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☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por Stonem Girl el Dom Nov 26, 2017 11:34 pm

Estaba lista para hablar con Kronos; tenía mis preguntas ordenadas y mi opinión casi ensayada sobre los acontecimientos recientes. Quería una charla esclarecedora, sin rodeos. Hacer una pregunta y que él la responda, dar mi opinión y que él la escuche. No necesitábamos malgastar el tiempo aquí.

Pero entonces una mirada me detiene ahí en la puerta, ojos verdes me sorprenden y me atrapan antes de que yo siquiera respire en esa oficina. Y capta toda mi atención. Borra de mi mente toda el guion organizado, el plan, las palabras que debía pronunciar,  e incluso me quita la noción de lo que yo hacía ahí. Todo con una mirada. Todo hecho por una sola persona. Por un hombre capaz de sobreponer su presencia a la de Kronos, mi jefe, al que respeto absolutamente.

¿Quién es?

Jamás lo había visto. Si lo hubiese hecho lo recordaría, y no sólo porque es uno de los hombres más apuestos que he tenido delante, sino porque simplemente no es alguien que puedas ignorar. No puedo solo dejar de verlo. Mi instinto más básico me advirtiera de algo que no soy capaz de entender. ¿Pero qué es? Su uniforme es perfecto, las condecoraciones ahí presumen de un largo y exitoso historial de servicio. Me demuestra su superioridad, y su postura no es lo que diría amenazante, se deslinda de lo formal, pero no podría relajarme delante suyo. Sé que no. En especial si no deja de mirarme.

Él es tan impresionante.

Pero cuando Kronos comienza a hablar, él desvía su atención y entonces respiro. Respiro para calmar la opresión, para aliviar lo pesado que el aire se hizo a mi alrededor y para recuperar mi razonamiento. Escucho lo que Kronos me dice, pero sigo observando y memorizando cada rasgo de aquel hombre. Ahora es más fácil porque no me ve. Me siento segura al hacerlo. Y entonces también noto que hay dos tipos a sus espaldas sosteniendo fusiles, como si la oficina o nosotros fuésemos un peligro para él. Eso me tensa y mis cejas se alzan con incomodidad. En la base los soldados armados abundan, pero les conozco y ellos a mí. Sin embargo, estos hombres son completos extraños y me abruman. Siento que estoy a la deriva en un campo minado.

Y el capitán me empuja hasta el centro cuando dice que ese hombre, del que apenas conseguí apartar la mirada, es a quien tendré que responder cuando él no esté.

Orión Ivanov.

Su nombre se graba en mi mente y hace eco. Lo miró otra vez, él también lo hace. Recuerdo mi sentimiento de debilidad, ese que él forjó con su nuevo campo de entrenamiento, y ciertamente  no me siento mejor. Recuerdo las armas, los picos en el suelo y el reto implícito en cada objeto. Recuerdo a Ra sangrando por una de esas armas. Me recuerdo a mí cayendo al suelo. Y después vuelvo al ahora y me encuentro bajo la mirada del que es indirectamente responsable.

Me intimida. Y más me preocupa que este hombre tenga la autorización de cambiar absolutamente todo lo que considere necesario.

— Con todo respeto, señor… — mis ojos logran huir de aquella mirada verde y me enfoco en Kronos, quien es el único que me da una pequeñísima sensación de seguridad en este lugar, con estas personas—, ¿no es todo esto muy repentino? Sé que la decisión ya está tomada, que él esté aquí lo confirma, pero me parece que este tipo de cosas deben notificarse con anterioridad. No es sólo un nuevo campo de entrenamiento, o el sustituto de Dionysus. Usted está anunciando que toda la base cambiará. Y seriamente considero que no es algo de lo que debí enterarme hasta hoy.
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por AVAN el Lun Nov 27, 2017 4:05 am

Orión.




Ella da un paso más cerca de nosotros y tan pronto como nuestras miradas se cruzan sé que no soy lo que esperaba, sé que está impresionada, intimidad y no sabe qué hacer. No sabe si mirarme o no hacerlo, no sabe si respirar con fuerza o ahogarse en silencio. Sus ojos se posan en mi de tanto en tanto y la noto tratando de analizarme, de etiquetarme, de poner algún título sobre mi rostro y escarbar atreves de mi cuerpo en busca de algo que pueda decir acerca de mí. Ella rehúye a mi mirada y yo clavo la mía en su rostro con un alfiler y perforo su cráneo mientras lo gravo en mi memoria con un cincel y un martillo. Estudio su postura, sus movimientos, la manera en que se tensa y traga, y mi cerebro imprime, recolecta, organiza y guarda cada mínimo detalle hasta que tengo todo lo que podría obtener de este encuentro con ella.

Kronos termina de hablar y lanza una mirada hacia el reloj que sé que está en la pared atrás de mí, exactamente cinco centímetros sobre mi cabeza, y parece querer dar por terminada esta reunión tan rápido como yo. Pero entonces ella habla, y a pesar de lo que siente, a pesar de que por dentro está temblando como un conejo a punto de ser degollado, tiene el descaro de cuestionar mi presencia. Y su voz es firme y calmada, su tono demanda atención y refleja reproche. Segura, serena, y estúpidamente altiva.  

