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Mensaje por onedirection1 el Dom Jun 25, 2017 1:32 am


JAY MCGUINESS;
>Dame una razón válida por la que no debería de comprar un boleto de avión y regresar a Londres< Max carcajeó del otro lado de la línea y escuché algo así como “ya quiere regresar… no, tú le conoces, es un obsesivo del trabajo”, rodee los ojos y esperé a que mi mejor amigo volviera a la línea > ¿Hola? ¿Te das cuenta que sigo aquí y escucho todo lo que dices? ¿Cierto? < a veces, hablar con Max me exasperaba >Kendall te manda saludos< ¿Del uno al diez qué tan extraño era que mi mejor amigo tuviese “algo” con mi exnovia, exprometida? Mucho, pero de alguna forma estos dos habían conectado, de cualquier forma, no era nada serie, solo se acostaban eventualmente… en mi departamento. No es como si yo hubiese sabido desde un principio que cuando Max me pidió las llaves de mi departamento sería para acostarse con mi ex, ¡no tenía ni la más mínima idea! De hecho, me enteré sin querer.

Un día que me había quedado sin carga en el móvil y el cargador lo tenía extraviado, pero ya le había llamado a Max un par de veces a su celular y a la empresa, sin embargo, no me contestaba en el primero y en el segundo me decían que no se encontraba, así que, un rato después, mi única opción fue llamar desde mi recamara a mi departamento, la llamada aparecía como anónima, por lo que era imposible mirar el número, pero eso era lo de menos, quien levantó el teléfono en mi departamento no fue Max, sino Kendall. Obviamente me escandalicé en un principio, ¿qué hacía ella en mi departamento y cómo había entrado? Ella no reconoció mi voz al momento, así que, al decirle que era Jay, fue cuestión de nada, cuando ya tenía a Max en el teléfono. Su primera frase fue: Sé que ella estuvo a punto de casarse contigo, pero terminaron y tú infinidad de veces me aseguraste que no le tenías más que un aprecio por todo el tiempo que estuvieron juntos, te juro que no sé cómo pasó, simplemente pasó y no lo pude controlar, ¿estás molesto? Seguido de un: ¿Puedo “salir” con tu ex? Definitivamente sus palabras me habían dejado estupefacto y es que no me lo esperaba, quiero decir ¿Max y Kendall? Ellos ni siquiera se llevaban bien mientras la rubia y yo estábamos juntos, pero todo podía pasar.

Y mi respuesta fue: No tengan sexo en mi habitación.

Max rió, porque sabía que, con aquella simple frase, le aseguraba que no tenía problema en lo absoluto con que tuviese… lo que sea que tuvieran.

>Si, dile hola de mi parte también< escuché un ligero “gracias” del otro lado de la línea y más risitas, no quería ni imaginar lo que estaban haciendo esos dos―. No Keny, espera… Jay está teniendo una crisis, en serio necesito atender esto y apoyarlo, es mi mejor amigo― me tumbé contra la cama y suspiré mirado al cielo, seguido de un dramático “gracias Dios”. Escuché un par de movimientos y luego una puerta cerrarse, por lo que supe que él había entrado o salido de una habitación. >Bien, lamento eso hermano… pero ¿te das cuenta de la diferencia de horario?< si, llamarlo mientras aquí eran las 5 de la tarde, allá ya era media noche. Si, un poco desconsiderado de mi parte, pero si no le llamaba, iba a comprar ese boleto de avión y salir de aquí. >Lo siento, era una emergencia< le escuché suspirar >lo sé Jay… escucha, no llevas ni siquiera un mes fuera, te estás volviendo loco porque llevabas mucho tiempo sin tomar un descanso, vamos, te reto a que me digas ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste? < me había pillado, ni siquiera lo recordaba > ¿Ves a lo que me refiero? Te debes esto Jay, yo he estado informándote de todo lo que creo pertinente, y pienso que estoy llevando muy bien la compañía, y espero que ese afán tuyo por regresar sea por tu opción al trabajo y no porque desconfías de mi< una pequeña mueca apareció en mis labios >Sabes que no Max, es solo que he hecho de todo aquí y nada me llena, siento que no es suficiente<.

Max y yo estuvimos hablando un rato más, incluso terminé hablando con Kendall, me hicieron prometer que al menos me quedaría la semana y media que faltaba para cumplir el mes y después, ya vería si volvería o no. Me despedí de ambos y me cambié de ropa. Ésta vez no iría a ningún tour, o a la playa, simplemente quería perderme por Los Cabos, como un buen turista, luego tomaría un taxi o algo así que pudiese traerme de regreso.

Salí del pasillo para dirigirme al Lobby y de reojo, por el lado contrario, me pareció ver una mata de risos castaños muy conocida, al igual que una mujer con la misma complexidad de Olivia, pero quizá fuese solo mi imaginación, no me sorprendería, no era la primera vez que la alucinaba conmigo, cuando seguramente ella estuviera recorriendo el mundo en su luna de miel. Patético de mí.
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Mensaje por rusherschmidt el Dom Jul 02, 2017 5:45 pm

Olivia Vandervilt.-
La muchacha que me había atendido en el lobby había sido muy amable. Con cuidado y, obedeciendo a la discreción que le había pedido tener, me llevó hasta mi habitación que se encontraba en el último piso de aquel majestuoso hotel.
Le di las gracias, un fajo de propina y después cerré la puerta a mis espaldas.
—Bien, no hay vuelta atrás, Olivia— murmuré. La soledad de la recámara, que aunque era linda y fresca con una vista increíble al mar, ventanales cubiertos con cortinas de seda blanca que bailaban con la brisa, una cama enorme que parecía ser una burla a todos aquellos que dormiríamos solos, un bar con los mejores vinos y tequilas... De pronto me embargó.
La única vez en mi vida que había viajado sola había sido cuando me embaracé así que me era imposible no sentirme como aquella chiquilla de 17 años: asustada, triste y sin autoestima.

Tomé una gran bocanada de aire y me dije a mi misma que no me permitiría volver a mis inicios. Era una mujer fuerte que había sobrevivido a dos corazones rotos, que había sabido salir adelante con su hijo sin el apoyo de nadie, que ya estaba sola mucho antes de romper mi compromiso.

Lancé las maletas a algún lado de la habitación mientras con rapidez me encargaba de quitar mis ropas, quedando completamente desnuda. Me dirigí a mi bolso de mano en donde previamente había guardado un traje de baño de color nude que había llamado mi atención en una tiendita artesanal en Barcelona. Dejé las sandalias tan perdidas como los sentimientos negativos, apagué el celular y bajé dispuesta a pedir una tabla de surf.

