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☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por AVAN el Jue Nov 23, 2017 12:30 am

Aries.




Ra se marcha, y no soy capaz de despegarle la mirada hasta que ha desaparecido por completo tras la puerta. No puedo creer que ni siquiera ha intentado ayudarla a ponerse de pie, o disculparse con ella.

Me siento tan, tan tentado a hacer algo más que solo llamarle ''imbécil'', sin embargo ni siquiera sé que ganaré con eso. Su naturaleza extraña y violenta no cambiaría solo por tener una pelea conmigo, y es esta sentencia la que me hace no ser capaz de confiar completamente en él. A pesar de ser mi amigo, situaciones como estas, situaciones en las que simplemente no le puedo entender, en las que actúa como un completo idiota, me hacían mantener una distancia preventiva.  

No podría estar más agradecido de que haya decidido marcharse y dejarnos solos.  

— Hey, ¿Estas bien? — La miro, tomo su rostro entre mis manos e inspecciono su cara varias veces, asegurándome que no se haya golpeado allí también.— Sí, el psicópata, al cual personalmente golpearé mañana, tiene razón. — Le digo, ahora más calmado. — Ya todos se deben estar marchando.  

Ella está a centímetros de mí, estoy bebiendo y respirando cada rasgo de su rostro, y el reconocimiento de lo que eso significa llega hasta mí, llega hasta mí con tanta fuerza que de repente me siento muy estúpido al ser consciente de como mi pulso se ha disparado. De como de repente no puedo dejar de ver sus labios

El día a terminado, y los dos estamos solos.

El solo contemplar la idea me hace sonreír, y hago lo que he estado queriendo hacer durante todo el día: La beso. La beso suave, despacio y lentamente. La beso con el cuidado que requieren sus labios y con la intensidad con la que he estado aguardando. Más profundamente, más intensamente. Hasta que ya no puedo sostener más su rostro, hasta que necesito sentirla más cerca y mis manos la atraen hacia mi cuerpo y recorren su figura con desesperación. Su cintura, sus caderas, su espalda.  

Mi mano se enreda en su pelo y un suspiro escapa de sus labios mientras los míos bajan hasta su cuello, en donde me dedico a permanecer y saborearlo unas cientos de veces.

La euforia comienza a apoderarse de mí y de repente se me hace difícil respirar, de repente estoy respirando con fuerza y sin aliento sobre su acalorado y ruborizado rostro mientras mis manos pegan nuestros cuerpos hasta el límite que nos permite la ropa.  

Ella susurra mi nombre sobre mis labios y yo la beso. La beso y la beso hasta quedarme sin aire.

— Yo debo...— Mi voz suena ronca y desigual. Mi respiración es forzada y mis ojos no pueden despegarse de su boca. — debo ir a reportarme antes de poder irme.  
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Mensaje por Stonem Girl el Jue Nov 23, 2017 3:48 am

Desde que veo su sonrisa entiendo y acepto, deseo, lo que pasará. Antes, muchas veces, ya le he visto sonreír así y sinceramente, es la mejor sonrisa que Aries puede darme. Y entonces cierro mis ojos y pruebo su aliento. Lo reconozco por su tacto suave, por el modo de iniciar con detenimiento y por la dulce manera de provocarme entreabrir mis labios. El calor comienza, ha llegado muy rápido; me ruborizo, me entusiasmo, pero finalmente me enciendo cuando sus manos empiezan a deshacerme con caricias. Paso de sensación en sensación. Pienso en sus manos, me distraen sus labios y me exalta su cuerpo, tan cerca del mío.

Y después siento que mi cuello se vuelve  hielo,  porque Aries se encarga de derretirlo como si lo fuera,  y  yo disfruto plenamente que lo haga. Siento su ansiedad y logra embriagar la mía.

— Aries…

La desesperación me sofoca, lo deseo. Quiero tocarlo y que él me toque, quiero que me bese más. A mi cabeza la invade una nebulosa de excitación; me relamo los labios cuando parece que él decide detenerse y apenas logro entender lo que me dice. Pero más  consciente soy de sus labios enrojecidos y de su cuerpo casi invadiendo el mío, de que mi abdomen está cosquilleando y mis rodillas se han vuelto débiles. Entiendo que deberíamos parar. Debemos cumplir con el seguimiento, yo misma se lo he recalcado a los soldados un sinfín de veces.