Estoy conteniendo el impulso de reírme en su cara.

— Sí, lo normal es que esto sea hablado previamente — El asiente varias veces, mostrándose de acuerdo. — con semanas de por medio y con todos los oficiales de alto rango reunidos. Sin embargo, Apostolov, esto no es repentino. La decisión...

— La decisión —Lo interrumpo y la miro. — no fue tomada en base a lo que ustedes estén o no de acuerdo, la decisión fue tomada por el rey, él fue quien pidió una reestructuración y quien decidió que sería yo el que la llevaría a cabo. El rey, tu padre, no tenía intenciones de hacer esto público, ni para ti, ni para nadie. Así que seriamente esta presentación solo se dio porque ya era inevitable.

Sin contarme a mí, hay cuatro personas en esta habitación. Tres están conteniendo el aliento. Dos de ellos acaban de apretar el mango de sus armas de manera involuntaria. La otra está frente a mí mirándome sorprendida.

—Capitán — Ladeo mi cabeza levemente hacia la derecha, donde él se encuentra parado, pero mantengo mis ojos fijos sobre ella. Prácticamente estoy taladrando su cara.— pienso que ya todo está dicho y aclarado. Continuar alargando esto es una pérdida de tiempo, el cual no tengo, así que me retiro.  

No sé si Kronos tenía algo más que decir porque no espero su respuesta. Comienzo a caminar hacia la puerta, y entonces escucho a los dos hombres, que momentos antes estaban petrificados contra la pared del fondo, seguirme.

— Y ustedes dos — Ambos se detienen abruptamente tras de mí. — retírense.  

Abro la puerta y salgo de la oficina.  
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por Stonem Girl el Mar Nov 28, 2017 10:43 pm

Un aturdimiento me recorre enteramente. Me quedo de pie donde mismo, conmocionada, sorprendida y burlada, menospreciada, y todo por las palabras de ese hombre, por su manera de decirlas. Por él. Y esos sentimientos me dejan con la boca cerrada; no estoy acostumbrada a ellos, a que me hablen de esa manera o a que me miren como esta persona lo hace. Tan altivo e insolente, tan lleno de desdén con el que pareciera querer cortarme. No entiendo si tiene un problema conmigo, o tiene un problema en general. Pero no me agrada. Ni él, ni su forma de hablar, ni cómo me hace sentir. El hecho de ser mandado por el mismísimo Rey no le da el derecho de tratarme como lo hace.

Desearía desafiarlo, al menos responderle, mas su mirada en mí me enmudece. Continúa sobreponiéndose hasta que anuncia su retirada, y cuando pasa por un lado mío para salir por la puerta, yo miro hacia el suelo y me invade la impotencia.

Idiota.

Una vez que su presencia se disipa de la habitación, me siento liberada y capaz de moverme, de respirar. Sin embargo, algo sigue sin funcionar en mi interior. Levanto la mirada y la fijo en Kronos; quisiera preguntarle todo lo que pueda saber sobre Orión Ivanov, saber más de lo que me han dicho, pero ahora pienso que tal vez no debería esperar mucho de él.

— Señor —llamo, y esta vez mi voz sí suena temblorosa. No sé si de enojo, no sé si de temor, pero tiembla—, si Orión Ivanov tomará el cargo mientras usted no esté, entonces procure no ausentarse por tiempos extensos. Él ya tiene demasiado control en la base, al parecer — y termino exhalando aire amargo.

No me gusta sentir desagrado por alguien a quien apenas conocí. Siempre he tenido la idea de dar oportunidades, de conocer antes de juzgar, pero Orión pareciera buscar mi disgusto con cada gesto y regodearse en él. Si es así con todos, los problemas llegarán a puños cada día.

Me sacude la inseguridad ante el pensamiento y entonces soy consciente de que he apuñado ambas manos. Creo que jamás me había sentido así.

— Permiso para retirarme, señor.

Ahora no veo a Kronos, sino a donde antes estaba Orión, en el escritorio. Incluso los hombres armados que él ha dejado atrás han dejado de inquietarme, como si la amenaza real ya no estuviera. De cualquier modo, sigo sin comprender por qué ha sido tan  urgente y necesario que viniera alguien a cambiar la base justo ahora. No es como si aquí todos malgastaran el tiempo.

¿Mi padre, el rey que ha dado la orden, pensará que sí?

Comienza a dolerme la cabeza y este es sólo el primer día.
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por AVAN el Miér Nov 29, 2017 9:37 pm

Orión.




