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so, why don't we break the rules? ✧

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Re: so, why don't we break the rules? ✧

Mensaje por hiyorin el Lun Ene 29, 2018 12:37 am


Bostecé adormilada y presioné mi rostro al almohadón, disfrutando la comodidad que podía ofrecerme. Aún no oía a los pájaros cantar, ¿haría daño dormir un poco más? Al igual que cada mañana decidí que no, y cuando estaba apunto de volver a quedarme dormida acabé por incorporarme de un salto: jadeante. Una de mis manos se lanzó al reloj de la mesa de noche, y contemplé con estupor el par de números que indicaba el aparato antes de dejarme caer de la cama en un intento por quitarme las sábanas de encima y salir a toda prisa al mismo tiempo. ¿Cómo se había hecho tan tarde y en qué momento me dejé dormir la noche anterior? Recordaba no tener que presentarme a la agencia luego de haber obtenido un día libre, pero no por eso debía de dejarme estar el día entero: y no especialmente cuando contaba con un invitado al que le gustaba desafiar las normas y escabullirse por ahí, suponiendo que todo estaba bien al yo encontrarlo en medio de una crisis nerviosa. Esta vez, habiendo aprendido de la última ocasión, ni siquiera me esforcé en meterme a cada dormitorio para asegurarme de que mis suposiciones estaban erradas: sabía que podía confiar en mi instinto y lo comprobé encendiendo el localizador de camino al guardarropas. Si estaba segura de que nada podía ir peor, entonces debía pensar en que la sede había escondido toda clase de detectores en el lugar al que mi no tan brillante huésped se dirigía como si nada: porque en ése sitio era usual y lejanamente más sencillo el encontrar toda clase de personas que representaran un verdadero peligro a causa de sus frustraciones y resentimientos hacia los demás. ¿Cómo es que Shuusei no se detuvo a pensarlo, y qué se supone que hacía aproximándose más y más a ése sitio? Dejé la casa sin preocuparme por cerrar la puerta con seguro, abandoné el edificio tan rápido como pude y me dirigí a los callejones por los que sabía conseguiría tomar un atajo: ya había sacado de allí a los esposos de las vecinas, con la única diferencia de que el estado de ebriedad en que se encontraban no los volvía propensos a resistirse... y aquel a quien me le atravesé delante, cuando finalmente lo hallé dispuesto a abrir la puerta del negocio, no necesitaba de la bebida para negarse. — ¿Un club nudista, Kagari-kun? — agitada, intenté recuperar el aliento apoyándome contra la puerta: no contaba con que esta se abriría de buenas a primeras, y tampoco con que habría un espectáculo desarrollándose dentro. — ¡C-cielos! — me levanté como pude y le lancé las manos a los ojos, cubriéndolos cuando lo obligué a retroceder y tomé de su mano para jalarlo en otra dirección. — Ginoza-san sugirió colocar máquinas de escaneo ahí dentro, ¿s-sabes cuántas alarmas habrías encendido? Y-ya... ya te lo dije, si quieres salir tienes que d-decírmelo. — respiré hondo, y me dediqué a negar consciente de la suposición que podía estar creando. — No me importa que decidan hacer conmigo, pero me preocupa lo que vaya a sucederte a ti si te descubren paseándote solo... ¡creerán que escapaste y van a hacerte daño, y yo voy a tener que... que...! — tuve que volver a inhalar con tranquilidad, me estaba desesperando por algo que había conseguido prevenir a tiempo. — Tienes razón, ya te tengo conmigo... ¡pero no lo vuelvas a hacer! — le golpeé en el hombro y fruncí el ceño, cruzándome de brazos al desviar la mirada. — Además, es insensible de tu parte el que salgas por ahí a mirar mujeres desnudas teniéndome a mí. — pero, al percatarme del sentido con que podía tomar mis palabras, me apresuré a continuar. — ¡N-no digo que quiera que me veas a mí de ése modo, pervertido! Me refiero a que... ¡ah, Kagari-kun! — ¿jaqueca o desmayo? Uno de los dos iba a hacer su efecto rápidamente, y a causa del profundo color que se había apoderado de mis mejillas temía que fuera el segundo. — Pero puedes buscar diversión en otros lugares. — y yo conocía uno que en nada se relacionaba a un bar muy mal iluminado con un montón de féminas deshaciéndose de sus ropas.

Me alegro... me alegro de que te haya gustado. — apoyé las palmas sobre mis rodillas y me limpié el rostro, negándome a observarlo en ése estado. Mi idea del parque de diversiones había sido un éxito, pero él lo había disfrutado enormemente al descubrir que adoraba las montañas rusas... y así obligarme a subir a cada una de ellas poniendo como pretexto el que podía o no desaparecer tras bajarse de una. Ni siquiera sabía que un lugar dedicado a la familia tenía atracciones tan espeluznantes, y aunque todos mi sentido común me apremiaba a retroceder debí de abstenerme a sus reglas del juego: pidiéndole a los dioses por mi alma cada vez que encontraba una posición cómoda sobre los asientos temblorosos, una que constaba en mi cuerpo presionándose al objeto y a mis dedos aferrados al plástico debajo de mí en un intento por mantener la calma. No funcionó, y me sorprendió que mi acompañante esperara por mí fuera de los baños luego de que hubiera acelerado mis pasos en dirección a estos: preguntándome si no resultaba una mejor idea el quedarme a vivir allí dentro en vistas de que mi estómago no iba a parar de revolverse. ¿Y a los menores les gustaba ése tipo de adrenalina? Mi padre no permitía que subiera a ése tipo de máquinas: pero la velocidad a la que iba al llegar a los extremos y las alturas que alcanzaban fueron suficiente para que me echase para atrás por sí sola. E-estoy bien, p-por supuesto que no necesitamos ir al hospital. N-no soy tan débil, ¿que imagen tienes de mí? — en un intento por parecer orgullosa de mis logros le sonreí, pero no pensé que desde esa posición se viera tan confiable: así que me enderecé luego de ignorar las ganas de hacerlo otra vez, y permití a mi rostro tomar su color una vez más. — Ah, ¿eso? Es una cabina de fotos. Te metes dentro, colocas una moneda y la máquina te saca por sí sola. — ¿q-quería entrar? — ¿Te espero fuera, entonces? — pensé negarme cuando me percaté de que sus planes me incluían a mí, aunque no estaba segura de si lo hacía por curiosidad o porque realmente quería hacerlo. De todos modos, yo no estaba en condiciones de posar: tenía el cabello revuelto y con suerte había conseguido que mi vestido permaneciera en su lugar, aunque el viento hubiera dado batalla. Tan pronto me dejé caer en el asiento frente a la pantalla desvié la mirada a los ejemplos de fotografías que presentaba, y mis pómulos volvieron a teñirse tan pronto visualicé un conjunto de fotos en donde una pareja se demostraba... todo lo que sentía, evidentemente. — El truco esta en posar diferente para todas, ¿cuáles te gustan más? — froté mi mentón y asentí, luego de considerar su elección. Nada fuera de lo normal, aunque me pregunté como se supone que realizaríamos la última si no se decidía a la brevedad. — ¡Tres, dos, uno! ¡Saca la lengua! — divertida me apoyé en su hombro y lo imité, parpadeando un tanto irritada por el flash que la máquina disparó al tomar la foto. La cuenta regresiva volvió a iniciar a modo de tomar la segunda, y claramente no esperé que tuviera varias sonrisas en mente a la hora de pedirle que hiciera una. — ¡Así! — le pasé uno de los brazos sobre los hombros y coloqué los dedos en sus mejillas, empujándolas hacia arriba sin poder evitar el romper en carcajadas ante la expresión que se formó en su rostro cuando el flash de la cámara volvió a inundar el pequeño compartimiento. — ¡Ahora! — lancé dos dedos frente al rostro asemejando el símbolo de la paz, y ladeé el rostro para contemplarle curiosa cuando la cuenta regresiva para la última fotografía comenzó. — ¡Otra, otra! — ¿se había puesto nervioso? Mordí mi labio inferior y sonreí. — ¡Lo tengo! — de ése modo, acabé por inclinarme y besarle la mejilla.


