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Re: +вєт υ ωιѕн{ρνт-α∂α&σℓι

Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:33 pm


Olivia Vandervilt.-
—¿Tú dónde crees?— murmuré como respuesta a su pregunta. Estaba tratando de pensar en otra cosa que no fuera el hecho de que estábamos solos, en una alberca, sin nadie que nos mirara. Él sabía lo mucho que yo adoraba el agua, no sólo me relajaba sino que me fascinaba hacer el amor ahí dentro. Jay me había cumplido muchas fantasías de ese tipo y por el pequeño brillo en su mirada podía adivinar que también lo recordaba. Aclaré un poco mi garganta. —Britt se lo llevó a su casa para que pase la noche con Jason, su hijo— dejé la toalla sobre el camastro.
—Realmente estoy tratando de no matarla en este momento, ya debería haber sabido que todo esto de "Olivia, relájate" tenía un plan macabro— comenté y es que no era secreto alguno el que Britt nos quería a Jay y a mí juntos, había sido así desde la preparatoria. De hecho, el castaño y yo nos habíamos conocido gracias a ella. —Disculpa si te ofendí al no comer el helado, estoy bajo una dieta muy estricta— y no mentía, aunque sí había omitido algo: el motivo de mi dieta. Y es que Louis y yo llevábamos algunos meses queriendo tener un hijo pero yo no había logrado embarazarme, entonces el médico optó por darnos un tratamiento y ahí incluía el hecho de que sólo podía comer ciertas cosas. —Además, no quería quitarle helado a Collin, como pudiste notar, le fascina—.
Tomé mi bata. —Es algo tarde— murmuré —que te diviertas nadando solo— le regalé una pequeña sonrisa mientras caminaba hacia la entrada aunque mi intento de marcharme se vio frustrado al notar que la puerta tenía el pestillo. Ni siquiera el guardia de seguridad estaba ahí. —Te voy a asesinar, Britt— mascullé para mis adentros mientras me daba la vuelta, encontrándome con las pupilas espectantes de James. —Estamos encerrados— dije, como si no fuera ya demasiado obvio.
Dejé la toalla sobre el camastro. Bien, si tenía que estar metida ahí por quién sabe cuánto tiempo, al menos me encargaría de disfrutarlo. Sabía que las intenciones de Britt no eran malas y realmente agradecía el poder tener un tiempo a solas. Amaba ser madre y mi hijo siempre era mi prioridad pero el estrés de mi vida diaria comenzaba a agobiarme y la rubia seguramente lo sabía, ella era madre también.

Me dejé caer en la alberca, llegando hasta lo más hondo de ésta, en donde me quedé un par de segundos antes de volver a salir a la superficie. Moví un poco la parte de arriba de mi bikini, se había desacomodado al dar el clavado.
—¿Cómo estás?— pregunté a Jay, quien sorprendentemente había estado callado. —Por lo de Kendall— sus pupilas azules estaban fijas en las mías y adoraba la manera en que la luna se reflejaba en ellas. El agua iluminaba su rostro, sus rulos caían sobre su frente debido al peso del agua. Sus labios rosas lucían tan preciosos, haciendo un contraste perfecto con su piel blanquecina. —¿La amas?— me atreví a preguntar aunque mi voz sonó casi como un susurro. No sabía si estaba lista para escuchar su respuesta, pero aún así la curiosidad me ganó. Podía negármelo miles de veces pero una parte de mí todavía sentía cosas por él. Sabía que siempre me iba a importar. Era el padre de mi hijo, fue mi primera vez, mi primer novio, mi primer baile, mi primera cita. Jay había sido el primero en todo y yo le había amado con locura. Le había amado más que a nada en el mundo y no me arrepentía, me había dado un hijo hermoso y mirar a Collin era recordar lo mucho que su padre y yo nos habíamos querido.
—Es una chica preciosa— murmuré —entiendo perfectamente porqué Louis se enredó con ella...— elevé el rostro tratando de no mostrar lo mucho que me dolía hablar de la traición de mi prometido pero estaba cansada de parecer fuerte. No había tenido tiempo para llorar, no había podido descargar todo lo que tenía dentro por Collin. No quería transmitirle mi tristeza. Él merecía seguir viviendo en su burbuja perfecta, en donde mamá y papá se aman a pesar de todo.
Enterré mi rostro en mis manos sin poder controlar aquel llanto que había tratado de retener segundos atrás. Tomé un largo suspiro, obligándome a tranquilzarme. Limpié las lágrimas en vano, porque no dejaban de correr. —¿Por qué con ella, Jay?— susurré. El castaño se había acercado unos segundos atrás, encerrándome en sus brazos. —Kendall ya te tiene a ti, ¿acaso planea quitarm...?— pregunté pero mi respiración se cortó en cuanto elevé el rostro. Estábamos demasiado cerca. Su nariz rozaba la mía y por unos segundos me olvidé porqué estaba llorando. Su aliento golpeaba mis labios de una manera deliciosa. Sus ojos se veían tan azules como el agua misma. Miles de recuerdos inundaron mi mente. Aquellos años en los que solíamos caminar de la mano por el instituto, todos los besos, las risas, los momentos que habíamos pasado juntos. —¿Por qué tuviste que dejarme, Jay?— susurré —¿cuándo dejaste de amarme?— apreté los ojos, sabiendo que nuestra situación hubiese sido completamente diferente si tan sólo él no hubiera huído cuando le dije que estaba embarazada.
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Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:35 pm


{†} Jay McGUINESS;
Nunca me había gustado ver llorar a una mujer y el hecho de que esa mujer fuese Olivia, menos. No dudé ningún segundo en acercarme a ella y dejar que se descargara en mi pecho. Sabía que tenía muchos sentimientos encontrados y que los había estado soportando mientras Collin estaba con ella, pero ahora lo único que necesitaba era sacar todo lo que tenía dentro y con lo fuerte que ella seguramente había pretendido ser, el nudo había aumentado en tamaño. Incluso aunque intentara quitarse las lágrimas, estas seguían resbalando de sus ojos por su hermoso rostro y aún con todas esas lágrimas, el cabello escurrido y los ojos rojos e hinchados, seguía siendo la mujer más preciosa del mundo para mí—. No sé cariño… no sé por qué con ella— susurré acariciando su cabello, intentando transmitirle el apoyo que sabía que ella necesitaba y el único que estaba aquí para otorgárselo era yo. Nuestra cercanía se sentía tan familiar que cuando ella levantó su rostro, se quedó a mitad de la frase y nuestras narices rozaron, y en vez de que ella se separaba –que yo esperaba que hiciera eso- solo se quedó ahí, observándome a los ojos, tal cual yo hacía con los suyos. Era como encerrarnos en nuestra propia burbuja, en una que se había reventado hace mucho tiempo y que ahora estaba volviendo a crecer desde cero. Por un momento desee poder besarla, pero sabía que eso nos alejaría en este momento y el hecho de que me preguntara todas esas cosas, me hacía desearlo aún más.

