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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hughes el Miér Feb 28, 2018 3:59 pm

 

P-Pero... acabo de regresar. — Masculló entre dientes reprimiendo ese infantil gesto del reprochar, presionando las yemas a los lados del grosos de la puerta conteniendo así parte de sus vocablos en desacuerdo; inquieta por el saber que sus obligaciones exigían de su atención, incluso cuando ansiaba quedarse en casa y ser acompañada por quienes extraño de corazón. Esa mañana se había levantado temprano para preparar un banquete en honor a su esposo e hijo, pero sus acciones se vieron interrumpidas en cuanto su antigua maestra se introdujo en la vivienda anunciando que debía de ir al hospital de inmediato. — ¿Y eso excusa fundamentada para no organizar el desorden que tu ausencia provoco? — Quiso, y tuvo el anhelo de interrogarle el por qué había permitido tanta irresponsabilidad por parte de los trabajadores, pero supo instantáneamente y sin necesidad de una respuesta, que la mujer era más apta para quejarse. Desde que había dejado su puesto cómo líder de la aldea, parecía haber sido dominada por una vagancia eterna. — Estoy segura que a Uchiha no le afectará encargarse de su hijo un día más. — Y no pensaba distinto. Era consciente que el azabache no dudaría en brindarle la ayuda necesaria para así despejar que sus hombros la tensión del trabajo. ¡Pero ese no era el punto! Ella quería ser quién se quedase velando por el bienestar de su familia. ¡Ella quería acompañarlos por el resto del día disfrutando lo que perdió en el tiempo que estuvo imposibilitada del hacerlo! ¿Tan difícil era el comprender ello? — Lo... hablaré con él. — Explicó dispuesta a huir de la conversación, pero indispuesta a culminar su acción. — ¡No hay tiempo para eso! ¿Sabes la cantidad de casos que debes tratar? — El suspiró que mantuvo ahogado entre sus labios, pronto se escabulló. Tal vez si hubiese esperado a que otro atendiese su presencia, ahora no tendría que verse forzada a abandonar su hogar. — ¿Puedo al menos despedirme? — Inquirió. — Déjales una nota y mueve tu trasero, Sakura. Los pacientes no se atenderán solos. — Un día, muy próximo a la fecha, cuando su paciencia y educación carecieran, se encargaría de hacerle saber todos los ingratos momentos que se vio obligada a vivir por sus exigencias.
 
Sasuke-kun, me he visto obligada del ir a trabajar,
prometo regresar lo más pronto posible. 
Con amor, Sakura.” 
 
Depositó la pequeña hoja sobre el velador que acompañaba la cama matrimonial, y se acercó hacia el hombre que aún descansaba para depositar un beso sobre sus labios sin despertarlo. Sabía que si sus ojos se encontraban con los suyos, sería incapaz del abandonarlo. Podía ser una mujer responsable a sus tareas, pero siempre era débil cuando del azabache se trataba. Camino hasta el cuarto de su pequeño hijo, con cuidado de despertarlo le acarició sus negros cabellos antes del besar estos. Aún podía rememorar con suma claridad la manera en que había llorado al verla, sin olvidar esa fuerza con la que se quedo presionado a su pecho hasta el quedarse dormido. ¿Cómo podían pedirle que lo dejase luego del saber todo lo que necesitó de su madre? Mordió su labio inferior, ladeando el rostro hacía los lados para decidirse a partir. Acabaría todos sus deberes, lo haría con efectividad y rapidez, para poder volver al lado de las dos personas a las que más amaba. ¡No había tiempo que perder! Sin el esperar por una invitación, se deslizó por entre las calles hasta verse ingresando por el portal del instituto médico que dirigía. Con una amplia sonrisa y los puños resaltando, dirigió una rápida mirada a quienes se encontraban cercanos: para su suerte, el número presente era el exacto. — ¡Sakura-san! — Parecían haber sido abordados por la felicidad del verla, la cual pronto se desvaneció al reconocer la dureza de sus facciones al observar a cada uno. — ¿Es acaso este lugar un espacio de reunión para el charlar? — Los vio negar. — Entonces... ¿un ambiente en el cual descansar? — Volvieron a imitar su acción anterior. — Tienen dos horas para terminar el papeleo que dejaron sin resolver en el periodo que estuve fuera. — Tomó el blanco cobertor que utilizaba al trabajar para colocárselo y sujetar entre sus manos la ficha dónde se encontraban descritos los casos más difíciles a tratar. — ¡¿Dos horas?! ¡Es muy poco tiempo, Sakura-san! — Era consciente de ello, pero aún así no se inmuto a sus reacciones. Debían de ser castigado de alguna forma, y es que por su causa ahora se veía incapaz del pasar tiempo con su familia. — Quizá si lo hubiesen resuelto a tiempo, ahora no habrían quejas. — Mofó con sutileza, deslizando su mano libre en el interior del bolsillo correspondiente de su bata, y avanzando hacia donde más necesitaban de ella. No había razón por la cual continuar riñéndoles, especialmente cuando debía de apurarse por culminar su ronda. ¡Acababa de llegar, pero ya podía sentir esas ansias del regresar! 
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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hughes el Miér Feb 28, 2018 3:59 pm

 