 
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Re: so, why don't we break the rules? ✧

Mensaje por hughes el Lun Ene 29, 2018 1:31 pm

 

La sorpresa del verla impidiendo su ingreso al lugar dónde planteo ir aquella mañana, hizo que sus ojos se ensancharan y su rostro perdiera color. ¡¿Qué es lo que ella hacía ahí?! Estaba en lo correcto al sospechar que ella tenía un medio por el cual seguir sus movimientos, sintiéndose así cruelmente avergonzado del no haber hecho caso a sus suposiciones y actuar con tanto arrebato. ¡Especialmente cuando se le ocurrió visitar un club nudista! — ¡No es lo que tú piensas bishoujo-san! — Escupió en defensa propia, siguiendo sus pasos intentando mantener la calma en sus comportamientos, mas era consciente del nerviosismo que decoraba cada uno de estos al haber sido atrapado con ¿las manos en la masa? No era momento para que sus pensamientos divagaran a burlas, no cuando debía de encontrar la manera en que no malinterpretara sus decisiones. Lo que le había cuestionarse, ¿por qué le inquietaba tanto la imagen que pudo haberle creado por sus acciones? Últimamente se había vuelto una condena el pasar tiempo a su lado, porque a pesar de lo mucho que disfrutaba del tenerla cerca, luego se veía acosado por la incertidumbre y perplejidad que no tenía razón alguna para existir. T-Tsk. — O... quizá sí, pero no... ¡n-no pienses! — Balbuceo. ¿Le acababa de pedir que no pensara simplemente por qué había perdido la concordancia de sus comentarios en su inútil intento de quedar bien? Sí, lo había hecho. Agradeció el que ella se vio traicionada por su lengua de igual manera al emitir algo que de inmediato malpensó. — ¡E-Eh! Siempre me he mostrado cómo un pervertido. — Le recordó cruzando los brazos por encima de su pecho y asentir un par de veces. — Y es tu culpa el que intenté mirar mujeres desnudas. — Recriminó mordiéndose la lengua tras el haber articulado la acusación que debió guardar en lo más recóndito de su mente. Se había despertado con el pie equivocado y ahora ansiaba con desesperación el volver a acostarse, por qué si ella cuestionaba el motivo de su oración, no sabría que replicar. ¡Y cuando no sabía que responder, soltaba verdades que debían de mantenerse ocultas!
 
No mentía cuando decía que la razón de sus actos se basaba en su existencia. Quería suponer que las constantes sensaciones que lo abarcaban, se trataba de una reacción humana típica del varón al encontrarse en frente de una fémina atractiva. A pesar de que ya antes había intentado provocar deguste en él a través de mujeres sin importancia, jamás había conseguido una estimulación tan agradable cómo la que la rubia le propicio ¡sin siquiera proponérselo! Deseo asistir al club nudista por qué buscaba confirmar o rechazar la hipótesis de que... para él, ella era especial.
 
El asistir con ella al parque de diversiones posiblemente se trato de la mejor idea a realizar. Las constantes carcajadas que se escapaban por su boca, la inmensa sonrisa que no se inmuto en ningún instante y ese ánimo energético que parecía no tener fin que lo hacía querer volver a los juegos eléctricos sin darle tiempo de descanso a su acompañante, lo corroboraban. ¿Podrían regresar también al día siguiente? ¡Quería volver a subir a cada una de las montañas rusas incluso cuando ya había pasado horas disfrutando de estás! Creyó que nada conseguiría llamar más su atención, hasta que escucho la descripción que le dio al pequeño cubículo que resaltaba en medio del camino. Por más que intentaba estar al tanto de lo que sucedía fuera de las paredes de la agencia, sentía que era un mundo nuevo. Siguió sus indicaciones con entusiasmo, contrayendo los músculos de la espalda al sentir cómo la luz lo cegaba por unos segundos indicando que había tomado ya la primera foto. Era... la primera vez que se tomaba una. ¡Quería más! Toda emoción que lo abarcó por la actividad se disipo al no tener comparación por aquella que nació tras el haber recibido aquel inocente beso en su mejilla. Un extraño cosquilleo en su vientre mando hincadas hacia su entrepierna; no se trato de morbo, sino de un excelso sentir. Como aquel que sientes cuando pruebas el primer bocado de tu comida favorita tras el haber estado antojado por días. — Hazlo de nuevo. — Pidió fascinado por ese picor que se mantuvo en la zona dónde sus labios tocaron. — Por favor. — Insistió, pero a los segundos la realidad impacto cómo un balde de gélida agua cayendo sobre él. — Espera... mejor no lo hagas. — La detuvo antes de que cumpliera con su petición. Había alzado el rostro, apoyando la yema de sus dedos contra su mentón para que esté no se acercara más; ni siquiera él comprendía el motivo por el cual estaba conteniendo el beso que tanto anhelaba sentir una vez más. Quizá por qué sabía que del recibirlo, querría más. — Gracias por traerme aquí, bishoujo-san, lo he disfrutado bastante, especialmente en tu compañía. — El dorso de sus dígitos pronto se vio atrapado por la suavidad de su quijada, por la cual se deslizó hasta sentir cómo sus cabellos acariciaban parte de su piel. — Eres la primera persona que me ve cómo un igual, y estoy malinterpretándolo. — Y lo comunicaba sin problema alguno, por qué esperaba que ella lo forzara a alejarse tras el saber ello, obligando a se mantuviera bajo los escrúpulos que debían de caracterizarle. Pero no lo estaba haciendo, y sus instintos estaban intentando dominar el poco control que poseía sobre sus extremidades, queriendo que los centímetros que los separaban se fuesen acortando hasta hacerse los mínimos. Mordió con fuerza su labio inferior y dejo que su brazo cayera para incorporarse antes del que terminara cediendo. — ¿Caminamos? — Ofreció algo nervioso, alzando ambos brazos por detrás de su cabeza para así mantenerlos quietos. El poco espacio posiblemente era una de las razones por las que empezaba a perder la cabeza. Si ella cuestionaba el motivo de sus palabras, le explicaría detalladamente en qué se estaba basando al expresarse de dichosa manera, de lo contrario se mantendría callado y pretendería que jamás las articuló.

