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Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por afterglow el Lun Feb 12, 2018 1:40 am


DIEGO BARRUECO -
Por primera vez en mi vida me había comportado como un completo cobarde frente a una mujer y la verdad era que no me arrepentía de ello. Podía ser un idiota que la mayor parte del tiempo solo pensaba con lo que tenía entre las piernas pero también me consideraba alguien que rara vez tomaba las decisiones equivocadas. Si bien había desaprovechado por completo mi oportunidad de meterme en la cama de Barbara, lo había hecho con la única justificación en mente de que su madre estaba actualmente pagando todos y cada uno de mis caprichos. La satisfacción material esa vez le había ganado a la satisfacción carnal. Intenté por todos los medios atraer el sueño para brindarle a mi cabeza el descanso que se merecía, no podía seguir dándole tantas vueltas a aquella noche sin sufrir las consecuencias con un terrible dolor de cabeza. Sin embargo, la fuerte música del exterior me impedía conciliar el sueño y la única opción que me dejaba en manos era encender la televisión para matar el tiempo hasta que Barbara diera por terminada su fiesta de bienvenida. Aún creía que todos sus amigos no eran nada más que niños mimados con demasiado dinero y tiempo libre. Me levanté de la cama dispuesto a ir hasta el balcón y encender un cigarrillo, a pesar de que Anne no estuviera en casa y por lo tanto no pudiera darse cuenta de que estaba fumando al interior, me negaba a dejar cualquier tipo de evidencia que me comprometiera, ya había hecho demasiadas cosas tontas esa noche como para arriesgarme a perder aquello por lo que tanto había trabajado. Ni siquiera había abierto la puerta corrediza que llevaba al balcón cuando escuché un ruido sordo proveniente del pasillo. Pensé en dejarlo pasar pero lo más probable es que fueran algún par de idiotas buscando algún cuarto abierto para dar rienda suelta a su libido. Deje la cajetilla sobre la cama y sin preocuparme por mi apariencia, salí de la habitación y encendí la luz del pasillo para que los perpetradores se dieran cuenta de que habían sido descubiertos. La sorpresa me la lleve yo al encontrar a la castaña acorralada contra la pared, ni siquiera supe que fue lo que se apoderó de mi cuerpo pero mis siguientes movimientos ocurrieron en tan solo segundos aunque yo lo vi en cámara lenta. Pasé de escuchar el ruego por ayuda de Barbara, a tomar al rubio por los hombros y estrellarlo contra la pared contraria. Primero sentí mi pulso taladrándome los oídos y casi enseguida un dolor punzante en mis nudillos, lo había golpeado tan fuerte que incluso me había abierto la piel debido al impacto. Pensé que aquello sería suficiente para que él entendiese que habíamos tenido suficiente de su presencia pero su alto estado de ebriedad solo había conseguido hacerlo insensible y mucho más idiota que antes. Sin pensarlo dos veces, se tiró sobre mi y comenzó a intentar golpearme. Algunos golpes los atinó para mi mala suerte pero otros solo me dieron la oportunidad de molerlo y detener toda esa tontería. Después de algunos minutos forcejeando, logré arrastrarlo hasta la salida de la casa ante la atenta mirada de todos los invitados. Una vez que Jeremy estuvo fuera del lugar, me giré sobre mi lugar y noté que todos cuchicheaban entre ellos, probablemente por la escena y por mi precaria apariencia. Limpie el pequeño hilito de sangre que caía de mi boca con el dorso de mi mano. -La fiesta se acabo, salgan todos- anuncié aprovechando que la atención estaba puesta sobre mi. -¡Ahora!- dije mucho más fuerte que antes, provocando que todos comenzaran a recoger sus cosas y a marcharse rápidamente del lugar. Ni siquiera quería pensar en lo que había ocurrido y mucho menos quería pensar en lo que podría haber sido de no haber estado en la habitación. En cuanto detuve la reproducción de la música, volví al piso de arriba, encontrándome con Barbara que seguía en el mismo lugar en el que la había dejado, con la única diferencia de que ahora se había deslizado hasta quedar sentada en el piso.
Me acuclille frente a ella y delicadamente elevé su barbilla con dos de mis dedos. -¿Estás bien?- me atreví a preguntar aun cuando sabía que la respuesta era negativa. Podríamos haber empezado con el pie izquierdo pero ni siquiera yo era tan desalmado como para no preocuparme por su bienestar.
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por fercaver el Mar Feb 13, 2018 9:34 pm

Barbara Palvin.
Todos mis esfuerzos por escapar de las manos de Jeremy estaban siendo inútiles y para esas alturas mis ojos se encontraban empapados en lágrimas mientras entre ellas intentaba evitar que el tacto de aquel hombre continuase estableciendo contacto con mi piel. De forma repentina el agarre de Jeremy cedió y gracias a la luz que acababa de encenderse pude divisar a Diego forcejeando con él. —¡No! ¡Diego!— Podía ver la rabia absoluta en cada uno de los golpes que el castaño daba a su contrincante y no, no se trataba de que estuviese defendiendo al imbécil de Jeremy, sino que no quería consecuencias peores para todo este embrollo. A pesar de la escena frente a mis ojos no fui capaz de moverme del sitio en que estaba y aunque me hubiese gustado hacer algo más solo pude dejarme caer sobre el piso, con la espalda pegada a la pared que se encontraba tras de mí. Repentinamente mi mente parecía nublada y el episodio que acababa de vivir me atormentó lo suficiente como para no dejarme detener los sollozos que escapaban ante el ritmo demasiado veloz que dominaba mi respiración. 
