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when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hiyorin el Miér Feb 14, 2018 7:39 pm



Logré prevenir el ataque de pánico a tiempo, y también la postura defensiva que habría adquirido en segundos dispuesta a atacar: Kogami Shinya tenía suerte de que reconociera su tono de voz y aroma en cualquier lugar, como también de que en esa ocasión lo hubiera hecho inmediatamente... podía rememorar circunstancias en que no fue así y en todas acababa regañándome mientras cuidaba de él y sus heridas, ¿aunque no había sido ése un pretexto para pasar más tiempo conmigo en aquel entonces? Torcí el gesto en una sonrisa de lado y aguardé en silencio, pero no supe si había procedido de ése modo ansiosa por oír más o curiosa por saber como se supone que había terminado en mi casa: y cuanto dinero le habrían ofrecido para que dejara de vagar por ahí sin rumbo y aceptase las misiones a las que usualmente se negaba. La última vez que nos habíamos visto las caras fue el día que dejé el País del Rayo para regresar a La Hoja, y a modo de no tener una despedida tediosa y llena de sentimentalismos cursis habíamos optado por burlarnos del otro y asegurar que volveríamos a encontrarnos alguna vez... no pensé que fuera tan pronto y en semejantes circunstancias, pero no cabía en mí nada que se relacionase al desagrado si lo pensaba mejor. Él había sido mi más grande apoyo durante la etapa más difícil de mi vida, con el tiempo aprendió a hacerse un lugar resultando una de las personas más importantes para mí. Podía recordar sin esfuerzo la primera vez que cruzamos palabras, y ninguno de los dos había sido del todo amable: con el azabache asegurando que tenía pinta de ser una molestia muy grande y yo dejándole en claro que prefería ignorarlo a tratar con él. Kogami había iniciado siendo mi cuidador, aunque hubiera intentado engañarme con que el hecho de que compartiéramos aposentos nos volvía compañeros de apartamento y nada más que eso: sabía que había aceptado las ordenes del Raikage a regañadientes, y sabía que le bastaron veinticuatro horas para decidir que tolerarme sin perder los estribos iba a hacer el desafío más complicado que hubiera enfrentado ya. No sería capaz de determinar en que momento dejamos las enemistades, de un instante para el otro habíamos aprendido a convivir y tratar al otro dejó de ser una prueba a nuestra irritabilidad... y descubrí que éramos similares en todo sentido. Nos enfadábamos por lo mismo, compartíamos el rechazo y desprecio que hizo de nuestras infancias totalmente opuestas a las que tuvieron el placer de gozar los demás... lo olvidábamos todo cuando nos entregábamos al otro, y no había necesidad de recordar lo que nos había hecho mal si estábamos juntos. Me había convertido en su pilar y él en el mío... y mentiría si dijera que no había añorado el conjunto de sensaciones con que la sola presencia de Kogami podía hacer que perdiera el sentido de todo lo demás. — Llegas cuando estoy a punto de olvidar como te sentías dentro de mí. — musité con sorna, permitiendo caer a la mano que llevé a su pecho para seguidamente morderme el labio y gruñir. — Quítate la ropa y recuérdamelo, ¿quieres? — luego de apartarlo con un empujón y señalarle mi habitación al mover la cabeza, me arreglé la ropa y tomé del pestillo para abrir la puerta: permitiendo a un jadeo filtrarse de mis labios tan pronto di con el último rostro al que deseaba contemplar en ése momento. Incómoda ladeé la mirada, y mis ojos se abrieron más grandes en cuanto me percaté de que Kogami estuvo lejos de obedecerme total y completamente: por supuesto que se estaba desvistiendo, ¡pero allí mismo! Dejé que parte de la puerta lo cubriese y me adelanté antes de que Kakashi buscase comprender mi extraña forma de actuar. — ¿Qué? — distraída alterné mi mirada en su rostro y el cuerpo a no tanta distancia, arrugando el ceño al no percibir respuesta instantánea. — ¿Se trata del apellido? ¿Finalmente me lo vas a quitar? — indagué interponiéndome tan pronto dio un paso hacia delante. Estaba loco si pensaba que podía darse semejantes atribuciones solo porque nos estábamos insinuando al otro como un dúo de idiotas, algunas cuantas horas atrás. — Kakashi, habla o desaparece. No tengo tiempo para tus tonterías, ¡estoy ocupada! — ¿cuánta urgencia habré contenido en mi voz para que él decidiera darme algo de atención? Lo observé imperturbable, y alcé una ceja al cruzarme de brazos: negándome a observar al azabache junto a mí, plenamente consciente de su... circunstancia. — ¿Las citas? ¿Qué citas? — ¡ah, las salidas de las que me obligaban a participar! Negué sonriente, preguntándome si empleando la simpatía lo conseguiría al fin. — No asistiré a más, no tengo tiempo y tampoco guardo ninguna intención de soportarte más de lo debido. ¿Feliz? Ahora vete. — y apreté los dientes, frustrada. ¿Qué demonios lo retenía en su lugar y por qué buscaba la manera de mirar hacia dentro cuando claramente podía notarlo? — Quiero que te vayas. — ¿comencé a hablar en otro idioma y no me percaté de ello? Me volví a colocar delante cuando intentó meterse sin más, y negué con la cabeza esperando que lo entendiera de una vez: ¡no estaba jugando, no lo quería cerca de mí en ése momento!
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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hughes el Jue Feb 15, 2018 3:15 pm




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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hiyorin el Vie Feb 16, 2018 7:21 pm






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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hiyorin el Vie Feb 16, 2018 8:14 pm

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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hughes el Vie Feb 16, 2018 8:28 pm