Mas es difícil hacerlo. Me quedo quieta y suspiro cerca de sus labios, me hago a nuestra imagen besándonos y deseo decirle que lo haga un poco más. No puede ser tan grave, pienso, y me convenzo para  intentar convencerlo a él. Un poco más, lo merecemos. Pero luego recuerdo que en cualquier momento llegará alguien, obligatoriamente, y entonces seremos los protagonistas del chisme en turno. Otra vez. Y Kronos me llamaría la atención por tercera ocasión y yo debo hablar con él sobre el nuevo general sin que se desvíe del tema, o peor, que me mire como a una doncella que se la pasa pestañeándole a su enamorado.  Imaginarlo me hace suspirar resignada.

Así que le doy un beso a Aries en la mejilla, le sonrío y  me aparto despacio, aunque mis manos no abandonan su torso.

— Sí, tú tienes que ir a hacer eso —concuerdo e intento conseguir la calma, pero mi corazón sigue latiendo sin freno alguno—. Y yo debo ir a ver a Kronos para que me dé algunas explicaciones. Puede que incluso ya esté esperándome, porque o es muy intuitivo o yo muy predecible.

Le sigo sonriendo y mi mirada se mantiene en la suya. Siento que sigo sonrojada. Es más, creo que seguiré sonrojada si no me alejo de Aries, y mucho menos podré hacer que mi mente vuelva a sus funciones normales si él  está cerca. Pero me alegra tener a alguien que sea capaz de volver irónica la palabra Inteligencia en mi título y cargo.

— Nos vemos pronto, soldado Katsaros.

Y me doy la vuelta, y regreso a ser la General Apostalov y él otro soldado.  
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por AVAN el Jue Nov 23, 2017 4:39 pm

[….]



Aries está estático en su lugar, mirando a Atenea como si se le fuera la vida en ello y deseando secretamente que ella no se aleje, que no suelte sus manos. Pero ella lo hace. Se aleja, aparta la mirada, y se da media vuelta hacia la puerta. Y tan solo así el encantamiento desaparece. Ya no hay fuegos artificiales, ni calor incendiario subiendo por la piel de ambos, o deseos suspirados. Él recuerda cómo se siente respirar nuevamente mientras se obliga a fijar su mirada en un punto entre el suelo y sus zapatos.  

Aries aprieta las manos. Dos. Tres veces.

Ella está marchando hacia el pasillo. Hacia la puerta de salida.

El nudo que no sabía que había estado manteniendo baja por su garganta. Se da la vuelta, arregla sus ropas, y cuando ya está seguro de que ni ella ni él cruzaran caminos, de que ella ya se le ha adelantado lo suficiente, sale fuera del gimnasio.


-------------------------------------


El turno de la mayoría estaba llegando a su fin. Los soldados, los pocos que quedaban, iban y venían por la central con el fin de poder reportarse e irse. Cael quería hacer lo mismo, sin embargo, a última hora, le encargaron entregarle un mensaje a Atenea. El problema era que llevaba buscándola desde hacía horas y no la encontraba, y él estaba haciendo todo lo posible por evitar el tener que ir hasta el centro de entrenamiento, que quedaba en los más profundo de las instalaciones. Sería un trayecto muy largo para recorrer a última hora.

Estaba comenzando a rendirse con respecto a la idea de poder marcharse temprano cuando finalmente la vio. Ella estaba caminando hacia el departamento de inteligencia.

Con paso quizá demasiado apresurado, Cael se dirigió hacia la general Apostolov. Manteniendo la distancia adecuada se detuvo a su lado, juntó sus tobillos, llevó su mano extendida hacia su sien, y con la espalda erguida y la frente en alto se dispuso a entregar, finalmente, el mensaje.

— General Apostolov. — Dice él. — he sido ordenado para informarle, en palabras del capitán Kronos, — Vacila durante unos segundos antes de continuar. — que los asuntos que tienen pendientes él los atenderá mañana.  
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por Stonem Girl el Jue Nov 23, 2017 7:36 pm

Arreglo mi uniforme antes de llegar a un lugar más concurrido y me aseguro de respirar hondo un par de veces. He dejado de temblar, mis piernas han recobrado la fuerza y soy capaz de caminar sin tener la sensación de caer. Pero vaya. Esta vez Aries sí ha sabido sacudirme. Me tiene tan acostumbrada a la dulzura, a gestos castos y tiernos —como aquel beso en mi cabeza—, que cuando escala a algo más, las emociones en mí perduran hasta el día siguiente.