Tomé un pequeño respiro, llevando mi mano hasta su mejilla para levantarle el rostro y recuperar la cercanía de nuestros rostros— fui un cobarde, uno muy mald’i’to por dejar a lo más importante en la vida, tenía miedo y fui un egoísta por pensar solo en mí y no en ti, en lo desprotegida que quedarías, en las batallas que tenías que pelear para salir adelante… yo no pensé en que me perdería lo más hermoso del mundo, tener un hijo con la mujer que más amaba— dije con un nudo en la garganta. Sabía que mis palabras ya no significaban nada para ella, Olivia estaba enamorada de Louis y ahora lloraba por su traición y la única razón de que me preguntara eso, era porque había sido con Kendall… mi ex novia—. Te lo dije ese día en mi oficina Olivia, sigues siendo el amor de mi vida… nunca dejé de amarte y estoy seguro de que si alguna vez me llegara a enamorar de alguna otra mujer, no será con la misma intensidad y profundidad, lo nuestro era especial y me encargué de arruinarlo por idi’o’ta y al menos espero llegar a encontrar a alguien que sean un poquito tan maravillosa como tú, pero nadie te llegaría a los talones… Kendall fue la primera novia oficial que tuve después de ti, lo intenté pero solo las comparaba contigo, tu cabello, tus ojos, tus labios, tu personalidad… nadie era lo suficientemente cercana a lo que tú eras…eres— me corregí— intenté amarla, por un tiempo creí que lo hacía, luego volviste y Kendall cambió tan drásticamente que me hizo preguntarme seriamente si la conocía de verdad, ella solo mostraba la parte buena frente a mí, siendo que es una perra total y una caprichosa— escuché una pequeña risita de su parte y era como música para mis oídos— había olvidado como era el sonido de tu risa y es encantador volverla a escuchar— me incliné ligeramente para besar su frente, resbalando hasta que mis labios llegaron a su nariz y me detuve. Volví a separarme ligeramente nuestros rostros, solo lo suficiente como para que pudiese ver sus ojos otra vez, y me llevé una pequeña sorpresa al ver que los tenía cerrados, pero en cuanto sintió mi mirada los abrió. Le dediqué una pequeña sonrisa. Las lágrimas seguían aún presentes en su rostro y me volvía loco no poder hacer algo para remediar el dolor que ella sentía.

Ella bajo la luz de la luna, tan vulnerable y hermosa, era la tentación pura para mí y me daba miedo caer en pecado— ningún hombre vale tus lágrimas, ni siquiera yo… tú vales más que un engaño Liv o una cobardía, y él puede ser el rey del mundo, pero eso no justifica nada— tomé un pequeño respiro, sintiendo “esas” palabras danzando en la punta de mi lengua, pero tuve que morderla para evitar que salieran, aun así, no podía controlar dos cosas de mí, solo era capaz de controlar mis palabras, pero no mis manos y en este momento estaba acariciando su mejilla, mi pulgar muy próximo a sus labios y nuestros cuerpos aún más cerca.

Si yo me inclinaba tan solo unos milímetros podía besarla y no estaba segura si ella lo quería también, tenía miedo. Me sentía como un adolescente enamorado de la princesa inalcanzable y cuando la besara, ella lo rechazaría, diciéndole que ella tenía su príncipe encantador—. No sabes las ganas que tengo de besarte— susurré y pude sentir como su cuerpo era recorrido por un escalofrío, ya que su piel se erizo— y solo necesito tu permiso, porque tienes poder sobre mí y de todo lo que siento, siempre lo has tenido— cerré mis ojos, acortando un poco más la distancia, pero sin llegar a tocar sus labios. Solo necesitaba que ella dijera que sí y era todo, sino, me retiraría y estaría bien, lo entendería.
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Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:37 pm


Olivia Vandervilt.-
Se sentía tan bien el tenerlo cerca de mí. Su respiración acariciaba mis labios de manera perfecta, sus ojitos cerrados, disfrutando de nuestra cercanía. Claro que quería besarlo, ¿para mentir diciendo que no? Pero ya no era una adolescente, no podía simplemente dejarme llevar por mis instintos. Louis lo había hecho y las cosas habían terminado de manera horrible entre nosotros. ¿Por qué pagarle con la misma moneda?.
Sus ojos azules se abrieron y sus pupilas se perdieron en las mías, haciéndome entender que no era venganza. Yo realmente estaba tratando de negarme, de alejarme, quería salir corriendo lo más rápido posible pero no podía hacerlo, mi cuerpo no se movía y mi corazón estaba latiendo con fuerza, tal y como cuando él tomaba mi mano en nuestros años de instituto. Amaba tanto a ese hombre que me asustaba. Él no se lo merecía y aún así ahí estaba, metida entre sus brazos, contemplando la belleza de su rostro.

Entonces mis pensamientos cambiaron y de pronto el Jay que estaba viendo no era el Jay del que había estado enamorada. Las cosas ya no eran como antes y podía pasar mi vida entera deseando cambiar mi pasado pero eso sólo me haría desperdiciar mi futuro. Tenía a un hombre maravilloso a mi lado, un hombre que había cometido un error. Kendall se había aprovechado del enojo de Louis, ella sabía lo mucho que dañaría nuestra relación y ulilizó aquello a su favor. Louis era un caballero y sus fallas no quitaban el hecho de que amaba a mi hijo y que me amaba a mi. Él había hecho lo que Jay nunca se atrevió. Él había tenido las agallas que le habían faltado a quien en ese entonces era mi novio. Y yo le había amado con locura, j'oder, y nunca iba a dejar de hacerlo pero tampoco iba a poder olvidar la manera en que me había tratado, dudaba que en algún momento el odio que había sentido por él se esfumara.
Sus ojos azules me hacían darme cuenta de que aún estaba enamorada de él, pero también me recordaban todas esas veces que me llamó "zo'rra", que le dijo a mis amigos que el hijo que estaba esperando no era suyo. El azul de sus ojos me recordaban todas las lágrimas que había derramado pidiéndole, implorándole que no me dejara.