Había podido escuchar parte de lo que sucedía en el primer piso y fui consciente de que repentinamente la música había acabado y solo segundos más tarde Diego apareció frente a mí, pronunciando un par de palabras que luego de unos instantes me llevaron a asentir sin demasiada seguridad. —No puedo creerlo de él.— Dije mientras elevaba mi mano para utilizarla al momento de limpiar las lágrimas que nublaban mis ojos. Logré ponerme de pie aún bastante nerviosa, entonces reparé en el hilo de sangre que caía desde el labio del castaño. —Gracias, gracias por ayudarme.— Pronuncié antes de que mi mano subiese hasta su mentón, donde se posó con la delicadeza suficiente como para estar segura de que no le causaría daño. —Necesitas que cure eso.— Me atreví a decir al tiempo que un suspiro, con el que intentaba regularizar el ritmo de mi respiración, escapaba por entre mis labios. —Antes necesito quitarme esto.— Me refería a mi vestido que ahora se encontraba completamente arruinado y aunque no lo estuviese deseaba deshacerme de el, no quería algo que me recordase a lo sucedido. Comencé a caminar en dirección a mi habitación, hasta donde arrastré a Diego. —Me cambiaré y buscaré el botiquín.— Le indiqué para que se sentase sobre mi cama y solo una vez que lo hice busqué un pijama en mi closet para luego sacar el botiquín desde unos cajones más abajo. —Primero te ayudaré con eso o tendrás que esperar que me de un baño.— No esperé una respuesta, sino que simplemente me senté a un costado de Diego tras haber sacado un poco de gasa y alcohol para limpiar las heridas que se encontraban en su labio y ceja. —Yo no sé qué fue lo que sucedió con Jeremy, él nunca se comportó de esa forma.— ¿Y por qué le estaba explicando eso a Diego? Quizá se debía simplemente a que no sabía que decir en este momento, tal vez él pensaba que todos mis amigos eran unos pervertidos y ellos podían tener un millón de malas cualidades pero no actuaban como Jeremy acababa de hacerlo. —Lamento que hubieses terminado así, pero otra vez gracias.— Ni siquiera quería pensar en lo que hubiese pasado de no ser por la intervención de Diego. Por otra parte, estaba intentando ser lo más delicada con la herida de Diego aunque el pequeño movimiento en reflejo que acababa de efectuar me dejó en claro que no estaba teniendo mucho éxito.—Lo siento.— Espeté cuando al subir la mirada de sus labios me encontré con sus ojos y demonios, que yo debía dejar de pensar en lo jodidamente atractivo que era  y es que no estaba bien que me dejase hipnotizar por él cuando ni siquiera estaba haciendo algo por provocarme.
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por fercaver el Miér Feb 14, 2018 5:01 am

JAMIE DORNAN.
Sentado en aquella sala repleta de personas no dejaba de repetirme que no volvería a hablar con Camila una vez que se solucionase todo este asunto de mi automóvil. Necesitaba alejarme de los problemas, mis peleas con mi ex mujer ya me tenían lo suficientemente tenso como para que buscase más preocupaciones. Y me encontraba allí sentado cuando mi teléfono irrumpió y lo más rápido que me fue posible lo saqué desde el bolsillo de mi chaqueta. —Camila.— Dije su nombre porque ya había acabado por registrar su número en mi teléfono. La rubia no tardó en decirme que debía ir al frente y prácticamente corrí hasta allí con la ilusión de ver mi auto. Sin embargo lo que sentí no fue justamente felicidad, sino que una horrible tensión de encontrarme con Camila sentada en el sitio del conductor ¡Ya sabía que no era la más prudente frente al volante y no podía seguir exponiendo mi preciado automóvil? —Estoy muy agradecido, pero en serio no puedo verte sentada allí.— En cuanto la rubia bajó me acomodé en mi sitio habitual y un sonoro suspiro de alivió escapó de mi boca. Por lo menos el embrollo se había solucionado antes de lo previsto y no había tenido que esperar hasta el día siguiente o unas cuantas horas. Y pensaba irme, realmente quería hacerlo, pero Camila continuaba parada mirándome por la ventanilla del copiloto con ojos suplicantes. —Bien, sube.— Le dije no demasiado convencido porque en serio temía que esto me diese más dolores de cabeza. —¿Dónde esta tu casa? Te llevaré y después tendrás que hablar con las personas del seguro.— Intenté ser tajante en lo último porque no quería más de esto, realmente deseaba poder alejarme de los problemas y todos los que había tenido últimamente provenían de Camila.