Por suerte la muchacha que me había atendido al inicio pudo conseguirme un lugar en la clase de surf que se llevaba acabo en el arco de la bahía; el profesor, un australiano de unos 39 años con rastas rubias y cuerpo tostado me dio la bienvenida preguntando mi nombre y si alguna vez había practicado aquel deporte.
—Mi familia es apasionada del mar, siempre hemos vivido cerca de la playa y aunque en Londres no se puede practicar realmente, solía hacerlo cuando nos íbamos de viaje— murmuré —me llamo Liv, por cierto— él sonrió y el resto de la clase respondió con un "bienvenida, Liv"—Y dime, ¿qué trae a Los Cabos?— guardé silencio un par de segundos —una luna de miel conmigo misma— una mujer al final del grupo aplaudió fuerte y el profesor, de nombre Mason, rió —Anette también ha venido de luna de miel— le sonreí a la morena de caderas amplias y brazos gruesos.
—Bien, empecemos con la clase—.

El resto de mi mañana se fue entre las olas del mar y con ellas todas mis preocupaciones y todo aquello que me dolía. Era como si con cada golpe de salitre la vieja Olivia, juvenil y sonriente, regresara a la vida. La Olivia a la que Louis había enterrado en lo más profundo de mi ser.
Cuando la clase terminó ya eran cerca de las dos de la tarde y el sol se cerñía fuertemente contra mis ojos mientras Mason nos invitaba a volver el día siguiente.
Tomé la tabla sobre mi cabeza y comencé a subir las escaleras que daban hacia la pequeña cabaña escondida entre palmeras en donde éstas se guardaban. El sol, nuevamente, me impedía ver el panorama completo y el cansancio de mi cuerpo empezaba a notarse en el agarre de mis brazos que cada vez parecía disminuir. Me dirigía al último escalón cuando un meteorito, grande y terriblemente destructor, golpeó contra mis entrañas. Las manos grandes y bronceadas sujetaron mi cuerpo para que no fuese hacia atrás como la tabla de surf que no había tenido tanta suerte. Las estrellas azules, tan claras como el cielo parecieron centellar y mis labios, resecos por el mar y urgidos de atención se abrieron ante la sorpresa.
¿Cuántas probabilidades habían de que un huracán regresara varias veces al lugar que destruyó? ¿Cuántas probabilidades habían de que el lugar, solitario y desatendido, estuviera listo para ser sacudido entre las ráfagas de viento otra vez?

—Jay— susurré, sintiendo el fuego de sus manos en mi cintura y la calidez de sus ojos en mi mirada.
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Mensaje por rusherschmidt el Lun Jul 03, 2017 3:36 pm

Liam Payne.-
—Bueno— comencé —mañana es domingo y se supone que no tengo que trabajar pero considerando que actué como un completo rebelde y dejé la obra tirada todo el día, tendré que presentarme sólo para asegurarme que todo está bien. Mis trabajadores tuvieron que dirigirse solos hoy y me siento un poco culpable por ello. Además, Louis comenzará a llamar de nueva cuenta en la mañana y no quiero lidear con su mal humor así que parece una buena idea el que te quedes en un hotel, si es que de verdad no tienes problema con ello. Honestamente no pensé que nos fuésemos a llevar tanto tiempo en el tráfico. Agradezco que te durmieras porque el nivel de velocidad estaba a punto de explotar— solté una pequeña risita —hagamos una cosa, ¿sí? Iré a darme una vuelta por a las oficinas y en cuanto me desocupe regreso contigo, incluso puedo ir a tu departamento por algunas cosas porque evidentemente no trajiste nada— me encogí de hombros mientras la muchacha que nos había atendido antes regresaba con el formulario que había prometido.
Me alejé un poco mientras Ada empezaba a llenarlo.

Un par de minutos después la morena ya estaba lista y la hable dependienta se despedía de nosotros. Le abrí, por supuesto, la puerta del auto a Adaimé para que subiera. El reloj marcaba las siete de la noche y yo tenía bastante hambre.
—Hey, ¿quieres cenar algo antes de que vayamos en búsqueda de un hotel?— pregunté ganándome un asentimiento. Conduje un par de kilómetros hasta que el Central Park quedó frente a nosotros con un montón de food trucks de donde escoger. Estiré mi cuerpo en cuanto bajé del auto y después le abrí la puerta a mi acompañante. 
Miramos un momento los camiones de comida y al final nos decidimos por unas hamburguesas. El muchacho que atendía nos entregó el menú en cuanto nos sentamos en la pequeña mesa de madera y aguardó unos segundos antes de que le diéramos nuestros pedidos.

La noche estaba perfecta. El cielo completamente despejado nos daba una vista increíble de los edificios de la ciudad, las luces de los autos iluminaban nuestros rostros de vez en cuando y el bullicio de la gente que llegaba a comprar su cena se mezclaba con la música en vivo.
La última vez que había venido, en lugar de tener a una morena había tenido a una rubia de senos grandes sentada frente a mí.
Suspiré.

—Quiero disculparme— murmuré —por lo horrible que me comporté ayer en la cena, actué como un completo imbécil y te ofrezco una disculpa por ello— sus ojos claros me miraron —sé que no es excusa pero... probablemente debí haber llamado para cancelar. Después del enojo con Gemma me fui al bar más cercano y...— guardé silencio al recordar todo lo que había sucedido luego del primer trago de whiskey —y me olvidé por completo que había hecho un compromiso contigo— bajé un poco la mirada —lo lamento tanto, Ada—.

"No esperaba que ella lo comprendiera del todo, es decir, había escuchado la discusión con mi novia y sabía perfectamente porqué había sido y aún así se presentó en el restaurante y aún así yo había seguido el juego y ahora estábamos en un restaurante de comida rápida en Manhattan... 
Suspiré. Otra vez.
—Tenemos que establecer límites— murmuré —yo no respeté que eras la novia de mi hermano y tú no respetaste que había terminado con mi novia, no puedo seguir así porque... Joder, porque una parte de mí, la parte irresponsable e irreverente aún te quiere y no es justo para nadie que yo siga estando a tus pies—"...
Mis pensamientos se dispersaron cuando la cena llegó.
Aclaré mi garganta y tomé la salsa catsup.
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Mensaje por onedirection1 el Dom Jul 09, 2017 11:06 pm