En cuento la puerta se cierra tras de mí comienzo a caminar por los pasillos hacia el ala este de la base e ignoro a todos y cada uno los soldados que se cruzan en mi camino, que me dirigen miradas de recelo y curiosidad. Algunos, notando las condecoraciones en mi chaqueta, se detienen y me saludan, otros simplemente se alejan y apartan la mirada. Pero no tengo tiempo para ellos, no tengo tiempo ni humor para registrarlos en mi cerebro. Mis pasos siguen hacia adelante en una ruta que mi cabeza sabe que tiene que seguir, pero en la que no estoy en lo absoluto presente.  Porque sigo en esa oficina. Porque sigo viendo esa chica. Porque sigo oyendo sus molestas palabras retumbar en mi oído y me encuentro irritado, exasperado y necesito concentrarme, necesito focalizarme. He perdido exactamente 25 minutos de mi tiempo, 25 minutos del día que no podré volver a recuperar y que no estaban presentes en mi horario. Y yo necesito un horario. No tolero el desorden. No tolero la desorganización. Cada hora, minuto y segundo de mi vida está calculado, planificado, encasillado en una tarea específica que debe de ser realizada dentro de un rango de tiempo específico. Sin contratiempos. Sin novedades. Mi mente y mi vida se rige a base de números, mi mundo es una gran y enorme biblioteca con divisiones y etiquetas que se tambalea ante el caos y ahora mismo tengo cientos de documentos que firmar, archivos y expedites que revisar. Una base entera que dirigir.  

Y he perdido 25 minutos del día.

El sonido constante de mis pesadas botas hace eco a lo largo del camino, y para cuando vuelvo a concentrarme en mi alrededor me doy cuenta de que mi cuerpo me ha llevado por si solo justo a donde lo necesito: mi oficina.

Antes de instalarme por completo había venido a revisarla con uno de mis hombres y lo que encontré fue simplemente inaceptable, desastroso. Un insulto a mi persona. No sabía quién diablos había estado trabajando aquí, o si simplemente esa era la forma en que hacían las cosas en este sitio, pero yo no iba, bajo ninguna circunstancia, a trabajar en un lugar tan asqueroso y de mal gusto.  

Mis hombres estuvieron aquí durante tres días hasta dejar esto exactamente como lo quería.

Ahora, sobre un nuevo escritorio, las pilas y pilas de distintos papeles me daban la bienvenida; algunos ya los había separado y clasificado con anterioridad, otros, me di cuenta, eran nuevos. Estaban mal apilados, con lo bordes desiguales saliéndose por todos lados, y bajo un sistema de separación que era prácticamente nulo. Desordenado. Caótico. Otra absurda manera de desperdiciar mi tiempo.

Los solté y me dirigí hacia la puerta.

— ¿Exactamente quién de todos ustedes trajo los documentos que hay sobre mi escritorio?  

El salón entero pareció quedarse estático, y siete pares de ojos se posaron sobre mí con curiosidad y sorpresa. Nadie me había visto hasta ahora, me había asegurado de ello. Pero, afortunadamente, estas personas no eran tan idiotas como para cuestionar mi autoridad o presencia.  

Parece que el síndrome de la valentía estúpida solo se aplicaba a una persona en este lugar.

—  Sí señor, esa sería yo. —  Una chica de baja estatura, cabello oscuro y gafas gruesas se dirige hacia mí con paso dudoso. La estudié durante varios segundos hasta reconocer finalmente quien era. Kara Dalaras. Su expediente no era precisamente llamativo.—  ¿Hay algún problema?

Ella no me está mirando directamente, de hecho, parece estar fascinada con la vista de sus zapatos, y puedo sentir el nerviosismo salir de cada poro de su cuerpo.

— Primero, señorita Dalaras, cuando me hable míreme a la cara. Yo soy su superior. — Ella asiente varias veces y alza el rostro del suelo. Bien. — Segundo, ¿Notó los otros papeles en mi escritorio? — Kara vuelve a asentir. — ¿Lo hizo? ¿Notó que todos y cada uno de ellos están perfectamente acomodados y divididos por los diferentes temas que contienen? ¿Y que los suyos son rascacielos a punto de desmoronarse con ninguna clase de sistema que los separe y que me permita terminar mi trabajo antes de que caiga el sol? — La miro fijamente, esperando su respuesta, y ella solo pestañea, asombrada. — Retírelos, organícelos, y vuelva a traérmelos.  Y de ahora en adelante cualquier cosa que vaya a pasar por la puerta de mi oficina debe de encontrarse en esas condiciones. No me importa si es usted quien lo trae o no. Se lo estoy diciendo ahora, y de no seguirse estas instrucciones, soldado, usted será la que cargará con las consecuencias.  

Dalaras parece estar tan atónita como a punto de tener un infarto.

Me muevo hacia un lado, dejándole el camino libre para que entre, y ella mira el espacio vacío durante lo que me parece demasiado tiempo antes de entender el mensaje. Entonces, con paso apresurado, camina hacia el escritorio y empieza a juntar todo lo que había traído. Yo me siento en uno de los sillones y saco un reloj de mi bolsillo, reorganizando mentalmente mi agenda.

Dalaras no vuelve a mirar en mi dirección, pero me doy cuenta de que ella está tratando de hacer los viajes con el mayor silencio y rapidez posible. Y está llevándose la última pila de papeles afuera, cuando se detiene a medio camino y me mira. Mira mi rostro, mira el reloj en mi mano, mira la puerta, y nuevamente vuelve a mirarme. No me dice nada, y parece está tratando de decidir si hacerlo o no. Yo la observo, cruzo las piernas, y espero.

Finalmente toma una decisión.

— ¿S-Señor?  