Puse el coche en marcha en cuanto escuché las indicaciones de la rubia a mi lado, si todo salía bien solo necesitaría de unos cuarenta minutos para dejarla y estar, finalmente, de regreso en mi hogar. Sin embargo todos mis planes se fueron directo al tarro de la basura cuando escuché el sonido de mi teléfono sonando y en la pantalla leí el nombre de Meredith...¡Joder! Había olvidado por completo el favor urgente que me había pedido. En cuanto tomé el teléfono escuché la voz de mi amiga gritando al otro lado. "Jamie, ¿dónde diablos están los bocetos de campaña que te pedí? ¡Los necesito en diez minutos, me reuniré con los clientes y en serio, no puedo aparecer allí sin nada" —Lo sé, lo sé. Mer, dame unos minutos y te lo enviaré.— Espeté antes antes de colgar. —Tendremos que hacer una parada en mi casa, olvidé algo urgente.— No estaba pidiendo autorización a la rubia para parar porque en realidad esto era de vida o muerte, literalmente, podíamos perder un trato de millones de dólares por un descuido. Agradecía que mi casa se encontrase en el camino por lo que no hizo falta mucho tiempo antes de que estuviese aparcando en el estacionamiento para luego correr al interior de la casa. No fue necesario que le dijese a Camila que bajase, ella estaba caminando justo detrás de mí. Mis pasos fueron directo hasta la computadora ubicada en el salón, necesitaba enviar un mail pero los archivos solos se encontraban en aquel aparato. Estaba a la espera de que la máquina encendiese cuando noté a Camila repasando con la mirada la repisa donde se encontraban algunos de los premios que había recibido a lo largo de mi carrera; el reflejo perfecto de infinitas horas de esfuerzo. Finalmente, tras unos minutos acabé por enviar el mail y un alivio enorme recorrió mi cuerpo olvidando la tensión de hace unos minutos atrás. Por su parte Camila ya se encontraba en otro punto de la casa, específicamente intentando abrir el ventanal que permitía una fabulosa vista del borde costero. —Arriba tiene doble seguro.— Comenté al darme cuenta de que abrir la ventana le estaba dando algunos problemas, por eso fui yo quien acabó quitando el seguro que faltaba. Sin duda una de las cosas que adoraba de este sitio era poder sentir la brisa marina cada tarde, sentarme en la terraza a observar el horizonte era una de mis costumbres más habituales y uno de los pocos momentos en que lograba despejar mi mente del trabajo.
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por afterglow el Sáb Feb 24, 2018 9:38 pm


CAMILA MORRONE -
No había sabido que esperar cuando saque la camioneta del corralón, tenía claro que un gracias no era lo indicado, considerando que yo había sido la culpable de que estuviera ahí en primer lugar. Incluso me pareció sorprendente que se ofreciera a llevarse hasta mi casa, yo había pensado que después del día de locos que habíamos tenido, tomar el trasporte público sería la opción pero ahora que me lo había ofrecido tampoco iba a negarme. Me mantuve en silencio después de indicarle la dirección de mi apartamento, suponía que el silencio iba a ser mucho más apreciado que cualquier comentario que pudiera hacer. Ni siquiera tenía lugar a replicar cuando me indicó que haríamos una corta parada en su hogar. Poco a poco me había dado cuenta que si me había comportado como una chiquilla caprichosa y que lo más sabio sería contactar finalmente al seguro para dar por terminado aquel embrollo.

Baje de la camioneta cuando él lo hizo y me limite a seguirlo al interior aun cuando no había recibido una invitación de su parte. La verdad es que no sabía cuánto tiempo tardaría y la idea de quedarme en la camioneta no me parecía demasiado atractiva. Mis pasos resonaron contra el piso de madera mientras mis ojos abstraían cada detalle dentro de la amplia estancia. Las altas paredes blancas se encontraban cubiertas de extrañas pero agradables obras de arte, los muebles hacían contraste con los muebles de madera oscura y las alfombras se veían incluso más cómodas que cualquier superficie dentro de mi apartamento estudiantil. El lugar entero lucia como de portada de revista de decoración y había conseguido dejarme sin aliento, algo que no muchos lugares tan triviales como una casa conseguían. Conforme más me iba adentrando, conseguía apreciar pequeños detalles de la vida del castaño que jamás me habría imaginado, el estante lleno de premios y fotos familiares era uno de ellos. Parecía que al final del día si tenía una vida fuera de aquel trabajo esclavista que tanto le gustaba. Sin embargo, lo que más me maravilló fue las vistas que podían ser apreciadas desde su sala, el cielo había adquirido una tonalidad rosácea que otorgaba el mejor espectáculo al reflejarse sobre la costa. Mis dedos fueron rápidos al intentar quitar el seguro de la puerta corrediza pero no logré mi cometido hasta que Dornan llegó a mi auxilio. Las puertas se abrieron después de que quitara el seguro con una habilidad que probablemente jamás habría alcanzado. En cuanto salí, la brisa marina me golpeó en el rostro, provocando que se formara una sonrisa en mi rostro. En lo absoluto me importaría tener una vista como aquella para disfrutarla todos los días. Recargue mis antebrazos contra la barandilla e inhale el aire fresco que se respiraba. -Por vistas así, yo también me quemaría las pestañas trabajando- murmuré más para mi misma que para mi acompañante, su trabajo le había dado los lujos con los que muchos solo podían soñar, esa casa era probablemente el mayor de ellos. Solo despegue la mirada i postal que tenía frente a mi cuando noté que James se encontraba a mi lado. -Siento el terrible día que te hice pasar- estaba siendo completamente sincera y no solo lo decía por compromiso o por intentar conseguir algo de ello. -Prometo que hablaré con el seguro mañana mismo- esa era lo que tendría que haber hecho desde el principio en lugar de pensar en hacerle la vida imposible a alguien por puro desquite. Si bien mi vida no estaría resuelta en cuanto hiciera los trámites con el seguro, era mejor que nada, cualquier otra persona en su lugar fácilmente podría haber huido del lugar del accidente y no hacerse responsable por algo que no consideraba su culpa. Caminé por la superficie de madera, encontrando en el proceso el pequeño reproductor de música. -¿Puedo?- pregunté, esperando una afirmación antes de comenzar a curiosear entre sus listas de reproducción. Mientras mis ojos se mantenían en la pantalla, finalmente puse play a una de ellas y reí sin poder evitarlo cuando la música resonó por los altavoces mucho más alto de lo que había estado esperando, incluso demore un par de segundos en reaccionar y bajar el volumen. -Menudas fiestas que has de montar aquí- la afirmación podría tomarse incluso como una burla ya que James no parecía ese tipo de persona reventada que aprovechaba los grandes espacios que tenía en casa para reunirse con sus amigos, pero a lo largo del día había aprendido que no podía juzgarlo por lo poco que le conocía, en más de una ocasión me había demostrado lo equivocada que estaba. Comencé a bailar torpemente al ritmo de la música y lentamente me acerque al castaño, sujetando una de sus manos y tirando de ella, intentando incitarlo a moverse. -Relájate un poco, el día por fin se ha acabado y aquí no hay nadie que te vea- el optimismo había llenado cada una de mis palabras, suponía que el dejar de verme era una buena razón para celebrar.
