregunta, pero respondí como pude.— Es lo que se hace cuando alguien que te importa está en problemas.
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Re: the habit of calling you.

Mensaje por lalisa el Dom Sep 24, 2017 8:24 am


¿Qué nombres tan extraños eran esos? A cada cuál más raro, estaba seguro de que aunque lo intentase, no podría recordarlos. Pasé la mano por mi cabello, agitándolo para quitar toda la humedad posible, mientras que con el brazo y mano restante trataba de mantener a los gatos sujetos: pero esos pequeños diablos, no dejaban de retorcerse y maullar.— Esta jovencita...siempre igual! —Miré a la mujer de avanzada edad, y suspiré. Compartía su opinión, señora. No tardó demasiado para volver a tenerla a mi lado, saltando de un lado para él otro mientras parloteaba. Dejé a los bichos en el suelo, y cogí la que ella me tendía para buscar el baño. Era una locura. Solamente había salido de mi casa porque necesitaba aire y tranquilidad, y ahora me encontraba secuestrado por una pequeña psicópata. Me observé en el espejo, y me vi ridículo. Con el pelo totalmente empapado, pegado al rostro y lo mismo iba para la ropa. Dejé escapar una sonrisa incrédula, mientras negaba con la cabeza. [...] No podía seguir su ritmo de conversación, y quizá podría achacarlo a que hacía bastante que no mantenía una tan fluida, pero no: todo se debía a que ella no deja de hablar, ni siquiera para darme tiempo para contestarle.— Te la estás ganando a la fuerza, que es diferente. —Use el mismo tono bromista que el suyo, aunque no compartí la sonrisa que parecía estar siempre plasmada en su rostro. ¿Sunny...Sunshine? Se había acomodado sobre mi regazo, mientras los otros estaban a mi alrededor, abrigándose con el calor que emanaba de mi cuerpo. El pequeño gato empezó a ronronear cuando un par de mis dedos vagaron por su cabeza, acariciándola.— ¿Puede que este desarrollando el síndrome de estocolmo? —Alcé una ceja. El pequeño gato clavó sus orbes azules en mis ojos a medida que ella seguía hablando.— A veces eso es lo más sensato. —Musité, para luego entrecerrar los ojos cuando el maulló para protestar por haber dejado de acariciarlo.— La esperanza es lo más cruel que puede existir, SoEun. Crees que todo va a salir, que hay un rallo de sol que ilumina la oscuridad: hasta que te lo arrebatan. —Dejé de mirar el animal, para luego observar el reloj que estaba en la pared.— Y no hay nada más doloroso que ese momento. Así que lo mejor es no dar pie a ello, y acabar con todo rápidamente. —El tiempo seguía pasando, pero no para mi hermano. Ni para mí.— Eres una ilusa. —Volví a musitar, la mujer mayor volvió con nosotros, trayendo dos tazas de té bastante humeante.— Cariño, sabes que no te permiten que estos gatos permanezcan aquí. Tus padres volverás más tarde... —Observé de reojo como el rostro de SoEun se fue apagando, y aún se podía distinguir el sonido de las gotas chocando contra los cristales. No podía creer que estuviera pensando algo así, ni que fuese a decirlo después del discurso que había soltado hacia nada. ¿Me estaba afectando de verdad estar cerca de alguien como ella? Los soñadores y creyentes de que el mundo era un constante arco iris no eran buena compañía para mí.— Pueden quedarse esta noche en mi casa, pero mañana hay que buscarles otro lugar. — Su reacción fue como lo esperé, y tuve que apartar la mirada cuando hasta la mujer mayor sonrió dulcemente. No había trasfondo ninguno ante esa decisión, únicamente me había apetecido decirlo, y hacerlo. Di un trago largo al té, sería mejor que me fuese antes de que me arrepintiera. La mujer volvió a dejarnos solos, y entonces estiré una de mis manos hacia ella.— Déjame tu móvil. —Cuando lo hizo, escribí rápidamente mi nombre y número, y me llamé.— Mañana no iremos a clase, así que tienes toda la noche para buscar una solución a este problema. —Cogí una toalla que ella había usado para secar a los gatos, para envolverlos a todos como pude. Me giré ya en la entrada de la casa, y golpeé su frente con el dedo indice: provocando que llevase sus manos hasta ahí.— No te resfríes, son responsabilidad tuya.