Me separé. —Sí quiero hacerlo, Jay— susurré —sí quiero, jo'der— nadé hasta las escaleras, quería alejarme de él tanto como pudiera. —Pero te miro y lo único que veo es lo mucho que te odiaba, lo mucho que aún te odio por haberme abandonado cuando más te necesitaba y trato de olvidarlo porque, jo'der, Jay, fuiste el amor de mi vida y eres el padre de mi hijo y una parte de mí aún te ama como aquella adolescente de 16 años pero ya no tengo esa edad, James. El hecho de que me dejaras me hizo crecer antes de lo que me hubiese gustado, en mi cumpleaños número 17 estaba aprendiendo a cambiar pañales, decorando un cuarto con el hombre que me aceptó, con el hombre que se enamoró de mí y de mi hijo— me coloqué la toalla sobre el cuerpo y contrario a lo que había pensado, no derramé ni una sola lágrima.
—Le debo tanto a Louis, Jay...— suspiré —y lo amo, lo amo mucho. No me interesa lo que el ADN diga, él es el padre de Collin, mi hijo tiene su apellido y yo me voy a mantener a su lado pase lo que pase porque Collin no está listo para que su familia se desmorone—.
Me acerqué, él acababa de salir de la alberca y ahora se encontraba frente a mí. Temblé un poco ante la cercanía. Jo'der, ¿acaso no era irreverente que hacía unos segundos le había dicho que lo odiaba y aún así mi cuerpo pedía a gritos tenerlo nuevamente? Tal vez todo era ilusión. Tal vez no le odiaba pero quería creerlo y que él se lo creyera también para no perder la cordura, para no rogarle que me quitara la ropa y me hiciera suya, aunque fuera una última vez porque ambos sabíamos en ese momento que yo regresaría con Louis tarde o temprano y que él quizá acabaría con otra mujer pero... Tal vez, sólo tal vez, si nos dejábamos guiar por nuestros sentimientos y no por el cerebro podríamos ser lo suficientemente valientes como para luchar por lo que alguna vez tuvimos y que, aunque ya no podemos recuperar, sí podemos volver a empezar.

—Realmente estoy luchando para no acercarme a ti y besarte— susurré —y me estoy jurando que te odio y que amo a Louis y las palabras que me dijiste hace cuatro años aún dan vueltas en mi cabeza pero también la manera en que tus manos me acariciaban y lo feliz que me hiciste y...— tragué saliva —...y si no hago esto ahora no lo voy a hacer nunca— susurré antes de colocarme sobre las pun'tas de mi pies. Me quedé quieta unos segundos, preguntándome si lo que estaba apunto de hacer estaba bien. Y la respuesta fue obvia: No. No era lo correcto, lo sabía, ambos lo sabíamos pero necesitaba volver a sentirlo, le había extrañado tanto y ahora aquí estábamos, solos, sin nadie que nos molestara. Sus pupilas azules me observaban y había un brillo en ellas que ya conocía bastante bien y que fue lo único que necesité para unir sus labios con los míos en un beso que había iniciado como algo tranquilo pero que poco a poco, gracias a la necesidad de nuestros cuerpos, fue incrementándose. Mis manos subieron hasta su cabello, metiendo mis dedos entre las hebras de sus rizos. Aquellos rizos que seguían siendo mi adoración.
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Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:39 pm


{†} Jay McGUINESS;
Estaba siendo un completo egoísta al disfrutar esto, un canalla por pretender que los últimos cuatro años no habían pasado, un id’io’ta por permitir que ella estuviese comprometida con otro hombre, pero también me sentía como el hombre más afortunado en este momento por estar besando a la única mujer que había amado y que seguía amando con todo mi corazón.

Sus labios seguían siendo tan suaves como los recordaba, pero ahora ya no tenían ese movimiento tímido ni introvertido, se movían con tanta experiencia y sensualidad, tentándome a llevar las cosas al límite, pero sabía que eso haría sentir mal a Olivia, que cuando sucediera y se viera a mi lado, mi gritaría y se juzgaría ella misma por haberle pagado con la misma moneda a Louis. La conocía tan bien que aún me lamentaba por haber desconfiado de ella cuando me había dicho que estaba embarazada. Alejé aquellos pensamientos de mi mente, no valía la pena que me atormentara con ello, solo debía dedicarme a disfrutar el placer que me brindaba el estar besando los labios de Olivia nuevamente. Quizá pudiera arriesgarme un poco, ella tenía el poder de detenerme cuando fuese demasiado para ella, ya que de mi parte, yo nunca tendría suficiente. Me incliné un poco más para poder tomas sus labios con mayor profundidad. No mentía cuando decía que sentía unas mariposas en el estómago. Parecía un adolescente besando a la chica de sus sueños y es que eso realmente estaba pasando, excepto que no era un adolescente. Mis manos estaban puestas en su cintura, donde mis pulgares dibujaban figuritas imaginarias en su suave y delicada piel.

No pude evitar que un gemido ronco saliera de mis labios cuando ella tiró de mi cabello, y es que me encantaba cuando hacía eso―. Liv… mi amor― susurré bajito, apenas separándome lo necesario para respirar pero no lo suficiente como para permitirle a ella que se alejara de mí. Llevé un poquito las cosas al extremo y me tomé el atrevimiento de bajar mi mano hasta su trasero, para elevarla y que sus piernas se enredaran alrededor de mi torso. Abrí los ojos y noté que ella tenía los suyos cerrados, su cuerpo estaba completamente aferrado al mío y eso me hizo sonreír mientras seguíamos besándonos. Localicé las escaleras que daban a la alberca y nos dirigí hasta ahí con cuidado de no resbalar. A ver si con el agua lograba apaciguar la erección que estaba creciendo dentro de mi bañador. Era una ventaja que fuese de noche, que estuviésemos completamente solos y que tuviésemos la alberca solo para nosotros sin interrupciones.