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por afterglow el Lun Feb 26, 2018 1:34 am


DIEGO BARRUECO -
La chica segura de si misma, con delirios de superioridad y que parecía tener la frialdad y dureza de un diamante, se había quebrado bajo presión. No podía reconocerla en aquella persona sentada en el suelo, lamentándose de no haber previsto las intenciones que su supuesto amigo había tenido. -Por favor no me agradezcas- le había ayudado porque sabía que eso era lo correcto, la idea de hacerme el desentendido cuando alguien se encontraba indefenso me revolvía el estómago. Al final no hubiese importado si se trataba de Barbara o de cualquier otra chica de la fiesta, no podría vivir conmigo mismo si hubiese dejado que el idiota de Jeremy se propasará.  La imite cuando se puso de pie, manteniendo mi mirada sobre ella que parecía estar haciendo un esfuerzo sobre humano para mantener la compostura, inclusive reparó en las pequeñas heridas que tenía en el rostro como consecuencia del altercado. -No es nada, me las he visto peores- sonreí como respuesta a su preocupación por el estado de mi rostro y casi de inmediato me arrepentí del gesto por el dolor que me provocaba. Asentí con la cabeza, me parecía lo más lógico que quisiera deshacerse de aquellas ropas que le traían tan malos recuerdos, cualquier otra persona en su lugar habría hecho exactamente lo mismo. Me senté en la cama como ella me invitó a hacer y casi de inmediato se colocó a mi lado, con el botiquín reposando sobre sus piernas. Rápidamente comenzó a excusar las acciones de su supuesto amigo y aunque quería decirle que los chicos siempre serían chicos, las actitudes del rubio no podían ser explicadas por el alcohol o la lujuria, se había comportado como la bestia que era y si algo podía aconsejarle a la castaña era que lo sacara de una buena vez de su vida. La cercanía entre nosotros me había permitido ver cada pequeño aspecto de su rostro, las pequeñas marcas que no eran perceptibles a la vista y el intenso color azul de sus ojos que parecía incluso más profundo ahora, algo que podía atribuirle a su reciente llanto. Sus dedos fueron cuidadosos al limpiar las heridas en mi piel pero ni siquiera así podía evitar el escozor que provocaba el antiséptico. En cuanto estuvo conforme con su trabajo, colocó un par de vendoletes en los lugares necesarios. -Gracias- murmuré, haciendo el esfuerzo suficiente para mostrarle una sutil sonrisa. Realmente quería que entendiera que veía los golpes en mi cuerpo como un mal que había sucedido para un bien mayor, ni siquiera quería imaginarme lo que habría pasado después en aquel pasillo de no haber llegado a tiempo. Eso me parecía mucho más doloroso que un labio partido y los nudillos destrozados. -Te prepararé algo mientras te duchas, ¿de acuerdo?- me levante de la cama y camine hasta la salida, dándole un último vistazo que me aseguro que se encontraría bien, antes de decidir ir hasta la cocina y sacar una pequeña cazuela en donde prepararía chocolate caliente. Cuando niño, parecía que sin importar que tan malo hubiese mi día o terrible mi pesadilla, el chocolate caliente que me daba mi madre podía resolverlo. Espere algunos minutos a que todo estuviera preparado y serví un par de tazas casi hasta el tope, pero dejando el espacio suficiente para agregar algunos malvaviscos para acompañar. Mi camino hacia el piso superior fue lento, ya que no quería cruzarme con alguna escena incomoda, considerando que ella estaría acabando de tomar un baño. Llame a la puerta un par de veces y no fue hasta que obtuve el permiso para entrar cuando lo hice. Bárbara se encontraba sentada en el pequeño taburete de su tocador, su mirada estaba fija en el espejo pero perdida en la inmensidad mientras su mano sostenía un cepillo con fuerza y cepillaba las hebras castañas de manera descuidada. -Toma- indiqué, acercándome hasta donde ella estaba y dejando una de las tazas frente a ella. -Bébelo con cuidado, esta caliente- le advertí previo a que tuviera la oportunidad de comprobarlo por sí misma. La seguí con la mirada mientras veía como caminaba hasta su cama con la taza entre las manos y solo la abandonaba durante unos segundos para poder destender la cama y meterse entre las sábanas. Me quede inmóvil en el marco de la puerta, sin saber muy bien qué es lo que debía hacer a continuación, la noche había llegado a su fin y con la desagradable situación que había vivido me imaginaba que querría estar sola para meditarlo y digerirlo. Aclare mi garganta y pase una mano por mi cabello, intentando despejar mi mente para hablar con la mayor claridad posible. -Lo mejor será que te deje descansar- ofrecí dando un paso hacia atrás. -Cualquier cosa que necesites estaré en la habitación de enfrente- me apresuré a tocar el interruptor de la luz, dejando la habitación iluminada únicamente por la lámpara de mesa y me dispuse a dejarla por su cuenta ya que eso era lo mejor para todos.