— Estoy escuchando.

Se remueve incomoda en su sitio.

— Ya que usted es el nuevo jefe de esta área debería de hacérselo saber a todos, convocarlos en el salón general y... Bueno, quiero decir, eso es lo que suele hacerse. Solo es una opinión, señor.  

Claro. La famosa reunión en el salón para dar un discurso en el que me vanaglorie, diga muchas palabras vacías, y haga saber a todos estoy al mando. La reunión que definitivamente no pienso hacer porque, para empezar, no soy un trofeo en exhibición.

Me levanto de mi asiento y camino hasta un de las mesas junto a mi escritorio, en donde mantengo un pequeño micrófono que se conectada a todos los parlantes que se encuentran colocados en la base. La soldado frente a mí, comprendiendo lo que estoy por hacer, me mira expectante.

Presiono un pequeño botón situado a un costado y acerco el objeto a mis labios.

Atención, soldados de la Fuerza de Combate Especial Militarizada, mi nombre es Orión Ivanov, y a partir del día de hoy seré su nuevo jefe en el área de ataque y defensa, profesor en el centro de entrenamiento, y encargado general de toda la base durante las ausencias del capitán Kronos. Si llegan a tener algún problema con mis métodos...Bueno, son completamente libres de traerme su renuncia. Fin del comunicado.  

Bajo el micrófono y ahora no es solo la soldado Dalaras, si no todo el personal fuera de mi oficina, quienes me están mirando.
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por Stonem Girl el Jue Nov 30, 2017 1:44 am

Mi ceño se ha mantenido arrugado desde que salí de la oficina de Kronos. Voy con pasos  largos y ruidosos, rememorando cada cosa que sucedió ahí dentro; recuerdo, especialmente, los ojos verdes ofensivos de Ivanov  sobre mí y mi débil capacidad de respirar bajo ellos. No quisiera admitir que estuve asustada, porque de hacerlo sería un hecho irrefutable y entonces sería más complicado trabajar o estar cerca de él. Y no quiero temerle. Nadie, ni siquiera Ra con su peculiar modo de ser, me ha provocado tener miedo. Siempre he tenido confianza y siempre me he sentido a salvo con estos soldados. Con Aries y con Ra. Yo sé que puedo contar con ellos y ellos en mí. Sinceramente siento que funcionamos bien.

Pero ahora un extraño entró a la base y con un solo dedo ha venido a desmoronar toda mi torre.

No puedo permitírselo, no puedo dejar que haga todo lo que pretende hacer, pero cómo. Si a mí me trato de aquella manera tan innecesaria, no quisiera imaginar cómo lo hará con los soldados, que están enteramente bajo sus órdenes y obligados a brincar o sentarse cuando a él se le antoje, cuando él chasqueé los dedos.

La preocupación se va acumulando en mí, hasta que siento un nudo ascendiendo por mi garganta.

Todos ellos son fuertes, pero…

Y el pero es tan ácido que aprieto los labios. Me doy cuenta de que he llegado al área de inteligencia. El alivio me envuelve, me dice que éste es mi terreno y que aquí está la calma que perdí hace unos minutos. Ahora no me importa qué tanto trabajo hay, e incluso deseo que haya montañas para poder enfocarme en papeles y nada más. Sólo quiero que mis pensamientos se alejen de él.

Sin embargo, cuando sujeto la perilla para abrir la puerta de mi oficina, su voz me congela ahí mismo, como antes, y por alguna razón me lo imagino detrás de mí, recordándome —restregándome— todo lo que ya me dijo una vez. Mi mano tiembla sobre la perilla y de nuevo no decido a qué se debe la sacudida.

"… son completamente libres de traerme su renuncia." Cada sílaba me perfora, y creo que si alguien más las pronunciara, el efecto no sería tan devastador.

Aun con todo, entro a mi lugar de trabajo y en esta ocasión sí aseguro la puerta, mas mis motivos ahora no son sólo crédito de Ra. Voy tras mi escritorio, me siento en la silla que siempre he creído perfecta y tomo la carpeta que antes ocupaba mi atención. Y la leo, la vuelvo a leer e incluso lo hago en voz alta, pero esas palabras no consiguen quedarse en mi cabeza y se borran en cuanto las veo.

Nunca saldré de esta oficina. Conocer a Orión Ivanov me ha costado más que unos minutos en la oficina de Kronos.
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Mensaje por AVAN el Vie Dic 01, 2017 9:09 pm

[….]




Han pasado cinco horas desde que Orión se sentó en su escritorio y tomó el primer trozo de papel entre sus manos, cinco horas de documentos entrando y saliendo de su oficina uno tras otro y cinco horas en las que su cuerpo no se ha movido de ahí. Sus ojos caen sobre las hojas y leen con rapidez el contenido de las mismas, fijando y procesando solo la información necesaria, los detalles importantes y cruciales que le permiten entender, mientras su cerebro desecha las palabras extras entre líneas como una barredora de basura. Preciso. Rápido. Estratégico. El método de análisis de alguien que ya lleva demasiado tiempo en esto y posee una mente muy veloz.