Comencé a descender por las escaleras, hasta que el agua alcanzó el cuero de Olivia y ella se estremeció― es solo agua cariño― ...como en los viejos tiempos. Me introduje en la piscina hasta que el agua mi dio por los pectorales, de camino ahí, le di unos cuantos besos a Olivia en la mejilla, la nariz, el cuello y volvía a subir a sus labios, los cuales estaban completamente hinchados y rojizos a causa de mis mordidas. Moría por hacerle un chupetón, pero ese también era un límite y algo mucho más arriesgado, no podía marcarla porque ella ya no era mía, no podía presumirle a nadie que ella estaba conmigo, porque no era así. Llevé mis manos hasta su espalda, acariciándola muy suavemente, con la yema de mis dedos. Estaba tratándola como si fuese una pieza frágil y fácil de romper, una pieza que solo había que tratar con delicadeza.
―No sabes cuánto te he extrañado― posiblemente no era el momento para hablar, pero no podía evitarlo, quería decirle tantas cosas, que ella supiera que dentro de nosotros todavía había esa chispa, una que no conseguiríamos con nadie más. Ella me había dicho que me odiaba, que no me quería cerca, pero la forma en que reaccionaba ante mis caricias no eran las de una persona que odiaba, era de una persona que amaba y aunque ella dijera que amaba a Louis, yo sabía que aún sentía algo por mí y no hacían falta las palabras, sus besos eran mucho más que suficiente para mí.

En algún momento, mis dedos desanudaron la parte superior de su bikini y poco a poco lo fui retirando. Quizá me estaba aprovechando, pero la necesitaba más que a nada. La prenda quedó flotando en el agua, pero no le tomamos mucha importancia, hasta que se me ocurrió subir una de mis manos desde su cintura, arrastrándola, hasta llegar a uno de sus pechos, con la intención de amasarlo y acariciarlo, de darle la atención que necesitaba. Incluso cuando aún tenía aquella molesta prenda cubriendo sus pechos, podía sentir lo endurecidos que habían estado sus pezones. Ella alejó su cuerpo de mí, nuestras respiraciones estaban agitadas y sus ojos estaban oscuros, pero con ese brillo peculiar a causa del deseo que corría por su cuerpo y podía asegurar que los míos estaban exactamente en el mismo estado. Tragué con fuerza, sintiendo el nerviosismo de pronto, sabía que no debí de haberle quitado parte de su bikini, pero mis manos tenían vida propia y solo querían sentir todo su cuerpo… yo quería sentirla completa, entregada a mí.

―Olivia… yo no… no quiero obligarte a nada― me sentía como un estú’pi’do diciendo eso, pero no podría con la culpa si ella se iba a sentir mal después de todo esto. Ella podía irse ahora y pensar en lo que pudo haber sido esta noche u olvidarlo y hacer como si nada hubiese pasado o quedarse y recordar el amor que nos tuvimos y que seguía ahí frente a nosotros, sentirnos completos nuevamente.
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Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:40 pm


Olivia Vandervilt.-
Me quedé quieta al sentir la parte de arriba de mi bikini caer al agua. No me molestaba el hecho de estar prácticamente desnuda entre sus brazos, lo que odiaba era la sensación de naturalidad, como si ese lugar fuera realmente donde se suponía que debía estar. Y no era así. Yo le pertenecía a otro hombre, un hombre llamado Louis Grimaldi. A quien amaba con todo mi corazón. Pero la manera en que Jay me miraba... Los ojos verdes de Louis no eran nada comparados con el azul cielo de aquellas pupilas. Sus ojitos brillaban, observándome como si fuera la cosa más hermosa que había visto en mucho tiempo. Me pregunté si Kendall también había recibido aquellas miradas y si también se había sentido como yo: afortunada.
Me sentía como aquella adolescente de 15 años, entregándole mi virginidad. Pero ya no era una adolescente y él no era el único hombre que había tocado mi cuerpo. Entonces, ¿por qué sentirme de esa manera?.

Coloqué mi rostro sobre su hombro. Mis manos se aferraban a su espalda, sintiendo los músculos que se formaban en aquella zona. Sus rulos caían sobre mi nuca, haciéndome cosquillas. Quería irme a casa. A Mónaco. Con Louis. Deseaba nunca haber regresado a Londres, nunca haberme entregado a él. Deseaba no amarle de la manera en que lo hacía. Y también deseaba que Collin no fuera su hijo, no quería tener algo que me atara a él.
Pero las cosas no eran de ese modo y sólo estaba perdiendo mi tiempo al desear algo que ya no podía cambiar. Tenía un hijo suyo y le amaba y amaba a Louis también y quería que me hiciera el amor hasta que sus manos estuvieran marcadas en mi cuello y sus besos en lugares que sólo él y yo conocíamos.
—Las cosas no van a cambiar después de esto— murmuré sujetando su rostro entre mis manos —te diré que te amo y gritaré tu jo'dido nombre hasta quedarme sin voz pero cuando todo acabe, volveré a casa con mi prometido y nuestro hijo y tú no vas a ser más que un recuerdo, te vas a quedar en donde te debes quedar— acaricié sus labios —te quedarás en mi recuerdo y yo me quedaré en el tuyo porque, Jay, tú y yo tuvimos nuestra oportunidad de ser pero no fuimos, mi amor, las cosas no iban a ser siempre una burbuja color rosa y nos demostramos que no podíamos lidear con los problemas cuando el primero apareció. No tienes que renunciar a tu vida por mí porque yo no pienso renunciar a lo que tengo— limpié la primera lágrima que resbaló por su rostro, el agarre en mi cintura se había hecho un poco más fuerte —Kendall cometió un error, Jay, pero ambos sabemos que sientes cosas por ella— mis manos recorrían su rostro, grabando en mi memoria la perfección que le pertenecía —y todos merecemos una segunda oportunidad, incluso yo te estoy dando una segunda oportunidad ahora mismo, al estar aquí, contigo... Deja que ella hable, Jay, no huyas otra vez— ahora quien limpiaba mis lágrimas era él —ya no huyas de tus sentimientos, Jay...— y sin esperar un segundo más, volví a unir nuestros labios en un beso en donde nuestras lenguas eran las protagonistas, luchando por vencer a la otra. Mis manos volvieron a perderse en cada una de las hebras de su cabello mientras mis piernas se enredaban en su cintura.