ADAIMÉ REYNOLDS;
Hice una mueca y revisé mi hamburguesa, había olvidado pedirla sin pepinillos y cebolla, así que tuve que abrirla y retirárselos― no tienes por qué disculparte― murmuré sin atreverme a subir la mirada, no quería ver el arrepentimiento en sus ojos y lo peor de todo, era que no sabía a qué se debía, había muchas posibles razones, empezando desde nuestro reencuentro, que solo le había causado miles de problemas. Podía empezar por arrepentirse de haberse topado nuevamente conmigo, de no haberme ignorado, de haber hablado conmigo aquel día en el café, de enviarme flores, de invitarme a cenar, de no haber cancelado la cena de ayer, de traerme hoy hasta Manhattan o quizá solo me estaba volviendo paranoica y viendo más allá de lo que realmente era: se sentía arrepentido de lo terrible que había sido nuestra cena de ayer porque no tenía los ánimos suficientes para fingir que nada de lo que había sucedido en el día había pasado―. Debí de haber cancelado en cuanto te vi salir de la oficina, comprender que no necesitabas una complicación más en ese día… pero de alguna forma, quería saber que estabas bien, pensé que…― detuve mis palabras y levanté la mirada, desviándola con cierta vergüenza al instante cuando descubrí que él me miraba, era estúpido continuar la frase y ahora que lo veía, fue bastante ingenuo que ese pensamiento me inundara ayer. ¿Pensar que yo iba a poder animarlo y reconfortarlo? Por Dios, claro que no. Como lo dije, estúpido.

Carraspeé y bebí un poco de mi soda― nada importante― concluí, intentando restarle importancia a las palabras que no fueron pronunciadas.

Comimos en completo silencio, como dos extraños y era triste decir que de alguna forma lo éramos. El hecho de que tuviéramos un pasado, no quería decir que supiéramos lo suficiente del otro, y si alguien se detenía a analizar “nuestro pasado”, tampoco decía mucho al respecto. Liam y yo nos habíamos saltado muchas etapas esenciales, yo conocía acerca de su familia porque era la novia de su hermano, pero ¿él qué conocía de la mía? Solo lo poco que yo le había confesado aquel día en su departamento, justo antes de soltarle la bomba de que iba a comprometerme con su hermano después de, incluso, haber hecho el amor con él por cada rincón de su departamento.

Alejé aquellos pensamientos de mi mente, ¿por qué venían a mí ahora? Se suponía que todo eso ya estaba superado, pero no lo parecía. Pero era un poco difícil pensar que a pesar de crear un vínculo y de haber conectado, nunca fuimos realmente amigos o algo parecido.

Un suspiro salió de mis labios y miré lo que había dejado de mi hamburguesa, poco más de la mitad estaba en mi plato. Una mueca se formó en mis labios― creo que no tenía tanta hambre como pensaba― sentía un nudo en el estómago y dudaba que seguir comiendo el resto de la hamburguesa me fuese a ayudar― dijiste que estabas hambriento, ¿no quieres mi pedazo también? ― le sonreí sin muchas ganas, él dudó por unos segundos, pero terminó asintiendo, así que le pasé lo que quedaba de mi hamburguesa y volvimos al silencio anterior, mientras él terminaba de comer.

―Preferiría algo cerca de aquí, es céntrico y si no recibo la llamada pronto, tendré mucho tiempo libre durante gran parte del día de mañana, así que, mínimo podría buscar algo que hacer para entretenerme― le dije una vez que volvimos al auto, así que, solo estuvo conduciendo por unos 10 minutos y nos detuvimos en un Hotel, el castaño me acompañó para registrarme e incluso me acompañó a mi habitación, pero estar ahí, aunque solo fuera el pasillo, fue aún más incómodo que las horas anteriores.

― Gracias por acompañarme hasta aquí, ten cuidado en el viaje de regreso, te notas cansado y la noche se puso un poco fea, creo que puede empezar a llover en cualquier momento― una mueca se formó en mi rostro. Nos despedimos y él prometió volver mañana en cuanto se desocupara, pero ya no me sentía muy segura respecto a eso. De hecho, ya no me sentía segura respecto a muchas otras cosas.

― Liam… creo que esto es una mala idea― las palabras brotaron sin permiso de mi boca cuando él se había dado vuelta para irse, pero mis palabras lo detuvieron. Ojalá supiera a qué me refería en específico, si seguir en este trato cordial que pretendía parecer una amistad o a que regresara por mí mañana― yo…― titubee un poco, pero tuve que ponerme los pantalones de chica grande para poder seguir hablando― regresaré en autobús mañana, no quiero importunarte más, ya bastante amable has sido con traerme hasta aquí sin ninguna obligación, hay cosas mucho más importantes que merecen tu atención― mi corazón latía rápidamente y casi podía sentirlo salirse de mi pecho ¿por qué me sentía así? Tenía que entender que él tenía sus propios problemas como para hacerse cargo de mí por una pulsera con valor sentimental, pero había una pequeña espinita dentro de mí que aún tenía que descubrir su significado. ¿Qué esperaba realmente de él? Y ¿Con qué derecho lo hacía?
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Mensaje por onedirection1 el Lun Jul 10, 2017 10:53 pm


JAY MCGUINESS;
Mi vida era una completa ironía.

Había salido de la ciudad, de país e incluso de continente para alejarme de una sola persona: Olivia Vandervilt, ¿o quizá ahora debería llamarla Olivia Grimaldi? Deseché eso último al instante, bloqueando ese apellido de mis pensamientos y mi mente. Pero el punto era que, de todos los lugares que ella y Louis pudieron haber elegido para su luna de miel, ¿tenía que haber sido Los Cabos, donde yo me encontraba? Si, conocía que la castaña amaba la playa y que cuando vivía con sus padres y viajaban en vacaciones, el destino siempre debía tener dos elementos esenciales: mar y sol. Después de todo, cuando has vivido gran parte de tu vida en un lugar tan frío y lluvioso como Londres, lo menos que se te apetece es ir a otro lugar con un clima igual.

Me quedaba claro que el karma era un completo hijo de puta.

― Vaya…― estúpidamente fue lo único que pronunciaron mis labios, hasta que me di cuenta que llevaba varios minutos sujetándola de la cintura, por lo que con mucho cuidado me reincorporé y a ella también― ¿no te hiciste daño? ¿estás bien? ― pregunté, mientras me agachaba para tomar el balón de futbol americano con el que habían golpeado a Olivia y los dueños de dicho artefacto no tardaron nada en hacerse presente― ¿se encuentra bien señorita? Realmente lo sentimos, no queríamos golpearla, pero Charlie tiene muy mala puntería― el rubio fornido señaló a su desgarbado amigo que parecía estar rojo de vergüenza, además, con la vista un poco perdida en el escote que mostraba el traje de baño que llevaba la castaña, si… yo también lo había notado, incluso lo bien que aquel pedazo de tela se ajustaba a sus curvas.