No sé nada de ti, bishoujo-san. — Era normal el hecho que ignorara su procedencia o historia; un ejecutor debía de mantener al mínimo el compartir de su vida privada. ¿Se ofendería si le preguntaba? Ella seguramente conocía de él, al saber que su portafolios iba de mano en mano entre cada uno de los ejecutores para que estos conocieran de lo que podría considerarse vida, más él llamaría carcel. — ¿Por qué elegiste trabajar para la agencia? Eres diferente a Gino-zan. — Y lo agradecía, por qué aquel azabache era un maldito dolor de cabeza. ¿Cómo podía existir una persona tan cuadriculada? ¿Y por qué nadie le hacía saber lo errado que estaba la mayoría del tiempo al solo seguir mandatos de sus superiores? La rubia era distinta, tenía una agradable forma de tratarlos y siempre lo recibía con una amplia sonrisa. ¿Por qué? ¿Por qué empezaba a molestarle el suponer que no era al único que trataba de dicha manera? Suspiró negando con la cabeza y volviendo a pisar realidad. — ¡Bah! Una vez dijiste que debería ser cocinero, ¿cierto? Me hubiera gustado ser uno. — Sonrió de lado. — Aunque también me hubiese gustado el ser parte de un zoológico. — Los animales le fascinaban al ser criaturas que actuaban por naturaleza y no bajo un orden que imponían sobre ellos. Tenían la libertad del actuar y pensar cómo desearan, y los envidiaba por eso mismo. — Nee, nee bishoujo-san, si fueras un animal, ¿cuál serías? — Cuestionó ansioso por el saber su respuesta.  
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Re: so, why don't we break the rules? ✧

Mensaje por hiyorin el Miér Ene 31, 2018 5:32 am



¿Quería... conocerme?, sentí al desconcierto apoderarse de mi rostro cuando despegué la mirada del cielo para detener mis ojos en los suyos: y apreté los puños sobre la banca, sin que se percatara de ello, cuando me detuve a pensarlo antes de que la sensación cálida en mi pecho me condujera a un camino sin retorno. Lo que correspondía a mi pasado no era algo que le hubiese comentado a nadie por temor al prejuicio, y se trataba de una historia que esperé jamás saliera de los papeles que la agencia atesoraba entre sus documentos: valiéndose de ellos para advertirme, en más de una ocasión, que nunca dejara de tomar las decisiones apropiadas. Lo tenían presente cada vez que me citaban a hablar en privado, y si no fuera hostigante me lo recordarían a diario: estaba segura. Así que si lo sabían ellos, ¿por qué no Kagari? No perdería nada. Conocía su punto de vista y él era la última persona capaz de hacer preguntas incómodas o juzgar sin tener ni idea... tenía la confianza para mostrarme tal cual era junto a él, ¿por qué no para expresar lo que verdaderamente sentía? Me armé de valor al inflar el pecho, y le dirigí una ligera sonrisa al suspirar. — Porque quiero demostrarle que se equivoca. — mi tono de voz bajó, pero sonó firme y no quitó la determinación con que me había decidido a confesarlo. — No estoy de acuerdo con el criterio que utilizan para dividir a las personas en los buenos y los malos, es un falso ideal de justicia. Sé de personas que jamás harían daño a nadie para sentir placer y representar un peligro para los demás... y el sistema los encierra como si fueran animales en cautiverio, porque piensa todo lo contrario. — él era una de esas personas. Kagari disparaba el arma y eliminaba a sus objetivos de ser estrictamente necesario, pero lo hacía bajo las ordenes de alguien más: no tenía opción como un ejecutor, pero si le otorgaran una sola como persona... podía imaginarlo en la cocina de un prestigioso restaurante recibiendo halagos de comensales satisfechos, como también entrenando un par de animales para divertirse y ofrecer espectáculos a las familias. — Mi madre fue asesinada cuando era niña, y Sibyl no juzgó al criminal porque su coeficiente jamás se elevó. En la academia, los llamamos asintomáticos. — fruncí el ceño, y dirigí mi mirada a las manos que junté sobre mi regazo al continuar. — Cuando mi padre quiso buscar respuestas, el dominator aseguró que él si era un riesgo al que no debían dejar escapar. Lo conocía, sabía muy bien quien era él... no podría haber lastimado a una mosca, ¿sabes? Lo vi sufrir por perder una de las cosas más importantes, y lo vi aceptar su sentencia para evitar darme problemas. — y desaparecer por el resto de mi vida. Ginoza-san me negaba las visitas, a menos que el ''criminal'' fuera capaz de contribuir a un caso. ¿Cómo le habrían tratado los años, y cómo fingiría haberse vuelto loco para que acabaran con él de una vez por todas? — Dicen que puedo terminar como él, pero mi coeficiente esta limpio desde el día que entré. No subirá mientras tenga en claro qué es lo correcto. — le ofrecí una sonrisa, y me senté de lado para presionar el pulgar a mi mentón pensativa. Jamás me había detenido a pensar en algo como eso, honestamente. — ¿Un ave? Vuelan a todas partes, imagina todos los lugares que han visitado ya. Creo que sería fantástico tener el poder de decidir en donde quieres estar. — me encogí de hombros y le mostré un gesto tímido, no estaba segura de como reaccionaría a la pregunta que en mi mente no dejaba de dar vueltas. — ¿Qué hay de ti, Kagari-kun? — quizá fue demasiado casual para tratar con un tema tan sensible. — M-me refiero a lo que... ocurrió contigo, para estar en ése lugar. Si no te sientes cómodo puedo mirar tu archivo, p-pero vas a tener que darme tu permiso. — y los inspectores solían estudiar la historia de cada uno, pero... — ¡Ése es Ginoza-san! A mí no me gusta invadir la privacidad de los otros, y si lo leo sin tu consentimiento eso es lo que estaría haciendo.  


 
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Re: so, why don't we break the rules? ✧

Mensaje por hughes el Miér Ene 31, 2018 1:14 pm

 