Sus manos pronto se encargaron de la parte baja del bikini, a pesar de que sus labios aún seguían atacando los míos. Sentí como comenzábamos a avanzar hacia la salida. Mi cuerpo desnudo se recostó sobre uno de los camastros. Sus pupilas azules me recorrieron, haciendo que me sonrojara en cuestión de segundos. Ya no era el ángel que él había conocido años atrás y había pasado mucho tiempo desde que nuestros cuerpos se miraron por última vez.
No fue sencillo pero me encargué de quedar sobre su anatomía. Mi sexo se rozó con el suyo aún cuando él todavía tenía sus shorts. Sonreí al escuchar su gemido. Dios, su voz ronca era música para mis oídos. Me incliné un poco, moviéndome sobre su erección. Tomé sus manos pasándolas por mis piernas, la superficie de mi coñ'o, mis caderas, mi cintura hasta llegar a mis erectos pezones. No las dejé mucho tiempo en aquella zona. Sólo quería que volviera a sentirme, que recordara la manera en que me había visto antes y cómo me veía ahora. Ya no era una chiquilla. Subí su mano derecha a mi boca, lamiendo sus dedos con lentitud antes de pasar sus brazos sobre su cabeza en forma de x.
Ahora quien fue acariciándolo fui yo. Primero su hermoso rostro, su cuello, su abdomen hasta toparme con el borde sus shorts. Lo miré mientras mis dedos traviesos empezaban a bajar aquella prenda hasta hacerla desaparecer por completo.
Mis pupilas se posaron sobre su erección. Tan grande, con las venas resaltando sobre la delgada piel. Lo coloqué en mi rostro, paseándolo en éste antes de introducirlo en mi boca para comenzar a mam'arlo. De arriba a abajo. De un lado al otro. Mi lengua lamía sus testícu'los. El glande. Las venas. Cada centímetro de su enorme masculinidad obtuvo atención.
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Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:42 pm


{†} Jay McGUINESS;
Solté una pequeña risita al verla sonrojarse, ¿era en serio? La había visto muchas veces desnuda, la cuestión estaba que en aquel entonces Olivia no era la chica con el más grande autoestima y ahí si le creería el sonrojo… pero ¿ahora? En la fiesta de nuestra generación, al verla entrar, me había quedado estupefacto… ella no tenía nada de la chica insegura y tímida que había sido mi novia en la adolescencia, esa mujer que había cruzado aquella puerta desprendía seguridad, tenía un porte impotente y su belleza definitivamente se había incrementado. Recorrí sus crecientes curvas, sus voluptuosos pechos y su vientre abdomen con gran emoción y mi erección era la prueba –dolorosa- de mi completa inspección.

Con una gran agilidad nos giró y yo quedé en su completa merced, aunque debía admitir que me gustaba estar abajo si me dejaba admirar su belleza a plenitud. Un gemido escapó de mis labios en el momento en que su feminidad se colocó sobre mi miembro cubierto aún con mi short, además de que ella era consciente de lo que provocaba en mí, moviendo sus caderas de forma provocativa y me estaba llevando al límite. Olivia tomó mis manos y las colocó sobre sus piernas, ascendiendo de forma lenta y seductora. Mis manos iban tocando lugares conocidos pero lastimosamente olvidados, y se estaban encargando de recordar lo que alguna vez había sido mío y que después de mucho tiempo tenía la oportunidad de volver a tener… aunque fuese por una noche. La iba a disfrutar, la iba a amar y dar todo de mí, como si aquello pudiese hacerle cambiar de opinión sobre nosotros, convencerla de que podíamos crear un “nosotros” otra vez. En la adolescencia me había costado bastante conseguir una cita con ella, era demasiado testaruda y no creía en mis buenas intenciones, pero desde que la había visto entrar al colegio, me había cautivado, aunque claro… ella era más pequeña y yo tenía cierta reputación ahí, que terminó justo en el momento en que posé mis ojos en aquella pequeña y menudita castaña de ojos miel.

No perdí detalle de ninguno de sus movimientos, ni siquiera cuando llevó mi mano hasta su boca y fue chupando mis dedos. En ese momento desee que fuese mi miembro el que estuviese en su boca… pero no tardó en suceder. Se encargó de acariciar desde mi rostro hasta donde se encontraba mi short, el cual, fue bajando poco a poco hasta hacerlo desaparecer. Mi miembro saltó de inmediato, imponiendo presencia y Olivia jugueteó un poco conmigo, antes de introducirlo a su cavidad bucal. No pude evitar que un gemido saliera de mis labios. Su cabeza subía y bajaba y mis manos se fueron hasta su cabello, para enredarlo entre mis dedos y seguir sus movimientos. De vez en cuando, al levantarse, le regalaba unas pequeñas lamidas o besos a mi glande. Sus manos acariciaban mis testículos y yo solo me dedicaba a disfrutar y observarla dándome placer, uno que no sentía con tal intensidad desde hace mucho tiempo.

No le costó mucho hacerme llegar al orgasmo, mi cuerpo se tensó y tiré mi cabeza hacia atrás, dejando que la liberación me consumiera y que mi semen le chorreara ligeramente en el brazo y la mano, antes de que ella colocara su boca nuevamente en mi miembro y terminara de correrme en ella.

Mi cuerpo poco a poco comenzó a relajarse y cuando mis ojos la enfocaron, le dediqué una pequeña sonrisa, antes de tirar de ella y besar sus labios un rato—. Mmm… a que tú también necesitas un buen orgasmo— murmuré con diversión sobre sus labios antes de hacerla girar. Me sostuve con mis antebrazos a cada lado de cuerpo y comencé a descender, entreteniéndome en su cuello, aunque sabía que no podía dejarle ninguna marca por más que quisiera. Seguí con mi recorrido y llegué hasta sus pechos— son tan bonitos— besé ambos en su pequeño y duro botoncito, antes de adentrarme uno a la boca y empezar a jugar con él. Me pasé al otro y realicé el mismo proceso de tortura… o placer, depende como ella lo tomase. Sus jadeos llegaban hasta mis oídos, provocando que mi miembro se volviese a levantar, pero ahora no se trataba de mí, sino de ella. Regresé al medio de su pecho y volví a descender, dejando pequeños besos regados por su abdomen, hasta que llegué a su feminidad. Levanté mi rostro y le guiñé el ojo, besé su ingle por el lado derecho, dejando un rastro húmedo y soplé, realicé la misma acción del otro lado. Sus piernas se doblaron, coloqué mis brazos entre la “A” que formaban y pasé sus piernas sobre mis hombros. Soplé en su centro y claramente sentí como se estremecía. Bajé mi cabeza ahí donde ella más atención necesitaba.

Me encargué de darle tanto placer como ella me lo había brindado a mí, utilicé mi lengua, mis dedos, incluso mis dientes, mordiendo muy suave su clítoris y tirando ligeramente de él. De vez en cuando volvía a subir mis labios hasta los suyos o adentraba sus pechos en mi boca, pero en ningún momento dejé de atenderla allí abajo. Pero eso sí, en cuanto la sentí temblar y aproximarse al orgasmo, bajé mi boca sin dudarlo, recibiendo su corrida, deleitándome de su sabor único.