Cuando aparece al primer soldado dentro de mi rango de vista, inspiro profundo y sigo avanzando. Más y más soldados van saliendo de distintas partes; algunos terminan el servicio y otros llegan para relevarlos, porque hay secciones que definitivamente no deben dejarse sin vigilancia en ningún momento. Yo, por mi lado, me dirijo al área que me corresponde para verificar que no haya nuevas sorpresas.

Pero pienso que más me convendría ir a conversar con Kronos; él debe saber todo lo que yo no. Él debería decirme todo lo que no conozco, que por algo estoy en este puesto.

Estoy por el cambiar el rumbo cuando el soldado Zabat me llama. Presiento un disgusto. Y lo miro, lo escucho y mis ojos se afilan sobre él. Zabat no tiene la culpa, me digo, Zabat es sólo el mensajero. Aquí el responsable de mi creciente molestia es Kronos y el secretismo que se trae entre manos.

— Puede retirarse, solado Zabat —respondo e intento sonar más cordial que antes, o al menos más cordial que mis ojos hace un segundo. El chico ya debe estar muy cansado como para encima soportar a un superior de malhumor. Lo comprendo y me apiado —. Si su servicio ya terminó, vaya a reportarse o conseguirá más trabajo.

Me alejo de él y voy a reportar mi salida. No parece haber más contratiempos, lo cual agradezco porque debo organizarme, descansar y mentalizarme para las novedades de mañana.

Una vez que estoy en mi apartamento, me quito el calzado y me muevo por el lugar con los pies descalzos. Es un pequeño gran placer, al igual que mi estantería de libros y los dulces que sé me esperan en la alacena. A pesar de que ya llevo algunos años viviendo aquí, no termino de sentir el apartamento  completamente mío; tal vez sea porque nunca he querido pintar las paredes por mí misma, o que no tengo muchos adornos para embellecerlo. La única fotografía que hay es la mía, tomada hace varios años cuando aún no era del todo independiente, cuando era una persona en serio solitaria. Pero realmente desearía tener más recuerdos fotografiados, algo con Aries e incluso con Ra. Aunque a éste último no quiero hablarle hasta que mi morete se vaya y deje de doler, o hasta que él se disculpe conmigo por provocarlo. Y si lo hace, deberá ser una disculpa sin nada, nada de sarcasmo.

Pero eso ya lo veremos con su tiempo.

Mañana mi prioridad será hablar con Kronos para que me oriente en las dudas que tengo e inquietan, y después de eso tendré mucho papeleo para leer. Y puede sonar aburrido, pero a mí no me molesta, porque sé de la importancia de esos papeles y de que uno solo podría generar grandes problemas si se pierde. De hecho, disfruto demasiado de mi área, y quisiera que Aries y Ra se pasaran por ahí más seguido y vean por sí mismos lo importantes que pueden ser esos informes que entregan a diario. Programo la alarma y me voy a la cama. Necesito descansar para largas horas de trabajo.
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Mensaje por AVAN el Sáb Nov 25, 2017 3:10 am

Ra.



Son la 5 de la mañana, y esto es un asqueroso hervidero de personas, murmullos y ratas. Cuerpos de carbono apilados unos contra otros en un recipiente de metal que se humedece a mitad del día y hierve como fuego en la mañana.  Acero. Hierro. Cobre. Plata. Soldados marchando y separando filas. Los bips de las maquinas, las palabras que se convierten en ruido, el click de las armas al ser recargadas y los pasos de cientos de soldados caminando en sus grandes y robustas botas militares, con sus aún más grandes e inflados egos militares.

Si yo no fuera soldado, si estas personas no cargaran armas y estas paredes no tuvieran cámaras, mi espada ya estaría clavada en una garganta.  

Odio las mañanas. Odio este insoportable calor.

Odio que Aries no cierre su estúpida boca.

— ¡No puedes cada vez que se te dé la gana — Decía él. —, solo porque crees que es gracioso, golpear a Atenea!  

La comida de las mañanas era ligeramente mejor que los almuerzos, incluso tenías mayor probabilidad de que lo que te sirvieran de hecho fuera comestible. Quizás porque ''el desayuno es la comida más importante del día'', y toda esa basura.