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por fercaver el Mar Feb 27, 2018 10:08 pm

Barbara Palvin.
La sencilla acción de Diego fue suficiente para tranquilizarme. Beber aquel chocolate caliente de alguna forma logró reconfortarme y aunque era una tontería me hacia sentir más segura el hecho de que el castaño estuviese durmiendo en la habitación frente a la mía. Conciliar el sueño la noche pasada no resultó una tarea sencilla, mi cabeza estaba repleta de imágenes que regresaban y que lograban provocarme una sensación de asco en solo segundos. Al final había logrado dormir cuando el reloj marcaba casi las tres y, por lo mismo, abrir los ojos a la mañana siguiente no fue del todo sencillo. Lo primero que hice al abrir  los ojos fue extender mi mano hasta la mesa de noche, desde donde tomé el teléfono cuya pantalla se encontraba repleta de notificaciones. Mis amigas pedían explicaciones, querían saber cómo estaba y maldecían en contra de Jeremy por montones. Sin embargo no tenía ánimos de responder a ninguno de los mensajes y llamadas, había sido un episodio complicado y solo deseaba sacarlo de mi cabeza concentrando mi atención en otras cosas.
Tras colocarme las pantuflas bajé hasta la cocina, lugar donde me encontré con la imagen de Diego bebiendo lo que parecía ser café. —Buenos días.— Dije con una leve sonrisa mientras caminaba hasta la alacena para sacar desde allí la caja de cereal de cuyo interior, luego, vertí una porción en un plato. —¿Tienes algo que hacer hoy?— La mirada confusa del castaño me dejó en claro que él no esperaba tener que darme explicaciones, pero eso no era lo que le estaba pidiendo realmente, lo que quería era invitarle a un sitio. —No estoy pidiéndote explicaciones, es solo que quiero pedirte algo.— Aclaré aquello mientras me sentaba frente a él luego de haber puesto un poco de leche en el plato. —Sé que te puede parecer una tontería, pero cuando era pequeña y tenía un mal día me gustaba mucho ir al club ecuestre, dejé de ir con los años y anoche lo recordé.— Cuando intentaba sacar de mi cabeza todo el episodio vivido con Jeremy me fue imposible no recordar aquel sitio del que albergaba tantas buenas vivencias. —¿Sabes montar a caballo? Porque si no sabes puedo enseñarte, tuve un arduo entrenamiento cuando era niña.— Usé un tono que intenté a toda costa que sonase extremadamente orgulloso aunque en realidad no lo estaba. Seguramente ahora mismo Diego pensaba que esa era otra muestra de que yo no era nada más que una niñita mimada de Beverly Hills. Yo misma me sentía de aquel modo algunas veces, pero no creía que fuese mi culpa después de todo no había escogido a mi familia y menos nacer en un sitio como este. —Vamos, no te niegues, prometo no acusarte  con mi madre.— Rodé los ojos poniéndolos en blanco tras haber efectuado aquel comentario y es que algo me decía que al hombre frente a mí le preocupaba demasiado lo que yo pudiese decir a mi progenitora. —Me ayudaste anoche, no seré una soplona.— Sería una horrible persona si continuase ahora, tras todo lo ocurrido, amenazándolo con poner en evidencia sus andanzas delante de aquella mujer. Por  otro lado, decidí mantenerme sentada frente a Diego a la espera de una respuesta a mi habitación mientras jugueteaba con el cereal al interior de mi plato antes de poder llevarlo a mi boca. Odiaba admitirlo, pero a momentos algo me hacia pensar que el castaño frente a mí no era una mala persona del todo o no del modo en que yo me lo imaginé al principio y es que tampoco venía a ser un criminal. Mi madre había sido quien decidió tener algo con un hombre a quien le doblaba la edad y si él estaba aquí, viviendo gracias al dinero que ella le proveía, era porque también ella se lo permitía...si lo analizabas Diego no estaba haciendo ninguna cosa que mi madre no le hubiese permitido antes de irse. 
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por fercaver el Mar Feb 27, 2018 10:38 pm

JAMIE DORNAN.
—Sería todavía mejor si tuviese más tiempo para disfrutar del lugar.— Admití aquello con un amago de sonrisa instalado en mi rostro. Lo cierto era que adoraba este sitio, ese era uno de los motivos que me hizo pelear con mi ex esposa, ella podía quedarse con la mayor parte de las cosas pero por esta casa no tranzaría. Un pesado suspiro escapó desde mis labios cuando escuché a la rubia frente a mí hablando sobre la posibilidad de llamar al seguro y casi de forma automática negué con la cabeza. —Yo me haré cargo de todo, tendrás tu moto como nueva en unos días.— Lo cierto era que ya no quería enfrentar un solo problema que tuviese que ver con el choque de la mañana. Se había tratado de un incidente pequeño, un accidente que no obtuvo mayores consecuencias pero que de algún modo logro poner patas arriba mi día completo. Asentí cuando la muchacha me pidió encender el reproductor de música y solo unos segundos más tarde el sonido de la música estaba adueñándose del ambiente. —Oh claro que sí, ni siquiera puedes imaginar como acaban.— Luché por no reír, pero ahí estaba negando con la cabeza en un gesto cargado de diversión. Durante la época universitaria disfruté mucho de las fiestas, pero luego las prioridades cambiaron y además, mi matrimonio ocurrió cuando era bastante joven...dejé de frecuentar las fiestas justo cuando me comprometí. 