Era un idiota. La única verdad que sus pensamientos asimilaban con claridad. Hacía tiempo se había percatado de ello, pero le costó el aceptarlo, al creer que quizá... era común el equivocarse. No lo era, por lo menos no cuando se trataba de la misma roca que le impedía el seguir avanzando por el camino. Por lo menos comprendió que el jugar carecía de sentido. Pretender que eventualmente dejaría de amarla era absurdo, ni siquiera se estaba esforzando por el dejar de hacerlo. Día a día buscaba jodidas razones por las cuales continuar pendiente de ella, intentaba inventar excusas que le permitieran por lo menos cruzar miradas por un maldito y escaso segundo. Era patético también, ¿y cómo no serlo? Incluso ahora, tras el volver a verlo con aquel detestable hombre, seguía esperando por un final feliz para él. ¿Por qué le costaba comprenderlo? La había perdido; se deslizó por entre sus dedos y fue atrapada por otra persona al ser incapaz de detenerla. A veces pensaba que jamás hizo suficiente, que se rindió muy fácilmente y cuando se decidió a recuperarla, la realidad lo golpeo. Ah. Ni siquiera con la vida misma diciéndole que mejor era el que se mantuviesen separados, él conseguía aceptarlo. Tal vez era un efecto colateral del encontrarse tan absurdamente enamorado de la rubia. Sí, era mejor culparla. ¿Por qué le tuvo que enseñar lo que la vida significaba cuando había alguien que te importaba en esta? Estaba feliz solo, estaba bien sin saber lo que significaba amar, pero no. ¡Debía de aparecer y arruinarle todo! Suspiró. Patético. No encontraba otra palabra que consiguiera describir de mejor manera el estado en el que ahora estaba. Se atormentaba, por qué ansiaba que ello le hiciera olvidarla aún cuando era consciente que no sucedería. Menudo problema en el que se había metido; no sabía cómo salir de esté. Y el principal problema partía en que no quería hacerlo. Soltó otro suspiro por entre sus labios mientras ladeaba el rostro a un lado encontrándose con la persona que menos quería ver en ese instante. ¿Por qué? ¿Por qué los dioses disfrutaban del joder tanto? A pesar del asociarla a una desgracia, no podía dejar de observarla. Era un tormento el que con los días se viese más hermosa. La opción  más lógica que cruzo su mente fue el partir, pero siempre estaba la que no debía de elegir y la cual tomó sin considerarlo: quedarse a seguir bebiendo cómo un idiota. Posiblemente todo residía en los efectos del alcohol. Toda persona que lo conociera sabía lo mucho que detestaba el beberlo, pero ahora iba contra todos sus principios esperando que una buena borrachera lo hiciera olvidar el dolor por el que pasaba a diario. La reunión era por él, ¿por qué no hacerlo? Llevó otro vaso de cerveza a sus labios y bebió hasta que el líquido se ausentó. Honestamente no comprendía cómo es que las personas disfrutaban de un acto tan desagradable; el sabor era detestable y la sensación que te dejaba le provocaba nauseas. Lo peor es que ni siquiera parecía estar dándole el efecto que ansiaba. Esperaba no fuese una pérdida de tiempo, de lo contrario se pondría de peor humor del que ya se encontraba desde hacía horas atrás. ¿O serían días? Quizá hasta años. Desde el momento que deseo ir detrás de ella, no recordaba haberse sentido... feliz. — ¡Mi eterno rival! ¿Gustarías de una competencia más? Estoy seguro que en esta oportunidad la llama de la vida me iluminará hasta hacerme ganar. — Ladeo el rostro y le observó en silencio por un par de segundos. La idea sonaba bastante tentadora, barrer el suelo con su victoria le ayudaría a pensar en algo que no derivara eventualmente hacia la rubia. — Cómo es la primera vez que te veo bebiendo, he decidido no ser amable contigo. — Ah. Nuevamente un par de palabras que al unirse carecían de sentido. — ¡Y retarte a ser mi contrincante en quién toma más! — A veces se cuestionaba el motivo por el cual seguían siendo amigos, y aunque nunca conseguía una solución a la más grande de sus incógnitas, sabía que si no fuese por el moreno, se sentiría más vació de lo que ya de por si se encontraba. Asintió sin darle mayor espera y pronto su cabeza empezó a darle vueltas. Había perdido la cuenta de cuantos tragos habían descendido por el tramo de su garganta, y aunque se mantuvo en silencio y pretendió estar sereno, sentía cómo si su cuerpo careciera fuerza. ¿Eso es lo que sentía estar borracho? ¡Q-Que molesto! Chasqueo la lengua buscando con los orbes a aquella mujer que detestaba. La detestaba... ¿o era acaso que la amaba? De algo estaba plenamente seguro, y es que odiaba el amarla. Joder, ella era más molesta que el no tener ilación en su propia cabeza. Encontrarla no fue una misión complicada, especialmente cuando no recordaba el haber dejado su ubicación pasar por alto desde el instante en que se unió a todos los presentes. ¿Qué debería de hacer para recuperarla? ¡Parecía que el sexo ya no le importaba! Andaba... entregándose a otros imbéciles cuando ella le pertenecía. Coqueteando, besando y debutándose frente al publico masculino en su cara. ¡C-Como si quisiera que el resto de personas supieran que no le pertenecía! Geez. ¡Más molesto que amarla o estar ebrio, lo era el tener momentos donde se lenteció todo su pensar! ¿O lo era el hecho de suponer que se estaba recriminando a altas voces en el interior de su cabeza? ¡¿Y podía dejar de repetir la misma palabra como un jodido infante que no sabe más vocablos?! Tsk. Ahora entendía el motivo por el cual prefería no beber a pertenecer al minúsculo grupo que disfrutaba del encerrarse en bares cada fin de semana. ¿Era posible el disfrutar de algo tan desagradable cómo la poca autonomia? Todas sus facultades parecían haberse dormido, incluso las que le permitían el moverse. Lo que le hacia pensar... ¿cómo conseguiría regresar a su casa en ese patético estado? ¡Su mejor amigo estaba recostado en el suelo inconsciente desde hacia minutos! No sería de mucha ayuda, posiblemente él debería de otorgarle la suya. Maldición. Mal-di-ci-on.