— ¡Y ni siquiera fue un golpe suave! —Seguía diciendo él.— Simplemente la dejaste en el suelo ¿Si quiera lo sientes? A ella seguro que le saldrá un moretón.

— Bohoo, pobre Atenea. Trabaja en una fuerza de ataque militar y le saldrá un moretón ¿Quién lo diría? Que loco está el mundo.

Visualizo la última manzana que queda en contenedor de comida y la tomo justo antes de que lo haga él. Me mira, mira la manzana, y por si las dudas de que me la quiera quitar, la froto contra mi lengua.

Aries continúa caminando en la fila para comida junto a mí, sin dejar ni un segundo de hablar de Atenea, del golpe, de que le dolió, de que soy un lunático, de que está harto de esto, de que ya no sabe cómo hablarme y yo me pregunto cómo es posible que no se dé cuente que simplemente no quiero que lo haga. Quiero que el aire acondicionado aplaque el calor, quiero comerme mi manzana, y, sobre todo, quiero que se calle y deje de ser tan dramático.

Finalmente llego a la última parada, la del café, o la del agua sucia con intento de café, y me giro en busca de una mesa.  

Por suerte el comedor se mantiene con pocas personas en las mañanas. Muchos tienen el privilegio de salir de este estúpido horno, y otros tienen la desgracia de tener que entrenar y hacer maratones de calentamiento. Y su desgracia es mi felicidad. Así que, ubicando una mesa bastante aislada donde sentarme, tomo mi bandeja y mi dirijo hacia ella.  

Pero entonces el molesto perro faldero me agarra del brazo y me detiene.  

Un poco de mi comida cae al suelo, y sé que tendremos un problema.

— Escúchame, niño bonito. — Me doy la vuelta, muy lentamente.— Son las cinco de la mañana,  no estoy de buen humor, y tú me estás impidiendo el paso hacia mis pocos segundos de gloria y paz con mi masa de porquería y mi bebida de alquitrán ¿Quieres morir?

Ambos estamos mirándonos fijamente ahora, con muy poca distancia entre nosotros, él encorvado, con sus estúpidos 10 centímetro de más, y sus músculos cerniéndose sobre mí en esa ridícula pose de héroe.

El peso de la espada colgando a un lado de mi cinturón de pronto se hacía más notorio.

— No estoy bromeando, Omari.

— Yo tampoco.

Y él lo sabía. Yo ciertamente no era una persona muy agradable, y lo era menos por las mañanas, sin embargo, aquí estábamos. Él empujando mis límites, porque no es capaz de controlarse, porque no es capaz de esperar hasta hacer su estúpido show.

Y yo no tenía por qué darle explicaciones, no tenía por qué darle razones o tener esta charla con él.  

— No sigas. — Da un paso hacia adelante con su mirada penetrando mi cara. — O si no te alejarás, porque no te voy a seguir permitiendo esto.

El vidrio que contenía mi paciencia se parte a la mitad y mastico un puñado de clavos en mi boca. En estos momentos estoy conteniendo el aliento, estoy conteniendo el aliento porque ahora en serio creo voy a matarlo.

— ¿No vas a seguir permitiéndomelo?

Él aprieta los músculos de su brazo, desafiante, y yo pongo mi mano sobre el mango de mi espada, saboreado hasta el último segundo de la estupidez que está por hacer.

Pero entonces, a segundos de que la bomba estalle, Kronos aparece. Se ha puesto en medio de nosotros dos. Su espalda recta, sus manos atrás de su espalda.

Veo como Aries se tensa y traga.

— ¿Hay algún problema aquí, soldados?

Despego mi mirada de la bola de esteroides frente a mí y comprendo lo que sucede.

No me había dado cuenta hasta ahora, pero estábamos llamando mucho la atención. Había un gran grupo de hombres uniformados a nuestro al redor, observándonos con ojos curiosos y maliciosos. Esperando por el primer brote de sangre.

Y la expresión en la cara de Kronos me hace estar seguro como el infierno de que no habrá manera de que salga de esta sin una sanción.

Mierda.

— No, señor. — Miro a Aries, y casi estoy escupiéndole mis palabras. — Ninguno.

Kronos se queda en silencio observándonos durante lo que parece una eternidad, y las personas a nuestro alrededor comienzan a dispersarse. Aries, al igual que yo, se mantiene mirando al frente con la espalda recta.