El ambiente de trabajo al que se encontraba acostumbrado, se vio forzado a modificar en su tiempo de ausencia. Aparentemente, mientras él se había sumergido en la insaciable búsqueda por el hallar la ubicación de su mujer, los cargos menores tuvieron que llevar a cabo el papeleo que dejó amontonándose irresponsablemente. Por las inesperadas vacaciones de Shikamaru, no había cruzado camino con él, más suponía que se encargaría de hacerle saber sus quejas en cuanto tuviese la oportunidad del hacerlo. Era consciente de lo culpable que debía de sentirse, pero al contrario... no podía dejar de sonreír. El haber recuperado a su castaña ayudaba a que irradiara felicidad por donde fuese, sin importar las miradas de reproche que le dedicaran en respuesta. Saludó a los presentes, escuchando sus nombres al presentarse y se dirigió hacia su respectivo lugar, aún sosteniendo la delgada mano de su esposa al caminar. No existía persona capaz de expresar sus pensamientos con claridad, ni siquiera él era capaz del realizarlo, pero su mejor amiga tenía un don para el comprenderlo mejor que nadie, y por dicho motivo le había pedido que le ayudara a redactar un informe acerca de los tratados de paz que se estarían llevando a cabo en el mes siguiente. Una vez al año, Konoha debía de encargarse del recibir a cada uno de los líderes de las aldeas, para así fomentar la unión y el respeto. ¡Ah! Y el comercio. Ladeo el rostro a un lado, visualizando en el perímetro algún ambiente extra donde poder trabajar con su mujer. — No hay lugar dónde te puedas sentar así que... ¡toma asiento! — Pidió queriendo oculta inútilmente su entusiasmo, dándole el espacio necesario para que se acomodara sobre él. Todavía ignoraba la razón por la cual aún debía de tener un par de escritorios frente al suyo, pero el hecho ahora ayudaba a poder excusarse al querer y poder tenerla cerca. — ¿Qué? ¿Crees que haré algo indebido? — Inquirió divertido, bajando las tonalidades de su voz para que solo ella pudiese ser testigo de sus palabras. — No lo haré, no lo haré. — Aseguró. Y aunque deseara el ir contra su afirmación, no podría. Podían suponer que se trataba de una persona instintiva cuando se trataba del deseo sexual, pero había algo que jamás ignoraría y era el hecho de ahora tener terceros en su delante. Prefería vivir con una insufrible erección, a hundirse a ella otorgándoles el gusto a otros de observarla u oírla. Sin embargo... disfrutaría del hacerla gemir su nombre sabiendo que así anunciaría su pertenencia a él. Aunque sería una buena idea el que te acomodes bien, de lo contrario nos demoraremos más en culminar la carta. — Le dedico una sonrisa que a leguas alertaba las ocultas intenciones que sus palabras no permitían expresar y esperó a que correspondiera. Podía sentir su trasero casi reposando sobre su entrepierna, más no llegaba a hacerlo. Había una distancia tanto silente como respetuosa separando su distribuido peso de la zona que ansiaba ser tocada. Joder, en momentos como los actuales suplicaba a los dioses que los demás presentes se largaran de la oficina para dejarlo solo con la apetecible mujer que parecía no compartir sus perversiones. Inclinándose ligeramente hacia adelante, acomodó ambos brazos alrededor de la estrecha cintura de la castaña, apoyando su mentón sobre su descubierto hombro mientras su espalda se acomodaba a su pecho. Cuando pensó en invitarla a ser partícipe de sus deberes, jamás imaginó lo bien que se sentiría el hacerlo. ¿Debía de considerar el despedir a su compañero para así disfrutar de la compañía de su mujer día a día? Posiblemente. Mientras él comentaba lo que pensaba iría bien en la invitación, su acompañante se encargaba de redactarlo con mayor propiedad y educación. Chasqueo la lengua impaciente al cabo de unos minutos, percibiéndolos como eternos. Más cuando la posición en la que se encontraban solo incitaba a que su mente se dejase dominar por indecentes fervores. Entreabrió los labios con la intención de dictar otro dato importante a escribir, pero recurrió a morder el interior de sus mejillas para así callar el rasposo jadeo que quiso escaparse al sentirla más... próxima a él. — ¿Puedes dejar de moverte así?Provocándome deliberadamente el excitarme. Roncó deslizó el antebrazo por su cintura, presionándola a su pecho, deteniendo ese inconsciente vaivén que había vuelto rígida su espalda. ¿Lo había hecho a propósito? Al sentirla moverse con la intención de incorporarse, inmediatamente sus extremidades respondieron imposibilitando su acción. Las yemas de sus dígitos ahora se encontraban acariciando la plenitud de su cálido vientre, así manteniéndola sentada y recostada sobre su rígida entrepierna. Ni siquiera las prendas de vestir conseguían disimular esa innata respuesta de su anatomía a algo tan inocente como el roce de sus glúteos. — No creo haberte pedido que te pongas de pie. — Agregó. — Estas siendo muy traviesa, Mizuki-chan. — La punta de su lengua se deslizó por el borde de su lóbulo, atrapándolo entre sus dientes mientras sus pupilas no se desconcentraban de los movimientos de quienes continuaban laboreando a pocos pasos de su ubicación. Parecían no haberse percatado de lo que iba sucediendo con ellos, y lo agradecía, por qué parte de él buscaba el no detenerse. — No me hagas a tener que castigarte. — Amenazó trazando pequeños círculos que amenazaban con el deslizarse por el interior de su falda, buscando ese centro que podía sentir emanar olas de calor al encontrarse tan cerca. — Continua escribiendo, por favor. — Pidió con cierta sorna, especialmente al ser testigo de cómo su silueta se había tensado por sus arrebatos. Divertido, hundió su boca en la curvatura de su cuello e inhalo a profundidad ese dulce aroma que su tersa piel desprendía. Trabajar con ella... ¿cómo no lo había pensado antes?  
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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hiyorin el Jue Mar 01, 2018 3:53 pm


Intentando ocultar el desgano con que había evitado dejarme ver, asentí: y por enésima vez en el día me pregunte como se sentiría Kei, si necesitaba de mí o si querría algo en particular. Confiaba en dejarlo al cuidado de mis padres, ellos se habían hecho cargo de la situación en mi ausencia y conocían a su nieto mejor que a más nadie: sabrían inmediatamente que hacer si es que algún contratiempo se presentaba, pero... ¿no había abusado de su amabilidad durante mucho tiempo ya? Podía cuidar de mi bebé y quería hacerlo, por esa razón me había mostrado recelosa a aceptar la idea con que Naruto me abordó de la nada... acabé por hacerlo creyéndolo justo, ya que verdaderamente necesitaba ayuda con Shikamaru tomándose un descanso y dudaba que Sasuke estuviera dispuesto a formar parte del plan tras haber recuperado a Sakura de igual modo. Lo pensé necesario, también, porque el tiempo que pasaba con él se había reducido a cortas conversaciones durante el desayuno ya que por la noche lo recibía dormida: luego de cuidar al pequeño el día entero a modo de recuperar la cantidad de tiempo que habíamos perdido. Sabía que jamás emitiría un comentario en contra de mí por preocuparme demasiado y apegarme más de lo suficiente, él lo entendía muy bien: pero no estaba dispuesta a arriesgarme y confirmar las historias que había leído en las revistas que leía la población femenina, donde por muy estúpido que llegase a sonar parecía... una tendencia destinada a repetirse. ¿Las parejas se sentían desplazadas tarde o temprano por sus propios primogénitos? Naruto gustaba de mi atención pero entendía que debía dividirla para velar por la salud y el bienestar del niño, ¿verdad? Sacudí la cabeza y apreté los puños, segura de que exageraba: después de todo hablaba de una persona que conocía de prioridades al dirigir una aldea por su cuenta. — ¿Quieres que me siente ahí? — me burlé, permitiendo a una de mis cejas alzarse lentamente cuando lo consideré. No era ajena a la que necesidad del tiempo juntos que sabía nos estábamos debiendo desde que el embarazo había iniciado su curso, habíamos prescindido de él por precaución y seguíamos alargando la espera: aunque no podría determinar si buscábamos el momento perfecto o solo provocábamos al otro queriendo saber quien iba a ceder primero... y el último de los hechos estaba dispuesta a averiguarlo jugando tan sucio como pudiera. Con un ligero jadeo volteé a verlo, sorprendida de que él hubiera dilucidado mis intenciones casi inmediatamente. Mordí mi labio inferior y permití a un suspiro filtrarse a través de ellos, agradecida de haber sustituido al gemido que mi cuerpo exigió botar ante el contraataque. Uno que competitiva, incluso a la hora del placer, me sentía capaz de regresar. Consiguiendo el dominio sobre las reacciones de mi cuerpo pronto me enderecé, dirigiéndole una ligera sonrisa sobre mi hombro. — Como usted lo ordene, Hokage-sama. — me aseguré de que mi tono de voz asemejara un ronroneo al dirigirme a él, y antes de proceder guié mi mirada a los allí presentes: quienes afortunadamente parecían encontrarse demasiado inmersos en su trabajo, o el disimulo se les daba muy bien. De cualquier forma tenía que ser discreta. — Pero que tonta... mi pluma cayó al suelo. — o yo la había permitido deslizarse de mis dedos para que fuera así. Me aferré a la mesa y me apoyé en él por completo, al inclinarme de lado y dejar que mi mano vagase sobre el mármol de la pulcra superficie: aprovechándome de la posición y la libertad de movimiento que esta me ofrecía para dejar que mis caderas se movieran en círculos apenas perceptibles... y efectivos, asumí cuando sus manos se sujetaron a los lados de está. — Puede que haya caído debajo, ¡creo que la veo! Déjeme encontrarla para así proseguir con su discurso. — logrando que hiciera la silla para atrás aparté mi cuerpo del suyo al agacharme, contenta de que el mueble me dejara espacio para actuar sin tener que encontrarme en posturas dificultosas. Consciente de que seguía cada uno de mis movimientos me senté a observarlo con fijeza, permitiendo a mi lengua acariciarme el labio cuando mis manos se posaron sobre sus muslos. Conocía el límite y no pensaba excederme de él, ¿pero por qué no jugar tan predispuesta como Naruto lo hacía? — Debe de estar por aquí... — mi voz llena de sorna dejó entrever lo que pretendía, y antes de brindar tiempo a que se arrepintiera deslicé los dedos sobre el prominente bulto dentro de sus pantalones. — ¿Podemos ir a comer cuando esto acabe? — pregunté de la nada, fingiendo inocencia al frotar mi tacto sobre la tela de sus pantalones: dejando caer mi rostro a un lado al sonreír. — Es que se me hace agua la boca, Hokage-sama. — y tenía presente que solo me refería a él de ése modo para hacer bromas, pero también lo recordaba pidiéndome que lo hiciera en otro tipo de situaciones: y no pensaba dejar que esa información pasase desapercibida a mis recursos. Los demás, oyéndome, asumirían lo que cualquiera al saber que tanto Naruto como su mujer comían como si el mundo se fuera a terminar al día siguiente: no tendría nada de extraño mientras no se percataran de mi expresión y mis acciones, a las que dí un fin cuando escuché pasos acercarse. — ¡La encontré! — evitando golpearme la cabeza contra el escritorio al gatear a un lado alcé el objeto alegre, y me dejé caer sobre las piernas del rubio una vez más para entregarle toda mi atención al escrito delante de mí. ¡Supera eso, Uzumaki!