 Bajé más el gorro, haciendo que llegase casi al puente de mi nariz. Eran las siete de la mañana, y hacía un frío que calaba los huesos. Marqué su número, mientras los pequeños seguían durmiendo envueltos en manta, y estás a su vez se encontraban en el interior de mi mochila.— Psicópata, estoy en la esquina de tu casa. Sal ya. Y abrígate. —No escuché lo que respondió, porque guardé rápidamente el móvil en el bolsillo. Tenía la mochila puesta de forma errónea, con la parte trasera, hacia delante: para así poder observar a los gatos. Sentía un terrible pavor a que dejasen de respirar sin que yo me percatase.— Por fin. —La saludé alzando la mano hasta la altura de su rostro. Pero fruncí rápidamente el entrecejo al ver que tenía mal colocada la bufanda. Y por instinto, como me había acostumbrado a hacer con KiHyun, llevé mis manos hacia ella.— Ni una simple cosa puedes hacer...demonios. —La apreté tanto a su cuello, que seguramente dentro de poco comenzaría a cambiar de color por la falta de aire.— ¿Y cómo quieres que te llame? Es así como te tengo... —De nuevo, volví a sacar el móvil, y no tardé en mostrarle la pantalla, donde se leía perfectamente: pequeña psicopata. Me encogí de hombros, era lo que mejor le quedaba. La vi ponerse de puntillas, tratando de ver qué tenía en la mochila, así que me agaché levemente para ayudarla.— ¿Eh? ¿No están todos? —Era muy malo fingiendo, así que se me escapó una mueca semejante a una sonrisa,— Sunshine no tenía ganas de despertarse, y no soy tan cruel. —Los había hecho dormir en una caja cerca de mi cama, pero el gato negro había maullado incesantemente hasta que lo recosté conmigo: y pasó toda la noche hecho una pequeña bola al lado de mi cuello. Había sido reconfortante, sentir el calor de otro ser, tanto que dormí sin ninguna pesadilla ni temor. Le cedí la mochila, para yo coger la suya y colocarla en mi hombro.— ¿Qué haremos? —Por pura comodidad, coloqué mis brazos encima de sus hombros, teniendo que caminar con mayor lentitud. ¿Solamente iríamos preguntando por las casas si querían un gato? Supuse que eso sería suficiente... [...] La miré de la peor de las maneras, sujetando al pequeño gato en mis brazos.— Me las vas a pagar, mocosa. —Gruñí, antes de que la puerta se abriese y una pequeña, arrugada y sonriente señora nos abrió.— Bue-enos días, quería saber si le interesa hacerse cargo de un gato. Este es Shakespeare... —Por el golpe que recibí en mis costillas, rodé los ojos.— Shakespurr, está sin casa, y con el frío que hace, sin comida y cobijo, seguramente...morirá. —Susurré lo último.— Oh, es que no tengo tiem... —Negué con la cabeza.— Perdóneme, pero él no requiere de mucho cuidado. Solamente tiene que darle de comer, y ponerle algo de cómodo para dormir. Da mucha compañía, y es el más tierno de sus hermanos. ¿Tiene tampoco corazón como para volver a dejarlo en la calle? —En el justo momento, maullo. La señora miró a SoEun, luego a Shakespurr, y por último a mí.— Está...bien. —Sonreí sin mostrar los dientes, y se lo entregué: dándole unos pequeños golpes en su cabeza.— Y por favor, no le cambie el nombre. Alguien le costó un par de neuronas ponérselo. —Apoyé mi codo sobre la cabeza de SoEun. La señora se disculpó, y entró en su casa.— Para la próxima casa te pones tu a llorar, ¿entendido? —Nos quedaban tres gatos, y habríamos terminado la misión.— Tienes que invitarme a comer después de todo este trabajo. —No pensaba hacer las cosas gratis, y menos si perdía la audición por tener que estar escuchándola durante horas.
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