Vaya mierda de mundo, pensó casi al instante en el que sus palabras fueron comprendidas. Había escuchado ya de personas asintomáticas, pero por un momento, creyó que se trataba de falsas habladurías creadas por la ignorancia de la gente. Ahora comprendía lo equivocado que estuvo al no creer en lo que sus compañeros expresaron en su delante. La rigidez que inquietó sus músculos, nació cómo respuesta involuntaria a ese deseo del querer tomar venganza por ella y hacer pagar a quienes le causaron tanto daño. Le habían quitado tanto a su madre cómo a su padre; se creían los dioses de la actualidad, cuando se asemejaban más al diablo. Quería decir algo, asegurarle que hallaría la manera de probar que el sistema estaba equivocado, pero al ser la primera vez en que se encontraba en una posición como tal, ignoraba el que decir o cómo actuar. Tenía una gran afinidad por arruinar circunstancias, y no quería arriesgarse, no esta vez. — Eres diferente. — Otorgó con gusto, al tomar una de sus manos entre las suyas, brindándole un suave apretón. — Bishoujo-san, no permitas que nadie intente modificar tu manera de pensar. Quién se atreviese a hacerlo, descubriría el motivo por el cual él fue encerrado en primer lugar. Estuvo en lo correcto al suponer que ella era alguien que valía la pena cuidar y proteger. Su sexto sentido no estaba tan errado cuando a primera vista sintió un gran apego por la dulzura que solo había conseguido diferenciar en sus azules ojos. — Ave, huh. — Alzó la cabeza y distinguió a un par de aves volar por encima de ellos; la imaginaba siendo parte. — Es una buena elección. — Especialmente por qué su descripción del por qué, hacía que su decisión fuese agradable para los oídos de cualquiera. — Yo... creo que sería un león. — Admitió tras el pensar por un par de segundos. — ¡El rey! Respetado y querido por todos a pesar de su naturaleza. — El deseo que posiblemente cualquier persona soñaría con hacer realidad, especialmente al vivir como si fuese un preso aún en libertad. Ensanchó los orbes y ambos dorsos los guió hacia sus parpados para frotarlos en orden de asegurarse que estuviese despierto en ese instante. — ¿No has mirado mi archivo? — Inquirió con cierta sorpresa, más no demasiada. Parte de él, se sentía agradecido del saber que alguien buscaba más su versión, a la narrada por sus superiores. Jamás vio lo que decía bajo su nombre, pero sabía que era una perfecta narración evocando mentiras que le hicieran ver cómo un error. — Ah... Gino-san es... muy anticuado, ¿eh? — Sonrió asintiendo. La siguiente vez que abriera la boca, sería para expresarle todo aquello que guardó en lo más recóndito de él. Su historia, sus vivencias... parte de su pensar. No comprendía del todo por qué, pero había algo en su mirar que le hacía sentirse cómodo del hacerlo. — Me declararon cómo criminal en potencia cuando tenía cinco años... — Incluso ahora, al conocer con mayor detalle el modo en que el sistema funcionaba, seguía ignorando o quizá recriminando el modo en que juzgaba. ¿Con qué seguridad podían marcar el futuro de un infante cuando esté estaba recién un proceso de aprendizaje?  Hundió el largo de su dedo índice en el centro de sus labios, presionando la punta de esté contra el inicio de su nariz. — Aunque... honestamente esa parte ya la olvidé. — Existían detalles que les costaba plantear con certeza, asimismo habían otros que no podía arrancarse de la cabeza ni aunque así lo deseara. — Si tuviese algo que resaltar de ese día, sería el rostro de decepción que me dedicaron mis padres. — El recuerdo envolvió sus pensamientos trayendo consigo las expresiones que sus progenitores perladas en decepción y vergüenza le mostraron tras el saber el resultado; sin importar la corta edad que en ese momento poseyó, pudo entender claramente el rechazó con el cual lo tratarían a continuación. Si sus propios padres dejaron de quererlo, ¿por qué el resto de las personas lo harían?Después de eso, me encerraron en las instalaciones medicas de la agencia, en las que, día tras día, recibí continuas sesiones de terapia para el control de estrés... — Sonaba agradable para quién no tenían conocimiento alguno sobre su metodología, mas para quienes fueron víctimas de sus técnicas, podrían asegurar que el suicidarse siempre fue una latente idea cursando por sus pensamientos. — Y los medicamentos que parecían jamás tener final. Inyecciones con placebos o nuevas medicinas que buscaban entregar al mercado en caso que funcionaran. — Soltó una pequeña, pero amarga carcajada. — Se podría decir que era lo más parecido a una rata de laboratorio para ellos. — Pasó de ser un animal, a otro. ¿Quién lo diría? — Tras la muerte de cierto Ejecutor y la degradación de Kou-chan, me dieron la oportunidad de salir de ese aislamiento para unirme a sus filas. — No dudo en aceptar ante la primera proposición, cualquier coyuntura de cambio era recibida con agrado y euforia, especialmente cuando esta involucraba salir del aislamiento dónde vivió gran parte de su vida. — ¿Cuál había sido la mierda de excusa que utilizaron? Ah, algo así cómo... tener talento innato para ser un Ejecutor. — Ellos tenían total dominio sobre lo que pasara con él, no se trataba de ningún don para realizar un trabajo, simplemente residía en un objeto fácilmente manipulable que hiciera lo que ellos desearan. A veces sospechaba, que incluso negándose, estos hubiesen encontrado el modo de hacerlo ceder. ¿Y cómo no? Los únicos monstruos que vivían en la actualidad eran las cabezas que dirigían Sibyl. Nunca seré reconocido cómo un ciudadano, pero mi labor consiste en protegerlos. — Ironía. — Idiotas, es lo que son. — Soltó acompañado de un bufido. — Viviendo su vida ignorando la existencia de quienes hacen posible su existir. — Posiblemente su coeficiente criminal había saltado al sentir ese fervor en la sangre empezar a corroer sus venas; agradecía del saber que su acompañante no lo intentaría noquear para detener su aumento. A su lado, sentía que podía expresarse y comportarse cómo siempre ansió, sin el miedo a ser evaluado. — Sin embargo, no soy un protector, sino un perro de caza. — Repitió el sobre nombre, por el cual, el azabache los llamaba para que no olvidaran su posición. Podían llamarlo masoquista por referirse a sí mismo de la misma manera, pero debía de admitir que cierto cariño le había tomado a aquel dichoso apodo tras años del haberlo recibido. — Aunque no me dan libertad de movimientos, comparar mi vida actual con la vida que llevaba antes es como comparar el cielo con el infierno. — Ladeo el rostro ligeramente hacía el lado donde se encontraba la rubia, para observarla por unos segundos antes del seguir pronunciando su historia. Era la primera persona a la cual le interesaba saber de su vida, incluso cuando fácilmente podía encontrar está en la información de la agencia. — Lo único que tengo claro, es que no lo hago por ellos. — Su bienestar, le era indiferente. — Yo... solo quiero sentirme útil en esta repugnante sociedad. — ¿O quería ser parte de está? No importaba, no había diferencia alguna, ya que ambos sueños morirían de igual forma. El sistema jamás le permitiría el tener una vida normal; estaba destinado a vivir cómo un animal. 
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Re: so, why don't we break the rules? ✧

Mensaje por hiyorin el Vie Feb 02, 2018 4:59 am


Kagari-kun... — conociendo su realidad, podía enojarme con quienquiera que asegurase tener una vida difícil. Nada podía compararse al trágico destino que había conocido a tan... temprana edad, ¿a causa de una prueba basada en qué? ¿Cómo se podía diagnosticar a una criatura tan pequeña, y estar de acuerdo con la idea de alejarlo de todo lo que debía de constituir su infancia? ¡No solo eso, pasó su desarrollo y adolescencia allí también! Contaba con veinte y pocos, pero no quería imaginármelo con la edad de Masaoka-san allí dentro: ¿quién se mantendría cuerdo hasta ése entonces? — No creí que los niños también... — ciertamente jamás había oído de un caso, y no me sorprendía que los hubieran ocultado de tenerlos: la fe en el sistema era algo que debía de resultar incuestionable sin importar lo que costase y la vida de quien debieran de pisotear, ¿verdad? Suspiré al dejarme caer en el respaldo del asiento y aparté mi flequillo a los lados: aunque este regresó en cuestión de segundos, obligándome a bufar. Y yo quería tener hijos... ¿cómo se supone que fuera a traerlos al mundo si de un día para el otro decidían que lo correcto sería arrebatármelos? — Lo siento, pero gracias. — precipitándome a recuperar mi posición, aproximé mi rostro al suyo rápidamente: ¿p-para qué? Sentía que de ése modo iba a tomarme mucho más enserio. — ¡Hasta hace poco era una idiota que tú protegías! Puede que no voluntariamente, pero aún así arriesgas tu vida por la de otros: ¡y alguien debe de apreciarlo, yo lo hago! — ¿a dónde pensaba llegar con un discurso a base de exclamaciones y tanta determinación? Me hice para atrás cuando admití que podía haber comenzado a dejarme llevar por lo apasionada que tantas veces tendía a ser, y dirigí la mirada al alegre entorno a nuestro alrededor. — Para mí eres más que suficiente... — abriendo los ojos un tanto más grandes, me apresuré a reponer rápidamente. — ¡Si sigues cocinando la cena y enseñándome a jugar tus videojuegos, de lo contrario podría cambiar de idea!