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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hiyorin el Jue Mar 01, 2018 3:57 pm


Bufé, y sentí a mi rostro endurecerse algunos segundos antes de que finalmente abriera los ojos: la luz que se filtraba por las cortinas para chocar contra mi semblante se había vuelto un auténtico dolor de cabeza, y si no me levantaba a sumergir la habitación en la oscuridad una vez más acabaría por obtener una pronunciada migraña por el resto de la jornada. La anticipaba apoderarse de mí y no estaba de humor. Sin embargo, bastó con que estirara la mano sobre las sábanas tras dejarme caer en el colchón una vez más para darle otra razón a su llegada. Permitiéndome relajarme durante un instante al valerme pura y exclusivamente de los sentidos intenté percibir sus pasos en la cocina, o su voz en la habitación de nuestro hijo: sin embargo, el silencio que inundaba la totalidad del lugar era interrumpido únicamente por mi respiración y la del pequeño. Luego de proferir un gruñido incorporé mi cuerpo sentado sobre la cama, y al guiar la mirada a un lado me percaté de la nota que descansaba sobre la mesa... ¿pero qué podía ser tan importante para empujarla a marcharse tan temprano? Me restregué los ojos luego de conocer la respuesta y dejé caer el papel sobre la cama, queriendo hacer exactamente lo mismo con el resto de mi cuerpo. Asumí que no entendía por qué estaba tan cansado, hasta que vi lógico suponer que mi organismo empezaba a cobrarme los días y noches en que no me había detenido a descansar para poder encontrarla. Tsk. No recordaba agotarme a causa de tan poco, ¿sería ése el descenso a los treinta? Me obligué a vestirme cuando entendí que mi hijo dependería de mí mientras tanto, y no podía descuidarlo para dejarme abordar por la fatiga y los cuestionamientos sin sentido. — Buenos días, Yuuichiro. — le dirigí una leve sonrisa cuando sus ojos esmeraldas se encontraron con los míos al voltear, y el niño extendió los brazos en mi dirección tan pronto me aproximé a él: gimoteando tan pronto lo cargué en brazos. — Muy bien. No tienes que reaccionar de ése modo. — inclinándome con cuidado lo dejé en el suelo, y pronto se sujetó de mis pantalones para observarme desde su posición de pie. — Tu madre dice que aún eres pequeño para presionarte, así que no lo hagas. Lo conseguirás sin ayuda eventualmente. — bastó percibir la determinación en su mirar para suspirar, revolviéndole ligeramente el pelo negro al avanzar para dirigirnos a la cocina. Necesitando encontrarme allí para dejarme abordar por el desconcierto, ¿qué se supone que desayunaba el pequeño exactamente? No recordaba haber visto que Sakura le diera algo más que el pecho, o quizá ni siquiera estaba concentrado en la situación cuando lo hizo. — ¿Tomas café? — y me sentí estúpido, como también fui capaz de imaginar a Sakura dándome la clase de golpes en la nuca que acostumbraba dirigir a Naruto. Por supuesto que una criatura tan pequeña no podía ingerir nada como eso. ¿Pero qué se supone que le diera de comer entonces? Consideré enviar una nota a Kakashi para pedir sugerencia, habiéndose convertido en padre mucho antes de que yo lo hiciera debía de tener algunos secretos bajo la manga: ¿verdad? Acabé por desechar la idea cuando estuve seguro de que mi sensei aprovecharía cualquier oportunidad para no lidiar con el carácter agresivo de su esposa y resguardar su trasero en casa de los demás... durante horas. Sirviendo un poco de leche en un vaso me agaché a sujetarlo contra su boca, y corté algunas frutas sobre un plato para presenciar con cierta satisfacción la disposición con que finalmente empezó a comer: ensuciándose a él y al suelo en el proceso, pero alimentándose al fin y al cabo. Percibí un leve rubor en sus mejillas y negué al sonreír a un lado, tomando el café que había preparado para mí.

Los Uchiha no hacemos berrinches. — iba a decirle que ninguno de nosotros era dependiente, pero si tenía en cuenta el objeto de sus anhelos podía sentirme identificado. Habían pasado horas y con ayuda de un clon me había asegurado de que Sakura no había vuelto a desaparecer de la nada, pero aún así: ¿cuánto seguiría tardando? La tarde caía coloreando a los cielos naranjas, y el día transcurrió en una completa normalidad al Yuu dormir gran parte de éste y yo tener que organizar las misiones a las que asistiría cuando dejara el período de descanso, sufriendo inevitablemente de una jaqueca luego de percatarme la cantidad que había aceptado en un principio. ¿Naruto no contaba con un solo ANBU dispuesto a encargarse de lo que yo sí? Entendía porque me enviaba a algunas, a otras era inútil: pudiendo mandar a cualquier otra persona. — Ven aquí, será mejor que hagamos las compras de la semana. — antes de que Sakura llegara dueña del estrés para preguntarse por qué había suspendido toda actividad cuando podía hacerlo yo. Yuuichiro se apoyó en mi hombro durante el trayecto, y aunque me sorprendió el desinterés con que parecía enfrentarlo todo aquel día (consciente de que una de las cosas que más le gustaban era observar los vivaces colores de las tiendas en la calle) decidí no cuestionarlo. ¿Qué respuesta pensaba obtener, de todas formas? Incómodo dirigí un asentir a la multitud de muchachas que se aglomeró cerca, tan pronto reparé en que su atención se hallaba sobre mí. Cuando empezaron a gritar supuse que había cometido mi más grande error, así que tomé las bolsas y me apresuré a salir de allí. Percibí a mi hijo gimotear al aferrarse a mí con más fuerza, y dejé que un bajo gruñido me abandonara al perder al grupo de vista. — Si, Yuuichiro, están locas por ti. — el pequeño no volvió a emitir sonido alguno cuando dejé y empecé a guardar los alimentos en sus respectivos estantes: y eso no me hubiera preocupado si no supiera que mi hijo respondía de algún modo u otro a cada cosa que le dijera. Apartándolo de mí al sujetarlo con ambas manos descubrí con sorpresa el color sonrosado ardiendo sobre sus pómulos, y solo en ése momento me percaté de que el pequeño jadeaba. — ¿Cuál es el problema, te sientes mal? Abre los ojos, Yuu. — maldita la hora en que los asuntos del hospital habían alejado a Sakura el día entero. No era un experto en el tema, pero tampoco un ignorante: y habiéndome hecho cargo de mí mismo años atrás conocía los signos de alerta. Tocándole la frente reconocí fiebre, ¿pero por qué gimoteaba de ése modo? No me pregunté a que se debía el llanto con que reaccionó inmediatamente, y tampoco esperé por un instante a reflexionar. Lo aferré en mis brazos y lo cubrí con una de sus mantas, dejando la residencia rápidamente para así irrumpir dentro de la sala de emergencias: apartándome con el entrecejo fruncido del grupo de médicos que estuvo dispuesto a llevarme por delante al pasar. — ¿Y tú qué haces aquí? — lo último que hubiera deseado. Volteé para mirar a Ino y endurecí la mirada. — ¿En dónde esta Sakura? — la rubia pareció ignorar mi cuestionamiento y no me sorprendió, pero cuando se aproximó a inspeccionar al pequeño que llevaba encima negué al apartarme. — ¡Deja que yo lo ayude a sanar! — no. — Su madre se hará cargo de eso. ¿En dónde esta? — el solemne voz con que lo dejé en claro pareció sosegar su intención a insistir, y en cuestión de instantes se decidió a guiarme a través de los pasillos conmigo siguiéndole de cerca. — Aguarda un poco más. — susurré a la criatura, dejando a mi mirada encontrarse con los jades tan pronto volteó al llamado de su mejor amiga. Lo trasladé a sus brazos en el momento en que se aproximó lo suficiente, y limpié el rostro húmedo de nuestro hijo al avanzar a su lado. — No tengo idea de que le suceda. Ha estado sonrojado el día entero, pero no pensé que eso fuera grave.