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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hiyorin el Sáb Feb 17, 2018 10:16 pm


¿Qué estamos celebrando? — pregunté al abrazar los hombros de Kurenai por detrás, apoyando mi mentón en su hombro para sacarle la lengua a Asuma: quien puso los ojos en blanco y estiró la comisura de sus labios en una sonrisa que, desafortunadamente, conocía muy bien. ¿No era ése gesto el que empleaba para convencerme de hacer cosas que no quería? Solté de mi amiga para cruzarme de brazos y observarlo con la ceja alzada, dirigiendo una mirada sobre mi hombro al alboroto que ingresó al bar a mis espaldas: dueños de un júbilo que me obligó a preguntarme de que me había perdido exactamente. Anko me lanzó una sonrisa desde su lugar junto a Raido, Izumo y Kotetsu: Genma me besó la mejilla al pasar por mi lado, y Aoba me dirigió un asentir con las mejillas encendidas. — El éxito de una misión importante para Konoha, parece que Kakashi y sus alumnos consiguieron unir los lazos con Suna por participar del rescate al Kazekage. — la expresión de mi rostro cayó, y antes de que girara para abandonar la cantina tan rápido como fuera posible la azabache de ojos rojos tiró de mí para ubicarme junto a ella. Aunque tuviera cierto punto débil por el reproche con que la mejor de mis amigas acostumbraba observarme de vez en cuando, bufé y negué con la cabeza: ¿qué sentido tenía el que yo debiera de estar ahí? Como si se hubiera vuelto una costumbre me las había arreglado para evitarlo en cada lugar en que existieran altas posibilidades de coincidir, harían ya dos semanas desde nuestro último encuentro: y la pasaba muy bien mientras no lo recordara. Estaba bien con la suerte de relación que tenía con Kogami y no necesitaba preocuparme por más, salvo quizás la gran cantidad de misiones que debería acortar mi tiempo libre. — Aprecio que me hayan invitado pero... — antes de que pudiera pensar y escupir una excusa, el dúo junto a mí negó. — Eres una mujer madura que no conoce de adversidades. Anda, repítelo conmigo. — ¿creían que se trataba de una broma? Entendía que sacaran provecho a la hora de burlarse y al lado de todo lo que había escuchado a lo largo de mi vida, podía soportarlo: pero estaba lejos de entender porque se esmeraban en forzar algo que no iba a suceder. Tenían que ser tontos si pensaban que no podía distinguir sus intenciones. — ¡Me voy a quedar porque alguien tiene que asegurarse de que tú no tomes, nada más! — ceñuda alcé la mano para pedir el trago que yo sí podía ingerir, y cuando comenzó a quemar mi garganta empecé a olvidar el motivo por el que estaba tan enojada en primer lugar: y no porque realmente hubiera desaparecido de mis pensamientos, sino porque el sabor de la bebida me brindó otro tipo de preocupaciones. Ladeé el rostro al oír a Gai, pero estuve segura de que cometí mi peor error cuando mis ojos se detuvieron sobre la figura junto a mí: a la que anteriormente había dado la espalda. Tenía que ser una broma de muy mal gusto. — Diablos. — desvié la mirada tan pronto atraje la suya, no necesitaba de una conversación y tampoco contaba con el humor para soportar un pleito. Solo... tomaría hasta que llegara la hora de irse, porque era un buen plan y lo único que podía hacer consciente de que iban a arrastrarme de regreso si conseguía escapar. La noche transcurrió mientras el grupo que definitivamente no podía seguir bebiendo continuaba, palmeando la espalda del peliplata y hablándolo todo en voz alta: generando un alboroto que estuve segura resultó responsable de que los únicos presentes allí dentro fueran ninjas y no civiles. Apoyé la mejilla en mi mano y miré a los lados, tocando al representante de la juventud eterna con la punta de mi bota: ¿había muerto o algo así? Yacía inconsciente en el suelo hasta que Asuma se percató de ello y lo ayudó a incorporarse, alegando que el susodicho parecía haber tenido suficiente por una noche: y disculpándose con Kurenai cuando decidió que lo llevaría a casa. — No puedo cargar con demasiado peso, mi embarazo lo impide. ¿Te importaría llevar a Kakashi? — abrí los ojos más grandes y me di cuenta. ¡A propósito frente a mis ojos, sin que yo lo notara! Por supuesto que las cosas habían salido tal y como ellos las pretendían. Ninguno de los dos me dio tiempo a negarme cuando dejaron el lugar, y tampoco sentí demasiadas alternativas llegado el momento de girar una vez más: si me sorprendió el estado del aludido, sin embargo. Recordaba que le disgustaba la bebida como a nadie más, ¿cómo fue que tomó tanta? Apreté su muñeca en mi agarre y tire de él refunfuñando, asegurándome de tomarle la mano que pasó sobre mi hombro y sujetarlo por la cintura: casi tropezando en busca del equilibrio. — No te eludí durante tanto tiempo para terminar arrastrándote a tu departamento. Eres de lo peor. — ¿seguía consciente? Inclinándose a mí lo dudaba, obligándome a apartarme cuando su rostro decidía justo caer en mi cuello. El camino a éste no fue largo, afortunadamente: lo que si me llenó de incertidumbre fue tocar la puerta y esperar consciente de lo que mi presencia allí iba a generar en la pelirroja. Me sentía muy incómoda teniendo que regresar, y peor aún cuando su novio se apegaba a mí persistente: sin importar cuantas veces le hubiera quitado los brazos de mi alrededor. — ¿No hay nadie en casa? ¡Oye, quita las manos de ahí! — sobresaltada lo golpeé en las manos, y debí de sostenerlas entre las mías cuando me percaté de que mi duda había sido comprobada: la puerta se abrió sola, del modo en que lo hacía siempre al Kakashi ser temido como para enfrentarse a la inseguridad. — ¡Te vas a caer! — encendí las luces al rodearlo por las caderas y forzarlo a caminar conmigo, presenciando el desorden que allí había... similar al que debí de organizar y limpiar cuando él... yo... bufé. No era un hombre desordenado, así que quizás alguien había desafiado mis teorías y se había colado en su departamento para robar: de todos modos no era mi problema. — Por supuesto que te duele, idiota. No te gusta el alcohol, ¡no puedes tomar así! Voy... voy a prepararte un café y me largo, no quiero que Tsubaki me encuentre aquí.
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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hughes el Dom Feb 18, 2018 7:53 pm