Carraspee y el segundo chico sintió mi mirada fulminante, él sabía que lo había pillado infraganti, provocando que se pusiera aún más colorado― ella se encuentra bien, gracias por preocuparse― aunque ahora que miraba más allá de ambos chicos, había un grupito a unos cuantos metros, mirando muy atentos hacia acá, riéndose y señalando de forma nada discreta, por lo que dudaba que hubiese sido casualidad que el balón terminara cerca de Liv, les tendí el balón y cuando ellos intentaron tomarlo, lo retiré― pero deben tener más cuidado a la próxima, pudieron haber lastimado a alguien― advertí, a lo que ambos asintieron energéticamente y tomaron el balón que les estaba tendiendo nuevamente, ellos salieron, literalmente, huyendo de aquí, reuniéndose con el grupito de chicos que había visto minutos antes. No retiré la mirada enseguida, ya que por los empujones y burlas que estaban recibiendo, solo confirmé mis sospechas―. Ellos lo hicieron apropósito― le informé antes de agacharme y tomar la tabla en mis manos, colocándola a un costado― por cierto, no sé si alguien te lo ha dicho antes, pero llevabas la tabla de forma errónea, si la llevas arriba pierdes visión y tus brazos se agotan más rápido, eso por no mencionar que es más fácil perder el equilibrio con un mal movimiento… tienes suerte de que llegué a tiempo, pudiste haberte dado un buen golpe― le hice seña con la cabeza para que siguiera andando― vamos, te ayudo a llevarla― si era sincero, ni siquiera la había reconocido, solo iba pasando por aquí, ya que venía precisamente por una tabla, cuando vi aquel balón ovalado a punto de impactar en ella, apenas y me había dado tiempo de correr los pocos metros que me faltaban, la tabla por el peso se había ido hacia atrás y pudo haberse lastimado los brazos en ese brusco movimiento, obviamente el peso de la tabla se la iba a llevar, Olivia siempre había sido menudita, pero también tenía justo lo necesario para volver loco a un hombre, entre esos, a mí.

Liv… Olivia, abrió la puerta de la cabaña y me dejó pasar, yo me dirigí hasta los cubículos para guardar la tabla, mientras la castaña se quedaba con la chica, Emily, de la entrada llenando el formulario de entrega. Cuando volví con ellas, dudé si pedir una tabla para mí, pero terminé decidiendo que no, probablemente ni podría llegar a concentrarme, en vez de ver las olas, solo vería a Olivia en ese pequeño traje de baño.

― ¿Quieres una tabla Jay? ― negué a la bronceada morena con una sonrisa― hoy no, gracias― sí, ya se sabía mi nombre y yo el suyo, digamos que me había vuelto muy frecuente desde la primera vez que había venido, hace una semana y media, aproximadamente.

Olivia y yo salimos de la cabaña, comenzamos a caminar a paso lento, yo iba pateando un poco la arena, preguntándome ¿hacia dónde esperaba ir? Definitivamente no iba a acompañarla hasta donde estaba Louis, ¿o sí?

― ¿Qué se siente ser oficialmente una princesa? ― no quería saberlo… bueno, sí, por muy doloroso que fuera su respuesta. Quizá me faltaba escuchar que “era lo mejor que le había pasado”, para poder reaccionar de una vez por todas, pero una cosa era tener que escucharlo y otra, querer hacerlo. Yo definitivamente no quería.
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Mensaje por rusherschmidt el Miér Jul 26, 2017 3:51 pm

Olivia Vandervilt.-
Fruncí el ceño de manera exagerada mientras me detenía de golpe girándome hacia el castaño. —¿Perdón?— por la mirada desconcertada de sus ojitos azules pude darme cuenta que aquella pregunta le había salido como algo natural, como si realmente no supiera nada. Suspiré. —¿En dónde has estado todo éste tiempo, Jay?— mis pupilas buscaron las suyas pero aquellas esferas celestes no me miraban a mí, estaban perdidas en el horizonte que se abría ante nosotros —no me casé— mi voz sonó suave y cuidadosa, como la brisa fresca que movía las palmeras en la distancia; los ojos azules se movieron con rapidez hacia los míos, por un momento fue como si el mundo se detuviera. Estábamos cerca el uno del otro, guardando la distancia correcta pero capaces de sentir el calor que ambos destilábamos. Elevé mi mano izquierda en donde antes había existido un anillo enorme y nada discreto y que ahora había desaparecido. Supuse que lo correcto era dejar las cosas en claro y explicar porqué no me había casado. "Hay que cerrar ciclos", me recordé.
Con un poco de timidez y una explosión latente en las venas, sujeté su mano para llevarlo escaleras abajo y poder sentarnos en la sombra.
—Me iba a casar— murmuré; y ahora quien miraba a lo lejos era yo. —Estaba dispuesta a hacerlo, me había jurado que era la decisión correcta y, aunque no me creas, realmente se sentía como la decisión correcta. Era lo que debía hacer... Hasta que el día de mi despedida de soltera uno de los tantos fotógrafos que habían estado tratando de entrar al lugar, logró llamar mi atención. Cuando me acerqué a decirle, eso sí, de manera muy amable, que no estaba tratando de conseguir a nadie de la prensa que cubriera el evento él calló todas mis excusas cuando juró que tenía una foto de Louis con...— rodé los ojos —ni siquiera me sé su nombre, pero es una princesa o algo así. Cuando vi la foto lo único que pude sentir fue rabia, mucha rabia, Jay. No me dolió a comparación de otros momentos de mi vida que en verdad me han marcado, pero estaba muy enojada, enojada de que hubiese jugado conmigo otra vez aún cuando sabía todo lo que yo había dejado para estar con él... Ni siquiera para estar con él, sino para cumplir la promesa que le había hecho a su madre de mantenerme a su lado. Entonces hice algo que nunca pensé que haría— guardé silencio un par de segundos aunque no me lastimaba en absoluto el contar la situación. —Le dije al fotógrafo que publicara lo que había visto, estaba cansada de ser la sumisa que perdona las infidelidades; así que fui hasta donde estaba Louis, le lancé el anillo en el rostro y le quebré la nariz— reí —después me fui caminando a casa de mis padres, bajo la lluvia, llorando como una imbécil por haber sacrificado mi felicidad de esa manera... Estaba llorando pero sentía libre, Jay. Me sentía jodidamente libre— una pequeña sonrisa se escapó de mis labios —me cansé de las mentiras, mi madre estaba tan orgullosa de mí por haberle desangrado el rostro a ese estúpido— el castaño negó con la cabeza pero tenía una risa entre la boca —¿sabes qué fue lo mejor de todo?— sus ojos me miraron fijamente pidiéndome que continuara —mi hermano y mi padre terminaron de golpearlo y llevaban los nudillos rojos pero se veían muy felices— mordí mi labio mientras me quedaba callada un par de segundos —pero eso no es a lo que me refiero cuando digo que algo bueno salió de toda ésta experiencia. Lo mejor es que dije la verdad a la única persona a la que no se lo había dicho— su rostro cambió por completo, sus pupilas azules se volvieron tan claras como el agua y su boca se entreabrió incapaz de formular una sola palabra. Asentí. 
—Le dije a Collin que Louis no era su padre— mi corazón empezó a latir con fuerza, el mundo, nuevamente, estaba detenido. Éramos solamente esos ojos claros y yo. Y con lágrimas que no dejé salir, murmuré: —Expliqué todo lo que sucedió entre nosotros, le dije toda la verdad porque no podía empezar de nuevo llevando ese peso en mi corazón. Mi hijo, nuestro hijo— aclaré —él era quien menos debía sufrir y por algún motivo siempre terminaba llevándomelo entre mis problemas. Así que me senté con él y las palabras simplemente salieron... No estaba molesto, joder, actuó como un niño grande. Una parte de mí piensa que ya sabía la verdad. No puedes huir del destino, ¿cierto?. Siéntete libre de estar con él cuantas veces quieras, explicarle tu versión de la historia, aunque quiero que sepas que nunca le dije algo que te dejara mal. Acepté mi responsabilidad, admití que salí huyendo en cuanto tuve oportunidad. Te quiere conocer, merece conocerte... Ya no como su amigo, sino como su padre. Porque eso es lo que eres y estoy tan exhausta de mentir que me haré a un lado y te dejaré recuperar todo el tiempo que te quité—.