— Eso creí. — Masculla entre dientes. Ahora sus ojos están sobre mí.— Soldado Katsaros puede retirarse. — Aries asiente, da el saludo, y se marcha. — ¿Quiero saber lo que pasó?

Bueno, él es un imbécil, así que estaba por darle una paliza.

— No lo creo, señor.  

— Bien, porque no tengo mucho tiempo. — Me dice.— Venga conmigo. Necesito discutir algo con usted en privado.

Él comienza a caminar hacia el área de reuniones, hacia su oficina, y por mi cabeza están pasando todas las miles de cosas por las que podría estar de hecho en graves problemas. Por las que probablemente él me sancionará, y más.

Lo sigo y el trecho se me hace increíblemente corto. Para cuando llegamos, ya tengo alrededor de 10 motivos diferentes en mi cabeza por los cuales este hombre puede despedirme.
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por AVAN el Sáb Nov 25, 2017 5:42 am

Ra.



La puerta de metal choca tras de mí al ser cerrada y el nivel de iluminación desciende lo suficiente como para que lo note. Kronos se acerca a un gran armario a nuestro costado y me quedo en silencio observando el lugar.  No había estado mucho en esa oficina, por lo general a él se le veía muy pocas veces, y solo los generales, o soldados a los que se les daban ordenes específicas, la visitaban.

Mi mirada se pasea por la sala sin detenerse en ningún lugar en particular, hasta que noto que hay alguien más en la habitación.  Y es que había tanto silencio, que si no hubiese sido porque lo miré directamente, porque lo encontré con mi mirada, jamás lo hubiese notado.

Hay un hombre al que jamás había visto antes sentado a metros de mí tras un escritorio, y lo primero que me impacta de él, que noto sobre cualquier otra cosa, es el extraño aire que desprende; está cruzado de piernas, con su cabeza reposada sobre la palma de su mano y su mirada completa y absolutamente perdida en la nada. Su cabello está perfectamente arreglado, su uniforme es hecho a la medida, y sus botas están lustrosas. La línea de su mandíbula es afilada y fuerte, y la piel en su rostro es completamente impecable, sin ninguna mancha, sin ninguna marca o herida.

Meticuloso. Intachable. Prístino.  

Él no me ha mirado a pesar de que me oyó entrar, a pesar de que lo estoy observando directamente, y su respiración es modulada, su rostro inexpresivo. Sus ojos no se enfocan en nada en particular, como si todo lo que sucediera a su alrededor fuera completamente ajeno a él e incapaz de llamar su atención.  

Completamente relajado. Peligrosamente relajado.  

Poderoso sin esfuerzo.

No me hace falta ver todas las medallas y decoraciones en su chaqueta, o a los dos guardias a sus espaldas con fusiles en las manos, para saber que este hombre es importante, que está a cargo de algo.  

— Aquí está. —  Kronos saca de entre un folio de hojas un sobre de papel sellado y se da la vuelta hacia mí. Estoy muy tentado a preguntar por el invitado de honor del otro lado de la sala, pero es evidente que Kronos no tiene intenciones de presentármelo, cosa que no me importaría, de no ser porque tengo la sensación de que ya lo he visto antes. —  En estos momentos, tengo una situación que resolver, y creo que sus habilidades me vendrían muy bien para ello.

Me he quedado de piedra durante unos segundos antes de ser capaz de reaccionar.

— ¿Señor?

Puedo sentir como ahora ojos verdes me está clavando su mirada desde atrás del escritorio.

— Soldado Omari, —  Kronos extiende el sobre de papel hacia mí.— tengo una misión para usted.
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Mensaje por Stonem Girl el Sáb Nov 25, 2017 4:52 pm

Levantarme de la cama tan temprano suele ser uno de los retos más demandantes de mi día a día. Debería estar acostumbrada después de tanto tiempo, pero cada mañana es la misma lucha interna; por un lado está el deber y mis obligaciones, y por el otro está la suavidad de la cama, que me pregunta si sería tan malo que llegue un poco tarde. Le respondo que sí e imagino toda clase de situaciones, incluso las más descabelladas, pero sólo así me despego del colchón para, primero que nada, hacer una pequeña rutina de ejercicio que no me lleva más de quince minutos terminar. Más me sirve para despertar que para mantenerme en forma, y sé bien que no es gran cosa. Los soldados en la base se dejan todo al entrenar, después de todo.

¿Debería yo hacer lo mismo?