No sabía si se trataba de buena o mala suerte. ¿Los dioses se estarían burlando de él? Tch. ¡Por ese tipo de actos es que prefería burlarse de ellos a darles alguna clase de reverencia! Había añorado un posible encuentro con la rubia, pero no uno en el que meritase su ayuda para no terminar desplomado en el suelo cómo su compañero y amigo. Que inoportuno el que su anhelo se hiciese una realidad. — ¿Tsu...baki? — Arrastró las sílabas del nombre con lentitud y recelo. Le era familiar el decirlo, pero... ¿de quién podría tratarse? — Ah. La pelirroja. — Lo había olvidado; quiso reír de la breve fracción de tiempo que pasó antes del desconocerla. ¿Habría sido por el estado etílico que lo caracterizaba o por el poco interés que le otorgo a su antigua pareja durante su relación? Quizá un poco de ambas. — Ya no estamos juntos. — Aclaró con cierto orgullo. Lo que inició cómo una liberación a través de la relación, se termino transformando en una obligación para él. Le alegraba el no tener que pensar en alguien que honestamente no le interesaba más allá de un simple compañerismo que no era capaz ni de llegar a una amistad. — Gracioso, ¿no crees? — ¿Qué lo era, exactamente? Intentaba no enfocarse en el poco dominio que podía emplear sobre sus extremidades, por qué de lo contrario, dicha particularidad sería lo que más gracia le daría. G-Geez... ¡Quería olvidarlo todo! No volverse un idiota que es incapaz del caminar por su cuenta. — Creí que podría olvidarme de ti, pero sigo siendo un idiota... que prefiere sufrir amándote de lejos— Qué irritante era el querer callar, y no poder hacerlo por la electricidad de su lengua en ansiar delatar lo que por tanto tiempo había guardado para sí mismo. ¡L-Le estaba dando motivos fundamentados para joderlo más adelante! ¿O era al revés? — ¡Es cómo cuando fui a Kumogakure! — Bramó. — ¿Cómo se llama? ¿Kagami? ¿Kogari? ¡K-Kogami! — ¡Ni siquiera podía odiarlo por qué sentía que era un buen reemplazo para él! Ah. I-di-o-ta. — Incluso cuando me dijo que estabas mejor sin mí y que volviese a Konoha, tuve que ir a cerciorarme de ello... si hubiese creído en sus palabras, no hubiese tenido que vivir el hecho de verte sonreír para otros. — La congoja que envolvió cada una de sus facciones fue visible, especialmente al carecer de la fina tela que cubría de su rostro a diario. Usualmente le era fácil pretender encontrarse bien al no estarlo, pero ahora... creía que si se esforzaba por el actuar con normalidad, terminaría cavando a profundidad su propia tumba. ¿Importaba acaso? ¡Y-Ya era hora que lo sepa! Tantos secretos que guardaba, empezaban a causarle una migraña eterna. — Me costó el aceptarlo. — Aún ahora le costaba el hacerlo. El optimismo que sus alumnos le compartían era inquietante. Haciéndole creer que con el pasar de los días, todo mejoraría, ¿qué clase de broma de mal gusto intentaban hacerle? ¡Lo peor es que empezaba a considerarlo! Vaya molestia. — Vaya vida de mierda he tenido desde que te fuiste. — Y lo continuaba siendo hasta el día de hoy. — ¡Pero todo comenzó esa noche! — El alcohol... había hecho que cada una de las sensaciones que lo atormentaron se posaran en su cabeza y cuerpo, haciéndole víctima del sentirlas nuevamente. ¡Joder! Se suponía que debía de ser entretenido, pero ahora su vivencia se asemejaba a una visita al tártaro. Podía visualizarse a la mañana siguiente maldiciendo sus comportamientos, y avergonzándose del poco raciocinio de sus pensamientos. Más aún, cuando su mente divagaba, y su voz enunciaba palabras que ni siquiera cruzaban por su cabeza antes del hablarlas. ¿Q-Qué le estaba sucediendo? ¡¿Por qué no podía mantenerse en silencio?! — La noche... que quise decirte lo mucho que ansiaba querer ese hijo contigo. — Parecía una fémina lanzando su versión al aire cuando ya no había necesidad del retomar la conversación. ¡No a estas alturas! Y menos cuando... ¿cuándo qué? — Fui por la godaime por qué si alguien podría ayudarnos, era ella... pero cuando regrese no estabas. — Soslayó la mirada huyendo de la suya, ¿o lo que intentaba hacer era buscarla? M-Maldición. — ¿P-Por qué? — ¿Qué diferencia haría el saberlo ahora? Ninguna. Una distracción, necesitaba realizar algo que quitará la concentración de su absurdo e innecesario monologo. Estiró los brazos ignorando quién se encontraba en su delante y empujando a la rubia, haciendo que terminase recostada sobre la cama. ¿Ahora también estaba ciego? Bah. Se dejo caer a su lado, acto que propicio alabanza por su anatomía. ¿Qué es lo que le faltaba proclamar? ¿El tiempo que estuvo en prisión? ¡D-Debía de callarse de buenas a primeras! Habían cosas... que debían mantenerse ocultas de su conocimiento. — C...creo, que lo mejor es que te vayas. — Y si lo consideraba... ¿por qué sus brazos se habían apoderado de su cintura y ahora reposaba tranquilamente sobre su vientre? Esta vez, se llegó a un acuerdo. No quiso seguir expresando más, y no lo hizo. Se mantuvo en silencio, disfrutando del tenerla a su lado, aún cuando prácticamente la había forzado para que así sea. Un poco de paz... un poco de paz para un ebrio que no dejaba del considerarse.
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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hiyorin el Lun Feb 19, 2018 8:11 pm