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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hughes el Vie Mar 02, 2018 2:56 am

 

Sintió un deja vu recorrerle al creer percibir lo que sonaban como quejas de su rubia amiga al encontrarse frente a su esposo. ¿Estaría alucinando de lo tanto que necesitaba verlo? Supo que no al girar y hallar en su delante unos ónix orbes tallarla. — ¿Sas... — No hubo necesidad del cuestionar ambas presencias en su actual ambiente de trabajo, por qué el azabache mayor había resuelto sus dudas con el tan solo emplear un par de vocablos. Estrechó a su pequeño contra su pecho tras el haberlo sujetado con gentileza hacía sí, sintiendo como sus sollozos pronto se convirtieron en un rotundo llanto que iba acompañado de constantes chillidos, los cuales incrementaban en volumen con cualquier mínimo intento suyo de tomar por lo menos un poco de distancia. — Sh... Yuu, mamá está aquí. — Susurro suavemente, apoyando sus labios sobre su frente, depositando el más casto de los roces. Conocía perfectamente a su hijo, había sido testigo de su encantador desenvolvimiento por lo que era capaz de reconocer el motivo por el cual ahora continuaba gimoteando. Siempre había sido dependiente de la peli rosada, pero ahora parecía... no querer soltarla. Después del lapso de tiempo que se mantuvieron alejados el uno del otro, comprendía su angustia del soltarla. — Y no volverá a dejarte solo, mi dulce renegón. — Agregó ladeando el rostro para dirigirle una rápida mirada a una de las enfermeras. — Prepara un cuarto, por favor. — No lo pidió, su voz alertó a los presentes con la amable pronunciación del mandato expresado. Había perdido horas en las cuales pudo haber velado por su bienestar, y todo por la irresponsabilidad de los presentes. Si ansiaban un trato más cordial, como el que siempre habían recibido, podrían tomar asiento y esperar pacientemente, por qué no lo recibirían de su parte. — Como usted pida Sakura-san, ¿desea que informe el estado de su hijo a algún médico de guardia? — No supo si sus reacciones fueron bruscas o amenazadoras, pero bastó con el fruncir el entrecejo para ver la rigidez que dominó a la mujer en su delante. — Tsunade está libre, por lo que pueden avisarle que la estoy haciendo responsable de mis deberes. — Informó, meciendo al niño entre sus brazos y notando como sin importar lo que realizara, no había cambio alguno en su comportamiento. Sentía que si seguía de pie enfrentando a sus trabajadores, terminaría recurriendo a las lágrimas... escuchar a su hijo llorar con desesperación, le rompía el corazón.  — Pero... — ¿Pero? ¿Acaso no sabía con quién se encontraba hablando? Chasqueo la lengua volviendo a negar. — No existen peros que valgan cuando de mi familia se trata, y si busca quejarse, dile que estaré dispuesta a enfrentarla, más no planeo cambiar de parecer. — No esperó a escuchar un reproche, y conocía muy bien a su maestra cómo para saber que evitaría cualquier encuentro con ella para así evitar las posibles acusaciones que soltaría por su boca. No era un secreto, el temor que provocaba el presenciar a la kunoichi enojada. Avanzó hasta la habitación preparada y se dispuso a reposar el cálido cuerpo del menor, pero con el tan solo tener la intención del hacerlo, los alaridos que fue emitiendo se volvieron casi insoportables. Necesitaba revisarlo, pero él convertía la tarea en algo imposible a realizar. — ¡Yuuichiro! — Jadeo manteniendo la calma, aún cuando cualquier persona ya la hubiese perdido en su lugar. — Shannaro... eres un engreído, ¿gritaras cada vez que intenté soltarte? — Inquirió, recibiendo en respuesta sus manos rodeando su cuello con torpeza. Sí, lo haría. Sonrió negando con la cabeza. — Sasuke-kun, necesitaré de tu ayuda. — Esperó a que se acercara y entonces lo tomó de la mano para hacerlo envolverla. Al encontrarse próximos, el pequeño residía tranquilamente entre el calor que le compartían los dos al rodearlo. Lo primero que llamó la atención de ambos fue la inocente risa que el pequeño soltó mientras se abrigaba entre sus padres; parecía sentirse más seguro del saber que no era el único en buscar la estadía de la peli rosada. Quiso reír, pero se contuvo mientras sus dedos se envolvían en chakra para así poder recorrer tranquilamente su anatomía. Con detenimiento y pausa, se encargó de vislumbrar cada detalle en él, casi escudriñando su interior para así asegurarse del no pasar por alto alguna característica resaltante. — Muchos niños somatizan sus emociones cuando se ven incapaz del demostrarlas. — Comentó. — Yuu-kun parece haber estado guardando mucho en él, y simplemente no pudo más. — Se sentía más tranquila del saber que no se trataba de algo grave, pero aún así se sentía algo inquieta del imaginar el dolor que le había provocado al haberse encontrado ausente. — La fiebre debería bajar lentamente por su cuenta. — Por lo menos su llorar había cesado. — Lamento haberte dejado solo el día de hoy, anata. — Soslayó los orbes, algo avergonzada. Si se hubiese revelado a las exigencias de su mentora, quizá hubiese evitado el que se propagase su malestar. — Lamento haberlos dejado solos por tanto tiempo... y-yo... lo siento tanto. — Y de manera inesperada, la humedad de sus mejillas no fue compartida por los roces del rostro de su hijo con el suyo. Estaba llorando por cuenta propia, por qué sentía el peso de la culpa comprimir su pecho y exprimir su corazón. — M-Ma...m... m-ma. — ¿E-Eh? — M-m-ma...m...a. — ¿A-Acaso... No, no era su imaginación, no se había confundido escuchando el mensaje equivocado... realmente acababa de decir su primera palabra. ¡Acababa de decir su primera palabra! — Pa... p...p-pa... a. — ¡Y por si no fuese poco, soltó la segunda a los segundos! Sintió una de sus dulces y diminutas manos deslizarse por dónde las lágrimas habían caído, quizá limpiándolas a su manera. — Te amo. — Susurró hipnotizada, sabiendo que no era la única participe del hechizo. — Te amo tanto, mi Yuuichiro. — Cada día el amor que sentía por él iba incrementando. Parecía imposible, pero era cierto. El amor de una madre a su hijo no tenía límites. — ¡Y a ti también, anata! — Estiró su cuello, buscando encontrar sus labios para así besarlos, pero se vio incapaz del lograrlo al recibir el torpe impacto de la frente de su hijo robándose el beso que debía de pertenecerle a su padre. Rió enternecida. — ¡Yuu-kun, no eres al único al que extrañé! — Presionó suavemente el pequeño botón de su nariz como si estuviese buscando el llamarle la atención.  
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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hughes el Vie Mar 02, 2018 2:57 am