Volví a subir hasta que quedamos frente a frente, junté nuestros rostros y acaricié su mejilla con mi nariz de forma tierna y dulce— te amo, preciosa…— susurré en un momento de debilidad, pero no me importaba…. Yo quería dejárselo claro.

Abrí sus piernas y me adentré de una sola embestida en su interior. No quería que mis palabras anteriores le hicieran dudar y recapacitar, no quería que pensara sobre lo que estábamos haciendo, solo quería que lo disfrutara tanto como yo lo estaba haciendo. Un placer y satisfacción extrema se apoderó de mi cuerpo cuando sus paredes me recibieron, me acobijaron y me acariciaron de una forma única. Se sentía como estar en casa, el lugar al que pertenecía y que tontamente dejé ir. Solté un gemido o quizá más de uno, pero no me importaba... me sentía completo.
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Re: +вєт υ ωιѕн{ρνт-α∂α&σℓι

Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:43 pm


Olivia Vandervilt.-
Gemí al sentir su entrada. Mi cuerpo había olvidado el tamaño de su miembro pero aún así nos acoplábamos a la perfección. Él siempre había pertenecido ahí, conmigo. Miré su rostro, algunos mechones de cabello caían sobre su frente. Estaba sudado y sus rizos se movían al mismo tiempo que él. Me perdí en sus pupilas mientras soltaba algunos suspiros de placer. Era una locura lo mucho que amaba a ese hombre, después de tantos años, luego de tantas lágrimas, yo seguía amándole como la primera vez. ¿Era una ingenua? No, porque sabía que después de ésto todo seguiría siendo como antes. Podríamos amarnos, y jo'der, vaya que lo hacíamos pero uno no puede andar por la vida como si tuvieras 16, esperando que de los errores no vengan problemas.
Su mano derecha subió hasta mis labios, adentrando dos de sus dedos en mi boca, los cuales yo inmediatemente comencé a lamer. Sentía sus caderas golpear contra las mías. Lo estaba haciendo lento y lo conocía, conocía el motivo de sus movimientos. Quería guardarme en su mente. Sus ojos me recorrían, no había ningún centímetro de mi cuerpo que no haya sido tocado por él.
Su mano traviesa comenzó a bajar hasta llegar a mi cuello. Me miró y lo miré mientras su mano apretaba mi cuello, aumentando las embestidas. Gemí, lo hice como una completa loca. Grité su nombre hasta que mi cuerpo se lo hubo aprendido. Hasta que mi garganta se quedó sin voz. Sin pensarlo mucho, logré darnos la vuelta. Me encantaba estar arriba, admirar su rostro debajo de mi cuerpo desnudo.
Mis brincos eran rápidos y el agarre en mis caderas pronto se hizo sentir. Mis pechos rebotaban como dos balones en pleno juego. Pasé mis dedos por encima, acariciando los pezones mientras de sus labios salían pequeños murmurllos con mi nombre. Sonreí. Me incliné con delicadeza, colocando mis brazos por encima de sus hombros. —Te amo— susurré paseando mis labios sobre los suyos —te amo tanto, jo'der— una nalgada me hizo brincar, sacándome una sonrisa traviesa. —Te amo, te amo— mordí el lóbulo de su oreja mientras sus manos sudorosas resbalaban por mi cu'lo, acariciándolo. Mis movimientos se hicieron más pronunciados en cuanto los primeros espasmos del orgasmo comenzaron a fastidiar en mi estómago y fue cuestión de segundos para que yo viajara al cielo y volviera a regresar a la tierra.
Miré hacia el cielo, la oscuridad había comenzado a disiparse, pronto se haría de madrugada y el guardia regresaría. Era excitante que nos encontrara así, pero ahora tenía un hijo y una reputación que proteger. Me quedé quieta.
—Vamos a tu cuarto— susurré levantándome. Mi cuerpo al instante reclamó la ausencia de aquel delicioso miembro masculino. —Rápido— tomé mi bikini, aunque ni siquiera me lo coloqué, simplemente rodeé mi cuerpo con una toalla y él hizo lo mismo, con suerte los huéspedes estarían dormidos aún.

Nos costó un poco de trabajo el encontrar la mal'dita llave pero luego de algunos segundos, finalmente fuimos libres. Salimos tomados de la mano, como si fuéramos unos chiquillos abandonando el salón de clases luego de hacer cosas sucias en el escritorio. El elevador se abrió inmediatemente ante la ausencia de público. Ahí dentro tendríamos que subir varios pisos hasta llegar al Penthouse. Me di la vuelta con una pequeña sonrisa en mi rostro. Mis manos se movieron hacia la toalla y sus pupilas azules no dudaron en seguirlas. Sentí la prenda caer al piso. Me acerqué, jugando con la toalla que yacía sobre sus caderas, de la cual también me deshice. Me fui agachando lentamente hasta quedar sobre mis rodillas con su excitado miembro sobre mi rostro. Abrí la boca y lo adentré para comenzar a lamerlo como si fuera mi paleta preferida. Escuché el cambiar de los números pero no me desesperé, no me costaría mucho llevar a Jay a la gloria nuevamente y aún faltaban varios pisos para llegar a nuestro destino. Me moví con rapidez, quería que gritara mi nombre de la misma manera en que yo había gritado el suyo.
Mis manos acariciaban sus testículos y mi lengua se paseaba con desenfreno sobre su glande. Sentí sus dedos metiéndose en las hebras de mi cabellera, incitándome a llegar más al fondo. Lo cual hice. No me molestaba, me fascinaba el Jay dominante. Y darle sexo oral era una de mis cosas preferidas.
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Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:45 pm


{†} Jay McGUINESS;
Volver a sentir nuevamente la sensación de la mano de Olivia cubriendo la mía fue casi tan especial como la primera vez. Su mano era tan pequeña y delicada, al mismo tiempo destilaba esa calidez que no había experimentado en mucho tiempo, de hecho desde ella. Dejarla ir había sido uno de los peores errores de mi vida, pero por más que intentaba expresárselo, no servía de nada… lo que le hice fue como una traición a nuestro amor y no me perdonaría, a pesar de que ahora íbamos atravesando el Lobby del Hotel tomados de la mano, con dirección a mi habitación. Llamé al elevador y nos quedamos ahí unos instantes, hasta que la puerta de este se abrió, la dejé pasar primero y luego me introduje yo. Mi cuerpo era completamente consiente de que ninguno de los dos llevaba ropa debajo de la toalla que cubría nuestros cuerpos desnudos y eso provocó que mi miembro volviera a ponerse maldi’tam’ente duro.