Los documentos se van acumulando al lado izquierdo de la mesa de Orión y descendiendo por el derecho. En un acto que lleva efectuando de manera mecánica desde que comenzó, él aleja el que tiene frente a su rostro tras leerlo, lo firma y lo coloca en la pila de la izquierda. Está estirando su mano hacia otro papel cuando se detiene a mitad de camino, notando un pequeño movimiento en su campo de visión.  

Sus ojos se mueven como un relámpago hacia adelante.

Kara está de pie en su oficina, a varios pasos de distancia de él, tratando de encender una lampara.  La soldado lo nota mirándola y pega un brinco hacia atrás.

— ¡Dios mío! — Grita ella.

Él no dice nada, no se mueve ni un milímetro. Su mano sigue estática en el aire hacia una columna de papeles, con la vista clavada sobre su rostro, y Kara comprende que él está esperando su explicación.

Entonces, se reacomoda en su sitio y se aclara la garganta.

—Señor, pensé en encender las luces, ya que las generales de la base se van atenuando conforme pasan las horas — Su índice apunta hacia arriba. — Lo dejare como estaba si le molesta.

Orión dirige su vista hacia el techo, en donde, efectivamente, las luces estaban más bajas. Él suspira, y la mano que antes estaba en el aire se dirige hacia su rostro y aparta el cabello de su cara. El cronómetro sobre la mesa seguía sonando, lo que significaba que aún no podía parar. Se estaba haciendo de noche, y todavía no pasaba de la mitad de su trabajo.

Sus ojos se apretaron con fuerza.

— No, continúe con lo que estaba haciendo, Dalaras.

Ella asiente y continúa encendiendo las lamparas de la habitación con diligencia. Sin embargo, sus ojos la traicionan y lanza miradas de vez en cuando al hombre sobre la silla y a la pila de cosas frente a él.  

Especialmente al inusual cronómetro.

— Podría tomar un descanso, señor. — Le dice.—  Pronto se hará el cambio de horario con los del turno de la noche, así que de todas formas le quedaran cosas para mañana.  

Él se encuentra nuevamente enfrascado entre un folio de papeles y pasan unos segundos en silencio hasta que le contesta.

— No pienso irme hasta terminar esto.  

Es todo lo que dice, y Dalaras, no queriendo tentar a su suerte, da la conversación por terminada y decide no interrumpirle más. Apresurándose, porque ella sí que quería marcharse, enciende la última lampara, efectúa la despedida correspondiente, y se retira.

El cronómetro suena exactamente una hora después. Orión extiende su mano, lo apaga, y de repente la base queda completamente a oscuras.  
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Mensaje por Stonem Girl el Sáb Dic 02, 2017 2:04 am

Mi tiempo es consumido por un mar de documentos al que no veo fin. Leo, firmo y organizo todo lo que puedo, sabiendo que no falta mucho para terminar mi turno y ser libre de irme. Quiero llevarme lo menos posible de trabajo a casa, sin embargo, aún faltan seis carpetas por revisar sobre mi escritorio y dos de ellas lucen de gran grosor. Jamás me vi tan tentada de posponer el trabajo hasta mañana. Pero me digo que quizá mañana no sea un día fácil, que tal vez sea igual o más pesado que hoy y que sólo obtendré montones de papeles acumulados al final. Así que mantengo el ritmo que he logrado, y en efecto, mi escritorio va luciendo más limpio, más como debe, en lo que atiendo esas archivos. Sentir el progreso me genera gran satisfacción.

Y de hecho, tener tanto por hacer ha mantenido mi cabeza ocupada; sé que he perdido todo mi tiempo libre, pero vale la pena si así dejo de preocuparme tanto por lo que puede o no puede hacer Orión Ivanov. Además, la idea de salir de mi oficina y encontrármelo me pone nerviosa. Es muy pronto para enfrentarme a él nuevamente y confirmar que, con certeza, no le agrado yo, así como él no me agrada a mí.

El encuentro que hemos tenido ha sido muy determinante.

Una carpeta más.

Juego con el bolígrafo en mi mano mientras leo el primer documento de la última carpeta. Agradezco no tener que llevarme nada a casa, porque hoy sí siento que debo descansar y dormir tanto como  pueda.

Pero mis luces se apagan y las letras delante de mí se pierden en la penumbra, el bolígrafo cae de entre mis dedos y lo escucho caer al suelo, junto con algunas quejas fuera de mi oficina. Al parecer a todos nos ha tomado por sorpresa, e inevitablemente me alarmo ante la idea de que algo esté sucediendo. No recuerdo una sola vez que la base se haya quedado a oscuras de esta manera. Es hasta irracional que estemos indefensos aunque sea de este modo.

Después de aguardar unos segundos y no escuchar más, abro uno de los cajones de mi escritorio y lo tanteo hasta encontrar la pequeña pero eficiente linterna que por fortuna aún sirve. La enciendo y lo primero que hago es iluminar hacia mi ventana. No hay nadie. Me levanto cuidando mis pasos y salgo de mi oficina, cerrando con llave una vez más. No puedo ser descuidada. Debo ser capaz de prever cualquier inconveniente, por más contradictorio que sea eso ahora, en este día tan lleno de sorpresas.