 

Quería jugar sucio. ¿Por qué no le molestaba? El rubio seguía intentando recomponerse del aturdido calor que lo había invadido, del tan solo deleitarse de sus tanto eróticos cómo inocentes movimientos. Buscar el ausente control en su interior, era casi igual de sencillo que esconder lo que yacía bajo sus pantalones. ¿Sentiría su muy notable erección presionarse a ella? Hm, debería de asegurarse que lo hiciera. Se inclinó, una vez más, hundiéndola más sobre su regazo para hacerle saber la excitación provocada por sus llamativos juegos. Ella era testigo de esa respuesta automática de su anatomía al sentirla cerca, pero aún así había ansiado el hacerlo arder. La intensidad con la que ansiaba pedirle a los presentes que se largaran, iba incrementando. La quería hacer suya, y joder... aguantar no era una característica que lo acompañase al querer hacerle el amor. ¡Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habían tenido intimidad! Sí, se sentía frustrado y no, no planeaba dejar la oportunidad pasar. No necesitaba del carecer de prendas para llevar a sentir el orgasmo dominarle, por qué sus bailes eran causa suficiente para sentir la erupción de sus hormonas hacer explotar su miembro. Mordió su labio inferior, apoyando su palma abierta sobre su pierna derecha; aparentando el haber perdido todo interés a continuar. Sí creía que dejaría pasar por alto el satisfactorio sufrimiento que le acababa de provocar, estaba más que equivocada. Era consciente de que tras el permitirle abandonar la oficina, no volvería a tener oportunidad alguna del atraparla y someterla a su dominio. — Bien. ¿Por qué no lees en voz alta lo que llevamos redactando hasta ahora? — Inquirió, casi insinuando la orden en lo que podía parecer una invitación. Quieto, apoyó su cabeza en el respaldar del asiento. Al inicio, prestó atención a las oraciones que con harmonía iban expresándose, pero a los pocos segundos su mente divago concentrándose en temas que debieron de mantenerse ocultos en lo más recóndito de su perversión. ¿Importaba realmente el que la oyeran? Era suya, el acto solo lo confirmaría. Atrapado por la intriga y la posesividad, permitió el que su dedo trazara pequeños círculos a lo largo de su muslo, subiendo lentamente y acercándose al inicio de su falda. Quería hacerle creer que su tacto era inconsciente, casi involuntario, pero sabía que ella notaría ese deguste del incitarla. El rubio supo del efecto inmediato provocado en su mujer, especialmente al escucharla quebrar un par de palabras de manera inesperada. — ¿Sucede algo? — Cuestionó pronunciando silaba por silaba con una plana tonalidad de voz. No se burló, ni siquiera permitió el que la ironía saliese a relucir. Merecía un premio por el ser capaz de mantener la compostura cuando se sentía al borde de la locura. — ¿No? Entonces continúa por favor, quiero saber qué más podemos agregar. — O quitar, o corregir. Sabía que posiblemente había hecho un excelente trabajo, pero se encargaría de demostrar lo contrario para así atrasar la separación que eventualmente sucedería. ¿Podían culparlo por necesitar físicamente de su mujer? Al oírla continuar, sonrió. Podía percibir los suaves temblores que intentaba disimular, y es que bastó con el que articulara una sola consonante para que sus dedos volviesen a deslizarse por la suavidad de su piel. Relamió su labio inferior, alzando ligeramente las rodillas provocando que su cuerpo cayera contra su pelvis; bajándolas a los segundos devolviéndola a su posición inicial. Acto que repitió una y otra vez, quizá considerándolo como un modo de masturbarse. ¿Lo culpaba? ¡Todo era por ella! Por... por su maldita manera de ahogar gemidos y hacerlos oír más atractivos. ¿Acaso ignoraba lo caliente y duro que lo ponía el oírla así? — Creo que deberíamos modificar esa parte, quizá... agregar un poco acerca de las actividades que se realizaran en su honor. — ¿Era necesario? ¿A quién le importaba? Tanto su índice cómo su dedo cordial, se atrevieron a abrirse paso por debajo de su delgada vestimenta, sintiendo cómo su camino se comenzaba a volver una ardiente locura. Cada centímetro que corrompían, el calor y esa sensación a humedad iban haciéndose más... tentadora. Sintió su boca aguarse del tan solo imaginar lo empapados que sus pliegues debían de ya encontrarse. Si fuese por él, ahora la tendría sobre la mesa mientras su lengua devoraba su interior. Rozó el encaje que marcaba el inicio de su lencería. ¿Qué hacía usando algo tan provocativo cuando no le permitiría el admirarlo? Que cruel. Presionó su centro, permitiendo el que su dígito fuese envuelto por sus deliciosos fluidos, obligándose a no querer penetrarla con tanto apresuro. Se tomó su tiempo, rozando el botón de su clítoris, dándole pequeños roces con el grosor de su pulgar, mientras hundía la punta de sus dedos en la cerrada entrada de la castaña asemejando los movimientos que haría si no hubiese algo que le impidiese su avance. La tenía justo dónde quería: desesperada por ser tocada aún más de lo que ya estaba siendo. Enterró el inicio de sus falanges, lo cual provoco un temblor en su erección, endureciéndolo casi con dolor; rogaba a los dioses el poder terminar aprestado por su cuerpo. Era lo único que imploraba en ese momento. Sentir su mojada vulva ser tocada por su erecta verga mientras era atrapada por sus paredes al embestirla. — ¿Qué? — Preguntó con falsa inocencia al haberse detenido de golpe. Necesitó del haberlo, por qué de lo contrario, no hubiese sido ella la única soltando sonidos. No le sorprendería la invasión de un sabor a hierro en su cavidad bucal al haberse mantenido presionando sus dientes superiores contra su labio inferior. — ¿Acaso deseas que continúe? — Naruto inhalo a profundidad, respirando la esencia ligada a su pálida piel que decoraba la curva ahora descubierta de su cuello y clavícula, buscando en está un poco de serenidad a su atormentada mente. Ansiaba besarla, marcarla, poseerla... creía inhumano el tener que soportar tanta tortura. — Solo lo haré si me lo pides. — Roncó ronroneo al ras de su oído. ¿Qué importaba si cedía un poco? Ya estaba comiendo del fruto del árbol prohibido, y no le importaba. Con su mano libre, quito de en medio la vestimenta que comenzaba a ser un impedimento, pero se acerco más al escritorio para que así nadie consiguiera notar la desnuda piel de su mujer. Presionó los dedos en la suave carne de su trasero, acariciando la zona que se había encargado de liberar. Alejó unos centímetros la mano, para luego impactar la palma contra sus glúteos. El alto sollozo que emitió, hizo que valiera la pena el ahora ser observados por ambos ninjas desde sus respectivos escritorios. Sonrió inmediatamente. — Gomen, gomen... Mizuki-chan tenía algo en su pierna y debí de matarlo. Pueden continuar con sus deberes. — Ordenó recibiendo inmediatamente un asentimiento. Pero lo hizo de nuevo viéndose corrompido por el impulso del volver a oírla; volvió a nalguearla con fuerza suficiente como para dejar la piel ardiendo y con una marca irritadamente sonrosada. — Ah... seguía viva la mosca. — ¿Había aprendido de su antiguo maestro el arte de pretender que todo se encontraba en orden cuando no lo estaba?  Sabía que algo debía de recordar de las enseñanzas de aquel vago. — Hokage-sama, ¿no cree que ha sido un poco brusco con su mujer? — Negó entretenido. Brusco era lo contrario a como estaba tratándola. — Está todo en orden, ¿verdad Mizuki-chan? — Y esperó a que entreabriera los labios para pellizcar su sensible clítoris así haciendo que su voz se agudizara al responder. — Solo... le tiene mucho miedo a los insectos. — Disculpó retirando de forma oficial sus inquietos actos y apoyando las muñecas a los lados de su cuerpo, justo en el borde inicial del escritorio. Espero unos segundos, para luego alzar sus dedos aún envueltos por su sabor y así dirigirlos a su boca donde los lamió hambriento por el probarla, haciéndolo mientras su mirar se había clavado en el suyo haciéndole saber lo deliciosa que era. No era necesario el ser un experto para saber que la victoria se la había llevado él, más esperaba ansioso el saber si se llevaría a cabo un contraataque. ¿Lo haría? ¿Sería capaz del continuar con el maldito pero erótico juego? La voraz hambruna que sentía por ella era visible en la dilatación de sus pupilas y en el erótico grosor de su voz, y si continuaban ignoraba si sería capaz del poder detener sus instintos. Más no le importaba el perder la cabeza, si es que lo hacía por la mujer que amaba.
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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hiyorin el Lun Mar 05, 2018 5:56 pm