Ni siquiera lo vi venir, pero cuando me di cuenta, mi toalla ya estaba tirada a mis pies y Olivia de rodillas, adentrándose mi miembro y masajeando mis testículos, dándome uno de los mejores placeres de la vida. Solo rogué a Dios que no hubiese cámaras en el elevador, porque no quería que esto trajera repercusiones, a mí no me importaba mucho por mí, sino por Olivia, sabía que sería muy vergonzoso para ella manchar su reputación de la esposa ejemplar por el solo hecho de que salió en un video en un elevador dándole sexo oral a su ex novio –y padre de su hijo-. Pero por ahora no me preocuparía, ya mañana lo arreglaría. Mis dedos no tardaron en enredarse en su castaña y corta cabellera, controlando sus movimientos, aunque no era exactamente necesario que yo hiciera mucho, ella se encargaba de hacerlo a la perfección. Cerré mis ojos, tratando de concentrarme en llegar al orgasmo pronto, ya que el elevador seguía en ascenso y cada vez más cerca de llegar al último piso. Me sentía como un adolescente en su primera vez y cuando sucede en una fiesta… ansioso de que pase, nervioso porque alguien interrumpa, excitado ante la idea de ser pillado―. Oh nena… Dios, eres tan fantástica― empujé ligeramente mis caderas hacia enfrente, pero con cuidado para no lastimarla. Mi cuerpo comenzó a tensarse y cuando abrí los ojos, estábamos a escasos cuatro pisos y disminuyendo. Pero Olivia aumentó sus chupadas, caladas, masajes… no sabía qué demonios estaba haciendo, pero logró que llegara al orgasmo faltando solo un piso. Bajé mi mirada para disfrutar el espectáculo de ella tragando mi semen. Solté una risita y tomé la toalla para volver a enredar mis caderas y cubrir mi miembro. La puerta del elevador se abrió cuando llegamos a mi piso, rodee a Olivia con mis brazos y la atraje hacia mi cuerpo para besarla― siempre tan traviesa e inoportuna… prometo que te recompensaré― le di un pequeño beso en la nariz y así abrazados, salimos del elevador una vez que recogimos nuestras cosas ya que mientras Olivia estaba de rodillas y yo recostado a la pared del elevador, obviamente no podía distraerme sosteniendo mis pertenencias. La conduje hasta mi habitación y a mi pesar, tuve que soltarla para buscar la tarjeta y cuando más prisa tenía, más tardaba en encontrar la condenada tarjeta. Miré a Olivia apenado al ver la diversión en su rostro, disculpen… estaba algo desesperado― me pones nervioso― le guiñé el ojo y aprecié sus mejillas al rojo vivo por muchas razones.

Abrí la puerta y la dejé pasar, pero en cuanto su cuerpo estuvo dentro un pie si quiera de la habitación, la tomé de la cintura y la coloqué como saco de papas sobre mi hombro. Le quité sus cosas y las puse a un lado con cierta dificultad. Caminé hasta el área de la habitación y me acerqué a la cama para tumbarla ahí, colocándome sobre su cuerpo para poder besarla― espera unos momentos― me separé de ella y regresé a la “sala” donde busqué en el minibar una botella de vino, mi favorita… y la de ella. Tomé dos copas de la barra y volví hacia donde estaba mi afrodita. Al entrar nuevamente al cuarto, ella ya no tenía su toalla, lo que provocó que casi se me caigan las cosas, ella disfrutó ver mi torpeza –obviamente- y que me relamiera los labios― eres mala.
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Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:47 pm


Olivia Vandervilt.-
Lo miré con una sonrisa mientras sujetaba la copa que había traído para mí. —¿Quién diría que Jay McGuiness es un torpe?— pregunté burlona —ya ni cuando teníamos 17 te ponías así— le di un pequeño sorbo al delicioso vino que ahora se había posado sobre mis labios. Él estaba sonriendo. Sonreía como un niño de cinco años en disneyland. Sus ojos azules brillaban, habían adoptado el color del mar en plena luz del día. Su cuerpo desnudo ahora abrazaba el mío.

Desperté cuando mi cuerpo sintió que había dormido lo suficiente. Las grandes manos de Jay sujetaban mi cintura mientras su rostro, hundido en mi cuello, aspiraba mi aroma con cada respiración. Acaricié sus rulos despeinados. Habíamos hecho el amor toda la madrugada, no me sorprendía que el reloj marcara las tres de la tarde. Mis dedos comenzaron a pasearse entre las hebras de su larga cabellera.
—Despierta— susurré, lo hice varias veces hasta que él se fue moviendo sin muchas ganas. —Es tarde— mi voz aún sonaba un poco somnolienta, estaba cansada pero ya no tenía sueño. Había dormido más de ocho horas. Entonces sus pestañas parpadearon y sus pupilas azules me observaron. Sonreí. —Buenas tardes, dormilón— me tomé la libertad de besar sus labios. Se sentía como el paraíso mismo eso de despertar a su lado. Recordé nuestra época de rebeldía, aquella en la que mi padre me había dejado muy en claro que no me quería al lado suyo, aquella en la preparatoria cuando él solía colarse por mi ventana sólo para hacerme el amor a escondidas.
Me levanté de la cama, sintiendo el crujir de mis huesos. —Iré a darme una ducha— murmuré —¿puedes hacerme un favor? ¿Podrías pedir algo para almorzar?— le guiñé un ojo antes de darme la vuelta para meterme a la ducha. El agua estaba simplemente deliciosa. Y me sorprendía no sentirme culpable todavía de lo que había hecho la noche anterior. Yo quería estar con Jay y él quería estar conmigo pero más pronto que tarde tendría que regresar al lado de Louis, con mi hijo y nuestra vida "perfecta".
No supe cuánto tiempo había pasado metida bajo el grifo pero cuando salí, ya habían dos deliciosas hamburguesas en la mesa. Sonreí. Él y su aficción a la comida chatarra.
Me tomó unos segundos darme cuenta que no tenía ropa. Sólo el bikini y no podría salir de esa manera, la gente se daría cuenta, comenzarían a cuchichear. Me encogí de hombros para mí misma. Ya luego arreglaría ese detalle conforme el día fuera avanzando. Mientras tanto, tomé una camisa blanca de Jay y me la coloqué antes de dirigirme al área de la cocina.