Atrapada por la conmoción me limité a escuchar sin mediar palabra, y procuré mantener mi silencio a medida que él hacía todo lo contrario: porque sabía que escuchaba la verdad, aunque no encontrara forma de concebirla. Recordaba de forma muy vaga la conversación que habíamos compartido durante la misión al Colmillo, y conseguía imaginar la expresión de mi rostro cuando comentó en voz alta un recuerdo del que no formaba parte... un lugar en el que se supone no debería haber estado, un momento que no debería de haber presenciado. Supuse, a la defensiva, que tomaba conjeturas acertadas sin tener idea de ello única y exclusivamente para hacerme sentir mal: lo asumí cegada por la ira y la angustia con que estallé en su contra tan pronto mencionó... el incidente que había tenido lugar años atrás, y demasiado preocupada en todo aquello que no se le relacionara acabé por olvidarlo. Pero con su declaración y la de Kogami no podía pasarlo por alto, y debía aceptar la única certeza expuesta ante mis ojos... el rencor que había dirigido a su persona perdía todo su sentido y razón de ser, dejándome en el peor de los lugares a la hora de considerarlo. Había descargado mi furia en él, mi coraje y despecho convencida de una realidad que solo existió en mi mente... porque si Kakashi llegó cuando no debería de haberlo hecho, entendía el motivo por el que no lo había vuelto a ver. Tanto tiempo sugestionada por las distintas razones que cruzaban mis pensamientos, para llegar a la conclusión de que no existió una sola en que estuviera en lo cierto. Cuando lo sentí relajarse sobre mí pestañeé, y debí de cubrirme la boca con las manos para contener el angustioso sollozo que solté: la opresora sensación que creía se encontraba arraigada a mi pecho cedía por primera vez en mucho tiempo, pero no lograba distinguir como debería de haberme sentido al respecto. Lo que si tenía claro era que no podía quedarme allí, y que necesitaba de tiempo si quería pensar mejor las cosas... tiempo y otra clase de respuestas. — ¿Kakashi? — pregunté en un murmullo, dejando salir al aire de mis pulmones en un largo suspiro cuando tomé sus hombros con suavidad para hacerlo a un lado. Desconcertada me percaté del desorden que había en la habitación, porque claramente no había reparado en él al ingresar: ¿pero por qué toda la casa parecía haber girado patas para arriba? Él era la persona más organizada que hubiera conocido nunca, y no podía haber sido víctima de un robo. Mordí mi labio, ¿acaso presenciaba los estragos de la discusión que lo separó de Tsubaki? Levanté la ropa del suelo y la doblé para guardarla en su lugar, obligándome a hacer lo mismo con las armas desperdigadas y los papeles desarreglados, montándolos en una pila sobre el escritorio. ¿Cómo es que siempre acababa limpiándolo todo? A juzgar por lo que había mencionado... porque siempre era la responsable indirecta. Me agaché para estirar el brazo bajo la mesa de noche y quitar de allí el objeto que había visto de reojo, creyéndolo una alucinación tan pronto lo identifiqué encontrándose en mis manos. — ¿T-todavía guardas... esto? — ¿me importaba no conseguir una respuesta? Honestamente no la esperaba. Mis ojos volvieron a arder, pero está vez fue imposible detener a las lágrimas con pestañeos: así que los restregué rápidamente y abrí el libro que arruiné cuando pequeña... creyéndolo el mejor obsequio de cumpleaños al reemplazar sus escritos por fotos mías y todo lo que estaba segura iba a gustar a Kakashi: dibujos, flores y hojas secas y muchos agradecimientos escritos en una pésima caligrafía. Sonreí al deslizar los dedos sobre la tinta y me volví a frotar los ojos, depositándolo sobre la cama. Tenía que tomar un poco de aire y así perder el tiempo, hacer lo que sea con tal de aguardar consciente la llegada del amanecer. Sabía a donde tenía que dirigirme cuando el sol se abriera paso en los cielos.

¡Pero ella esta en una reunión, no puedes interrumpirla! — lo sabía, debía de ser la quincuagésima vez en que lo repetía al perseguirme desesperada. Shizune no parecía dispuesta a dejar de interponerse en medio del camino, ¿pero qué no veía que yo tampoco estaba dispuesta a ceder? Tenía que resolverlo y no podía esperar a que Senju me otorgase una tonta reunión en su oficina, ¡no quería! — P-por favor Veena, ¡lo que sea que te este perturbando puede esperar! — me detuve, pero lo hice para girar y observarla con la ceja alzada. Me recordé que ella no tenía por qué ser la receptora de mi ira, que no tenía que soportarme ni verme perder los estribos: si bien era consciente de la mayor parte de los acontecimientos que habían sacudido mi vida en aquel entonces, no era aquella con la cual tenía que despejar todas las dudas que no me había quitado de la cabeza... y que se habían vuelto imposibles de sobrellevar. ¿Cómo lograrlo, cuando mi mente no dejaba de darle vueltas al mismo asunto? Iba a explotar si seguía creando preguntas en lugar de generar respuestas. — Esperé tres años. A mí me parece que no. — la empujé suavemente al posicionarse frente a mí y abrí la puerta sin molestarme en tocar, ¿para qué? Lo hacía cuando llegaba acompañada por un escuadrón, porque de lo contrario acostumbraba meterme sin más: y a Tsunade jamás le había molestado tanto. Cerré la puerta a mis espaldas luego de precipitarme dentro, y la expresión de mi rostro cambió a una presa de la confusión tan pronto reparé en la única presencia que podía darle el significado al encuentro por el que la azabache chillaba. — ¿Alguno de los dos piensa decirme lo que estuvieron ocultándome todo éste tiempo? — escupí molesta, al aproximarme a Kogami y enfrentarlo luego de acortar la distancia de nuestros rostros: desafiante. — ¿O se te olvidó decirme que él si fue a buscarme? ¡No me importa lo que hiciste después, me importa lo que deberías haber hecho! ¡Confiaba en ti! — frustrada me dirigí a la rubia, cuando volví a hacer explícitas mis intenciones de saber todo lo que había ocurrido: sin dejar ningún detalle para atrás. — Vino por ti porque quería que me ayudaras, quería al bebé... ¿qué paso después? ¿Por qué nunca se comunicó conmigo antes de partir a Kumogakure? — el gesto cínico que se apoderó de mis facciones no evitó que golpeara el escritorio molesta, cuando el azabache junto a mí pidió que me relajara. — ¡Como si pudiera! — y no tenía idea de como. El hombre en que me había apoyado durante tanto tiempo había dejado que alimentara ese rencor pensando mal de aquel del que nunca debí apartarme, y la líder de la Hoja se había quedado de brazos cruzados cuando conocía cada detalle y escondía más de lo que buscaba aparentar. 
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Re: when there's no light to break up the dark, i look at you ღ