Portando un gesto dulce asentí, y apoyé las manos sobre las de Naruto a modo de precaución: sabía que la clase de persona con que lidiaba no parecía conocer de límites, y debía asegurarme si quería hacer que mi derrota no se convirtiera en un motivo de burla. Envolví sus brazos alrededor de mí y esbocé una sonrisa que fue incapaz de contemplar al dejar caer mi pelo a los lados, garabateando los últimos detalles sobre el papel tal y como si nada hubiera ocurrido realmente. Debía obligarme a pensarlo y convencerme de ello, si pretendía aclarar al fuerte rubor que había teñido a mis mejillas como el producto de la vergüenza que sentí al imaginar, por un momento, que existía la posibilidad de que fuéramos atrapados. Junto a él descubría ciertos gustos de los que no me consideraba capaz pensando en mí misma, y el continuar aún consciente de que todo podía irse al demonio parecía ser uno de ellos: aquel que se tornaba más y más recurrente teniendo en cuenta el que no era la primera vez que hacíamos algo así, y a juzgar por la forma en que lo disfrutábamos no simulaba ocupar el lugar de la última. Una parte de mí parecía creer que se debía a que simplemente nos gustaba complacer al otro en cada sentido habido, y la restante se aferraba al hecho de que mi mejor amigo y yo podíamos ser un simple dúo de pervertidos del que Jiraiya se sentiría muy orgulloso. Y si dijera que elegía quedarme con la primera opción todo estaría bien, pero lo cierto era que no estaba del todo segura. De lo que sí estaba convencida era de que la espera iba a hacer de la experiencia algo... inolvidable, y mi cuerpo temblaba de anticipación a la sola idea. Le dirigí una mirada sobre mi hombro y tras suspirar me acomodé de lado, pasándole un brazo sobre los hombros al acariciarle el pelo rubio con la mano que anteriormente había liberado la pluma y el papel sobre el escritorio. El dúo de ninjas se excusó para llevar los archivos a las oficinas del consejo, y vi una oportunidad tan clara como oportuna: inclinándome cerca de su oído. Me las vas a pagar, Naruto. — amenacé con la voz sedosa, acariciándole el lóbulo de la oreja con los labios para dejar a mi tacto posarse en su cálida mejilla: no al igual que un rubor, porque sabía que esa era su temperatura corporal. Y no necesitaba recordar que ardía en llamas cuando él se encontraba sobre mí. Definitivamente no en ése preciso momento, intentando verme segura de mis peligrosas advertencias. — Te arrepentirás de esto cuando llegues a casa y te espere con mi conjunto de ropa interior preferido... ¿recuerdas al vestido rosa que te gusta arrancarme cada vez que hacemos el amor? Imagina como se ve en mí ahora. — rocé la punta de mi nariz contra su mejilla y presioné un beso contra la tez caliente, satisfecha. — Es una pena que tengas una importante reunión mañana y tan temprano, porque definitivamente te dejaría quitármelo de encima otra vez... y otra... y otra... — sabía perfectamente a donde se dirigían sus pensamientos, principalmente después de haberse encontrado tan insistente con respecto a una duda que parecía pintar existencial a su modo de ver las cosas: ¿el busto de una mujer crecía durante el embarazo? No había dejado que lo averiguara, quitando sus manos de encima cada vez que trató de responder su pregunta. — Toda la noche... como en los viejos tiempos. — súbitamente me vi obligada a separarme, y lo hice cuando noté una presencia en la que ninguno de los dos había reparado inmersos en lo nuestro. Mi ceja se disparó hacia arriba en cuanto me percaté de su vestuario, ¿desde cuándo la tímida Hinata Hyuuga utilizaba prendas tan cortas? — Vine tan pronto recibí tu llamado, Naruto-kun. ¿De qué querías hablar conmigo? — evité mostrarme confundida, y no me molesté en devolverle el ceño fruncido que dirigió en mi dirección al mirarme. Excusándose de tener que tener el broche de las botas desprendido alzó una pierna sobre el escritorio y devolvió sus ojos a los de Naruto. No me consideraba celosa, sabía que no existía nada que reclamar a la persona en que confiaba con mi vida: pero observar el modo en que una chica que jamás superó su obsesión con él se comportaba a su alrededor si era incómodo. — Bonito vestido, Mizuki. — esbocé una sonrisa tan cínica como la que pintó en su rostro al deslizar las manos sobre su corto uniforme, y volví a asentir. — Lo sé. Él lo compró para mí. — decidiendo que una pequeña muestra de afecto no haría daño a nadie, ladeé el rostro y cambié la expresión en el momento en que los ojos del rubio se volvieron a encontrar con los míos. — Tengo que irme a... liberar tensiones. Pensaré en ti mientras lo haga. — guiñé un ojo divertida y rocé nuestros labios al reparar en que había comprendido el mensaje, presionándolos juntos durante un momento para dejar que se movieran contra los míos lentamente: tomándolo de las mejillas al morderle el labio inferior y adquirir el control del gesto en segundos. Cuando me aparté lo hice algo reluctante, pero finalmente lo hice antes de incorporarme y pasar junto a la de ojos pálidos. — Que tengas un buen día.
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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hiyorin el Lun Mar 05, 2018 5:56 pm