Todo estaba yendo de manera perfecta. Platicábamos mientras disfrutábamos de las papas a la francesa y la hamburguesa con doble carne; y todo hubiese seguido de esa manera si la puerta de la habitación nunca se hubiera abierto.
La silueta bien vestida de Louis apareció frente a nuestros ojos, haciendo que casi por inercia, me bajara de la meseta de la cocina donde había estado almorzando con Jay.
—Agradezco haberle pedido a Robert y a Dexter que se quedaran en el auto, no me quiero imaginar sus rostros al ver esta preciosa escena— murmuró, aquel acento francés saliendo de sus labios como dos pistolas listas para disparar. Su cuerpo se acercó al mío y yo temblé. —Te he traído ropa— entonces me fijé en el bolso negro que había estado cargando desde que entró. Lo dejó caer al piso y sus ojos brillaron con diversión. —Tienes diez minutos para vestirte. Ni siquiera te molestes en tu maquillaje, hay unos lentes negros ahí dentro, amárrate el cabello en una coleta, esa que tanto me gusta... Pasaremos al hotel donde está tu estilista y luego iremos por nuestro hijo— hizo énfasis en la palabra "nuestro".
Jay había estado parado delante de mi cuerpo pero eso no evitaba que yo tuviera miedo. Conocía a Louis, ya había experimentado su enojo muchas veces antes. Sin importarle en absoluto el que Jay estuviera ahí, se las arregló para sujetar mi brazo y ponerme frente a él. Sus manos se posaron en mi rostro haciendo un poco de fuerza. —Ambos hemos cometido errores, amor y te perdono por haberte...— hizo una pequeña pausa —haberte acostado con otro hombre, de la misma manera en que tú me perdonas por haber perdido la cabeza la otra vez, ¿cierto?— me tomó unos segundos darme cuenta que no estaba hablando de la situación con Kendall, sino de cuando me había lastimado físicamente al enterarse que había ido a ver a James. Asentí. —Genial— sus labios se posaron sobre los míos —diez minutos— repitió antes de comenzar a salir por la puerta.
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Re: +вєт υ ωιѕн{ρνт-α∂α&σℓι

Mensaje por rusherschmidt el Jue Ago 20, 2015 2:49 pm


{†} Jay McGUINESS;
Ella se iba a ir y yo no podía hacer ni decir nada para evitarlo. La observé empezar a cambiarse, tal y como aquel id’io’ta le había ordenado ¿este era el amable y candidato perfecto Louis Grimaldi? La gente estaba verdaderamente engañada en cuanto a su personalidad. Miré nuestras hamburguesas casi terminadas y la nostalgia me invadió completamente, no quería que se fuera con él, a pesar de que ella me lo había advertido la noche anterior en la alberca antes de hacer el amor, aun así tenía la esperanza que después de lo que habíamos pasado ella reconsideraría su matrimonio. Me acerque a Olivia lentamente, tomando sus hombros y girándola para poder mirarla cara a cara― ¿en serio? ¿Te dejas manejar así por él? Te trata como si fueras una pertenencia Liv… él ni siquiera se disculpó por serte infiel, pero él te perdona por acostarte conmigo― reí sarcásticamente negando, observando como sus ojos empezaban a aguarse y sin dudarlo, la atraje hacia mi cuerpo― mereces más que un obsesionado príncipe, no digo que sea yo… ni siquiera yo te merezco, eres una gran mujer Olivia, fuerte, hermosa y valiente, pero no puedes permitir que Louis te arrastre a su antojo solo por ser quien es― me alejé ligeramente de ella, solo para poder tomar su rostro entre mis manos y juntar nuestras frentes― Olivia… no te vayas con él, por favor― pedí o más bien supliqué, lo hice incluso con mis ojos acuosos, sentía que la iba a perder otra vez y no quería hacerlo… aunque hacer el amor durante toda una noche no significaba que realmente la tuviera, solo era como un préstamo.

Le miré y supe la verdad, ella se iba a ir.

Sin pensarlo dos veces, mis labios se posaron sobre los suyos, probablemente fuera el último beso que le daría en mucho tiempo, o quizá el último, pero yo me aferraba a que no sería el último, a pesar de que los contras eran mayores que los pros, pero el único pro que había no sabía si con ese sería suficiente: nuestro amor. Me alejé de ella lentamente, sintiendo mi corazón apretujándose contra mi pecho, doliendo casi tanto como cuando le grité todas esas barbaridades hace unos años atrás. A pesar de que yo la había acusado de todas las fechorías posibles cuando se quedó embarazada, me dolió… dolió mucho y más cuando descubrí que mi cobardía y mi miedo habían alejado al amor de mi vida.

― No dejes que te pisotee, si es el hombre con el que quieres pasar el resto de tu vida, tienes que defenderte y no dejar que pase sobre ti, ni sobre nuestro hijo― besé su frente por última vez antes de dejarla ir a pesar de que yo no quería hacerlo. Antes de recurrir a mis impulsos y salir corriendo para buscarla y partirle la cara a Louis, me metí a bañar… necesitaba resolver unos asuntos.

Tomé mi celular y marqué el número de Britt, ella contestó de inmediato “― No sé quién de tus empleados le dio la tarjeta de acceso de mi habitación al principito ese… no, no me puedo calmar Brittany, Olivia y yo estábamos perfectamente hasta que él entró… ¿qué se supone que haga? Él es un jo’di’do príncipe, no es como si yo pudiese ofrecerle la vida de reina que tendrá a su lado… sé que ella no es interesada, pero aun así se fue… tengo una idea… no es una locura, solo me aseguraré de poder estar dentro de su círculo social otra vez… sí, volveré con Kendall o bueno, al menos eso le haré creer… te prometo que si la recupero no la voy a lastimar, no hace falta que me amenaces, loca… ok, adiós y gracias Britt, por ti pasé una de las mejores noches de mi vida y al lado de Olivia―” corté la comunicación después de que ella se despidiera. Sabía que era una locura volver con Kendall, ella me había engañado con Louis Grimaldi, posiblemente si hubiese sido con otro tipo solo hubiese dañado mi orgullo, pero fue con él y eso ya era más personal que nada.

Terminé de vestirme y salí de mi habitación, aunque pronto tendría que volver para recoger mis cosas. No perdí la oportunidad de fulminar con la mirada a los de recepción, uno de ellos había arruinado las cosas con Olivia.

Toqué el timbre de mi propia casa y esperé a que atendieran. ¿Esto era una buena idea? Posiblemente no, pero era lo único que me aseguraba que estaría cerca de Olivia, las fiestas sociales a las que asistía la familia de Kendall y obviamente la rubia también.
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