De manera repentina y sin ningún previo aviso sentí la mano de Camila tomando la mía y si al inicio no capté cuáles eran sus intenciones pronto sus palabras me llevaron a entender su idea. ¿Es que esa rubia nunca se cansaba de querer sacarme de la rutina? Yo no era la clase de persona que comenzaba a bailar en su terraza sin motivo alguno aunque, ¿qué era lo que me sorprendía de estar en esta situación? Durante todo el día había roto con  mis propias  reglas; había llegado tarde al trabajo, me permití salir antes de la oficina, accedí a los caprichos de una chiquilla que apenas pasaba de los veinte y ahora mismo me encontraba con ella en mi casa...a punto de bailar. —¿Siempre eres tan insistente?— La pregunta fluyó de mis labios en un modo absolutamente natural, repentinamente empezaba a aceptar que eran demasiadas las cosas que me intrigaban de aquella muchacha. —Si bailo contigo, ¿soltarás mi mano en algún momento?— Ante mi solo intento de negativa Camila había sujetado mi mano con más fuerza, aclarándome sin palabras que no tenía intención alguna de dejarme ir de su lado sin compartir la pieza. Tras unos segundos de duda, permití que mis manos sujetasen la fina cintura de la rubia y simplemente, como casi nunca hacía, me dejé llevar por el momento. La brisa marina era agradable al igual que la música y la presencia de Camila tampoco resultaba del todo molesta. Sus movimientos eran gráciles y gracias a la mínima distancia que ahora nos dividía había tenido la oportunidad de que mis fosas nasales se  impregnasen de su agradable aroma que era una mezcla perfecta de dulce y ácido. No sabía muy bien qué estaba pasando conmigo, todo este día había sido extraño, pero repentinamente le permití a mis ojos cerrarse. No recordaba la última vez que había hecho algo tan simple como esto, la mayor parte del tiempo estaba estresado y moviéndome de un lado a otro esperando controlar cada situación. —Intento pensar que no habrá un terremoto o que alguien aparecerá para embargar mi casa cuando esta canción termine.— El comentario salió de mis labios, muy cerca del oído de la rubia y la pequeña risa escapando desde sus labios logró aclararme que comprendía el sentido de mis palabras. No la culpaba e todo lo que había ocurrido a lo largo del día, sería injusto,pero ambos debíamos admitir que ella había traído más desgracias que acontecimientos afortunados a mi vida. Sin embargo y a pesar de todo eso continuaba teniéndola cerca de mí y volvía a preguntarme,¿Por  qué lo hacia? ¡La chica ni siquiera me agradaba! O de eso había intentado convencerme a lo largo del día aún cuando sabía la mucha curiosidad que su personalidad chispeante despertaba en mí.
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por afterglow el Lun Mar 12, 2018 1:15 pm


CAMILA MORRONE -
Había algo en James que lo hacía demasiado predecible para mi. Me había quedado claro que era un hombre de costumbres y delimitarlas no había sido demasiado difícil para mi, después de todo era el típico hombre de treinta y tantos que se había obsesionado con el trabajo, cuya mayor libertad y aprovechamiento de tiempo libre era probablemente salir a correr por las mañanas. Su mirada curiosa me hizo sonreír, no terminaba de comprender algo tan sencillo como el concepto de espontaneidad. -¿Sabes? Ni siquiera he comenzado a ser insistente- respondí casi con petulancia, porque la verdad es que sabía lo fastidiosa que podía ser cuando algo se me metía en la cabeza. La única ventaja de aquello es que rara vez no conseguía lo que quería. Mi mano sujetó con fuerza la suya cuando intentó escaparse de mi agarre, había pensado que quizá a esas alturas él ya habría comprendido que no era sencillo llevarme la contraria. Una sonrisa victoriosa se posó en mis labios apenas sentí como su cuerpo se relajaba y terminaba por adoptar una pose adecuada para poder completar mi petición. Nuestros movimientos mantuvieron un ritmo constante, siguiendo la música de fondo mucho mejor de lo que había imaginado. Cerré los ojos y apoyé mi cabeza contra su hombro, permitiéndome disfrutar la atmósfera que nos rodeaba, la brisa marina mecía suavemente mi cabello y se podía escuchar las olas del mar entremezcladas con la música que salía del reproductor. -Está zona ni siquiera es sísmica, un huracán quizá pero jamás un terremoto- No pude hacer más que poner los ojos en blanco y responder con sarcasmo ante su comentario embustero. Lejos de encontrar su comentario como algo ofensivo, lo había encontrado tan cómico como acertado, ya que literalmente desde que nuestros caminos se habían cruzado las cosas habían ido cuesta abajo. -Pero aunque tú no lo creas- comencé a hablar, tomando una pequeña pausa. -Te he traído mejor suerte de la que podría- aseguré con una sonrisa burlona mientras uno de mis dedos picoteaba su pecho, cualquiera en su sano juicio podía afirmar que mi paso por la vida de James no había sido nada más que accidentado y aún así yo me atrevía a verlo de la manera contraria. -Vamos dime, ¿hace cuanto no te tomabas un día libre?- le pregunté después de detener por completo nuestro intento de baile, al final de la canción solo habíamos conseguido movernos de lado a lado mientras intentábamos mantener una conversación. -¿Que no te burlabas de alguien tanto que te dolía la barriga?