Lo que esperan de mí no es igual a lo que esperan de ellos, a lo que esperan de Aries o de Ra. Mis actividades son distintas. Sería algo extraordinariamente extraño y anormal que me pongan en el campo de batalla o siquiera cerca de uno. El área de inteligencia trabaja desde lejos. Por lo tanto, a mí no me suelen exigir que tenga estas y aquellas habilidades de combate, y está bien, porque no me veo atacando y lastimando a alguien. No tengo ese talento. No lo concibo. Y si pasara, sé que mis manos temblarían antes y  mucho más después de hacerlo, así sea tratándose del enemigo.

Ni siquiera me imagino devolviéndole el golpe a Ra sin sentir un poco de remordimiento.

Después de una ducha fría, me visto el uniforme tan pulcro como me es posible, porque no puedes reprender a un soldado desaliñado sin ser el ejemplo mismo. Arreglo mi cabello, me veo en el espejo y mi reflejo y yo suspiramos a la vez. No entiendo por qué últimamente me intereso tanto por mi destreza al combatir; tal vez sea Aries y su facilidad de esquivarme, puede que sea el nulo esfuerzo de Ra para hacerme un morete, o quizá sea el sentimiento de debilidad que tuve al entrar al renovado campo de entrenamiento. Y entonces entiendo que no me interesa pelear ni lucirme en ello, sino  ser lo suficiente fuerte para evitar cualquiera de esas opciones.

Una vez que llego a la base, los pocos soldados que voy encontrándome me dan el saludo o al menos lo intentan, porque algunos sólo murmuran y apenas son capaces de levantar la mano. Es como si caminaran dormidos. Y yo debería reñirles, pero estos chicos me causan gracia y termino disimulando mi sonrisa. Ya despertarán con el entrenamiento matutino, o peor, cuando se topen a un superior que no le sea tan divertido como a mí.

Y hablando de superiores…

Aún tengo en mente hablar con Kronos. Quería ser la primera en robarle el tiempo, pero creo que no he llegado tan temprano como había esperado y yo tengo un horario con el que me gusta cumplir. Tal vez pueda escabullirme a su oficina si no hay mucho trabajo por hacer y preguntarle, finalmente, qué es lo que pasó y por qué la información nunca llegó a mis oídos. Y esta vez tomaré las cosas con calma, porque confío en que Kronos debió tener sólidas razones para mantenerse discreto, y espero que me las cuente. Yo no puedo trabajar sin información, así como un soldado no puede trabajar sin una orden previa. Así que seré lo necesariamente paciente, y si Kronos no resuelve mis dudas, deberé hacerlo yo persiguiendo las migas que deje en el suelo.

Reporto mi llegada al área de inteligencia y enseguida comienzan a llegarme carpetas gruesas, de esas que me toman más de un par de minutos leer y firmar. Y siguen y siguen. Es como si estos papeles quisieran retenerme aquí hasta que termine el día. Veo lejanos esos minutos libres para hablar con Kronos, pero de algún modo u otro los tendré.
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por AVAN el Dom Nov 26, 2017 12:00 am

Ra.



A pesar de que solo fueron unos minutos, siento que estuve dentro de esa jodida oficina durante horas. Escuchando, asintiendo, memorizando y clasificando información sobre una misión de la cual no estoy muy seguro si podré llevar a cabo. Mis hombros están tensos. Mi garganta cerrada. Mi mano derecha se aprieta con fuerza alrededor de este sobre de papel que de repente se siente tan pesado como si fuese una granada.

Estoy sosteniendo una granada.

Mastico el interior de mi mejilla varias veces hasta que siento como la carne se desgarra y el sabor metálico y amargo de la sangre llena mi boca. Lo saboreo. Lo disfruto. El dolor me trae de vuelta a mis sentidos y me doy cuenta de que en estos momentos soy demasiado consiente del parloteo y de los pasos de estos estúpidos soldados.

Necesito pensar. Necesito aislarme. Necesito poner distancia entre estos hombres y yo, o de lo contrario mi puño podría terminar casualmente en la cara de cualquier que intente pasarse de graciosito.

Aprieto con aún más fuerza el sobre en mis manos y camino entre la multitud con mi cerebro fijo en el ala de habitaciones. No me detengo con nadie ni por nadie durante todo el camino, y a medida que me alejo de las voces mi paso se acelera aún más. Estoy tan enfocado en llegar a mi habitación, en finalmente procesar todo lo que tuve hace unos pocos minutos que memorizar, en organizarme e idear un jodido plan, que por un momento casi me olvido de esa otra pequeña y, absurda cosa en comparación, que tenía que hacer.