Mi linterna me muestra ambos lados del pasillo y asegura mi camino. Alguien debe tener idea de lo que pasa, y yo sólo tengo dos razones en mente: o se trata de una extraordinaria falla en nuestro sistema eléctrico, o hay una amenaza sobre nosotros.

A medida que mi inquietud va creciendo, yo voy más rápido por los pasillos.  
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Mensaje por AVAN el Sáb Dic 02, 2017 3:07 pm

Aries.



Para nosotros existe una fina línea entre estar alertas, y estar preparados. Solo hace falta un pequeño paso, un pequeño empujón, y pasas de uno al otro. Ahora mismo, estaba en una instalación militar en penumbras, con el sonido de mis botas retumbando contra las paredes y haciendo eco en el camino, lidiando con un evento inexplicable, y a tan solo centímetros de dar ese empujón. La negrura y los sonidos inidentificables guiaban mi entorno y las escasas luces rojas de emergencia entre cada tanto no me eran útiles. Estaba en el campo de tiro cuando se dio el apagón. No sabía que habían hecho los otros hombres que estaban conmigo, no sabía si el protocolo indicaba que nos mantuviéramos juntos, o que esperáramos a alguien de rango mayor para que nos indicara que hacer. Lo único que sabía es que antes de que me diera cuenta me había alejado de todos ellos en busca de Atenea.  

Caminaba por una ruta que no estaba muy seguro de si era la correcta, dando un paso junto al otro, guiándome por lo poco que veía, y con la voz de Ra frente a mí.

— Sabes, hay una gran probabilidad de que para cuando lleguemos ella ya esté en un ala completamente diferente, — Le escucho decir. — o de que esto solo sea la mayor y monumental metida de pata de todos los tiempos y ahora los técnicos imbéciles de la base estén correteando como hormigas en crisis tratando de traer las luces de vuelta.  

Considero la posibilidad, el alivio, de que eso sea cierto durante unos pocos segundos, de que esto solo sea un gran error y no haya ninguna amenaza inminente sobre nosotros, de que solo sea yo siendo alarmista, y de que Atenea en realidad no corra ningún peligro. Sin embargo, la realidad es demasiado pesada como para que la ignore. Soy un soldado, y fui entrenado para sospechar ante la más mínima rareza en mi entorno.

— ¿crees que esto solo sea un accidente? — Le pregunto, dado un pequeño paso hacia adelante, hacia donde creo que previene su voz.  

Él no dice nada, Ra Omari no dice nada, y mis preocupaciones se elevan hasta la décima de lo que eran.

— Será mejor que lleguemos rápido con Atenea.

Ra no vuelve a hacer ningún comentario durante el resto del camino, aumentando su paso a cada tanto de manera silenciosa y concentrándose en recordar las rutas que ya tantas veces habíamos utilizado antes. A diferencia de mí, él tenía más experiencia en estas situaciones, en misiones que precisaran que se moviese de manera rápida e inadvertida en ambientes pocos conocidos, en entrar en instalaciones efectuando el menor alboroto posible y salir de allí sin que lo notasen. Sus pisadas eran prácticamente insonoras, sus ojos atentos a cualquier cosa en su camino, y su cuerpo se movía con seguridad y sutileza en la negrura, sin la necesidad de apoyarse, como yo, contra las paredes. Este era su especialidad, y probablemente la razón por la cual siempre cargaba consigo una espada en lugar de una pistola; estas últimas hacían demasiado ruido.

No pasa mucho tiempo para cuando finalmente llegamos a los pasillos principales de la base, a los que llevan a las zonas más concurridas e importantes. Lo sé, porque a medida que avanzamos, las luces de emergencia son más frecuentes, los caminos menos estrechos, y se siente una disminución de calor en el aire, lo que quiere decir, que hasta hace poco, el aire acondicionado aquí estaba en lo máximo. Sin embargo, estar tan cerca, también es un problema. Aquí hay demasiados caminos, demasiados corredores, salas, oficinas y habitaciones. No hay letreros, carteles, nada que sirva para identificar nuestro entorno. Y dándole una mirada rápida a Omari, sé que él está lidiando con el mismo problema.

— ¿Tal vez arrojando una moneda? — Sugiere de pronto.

Me volteo hacia él y le lanzo una mirada envenenada a pesar de que sé que no puede verme.

— Ahora no.  

Lo escucho jurar en voz baja y girar sobre sí mismo, dándome la espalda. Él estaba tranquilo. Tan, tan tranquilo, que me inquietaba a mí aún más. Ya habían pasado cerca de 10 minutos desde que se fue la luz y no sabíamos que rayos estaba pasando. 10 minutos, y Atenea podría estar en cualquier parte ¿Por qué tenía siempre que quedarse hasta tarde? ¿Porque no podía irse temprano como le indicaba su horario, como hacían todos los demás?

Maldición.

— Bien, empecemos por ahí. —  La voz de Ra se vuelve extrañamente seria de pronto, y la luz roja de emergencia lo alumbra lo suficiente como para ver su índice apuntando hacia una dirección. — Luego tendremos que tomar una ruta a ciegas.