Con el paso de una semana el trabajo se había vuelto más extenuante, si es que existía una posibilidad de que fuera aún peor. Los casos crecían en número, y con ellos la impaciencia de Ginoza-san por tener a Kagari de regreso en sus filas: lo que significó un estrés aparte a la hora de crear excusas y pedir demasiada ayuda a Karanomori-san... quien accedía día tras día a encubrirnos con una falsa grabación del muchacho en el hospital. Iba más allá de mí el como nuestro superior no se enteraba por los altos mandos del verdadero paradero que tenía su ejecutor, pero supuse que como yo habían preferido evitar el revelarse para evitar tenerlo preguntando la semana entera a que se debía semejante insolencia y porque era consentida, de todos modos. Dejé que un suspiro se filtrara de mis labios luego de despedirme de Kogami para dejar el edificio atrás y dirigirme al complejo de apartamentos, consciente de que parte de mí mantenía sus esperanzas en alto con respecto a una probable fuga por parte de mi huésped: y otra se había resignado a que dejaría el bolso sobre el sofá, cambiaría los tacones por deportivos e iría en su búsqueda con la ayuda del localizador. Habían pasado ya unos días desde la última vez que había escapado sin llevarme con él a rastras, pero jamás debía dejar de dudar si hablábamos de un muchacho tan excitable como inquieto: quien parecía haber aprendido los mapas de la ciudad de memoria para así poder recorrerlo todo en una mínima cantidad de tiempo... de esa manera podíamos visitar el zoológico una y otra vez, para que acabara por separarlo de las jaulas y el límite de seguridad en cada ocasión. — ¿Estoy en casa? — se trató de una pregunta en busca de una respuesta para tomar una rápida decisión: sorprendida, me dirigí a la cocina al percatarme del sonido que producía la sartén al encontrarse el aceite caliente... y cuando terminé de aproximarme jadeé al percatarme de que se trataba. — ¡Mi favorito! — bueno... podía no tener un plato predilecto definido hasta ése entonces y quizás por eso definía así a todos y a cada uno de los que presentaba frente a mí: ¿importaba? Parecía encantado con que lo agasajara de ése modo. Divertida le envolví los brazos alrededor de las caderas y me presioné a su espalda durante un instante, algunos segundos antes de soltarlo para dirigirme a la habitación y cambiarme la ropa. — ¡El mejor chef de Japón lo hace otra vez!

Consciente del furioso color rojo que me cubría las mejillas me incliné frente a él, y apreté los labios durante un corto instante al negar. No creía que las preocupaciones de Shuusei se basaran en algo tan... insignificante, y tampoco estaba segura de que realmente lo deseara teniendo en cuenta lo mucho que acababa por avergonzarse cuando yo olvidaba avanzar con cautela en el terreno afectivo. ¿Lo estaba acosando? Agradecí que en ése momento no lo sintiera así al no alzar la mirada de la consola de juegos que tenía en las manos, y acabé por derrumbarme a su lado en el sofá para apoyar los dedos en mi mentón indecisa. No lo quería hacer impulsada por la innegable atracción en la que me había dejado envolver, ¡no! Se trataba de una experiencia que todos deberían de vivir al menos una vez en su vida, ¿y cómo no si el primer beso era magnífico? Había permanecido algo obsesionada con ello durante mi infancia por culpa de los cuentos y las películas románticas que tanto gustaban a mi madre: había satisfecho mi curiosidad con miles de preguntas y observé el acto desde lejos hasta que me tocó experimentarlo a mí. ¡Así que sabía de lo que hablaba! Pero... ¿no sería ése cruzar un límite? — Kagari. — supuse que se debió a la ausencia de honorífico el que inmediatamente girase a verme desconcertado, y cuando fui consciente de que había avanzado sin pensármelo dos veces tragué en seco. Podía inventar una tontería y dejarlo pasar considerándolo sin importancia, ¿pero no sería egoísta de mi parte el negarme a ayudar? Ah, quizás solo estaba siendo dramática... no iba a preguntarle si quería ser el padre de mis hijos, y no haría nada indecente de igual modo. — He estado pensando mucho al respecto, creo que es importante y estoy bastante segura de que Kogami, Masaoka-san y Kunizuka lo han hecho ya... pero tú no y es injusto, ¿entiendes? — cuanto más lo pensaba, más peso perdía la relevancia que yo le atribuía: obligándome a pensar que probablemente solo estaba siendo ridícula. — ¿Q-quieres que te... que te bese? ¡Ya sabes, el primero y nada más! No creo que te hayan permitido algo así y es... ¡es hermoso! — abochornada alejé la mirada y fruncí el ceño, apretando las manos en puños sobre mi regazo. — No queda mucho para que regreses, y puede que no ahora: pero quizás en algunos años te sientas vacío por no haberlo hecho y... — ¿d-de acuerdo? Sentí que la saliva se atoró en mi garganta cuando alcé la mirada llena de perplejidad, y me armé de valor tan pronto el aparato de videojuegos dejó de sonar al él haberlo apagado. Iba enserio, no me tomó por una demente. Apoyé las manos a ambos lados de su rostro cuando finalmente comencé a acercarme, y deslicé los pulgares sobre la piel cálida en una suave caricia al aproximarme: consciente de que no tenía por qué dudarlo. Presioné mis labios a los suyos sin volver a considerarlo, y lo mantuve apegado a mí en el contacto durante un momento... no me alejé inmediatamente, pero no lo extendí durante mucho: y cuando comprendí que quería más, regresé a mi posición velozmente. — ¿Q-qué tal? Hay... diferentes tipos de besos y esas cosas, ¿pero con ése esta bien para ser la primera vez n-no? 


 
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Mensaje por hughes el Lun Feb 05, 2018 9:50 pm

 

Kun, disfrutaba del escucharla referirse a él con aquel honorifico, tanto que comenzaba a cuestionarse el por qué. Bastó con el oírla decirlo, para sentir cómo la presión sobre sus hombros se desvanecía hasta desaparecer; brindándole tranquilidad aún cuando no había razones por las cuales sentirla esparcirse en su interior. No cuando acababa de rememorar por su cuenta quién era, y cuál era la misión que tenía la obligación de cumplir en el mundo que tanto detestaba. Si seguía creyendo que merecía más de lo que recibía, se vería incapaz del volver a la agencia para trabajar cómo el animal que por años se consideró. Pero... ¿cómo hacer que pare? Utilizó ambas manos para negar imitando el movimiento que su cabeza realizó en vaivén inconsciente. — ¡Eh yo nunca he dicho que seas una idiota! — ¿o la habría incluido en la totalidad de sus palabras sin ser consciente de ello? ¡Maldición! Reevaluar sus propios pensamientos antes del expresarlos no era una actividad que disfrutase de realizar. Consideraba que del hacerlo, su original mensaje sería transformado en uno que se asemejaría a una posible mentira. — Tch... — Rascó su nuca, conocedor de la poca facilidad que poseía para mantener la seriedad en un acontecimiento cómo el presente. — Vaya cursilerías que te tenías guardadas, Hotaru. — El articular con tanta confianza su nombre, forzó a que sus mejillas ardieran en un color rojizo que más disfrutaba cuando lo presenciaba ella. Ignoró que acción tomar para erradicarlo, por lo que halló el ocultar parte de su rostro cómo la única solución factible. — Espero no sea la última vez que te vea expresarte así... sobre mí. — Anexó sonriendo de lado; incluso cuando la rubia no podía admirar sus expresiones, estas emitían una felicidad que en años jamás había sentido. Si un día su existencia pasaba a ser un simple recuerdo, esperaba que lo recordara con el mismo pensar. Tal vez ignoró el motivo por el cual vivió, pero ahora sabía por qué deseaba el seguir haciéndolo. Hotaru.Geez, no creas que te dejaré cambiar fácilmente de idea bishoujo-san. — Esta vez se dirigió a ella, tanto en palabras cómo al clavar sus pupilas en las suyas. Quizá la vergüenza del haberla llamado por su nombre seguía presente, pero aún así, quería demostrarle... ¿qué? Negó con la cabeza, esta vez por burla a sí mismo. Se trataría de una vida muy interesante si es que la tenía acompañándolo.
 