- podía imaginarme que verme intentar estar en pie sobre la tabla había sido algo memorable, mi habitual torpeza se había visto aumentada y mejorada por el factor acuático. -Ni siquiera tienes que agradecérmelo- esperaba que él entendiera que con mis palabras no buscaba más que bromear, y que a pesar de haber tenido una que otra experiencia non grata en el día, al final quizá no había sido tan malo como lo había hecho ver. -Debes ser un poco más positivo, James- se sentía extraño estarle dando consejos a una persona que debía al menos tener una década más de vida que yo pero para mi había sido lo correcto, estaba segura que no había ganado todos los premios de la repisa manteniendo una actitud pesimista y menos en un medio que era tan cambiante, lo que podía gustar a la gente ahora, unas semanas después podía ser completamente odiado. -Lo mejor será que me vaya, mañana tendré que salir más temprano para tomar el bus- murmuré más para mi misma que para el público que me rodeaba, ahora tendría que tomar algunas precauciones más pero esperaba que fuera por un corto periodo de tiempo, confiaba completamente en que el castaño se haría cargo de todo. -No te preocupes, tomaré un taxi. Ya estás en casa, descansa un poco y olvídate del terrible día- sonreí de manera sincera antes de acercarme a depositar un corto beso contra su mejilla. Si ya estábamos ahí no encontraba motivo suficiente como para que tuviera que llevarme hasta mi edificio. Volví al interior de la amplia casa y tomé mis cosas del sillón en donde las había depositado, una parte de mí se alegraba de que el día por fin estuviera llegando a su fin, al menos así ya no tendría tiempo suficiente de seguir cometiendo errores a los que cuales buscar el lado amable después.
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por afterglow el Dom Mar 18, 2018 2:24 am


DIEGO BARRUECO -
Un extraño sentimiento de vacío se había acomodado en mi estómago apenas cerré a puerta detrás de mi y aunque no quería aceptarlo, era preocupación en su máximo exponente. Siempre me había jactado de ser alguien que no se preocupaba por nadie más que por si mismo y aunque en gran medida había vivido así buena parte de mi vida, también tenía que aceptar que no era insensible a las desgracias ajenas y más cuando se trataba de una que pudo haber arruinado la vida de alguien. Tenía muy en cuenta que conocía a Barbara de nada y que el tiempo que habíamos convivido no había sido precisamente el más agradable, pero a nadie, ni a mi peor enemigo le deseaba que alguien intentara propasar los límites bien definidos, era una intrusión al mismo valor de la persona. Después de lo que pareció una eternidad, el sueño terminó por vencerme y solo desperté cuando recibí una llamada de Anne cerca de las diez de la mañana. Tuve que mentirle, no solo por el hecho de que su hija había montado una fiesta, sino por el desenlace que había tenido. Aunque mentirle nunca me había resultado difícil debido a la delicada situación, sin embargo la decisión de si Anne sabía o no. Me levanté de la cama sintiéndome mucho más cansado que cuando me había ido a dormir, pero sabía que de permanecer ahí acostado, volvería a rememorar la noche anterior. Esa mañana decidí brincarme la rutina y en lugar de ello salí a correr para intentar despejar mi cabeza. Corrí tantos kilómetros cuanto mis pulmones me los permitieron y no me permití volver casa hasta que me sentí más tranquilo. Después de darme una ducha rápida, puse la cafetera y me senté a leer el periódico de la mañana. No había leído más allá de la segunda hoja cuando eleve la mirada al escuchar el saludo de Barbara. -Buenos días- respondí a su saludo antes de volver la mirada al periódico. Pude escuchar como sacaba algunas cosas de la alacena para finalmente sentarse frente a mi. Entre bocados de cereal, preguntó detalles de mi día que jamás había pensado que le interesarían y antes de que pudiera demostrar mi confusión y quizá hasta negativa a explicarle , ella termino por aclarar mis dudas. -Jamás he montado a caballo- ciertamente yo no había crecido en un ambiente tan privilegiado como en el que había crecido ella y por lo tanto no habíamos tenido el mismo tipo de experiencias, mientras ella practicaba equitación con caballos de concurso, yo me raspaba las rodillas jugando soccer en las calles con un balón medio desinflado y cubierto en lodo. -Pero confiaré en tu habilidad para enseñarme- agregue rápidamente, esbozando media sonrisa. El plan en si mismo no llamaba mi atención, yo nunca había sido un gran entusiasta de las actividades al exterior pero no podía mostrarme tan apático cuando ella me lo había pedido como un favor y de lo poco que conocía a Barbara, ella no era ese tipo de chica. Ni siquiera tomé importancia a sus palabras sobre delatarme, no temía a ello, ya que de cierta manera nuestros destinos estaban atados y aunque el resultado inmediato era peor para mi que para ella, los dos caíamos juntos si su madre se enteraba de las cosas que habíamos estado haciendo durante su ausencia. -Tengo un trasero excelente, así que por tu bien espero no terminar en el- bromeé mientras me ponía de pie y colocaba la taza que había desocupado en el fregadero. De igual manera recogí el periódico que había estado leyendo y lo enrollé para llevármelo hasta mi habitación en donde probablemente terminaría de leerlo en algún punto del día. -Cuando estés lista podemos marcharnos- con aquellas palabras terminé por afirmar que estaba preparado para ponerme en ridículo y ni siquiera yo podía explicarme por qué. Quería creer que era el hecho de que sentía cierta lástima hacía la ojiazul, ella misma había dicho que ir a el hípico que visitaba cuando niña, le ayudaría a olvidarse del mal trago y eso era exactamente lo que quería que pasara. No tenía más motivos que ese, considerando que yo no ganaba nada de estar en buenos términos con ella, más allá de mantener una buena convivencia dentro de la casa. Su madre le había dejado muy en claro que su decisión de estar conmigo era prácticamente inamovible y eso me brindaba la seguridad suficiente para no convertirme en el títere de Barbara que cumplía cada uno de sus caprichos.