Tomo el pasillo contiguo, me desvío, y entro sin más al área de inteligencia, a la oficina de Atenea. Desde la ventana de afuera puedo verla en su escritorio, sosteniendo un puñado de papeles. Como siempre.

Abro la puerta de par en par sin molestarme en anunciarme.

— Hey, altecita— Me quedo bajo el marco, sosteniendo la puerta con mi mano. — Kronos quiere verte en su oficina ahora.

Cierro antes de que pueda contestarme y reanudo la marcha hacia mi habitación.

Ojalá me ordenaran cosas pequeñas y estúpidas como esa, en lugar de granadas de mierda.
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por Stonem Girl el Dom Nov 26, 2017 2:31 am

Las carpetas se abren y se cierran mientras voy revisándolas; anoto, evalúo y firmo. Desde que tomé asiento el trabajo no ha dejado de llegar, pero intento tener un progreso organizado y constante; lo que es importante se atiende primero, se lee cada letra y se vuelve a leer antes de poner mi firma al final. Y a los otros, los que podría dejar para mañana si quisiera, sólo les pongo un sello y los amontono para entregarlos antes de mi salida. No me gusta dejarme nada pendiente. Si algo falta, entonces me lo llevo a casa y termino ahí, aunque me cueste horas de sueño, o aunque me lleve la noche entera.

Y tal vez eso tenga que hacer hoy, porque no le veo final a estas hojas. Incluso puede que deba sacrificar mi almuerzo y parte de mi rutina diaria fuera de la oficina. Decido que no veré a Aries a menos de que casualmente me lo encuentre.  Así quizá, si no me distraigo, consiga mantener a salvo mis horas de sueño y mi rendimiento de mañana. Sólo debo seguir con mi procedimiento. No debo parar, bajo ningún motivo, el ritmo que llevo.

Pero al parecer hay otros planes ya. Cuando entra Ra y me obliga a levantar la mirada del documento en mi mano, recuerdo que debería estar enfadada con él, pero sinceramente no me interesa hacerle un reclamo que sé que le entrará por un oído y le saldrá por el otro. Tal vez si estuviésemos en nuestro tiempo libre. Sin embargo, ambos tenemos nuestros asuntos, y se nota todavía más cuando él no me suelta un comentario más elaborado y ácido antes de marcharse. Debe estar llegando tarde a su entrenamiento, o sólo es su alergia a este lado de la base. Después de todo, normalmente sus saludos se extienden tanto como su veneno le sugiere, justo como el de ayer.

— Pues vaya… — suspiro devolviendo la mirada a los papeles en mis manos. Me he quedado un momento en blanco, debo admitir. Mas luego los dejo en el cajón de mi escritorio y me levanto.

Kronos me ha llamado más pronto de lo que creí, pero eso es bueno, porque mientras más rápido termine con ese asunto, será más fácil para mí concentrarme en acabar mi trabajo.

Finalmente se cerrará el caso. Ahora sí.

Salgo de mi oficina siendo cuidadosa de cerrarla. No es como si alguien fuese a entrar, porque mi oficina no es tan interesante, pero me hubiese gustado tener la puerta asegurada cuando Ra llegó. Tener que tocar parece ser un problema para él, al menos si es mi puerta.

Mientras voy a la oficina de Kronos, mi mirada se mantiene fija al frente y no reparo en los soldados que hacen el ademán de saludarme; supongo que no alcanzan a hacerlo porque me ven con prisa y deciden, a medio saludo, no distraerme. Y estos soldados intuitivos son los que me agradan más.

Y finalmente llego. Respiro hondo y llamo a la puerta antes de entrar. La cierro detrás de mí,

— Capitán Kronos —saludo, sin dar un paso más dentro de la oficina—, ¿quería verme?
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por AVAN el Dom Nov 26, 2017 3:54 pm

Orión.