Volteo mi rostro hacia donde está señalando, y lo reconozco de inmediato. Es probablemente uno de los pocos lugares que podría encontrar con facilidad, que cualquier soldado podría encontrar facilidad, incluso en situaciones como estas.  

No, especialmente en situaciones como estas.

— ¿No era que los técnicos de la base estaban correteando como hormigas para arreglarlo?

Él se ríe entre dientes de su propia broma y se encoge de hombros.  

— Bueno, niño, es mejor estar preparado. Además, he visto demasiadas películas de terror últimamente como para poder andar por aquí, a oscuras, sin una pistola. — Levanta una ceja y me mira. — ¿Qué no quieres ir a rescatar el trasero de tu novia?

Mi boca se abre, lista para soltar algo no muy agradable acerca de su ultimo comentario, sin embargo, me callo, me contengo. Este no es el momento ni el lugar para discutir. Ya lo habíamos hecho lo suficiente por el día de hoy. Y un par de palabras desagradables no eran el centro de mis preocupaciones en estos momentos.

—¿Y exactamente cómo las conseguiremos? —Le pregunto, dándole una ojeada a las puertas reforzadas del almacén y a las alarmas a su alrededor que, a pesar de no haber luz, estaba seguro de que seguían funcionando. — No tenemos llave, y esto no se puede abrir con fuerza bruta.

Atención, soldados.

El cuerpo de ambos se petrifica ante el sonido imponente de la voz de nuestro nuevo general, golpeándonos y traspasándonos como si nos clavaran un cuchillo por la espalda. Mi mirada se fija en el parlante sobre nuestras cabezas y contengo el aliento, contengo el aliento y sujeto con fuerza este nudo que se comienza a formar en mi garganta, que parecía incapaz de ignorar y que al mismo tiempo de pronto me mantenía de pie. El sonido de la voz de Orión Ivanov resuena en nuestras cabezas y hace eco entre la penumbra y el silencio contenido a nuestro alrededor, y mis hombros están tensos, mi sangre congelada, y el aire que respiro es tan pesado como setenta bloques de concreto. Mi cerebro de pronto estaba sosteniendo el gatillo de una pistola que me enviaría como un proyectil hacia mi zona de soldado.

Un anuncio. Un anuncio en medio de un apagón que tenía lugar en toda la base y del cual nadie tenía explicación.  

Hasta ahora.

Repito, atención, soldados. Se ha confirmado la presencia de un intruso dentro de los cuarteles. Esto no es un simulacro. Todas las salidas han sido cerradas y las áreas de máxima seguridad están siendo custodiadas. Diríjanse hacia su suministro de armas más cercano y equípense lo más que puedan. La prioridad principal es hallar y detener al enemigo. Vivo, muerto, o en pedazos. No me interesa. Nadie saldrá o entrará a estas instalaciones hasta que el objetivo sea encontrado y llevado ante mis ojos. Todo aquel que intente salir de la base será considerado traidor y me encargaré de que sea fusilado como tal ¡Ahora, muévanse!  

Las puertas del almacén se abren automáticamente frente a nosotros y las sirenas en las paredes se encienden y el ruido que producen golpea y retuerce nuestros oídos. Los dos nos lanzamos con rapidez sobre las armas y las seleccionamos entre los distintos suministros como un cirujano selecciona sus herramientas de operación. Tomamos, recargamos, y enfundamos.

Ra me mira una sola vez antes de ponernos en marcha.

Teníamos que encontrar a Atenea.  
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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por Stonem Girl el Lun Dic 04, 2017 12:04 am

Escucho voces en la lejanía, tan distantes de mí que sus ecos me llegan distorsionados y no logro captar de dónde vienen. Además, la linterna apenas ilumina dos metros delante de mí y cada cierto tiempo parpadea, como si jugara con la pequeña crisis que va creciendo en mi pecho.

¿Por qué no han resuelto el problema? ¿Cómo es que no me he encontrado con nadie?

Estoy esforzándome para mantener la serenidad sobre mi inquietud, pero mientras más avanzo, más siento que mi cuerpo entra a un estado de alerta mayor. La oscuridad a mis espaldas se siente como una amenaza, y la oscuridad que aún no alcanza mi linterna se ve peligrosa. Nada a mi alrededor parece seguro mas donde esté pisando. Paranoia. Exhalo fuerte al reconocerla, consciente de que si no me controlo, caeré pronto en esa brecha previa al pánico y mi razonamiento se verá perjudicado, y yo aún debo averiguar qué está sucediendo. Sin embargo, los pasillos parecieran volverse interminables e irreconocibles. Sé dónde estoy, sé a dónde voy, pero la penumbra me hace sentir que estaré perdida dentro  de poco tiempo. Mi sentido de alerta se hace más pesado.

Y finalmente caigo en esa brecha pre pánico cuando la voz de Ivanov envuelve toda la base. Se han congelado mis pasos y no noto que sujeto con más fuerza la linterna. Pero en esta ocasión no se debe sólo a él, sino que ahora sé que algo sí está pasando, que no se trata de una extraordinaria falla.

"La prioridad principal es hallar y detener al enemigo. Vivo, muerto, o en pedazos."