Mensaje por hughes el Lun Feb 19, 2018 10:51 pm

 

Ya era hora, pensó tras el verla cruzar el umbral de entrada con la predisposición de batallar con quién osara interponerse en su delante. Bastante se había tardado en descubrir la verdad, por lo que le inquietaba el saber quién había soltado la información que se debía de callar. — Vaya sorpresa. — Mofó cruzando las piernas y acomodándose en su respectivo lugar, como si estuviese a punto de visualizar una entretenida escena. ¡Eso había extrañado de la irritante presencia de la rubia! Aún cuando conseguía impacientarla, disfrutaba de sus arrebatos por qué le brindaba más vivacidad a la monotonía de su trabajo. — Jamás creí que ese vagabundo se dignase a abrir la boca para defender su posición. — Había rogado discreción hacia el pasado que se vio obligado de vivir, casi forzando a cada uno de sus conocidos a guardar silencio a pesar de las múltiples incógnitas que rápidamente se esparcieron acerca de su ausencia. — ¿Te contó la historia completa? Lo dudo. — Apoyó el mentón sobre el dorso de su mano, manteniendo el mismo semblante que variaba entre burla y seriedad. Había ansiado el participar en la conversación que relatara la secreta historia que se vieron incapaces del contar, más jamás imaginó que sería la protagonista principal de la perorata. ¿Acaso era su día de suerte? No lo desaprovecharía, entonces. — Pero has de querer saberla, ¿huh? — Deslizó la punta de su lengua humectando su labio inferior, trayendo a colación en su mente, cada uno de los recuerdos de aquella noche, acompañándolos de los que prosiguieron. — Sí, ese día fue a buscarme para que salvara a tu hijo. — Aceptó anexando un leve asentimiento. Prácticamente le había arrebatado el sueño con su precipitada interrupción; no tardo en entender su posición por lo que no se tardo en seguir sus pasos, para terminar encontrándose con un apartamento abandonado. —Estaba tan desesperado, lo único que repetía la necesidad del seguirte para hacerte saber lo mucho que anhelaba tener una familia contigo. — Reiteró la misma oración, una y otra vez, posiblemente dándose la fuerza necesaria para enfrentar a todo lo que se interpusiera en su camino. Quizá no lo dijo las suficientes veces como para evitar que sean sus propios amigos los que le detuvieran. — No podía permitirle el que abandonara la aldea, no cuando nuestra alianza con Kumogakure no estaba del todo forjada. — Podían odiarla si así lo deseaban; no podía darle mayor importancia a un asunto insignificante como la unión de una pareja. ¿Quién creía que era? ¿Una casamentera? — Desgraciadamente y cómo era de esperarse: mis palabras le fueron indiferentes. — Y no le sorprendió que así sea. — Bastaron segundos para que se dispusiera a partir por ti. — En los cuales se encargó de amenazar que no planeaba de regresar con vida si le arruinaban su intención, ¿debía de también mencionarlo? — Y sabía que... si lo dejaba suelto, volvería a intentarlo hasta poder recuperarte. — No conocía persona más empedernida que él, incluso conseguía ganarle a ese ruidoso adolescente que lograba descuadrarla. — Un año en prisión fue su sentencia; un año dónde vivió encarcelado cómo un maldito perro... ¿sabías lo mucho que rogaba por el que siquiera le permitiéramos mandarte una carta— Día tras día, su oficina fue invadida por sus compañeros pidiéndole el que diese su brazo a torcer y así poder mandarla información que deseaba, más nunca sucedió. Si había alguien más terco que él, era ella. — Masoquista e imbécil, era una pena ver a uno de los mejores ninjas suplicar por alguien que rápidamente lo tacho de olvidarla ¿no crees? — Había escuchado de cada uno de sus ataques, incluso había presenciado alguno de estos. Desde un inició lo vio cómo el malo de la historia, ignorando que la verdadera crueldad no fue por su parte. Hubo instantes en los que ansió tomar la palabra para hacerla callar, pero si la victima sonreía como si de nada se tratase, ¿por qué tendría que defenderlo? — A los trescientos sesenta y cinco días, creí que sería suficiente para hacerle comprender su equivocación. — Había encarcelado a uno de sus mejores peones creyendo que de algo serviría el ser severa, pero en realidad se trato de una tormentosa pérdida de tiempo. — Más la equivocada fui yo. — Suspiró negando con la cabeza. — El primer día que piso suelo libre, partió en tu búsqueda nuevamente, asegurando el que posiblemente estabas esperando por él. — ¡Ese hombre tenía un optimismo indestructible! ¿O sería su amor por ella el que le impedía ser un poco más realista? No podía culparlo, si hubiese estado en su posición, hubiese actuado de manera similar por aquel hombre a quién amo en vida y continuo amando tras su partida. — Pero... ¿qué sucedió entonces? — Soslayó sus expectantes orbes hacia el azabache que se mantuvo en silencio, invitándolo a que fuese él quién continuase con la narración. Después de todo, su aparición en la dramática historia de los Hatake jamás fue casualidad. — Tsunade-sama nos mando una carta haciéndonos saber de su partida, alertándonos que pronto lo veríamos buscando entrar en contacto contigo. — Posó su atención en las facciones de la mujer que había llegado minutos atrás, curiosa del conocer su reacción. — Lo esperé en la entrada, y le dije que se marchara, que no había necesidad del estar ahí. — Negó, soltando una sonora carcajada ante el modo que busco minimizar sus actos. Odiaba a los hombres cobardes. — Eso no fue lo que dijo, así que te lo diré textualmente: Veena está mucho mejor sin ti, ya ha logrado seguir su vida cómo si jamás te hubiera conocido, ¿por qué mejor no te vas por donde viniste y nos ahorras una incomodidad? — Al terminar de corregirle, Kogami con cierta molestia, volvió a retomar el dominio de la conversación. — Pero... él no escucho, me dijo que solo lo creería de ti, por lo que se infiltro hasta encontrarte... tú acababas de salir de un entrenamiento y estabas rodeada de tu escuadrón. — Exclamó evidentemente ansioso; era desagradable verlo buscar un perdón que no merecía tener. Había actuado a su único beneficio. — Le hice creer que estabas con ellos... ¡lo hice por tu bien! — Quiso volver a reír, pero retuvo el impulso, presionando los labios. — Sé que debí habértelo dicho, pero no podía. ¡Tenerte ha sido lo mejor que me ha sucedido y perderte me arruinaría la existencia! — ¿Lo haría? Degustaría del comprobarlo. — Él no te merece. — Comenzaba a aburrirse de sus profesas de amor, por lo que interrumpió sus banales excusas para concluir con lo que ansiaba comunicar antes del hacerla marchar. Ya había perdido demasiado tiempo. — Entonces volvió a Konoha, destruido... ¿sabes quién se aprovecho de ello? Tsubaki... aunque si mal no me equivoco, Kakashi le aseguro jamás amarla por qué eras la única que amaría... patético, ¿verdad? — Encorvó ligeramente los hombros, como si le fuese indiferente los hechos dictados, tal vez queriendo incentivar su desdén para así presenciar la amargura que ansiaba expresarles a ambos. ¿Cómo no? Ella ya les hubiese arrancado la cabeza, sin el si quiera escuchar las respectivas explicaciones. — Acepto todo, tus insultos, tus ataques, tu odio... ¿sabes por qué? Por qué no quería que te sintieras mal cuando supieras lo que realmente sucedió. — No estaba inventando dichosa afirmación, lo había escuchado de sus propios labios al haberlo visitado tras su llegada a la aldea, inquieta por saber cuáles serían sus comportamientos. Acostumbraba a actuar como si el bienestar del otro le fastidiara, pero a decir verdad... le preocupaba el saber cómo estaban. ¡Cosa que se encargaría de mantener como característica suya hasta la muerte! — ¿Algo más que quieras saber? 
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Mensaje por hiyorin el Mar Feb 20, 2018 10:52 pm