Miré la arena entre mis pies, el mar a lo lejos, el sol en el cielo. —¿Qué jodido es el karma, no?— susurré —vine aquí para recordar lo que era estar sola y la vida sigue poniéndote en mi camino. ¿Acaso somos tan testarudos que no nos damos cuenta que el destino quiere decirnos algo? ¿Qué pasaría si tal vez, sólo tal vez, realmente estamos escritos para estar juntos?— sus ojos sonrieron, lo supe porque se volvieron claros y siempre que se iluminaban, sonreían. —Vaya, y yo que pensé que pasaría éste día tirada en el camastro y no contando todo lo que sucedió un mes atrás—.
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Re: +вєт υ ωιѕн{ρνт-α∂α&σℓι

Mensaje por rusherschmidt el Vie Jul 28, 2017 6:43 pm

Liam Payne.-
Formé una pequeña mueca con mis labios. Las tenues luces amarillentas del pasillo, los murmullos provenientes del lobby, el ruido de los elevadores a lo lejos parecían querer arrastrarme en un sueño profundo. Joder, me sentía tan cansado. Pero ahí estaba, de pie frente a aquella preciosa castaña de ojos claros y nariz respingona que me miraba como si ocultara el mayor de los secretos. —Hey— me acerqué a ella con cuidado, mis manos subiendo lentamente hasta su rostro para sujetarlo con suavidad —de verdad que no tengo problema en venir por ti...— callé cuando mi mente susurró que estaría dispuesto a ir al fin del mundo por ella. Suspiré. —Yo te traje, yo te regreso— moví mis labios a su frente, depositando un pequeño beso en esa zona que al instante pareció arder. Su piel era blanca y suave, sus pestañas tupidas y sus labios rosas, arqueados ligeramente a la perfección. Sus brazos eran largos y suaves, sus piernas un par de calles malditas que llevaban, si subías más de lo necesario, a la perdición. 
—Descansa, te veré mañana— sin mucha prisa y sin muchas ganas empecé a caminar por el pasillo, sintiendo la manera en que mis pies se arrastraban mientras pedían volver. Querían encaminarse a aquella habitación, tocar la puerta y decirle que necesitaba tocar su piel como lo habíamos hecho tiempo atrás. 
Su perfume, delicado y penetrante, se había colado por mis fosas nasales y me acompañó durante todo el camino de regreso a casa.

Cuando mi solitaria cama apareció frente a mis ojos no supe nada más. Lo último que vi era que eran tres de la mañana y que mi teléfono estaba tirado al lado de mí.

Ring. Ring. Ring.
Mi ceño se frunció mientras el mismo sonido torturaba a mi sentido auditivo. Agradecí que el teléfono estuviese cerca de mi mano pero maldije cuando vi que eran las seis de la mañana. El nombre de Louis brillaba jodidamente alto en la pantalla principal.
—¡¿Qué?!— exclamé con la voz ronca y el humor exhausto. —Liam— el tono que se escuchó del otro lado no era amable y se notaba lo mucho que estaba tratando de contenerse —¿en dónde carajos estás?— rodé los ojos —ayer no te apareciste por la empresa, tienes a tus hombres trabajando desde antes que salga el sol y ni siquiera sabes si lo están haciendo bien. Eres mi amigo pero no mames, ¡necesito que éste proyecto salga lo mejor posible! Así que agarra tus pelotas, amárralas, córtatelas, no sé qué carajos vas a hacer con ellas pero te quiero aquí en menos de 30 minutos. ¡Y sabes que hablo enserio, joder!—
Restregué mis dedos por mis ojos al mismo tiempo que un bostezo se escapaba de mis labios. Con toda la fuerza de voluntad que me faltaba, me obligué a darme una ducha rápida. Ni siquiera me preocupé por vestirme bien, una simple sudadera rosa, unos jeans desgastados y un café enorme en la mano eran todo lo que necesitaba.