No sé cuántos segundos más me quedé sin hacer movimiento alguno, pero el silencio muere con las sirenas y la oscuridad se hace hostil contra mí, se convierte en cómplice del enemigo que debemos encontrar.  Y entonces, mientras yo comprendo la situación en la que estoy, mi linterna parpadea dos veces.

¿Es que estoy en un campo de batalla?


Podría o no encontrarme al intruso. Podría o no estar cerca de mí, allá delante o quizá detrás. Podría incluso estar esperando a la vuelta del pasillo para hacer su primera baja. Y yo estoy sola, desarmada, señalando mi posición con una linterna y con las habilidades de combate más básicas que hay. La magnitud de mi desventaja me abruma y se anuda en mi garganta,  y admito que también me hace temer. Quizá deba regresar a la oficina, pienso que debería ser más seguro ahí, pero no quiero  volver, y tampoco quiero avanzar. Estoy siendo drenada por el pánico y a la vez me desespera esta debilidad.

Todos ya deben estar buscando al intruso. Todos menos yo.

Cálmate.

Respiro despacio y suelto el aire de igual forma. Es verdad, los soldados justo ahora estarán entrando y saliendo de cada zona y habitación. Tengo que confiar en ellos. Debo convencerme de que ahora los soldados son los lobos y el intruso es un cordero perdido, no al revés. Lo que ahora debo hacer es seguir mi camino, encontrar un arma apropiada para mí e intentar unirme a un grupo de personas para contar con la ventaja numérica. Siento el impulso de avanzar y lo hago, iluminando esos escasos dos metros frente a mí.

Sin embargo esta vez voy más lento y más desconfiada de mi entorno. Quiero que esto termine pronto y quiero que termine bien.

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Re: ☾ ⋆ Three steps to Andrómeda ⋆ ☽ :: Rol Priv.

Mensaje por AVAN el Lun Dic 04, 2017 5:04 pm

Aries.



La base está en llamas y yo estoy dentro de ella.  Caos, incertidumbre, pánico. Mi entorno se sacude y se cubre con ellas, y las alarmas rugen sobre mi cabeza, los soldados corren en la lejanía, el aire que no libero perfora mis pulmones, y la más pura y fina adrenalina es inyectada en mis venas. Mis sentidos están alertas, mi cuerpo en tensión, mis manos se contraen con fuerza alrededor de esta pistola y yo estoy corriendo. Corro entre pasillos, entre habitaciones, entre metal, rojo y negro. Mis ojos revolotean y saltan frenéticos contra la oscuridad y barro cada esquina, cada trecho de este lugar con una urgencia desesperada.

Ra se mantiene a escasos centímetro de mí con una pistola en una mano y una linterna en la otra. Su cuerpo en una postura agazapada, sus ojos clavados en la ruta. Avanzamos sin detenernos, sin cuestionamientos o dudas y con cada paso el peligro es más palpable, el terror y la angustia se sepultan en nuestras cabezas. Los charcos de sangre aparecen, cuerpos de hombres tirados en el suelo, los gritos y aullidos de terror creciendo a la distancia. Mi pulso se eleva y de repente soy consciente hasta de mi propia respiración. La oscuridad que me acompaña es desquiciante y nuestras pisadas de pronto nos parecen demasiado ruidosas, nuestras armas demasiado pequeñas, nuestro entorno terriblemente desfavorable.  Nos atacaron justo en el cambio de horario, cuando estábamos cansados, cuando solo pensábamos en ir a casa, con nuestra guardia baja y la mente nublada.

Esto fue muy bien planeado.

Ra me hace una seña a la distancia para que me apresure y lo sigo, encontrándome finalmente con el área de inteligencia. El lugar está tan desastroso, tan irreconocible, que me toma unos segundos procesar lo que veo y volver en mí. Volver en lo se ha tratado todo esto.

— Atenea —Susurro en voz alta.  

El rostro de Omari se retuerce en una mueca extraña entre diversión e incomodidad y me lanza una mirada.

— Algo me dice que no estamos lidiando con un solo intruso, — Las palabras salen sumamente apretadas de sus labios. Sus manos enfundan su arma y buscan a tientas la espada colgando en su cintura. — así que prepárate. La encontraremos más rápido si nos dividimos.  

Yo asiento, ojeo nuestro alrededor, la tempestad que parece haber aterrizado en este lugar, y trato de esclarecerme, de tranquilizarme. Pero estoy demasiado ansioso, estoy tratando de hacer cálculos sobre cuánto tiempo pudo haberles tomado hacer todo esto y cuánto tiempo podría tomarles el dar con Atenea. Siento que mi cerebro hace tanto ruido que no puedo pensar con claridad y terminaré corriendo de manera estúpida hacia una bala.  

Entonces miro a Ra, quien parece estar haciendo una revisión rápida del salón, probablemente para tratar de averiguar la manera en que se mueven, y trato de hacer lo mismo en un desesperado intento de mantenerme en calma, de concentrarme en lo que sucede aquí y no lo que podría sucederle a ella. Respiro. Tomo una pared a mi lado, la absorbo, y le quito el seguro a mi pistola.  

— Andando.  
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