off. Se que me la vivo disculpándome, pero de verdad siento la tardanza :(
Los exámenes me tenían loca pero finalmente acabé y gracias al cielo acabo de salir de vacaciones, así que me dio tiempo de venir por acá. ¿Qué tal te ha ido?.
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Re: Entonces te vi, y todas las canciones de amor tuvieron sentido.

Mensaje por fercaver el Dom Mar 18, 2018 7:40 am

Barbara Palvin.
Por un momento llegué a pensar que convencer a Diego sería simplemente imposible. El muchacho de ojos castaños y yo no éramos los mejores amigos porque claro, yo no había venido aquí siendo la reina de la amabilidad, pero tal vez si conseguiríamos llevarnos bien. Y es que de alguna forma lo que sucedía entre mi madre y él podía pasar a un segundo plano, Anne no estaba aquí y seguramente sin importar lo que yo pudiese decir o hacer ella continuaría apoyando a su novio. —Soy una excelente profesora así que te aseguro que saldrás del club convertido en un experto.— Bromeé justo antes de que Diego se pusiese de pie mientras yo continuaba comiendo unas cucharadas más del cereal que se encontraba al interior de mi plato. Alcé las cejas de forma repentina cuando él se refirió a su trasero y con un sobre actuado gesto de interés llevé la mirada hasta esa zona de su anatomía, como si estuviese analizándola. —Bueno, debo decir que he visto mejores pero el tuyo está bastante bien.— Mi tono fue igualmente exagerado, tal como si hablase sobre un tema de importancia global. —Tal vez deberías considerar contratar algún tipo de seguro...como Jennifer Lopéz, ella aseguró su trasero.— Continué diciendo solo para hacerlo sonreír y es que repentinamente me daba cuenta de que me gustaba verlo hacer aquello, sin duda algunas veces mis pensamientos eran demasiado tontos. 
—Bien, iré a cambiarme.— Espeté cuando él dijo que luego nos encontraríamos. Rápidamente acabé de desayunar para subir a mi habitación. Busqué al interior de mi clósets unos pantalones ajustados, una blusa sencilla y un par de botas que resultasen cómodas para la actividad que realizaríamos. No pasó demasiado antes de hubiese acabado de ducharme, arreglarme y estar apareciendo en las afueras del cuarto utilizado por Diego. Mis nudillos golpetearon la puerta y solo segundos después el apareció frente a mí. —Deberías sonreír más porque puedo asegurarte que al final del día no te arrepentirás de haber aceptado mi invitación.— Solté mientras empezábamos a bajar las escaleras hasta el primer piso. En cuanto estuvimos cerca de la puerta de salida mi vista se paseó sobre las llaves que se encontraban colocadas a un costado. —Tendrás que conducir, te dejaré manejar mi auto y eso es casi como una muestra de máxima confianza.— Espeté con un tono divertido y es que en realidad no me preocupaba demasiado el asunto, solo esperaba que él no fuese un lunático tras el volante. —El mini Cooper negro.— Le indiqué al muchacho a mi lado una vez que estuvimos en la zona techada del ingreso que funcionaba como garage para un par de autos, en realidad más de los necesarios. En cuanto subimos mi vista viajó hasta el panel de control donde utilicé el GPS para que diese las indicaciones con respecto al camino hasta el club ecuestre. —¿Qué música te gusta?— Pregunté justo antes de extender mi mano en dirección al radio esperando una respuesta aunque terminé hablando antes de lo esperado cuando una nueva idea cruzó por mi cabeza. —No, no puedo apostar que te gusta...— Estaba tomando unos segundos para pensar en mi respuesta. —El hip-hop tienes pinta de que te gusta Kanye West y esas cosas.— Solté aquello y pronto la sonrisa en el rostro de Diego hizo que otra se apoderase de la mía. —¡Bingo! No te he dicho que tengo dotes de bruja, en serio adivino muchas cosas.— Le aseguré antes de finalmente estar encendiendo el radio en una estación que pudiese agradarle. Y una vez que volví a acomodarme sobre el asiento realmente desee no haberlo hecho porque de forma inevitable mi vista reparó en Diego. Tal vez mi madre no estaba tan loca al haber puesto los ojos en él porque demonios, no se podía negar ni por un segundo lo atractivo que era, incluso su jodido perfil y expresión más seria al conducir lo hacía ver sexy.
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