Cuando aparqué el auto frente a la oficina, un elegante Louis me esperaba con el ceño fruncido y los labios apretados. —No me chingues ahorita, Tomlinson— mascullé mientras pasaba de largo, ignorándolo por completo; de paso le robé también el bagel que sostenía en la mano derecha y que seguramente no se iba a desayunar. La insistencia de mi amigo era entendible, éste era su negocio y había cerrado varias reuniones importantes para dejarme trabajar pero había llegado tardísimo a casa la noche anterior, a lo mucho había dormido tres horas y ahora estaba aquí, debajo del sol, hablando con los ingenieros, moviendo material pesado para demostrar en dónde debía ir. Estaba corrigiendo planos entre el polvo, gastándome la voz arreglando problemas que ya no deberían de suceder, corriendo para ver a los proveedores, disculpándome con los socios de Louis por la demora en la obra y todo eso con una taza de café y un bagel en el estómago.
Cuando el reloj marcó las seis de la tarde, Louis insistió en llevarme a comer. Moría de hambre pero también moría de orgullo y la manera en la que se había dirigido a mí en la mañana era algo que no iba a olvidar nada más porque sí. A las ocho de la noche no pude más.
—Bien chicos— exclamé mientras llamaba a todo mi equipo de trabajo a que se acercara a mí —estuvieron excelentes hoy y se los agradezco, avanzamos bastante así que mañana los quiero a todos aquí a las diez de la mañana, ¿entendido? Vamos a empezar cuatro horas más tarde de lo que estamos acostumbrados porque se lo merecen. Vayan a sus hoteles y descansen, nos vemos mañana con muchas ganas y energía para acabar con ésta mierda de una vez—. Mis trabajadores empezaron a despedirse de mí y cuando no quedó nadie, tomé las llaves de mi auto dispuesto a marcharme hacia Manhattan pero la silueta de Louis de pie en mi auto me detuvo.
—Lamento lo que sucedió hoy pero me tocaste el nervio que no debías, Liam. Sabes cómo me pongo cuando algo no sale como me gusta— asentí —no te preocupes que en tres días máximo tu obra va a estar lista— mi amigo soltó un ligero suspiro —hermano, ¿quieres que te lleve? No te ves bien— y no me sentía bien tampoco. Había tenido temperatura prácticamente todo el día, moría de hambre y me dolían la cabeza, los hombros y las manos. —Estoy bien— palmeé su espalda —nos vemos mañana—.

Conducir hasta Manhattan fue una verdadera tortura y en varios semáforos me pregunté si estaba haciendo lo correcto al exponerme de esa manera cuando era evidente que algo le sucedía a mi cuerpo. Por suerte el hotel en donde se hospedaba la castaña apareció frente a mis ojos así que le entregué las llaves al chico del valet antes de adentrarme al pasillo. 
Todo daba vueltas, mi frente empezaba a sudar.
Golpeé su puerta un par de veces y cuando su sonrisa apareció todo se volvió oscuro.
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Mensaje por onedirection1 el Dom Jul 30, 2017 6:53 pm


ADAIMÉ REYNOLDS;
En cuanto escuché los toques en la puerta, me levanté de la cama e inexplicablemente, una sonrisa se posó en mi rostro al saber de quién se trataba. Desde ayer, cuando Liam se había ido por el pasillo tenuemente iluminado, había tenido que reprimir unas ganas terribles por gritarle que regresara, no tenía ni idea de dónde había salido esa necesidad que creía enterrada desde hace un tiempo. En cuanto me di cuenta del rumbo por el que iban mis pensamientos, los ahuyenté, antes de abrir la puerta y encontrándome con un castaño demacrado, que en un abrir y cerrar de ojos, se estaba derrumbando contra mi cuerpo.

― ¡Liam! ¡Liam, joder! ― exclamé con esfuerzo, todo su cuerpo estaba tirado contra el mío, me costaba muchísimo trabajo sostenerlo, no es que fuese un hombre enorme, pero en estos momentos tenía un peso totalmente muerto― Liam, por favor― pedí, pero obviamente no sirvió de nada. Con mucho trabajo intenté girarme para que su brazo rodeara mis hombros y mi hombro rodeando su estrecha cintura. El problema de todo no era su peso como tal, sino, arrastrarlo hasta la cama con zapatillas, si no terminábamos en el suelo, sería un completo milagro. Su cuerpo transmitía un calor insoportable e incluso a través de su ropa podía sentir una ligera capa de sudor. Mi corazón se encontraba latiendo desbocado contra mi pecho, nunca había visto a Liam tan débil y estaba completamente preocupada, ya le había dicho yo que no era necesario que él regresara por mí, pero era tan malditamente terco que no se podía razonar tan fácil con él. Aunque, admitía que una pequeña parte de mí, esperaba verlo aquí, tocando mi puerta, justo como lo había hecho, a excepción de que no tenía planeado que se desmayara.

Con grandísima dificultad logre dejarlo en la cama y eso, con el último de mi aliento. Me senté unos cuantos minutos, mirándole detenidamente. Liam comenzó a balbucear cosas incomprensibles, y su cabeza se movía de un lado a otro. Me acerqué a él y le coloqué el dorso de mi mano contra su frente, ¡Liam estaba hirviendo! Maldije en silencio, si antes estaba preocupada, ahora lo estaba el doble. El muy imbécil se había venido manejando en carretera, arriesgando su vida, porque estaba claro que la temperatura no le había dado en cuanto llegó al Hotel, seguramente ya estaba mal desde mucho antes y, aun así, había venido por mí―. Mierda Liam, ¿alguna vez harás algo prudente? ― solté un suspiro y caminé hacia el teléfono de la habitación, para ponerme en contacto con recepción.

“Bunas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?” fue lo primero que sonó del otro lado de la línea “Si, buenas tardes… quisiera que recargaran otra noche a mi tarjeta, y ¿cuentan con servicios médicos o farmacéuticos?” mordisquee mi uña con nerviosismo, esperando respuesta “podría confirmarme el número de habitación” asentí, aunque sabía que no podían verme “10” escuché un poco de movimientos por el otro lado de la línea “bien, ya está la solicitud del cargo hecho” en ese momento, mi celular se hizo presente con una notificación, por lo que supuse que era el cargo a la tarjeta reciente “¿qué es lo que desea de farmacéuticos?” dudé durante unos instantes “un termómetro, suero bebible, antibióticos, paracetamol y diazepam, por favor” no es que le fuese a dar todo ello, pero quería estar prevenida para cualquier cosa “también desearía que pudiesen proporcionarme unos cuantos paños y algún tipo de bacinica, también quiero encargar del restaurante un consomé de pollo” hablamos unos pocos segundos y después de que me asegurara que me lo proporcionaría lo más pronto posible, colgamos la llamada.

Volví mi atención a Liam y me senté muy cerca de él, su cuerpo estaba temblando y estaba claro que no volveríamos esta noche, no pensaba arriesgarlo a salir así, además, si yo no podía controlarle la temperatura alta, tendría que llevarlo a un hospital. Sin poderlo evitar, mi mano fue hasta su frente, peinando aquellos mechones desparramados, pero que se pegaban por el sudor que había en aquella zona.

Caminé de un lado a otro, impaciente porque ya habían pasado más de 30 minutos y aun no me traían nada de lo que había pedido, mientras tanto, había improvisado los paños húmedos con las toallas del lavabo, mojándolas un poco, y el piso en el camino hasta la cama, para poder colocárselas sobre la frente y como el agua estaba fría, pude ver como el vello de Liam se erizaba, incluso, había intentado tirar de las cobijas para cubrirse, pero yo no se lo permití.