Aprieto y aflojo mi puño durante tantas veces que mi cuerpo comienza a efectuar el movimiento de manera involuntaria. Mis ojos cuentan las paredes, las grietas en las paredes, mis dientes, mis dedos, el número de pasos que hay entre esta silla y la puerta. Cuento todo a mi alrededor. Cuento y cuento hasta que sé que ya he estado el tiempo suficiente en esta habitación como para memorizar cada minúsculo detalle, para que mi mente salga y entre por esa puerta una y otra vez hasta que me encuentro tan perdido en lo que hay aquí y lo que hay allá que ya no sé la diferencia. Escucho pasos que comienzo a clasificar por tamaño, escucho voces que registro en mi cerebro.  Los sonidos entre esta habitación y lo que hay allí afuera comienzan a superponerse unos sobre otros en mi cabeza y mi puño se aprieta y se abre, se aprieta y se abre, se aprieta y se abre. Cierro mis ojos durante lo que no son más que segundos en la realidad y años en mi cabeza, y mi piel se siente fría y seca, mi aire huele a polvo y metal, mis pensamientos toman vida propia y salen de mi cabeza y chocan con fuerza contra la tangibilidad de estas paredes que me rodean y no hacen nada por definir mi mundo.  

Estoy aquí y estoy en mi memoria, estoy aquí y también a un millar de distancia. Mi mente es un ente salvaje y egoísta, incapaz de ser saciado y que desea con absoluta desesperación despegarse de mi cuerpo.  Así que creo ataduras. Creo una cárcel, creo habitaciones, paredes, divisiones, muros de cemento, ladrillo y titanio. Creo enormes cadenas y una gran e impenetrable bóveda con clave en la que encierro mi cerebro y lo exprimo hasta convertirlo en un grano.  

Ya no huelo voces, veo pensamientos o siento respiraciones. Mi mundo se compacta, se retuerce, se destruye, y vuelve a definirse.  Y Estoy aquí. Estoy sentado en la oficina de un hombre que finje no estudiarme con la mirada, con dos gorilas a mis espaldas que poco y nada pueden hacer por defenderme de una amenaza real. No se dan cuenta que no importa que tan grande sea su arma si sus cabezas son tan reducidas como un guisante. Solo tienen pensamientos planos y deseos banales. Un agujero hueco donde las expectativas y contemplaciones son tan minúsculas que, si no estuviera ya acostumbrado a estar rodeado de animales, me repugnarían.  

Inspiro con fuerza, me levanto, y rodeo el escritorio frente a mí. Tres pares de ojos me siguen en silencio con la ridícula noción de que no los noto. Mis pasos me llevan al frente de la mesa y me recuesto contra ella. Cruzo los brazos sobre el pecho, mi mirada se fija en la ranura número 5 del piso, tres pasos adelante de mí, dos pasos a mi costado.

Ya no puedo tolerar más el estar aquí.

No puedo seguir dentro de estas paredes, matando y marchitando el tiempo. Hay cosas que tengo que hacer, detalles y asuntos que definir, personas a mi mando a las que debo dirigir. Necesito salir, necesito volver a mi trabajo, necesito reajustar mi horario porque esta reunión absurda está tomando demasiado tiempo. Mi tiempo.

Entonces la puerta se abre y la razón por la que no he podido irme entra, cierra la puerta, y saluda al hombre de pie a mi lado. Mi mirada se clava en ella y mi entorno se llena de recuerdos, de imágenes, de todos los datos archivados y clasificados de su vida. Atenea Apostolov. La hija del rey. Fue el primero de todos los expedientes que memoricé.  

No hay ni una sola rata dentro de este este lugar de la que yo ya no sepa.

— Sí, así es. — El capitán da unos pocos pasos hacia nosotros y junta las manos tras su espalda. El movimiento me parece tan calculado que por unos segundos diviso la posibilidad de que quiera mostrarse más relajado de lo que realmente se encuentra. — Te llamé para poder hacer este asunto oficial. Como bien ya habrás escuchado, Dionysus estará trabajando en otras instalaciones durante un tiempo indefinido, y en su lugar estará él. — Hace un ademan con su mano hacia mí. — Orión Ivanov. Su cargo oficial es el de jefe del área de ataque y defensa, y durante mis ausencias, será quien se encargue de manera general de este lugar.  

El hace una pausa, me mira de soslayo, y me doy cuenta de que está esperando a que la salude, a que extienda mi mano hacia ella y la estreche con la suya.

Vuelvo mi mirada al frente. No lo hago.

— Como podrás imaginar — Continúa diciendo. — habrá cambios, ajustes, en cómo se estarán haciendo las cosas de ahora en adelante. Se establecerá un nuevo nivel de vigilancia, orden y disciplina bajo sus indicaciones.
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