Era inquietante ese agrio sabor que se impregnaba en el largo de su lengua, forzándolo a mantener sus sentidos alertas y enfocados en el ingreso de la casa. ¿Desde cuándo el ver los segundos pasar por horas se había transformado en su actividad más realizada? ¡Pero si era jodidamente aburrido el hacerlo! Ni siquiera buscaba cuestionar el motivo detrás de sus comportamientos, por qué sabía que era el enfrentarse a un camino que no lo llevaría a ningún lado. Soltó un amargo suspiro, ladeando el rostro de izquierda a derecha mientras su mano giraba las verduras aún frías evitando el dejarlas caer, creyendo banalmente que se complacería aún más si dejaba de divagar entre lo mucho que últimamente extrañaba la presencia de la rubia persiguiendo cada uno de sus pasos. Al principio solía huir para vivir sueños frustrados, pero con el pasar de los días su visión se modifico: se deleitaba del hacerla frustrar, por qué ello significaba que se preocupaba por él. O por lo menos, gustaba del creerlo así. ¿Estoy en casa? Repitió mentalmente, vertiendo un poco más de los condimentos sobre la carne sazonándose al freír. La frase le sonaba un tanto familiar, al haberla escuchado o posiblemente leído en algún manga; ¿acaso no se trataba de una expresión que utilizaban para hacer saber... ¡Sí! ¡Sí lo era! — O-Oka... ¡Okaeri bishoujo-san! — Exclamo entusiasmado, manteniendo su concentración en no dejar el fuego abusar de su poder; concentración que desapareció tras el sentir su cuerpo presionarse al suyo sin aviso previo. El agarre de sus dedos alrededor del mango de la sartén incremento, creyendo que en la torpeza podría arruinar lo que por tanto tiempo se había esmerado en preparar.
 
¡Había pasado de ser un perro de caza, a uno que se comportaba bien para recibir atención de su amo!

¿De qué hablas? — Inquirió sin conseguir ilación correspondiente a sus comentarios. Había momentos en los que se veía incapaz del descifrar lo que intentaba comunicarle por más que utilizara palabras entendibles, creyendo que con un asentimiento bastaría; en esta oportunidad, su intriga despertó. Parpadeo un par de veces, volviendo a mantener la mirada fija en los movimientos de su personaje en el juego, más estos se habían detenido al haber dejado de mover con agilidad ambos pulgares. Esperaba que continuara con su mensaje, pero lo siguiente que percibió lo descuadró por completo. — ¿Eh? — El control cayó a los segundos impactando contra sus piernas tras el haberlo soltado. — ¡¿E-Eh?! — L-Le estaba... ¿Acaso q-quería... ¡¿qué estaba pasando?! Tomó una bancada de aire, lo suficientemente profunda para hacer que su cuerpo dejase la exaltación de lado al saber que está podía arruinar la oportunidad presentada. Podía engañarse al pensar que imaginarla en su disposición no había cruzado sus pensamientos. Lo había hecho y con tanta regularidad que lo que inició cómo un gusto, termino volviéndose algo atemorizante. — Ah. — Asintió, apoyando ambas palmas de su mano a los lados de su cuerpo, expectante de lo que ella fuese a realizar. Al sentir la suavidad de sus manos acariciar los lados de su rostro, relajó sus expresiones inconsciente, bajando la guardia ante toda alerta que pudo haber tenido. Jamás nadie se había acercado lo suficiente como para sentir su aliento acariciarle la piel por la cercanía; era agradable, especialmente cuando se trataba de ella. Mantuvo los parpados abiertos de par en par, notando cómo ella hacía lo contrario conforme los centímetros iban acortándose, forzándose a él imitar sus acciones en cuanto sus bocas se tocaron finalmente. La vibración que lo invadió lo hizo temblar, y creyó que si se hubiese encontrado de pie, ahora se encontraría de rodillas contra el suelo. Sintió sus labios picar, necesitando más que una simple unión, ansiando perderse en los suyos, dejando así su alma descarrilarse. — No. — Susurró alzando una de sus manos, guiándola hacía su mejilla dónde se detuvo. — No te alejes de mí. — Aclaró deslizando su palma hasta permitir que sus dígitos se enterraran en el inicio de su dorada cabellera. Tiró suavemente de ella, ocasionando que sus manos se interpusieran antes de que su cuerpo cayera sobre el suyo. No supo medir la fuerza empleada, lo único que sabía era la necesidad que tenía del volver a sentirla... así.Si haces esa cara... ¿cómo esperas que no quiera más? — La gravedad que envolvió su voz se fue modificando, hasta llegar a un nivel tan ronco que las palabras emitidas comenzaban a raspar su garganta al ser articuladas. La ansiedad que fluyó por su sangre, hirvió, haciéndole suponer que si no volvía a sentir la calidez de su boca... enloquecería. Permitió que sus impulsos e instintos tomaran el total control de sus comportamientos, guiándolo en lo que se consideraba un inexperto. El sentir su respiración impactar contra él una vez más, hizo que una sonrisa se fuese dibujando: una que se había dejado impregnar por la coquetería. ¿Tendría idea alguna de los pensamientos que divagaban en su cabeza del solo verla sonrojarse ante el futuro arrebato en el que ambos participarían? Tomó el control de sus labios preso del deseo del fundirse en la pasión que estos podían trasmitirle, entrelazándolos cómo si de dos piezas a encajar se tratara, permitiendo que un lento baile se iniciara en el que un compas dictara el domino; su dominio. Mordió su labio inferior al atraparlo entre sus dientes, dándose el espacio suficiente para que su excitada e inquieta lengua fuese en busca de la suya. Caliente y húmeda. La sensación lo abrumo en cuanto la sintió acariciarlo, y el sabor que se escabulló hasta ser lo único que sus papilas gustativas degustaban, tomó el control de su psiquis convirtiéndose en lo que a futuro sería una maldita y molesta adicción.  ¿A futuro? Tsk. Ya lo era, y posiblemente todo inicio cuando sus pupilas se fijaron en sus facciones la primera vez. Incapaz de detenerse, la rodeo por la cintura haciendo que sus piernas dejasen de sujetarla, así transformando su propio regazo en el lugar dónde ella pudiese reposar mientras la batalla entre sus bocas continuaba. Una hincada en su vientre bajo se deslizó por su entrepierna, haciéndola comprimirse tras haberla sentarse sobre la zona más susceptible de su cuerpo. Si ya antes había sentido ello... era la primera vez en que se sentía embriagado por la sensación, aún más cuando sentía su peso caer satisfactoriamente en él. Más. Quería más. Lo quería todo cuando se trataba de la rubia, y aunque era una locura el decirlo: lo quería ahora. 
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Mensaje por hiyorin el Jue Feb 08, 2018 6:25 pm

 





 
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Re: so, why don't we break the rules? ✧

Mensaje por hughes el Jue Feb 08, 2018 11:07 pm

 



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Re: so, why don't we break the rules? ✧