No me tranquilicé en lo absoluto, hasta que tocaron la puerta de la habitación y con rapidez abrí la puerta, encontrándome a un muchacho con un carrito y un par de bolsas sobre éste― disculpe mucho la tardanza señorita― asentí, procurando no darle mucha importancia y tomé la carpetita para checar el recibo, una vez que me aseguré que los costos concordaban con lo que había pedido, lo firmé y se lo devolví, teclee mi pin en el aparatejo y el pago quedó completo, incluso el recargo de la habitación y un poco de propina― muchas gracias, en serio me urgía― el muchacho se retiró y después de cerrar la puerta, me apresuré a preparar todo para Liam.

Llené la bacinica con agua fría y puse a remojar los paños, la llevé hasta la mesita pequeña junto a la cama y le hice el cambio. La toalla que le había quitado estaba caliente, por lo que volví a sumergirla en la bacinica con agua―. ¿Liam? ¿puedes escucharme? ― susurré, y él balbuceó, entreabriendo un poco sus ojos― ayúdame con tu camisa, anda, tengo que quitártela para ponerte paños con agua― pero era como hablarle a un niño pequeño, por lo que, nuevamente, todo el trabajo me tocó a mí. Ya me sentía agotada y apenas estaba empezando, el verdadero reto era lograr que se tomaran el suero y comiera el consomé de pollo.
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Mensaje por onedirection1 el Dom Jul 30, 2017 9:19 pm


JAY MCGUINESS;
Vaya, ¿ya había pasado un mes? Había estado tan consumido en mi mundo que ni siquiera me había percatado del paso del tiempo. Eso sí, cada día me parecía eterno, tan alejado de todo, pretendiendo que las cosas estaban bien, mientras que moría de ganas por regresar a Londres. Pero ninguna noticia me alegraba más que escuchar aquellas palabras de los rosados labios de Olivia. No quería ser egoísta, pero simplemente no podía evitarlo.

― Bueno, yo también tenía expectativas diferente sobre estas “vacaciones”― miré más allá del agua clara que chocaba ligeramente entre sí, formando pequeñas olas que poco a poco se iban deshaciendo hasta la orilla, meditando si era prudente contarle la verdadera razón por la que estaba aquí. Y decidí que sí, ella me había contado con completa sinceridad su ruptura con Louis, incluso el hecho de que le había revelado a Collin que era mi hijo, provocando ciertas sensaciones extrañas en mi estómago. Si, que Olivia no se hubiese casado era algo completamente estupendo, pero que ya no tuviera que ocultarle a Collin que yo era su padre, lo era aún más―. La ironía de nuestras vidas te sorprenderá aún más― ella me miró confundida, mostrando esas pequeñitas arrugas que se formaban en su frente cada vez que fruncía el ceño, llevé mi mano hasta su frente y con mi dedo índice suavicé aquel gesto― en cuanto dejasta la oficina aquella última vez que nos vimos, el día de tu despedida de soltera, me encerré en mi oficina las últimas horas, y simplemente le encargué a mi secretaria que me apartara un vuelo lo más próximo posible, si hubiese sido por mí… me habría ido en ese mismísimo instante― me encogí de hombros, Olivia me miraba expectante y mentiría si decía que no me gustaba cuando ella posaba toda su atención en mí, como si la belleza natural de la playa en Los Cabos no importara en lo absoluto, lo sabía porque yo me sentía exactamente igual. Podrían pasar los años y ella seguiría teniendo el mismo efecto en mí, ¿para qué ocultármelo a mí mismo? Hubo un tiempo en que lo hice, y no me había servido absolutamente de nada.

― Pero aún tenía que recoger a Collin y despedirme de él, no sabía cuánto tiempo estaría fuera― y la prueba de ello, estaba justo frente a sus ojos― como te habrás dado cuenta, aún no he vuelto― me giré para observarla y un suspiro salió de mis labios― la única razón por la que decidí salir, incluso del continente, es porque no me sentía capaz de compartir la misma zona geográfica mientras era consciente de que tú te estabas casando, después de todo “la peor forma de echar a alguien de menos es estar sentada a su lado y saber que nunca será tuyo” las palabras resbalaron de mis labios, percatándome apenas que había citado una de las frases que iban en mis regalos anónimos, pero ella fue aún más despistada que yo y ni cuenta se dio, quizá, solo quizá, más adelante le revelaría que yo había sido quien le enviaba aquellos regalos anónimos.

Después de mis palabras, nos quedamos en silencio, pero más que incómodo, era tranquilo―. Max se ha encargado de la empresa y me ponía en contacto muy de vez en cuando, pero solo he podido hablar con él, se suponía que éste viaje era para “alejarme de todo” y es que, me había enfrascado completamente en el trabajo, pero supe que llegué al límite cuando ese mismo día, comencé a gritarle a todo el mundo, pero Max se encargó de hacerme ver lo mal que me estaba comportando con todo el mundo, les pedí disculpas a mis empleados, ellos no tenían la culpa― me encogí de hombros, restándole importancia― el punto es… que él nunca mencionó que no te habías casado, de hecho, evitada a toda costa mencionar tu nombre, o cualquier cosa referente a la empresa― rodee los ojos― ¿puedes imaginar mi tortura? ¡Max puede estar dejándome en la quiebra y yo ni en cuenta! ― acaté dramáticamente, y como Olivia sabía que solo estaba bromeando, rió por mis palabras.

― Olivia…― le llamé y sus ojos color miel se posaron sobre los míos, provocando que una descarga recorriera mi cuerpo, pero intenté enfocarme. Estiré mi mano para tomar la suya, regalándole pequeñas caricias en el dorso de ésta con mi pulgar― muchas gracias por contarle a Collin sobre mí, si había algo difícil de pasar tiempo con él, era eso… saber que era mi hijo, que tuviese tanto parecido conmigo, y que él no pudiese decirme papá, porque no lo sabía― una pequeña sonrisa se posó en mis labios― no tienes ni idea de lo que eso significa para mí― y lo decía en serio, ella lo sabía porque mis ojos eran un libro abierto en estos momentos, estaba en total transparencia frente a ella, y para algunos eso podría ser signo de debilidad, pero para mí significaba todo lo contrario, porque demostraba confianza e incluso un vínculo que ni con el paso de los años, podría romperse.