¿Q-qué estaba con ellos...? — me tomó un momento comprenderlo, y cuando lo hice sentí a mi sangre hervir: ¿cómo pudo ser capaz de semejante cosa? Si lo pensaba una y otra vez llegaría a entender la razón por la que lo había ahuyentado, pero haciéndose de un pretexto tan falso como dañino... ¿cómo es que siempre acababa confiando en las personas equivocadas? Frustrada me negué a oír la perorata, y agradecí que a la rubia le importase poco y nada del desenfreno con que pudiera guiar mis acciones en contra de alguien más: porque cuando aferré las manos al cuello de su uniforme azul lo último que necesité fue una interrupción. — ¿Le hiciste pensar a Kakashi que me había convertido en una mujerzuela para protegerme? — gruñí enfadada, soltándolo con un empujón y de golpe: porque no merecía absolutamente menos. No solo lo consideré un amigo, había permitido que lo supiera todo acerca de mí: me había identificado con sus problemas y lo había escuchado cuando necesitó de alguien y evitó decirlo... me entregué a una persona capaz de poner su felicidad por encima de la de otros, vi en él a un hombre con que podía pasar la página y ser feliz. Resultó ser el protagonista del engaño más grande, ¡y no debería de sorprenderme tratándose de alguien que formaba parte del abismo al que me habían obligado a llamar mi hogar! Me aparté en el momento en que buscó un contacto y dejé a la decepción sustituir la ira que había teñido las facciones de mi rostro hasta ése entonces. — ¿Y tú si? — bufé intentando otorgarle un orden a mis pensamientos, ¡pero fue imposible! Imaginar al ninja más confiable de Konoha en prisión pintaba como la locura más grande, y saber que debió de vivir aquella penuria por mi causa fue angustiante. Estaba segura de que la única en pasarlo mal era yo... mientras él vivía un verdadero infierno. No me dejó... al encontrarme supuso que yo lo había abandonado a él. Quería al hijo que estaba decidida a tener en ése entonces, y había sufrido su pérdida tanto como yo lo había hecho: la diferencia era que yo me había esmerado en enterrar todo recuerdo, y él en tenerlo presente. El árbol, sus palabras: no me inculpaba... quería que yo también formara parte a pesar de que mi comportamiento me hiciera la última en merecerlo. ¿Cómo se supone que no fuera a sentirme la peor persona, consciente de todo lo que finalmente comenzaba a asimilar? Ni siquiera podría mirarlo a los ojos sin sentir vergüenza de mí misma y de todo lo que había hecho para empujarlo lejos. La primera vez me separé de él para protegerlo, la segunda para lastimarlo aún más: ¿pretendía una tercera en donde las consecuencias fueran aún peores? Resoplé el aire de mis pulmones y moví la cabeza de un lado a otro, dirigiendo mi atención a la rubia ligeramente expectante a mi respuesta. — No. Quiero un favor. — tragué en seco, y recobré la compostura inmediatamente al enderezarme. — Si Kakashi vuelve a tocar fondo por mi culpa, destiérrame. — no me preocupé en esperar una confirmación, la tenía a pesar de que el despacho se hubiera sumido en el más sepulcral de los silencios.