Mensaje por hiyorin el Miér Feb 14, 2018 4:14 pm


La magnífica sensación por la que me dejé abordar había consumido todo de mí al abrirse paso, extendiéndose a lo largo de mi cuerpo al igual que una descarga eléctrica. No recordaba ninguna experiencia que pudiera asemejar con la ocasión porque sencillamente no la había, el placer había sido sobrecogedor y desbordante desde todo punto de vista: jamás había vivido nada como eso al lado de alguien más. Todavía podía sentir a mi cuerpo estremeciéndose, mi piel seguía ardiendo en llamas y la piel que él había besado al tomarse su tiempo y recorrerme sufría de un extraño hormigueo que no parecía dispuesto a esfumarse pronto. Aún podía sentir el fuego que se había apoderado de mí tan pronto su boca y la mía comenzaron a devorarse sin reservas, abandonándonos a nuestros instintos para satisfacer todo aquello que deseásemos. Mentiría si dijera que en mi no residían fuertes sentimientos encontrados, intentaría seguir convenciéndome a mí misma de que realmente no era así pero carecería de sentido alguno. ¿Para qué negar lo que cualquiera podía notar a simple vista? Me acurruqué junto a él y suspiré complacida, consciente del modo en que mi corazón latió desbocado luego de oír tan súbita declaración... inesperada y espontánea, lo suficiente como para hacerme jadear y romper el abrazo en que nuestros cuerpos se habían envuelto: observándolo con las cejas alzadas, sorprendida. — ¿Eso es lo que sientes? — ¡y tenía cada razón para verme presa de la conmoción! De mi parte los motivos eran claros, y aunque me había visto absorta en lo que solo Kagari era capaz de ofrecerme: también me vi angustiada, sintiendo que me aprovechaba de él con la excusa de otorgarle lo que debió de vivir antes. Pensaba que solo estábamos... probando, segura de que mis sentimientos no iban a ser correspondidos al ser Kagari dueño de una visión tan pesimista al respecto: aún cuando su carácter pareciera indicar lo contrario. Pensé lo mucho que me dolería alejarme cuando llegara el momento y bastó con escucharlo para ser consciente de que no quería hacerlo. Apoyé mi mentón en su pecho al sonreír, y agradecí que la luz de la luna fuera incapaz de alcanzar al color en mis mejillas. — La diferencia entre tú y yo... — comencé, obligándome a morder mi labio inferior con fuerza antes de lanzarle las manos al rostro y besarlo una vez más: había distinguido el cambio en sus facciones, provocado por el significado que podía aportarle al comentario... aquel que nos recordaban día a día, encontrándonos en servicio. — es que yo lo estoy desde hace mucho, ¡demasiado tiempo! ¿Amor a primera vista, quizás? — le dediqué una dulce sonrisa acariciándole la piel del rostro, presionando los labios a su mentón en un casto beso tan pronto dejé de aproximarme. — Pedí la autorización para sacarte del hospital y colocarte bajo mi vigilancia porque quería conocerte, ¡n-no pensé que terminaríamos así! — ruborizada aparté la mirada, y le golpeé el pecho con suavidad al oírlo reír. — Tenía que asegurarme de que no iba a arrepentirme de nada... y no lo hago. Debió de ser una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. — esbocé un dulce gesto al rozar la punta de mi nariz con la suya, besándolo durante algunos segundos guiada por el deseo de sentirlo una vez más. — Sé que no es sencillo para ti, así que no voy a presionarte. No tenemos que estar juntos si prefieres evitar lo que va a ocurrir cuando nos separemos. — le acaricié el pelo al suspirar, e intenté rememorar la conversación con que Karanomori se encargó de dejar en claro que lo suyo con Kunizuka no era ningún secreto: y aún así eso nunca le presentó problemas. Lo hacía parecer muy fácil, porque no tenía certezas de que Ginoza fuera a aceptarlo por mi parte encontrándose firme en la decisión de enseñarme a ser igual que él. — Pero si a pesar de eso te gustaría intentarlo... estaré allí para ti. 

En contra de todo pronóstico decidimos seguir adelante, y por esa razón los días comenzaron a pasar más rápido. Disfruté con mayor intensidad de las salidas, incluso de las que simplemente consistían en caminar por ahí y tomar aire: disfruté los banquetes con que me sorprendía el regresar del trabajo y lo volvimos a compartir todo una y otra vez. Afortunadamente había dejado de sonrojarme cuando Kogami y los demás preguntaban por su compañero y lo que se supone que hacíamos juntos cuando mi turno no hacía que cada día fuera agotador, como también a evitar las interrogantes con que sabía mi jefe pretendía sonsacarme más información que los otros: teniendo que concentrarme en realizar el papeleo y participar más de las constantes reuniones que habían comenzado a darse con motivo de una presunta crisis. Era un asunto que me tenía llena de incertidumbre aún cuando la directora asegurara que íbamos a tenerlo bajo control de alguna forma u otra: ¿cómo se supone que fuéramos a enfrentarnos a un grupo de rebeldes si las armas no conseguían identificar a la gran mayoría? Había oído los motivos por los que muchos dejaban el país para instalarse en sitios rurales, pero estuve segura de que lo hacían para evitar el monitoreo periódico y transitar una rutina como la que se vivía antes de que Sibyl fuera creado. No para reunirse y atacar todos al mismo tiempo. No se sabía con exactitud el número de miembros en aquellas comunidades, pero tenía que ser uno lo suficientemente elevado como para poner al sistema en riesgos: y peligroso, de igual modo, para poder haberse mezclado entre la población sin que nadie nunca hubiera sospechado y así burlar la seguridad como si nada. No estaba de acuerdo con el ideal de justicia que habían implantado en cada ciudadano, pero eso no quería decir que alentase semejante alboroto: ¿qué iba a solucionarse con un conflicto que iba a derramar sangre de todas formas? La sede podía contar con pocos miembros, pero cualquiera estaría errado en pensar que aún así la directora llevaría el proyecto adelante... habían contactos y necesitaban ser suficientes, ¿qué iban a ganar con instalar el terror en las calles si los someterían de una forma u otra? Asentí tan pronto Ginoza acabó de explicar el procedimiento a seguir, asignando los grupos que se encargarían de patrullar y evitar los problemas. Como lo esperaba, Kagari acabó en el mío: junto a Kogami y Akane, quien había regresado tras su recuperación en el hospital. — Si los rebeldes consiguen hacerse del control del edificio cuando estemos fuera, no habrá modo de retener a quienes liberen de su encierro. Hay demasiados y somos un grupo escaso, las fugas serán inevitables. — afirmó Masaoka, observándonos a todos al percatarse de que el ambiente había cambiado. Kunizuka asintió desde su silla y dirigió una rápida mirada a las ventanas de la oficina, antes de verse dispuesta a proseguir. — Saben a quienes deben de soltar y a quien no, pero si lo consiguen la sede no va a poner una prioridad en los escapes: irá tras los cabecillas del conflicto y los arrestará en su lugar. — era la oportunidad del escape perfecto. Liberarían a todo aquel que hubiera sido encerrado de forma injusta y... si lo conseguían sin un gran número de pérdidas entre los suyos, iban a tomar el control de todo antes de que el sistema consiguiera restablecerse y hallar el modo de acabarlos. Guié la mirada hacia Shuusei, y tragué en seco cuando reconocí la amargura en su rostro. Otros podrían tener la vida que siempre deseó, mientras él protegía a las personas para regresar al mismo aislamiento... ¿por qué? — Kagari-san, necesito hablar con usted en éste momento. — intenté colocar una expresión solemne para evitar concentrar mi atención en las miradas furtivas con que los demás hicieron evidente su desconcierto, y atravesé el despacho para dejarlo atrás tan pronto detuve mis pasos en uno de los pasillos. — Si lo consiguen... ¿nos vamos a separar, verdad? — era una pregunta para la cual ya tenía una respuesta, ¿pero si la escuchaba viniendo de él lo volvería menos repentino?


 
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Re: so, why don't we break the rules? ✧

Mensaje por hughes el Jue Feb 15, 2018 8:59 pm

 

Eventualmente sucedería. Existiría alguien que encontrase la manera de cambiar el pensamiento de las personas a través de actos incapaces de ser detenidos a tiempo. Jamás consideró que el momento hubiese estado tan próximo al presente.
 