― Cena conmigo ésta noche, por favor― pedí, y en cuanto le vi que iba a protestar, me adelanté a sus palabras― escucha… sé lo duro que debe ser para ti lo que sucedió, y también entiendo que hayas venido aquí para huir de todo aquello que te atormenta, lo sé porque yo hice exactamente lo mismo, pero tú misma lo has dicho, la vida siempre se encarga de juntarnos, de una forma u otra, nuestros caminos se cruzan continuamente, y creo que ya es momento de que no desaproveche ésta oportunidad, porque uno nunca sabe si puede ser la última y no estoy dispuesto a averiguarlo― llevé su mano hasta mis labios, para depositar un beso ahí― podemos ser una familia, una de verdad y como debió ser desde el principio― mi voz se volvió baja y ronca, a causa del sentimiento― Collin, tú y yo― mi corazón palpitaba con ganas contra mi pecho― no te estoy pidiendo que ya mismo, pero sí poco a poco, déjame enmendar mis errores y conquistarte como se debe, como tú mereces.
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Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 10, 2017 2:57 pm

Olivia Vandervilt.-
Seis meses después;;
Mi cuerpo, que descansaba tranquilamente sobre las sábanas de seda, resintió el peso que acababa de caer sobre el. Cuando mis pestañas se elevaron, un par de ojitos azules me miraban divertidos; llevaba el cabello rizado completamente alborotado, tenía marcas de chocolate en las comisuras de sus labios y la nariz respingona roja de estársela tallando. Sonreí. 
El sol alumbraba la habitación, las paredes talladas con detalles rosados eran acaricadas con los rayos amarillentos que creaban un ambiente perfecto. El aire se colaba entre las cortinas de seda, moviéndolas a su gusto de arriba a abajo; el candelabro, posado sobre mi rostro en el techo, se mecía suavemente. El ruloso de momentos atrás escondió su rostro entre mi cuello mientras mis brazos lo rodeaban con suavidad.
—Feliz cumpleaños, mami— murmuró contento, sacándome una ligera risa de los labios —¿hoy es mi cumpleaños?— pregunté; había estado tan involucrada en otras cosas que ni siquiera había pensado en que mi cumpleaños estaba cerca. Collin frunció el ceño. —¡¿Cómo puedes olvidar tu cumpleaños, mamá?!— exclamó con aquel tono dramático que tanto le caracterizaba; mis ojos prácticamente rodaron solos —hey, hay cosas más importantes que un cumpleaños, jovencito. Como no matar a tu madre con este peso que me tienes encima— mis dedos se movieron hacia sus costillas, presionando levemente en aquella zona que tanta risa le daba. Entre carcajadas logré quitarlo de encima mío y cuando su cuerpo quedó debajo me fue imposible no aprovechar la situación de debilidad para llenarlo de besos. —¡Mamá, ya!— gritaba mientras mis labios recorrían todo su rostro —¡mamá, detente!— estaba muerto de risa y yo reía también. Me alejé cuando no pude más; el cuerpo cansado de Collin reposaba en la cama todavía con su enorme sonrisa. —Anda, ve abajo para que me pueda dar una ducha y desayunemos— asintió al mismo tiempo que sus pies se movían cautelosos hacia la puerta —mi amor— le llamé antes de que saliera. Sus mares azules me miraron y me sentí en el paraíso. —¿Sabes cuál ha sido el mejor regalo de cumpleaños que he recibido alguna vez?— negó —tenerte a ti como mi hijo— sus ojitos brillaron con aquellas pestañas tupidas moviéndose como un par de abanicos —tú eres mi regalo y lo vas a ser siempre— mis brazos se abrieron para recibirlo nuevamente entre éstos. 

Habían pasado muchas cosas en los últimos seis meses. Cosas buenas que hacía mucho que no nos sucedían.
Jay y yo estábamos mejor que nunca. Desde aquel día en Los Cabos nos había sido prácticamente imposible separarnos; y aunque aún no teníamos una relación formal, era más que obvio que la tendríamos en algún momento sobretodo porque continuamente salíamos a cenar ya fuera solos o con Collin, incluso habían días en los que él traía el desayuno a casa de mis padres y nos sentábamos todos a disfrutar. Quién lo diría, al final de cuentas mi progenitor y mi hermano habían terminado por aceptar que, lo quisieran o no, aquella figura masculina no tenía intenciones de irse. No es como si tuvieran una increíble amistad, mi padre aún mantenía la guardia arriba por si llegaba a suceder algo pero eso no evitaba que los fines de semana se sentaran juntos a mirar un partido de fútbol y compartir una cerveza, incluso mi hermano y James habían salido de compras en algún punto cuando mi madre necesitaba algo para la casa.

La transición de mi hijo hacia la verdad tampoco había sido difícil, supongo que su amistad previa con Jay había ayudado. Aún así, para asegurarnos que lo estábamos haciendo bien, habíamos visitado a una psicóloga durante todo el proceso. Ahora, seis meses después, era como si nunca se hubiesen separado. Como si mi pequeño hubiese sabido la verdad desde siempre. Eran inseparables.

Después de la ducha decidí usar un vestido negro con algunos dibujos sobre la tela, una coleta de caballo y unos flats. Nada exagerado. Rocié un poco de perfume sobre mis muñecas antes de empezar a bajar hacia el comedor. 
Mientras descendía por los escalones pude escuchar un par de murmullos y risas que provenían del área de la cocina por lo que supuse que mis padres ya deberían de estar desayunando... Vaya sorpresa que me llevé cuando noté el enorme pastel de chocolate sobre la mesa con mis padres detrás, mi hermano sosteniendo una cámara, Jay a un lado con un ramo de mis flores preferidas, mi mejor amiga con aquella sonrisa que tanto le caracterizaba, Nathan sosteniendo su mano mientras su hijo platicaba amenamente con Collin. 
—¡Sorpresa!— el grito en conjunto me hizo reír; en la parte de arriba del pastel, una vela con el número 23 brillaba encendida. Mi madre sujetó mi cintura para acercarme a ella —pide un deseo para que después nos sentemos a desayunar mi amor— murmuró y entonces lo supe, mirándolos a todos ahí de pie, sonriendo; a mis padres, felices como hacía tiempo no lo estaban. A mi hermano que había regresado de su comisión en la marina, a mi mejor amiga con aquel matrimonio que tanta dicha le traía, a mi hijo con su mejor amigo y al hombre de mis sueños con esas pupilas azules que siempre me miraban como si fuese una obra de arte. Sonreí. Mi deseo estaba cumplido, sólo necesitaba que esa felicidad durara para siempre así que eso fue lo que deseé.

Cuando la llama de la vela se apagó todos empezaron a turnarse para abrazarme.
—Ya decía yo que no era normal que Collin tuviera chocolate en la boca cuando me fue a despertar— mi hijo hizo un sonido de sorpresa mientras intentaba quitarse la mancha de los labios. 
—Gracias— susurré cuando su padre se acercó a entregarme mis rosas —éste es el mejor cumpleaños porque los tengo a ustedes, porque te tengo a ti— mis manos subieron hacia sus mejillas al mismo tiempo que mis pies se elevaban en puntas para depositar un pequeño beso sobre sus labios —te quiero—.
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