¿Qué? — quise pedirle que se apartara del lenguaje médico al estar seguro de que no conseguiría entender, pero la respuesta de Yuuichiro terminó por aclarar las cosas rápidamente: y mi expresión no pudo hacer más que suavizarse luego de que sus grandes ojos esmeraldas buscaran a los míos para dirigirme una sonrisa apenada. No podía culparlo cuando estaba seguro de que yo habría tomado la decisión de venir tarde o temprano, si había algo que me frustraba parecía ser únicamente el fuerte apego que se apoderaba de mí teniéndolos tan cerca durante tanto tiempo: porque sabía muy bien que llegado el momento de partir a los largos encargos con que me vería fuera de la aldea iba a ser insoportable. Al menos los primeros días, consciente de que tenía un dominio sobre mis emociones y podía cerrarlas cuando era estrictamente necesario: las misiones eran uno de ellos, y si bien permitía que mis pensamientos dieran vueltas alrededor de mi familia lo hacían cuando el peligro de está disminuía al tomarme un descanso. Durante la mayor parte del tiempo no podía descubrirme echándolos de menos, no cuando debía concentrarme para lograrlo y regresar eventualmente. Sabía que aquellas jornadas que me había permitido disfrutar junto a ambos iban a tener un peso muy fuerte a la hora de alejarme, y por eso tenía que dejar de pensar en ello de momento. Le revolví el pelo negro y abrí los ojos desconcertado al guiar la mirada hacia mi esposa, ¿por qué lloraba? Tenía entendido que ése era su trabajo y lo respetaba, sabía que Sakura era vital para una infinidad de personas que requerían de importantes mejoras a su salud y no estaba en el deber ni la posición de cuestionarlo: sin embargo, comprendía de igual modo el que Tsunade se había excedido... como tantas otras veces. Podía tratarse de su mejor alumna y podía ser fuerte, pero arriesgarla a tantas responsabilidades y presión cuando no haría mucho de su regreso en una dimensión totalmente desconocida y alejada de todo lo que representó su verdadero hogar. Incluso yo podía darme cuenta de que por momentos parecía aturdida y sabía que estaba en mí no empeorar su estado con más obligaciones de las que debiera afrontar. — No te preocupes, a pesar de esto pude lidiar con todo: no fue un problema. — froté su mejilla con los nudillos, consciente del modo en que mi aliento desapareció tan pronto oí una voz que estaba seguro de nunca haber escuchado antes: como para reconocerla instantáneamente. Mi mirada se encontró con los jades de Sakura antes de descender, y cuando supe que mi hijo se refería a mí sentí a la dicha acumularse en mi pecho. Una sensación electrizante que me recorría de pies a cabeza anticipando lo mucho que lograría sin la necesidad de exponerlo al dolor y a las trágicas experiencias por las que la mayor parte del clan había atravesado. El pequeño giró en brazos de su madre para enfrentarme con un gesto divertido, y se largó a reír totalmente más animado luego de que dos de mis dedos le brindaran un suave golpe en la frente. — Estoy muy orgulloso de ti. — y mi rostro rápidamente buscó una proximidad que conseguí, cuando presioné un casto beso en los labios de la pelirrosa para apartarme ligeramente. — Y de ti aún más. Eres la mejor madre que existe, y me alegra haber formado a mi familia a tu lado.

Sabía que no era un tema que la fuera a hacer enojar estando en buenos términos con el grupo, pero quizá si podía molestarle el que llegarían de repente y sin encontrarse dispuestos a dar vuelta atrás. Suigetsu, Karin y Juugo querían conocer a Yuuichiro y aún cuando me hubiera negado sabía que eso no los haría retroceder: y no cuando en los mensajes que había recibido de su parte estaba claro que habían iniciado el camino a Konoha y no planeaban dar vuelta atrás. Aparentemente, había una gran sorpresa de la que también me querían hacer partícipe: pero no estaba seguro de que fuera algo real, y creía firmemente en que solo se trataba de una excusa para no tener que regresar tan rápido. En cierto modo, de igual forma, prefería que fueran ellos a que se tratara de Orochimaru: porque a pesar de que hubiera conocido la redención y se hubiera negado a dejar de colaborar para toda misión de la que Konoha necesitase ayuda extra, sabía que a mi mujer no le haría ninguna gracia el recibirlo luego de todo lo que pasé... a su causa. — Sakura, hay algo de lo que quiero hablarte. — mi pecho se comprimió, y el nudo en mi garganta se esforzó por aguardar allí. ¿Estaba nervioso? Mi equipo no venía de visita para marcharse rápida e instantáneamente... anticipaba que iban a quedarse durante días. — Quiero que sepas que me negué. — bufé, negando con la cabeza. No estaba siendo lo suficientemente claro. No, directamente no estaba siendo claro. — Suigetsu, Karin y Juugo vienen hacia acá: quieren conocer a Yuu y... pasar tiempo juntos, como en los viejos tiempos. Cuento con que no van a instalarse aquí, pero no haría mal considerarlo. — me rasqué la nuca, y desvié la mirada con los pómulos calientes al encontrarme con su mirada fija en mí. ¿Q-qué esperaba que hiciera e-exactamente? ¿C-cómo le caía la noticia? A veces el perezoso de Kakashi parecía tener razón... mujeres. — ¿Eso... esta bien para ti?
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Mensaje por hughes el Lun Mar 05, 2018 8:59 pm

 

¿A dónde había partido su pensar? Lo ignoraba. Temía hablar, por qué no era capaz del controlar lo que salía por entre sus labios; había excusado su melancolía con las múltiples tareas del hogar que se empeñó en realizar, pero sabía que eventualmente su comportamiento no pasaría desapercibido. ¡A-Aunque esperaba que sí! Tal vez, el haber soñado con su madre, le había inducido una congoja incapaz de desvanecer. Tal vez, el haber sido sometida a tanto labor, le había forzado a ignorar el cómo relajarse. Soltó un suspiró girando sobre sus talones tras el haber terminado de arreglar el gran jardín que yacía en la parte interior de la casa, sonriendo al sentir cómo la cálida brisa de la tarde movía sus cabellos indicándole que pronto el verano terminaría de aparecer, lo que marcaría el segundo año en compañía de su hijo. Ensanchó los orbes al hallar a su esposo a su lado. No le sorprendió... pero, ¿qué tan absorta podía encontrarse? Preocupada asintió al escucharle expresar su necesidad por decirle algo, manteniéndose en silencio expectante a sus palabras; el pánico amenazó con tomar rienda a sus alborotados pensamientos en el instante que detalló cada acción suya envuelta en nerviosismo, pero consiguió dominarlo al recordarse que no había comunicado capaz de ahuyentarle. Era su esposo, la persona en la que más debía de confiar. ¿Así que su viejo equipo vendría a conocer al menor azabache? Sonrió. — ¿Tienen ya dónde quedarse? — Inquirió. — Hoy es mi día libre... podría prepárales una habitación correspondiente para su comodidad. — Agradecía el haber previsto inconvenientes durante la planificación de la residencia, construyendo un par de cuartos además de los principales para ambientarlos a la necesidad presentada. Tres bocas más que alimentar... ¡no eran suficientes ingredientes para preparar aperitivos para tantos! Y menos cuando los dos hombres involucrados eran capaces de devorar platillos sin el llenarse. — ¡Iré a comprar más comida para la semana! No... no creí que tendríamos invitados... — Desde que había dejado explícitamente detallada la poca aceptación del vivir con ajenos a su relación, tanto su padre cómo su antigua maestra habían dejado ir los vanos intentos del hacerle cambiar de parecer, por lo que la paz y el silencio característico de los Uchiha decoraba el ambiente. ¡Y el silencio estaba acompañado por la decencia al comer! Jamás había visto a su esposo desesperarse por alimentos, tal y como lo había presenciado en más hombres de su edad. La facilidad con la que su mente divagaba, carecía de comparación. ¿Qué le sucedía? ¿Acaso su estado hormonal había decidido descontrolarse? Negó con la cabeza, concentrándose en la conversación que no había sido dada por terminada, más no tardo en que así sea. Pronto se vio rodeada por calles mientras sus pupilas se dirigían de una tienda a otra, buscando lo que su mente había planeado comprar. — ¡Sakura! — Unos brazos invadieron su espacio personal atrapándola desprevenida. ¿Desde cuándo no se percataba de las prontas presencias a su alrededor? Arrugó ligeramente la nariz, tomando un poco de distancia de la mujer de cabellos rojos al hacerle saber con una rápida mirada el que su hijo estaba estrechado a su pecho descansando. Agradecía el haber sido atacada por la espalda, de lo contrario ahora podría escuchar al pequeño quejarse. — Me alegra tanto encontrarte antes de que esos idiotas decidan opacarte a ti y a Yuuichiro. — No había cambiado mucho desde la última vez que se habían encontrado, desde la conversación que habían tenido parecía haber desarrollado un apego a ella intrigante. Quiso dedicarle una sonrisa, o una dulce bienvenida, pero... nada. La presión ejercida en su cuerpo le imposibilitaba el mostrar una faceta distinta a la cansada que emanaba. — ¿Está todo bien? — Elevó ligeramente los hombros y permitió el que un suspiró se escapase. — Sí, han sido unos días pesados en el hospital y estoy un poco cansada, pero nada que sea preocupante. — Disculpó amablemente. — Hay algo que quiero contarte... es muy importante, aunque sigo buscando las palabras para el hacértelo saber. — Ladeo el rostro sintiéndose extrañamente curiosa, encontrando un rostro sonrojado y unos orbes que rehuían de los suyos avergonzados. — Acompáñame a hacer las compras y luego hablaremos al respecto, ¿te parece? — Se habían detenido en medio de la calle por lo que no le sorprendería el que alguien se quejase al respecto. Tenían todo el tiempo del mundo para conversar,  y es que... conociéndolos, sabía que no partirían con la prontitud esperada. 
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Re: maybe we found love right where we are ღ