Se forzó a mantenerse en silencio, conteniendo los comentarios que ansiaban ser exclamados a favor del vandalismo que recientemente había tomado control sobre la cuidad y su retorcida forma de vida. Estaban demostrando lo sencillo que era ir encontraba del sistema, lo cual significaba lo errado que esté se encontraba. Parte de él, quería que triunfaran en su idea, pero al mismo tiempo temía por la seguridad de la rubia que no tendría razón por la cual negarse a cumplir con su deber. Mordió el interior de su mejilla. La oportunidad presentándose ante sus narices parecía la respuesta a sus desosiegas suplicas que por años soltó a quién fuese que las recibiera, y aunque su mente ya había decidido lo que haría sin el siquiera considerarlo, algo en él había sido atacado por un extraño remordimiento. El llamado de la rubia lo hizo intentar desvanecer la seriedad de sus pensamientos, escuchándola con una mueca que fácilmente podía parecer una mofa a sus palabras. Había prometido ser honesto sin importar lo difícil que pudiese ser el hacerlo, pero sabía que si relataba lo que iba pasando por su atormentada mente, eso  haría que se involucrara también. Rompería su corazón al dejar de lado las tantas promesas que le dedico, pero había jurado mantenerla a salvo, y ahora era lo único que le interesaba cumplir. Tal vez... era momento de que dijeran adiós; por su bien, más no por el suyo. Huiría sin mirar atrás, manteniendo los recuerdos que compartió con ella en su mente, siendo aquellos los que le impulsarían a vivir aún cuando no siquiera hacerlo al no poder tenerla más a su lado. ¿Arriesgarse a pedirle que hiciera una locura con él sabiendo la probabilidad del ser atrapados? Jamás... jamás permitiría el que la hicieran vivir una mierda de vida por su culpa.
 
¿Eh? — Ladeo el rostro permitiendo que el acto comenzará. Estiró los labios, sonriéndole cómo en tantas otras oportunidades lo había hecho; cómo si acabase de hacer una travesura que no debía de haber realizado. — ¡Bishoujo-san! — Apoyó la palma de su mano sobre su hombro y acercó tentativamente su rostro al suyo, manteniendo la distancia prudente entre dos compañeros de trabajo, siempre pensante el que sucedería si alguien ingresaba sin previo aviso. Le costaba el no aprisionarla entre sus brazos para devorar sus labios con las ansias que lo hacían cuando conseguían estar a solas, y le costaría más el saber que tendría que renunciar al amor que recibía de su parte. ¡No! ¡No se podía permitir el cambiar de opinión! T-Tsk. — No digas ese tipo de comentarios, podrían escucharte. — Pellizco la punta de su nariz entre sus dedos y dio un paso hacia atrás. — Además... te necesito. — ¿Por qué utilizaba comentarios que le despedazarían el alma al saber que no podría volver a tenerla entre sus brazos una vez partiera? Parecía que su propia cabeza estaba interponiéndose en sus decisiones, y no le sorprendía que así fuese. Había conocido lo que significaba el vivir desde el instante en que ella cruzó camino con el suyo; entendió que el amor era un sentimiento que no solo le pertenecía a las personas distintas a él. Era un completo y total idiota del ahora saber que tendría que renunciar a todo. ¿Por qué no se arriesgaba a pesar de las contradicciones que pudiesen interponerse? Bah. No podía. Tenía miedo del perderla, tenía miedo del que le sucediera algo. Quizá si no estuviese tan enamorado cómo lo estaba, su raciocinio sería diferente. Es por su bien, se recordó, no seas egoísta, se recriminó. — ¿Por qué no nos encontramos en la sala de entrenamiento cuando la reunión haya acabado? — Inquirió. Le haría olvidar sus dudas, y se daría el tiempo de despedirse. Una vez anunciarán que era el momento de partir, sus caminos se separarían... hasta nuevo aviso. — Gino-san debe estar desesperado y... posiblemente siendo atosigado de pensamientos extraños, huh. — Desde el instante en que había regresado, el azabache parecía estar más alerta de todo tipo de encuentro que tuviese con la rubia. Él tenía la intuición bien desarrollada, por lo que engañarlo cada vez se tornaba más completado para ambos. — No dejes que tu pequeña y adorable cabeza ande divagando dónde no debe, bishoujo-san. — Le pidió antes de traspasar la puerta por dónde habían ingresado para volver al ambiente dónde esperaban por su retorno. Debía de encontrar el modo de que su novia creyese en sus mentiras, y también la manera del no sentirse culpable al estar organizando todo ello sin que ella lo supiese.
 
Apoyó su costado en el lavadero, observando sus cabellos despeinados y sus ojos con bolsas por debajo. Había insinuado que dormiría un poco antes del entrenamiento, pero se vio privado de todo tipo de descanso por los incesantes pensares que le arruinaron parte de la tarde. Honestamente ignoraba lo que estaba bien o mal en ese momento, y debía de controlar ese descontrol si no quería alterar los lectores que se encontraban escondidos a su alrededor. Felizmente no había ningún tipo de seguridad en el cuarto que utilizaban para luchar, al saber que cualquier persona era capaz de disparar en ansiedad al encontrarse entrenando. Soltó un largo y abrumador suspiro mientras se quitaba la camiseta y observaba una que otra marca que aún conseguía distinguirse en su cuerpo. Hotaru perdía todo papel inocente cuando se veían envueltos por la pasión y el calor de su compañía; la extrañaría más que al aire mismo.
 
Se incorporó al verla ingresar vistiendo aquellas prendas de ropa ajustadas que tanto disfrutaba del observar en ella. ¿Lo habría hecho a propósito? Ella era consciente de lo débil que era al presenciarla de dicha manera. Dibujando una amplia sonrisa en su rostro se acercó a ella para rodearla por la cintura y presionarla a su cuerpo. Tenerla entre sus brazos era la sensación más gratificante; era su significado del paraíso sobre la tierra. — Creí que entrenaríamos... pero si deseas que hagamos otra cosa, no tendré la fuerza para negarme. — Tanteo su vientre desnudo, encantándose del sentir cómo su piel se erizaba al tacto. Inclinó ligeramente su cabeza hacia adelante, hasta apoyar su frente contra la suya y debatirse si besarla o no. Deslizó su caricia por encima de su ombligo y se forzó a detenerse al recibir una mirada llena de reproche por su parte. Soltó una sonora carcajada dando un par de pasos hacia ella, así haciendo que retrocediera hasta que sus movimientos se vieron incapaces del continuar al haber impactado contra los rieles que separaban el espacio de pelea. — ¿Por qué me miras así? — Inquirió divertido. — No es mi culpa el siempre desearte. — La tonalidad de su voz al hablar fue volviéndose más grave y ronca, del tan solo imaginarla queriendo soltar su nombre en gemidos, más imposibilitada del hacerlo al poder ser descubiertos. Era interesante lo rápido que podía dejarse dominar por la perversión cuando se trataba de su persona favorita. Rozó la punta de su nariz con la suya. Disfrutaba de esa tensión que los envolvía cuando estaban tan cerca el uno del otro, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso. — Especialmente cuando... me estas invitando a querer arrancarte la poca ropa que aún tienes puesta para poder devorarte a mi antojo. — Prosiguió bajando una de sus manos hacia sus glúteos los cuales palmeo con suavidad, para luego nalguear uno con un poco de fuerza para oír el impacto resonar entre las cuatro paredes que los rodeaban. El sonrojo que perló sus mejillas, le hizo sonreír aún más, pero cuando estuvo dispuesto a besarla, lo detuvo. — ¿Q-Qué? ¿Me harás suplicarte? — Besó su palma que se interpuso entre sus bocas y permitió que su lengua se deslizara por el inicio de sus dedos con cierto... o mejor dicho, demasiado arrebato. — Sabes que me encanta cuando tú lo haces, especialmente cuando me tienes entre tus piernas... ¿cómo lo dices? Ah... Kagari-kun por favor no pares. — Joder. Había sido un gran error el soltar un recuerdo cómo tal, por qué ahora su cuerpo vibraba por volver a vivenciarlo. Sabía que su plan inicial había sido distraerla de sus dudas con respecto a lo que él haría, pero jamás creyó que él terminaría tan envuelto en sus palabras cómo para empezar a perder la cordura de sus actos. Aún así no le sorprendía, era algo que se esperaría de él al estar tan locamente enamorado de ella. ¿Cómo sería capaz de dejarla? Maldición
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