Dejé que mi mente vagabundeara de manera perezosa durante un momento a la espera de que el sueño me arrastrara con él, pero al cabo de unos cuantos minutos me encontraba más alerta mientras sentía como la ansiedad inundaba mi estómago: retorciéndolo de la forma más desagradable. Kuraha parecía haber entendido a que debía mi estado de ánimo y porque había azotado la puerta al entrar, ya que se recostó contra ella y parecía atento a cada sonido que se produjera tras esta: aunque no sabría determinar si lo había hecho para otorgarme la tranquilidad que necesitaba o si solo aguardaba el instante en que Kogami se atreviera a regresar. Mi compañero podía ser un animal, pero sin lugar a dudas se trataba del más inteligente de ellos: o quizás habíamos pasado demasiado tiempo juntos como para que en el transcurso de él lograra complementarse conmigo de la mejor manera, y así entenderme sin la necesidad de escucharme pedir o decir las cosas. Como también hacerme sentir juzgada bajo el detenimiento con que me observaba, luciendo dispuesto a recriminar mi decisión de encerrarme y no salir hasta nuevo aviso. — Ajá, ¿le pido perdón y después qué? ¿Le doy un abrazo y pregunto qué tal todo? Hice algo muy malo, n-no es tan sencillo. — su mirada perspicaz volvió a detenerse en mí, y cuando inclinó la cabeza a un lado bufé: ¡por supuesto que para él debía de ser muy fácil, no estaba en mi lugar! El felino se levantó en sus cuatro patas y frotó su rostro con el mío al acercarse, limitando mis opciones al momento en que señaló la puerta con un leve movimiento de la cabeza. Suspiré, asintiendo. — Lo intentaré, pero no voy a prometerte nada. ¿De acuerdo? — hora y media después me arrepentí, porque primeramente mi cuerpo no respondía del modo en que debería y así me mantuvo inmóvil frente a la puerta largo rato después de que puse un pie cerca... incluso después de que el susodicho la abrió para chocar conmigo. — A-ah, ¡buenos días! ¿Te... te sientes mejor? — jugué con mis dedos nerviosa, y con observarle rápidamente supe reparar en que no era así. Se veía... terrible: exhausto y molesto en proporciones iguales... ¿pero a causa de la resaca o debido a mí? Mordí mi labio inferior y apreté los puños a los lados, ¡no podía dejar que eso justificara mis pésimas actitudes! — ¡No quiero estar contigo! — ¿q-qué? ¡No, no se supone que debiera de comenzar así! Abrí los ojos más grandes y estuve segura de que dejé de respirar, luego de sobresaltarme con mi propio arrebato. No podía seguir así, no era esa la forma en que quería arreglar las cosas. No vacilé cuando me aproximaba porque me importaba lo suficiente, y no podía echarme para atrás cuando finalmente tenía mi oportunidad. — Me enteré de todo, Kakashi. — forcé a mi tono de voz a descender en cuanto me vi dispuesta a explicarlo. — Tsunade me habló del tiempo que pasaste en prisión, me dijo porque... y lo lamento mucho. Si lo hubiera sabido habría regresado a cambiar de lugares, p-porque no merecías pasar por eso debido a mí. — consciente de que el tema que iba a abordar no resultaba el más simple me froté los ojos cuando los sentí arder, y me deshice del nudo en mi pecho para continuar. — También me dijo que la fuiste a buscar cuando... perdí al bebé, y yo no tenía idea de que hubieras hecho algo así. Cuando fui consciente de lo que sucedía te necesité y... y no estabas, así que pensé que... no querrías volver a verme. Creí que lo haría sencillo si solo... desaparecía. — no, no podía mirarlo a la cara. Lo había confirmado en ése preciso instante, dispuesta a intentarlo: no tenía el suficiente valor, no lo conseguiría. — Y cuando me llevaste a ése lugar actué a la defensiva porque creí... me dejé llevar por tonterías y te dije cosas que no sentía, no quería pensar que te había dolido tanto como a mí. Cuando nos separamos no hubo un solo día en que buscara recordar lo que sucedió, p-pero tampoco existió uno en que dejara de pensar en ti. Sé que fue lo que te dijo Kogami... pero no era cierto. Si todavía puedes confiar en mí, por favor hazlo: no soy ése tipo de persona, no podría haberlo hecho. — admití, y lo que su mente debió de imaginar en ése momento me llenó de cólera: recordándome lo que sucedió horas atrás. — Pensé en lo que dijiste cuando peleamos, y estoy de acuerdo en que no hay manera... n-no hay modo de... — suspiré. — También voy a dejarte ir si eso te hace feliz. Te juro que no volveré a hacerte daño, ¡p-pero seguiré cuidando de ti! Como tu ex pareja y... tu amiga, si eso es lo que quieres. — no podía dejar de renegar ante la impotencia en que me había envuelto aquel día, creyéndolo la cosa más absurda en el instante en que abandonó sus labios. — Permíteme demostrarte que realmente estoy arrepentida por el modo en que te traté y lo mucho que te dije. Haré l-lo que sea, Kakashi.
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