Mensaje por hughes el Lun Mar 05, 2018 8:59 pm

 

El haber estornudado, no significaba el haber contraído alguna enfermedad. Y no lo haría sin importar la numerosa cantidad de veces en que lo había hecho desde que había despertado. Había pedido un poco de libertad para disfrutar el ser acompañado de su familia, por lo que su cuerpo no podía fallarle. No en ese momento. ¡No ese día! Tomó una bancada de aire y salpico agua en su rostro por tercera vez, esperando que ese sonrosado color reposando en sus mejillas desapareciera con la frescura de las gotas. Sin embargo, era inútil. La fría temperatura contrarrestaba la calidez de su piel casi volviendo el contacto algo irritante. No podía ser fiebre... debía de ser... ¡calor! Ya se estaba aproximando el verano, por lo que no debía de sorprenderle el sentirse así. Se vistió rápidamente, arrugando el entrecejo al sentir cómo su anatomía estaba más susceptible al tacto. Los síntomas se seguían acumulando, como si buscasen el hacerle entender que salud era algo de lo que carecía en ese momento, más no conseguirían hacer que diese su brazo a torcer. ¡Era uno de los ninjas más fuertes de su generación! Debía de tratarse de algo sin importancia que con los minutos pasaría a serle indiferente. Lo único que debía de mantener presente entre sus pensamientos era los buenos momentos que conseguiría vivir al lado de su primogénito. Había ansiado el instante dónde pudiese dejar sus responsabilidades de lado, para así enfocarse en el único papel que debía de interesarle: el de ser padre. Abandonó la habitación entusiasmado, quizá enlenteciéndose con el avance de sus pasos, al sentir cómo su respiración se agitaba con mucha facilidad. Mordió el interior de sus mejillas, ignorando el malestar y continuando hasta ingresar al ambiente dónde se hallaban ambos castaños. Con una amplia sonrisa se acerco a ambos, estirando sus brazos hacía el pequeño castaño... quién no tardo en apresurarse a abrazar a su madre en respuesta. Había olvidado el apego que tenía por su progenitora: se esforzaría más por el desarrollar una misma relación con él. — Tengo todo el día planeado con ambos, dattebayo. ¡¿Estás listo, hijo?! — Cuestionó elevando un brazo en el aire, esperando así contagiarle el ánimo que lo caracterizaba, más lo único que halló en respuesta fue sus marrones ojos entornarse para volver a darle la espalda. ¿L-Lo estaba ignorando? Una gota fría de sudor se deslizó por el largo de su nuca, erizando la totalidad de su piel automáticamente. Quiso creer que se trato de un acto reflejo por la frialdad del menor al verlo, pero parte de él sabía que se debía al calor corporal que comenzaba a volverse algo insoportable. T-Tch. No. No era insoportable. ¡El verano, Naruto, el maldito verano! Quito de sus hombros la suelta camisa que llevaba encima de su remera. El aire chocando contra sus brazos descubiertos le hizo sentirse... ¡¿cómo era posible que no hubiese ayudado en nada?! Se forzó a callar su mente. ¡Era la primera vez que pasaría tiempo con su hijo y lo estaba arruinando por preocuparse por banalidades! — ¿Podría sujetarlo? Creo que no lo he hecho desde que nació. — Expresó con cierta nostalgia. — ¿Eh? ¡¿Si?! ¡Gracias Mizuki-chan! — Dio un par de pasos hacia adelante, casi considerándolos saltos de un infante al saber que su anhelo se le cumpliría. — Lo haré lo mejor que pueda, para que se sienta cómodo... — Apoyó ambas manos a los lados del cuerpo del menor, con sutileza y cuidado, recibiendo un golpe de sus pequeñas manos y escuchando cómo de sus labios salía un fuerte chillido haciéndolo retroceder. Ah. — No... no te preocupes, debió de haberte extrañado bastante, por eso no quiere que lo dejes de cargar. — Le dedico una sonrisa a su mujer para así saberle saber que estaba todo en orden. ¿Lo estaba realmente? No era la primera vez que rechazaba sus intenciones del acercarse, pero... tampoco las había vivido con tanta costumbre como para el no sentirse...dolido. Sasuke también le había comentado lo dependiente que era su hijo a su respectiva mujer, por lo que suponía que no era el único viviendo escenas así. Giró sobre su lugar sacando de atrás suyo una caja envuelta, ignorando así el visualizar momentos en donde vio a su mejor amigo apegado al menor. ¡Estaba exagerando! Lo estaba haciendo. — El otro día encontré una tienda de juguetes dónde habían algunos kunais en miniatura y... ¡decidí comprar un par para jugar con Keichi ‘ttebayo! — Se trataba de instrumentos que eran incapaces del dañar a quienes lo utilizaran, por lo que no dudo en comprarlos. — ¿Te gustan? — Se los mostró a su hijo, esperanzado que esta vez sí le permitiera el iniciar un trato con él, pero la verdad azotó su anhelo al verlo botar el regalo con cierto aburrimiento. ¿O había sido su imaginación? S-Sí, definitivamente lo había sido. — Tal vez... pensé más en mí que en él, no pasa nada, podemos usar alguno de tus juguetes favoritos, ¿nee? ¿nee? — Algo desesperado recurrió al peluche que más le gustaba sostener, tomándolo entre sus brazos y reposándolo sobre su regazo para verlo intentar acercarse, o por lo menos estirar sus manos hacía él, pero lo único que hizo fue señalar otro juguete para que su madre se lo alcanzará. Un intento más, debía de intentarlo por lo menos una vez más. ¿Cómo le demostraría que era un buen padre si no le daba la oportunidad del serlo con él? Debía... debía de... ¿qué debía de hacer? — ¡Ah! Y-Ya sé. — Rebuscó entre sus pensamientos algún detalle que supiera de él, alguno que le pudiese ayudar a aproximarse sin el ser ignorado o expulsado inmediatamente de su espacio personal. Quería abrazarlo, estrecharlo contra su pecho y susurrarle lo mucho que lo amaba, pero... p-pero... ¿por qué él parecía quererlo lejos? ¡¿Y por qué sus cienes latían cómo si alguien las estuviese golpeando!? Soltó un suspiro bastante pesado, no muy usual en él. El cansancio y fatiga era total; no lo demostraba, pero estaba costandole el seguir en pie allí. Las piernas le temblaban, al igual que sus extremidades superiores, y aunque quisiera evitarlo, ya no podía seguir negando que había sido atacado por algún virus, pero eso no le importaba tanto como el ser rechazado por su propio hijo. 
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